¿Se imaginan una selección de fútbol europea?

Encarna Hernández Rodríguez

El politólogo norteamericano Samuel P. Huntington hacía referencia en su polémico trabajo El choque de Civilizaciones a la multiplicidad de adscripciones de la identidad que pueden darse: la edad, el parentesco, lo político, la clase, lo económico, la religión y, por supuesto, el deporte.

Hincha italiano en la Copa del Mundo 2006
Hincha italiano en la Copa del Mundo 2006

Lo deportivo es capaz de despertar fuertes y espontáneas correspondencias identitarias: defendemos a “nuestro” equipo frente al “enemigo”, en una clara reafirmación de nuestra identidad frente al “otro”, que en el caso del deporte sería el equipo rival. Esto ocurre especialmente de esta forma en el caso de enfrentamientos entre deportistas o combinados nacionales, eventos en los que toman su máxima expresión sentimientos relacionados con la honra y el patriotismo nacional, dándose cita aquí, al mismo tiempo, otros muchos elementos de la identidad de tipo comunal.

Este hecho puede explicar que incluso estemos acostumbrados a manifestaciones espontáneas de alegría o tristeza, en muchos casos actos vandálicos (problema del hooliganismo), asociados a grandes acontecimientos deportivos.

Si analizamos la cuestión de la identidad a través del deporte, no podemos obviar la importancia del fútbol y de las “pasiones” que despierta, no sólo en lo que se refiere a enfrentamientos entre selecciones nacionales, sino también, y sobre todo, en relación a la fuerte adscripción al equipo de la ciudad.

Los clubes de fútbol están en primer lugar anclados en una identidad local, a una ciudad[1], aunque, como afirma Manuel Castells[2], a veces esa identidad se proyecte como nacional, en el caso de grandes clubes como el Real Madrid y el Barcelona, sobre todo a causa de la que históricamente ha sido una poca identificación con los escasos resultados de la selección española, aunque puede que este hecho haya podido comenzar a invertirse tras la última Eurocopa de fútbol.

Para Castells, uno de los grandes teóricos de la globalización y de lo que él denomina  como “sociedad red”, el fútbol es un deporte que expresa a la vez “los dos procesos que configuran nuestro mundo: la globalización y la identidad”, pero el problema es cómo mantener un equilibrio entre ambos procesos. Para el autor, se está perdiendo la base identitaria del fútbol –como identidad simbólica, construida en base al “amor a los colores” de un equipo que tiene una trayectoria histórica- porque se negocia con la identificación en un deporte que está inmerso de lleno en el negocio global.

¿Identidad local o negocio global? Encontramos ejemplos claros de estos dos polos opuestos en nuestra Liga de Fútbol Profesional. Sin ir más lejos: la cantera de Lezama, que nutre el primer equipo del Athletic Club de Bilbao con jugadores nacidos exclusivamente en el País Vasco y, en el polo opuesto, fichajes extranjeros rimbombantes como los de Cristiano Ronaldo o Zlatan Ibraimovic, cuyo desorbitado precio se justifica no sólo en base a su probable rendimiento dentro del terreno de juego, sino también sobre la base de los jugosos beneficios económicos que arrastra su imagen publicitaria. El caso del jugador británico David Beckham es sintomático del negocio que se mueve alrededor de las grandes figuras del futbol global.

¿Se imaginan una selección de fútbol europea compitiendo en un Mundial? ¿Sería rentable en términos económicos e identitarios? ¿Qué puede aportar el deporte a la construcción de una identidad europea? ¿Se imaginan a Cristiano, Ibraimovic, Ribéry, Iniesta, Villa o Gerrard defendiendo los colores de la elástica comunitaria, poniéndose firmes antes de los partidos cuando suene el Himno de la Alegría?

Teniendo en cuenta que estamos ante un deporte de masas, sería increíblemente rentable para despertar pertenencias y para generar compromisos. Aunque habría también que preguntarse si una marca “europea” sería jugosa en términos publicitarios.

Sentimiento europeo
Sentimiento europeo

¿Hablamos, en cualquier caso, de una utopía?


[1] Sobre la cuestión del fútbol y las identidades locales véase Walton, J.K & CaspisteguiGorasurreta, F.J. (2001). Guerras danzadas. Fútbol e identidades locales y regionales en Europa. Navarra: EUNSA.

[2] Se trata de la tesis defendida en un trabajo titulado El fútbol une al mundo: Una improbable teoría de la globalización (6 mayo, 2006).

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