Símbolos cristianos para una Europa laica

En el año 2003, cuando se elaboraba la Constitución Europea, uno de los puntos más controvertidos del debate fue decidir sobre la necesidad o la inconveniencia de incluir una referencia al Cristianismo en el texto del Tratado. Los defensores de la referencia cristiana argumentaban, con buena parte de razón, que el Cristianismo era ese tercer pilar (junto a las tradiciones griega y romana) desde el que se había construido la civilización europea, para conformar una identidad europea compartida sobre la base de la filosofía griega, el derecho romano y la teología cristiana.

En realidad, nadie pone en duda que esta “herencia común” ha marcado el desarrollo político, moral y de pensamiento de nuestro Continente. En concreto, el Cristianismo ha sido definido por autores como Irigoyen [1] como “la gran unidad”, en el sentido de que existe una histórica autoconciencia de unos valores compartidos que encuentran su fuente en el Cristianismo [2]. Sin embargo, otros autores como Habermas [3] hablaban de un “patriotismo de la Constitución”, una identidad basada en principios éticos, cívicos y políticos, definida en la práctica de la ciudadanía activa, ejercida en un contexto democrático y en el haz de derechos otorgados por una Constitución, en este caso, la europea. Es decir, una fórmula aún más secularizada que la “religión civil” descrita por Rousseau en El contrato social: una especie de “religión del ciudadano” [4].

Y así fue como en el Preámbulo de la malograda Constitución Europea se excluyó la referencia cristiana sustituyéndola por una Unión Europea que se inspira en “(…) la herencia cultural, religiosa, y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho” [5].

Valores y principios universales para una identidad diversa, dinámica y en constante redefinición y que se construye en el marco de la práctica de la ciudadanía europea activa para una identidad y una unidad de valor democrático y constitucional.

En el texto de aquella Constitución fallida había también referencia a los símbolos de la integración europea (art. I-8): bandera, himno, lema, moneda, Día de Europa… Referencias que fueron eliminadas en la posterior reforma de Lisboa, en la que el Consejo intentó prescindir de todo aquello que “oliera” a Constitución. En realidad, tampoco son pocos los analistas [6] que han criticado esta fórmula de la UE de “europeizar” las identidades de sus ciudadanos, utilizando las mismas fórmulas que el Estado-nación: bandera, moneda, himno, matrículas…. Es decir, una fórmula calcada a la de la identidad nacional que puede no ser aplicable o acertada para caso de la capa identitaria post-nacional.

Todos conocemos la bandera de la UE, que representa un círculo de doce estrellas doradas sobre fondo azul. Aunque quizá algunos menos conozcan lo que significa. La explicación oficial, que encontramos en el Portal Europa, es que “el círculo de estrellas doradas representa la solidaridad y la armonía entre los pueblos de Europa”, mientras que las doce estrellas se explican por el hecho de que “el número doce es tradicionalmente el símbolo de la perfección, lo completo y la unidad”. En realidad, la bandera, que tiene su origen en 1955 en el marco del Consejo de Europa, fue adoptada por las Instituciones de la UE ya en 1985.

Aunque parece que el origen de este símbolo es bien distinto, mucho menos secular y laico, y mucho más cerca de ser una bandera “muy cristiana”. Esta mañana, Europa 451 ha twitteado un artículo de Fenando Navarro publicado originalmente en 2009 y en el que explica precisamente el origen cristiano de la bandera de la UE:

<<(…)el círculo mariano de estrellas que representa la corona sobre el cabello de la Virgen María, madre de Jesús, centro de las religiones cristianas. Y todo sobre fondo de color azul, la tonalidad que también simboliza toda la mitología que rodea la figura de la madre del mesías crucificado. Es más, la bandera la aprobó el Consejo de Europa el 8 de diciembre de 1955, día de la Inmaculada Concepción. Tres días más tarde, el Consejo de Europa inauguró un vitral de la catedral de Estraburgo en honor a la Virgen coronada con una aureola de doce estrellas. Su autor, el diseñador Arsène Heitz ha explicado varias veces la inspiración que tuvo al leer un pasaje del libro Apocalipsisis, del Antiguo Testamento y que se refiere al famoso dogma de la virgen María. Doce apóstoles, doce hijos de Jacob y doce estrellas en la bandera.>>

Si la bandera europea tiene este origen, ¿qué sentido tiene no explicitarlo claramente en la información que sobre este símbolo nos ofrecen las instituciones europeas? ¿Se ha reelaborado una explicación “a la carta” y más acorde con la Europa actual? En realidad, no nos vamos a asustar. El propio Buzek, en su primera intervención ante los eurodiputados tras su investidura en 2009 como presidente de un Parlamento Europeo de mayoría conservadora, no tuvo ningún reparo en exteriorizar de forma explícita símbolos religiosos, entregándole una estatuilla de Santa Bárbara a su predecesor, Hans Gert Pöttering.

Que los símbolos son necesarios y crean identidad no me cabe ninguna duda, que cada uno los puede interpretar a su manera, también. Personalmente, tengo claro lo que la bandera europea significa para mi: progreso, bienestar, igualdad, valores universales, derechos humanos, libertades fundamentales, democracia, diversidad, tolerancia, solidaridad… Estos son los ojos con los que miro Europa y lo que quiero que sea una Europa laica y tan dinámica que hasta sus símbolos evolucionan en su significado (aunque no podamos obviar su origen).

Referencias:

[1] Irigoyen, A. (2006). Europa en la Historia. En J. Jareño Alarcón, & M. A. García Olmo (Eds.), Miradas sobre Europa (pp. 87-111). Murcia: UCAM.

[2] Buttiglione, R. (2002). Esiste un Demos europeo? La Cittadinanza Europea, 2002(1), 25-28.

[3] Habermas, J. (2001). ¿Por qué Europa necesita una Constitución? New Left Review, edición española, noviembre/diciembre, núm. 11, 5-25.

[4] Beriain, J. (1996). La construcción de la identidad colectiva en las sociedades modernas. En J. Beriain & P. Lanceros (Comps.), Identidades culturales (pp. 13-43). Bilbao: Deusto.

[5] Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, de 29.10.2004 (DOUE C 310/01, de 16.12.2004). Disponible en: http://eur-lex.europa.eu/JOHtml.do?uri=OJ:C:2004:310:SOM:ES:HTML.

[6] Nettesheim, M. (2004). La ciudadanía europea en el proyecto de Constitución Europea: ¿Constitución del ideal de una comunidad política de europeos? Revista de Estudios Políticos, julio/septiembre, núm. 125, 211-227.

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