Ashton: un error ¿de género?

Fotografía: Peter Schrank/The Economist

Allá por el otoño de 2010, el inminente nombramiento de la nueva Comisión Barroso generó varios movimientos sociales y políticos que reclamaban más equilibrio de género en el ejecutivo europeo (véase crónica en este mismo blog). En este contexto, se decidía también quiénes iban a ocupar los dos nuevos altos cargos de la Unión que preveía el Tratado de Lisboa, presidente permanente del Consejo y Alta Representante de Política Exterior, y existía cierta presión por asegurar la paridad y que, al  menos, uno de estos dos altos cargos fuera ocupado por una mujer, toda vez que la Comisión y la Eurocámara tenían también una cabeza masculina. A la presión de “género” se sumó la del Reino Unido, que quería a un británico como Ministro europeo del Exterior, llegando a sonar con fuerza el nombre de Tony Blair.

Finalmente, sería un belga, Herman Van Rompuy, quien ocuparía el cargo de presidente de la UE, por lo que para el puesto de Alto Representante se iban limitando las opciones para lograr encajar el “juego de equilibrios”. El nombramiento de la británica Catherine Ashton cumplía, por tanto, dos condiciones esenciales: era británica y era mujer. Como se afirmó en El País: “Ashton cuadraba idealmente con los equilibrios políticos, geográficos, ideológicos y de género”.

Sin embargo, que la elegida fuera precisamente Ashton fue una sorpresa en toda regla: en primer lugar, por su poca experiencia en política exterior; en segundo lugar, por representar como nadie aquello que llaman “dedocracia” (nunca ha sido elegida sino designada para todos los cargos que ha ocupado); pero principalmente por su “perfil bajo” o eso que se denomina “carisma”, una cualidad al parecer estrechamente relacionada con el aspecto físico, con tener algún rasgo peculiar, apreciado especialmente si se trata de un varón. Al menos eso nos contaba en su crónica María Ramírez, la corresponsal en Bruselas de El Mundo. El texto con el que desayunamos aquel día 20 de noviembre, en el que se narraba la perplejidad que reinaba en la capital de Europa ante el nombramiento de la “Ministra fea” (cogido literalmente del titular), contenía argumentos como los siguientes:

“Pero, además de su currículo, uno de los comentarios en los pasillos, en las salas de prensa y en las de reuniones, era el aspecto de Lady Ashton, que se sale de los cánones actuales de belleza.”

“Los líderes de la UE repetían ayer que Ashton y Herman Van Rompuy con aire de Capitán Spock, pero con una rareza y una mirada intensa que pueden resultar interesantes y, sobre todo, un humor y una rapidez que ya compensa algo. Son, la cara de Europa, si su función es representarla, algo tendrá que ver el aspecto. La ausencia de belleza exterior no es excluyente para llegar a la cumbre, pero sí requiere unas cuantas dosis más de belleza o fuerza interior que la compense”.

Parece ser que Ashton era demasiado “fea” y anodina para ser la “cara” de la UE, y es curioso que se destaque precisamente esto como agravante de su supuesta escasa competencia y méritos políticos. En realidad, el aspecto físico pocas veces se mira con lupa entre los políticos varones; incluso rasgos físicos que pueden ser catalogados como poco agraciados se convierten el rasgos distintivos de carisma: la ceja de Zapatero, el aire de Capitán Spock de Van Rompuy, el bigote de Aznar… Pero como a una política además de ser mujer, se le ocurra ser fea, vestirse bien, lucir palmito o maquillarse mucho, apaga y vámonos, y, si no, que se lo pregunten a la ex vicepresidenta De la Vega, a la ministra Chacón o a Soraya Saenz de Santamaría, por poner algunos ejemplos en la política española.

Al shock inicial por su nombramiento, a Ashton le han llovido no pocas críticas por su gestión: empezó con mal pie en Haití, y sus notables “ausencias” en actos, cumbres o reuniones donde se la esperaba, especialmente en el ámbito de la Seguridad y la Defensa (¿se añora la masculina sonrisa de Solana?), han conseguido que se ganara el apelativo de “la mujer invisible“. La impresión generalizada es que el cargo le quedaba grande y que la política exterior de la UE era una maleta demasiado pesada para alguien con su poca experiencia diplomática. Pero, sin dejar de ser ciertos muchos de los argumentos que se utilizan para calificar su nombramiento como un gran error y se intenta alejar el agravante sexista en estas críticas, lo cierto es que lo que incluso se ha calificado ya como “la trama contra Lady Ashton tiene un componente de género importante.

¿Era la política exterior de la UE una carga muy pesada para una mujer que además quería seguir conciliando su profesión con su vida familiar? En un excelente artículo publicado por Charlemagne en The Economist, y bajo el sugerente titular Shrinking the job to fit the woman?, el blogger británico explica cómo Ashton ha recibido críticas, que sin duda huelen a sexismo, por el hecho de que viaje los fines de semana a Londres para estar con su hijo y con su marido. Ante esto, la británica responde que “trabaja duro” y lanza un mensaje a las mujeres: “Podéis ser parte importante de este mundo y aún así tener una familia y una vida”.

El componente de género se atisba también si revisamos algunos de los titulares o menciones dedicados a Ashton en la prensa, y que en muchas ocasiones hacen mención a su género: “una mujer británica en Bruselas“, “Una ministra fea“, “La mujer invisible”, “La trama contra Lady Ashton”… No quiero con esto decir que toda crítica se base en su condición femenina, qué duda cabe, pero el recelo existe entre muchos compañeros europeos masculinos que se sienten más capacitados para el puesto que ella ocupa y las críticas vertidas en los medios y el tratamiento mediático de su gestión no ha carecido de este componente.

Europa no podía precisamente presumir de su política exterior antes de que Ashton desembarcara como Alta Representante. En realidad, seguimos como siempre: mal, con cacofonías, y con la clásica desunión en el gallinero. Claro, que algunos y algunas hubieran preferido un gallo para poner orden, o al menos, para aparentarlo. Alguien como Tony Blair, con más experiencia en la labor de “fregarle los platos” a otra gran potencia después de hacerse la foto en las Azores. Al fin y al cabo, ahí teníamos también a Barroso y a otro gran líder con un bigote con mucho carisma.

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4 thoughts on “Ashton: un error ¿de género?

  1. No es ninguna novedad. Desde su nombramiento ya se predijo y los resultados de la política exterior de la UE se vería mermada por su poca experiencia, carisma y presencia. Hace unos días tuve un encuentro con representantes del Servicio Exterior de la UE y hablamos sobre este asunto. Me dijeron que el problema no es Lady Ashton, sino la división competencial de competencias, por lo que en determinados foros ella como responsable no puede estar, sino Barroso o Rompuy. De todos modos, quizás deberías dejar pasar algo más de tiempo para ver cómo gestionan asuntos como los de la costa mediterránea del sur, entre otros. Aunque sinceramente creo que será como siempre: ausencia de peso político y de capacidad de decisión. Enhorabuena por la entrada.

  2. Hola Encarna 🙂
    En el caso de Ashton las críticas basadas en prejuicios de género -que todavía las hay lamentablemente- me parecen muy insignificantes en su conjunto (de todos los artículos que se escriben sobre su trabajo, un porcentaje muy muy bajo en mi opinión contienen ese tipo de prejuicios). Y más si lo comparamos con la situación que viven -allí si extendida- la clase política de ciertos Estados Miembro. De todas formas no quita nada a la importancia y necesidad de tu post. Dos cuestiones de todas formas para animar el debate:
    -Una cosa es juzgar el trabajo de un político por su apariencia (mal), la otra es ningunear la importancia de la imagen y el aspecto en la comunicación política. Lo importante no es tanto si uno es fe@ o no, sino que uno tenga claro que es importante trabajar -profesionalmente- la imagen que uno transmite (eso si, a ellas se las tiende a juzgar el doble, y eso es lamentable e inaceptable). No todas las críticas sobre la imagen tienen tintes de género o son exógenas al juicio político.
    -En lo que no estoy de acuerdo es en la ‘justificación’ de la conciliación familiar para viajar a Londres cada fin de semana, e insinuar que criticar dicho procedimiento tiene tintes ‘sexistas’ (como publicó en su momento Charlemagne). Ashton no es una funcionaria -que el viernes por la noche cierra la paradeta- y hay maneras de compaginar las características de su puesto con su familia. Precisamente, lo que hacen las familias que aceptan (tanto el padre como la madre) trabajar en estas condiciones es trasladarse por ejemplo a la ciudad donde se trabaja. Si Ashton tuviese un trabajo en Shangai que requiriese estar allí de manera casi permanente (o al menos el 70% del tiempo y el otro 30% viajando por Asia), el hecho que su familia siguiera en Londres –y ella quisiera verlos si o si durante el fin de semana- sería una incompatibilidad profesional. Si ella y su familia no quieren adaptarse al puesto y escogen su ritmo de vida a pesar de los requisitos excepcionales, que vaya hasta al final de su razonamiento y no acepte dicha responsabilidad. El problema en este caso es que detrás de la ‘conciliación’ familiar, existe un verdadero problema de conciliación profesional.
    Cuidado, no digo que haya que escoger entre lo uno y lo otro. Muchas parejas (en conjunto, pues aunque sea una de las unidades de la pareja que tenga el trabajo, se trata de un núcleo, donde idealmente se toman las decisiones a dos) hacen ‘esfuerzos’ y ‘cambios’ por sus proyectos profesionales y personales. Y no hay nada sexista en ello. Si Ashton fuese hombre o se tratase de una pareja del mismo sexo estaría planteando -sin cambiar una coma- la misma cuestión.
    Y si a pesar de todo, deciden organizarse así, lo que no puede ser es que cuando uno insinúa –cosa que en los 10 artículos que he escrito sobre ella no se me había acudido todavía- que este ritmo de vida no le permite ejercer su trabajo adecuadamente -como pareció demostrar por ejemplo el caso de Haïtí-, se critique un supuesto ‘sexismo’. Lo que uno no puede pretender es alzarse con el puesto de Alta Representante y no tener que hacer ninguna adaptación o cambio a nivel de organización familiar y personal. Eso no es cuestión de género, es una cuestión de sentido común, responsabilidad política y ética profesional.
    Voy a venir a comentar más a menudo, que parece que sólo venga cuando hablas de ‘catalanes’ o de cosas no europeas… 🙂
    Un abrazo,
    Dídac G.

    • Hola Dídac, estoy de acuerdo contigo en que en el grueso de noticias (críticas) a Ashton el factor de género ocupa una mínima parte. Pero con respecto a lo que comentas de que la imagen física es importante, creo que esto hay que relacionarlo más con el hecho de que hay que ir bien vestido, etc. Pero si una persona es o es consierada “fea” no tiene nada que ver con la digamos “buena presencia”. No creo que Ashton vaya desaliñada (si es así corregidme!), pero tiene la cara que tiene. ¿Es que los feos no pueden ocupar puestos de responsabilidad? Pues conocemos a un montón de “feos” que la tiene, lo que yo quería poner de relieve es que esta circunstancia se mira más en una mujer que en un hombre. Reconozco, y lo he dicho en el post, que la labor de Ashton ha dejado mucho que desear, pero no quería obviar el “componente de género” de estas críticas, aunque en una proporción determinada. Gracias por pasarte por aquí y animar el debate y además, como siempre, con muchos y acertados argumentos. Un beso

  3. Ashton es tan rematadamente mala que cada día que pasa en su cargo hace un flaco favor a los que creemos en la igualdad y en la UE.

    Está ahí por dos cosas: por mujer y por británica, no por sus méritos para el cargo.
    A la hora de criticar su actuación es inevitable que esas cuotas salgan a relucir.
    Si lo hiciera medianamente bien, nadie pensaría en si estaba preparada para el cargo, pero como lo hace fatal todos pensamos que en la reunión donde se la nombró alguien debería haber pensado en renunciar a una de las dos cuotas y poner alguien preparado, independientemente de su sexo/género o nacionalidad.
    El desastre Ashtono desacredita al Consejo y a la UE en general (pues el 99% de la gente no distingue lo uno de lo otro), pero de rebojte nos deja mal a todos los que defendemos la igualdad y en aquel momento dijimos que no era normal que entre todos los nombramientos no hubiera ninguna mujer.

    Así que siento que Ashton y los que la nombraron me dejan mal por partida doble, hubiera preferido a Tony Blair.

    De acuerdo con Didac en lo de la conciliación, que se mude la familia a Bruselas si quieren.

    Lo de que el aspecto físico influye en la política es un hecho, ser más bien atractivos beneficia a los líderes en general (los líderes políticos no son la excepción), y si no eres especialmente atractivo compensas con otras virtudes como el carisma.
    Acaso diría que lo que perjudica a las mujeres es ser demasiado guapas (levanta sospechas de que hayan llegado donde están solo por su físico), en el caso de Ashton no es que sea muy fea de cara (que lo es) sino lo rancia y sosa que resulta, algo que no se puede permitir un diplomático, que tiene que transmitir seguridad y confianza.

    En mi análisis no entro a valorar cómo lo está haciendo en cuanto a la puesta en marcha del Servicio de Acción Exterior, pero como cabeza visible de la diplomacia europea es nefasta.

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