Cuando las Instituciones están a la altura, pero no los políticos

¿Saben cuáles son las Instituciones a las que los ciudadanos otorgan más confianza en las encuestas de opinión que regularmente realiza el Eurobarómetro? Son las Instituciones de la UE y, dentro de ellas, el Parlamento Europeo, la cámara de representantes de los ciudadanos comunitarios, la única Institución europea elegida directamente por los ciudadanos mediante sufragio universal, es la que goza de mayor confianza. Y sin embargo, en las últimas semanas, varias casos que han visto la luz pública han puesto en entredicho la honradez en el trabajo de los miembros de la Eurocámara, escándalos que, a la postre, salpican a la Institución y amenazan con desembocar en una quiebra de la confianza de los ciudadanos, sobre todo si la ciudadanía no advierte una respuesta tajante, firme y rápida.

Que la democracia es el principio básico donde de asienta la legitimidad democrática nadie lo duda. Pero es un fenómeno éste que convive con otros mucho menos agradables. Hablo, paradójicamente, de ese “malestar democrático” que se define por el distanciamiento y la desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema político, sus Instituciones y sus representantes. Como bien dijo el gran analista de la democracia, D. Held, la gran paradoja que hoy vive la democracia no es otra que la “crisis de confianza”, la brecha y el distanciamiento con los ciudadanos, lo que Lipset y Schneider describieron bajo el famoso término “confidence gap”.

Comienzo, como veis, nombrando a algunos “grandes” de la teoría democrática, para luego ir bajando el nivel a los que, en la práctica, la dejan por los suelos. ¿Y hay peor práctica que la corrupción? La corrupción es, sin lugar a dudas, la causa fundamental de la “quiebra de confianza”. Cuando el político utiliza su cargo y su posición para lucrarse, para beneficiarse él o a los suyos. Los casos de corrupción, que abundan, lamentablemente, en muchas Instituciones públicas, parecían hasta ahora lejanos a la distante Bruselas. Allí, donde se decide un altísimo porcentaje de la legislación que después entra en los ordenamientos jurídicos nacionales; allí, donde la presión sobre esta misma legislación está organizada en poderosos lobbys. ¿Acaso creíamos que allí, en la lejana Bruselas, todo este sistema encajaba y convivía a la perfección dentro de unos códigos de conducta que se dan por supuestos?

Claro que no. En todos sitios hay manzanas podridas. En el Parlamento Europeo también. El verdadero problema es cuando la Institución no está a la altura de estos desafíos, y se lava las manos ante los escándalos. Y el escándalo en concreto, conocido por todos en nuestro país porque ha salpicado a un eurodiputado español, Pablo Zalba (PPE), fue destapado por unos periodistas del Sunday Times, que se hicieron pasar por “lobbistas” para intentar influenciar una legislación a cambio de prebendas. De entre los eurodiputados que fueron “tocados” cayeron cuatro, además de Zalba (que no aceptó soborno, pero sí negoció con los sobornadores incluir el cambio reclamado en la legislación), el socialista esloveno Zoran Thaler y el popular austríaco Ernst Strasser (ambos han dimitido del cargo) y el socialista rumano Adrian Severin, que se resiste a dejar su escaño tras haber sido expulsado por su partido y tras retirarle la Eurocámara el despacho.

Como ven, aquí, alguno de los “pillados” ha tenido vergüenza torera, por llamarlo de alguna forma, tras ser cogido con las manos en la masa. Algún otro, como el socialista rumano, no sabe lo que es la vergüenza ni la conoce. Y análisis aparte merece el caso de Zalba y su grupo, que sencillamente nos toman por estúpidos y nos quieren hacer creer que nada hay de malo en negociar con unos tipos de vienen a sobornarte, en lugar de levantarte inmediatamente de la mesa e ir a denunciarles. Zalba no sólo no dimite sino que ha recibido todo el apoyo y la solidaridad de los eurodiputados españoles de su grupo. Yo me pregunto cuándo alguno de estos “grandes” partidos se solidarizará con los ciudadanos a los que la corrupción y la ineptitud de muchos políticos mangonea su dinero y sabotea sus derechos, en lugar de luchar por sus intereses. Como se suele decir… algún día.

Pero, como decía al principio, son las Instituciones las que, en estos casos tienen que estar a la altura. Y el Parlamento Europeo, bajo mi punto de vista, ha iniciado la maquinaria para evitar que vuelvan a ocurrir estas cosas. Sé que muchos lo interpretan como un lavado de cara, pero la Cámara tiene que hacer uso de las herramientas que tiene, y ha decidido usarlas. En este sentido, se ha acordado desarrollar nuevas normas para regular el acceso y actividad de los grupos de presión en el PE, así como endurecer los códigos de conducta de los eurodiputados en sus relaciones con los lobbys. Es un primer paso en la buena dirección. Y parece ser que vendrán más (incluida la intervención de la Olaf). Bienvenidos, todos los que sean necesarios, para luchar contra cualquier atisbo de corrupción, también y sobre todo allí, en la lejana, y a la vez tan cercana para nuestros intereses, Bruselas.

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Ashton: un error ¿de género?

Fotografía: Peter Schrank/The Economist

Allá por el otoño de 2010, el inminente nombramiento de la nueva Comisión Barroso generó varios movimientos sociales y políticos que reclamaban más equilibrio de género en el ejecutivo europeo (véase crónica en este mismo blog). En este contexto, se decidía también quiénes iban a ocupar los dos nuevos altos cargos de la Unión que preveía el Tratado de Lisboa, presidente permanente del Consejo y Alta Representante de Política Exterior, y existía cierta presión por asegurar la paridad y que, al  menos, uno de estos dos altos cargos fuera ocupado por una mujer, toda vez que la Comisión y la Eurocámara tenían también una cabeza masculina. A la presión de “género” se sumó la del Reino Unido, que quería a un británico como Ministro europeo del Exterior, llegando a sonar con fuerza el nombre de Tony Blair.

Finalmente, sería un belga, Herman Van Rompuy, quien ocuparía el cargo de presidente de la UE, por lo que para el puesto de Alto Representante se iban limitando las opciones para lograr encajar el “juego de equilibrios”. El nombramiento de la británica Catherine Ashton cumplía, por tanto, dos condiciones esenciales: era británica y era mujer. Como se afirmó en El País: “Ashton cuadraba idealmente con los equilibrios políticos, geográficos, ideológicos y de género”.

Sin embargo, que la elegida fuera precisamente Ashton fue una sorpresa en toda regla: en primer lugar, por su poca experiencia en política exterior; en segundo lugar, por representar como nadie aquello que llaman “dedocracia” (nunca ha sido elegida sino designada para todos los cargos que ha ocupado); pero principalmente por su “perfil bajo” o eso que se denomina “carisma”, una cualidad al parecer estrechamente relacionada con el aspecto físico, con tener algún rasgo peculiar, apreciado especialmente si se trata de un varón. Al menos eso nos contaba en su crónica María Ramírez, la corresponsal en Bruselas de El Mundo. El texto con el que desayunamos aquel día 20 de noviembre, en el que se narraba la perplejidad que reinaba en la capital de Europa ante el nombramiento de la “Ministra fea” (cogido literalmente del titular), contenía argumentos como los siguientes:

“Pero, además de su currículo, uno de los comentarios en los pasillos, en las salas de prensa y en las de reuniones, era el aspecto de Lady Ashton, que se sale de los cánones actuales de belleza.”

“Los líderes de la UE repetían ayer que Ashton y Herman Van Rompuy con aire de Capitán Spock, pero con una rareza y una mirada intensa que pueden resultar interesantes y, sobre todo, un humor y una rapidez que ya compensa algo. Son, la cara de Europa, si su función es representarla, algo tendrá que ver el aspecto. La ausencia de belleza exterior no es excluyente para llegar a la cumbre, pero sí requiere unas cuantas dosis más de belleza o fuerza interior que la compense”.

Parece ser que Ashton era demasiado “fea” y anodina para ser la “cara” de la UE, y es curioso que se destaque precisamente esto como agravante de su supuesta escasa competencia y méritos políticos. En realidad, el aspecto físico pocas veces se mira con lupa entre los políticos varones; incluso rasgos físicos que pueden ser catalogados como poco agraciados se convierten el rasgos distintivos de carisma: la ceja de Zapatero, el aire de Capitán Spock de Van Rompuy, el bigote de Aznar… Pero como a una política además de ser mujer, se le ocurra ser fea, vestirse bien, lucir palmito o maquillarse mucho, apaga y vámonos, y, si no, que se lo pregunten a la ex vicepresidenta De la Vega, a la ministra Chacón o a Soraya Saenz de Santamaría, por poner algunos ejemplos en la política española.

Al shock inicial por su nombramiento, a Ashton le han llovido no pocas críticas por su gestión: empezó con mal pie en Haití, y sus notables “ausencias” en actos, cumbres o reuniones donde se la esperaba, especialmente en el ámbito de la Seguridad y la Defensa (¿se añora la masculina sonrisa de Solana?), han conseguido que se ganara el apelativo de “la mujer invisible“. La impresión generalizada es que el cargo le quedaba grande y que la política exterior de la UE era una maleta demasiado pesada para alguien con su poca experiencia diplomática. Pero, sin dejar de ser ciertos muchos de los argumentos que se utilizan para calificar su nombramiento como un gran error y se intenta alejar el agravante sexista en estas críticas, lo cierto es que lo que incluso se ha calificado ya como “la trama contra Lady Ashton tiene un componente de género importante.

¿Era la política exterior de la UE una carga muy pesada para una mujer que además quería seguir conciliando su profesión con su vida familiar? En un excelente artículo publicado por Charlemagne en The Economist, y bajo el sugerente titular Shrinking the job to fit the woman?, el blogger británico explica cómo Ashton ha recibido críticas, que sin duda huelen a sexismo, por el hecho de que viaje los fines de semana a Londres para estar con su hijo y con su marido. Ante esto, la británica responde que “trabaja duro” y lanza un mensaje a las mujeres: “Podéis ser parte importante de este mundo y aún así tener una familia y una vida”.

El componente de género se atisba también si revisamos algunos de los titulares o menciones dedicados a Ashton en la prensa, y que en muchas ocasiones hacen mención a su género: “una mujer británica en Bruselas“, “Una ministra fea“, “La mujer invisible”, “La trama contra Lady Ashton”… No quiero con esto decir que toda crítica se base en su condición femenina, qué duda cabe, pero el recelo existe entre muchos compañeros europeos masculinos que se sienten más capacitados para el puesto que ella ocupa y las críticas vertidas en los medios y el tratamiento mediático de su gestión no ha carecido de este componente.

Europa no podía precisamente presumir de su política exterior antes de que Ashton desembarcara como Alta Representante. En realidad, seguimos como siempre: mal, con cacofonías, y con la clásica desunión en el gallinero. Claro, que algunos y algunas hubieran preferido un gallo para poner orden, o al menos, para aparentarlo. Alguien como Tony Blair, con más experiencia en la labor de “fregarle los platos” a otra gran potencia después de hacerse la foto en las Azores. Al fin y al cabo, ahí teníamos también a Barroso y a otro gran líder con un bigote con mucho carisma.

VoteWatch.eu: si no sigues la actividad de tus eurodiputados es porque no quieres

Votewatch.eu es un portal independiente cuyo objetivo es ofrecer una mayor transparencia de la toma de decisiones dentro de la UE, mediante una herramienta web de fácil manejo para el ciudadano a través de la cual puede conocer la actividad y la disciplina de voto de cualquier eurodiputado así como de los grupos políticos de la Eurocámara, bien por nacionalidad, bien por adscripción política. Se trata de una herramienta estadística desarrollada a partir de toda la información que sobre estos aspectos de la actividad parlamentaria se ofrece a través de la web oficial del Parlamento Europeo.

Lo interesante de la iniciativa, es que se nos ofrece la información que deseemos ya tratada estadísticamente, y no de forma diseminada en distintos capítulos, como ocurre en la web de europarl. En definitiva, información más accesible y más comprensible al alcance de nuestra mano, para que ya no tengamos excusa (una menos) para no seguir la actividad del cualquier partido o eurodiputado.

Pongamos un ejemplo de lo que podemos encontrar en VoteWatch.eu a partir de una búsqueda que he realizado de un eurodiputado, en este caso Francisco Sosa Wagner, que pertenece al grupo de los no-inscritos, y para el que es su primera legislatura tras encabezar la lista de UPyD en las europeas. En la ficha de nuestro eurodiputado elegido que nos ofrece la herramienta de votewatch, podemos conocer la siguiente información sobre su actividad: preguntas parlamentarias, propuestas de resolución, intervenciones orales en las sesiones plenarias, modificaciones de informes, informes redactados, opiniones, asistencia a las sesiones plenarias, datos sobre la disciplina de voto (por grupo político y por nacionalidad), así como información sobre sus asistentes, datos de contacto, e incluso apuntes sobre su curriculum vitae.

 

 

La herramienta, como podéis comprobar, resulta bastante interesante, y se le puede sacar bastante partido si se tiene claro lo que se busca y por qué. Y, en cualquier caso, bienvenida sea toda fuente que se sume al objetivo de aportar transparencia a la toma de decisiones en la UE y que contribuya a hacer más comprensible y accesible a los ciudadanos la actividad de nuestros representantes en Bruselas.

Cataluña y la “ampliación interna” de la UE

¿Qué sería de una campaña electoral en Cataluña sin su más polémico y recurrente tema “estrella”? Por su puesto, hablo de la posibilidad de que Cataluña pueda como constituirse como Estado independiente, epicentro de un debate en el que entran juego multitud de factores y sentimientos. Dejando a un lado la obviedad de que este anhelo del nacionalismo catalán difícilmente pueda llevarse a cabo dentro del actual marco constitucional español, me gustaría atender, en este caso, a la vertiente europeísta de la polémica, sobre todo, porque, en este nivel, sí que existe cierto vacío jurídico (que puede ser interpretado de muchas formas). Una Cataluña independiente dentro de la UE: ¿es posible? Y, sobre todo: ¿a través de qué vía? ¿Integración automática o solicitud de adhesión?

Voy a intentar ofrecer aquí mi visión de este asunto de la forma más objetiva posible para una persona como yo, murciana, española, no nacionalista, europeísta, también, y sobre todo, respetuosa con los anhelos y sentimientos identitarios de cada uno, pero también con las posibilidades legales de dar forma estatal a estos sentimientos, siempre en el caso de que sean mayoritarios.

Parece increíble, pero el tema europeo ha aterrizado esta semana de lleno en plena campaña de las elecciones catalanas. Digo que parece increíble, porque a lo que estamos acostumbrados es precisamente  a lo contrario: a que todo lo que viene de Bruselas pase por un filtro nacional hasta llegar a nuestros oídos, como si nada de esto tuviera sentido si no le buscamos una aplicación al uso, ya sea en clave estatal o regional. Pues ha ocurrido todo lo contrario: en las elecciones catalanas se habla de Europa. Esta gran noticia se la tenemos que agradecer al candidato de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puigcercós, quien, en Bruselas, ha reivindicado en una conferencia de la Alianza Libre Europea (Grupo que aglutina a varios partidos independentistas) el derecho de Cataluña a instituirse como Estado independiente de España, pero dentro de la UE, en base al concepto de la “ampliación interna”.

El tema, evidentemente, no es nuevo. De hecho, el pasado mes de febrero salió a la luz pública un estudio de un profesor de la Universidad de Standford en el que se llegaba a la conclusión de que Cataluña seguiría perteneciendo de forma automática a la UE en el caso de que se independizara de España, aludiendo, entre otros argumentos, al citado concepto de “ampliación interna”. Según este informe, los nuevos Estados resultantes de un proceso de independencia dentro de un Estado miembro de la UE, no necesitarían ni tan siquiera recurrir al proceso de adhesión que todos conocemos para entrar en el club europeo sino, simplemente, como ya forman parte de ella, pedir que se reconozca su nuevo estatus.

¿Argumentos legales? Vacío jurídico existente al respecto en la normativa europea, por lo que habría que recurrir al Derecho Internacional, en concreto, a los artículos 34 y 35 del Convenio de Viena de 1978, y, por supuesto, los “derechos individuales fundamentales adquiridos” por los ciudadanos catalanes en tanto que ciudadanos de la UE. En resumen, la integración debe ser automática, toda vez que Cataluña se independice, tenga su propia Constitución y se reconozca su nuevo estatus dentro de la UE.

¿Así de fácil? Pues, si lo pensamos un poco, no sería precisamente fácil, sino realmente complicado. Me explico, porque me surgen una serie de dudas más que razonables. En primer lugar, la apelación a la pérdida de derechos de los ciudadanos catalanes en tanto que ciudadanos de la UE. En este sentido, el articulado de la Ciudadanía de la Unión en el Tratado es muy claro: la ciudadanía europea está sujeta a la nacionalidad de un Estado miembro. Si Cataluña se independiza, sus ciudadanos pierden la condición de ciudadanos españoles y, por ende, la condición de ciudadanos europeos. ¿O vamos a elegir unos derechos “a la carta”? Estos sí, estos no… no parece muy lógico.

En segundo lugar, no está muy claro a qué Institución o Instituciones corresponde la tarea de reconocer el nuevo estatus del país independiente y en qué condiciones. ¿Lo debe hacer el Consejo? ¿Por unanimidad? ¿Con el dictamen favorable del Parlamento Europeo? El vacío legal en este sentido es absoluto dentro del Derecho Comunitario. Por ahora, lo único que está claro, es que para que un país entre en la Unión, según el artículo 49 del Tratado de la UE, debe “solicitar el ingreso como miembro en la Unión. Dirigirá su solicitud al Consejo, que se pronunciará por unanimidad después de haber consultado a la Comisión y previo dictamen conforme del Parlamento Europeo, el cual se pronunciará por mayoría absoluta de los miembros que lo componen”.

Esto es todo lo que hay, nada más,  nada sobre la posibilidad de lo que se ha llamado “ampliación interna”, ni en el Tratado, ni en el consenso sobre ampliación que aún rige en el Consejo.

Pero no quiero acabar este post sin dejar de comentar mi visión sobre las declaraciones que, en la misma conferencia de Puigcercós, ha realizado P. Urizar, secretario general del partido vasco Eusko Alkartasuna, en las que ha criticado el hecho de que, en la actualidad, “la UE es sólo la unión de los Estados, mientras que las regiones no tienen ni voz ni voto”. Por lo que el País Vasco necesita constituirse en un Estado “para defender los intereses de la ciudadanía”.

Me gustaría aclarar que esta visión me parece un tanto extremista y alejada de la realidad: primero, porque las regiones, en Europa, tienen tanto voz como voto, a través, sin ir más lejos, del Comité de las Regiones, institución cuyos poderes se han ampliado ostensiblemente con el Tratado de Lisboa, un Tratado que, además, refuerza el principio de subsidiariedad y da poder a los entes regionales para su control. Segundo, porque las regiones son las principales protagonistas en la gestión de los fondos de la política regional. Y, tercero, porque hay una Institución comunitaria que representa y defiende los intereses de la ciudadanía: se llama Parlamento Europeo.

Europa se la juega en la negociación presupuestaria

Por Encarna Hernández

Foto: ©BELGA_imagebroker_Michaela Begsteiger

No hubo acuerdo. Los Gobiernos de los 27 y el Parlamento Europeo dieron por “rotas” las negociaciones sobre el presupuesto de la UE para 2011. ¿Cómo se ha llegado a este punto? Suena algo frívolo, pero no podemos sino recurrir a la típica expresión de “se veía venir”. Se veía venir porque un bloque de Estados ya había manifestado su frontal oposición a algunos de los factores clave que se dan cita en esta nueva negociación presupuestaria.  Hablamos, en concreto, del nuevo papel jugado por el Parlamento Europeo tras Lisboa, y que reclama también su parte de protagonismo en la elaboración de marco presupuestario plurianual (2014-2020); de la necesidad o no de incrementar el presupuesto, y en qué cuantía; y, por último, de la polémica sobre la creación de impuestos “europeos” para asegurar la capacidad de movimiento y la autonomía de la UE.

No hubo acuerdo, pero, ¿podía haberlo? ¿Podía, puede, haber un punto medio entre dos visiones antagónicas del futuro de la integración europea? Por un lado, Más Europa, una UE con más autonomía, con más medios, donde el Parlamento Europeo (representante de la soberanía popular europea) y la Comisión (garante del interés común) sean los protagonistas e impulsen y tomen la decisiones. Frente a esa quimera, la cruda realidad: la Europa de los Estados, la Europa de las resistencias soberanistas, la Europa que no puede caminar con pasos comunes, ni hablar con una sola voz. La Europa de máximos frente a la Europa de mínimos.

Pero, pongámonos en situación. La polémica saltó en el mes de agosto cuando, el comisario Lewandowski adelantó la propuesta de la Comisión de crear nuevos impuestos “europeos” que irían directamente a las arcas del presupuesto de Bruselas. La Comisión era partidaria de un nuevo régimen fiscal que consistiría en que se recaudaría el dinero para el presupuesto comunitario de forma directa y específica. Las opciones de recaudación serían, entre otras, un impuesto sobre el transporte aéreo, otro sobre las transacciones financieras, así como otra cantidad derivada de la subasta de emisiones de CO2. La cuestión es simple: la UE precisa de más “recurso propios” para tener más capacidad de movimiento y más autonomía respecto a los Estados miembros, que son los que financian, a través de sus contribuciones, las tres cuartas partes del presupuesto comunitario.

David Cameron. Foto: EFE

También por estas fechas veraniegas se debatía sobre la propuesta de la Comisión de aumentar el presupuesto de 2011 en casi un 6% respecto al año anterior, algo que no gustó a algunos Estados, especialmente a Reino Unido, Holanda, Suecia o Dinamarca. Estos países defendían un mayor estancamiento presupuestario, en un momento en el que los 27 se esfuerzan por implementar “espartanos” planes de ahorro para recortar del déficit. Sin embargo, estos recortes tendrían serias consecuencias en la capacidad de la UE para implementar sus políticas y afectaría muy especialmente a la Política de Cohesión y a la PAC , así como nuevo Servicio Europeo de Acción Exterior.

Pues bien, con estos antecedentes, llegó el debate otoñal en el Parlamento Europeo, y pasó lo que tenía que pasar: no hay acuerdo entre la Eurocámara y el Consejo. El citado bloque de países, se niega a considerar que la UE aumente sus recursos propios a través de impuestos “paneuropeos”, y tampoco acepta que el PE sea protagonista en la elaboración del nuevo marco presupuestario plurianual.

¿Qué consecuencias puede tener esta ruptura de negociaciones? Se habla incluso de ir prorrogando el presupuesto de la UE de forma mensual. Es decir, a través de acuerdos de mínimos. La clave, a partir del próximo lunes, cuando se reanudarán las negociaciones, es que el Consejo acepte, a cambio de la cesión del PE de congelar el gasto, un papel más activo de esta institución a la hora de negociar el marco presupuestario a partir de 2013.

La postura del Parlamento es más que lógica: reivindicar, de una vez por todas, en papel menos residual en las negociaciones donde se toman las grandes decisiones y estrategias de futuro de la Unión. Esto es dar verdadero poder a los ciudadanos, a través de los representantes que han elegido de forma directa y democrática. Esto es avanzar de verdad hacia la Europa de los Ciudadanos. Colocar al ciudadano, definitivamente, en el centro de todas y cada una de las políticas europeas.

Queda también por determinar, las consecuencias de la congelación del gasto para el futuro de políticas como la cohesión (cuya reforma a partir de 2014 es inminente) o para la puesta en marcha del nuevo cuerpo diplomático de la UE, sobre el que se ciernen serias dudas para su efectivo desarrollo sin la necesaria financiación. La conclusión es lógica: si la UE se propone unos objetivos ambiciosos de aquí a 2020, el presupuesto, los métodos de financiación y la capacidad de maniobra de la UE también deben ser vistos desde un prisma ambicioso. De lo contrario, la Europa 2020 y e incluso 2030 se quedarán en pura retórica. Europa se la juega en la negociación presupuestaria.

Más Información:

Comisión Europea – Presupuesto Link

Parlamento Europeo – Guía Básica sobre el Presupuesto de la UE Link

La Cumbre UE-América Latina y Caribe desde dentro

Durante los días 17 al 19 de mayo se ha desarrollado en Madrid la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe (ALC), un acontecimiento marcado con fluorescente en la agenda de la Presidencia española de la UE, debido al histórico (y presente) papel privilegiado de interlocutor de España con este Continente. Hace algunos meses, tuvimos la oportunidad de comentar en este blog con el profesor chileno Héctor Casanueva (Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa –  CELARE) las expectativas que se habían creado en torno a este Sexto Encuentro entre dos áreas geográficas, políticas, económicas y sociales que sin duda deben avanzar en su asociación estratégica.

Pasada la Cumbre, y la gran cantidad de Eventos relacionados con ésta, que se vienen desarrollando desde el mes de enero, ahora tenemos la suerte de contar en este blog con una crónica de alguien que ha vivido la Cumbre desde dentro, como observador invitado por la organización de la Cumbre. Sin duda, el relato del profesor Casanueva nos acerca a una realidad informativa simplificada, comprensible y directa que no encontramos normalmente en los medios de comunicación. Os dejo con la crónica, y, para los que os quedéis con ganas de saber más, podéis consultar la página del evento en la web de la presidencia española y en la web de CELARE.

La VI Cumbre UE-ALC desde dentro, por Héctor Casanueva


Las Cumbres suelen ser de mucha parafernalia y fotos, y por lo general lo adjetivo no deja ver lo sustantivo. Los ciudadanos dudan y se quejan, como me ocurrió con algunos taxistas y transeúntes en Madrid, porque no están informados o porque dan por supuesto que estas citas son inútiles per se. Falta difusión, pero los medios tampoco ayudan mucho. Quizás esta carencia de fondo se deba abordar en la raíz tempranamente para el largo plazo, o sea, en la escuela y las universidades, con una educación cívica apropiada y también aprovechando las redes sociales del Siglo XXI.

Dicho esto, creo que esta Cumbre UE-ALC ha cumplido sus objetivos. Estas reuniones son para cerrar acuerdos que se vienen trabajando desde hace dos años o más, y también para debates y encuentros bilaterales que son productivos. Lo más destacable, para mi, es la fuerte aproximación  y consenso alcanzado en el terreno político. Porque en definitiva las crisis financieras o de seguridad globales derivan de debilidades políticas, que, recordemos, es simplemente al arte de gobernar para el bien común.

En esta Cumbre hubo un consenso total sobre la necesidad de entrar conjuntamente en el diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial, una nueva arquitectura financiera, regulaciones globales para frenar la especulación, y aumentar la cooperación para enfrentar los desafíos globales como el cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, las migraciones, la seguridad, el comercio, etc.

El propósito no es nuevo, pero la determinación esta vez a mi juicio lo es, ya que las orejas del lobo del caos global están hoy muy visibles en Europa y no desaparecen, y en América latina, si bien la última crisis financiera fue sorteada mejor, no está libre de nuevos contagios. Y porque ¡Oh descubrimiento!! tenemos la capacidad de condicionar las decisiones globales pues juntos somos casi la mitad y el grupo más cohesionado del G-20, un cuarto del PIB y un tercio del comercio mundial, 1000 millones de personas, y en clave de futuro tenemos las mayores reservas de recursos naturales y a la vez la capacidad tecnológica para utilizarlos debidamente.

En el terreno de los instrumentos, destacable es el mecanismo LAIF para promover y apalancar las inversiones en América latina, y el acuerdo de asociación región a región UE-Centroamérica, el primero en su tipo, los acuerdos comerciales con Perú y Colombia, que también marcan un quiebre de tendencia de la UE hacia la apertura a distintas formas de relacionamiento dada la diversidad de AL.

Agregaría el relanzamiento de las negociaciones con el Mercosur  -muy importante, de concretarse la UE+Mercosur sería la mayor región comercial del mundo-, el mantenimiento de programas de cooperación al desarrollo con la CAN y Caribe, y la decisión de crear la fundación eurolatinoamericana, que debe promover el diálogo birregional entre todos los actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil. Como es habitual, se firmaron también compromisos cuantificables en programas específicos que mantienen a la UE como la primera fuente de cooperación para América latina.

Por supuesto, los instrumentos hay que ponerlos en práctica, y la voluntad política se tiene que expresar en decisiones a nivel de los OO.II. y Naciones Unidas. Por lo tanto, iremos viendo y exigiendo. Creo que de verdad entramos en una nueva etapa luego de 10 años de lanzada la asociación estratégica. Si lo vamos concretando, será también un aporte a los equilibrios globales frente a Estados Unidos y el Asia.

Héctor Casanueva

Madrid, 19 de mayo de 2010