Estado del bienestar: un debate mal planteado

11 octubre 2013

Hoy reproducimos en el blog un artículo publicado en América Economía que nos ha parecido realmente interesante sobre una cuestión que está situada en el centro del debate sobre las repercusiones de la crisis económica en Europa. ¿Es posible continuar con el modelo de Estado del bienestar que conocemos en el Continente hasta ahora? El autor de esta reflexión, Héctor Casanueva, director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (Celare), advierte de las consecuencias sociales desastrosas de un “debate mal planteado” y toma el modelo Europeo como referencia para esta cuestión en América Latina.

Casanueva Estado Bienestar

 

El reciente discurso del rey de Holanda ante el Parlamento, en el que señala la insostenibilidad del “clásico Estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”, ha caído como agua de mayo a los euroescépticos y a la derecha del Estado minimalista en Europa y también por estos lados. Curioso, además, que lo plantee un monarca en un país gobernado por la socialdemocracia, que es el cuarto del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, tiene un desempleo en torno al 7% y un per cápita de US$46.000. ¿Qué queda entonces para España o Grecia? ¿Y para nosotros?

Desde que la crisis de 2008 comenzó a poner en evidencia los problemas financieros de los países europeos, se volvió a instalar con mucha fuerza el debate iniciado hace tres décadas por el thatcherismo, acerca del modelo de protección social característico del viejo continente, llamado “Estado del bienestar”, y que es indisociable del proceso de integración de Europa, basado en solidaridad, paz y cooperación.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Las dificultades para asegurar su financiamiento, con los consiguientes recortes presupuestarios en las prestaciones, así como los efectos del reto demográfico, entre otros factores, pero especialmente la crisis de empleo, especialmente juvenil, generan una distorsión en este debate. Por un lado se considera que la crisis es consecuencia del modelo, y por otra quienes la sufren exigen que el Estado no sólo mantenga, sino intensifique las políticas de protección social, pese al problema real de financiamiento público, producto a su vez, de una pérdida de competitividad de las economías europeas, incapaces de crecer y crear empleo.

La discusión sobre el modelo se ha trasladado con cada vez mayor intensidad a América latina, donde se han ido alineando tres posiciones: una de derechas, muy crítica del modelo europeo y que coincide en atribuir al mismo su crisis financiera, con la consiguiente advertencia de que no se nos ocurra adoptarlo, abogando por políticas asistenciales muy acotadas y una protección social centrada en la responsabilidad individual; otra, de izquierdas, que aboga por un Estado fuerte y protector, muy presente en los distintos frentes de la vida económica y social, con importantes dosis de populismo, y muy riesgoso en términos de estabilidad económica. Y una tercera que podríamos llamar de centroizquierda, cuyo planteamiento es de un Estado que asegure una protección social universal básica en educación, salud y pensiones, debidamente financiada a través del crecimiento económico y políticas fiscales responsables.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Lo primero es distinguir entre “Estado del bienestar” y “Estado benefactor”, pues no significan lo mismo. El primero, implica una responsabilidad que debe asumir el Estado como garante del bien común, en una concepción solidaria de la organización social, para hacerse cargo como sociedad de garantizar estándares mínimos de calidad de vida a toda la población, dadas las inequidades que inevitablemente se generan en el cuerpo social por la sola aplicación de las leyes del mercado. Lo segundo, que es a lo que se dirige la crítica de la derecha más consciente, implica una deformación y extralimitación del concepto anterior, ya que traspasa solamente al Estado las responsabilidades de la propia vida, y ello evidentemente no solo implica una injusticia, sino un adormecimiento de las capacidades de emprendimiento, con las consecuencias de pérdida de productividad y competitividad general, además de ser insostenible financieramente.

A esto último es a lo que se refirió el rey de Holanda, y a lo que se refieren muchos partidos y líderes europeos, CDU incluida, que necesariamente debe ser reformado, avanzando hacia la necesaria “co-responsabilidad” en el bienestar, pero en ningún caso se debe interpretar como el llamado al abandono de una política social que está en la raíz y el fundamento mismo de este modelo.

Hace unos meses, la ministra de asuntos sociales de Francia, Mme. Marisol Touraine, en un interesante coloquio en la Universidad Central de Chile, nos afirmaba categóricamente que el Estado del bienestar no estaba en discusión, sino su financiamiento. Y así como el rey holandés plantea una “sociedad de la participación”, para connotar esa co-responsabilidad en el bienestar social, Felipe González y otros líderes plantean el concepto de una “sociedad del bienestar”, pero todos apuntando a lo mismo.

En América latina estamos entrando en un largo período electoral, empezando por Chile en noviembre, y seguido de varias elecciones presidenciales en otros países entre 2014 y 2015, que se dan en momentos en que la economía mundial, especialmente asiática, parece ralentizarse, parece muy oportuno que los programas de las candidaturas tomen en consideración este debate y la experiencia europea, y adopten las propuestas más adecuadas a cada realidad para asegurar políticas públicas apropiadas.


¿Qué Europa queremos y por qué? #parlamentar2013

8 octubre 2013

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Entre el 3 y el 4 octubre, la Oficina del Parlamento Europeo en España nos reunió a un grupo de blogueros, tuiteros y comunicadores “europeos” en La Granja (Segovia) para debatir sobre las inminentes elecciones europeas.  Unos comicios que se espera sean claves para el futuro de la Unión Europea, especialmente si, entre todos (instituciones europeas, gobiernos de distintos niveles, partidos políticos y, por supuesto, también los ciudadanos), somos capaces de poner los mimbres necesarios para ese tan esperado debate de dimensión europea. Digo “tan esperado” porque, a pesar de que es evidente el hecho de que los europeos debemos encontrar soluciones comunes a los problemas que compartimos, las campañas electorales para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo no han dejado de desarrollarse tradicionalmente en clave nacional (una suerte de examen a medio plazo, como todos sabemos, para los partidos nacionales de turno en el poder).

Fue éste un tema recurrente (el del debate nacional-europeo en las elecciones comunitarias) durante los dos días que compartimos en La Granja y sobre el que pudimos charlar extensamente con dos eurodiputados, María Irigoyen (Socialistas y Demócratas Europeos) y Pablo Zalba (Partido Popular Europeo). Lo fue también la cuestión de cómo comunicar mejor el mensaje europeo para conectar con la ciudadanía, especialmente a través de las redes sociales, donde las instituciones europeas están absolutamente volcadas desde los comicios de 2009; para ello nos acompañó Bárbara Quílez, coordinadora de RRSS del Parlamento Europeo, así como expertos en e-comunicación como Mario Tascón y Alberto Ortíz de Zárate.

BVqlezTIMAAmvn7Comenzamos el encuentro, en la tarde del jueves 3, con la compañía de la eurodiputada María Irigoyen, que comenzó su intervención recordando la tragedia de Lampedusa, de la que nos estaban llegando noticias en esos momentos. Me gustó especialmente su mensaje, muy centrado en esa Europa que queremos construir, pero no de cualquier forma, sino “una Europa que coincida con nuestros ideales de progreso”. Ello nos retrotrae (¿por qué será que ahora vemos estas ideas tan lejanas?) a la imagen de la “Europa social” (esa igualmente tan esperada Europa social); esa Europa de los valores y los derechos humanos, y que se erige (o eso se espera de ella) en foco de estos ideales en todo el mundo. Si perdemos Europa renunciamos a algo tan fundamental como eso (lo que nos espera es el nacionalismo, los egoísmos, la ausencia de solidaridad….); pero, ¿no nos estamos perdiendo ya nosotros mismos en esta deriva de los últimos años?

El trágico naufragio frente a la costa de la isla italiana de Lampedusa es una de las caras más negras de esta deriva de insolidaridad, indiferencia y desencuentro entre las distintas visiones sobre la Europa que queremos, en este caso sobre la política de inmigración. Ver las fronteras de Europa convertidas en cementerios para personas que huyen del hambre y la guerra es el fracaso más rotundo para los ideales europeos de solidaridad y humanidad. ¿Queremos de verdad esa Europa que se repliega sobre sí misma, como una fortaleza y muestra indiferencia o es incapaz de actuar ante legislaciones y actuaciones xenófobas? ¿Cuántas categorías de ciudadanos-personas seremos capaces de asumir? Porque ya dejamos claro que no es igual un francés que un gitano rumano; Porque ya permitimos que Berlusconi impusiera una legislación en el corazón de Europa que impedía ayudar o socorrer a un inmigrante en situación administrativa irregular; porque ya les dejamos sin asistencia médica en España…

En realidad, el status de la ciudadanía europea (sujeta a los nacionales de los Estados miembros) no ha creado sino nuevas formas de exclusión, e incluso ¿un “apartheid” europeo? La crisis económica es el caldo de cultivo ideal para reforzar estas desigualdades. Pareciera que ciertos conceptos, derechos, pierden peso en la balanza ante lo fundamental, o lo que se entiende como fundamental, y se refuerza muy especialmente esa dicotomía esencial en toda construcción de la identidad: “nosotros” y los “otros”….

15365_lgtb_He comentado antes que se espera de Europa que sea un “foco” de valores y de derechos humanos ante del resto del mundo. Pero, ¿están los derechos humanos en la agenda de las instituciones europeas a la hora de establecer relaciones bilaterales con otros países del mundo? Le consulté expresamente a nuestra eurodiputada por la deriva homófoba de Rusia y las graves vulneraciones de los derechos humanos del colectivo LGBT que se están dando en este país. ¿Qué puede hacer Europa? Lo cierto es que esta cuestión será tratada, por fin, esta semana en el pleno del Parlamento Europeo, en el que se preguntará a la Comisión que aclare si ha seguido sus recomendaciones y ha tratado este asunto con el gobierno ruso en la última cumbre UE-Rusia y en la reunión del G-20. Seguiremos mañana miércoles este debate con atención…

Si la esencia del proyecto europeo fue uno de los temas centrales de la reunión, no lo fueron menos las expectativas políticas de los próximos comicios que se celebrarán en mayo de 2014. ¿Está la cuestión europea lo suficientemente “madura” para POLITIZARSE? Es uno de los grandes interrogantes que rodea a estas elecciones europeas y una pregunta clave para analizar y pronosticar tanto una mayor y más informada participación ciudadana en los comicios, como el desarrollo de una campaña que responda a las expectativas más europeístas ¿vamos a poner sobre la mesa, al fin, nuestra visión del futuro de Europa, las distintas respuestas políticas a nuestros problemas comunes? Bajo mi punto de vista, este asunto de la “politización” de Europa tiene una vertiente positiva y otra negativa: la negativa (y ahora lo explicaré con más detalle) es que esta politización puede ir de la mano de un mayor sentimiento antieuropeísta; la positiva, es que los partidos políticos europeos (uno de los grandes déficits de la arena política comunitaria) cobren un mayor protagonismo, y consigan ser vehículos de la voluntad popular así como la participación ciudadana.

no-to-eu_thumb1Y ahora explico el por qué de esa “amenaza” antieropeísta, que cobra especial importancia con la crisis económica. Fue ya durante el un tanto tortuoso proceso de ratificación de Maastricht que algunos analistas identificaron que el proceso de integración europea estaba ya de algún modo politizándose. Aunque no sería una década después, durante el proceso de ratificación del Tratado Constitucional, cuando la cuestión de la oposición popular y política a la UE salta a la palestra pública con toda su fuerza. Los “noes” francés y holandés a la Constitución europea ratifican definitivamente la creciente brecha entre la Unión y sus ciudadanos, a la par que se hace patente que ha “despertado” lo que autores como Van der Eijk y Franklin (2004) denominaron como “the sleeping giant”, es decir, la oposición política hacia la UE.

Van der Fijk y Franklin ponen de manifiesto que la cuestión de Europa está ya de algún modo “madura para su politización”, siendo tan sólo una cuestión de tiempo que los partidos políticos se diferencien unos de otros en “UE terms”. Tradicionalmente, la UE había sido efectivamente despolitizada: no existe la posibilidad de organizar una oposición dentro del sistema, ni tampoco una arena donde hacerlo; no es posible un verdadero debate político, ni la expectativa de alternancia en el gobierno, como tampoco una oposición que pueda apelar a los votos de los ciudadanos en unas elecciones democráticas. De ahí que el hecho de que los Partidos políticos europeos nombren a su candidato a presidente de la Comisión cobre una especial significación en estas elecciones de 2014: la expectativa de alternancia política política es esencial en toda democracia, y vital para despertar el interés de la ciudadanía por el proceso. Hasta ahora, esto no ha existido en la UE, por mucho que elijamos a un Parlamento transnacional cada vez más dotado de poderes legislativos y presupuestarios.

La Educación, como no podía ser de otro modo, salió a colación con frecuencia en el debate desarrollado en La Granja. Con María Irigoyen hablamos de la necesidad de una asignatura común sobre la historia de Europa y del proceso de integración europea, así como sobre el funcionamiento de nuestras instituciones comunes, cuyos contenidos deberían consensuarse a nivel comunitario. Aunque todos sabemos que la educación no es competencia de la UE (solo a modo de “apoyo” o “coordinación”), propuse que la Comisión sí podría realizar una recomendación en este sentido a los Estados miembros. Al final, cuestiones que han emanado de la UE, como las competencias clave para el aprendizaje permanente, han acabado incluyéndose en los curriculum escolares de los países europeos, por lo que no sería descabellado pensar en esta posibilidad.

Con el eurodiputado popular, Pablo Zalba, charlamos también sobre educación, en concreto sobre el programa Erasmus, que recientemente cumplió 25 años de existencia y ha contribuido, como bien apuntó Zalba, a “cohesionar”  la UE y despertar el sentimiento de identidad europea mucho más que ninguna otra política comunitaria. Erasmus, “la joya de la corona” europea, doblará en 2014 su presupuesto, y nuestro eurodiputado apostó además por la posibilidad de que fuera una experiencia obligatoria en el plan de estudios de las universidades europeas.

Con Zalba hablamos igualmente de ese mito sobre el Parlamento Europeo, del que muchos piensan que se ha convertido en una institución en la que colocar de algún modo los “excedentes” políticos nacionales (el denominado “cementerio de elefantes“). Nada más lejos de la realidad, porque hay muchos eurodiputados jóvenes, y otros muchos no tan jóvenes que trabajan con entusiasmo en la política europea, y lo más importante, creen en Europa. Zalba tampoco eludió debates como el de la polémica creada sobre los vuelos en primera clase (reconoció que fue una equivocación y que por ello rectificaron) que desató en redes como Twitter el hashtag “#eurodiputadoscaraduras”.

Hablando de hashtags, el creado para nuestro encuentro #parlamentar2013 llegó a ser el segundo tema más comentado (TT) en Twitter en la mañana del viernes 4 de octubre, todo un éxito. Hay que felicitar por ello al estupendo equipo de comunicación y redes sociales (Aitor, Carlos…) de la oficina del Parlamento Europeo en España (que además, emitió en streaming el acto) y por supuesto, a todos los que estábamos allí. Fue estupendo volver a “parlamentar” con “europeístas recalcitrantes” (grande @PacoLuisGRX) como @jjmorante, y @didacgp. Y un placer conocer a otros como @iusufr, @monica_armada, @Iulius_86, @PatriciaGuaspB, @sllaudes, @nemosegu, @Marta_Hdez_Ruiz  y resto de compañeros que participaron en el debate.

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Para finalizar, os dejo con el vídeo resumen del encuentro, no os lo perdáis ¡Hasta la próxima!

(1) Referencia citada:

Van der Eijk, C., & Franklin, M. N. (2004). Potential for Contestation on European Matters at National Elections in Europe. En G. Marks & M. N. Steenbergen (Eds.), European Integration and Political Conflict (pp. 32-50). Cambridge:
Cambridge University Press.


Encuentro “El Parlamento Europeo y las Redes Sociales”

1 octubre 2013

Los próximos 3 y 4 de octubre, el Parlamento Europeo ha convocado a un grupo de bloggers y comunicadores que escriben sobre la UE, en La Granja (Segovia), para celebrar un encuentro en el que se debatirá sobre las inminentes elecciones europeas, las fórmulas de comunicación en Internet para informar e implicar a los ciudadanos en el proyecto europeo, así como sobre temas de especial importancia como el empleo juvenil.

Se trata del segundo de este tipo de encuentros-debate, en el que tendré la suerte de participar junto a otros bloggers y tuiteros “europeos”, que volvemos a reencontrarnos “físicamente”, gracias a iniciativas como ésta del Parlemento Europeo (la primera fue en Córdoba, allá por diciembre de 2010) o el ya clásico concurso de blogs de la Comisión Europea. Las Redes Sociales (blogs, twitter…) son un instrumento fundamental para crear opinión pública europea, “el punto de encuentro para el debate europeo” (tal y como nos decía en este blog en una entrevista, la responsable de la web en español de la Eurocámara, Bárbara Quílez) y así lo han entendido las instituciones comunitarias.

En este nuevo Encuentro en La Granja, tendremos la oportunidad de debatir estas experiencias precisamente con Bárbara Quílez, además de, entre otros, con los eurodiputados María Irigoyen y Pablo Zalba. El intercambio de ideas será sin duda enriquecedor. Os contaré a la vuelta, y, mientras tanto, desde Twitter con la etiqueta #parlamentar2013

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Elecciones europeas 2014 ¿Por qué esta vez es diferente?

16 septiembre 2013

La pasada semana, el Parlamento Europeo dio el pistoletazo de salida a la campaña de información y concienciación de cara a las próximas elecciones europeas, que se desarrollarán en los 28 Estados de la UE entre el 22 y el 25 de mayo de 2014. Es esa ocasión, el lema elegido para el lanzamiento de la campaña ha sido el de “Acción. Reacción. Decisión”, conceptos que intentan enfocar ideas como lo “decisivo” de estas elecciones, marcadas por el contexto de la crisis económica y con el futuro del Euro, de Europa, como telón de fondo. Llaman la atención frases como “esta vez es diferente” o “el poder para decidir el futuro de Europa”, que acompañan al citado lema central de la campaña. ¿Acaso serán tan decisivas estas elecciones para cambiar Europa? Ésta es la pregunta que nos hacemos y que intentaremos responder en las siguientes líneas…

Las primeras elecciones tras el Tratado de Lisboa: más poder para el Parlamento Europeo

No cabe duda que uno de los principales argumentos para despertar el interés de la ciudadanía europea por estos comicios será el incremento de poderes del Parlamento Europeo, única cámara, recordemos, elegida de forma directa y mediante sufragio universal por los ciudadanos de los Estados miembros, y pilar democrático de una UE cuyo principal talón de Aquiles puede que sea precisamente la legitimidad democrática de las decisiones que  emanan de instituciones comunes no elegidas directamente, como la Comisión Europea y el Consejo.  En este sentido, la “codecisión”, procedimiento legislativo a doble vuelta entre el PE y el Consejo, ha pasado a ser la forma ordinaria de legislar. Además, Lisboa otorgó igualmente poder de decisión a la Eurocámara sobre la totalidad del presupuesto comunitario (anteriormente restringida a los minúsculos gastos no obligatorios).

El aumento de poderes del PE es una pieza importante para hacer ver a los ciudadanos lo decisivo de su voto, dada la influencia de lo que allí se decide para la vida diaria de 500 millones de personas en todo el Continente. Pero no es suficiente. De hecho, el incremento de poderes del PE es una constante desde el Acta Única Europea, pero ello no ha servido sino para que la abstención alcance límites verdaderamente preocupantes en sucesivas citas electorales. Lo cierto es que, aquí, tradicionalmente han entrado en juego otros factores, tales como la percepción por parte de muchos ciudadanos europeos de que los temas que más les preocupan no son competencia de la política que se hace en Bruselas. Es evidente que la crisis económica ha hecho saltar por los aires estas percepciones. Lo decían así de claro recientemente en un artículo publicado en España por El País Daniel Cohn-Bendit y Felix Marquart: “Las soluciones para esos problemas actuales tienen que ser transnacionales, o no serán nunca soluciones reales”.

Un “Gobierno” europeo elegido por los ciudadanos: la elección del presidente de la Comisión

Por mucho que el incremento de poderes del Parlamento Europeo sea una cuestión importante para añadir alicientes al elector europeo, lo cierto es que aún con ello seguimos hablamos de elecciones para determinar la composición política de una cámara transnacional, pero no de elecciones “europeas” propiamente dichas. En este punto, el papel que la Eurocámara va a poder jugar en la elección del presidente la Comisión Europea sí que se presenta como una innovación para estos comicios de 2014, digna de representar un verdadero giro democrático en la legitimidad de nuestras instituciones comunes.

El Tratado de Lisboa ya incorporó una interesante aportación en este sentido, al modificar el art. 17.7 del Tratado de la Unión Europea, estableciendo que el presidente de la Comisión debía recibir el visto bueno de la mayoría reelegida de la Eurocámara. De este modo, se articulaba una relación directa entre el resultado de las elecciones al PE y la elección del candidato a presidente de la Comisión. Pero hay que matizar que el PE, aún con este artículo, no elegía en sentido estricto al presidente de la Comisión, que continúa siendo propuesto por el Consejo, por más que sí se refuerza la participación de la Eurocámara en su nombramiento.

El giro democrático del que hablábamos se ha producido más recientemente, con una  auténtica innovación: el hecho de que los partidos políticos que concurren a las elecciones deban nombrar al candidato que apoyan para presidir la Comisión. El objetivo es que los candidatos a presidente de la Comisión tengan un papel más destacado en la campaña, debiendo presentar su programa y participar en debates públicos en todos los Estados miembros. Esta campaña, con candidatos visibles a presidir el ejecutivo de la Unión, que deban explicar su programa político, sí que puede generar un debate europeo en toda regla (superando las clásicas campañas centradas en temas domésticos o como examen a medio plazo para los partidos que gobiernan en cada Estado miembro) y despertar la atención de los ciudadanos en clave común sobre los temas que nos preocupan como europeos (el empleo, la economía, las políticas sociales…).

Esta propuesta, lanzada por la Comisión hace unos meses, bien recibida por los partidos políticos europeos, y avalada por el Parlamento Europeo en una Resolución aprobada el pasado mes de julio (ver el texto completo) pasa por alcanzar un acuerdo común entre el Consejo y el PE.  El objetivo de la Eurocámara, como no puede ser de otra forma (si no, no se entenderían las motivaciones de esta propuesta) es que el candidato a presidente de la Comisión presentado por el partido que obtenga más votos en las elecciones sea el primero que se tenga en cuenta para ocupar el cargo.

Más protagonismo para los partidos políticos paneuropeos: otra asignatura pendiente

Hemos comentado en artículos anteriores que el desarrollo de partidos políticos verdaderamente transnacionales ha sido difícil dadas las circunstancias en las que se ha movido el proceso de integración y de toma de decisiones en la UE, donde ha primado el modelo intergubernamental, ya sea a través de las CIG o dentro del Consejo de Ministros. Ello ha tenido como resultado el refuerzo del papel de los Ejecutivos nacionales a costa del poder de influencia y de control de los parlamentos y de los partidos políticos. Ha faltado en este punto que los partidos ejerzan como vehículo para impulsar una genuina elección “europea”. Puede que esto empiece a cambiar con la campaña de las elecciones de 2014, en la que los partidos políticos  pueden jugar un papel más destacado, no solo por el hecho de tener que dar su apoyo a un candidato a la presidencia de la Comisión, sino por otra innovación importante: que incluyan en las papeletas electorales el partido político europeo al que están adscritos, así como el logotipo cuando proceda. Una campaña así, con estas reglas de juego, sí que empieza a cobrar dimensión europea.

Primarias y listas paritarias

Además de esta recomendación (algo que no se ha hecho hasta ahora en ningún Estado miembro), el PE también solicita a los partidos que apliquen procesos transparentes y democráticos en la elección de los integrantes de sus listas (procesos de primarias). De igual forma, apuesta por mayor presencia de mujeres en las listas electorales, para que se garantice una representación paritaria. Actualmente, el número de mujeres que componen la Eurocámara es del 35 %.

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Un rumbo político para la UE

Aún con todas estas cuestiones que se han puesto sobre la mesa, sin duda importantes para mejorar la legitimidad democrática de la UE, reactivar la participación y el interés de la ciudadanía por los comicios europeos, y lograr impulsar un debate de calado sobre temas comunes, será difícil que estas elecciones, aunque más “europeas”, sean decisivas de algún modo para fijar el futuro de la Unión Europea. Para ello será necesario algo más que unas elecciones para decidir la composición política de una cámara o el presidente de una institución común como la Comisión. La respuesta europea ante los retos que se presentan ante ella no será posible mientras no fije su rumbo político, arrinconado desde hace mucho tiempo ante una integración económica también, como se ha demostrado, incompleta. Es posible, y deseable, profundizar en la integración, pero mediante la apertura de un proceso constituyente altamente participativo, amplio y profundo del que surja una Constitución europea que otorgue la legitimidad suficiente a las instituciones comunes y en el que, en definitiva, Europa (sus ciudadanos, su sociedad civil, sus partidos políticos…) en un ejercicio de democracia deliberativa decida en qué se va a convertir.

Artículos relacionados en este mismo blog: 2014 ¿Las primeras elecciones europeas?


“Upgrading Europe”: la Unión Europea del siglo XXI

18 marzo 2013

 “Upgrading Europe” es un proyecto ideado y dirigido por la Doctora Susana del Río Villar, que nació hace pocos meses, en 2012, con la mirada puesta en una Unión Europea cuyo principal reto para este siglo XXI es “dar visibilidad” a sus logros, a sus “historias de éxito”. Frente a la desconfianza, la pérdida del optimismo, que cada vez se aprecia en mayor medida entre los ciudadanos en su actitud ante el proyecto europeo, la UE necesita, según la Dra. del Río, “revalorizar” su imagen, mejorando la calidad democrática de su proceso político. Pero esta nueva política europea solo puede construirse para los ciudadanos y con los ciudadanos.

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“Es el momento” de poner en marcha una iniciativa de este tipo. Así lo expresaba en una reciente entrevista para el programa Europa 2012 de RTVE, la Dra. Susana del Río. “Upgrading Europe”, destacaba su autora, aspira a unir ámbitos de participación, buscar sinergias entre distintas esferas, dando valor a las ideas de todos: políticos, instituciones europeas, mundo académico, sociedad civil, ciudadanos, medios de comunicación… Justamente ahora. Cuando estamos inmersos en el Año Europeo de los Ciudadanos, centrado en la democracia participativa y los derechos asociados al estatus de la Ciudadanía de la Unión. Y precisamente, con las elecciones europeas de 2014 en el horizonte inmediato. Unos comicios en los que Europa se juega mucho en el terreno de la participación.

Todos los detalles de este proyecto, al que tendremos que prestar mucha atención de aquí a 2015, nos los desgranará en una entrevista, que publicaremos en breve, la Dra. Susana del Río, experta en participación ciudadana y comunicación europea. Será una magnífica ocasión para volver a charlar con una de las académicas más implicadas en el estudio del proceso participativo en la UE en unos momentos clave como los que vivimos, en los que la UE busca y precisa más que nunca de un proceso de apertura y legitimación democrática a través de la implicación de los ciudadanos en las políticas y los procesos de toma de decisiones.

Mientras tanto, aprovechamos para reeditar una de las mejores entrevistas de las que hemos podido disfrutar en este blog. Una amena charla en la que la Dra. del Río nos habló con optimismo y actitud constructiva sobre las posibilidades de promover una ciudadanía europea más activa en ámbitos que ya son fundamentales en la comunicación europea, como Internet, los Blogs y las Redes Sociales; a través de la educación, instrumento fundamental para transmitir y dar a conocer los valores y los “hitos” de la unidad europea; las posibilidades de la Iniciativa Ciudadana Europea como motor de participación; y, sobre, todo, como nos explicaba entonces nuestra protagonista, destacando las virtudes de esa Europa en “constante movimiento”, llena de un “dinamismo” del que se pretende que se contagien también los ciudadanos europeos, uno de los principales objetivos, por cierto, de iniciativas como “Upgrading Europe”.

Susana del Río: “Europa es un proyecto lleno de pasión”

ENTREVISTA 27.09.2010

La Unión Europea es un proyecto único, complejo y lleno de retos. Comunicar Europa, acercarla a los ciudadanos y conseguir una mayor participación de estos en todos sus ámbitos de actividad no podía ser una empresa menos difícil. ¿Es un problema de lejanía? ¿La información es demasiado compleja? ¿Demasiado escasa? ¿Es una cuestión de enfoque? Sobre todos estos temas hemos charlado precisamente con la Doctora Susana del Río, experta en participación ciudadana y comunicación europea, y una de las personas más activas en estos ámbitos dentro y fuera de nuestro país. Europeísta de vocación, ve el proyecto europeo como una “pasión”, admira su “ritmo” y su capacidad para estar en constante “movimiento”. Para Del Río, esa Europa en constante transformación está cada vez más cerca de los ciudadanos, “pero todavía no lo saben”. Por ello, es imprescindible una comunicación europea continua, información “útil y sencilla” sobre los temas que nos preocupan, y, lo más importante, en toda su dimensión, lo que la Dra. del Río llama comunicar en “versión europea”.

Ciudadanía activa y comunicación europea

P. Los ciudadanos europeos, en un gran porcentaje, siguen viendo la UE como algo lejano, su funcionamiento como algo complejo y su trabajo como algo que poco les afecta a sus vidas. ¿Cómo se invierte esta situación?

R. Pienso que para conseguir que los ciudadanos vean que Europa está en su día y que la Unión Europea ha pasado de estar en nuestra realidad a ser nuestra realidad es importante que reciban información útil y sencilla sobre temas que les preocupan. Una información práctica de Europa para que los ciudadanos conozcan la capacidad de Europa en su día a día, que la Unión Europea es útil y que “practican” Europa desde que se levantan hasta que se van a descansar.

P. ¿Cree que la falta de interés es ante todo falta de información? En ese caso, ¿quién tiene la culpa de esto, las instituciones europeas, los medios de comunicación, los ciudadanos…?

R. En mi opinión ya no es tanto un problema de cantidad de información europea, lo que sucede es que la información no llega en clave europea y los ciudadanos la continúan percibiendo como nacional. Quizás en vez de pensar en quién es el “culpable” habría que centrarse en los procesos. Por ejemplo, durante la campaña de comunicación emprendida por el Parlamento Europeo para las elecciones europeas 2009 los medios estuvieron muy activos dando información y muy presentes, lo que sucedió es que al llegar la noticia a cada país se producía una “nacionalización” de los ejes principales de la campaña. Está bien explicar cómo afecta una decisión europea en cada país, pero lo que no ayuda es ver un debate en el contexto de las elecciones europeas y que cueste encontrar esa dimensión europea. Durante algunos debates yo hice el ejercicio de recoger cuántas veces los políticos hablaban de Europa y de lo que su partido haría en relación a los temas presentes en la campaña. Incluso para mí que me dedico a temas europeos, era difícil “rescatar” de los debates palabras e ideas de amplitud y de visión europea.

SUSANA DEL RÍO: “El problema es que la información no llega en clave europea y los ciudadanos la continúan percibiendo como nacional”

Un elemento importante es que la información no puede ser “express”. Para que las personas puedan ver Europa “de calle” y “tocarla”, una Europa tangible, la información y la comunicación con los ciudadanos tiene que calar poco a poco, como la lluvia fina. Es clave la continuidad en la información.

P. La UE está apostando fuerte por incrementar su presencia en Internet: las páginas web de las instituciones, redes sociales, blogs.. pero, ¿qué ocurre con la ciudadanía europea que no está conectada?

R. Pues que no todo es conexión vía Internet. Los blogs, por ejemplo, están desarrollando un espacio diferente para difundir Europa y llegar a muchísimas personas. Sigo con atención bastantes blogs europeos desde hace tiempo e incluso escribo en alguno y veo que tienen una capacidad grande de llegar a muchas personas. Este blog es un buen blog. Lo que más me gusta es cómo cada autor transmite con su personalidad y no sólo en los posts que escribe sino en el nombre del blog, en la estética de su página de presentación, etc.

Pienso que las e-democracia, e-participación, e-comunicación sin duda son una revolución social y comunicativa, que lo “ciber” está bien y que es un recurso muy importante para que los ciudadanos se conecten a Europa. El mundo digital abre multitud de posibilidades y de fórmulas, es algo realmente impresionante, pero por encima estarán siempre la Democracia, la Participación y la Comunicación. Y quiero destacar una cosa: no me gusta el concepto de ciudadanía digital, las personas, los ciudadanos, la ciudadanía, pienso que no se ensamblan bien con digital. Con esto quiero decir que es importante no “perder el norte” y por supuesto aprovechar el gran caudal digital que es la Red, pero combinarlo con los canales tradicionales. Por ejemplo, es importante que las noticias sobre Europa aparezcan más en la prensa escrita en un lugar directamente identificable al abrir el periódico, que en la radio haya más espacios con noticias en “versión europea” y que la Unión Europea y sus instituciones se vean cada vez más en los telediarios, también considero clave la emisión del programa Europa 2010 de TVE en horarios de mayor audiencia. Lo visual es muy importante.

SUSANA DEL RÍO: “También hay que dar mucha atención a la educación, que nuestros hijos conozcan Europa y que son europeos. La educación europea tiene un valor integrador con mucho potencial”.

Cuando me preguntan qué pasa con la comunicación europea siempre destaco que seguramente lo más importante es el equilibrio, comunicar con equilibrio, en el contenido y en la forma. Los contenidos son esenciales, saber qué se quiere comunicar y a quiénes, pero también la forma: comunicación digital, comunicación en prensa, en televisión etc. Sin olvidar lo enriquecedor que es comunicar cara a cara. Cuando un ciudadano puede ver enfrente de él a un eurodiputado respondiéndole a una pregunta en un debate ve mucho más en sus ojos y en su expresión que en una pantalla.

Participación ciudadana tras el Tratado de Lisboa

P. Se afirma que el Tratado de Lisboa va a suponer un paso decisivo para construir la “Europa de los ciudadanos” ¿hasta qué punto cree usted que el nuevo Tratado colma todas las expectativas en lo que a participación ciudadana se refiere?

R. El Tratado de Lisboa recoge la esencia del Proyecto de Constitución europea y, por ello, está cerca de los ciudadanos y de los asuntos de actualidad. Por supuesto que habrá que avanzar más dentro de un tiempo pero hay algo muy democrático y profundamente ciudadano en el Tratado de Lisboa y es el aumento de poder del Parlamento Europeo. Si el PE tiene más poder también los ciudadanos.

P. Usted ha participado activamente en la configuración de la Iniciativa Ciudadana Europea ¿qué destacaría de la Iniciativa?

R. Hay que ser muy cuidadoso con la implementación de la Iniciativa, el equilibrio interinstitucional y la manera de presentarla. Ya que su nacimiento y desarrollo han sido ejemplares en muchos aspectos hay que conseguir ahora una gran coherencia en su implementación y puesta en marcha. Aquí también hay que transmitir muy bien qué es la Iniciativa y cuáles son sus estadios.

Cuando la Iniciativa Legislativa Ciudadana se incluyó en el párrafo 4º, artículo 47, del Proyecto de Constitución europea sin duda fue un logro, una conquista de las organizaciones de la sociedad civil junto con miembros de la Convención europea. Para mí, algo muy importante de la Iniciativa es la comunicación transversal entre organizaciones, eurodiputados, mundo académico desde el 2002. La movilización y el debate transnacional europeo.

P. Además de herramientas como la iniciativa popular, ¿qué otras oportunidades existen para participar? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para ayudar a construir Europa?

R. Hay muchas oportunidades para participar y el ciudadano puede elegir si participar activamente en foros, debates etc. y además en las citas de las elecciones europeas o si va a participar con su voto pero no se va a “enganchar” a debatir sobre Europa.

SUSANA DEL RÍO: “Lo que está claro es que la comunicación responsable impulsa participación responsable y que la participación articula sociedad, creo que esto es algo que deberían tener muy presente los políticos”.

Para ayudar a construir Europa lo importante es que los ciudadanos estén estrechamente unidos a la Europa de la solidaridad porque la solidaridad es movilizadora y además de ser un concepto y una acción humanitaria tiene una capacidad multiplicadora de información destacable. Pienso que, aunque con mucho por trabajar cada día, este camino está muy bien andado por las ONG.

Todo es válido. Creo que lo importante es despertar en los ciudadanos la curiosidad por Europa y encender el “chip” europeo porque si lo conseguimos, los ciudadanos buscarán información en las web de las instituciones europeas, en los medios y en los blogs, y buscando información también se está participando.

Ciudadanía de la Unión Europea

P. En cuanto al conjunto de derechos que integran la Ciudadanía de la Unión ¿no es una decepción que ni en la Constitución Europea, ni después con Lisboa, se haya apostado por reformar un contenido que data del Tratado de Maastricht?

R. En mi opinión, la Ciudadanía europea está llena de contenido. Es un concepto amplio e integrador. Pienso que más que reformarlo lo que hay que hacer es explicarlo bien, que es un concepto con gran proyección y con unos derechos, que está vinculado a los valores de la Unión Europea, que su anclaje es sólido y que si alguien se lo salta la Unión Europea tomará voz común no permitiendo que no se respete. Aquí de nuevo resalto el poder catalizador de ciudadanía activa de la solidaridad.

La ciudadanía europea abarca la ciudadanía múltiple y las múltiples ciudadanías. Es única, y también numerosa, uno de sus pilares es la riqueza de la diversidad. La ciudadanía europea tiene círculos concéntricos que además están comunicados. El título de una ponencia que di este verano en El Escorial era: “Ciudadanía europea, ¿más lejos, más cerca?”, ¿sabe cómo comencé mi intervención?: “Ciudadanía europea, ¿más lejos, más cerca? Más cerca pero los ciudadanos todavía no lo saben”.

Futuros proyectos

P. Usted es una persona muy activa en el ámbito  de la participación ciudadana y la comunicación europea ¿en qué proyectos está trabajando ahora? ¿nos podría adelantar algo?

R. A mi me encanta lo que hago, Europa es mi trabajo y también mi vocación. La Unión Europea, y lo digo completamente convencida, es un proyecto lleno de pasión. Veo el proyecto europeo como un Proyecto, sí, un proyecto. Y así tiene que seguir siendo para renovarse, reiniciarse, actualizarse. Hay que hacer nueva política europea en el contexto de una gobernabilidad europea y global. He dicho en otras ocasiones que me gusta mucho de Europa su ritmo, siempre se está moviendo. Me encantan la política como doctrina y la gran política y la Unión Europea es un ejemplo de gran política. Europa se amplía, continúa integrando países y, al mismo tiempo profundiza en su proceso de integración. Ese movimiento me sorprende cada día.

SUSANA DEL RÍO: “Me gusta mucho de Europa su ritmo, siempre se está moviendo”

Sobre mis futuros proyectos le voy a hablar de dos: “Europa en Red”, con un espacio, Europa Mueve la Red, dedicado precisamente a la interactividad, al intercambio de ideas y de información, opiniones, donde los blogs van a tener un lugar bien estructurado. La web estará preparada en unas dos o tres semanas.

Y comienzo una nueva etapa profesional en un nuevo Instituto, el Instituto de Gobernanza Democrática (www.globernance.org, del que pronto será visible toda la información. Mi trabajo será la coordinación académica del programa para Europa del Instituto. Seguiré además con mi perfil de Investigadora. Ya tengo pensados los primeros debates, publicaciones en distintos idiomas, las vinculaciones con instituciones, personas y entidades con las que colaboro desde hace años y, como siempre, la unión de esferas, institucional, académica, de organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación etc. También tendréis vuestro lugar los blogs europeos. Estoy muy contenta con esta nueva etapa en mi trayectoria profesional. Además de los objetivos y ejes sobre los que comienza a andar el Instituto y las entidades, Universidades y Fundaciones vinculadas, sus dos impulsores, el Filósofo Daniel Innerarity y el Profesor Juan José Álvarez, son dos personas a las que conozco desde hace tiempo, con un gran valor tanto profesional como personal, es para mí un orgullo trabajar con ellos, aprenderé mucho, y además podré hacer mi aportación, muy europea, al Instituto.

Estoy contenta. Me gusta aprender cada día y Europa es un buen lugar para aprender cada minuto.

Más sobre nuestra protagonista

Susana del Río Villar (Madrid, 1966) es Licenciada en Filosofía y Letras, Geografía e Historia. Doctora en Ciencias Políticas y Sociología y Premio Extraordinario de Doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas. Es consultora en temas de participación ciudadana y acción comunicativa europea. Fue miembro de los Grupos de contacto de la sociedad civil en el Parlamento Europeo para la elaboración de la Constitución europea por la Convención y moderadora-relatora de la primera Ágora del Parlamento Europeo. Miembro del Comité de expertos de la Comisión Europea en Science, Society and Governance y del programa marco en Citizens and governance in the knowledge based society, “Democracy in a supranational context”. Forma parte del “Team Europe” de la Comisión Europea. Es miembro del Club de Roma. Colaboradora del Real Instituto Elcano (RIE), del Movimiento Europeo y de organizaciones entre las que destacan la Fundación Luis Vives y la Red Extremeña de Información Europea (REINE). Fue responsable de contenidos de las Consultas europeas a la ciudadanía en 2007 y Coordinadora del grupo de observadores de las Consultas europeas 2009. Autora de numerosas publicaciones, entre las que destacan, como coordinadora y co-autora, Europa: el estado de la Unión (Aranzadi, 2006), y Ciudadanía activa en Europa. Proceso participativo y nuevos espacios para la comunicación (Difusión Jurídica y temas de actualidad, 2008). Conferenciante en diversos seminarios y debates. Tiene entrevistas en prensa y radio así como en distintos programas de televisión como el programa “Europa 2010” de TVE. Es, además, profesora invitada por distintas Universidades y Cátedras Jean Monnet, y asesora de organismos gubernamentales en asuntos europeos. Desde octubre de 2010, Investigadora-Coordinadora académica para el programa Europa del Instituto de Gobernanza Democrática.


América Latina y el Caribe y la Unión Europea: trabajar juntos también en la Educación

17 marzo 2013

A finales del mes de enero, se celebró en Santiago de Chile el séptimo encuentro entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea, ahora llamada Cumbre CELAC-UE, que ha supuesto otro importante paso adelante en la relación estratégica inaugurada en Río de Janeiro en 1999. Desde entonces, el diálogo político entre estas dos regiones en diversos ámbitos no ha hecho sino afianzarse, siempre con la mirada puesta también en el proceso de integración regional dentro de América Latina y Caribe, aún incipiente si lo comparamos con la unificación europea.

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De izquierda a derecha: Van Rompuy, presidente del Consejo de la UE; Sebastian Piñera, presidente de Chile; Barroso, presidente de la Comisión Europea. Imagen de la I Cumbre CELAC-UE

La UE ha sido, de hecho, una de las principales promotoras de la integración regional en América Latina y el Caribe (ALC). También es el principal cooperante en la Región; primer inversor directo y segundo socio comercial. La idea de establecer un diálogo permanente con la UE surgió en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile en 1996. Una iniciativa que lanzó el Gobierno español, entonces dirigido por José María Aznar, y que fue posteriormente refrendada por las Instituciones europeas.

Las dos regiones, aliados clave, y naturales, si tenemos en cuenta los estrechos e históricos lazos políticos, económicos y culturales entre ambas, no han hecho sino afianzar desde finales de los noventa la cooperación bilateral, también profundizada dentro de cada una de las regiones, con acuerdos estratégicos entre la UE y, por ejemplo, América Central, el Caribe, Países Andinos, Mercosur, etc. En esta primera Cumbre CELAC-UE, la relación entre las dos regiones cobra especial importancia, ante los retos económicos y sociales que deben afrontar ya entrado el siglo XXI. Especialmente ante la crisis económica que azota al Continente europeo, donde cada día aparecen nuevos nubarrones (véase Chipre), y las dificultades para revitalizar nuestros motores de crecimiento, volver nuestra mirada al dinámico Continente Latinoamericano se presenta como vital.

La asociación estratégica ALC-UE ha venido abarcando distintos ámbitos de actuación:  asuntos políticos; económicos y comerciales; culturales, educativos y humanos. Entre las principales conclusiones de esta I Cumbre CELAC-UE destacar dos documentos imprescindibles: la Declaración de Santiago, y el Plan de Acción CELAC-UE 2013-2015, en el que, como principal novedad, se crea un diálogo birregional en materia de género, incluyendo esta perspectiva en la cooperación entre las dos regiones.

Otra de las principales novedades de este encuentro ha sido la incorporación del mundo académico al diálogo, celebrándose de forma paralela a la cumbre política una cumbre académica, que se suma a las ya tradicionales cumbre empresarial y foro de la sociedad civil. La primera Cumbre Académica CELAC-UE reunió a representantes de más de 300 instituciones académicas -universidades, institutos y centros de investigación- de América Latina, Caribe y UE, destacando este ámbito de colaboración con un pilar en las relaciones con la UE.

Comitiva académica integrada por el rector de la Universidad Central y presidente del Comité de Honor de la Primera Cumbre Académica CELAC- UE, Rafel Rosell; la secretaria general del Instituto de las Américas, Helene Harter; y el director ejecutivo del Celare, Héctor Casanueva, entregó este domingo la Declaración de Santiago a los ministros de Relaciones Exteriores reunidos en el marco de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la zona eurolatinoamericana. Fotografía tomada de la web http://www.cumbreacademica-alcue.cl

Comitiva académica integrada por el rector de la Universidad Central y presidente del Comité de Honor de la Primera Cumbre Académica CELAC- UE, Rafel Rosell; la secretaria general del Instituto de las Américas, Helene Harter; y el director ejecutivo del Celare, Héctor Casanueva, entregó este domingo la Declaración de Santiago a los ministros de Relaciones Exteriores reunidos en el marco de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la zona eurolatinoamericana. Fotografía tomada de la web http://www.cumbreacademica-alcue.cl

Fruto de este encuentro académico, surgió la “Declaración de Santiago sobre cooperación universitaria en educación superior, ciencia, tecnología e innovación”, un documento que fue entregado a los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la cumbre, en total  61 países. Esta Declaración propone crear un sistema de acreditación de la educación superior común para toda la Región, y que cuente con parámetros e  indicadores de calidad y excelencia en investigación, formación e internacionalización. Un proceso de “Bolonia” para América Latina y Caribe, que busca estrechar la cooperación en este ámbito dentro de la región y con la UE: con el  establecimiento de acreditaciones, homologaciones y reconocimientos de títulos y grados; impulsando y facilitando la movilidad y los intercambios para estudiantes, académicos y entre universidades; estrechando lazos en la cooperación científica y tecnológica; y fortaleciendo, entre otros aspectos, la relación entre universidad y empresa.

Gran noticia, sin duda, que la idea de “trabajar juntos” en el ámbito educativo y académico haya alcanzado la notoriedad que se merece en esta I Cumbre ALC-UE. La cooperación en el área de la educación, así como los programas de intercambio estudiantil y las oportunidades de formación dentro de todo el espacio de la UE han sido una de las principales “historias de éxito” del proceso de la integración europea. No podían ser menos en la asociación y diálogo entre los países de América Latina y el Caribe, y de estos en su conjunto con la UE.

Enlaces de interés sobre la I Cumbre CELAC-UE: 

Ministerio de Asuntos Exteriores de Chile

Servicio Europeo de Acción Exterior. Relaciones de la UE con América Latina y el Caribe.

Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa – CELARE

“Desafíos para la relación estratégica Celac-UE”. Columna de opinión de Héctor Casanueva, director ejecutivo de CELARE. (Diario La Tercera, Chile).

Cumbre Académica CELAC-UE 2013


2014 ¿Las primeras elecciones “europeas”?

15 marzo 2013

Este martes, la Comisión Europea nos sorprendía con el anuncio de una recomendación dirigida a los partidos políticos europeos en la que les pedía que designaran a su candidato a presidente de la Comisión en las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que tendrán lugar en mayo de 2014. Barroso, actual jefe del Ejecutivo comunitario, hacía de este modo una interpretación amplía del art. 17.7 del Tratado de la Unión Europea, enmendado en la reforma de Lisboa, que establece una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión.

European Commission President Barroso holds a news conference on the financial crisis in Brussels

Lo cierto es que ese artículo lo que aportaba, en principio, era una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento del presidente de la Comisión, que no es “elegido” en sentido estricto por la Cámara, ya que es propuesto por los Estados miembros en el Consejo Europeo, teniendo que pasar el trámite del visto bueno de los eurodiputados. Pero, de algún, modo, este mecanismo reforzaba la legitimidad de su designación, al ser investido por la reelegida mayoría del Parlamento Europeo.

Con este anuncio, se da un paso más hacia el objetivo, siempre presente, de que sean los ciudadanos quienes elijan directamente al presidente del “Gobierno” de la UE. Con ello, se pretende, esencialmente, aumentar el atractivo y participación de los ciudadanos en una elección mermada por el escaso interés que despierta entre la ciudadanía. Todo ello en unos momentos especialmente difíciles como los que se viven en la UE, cuyas decisiones precisan más que nunca de la legitimidad que debe otorgarles la voluntad popular.

Unas elecciones de “segundo orden” 

La baja participación testada en sucesivas elecciones al Parlamento Europeo ha sido interpretada en relación a la propia naturaleza y características de estos comicios. La literatura sobre el tema es extensa (Weiler, Haltern & Mayer, 1995; Reif y Schmitt, 1980; Reif, 1985) y nos habla de una elección determinada tradicionalmente por la agenda política nacional; una suerte de examen a medio plazo para el partido nacional de turno que está en el poder. Es por ello que se las conoce como unas elecciones de “segundo orden”, es decir, de importancia menor a ojos de los partidos (que prefieren centrar la campaña en discursos más nacionales que de nivel europeo), de los medios de comunicación y del electorado, en comparación con las de “primer orden”, las elecciones nacionales.

La alta abstención que se registra en las elecciones europeas viene determinada, principalmente, porque sus resultados han tenido escasas consecuencias en el proceso político europeo, ya que no suponen un reparto de poder, es decir, la expectativa imprescindible de cambiar un Gobierno por otro o, como lo expresan Weiler y sus colegas: “to throw the scoundrels out”. La idea de alternancia es esencial en el juego democrático. Ello no ha existido en la UE. ¿Hasta ahora?

¿Las primeras elecciones “europeas” ?

No le falta a razón al Ejecutivo comunitario, cuando destaca que las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 “serán especialmente importantes para la UE”, porque la crisis económica y financiera precisa de una respuesta europea, así como avanzar para solventar los desajustes entre la política monetaria común y las políticas fiscales, avanzando hacia una Gobernanza Económica común. Pero, por fin los líderes europeos son conscientes de que todo avance hacia una mayor integración requerirá el apoyo y la participación de los ciudadanos. Los números rojos de la legitimidad democrática de la UE, antaño sorteados con acuerdos entre élites políticas ante el consenso pasivo de la ciudadanía, son ya insalvables en la situación actual.

Resulta curioso, en este punto, indagar en algunos estudios de opinión de citas electorales pasadas para darnos cuenta de en qué medida ha cambiado la situación en la UE en todo lo que concierne a las preocupaciones de los ciudadanos y su relación con los asuntos que se manejan desde Bruselas. Un Eurobarómetro pre-electoral del verano de 2004 nos mostraba que los ciudadanos europeos percibían un escaso impacto de las actividades de la UE en sus vidas, algo que, sin duda, restaba trascendencia a estos comicios, influyendo en la decisión de ir o no a votar. De dicho estudio se desprendía que la actividad y políticas de las instituciones nacionales, en primer lugar, seguidas de las regionales y locales, tenían un mayor impacto en la vida de los ciudadanos visiblemente por encima de la UE en su conjunto. Está claro que la crisis económica y la respuesta de la UE a esta crisis ha fulminado tales percepciones.

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Otro factor a tener en cuenta es que estamos ante los primeros comicios tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que incorporó reformas institucionales reseñables en lo que respecta a la democratización del proceso de toma de decisiones, con un Parlamento Europeo erigido por fin como poder legislativo a la altura del Consejo, con la extensión de la codecisión como “procedimiento legislativo ordinario”. Aunque lo cierto es que la experiencia nos ha enseñado que las consecuencias de estas reformas tienen sus “límites” si las analizamos desde la óptica de la percepción ciudadana.

A mayores poderes del Parlamento Europeo, mayor abstención 

Históricamente, la legitimidad que un Parlamento electo y reforzado en sus poderes en las sucesivas modificaciones de los Tratados ha  aportado al conjunto del sistema institucional comunitario está sin duda mermada por la baja participación en sucesivas citas electorales, un hecho ligado al escaso conocimiento que la ciudadanía en general ha tenido, y tiene, de tales avances “democráticos”. Lo cierto es que desde 1979 (fecha en que se elige por primera vez por sufragio universal la Eurocámara) hasta la fecha, las elecciones al Parlamento Europeo no hacen sino confirmar la negativa correlación entre el aumento de facultades del Parlamento y la progresiva baja participación en los comicios.

Paradójicamente, lejos de aquella idea que colocaba al Parlamento Europeo y su “empoderamiento” como el factor clave para aumentar la legitimidad de la UE, las elecciones europeas no han hecho sino aumentar la visibilidad del déficit democrático.

En 1979, cuando el Parlamento Europeo está dotado apenas con poderes de supervisión sobre la Alta Autoridad de la CECA y el derecho a enmendar una mínima parte del gasto comunitario, la participación llega al 63%. En el 89, después de que el Acta Única Europea introdujera los procedimientos de cooperación y de dictamen conforme y favorece el rol consultivo de la Cámara, la participación desciende dos puntos y medio respecto a las del 84, situándose en el 58,5%.

Las primeras elecciones tras el Tratado de Maastricht, celebradas en 1994, confirman la tendencia a la baja (56,8%), a pesar de ser la primera reforma de los Tratados en la que se decide equiparar la autoridad legislativa del Parlamento con la del Consejo en las quince materias a las que se aplica la codecisión. Aquí hay un elemento fundamental a tener en cuenta, que se explicita muy bien en los estudios europeos de opinión pública. En un Eurobarómetro posterior a la cita electoral, se recoge que solo el 37 % de los encuestados  conoce que el citado Tratado ha aumentado los poderes del Parlamento Europeo.

Las jornadas electorales de 1999, 2004 y 2009 ratifican la desconexión con la ciudadanía: la participación cae ya por debajo del umbral del 50 %.

¿Podemos esperar, entonces, que la reforma de Lisboa influya en alguna medida para aumentar la participación? Difícil poder afirmarlo, teniendo en cuenta, además, que el último Eurobarómetro confirma el desconocimiento persistente de los ciudadanos europeos, sin ir más lejos, sobre sus propios derechos de participación política, o de otro tipo, ligados al estatus de la Ciudadanía de la Unión.

Por lo tanto, cabe esperar que, a la hora de aumentar el interés por las elecciones europeas sea más importante pensar que estas elecciones pueden ser trascendentes para elegir al presidente de la Comisión Europea, y, por descontado, para decidir el modelo europeo de respuesta a la crisis económica, que, por primera vez, estará en la agenda de los partidos en la campaña, por encima de las clásicas disputas y circunstancias meramente nacionales.

Hablando de partidos políticos…

El “déficit” de partidos políticos europeos 

El desarrollo de partidos políticos verdaderamente transnacionales ha sido difícil dadas las circunstancias en las que se ha movido el proceso de integración y de toma de decisiones en la UE, donde ha primado el modelo intergubernamental, ya sea a través de las CIG o dentro del Consejo de Ministros. Ello ha tenido como resultado el refuerzo del papel de los Ejecutivos nacionales a costa del poder de influencia y de control de los parlamentos y de los partidos políticos. Ha faltado en este punto que los partidos ejerzan como vehículo para impulsar una genuina elección “europea” (véase en este mismo blog “Partidos políticos europeos, democracia y participación).

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El estatuto de los partidos políticos europeos está regulado por una norma de 2004, cuya renovación se viene impulsando desde el Parlamento Europeo con el objetivo de reforzar su marco legal en la legislación comunitaria, para dar mayor autenticidad a la condición transnacional de estos partidos, e impulsar un debate político verdaderamente europeo.

Precisamente en el día de ayer, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo debatía un informe sobre este asunto, con las elecciones de 2014 en el punto de mira. El objetivo es que los partidos de la Eurocámara dejen de ser meros “paraguas” de sus matrices nacionales, dotándolos de personalidad jurídica en base al Derecho comunitario, con financiación más flexible y transparente, y un campo de actuación mayor, pudiendo participar en campañas de referendum sobre cuestiones que atañen a la UE.

¿Serán suficientes todos estos “impulsos” para que en 2014 podamos hablar, por primera vez, de elecciones “europeas”? 

Tendrán que confluir varios factores:

-La expectativa de alternancia política, con una verdadera correlación entre la voluntad popular expresada en las urnas y el presidente de la Comisión que junto a su equipo salga refrendado de la mayoría electa del Parlamento Europeo.

-El desarrollo de una campaña de dimensión europea centrada en cuestiones comunes que nos atañen a todos los europeos. Debate europeo frente a las clásicas riñas “domésticas”. En España, por ejemplo, lo comicios no deberían ser un examen para el Gobierno de Rajoy, sino para la visión de ajustes, recortes y contención del gasto impuesta desde Bruselas. Votamos por un modelo europeo para salir de la crisis, que debe ser el eje esencial del discurso de los partidos en la campaña. Los partidos políticos europeos deben pasar, por ello, el examen de su discurso y alcance transnacional.

-Por último, que, si se dan estos factores, los europeos seamos capaces de ver la trascendencia de nuestro voto para el desarrollo de nuestras vidas, eligiendo un modelo de Europa que se reflejará en las políticas que implementarán nuestros Gobiernos.

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