Agenda ciudadana de ciencia e innovación ¿Qué reto quieres que Europa haga realidad en 2030?

Ferran Adriá, Norman Foster, Margarita Salas, Jane Goodall… y así hasta 14 personalidades de la ciencia y de la innovación que “nos han cambiado la vida” con sus descubrimientos e iniciativas. Cada uno de ellos propone un reto, en ámbitos tan dispares como la cocina, la física, la ingeniería o la arquitectura. Y Serán los ciudadanos europeos los que decidan qué retos consideran prioritarios en el horizonte de 2030. A grandes rasgos, de esto se trata la Agenda Ciudadana Europea de Ciencia e Innovación, una iniciativa innovadora, integradora y, ante todo, participativa.

¿Qué reto quieres que Europa haga realidad en 2030? Ésta es la pregunta que se lanza a la ciudadanía, y que la ciudadanía podrá responder hasta el 26 de mayo, votando su reto preferido a través de la web www.reto2030.eu/. Decíamos que era un proceso innovador, integrador y participativo, y lo es, porque aúna en una misma iniciativa a científicos, personalidades innovadoras, políticos y ciudadanos.

En primer lugar, un comité de expertos de reconocido prestigio selecciona a catorce personalidades de la ciencia y de la innovación, y cada uno de ellos propone a los ciudadanos su reto. A partir de ahí, los ciudadanos pueden votar a través de internet el reto, de entre los catorce, que consideran prioritario. Paralalemente y forma instantánea, un marcador electrónico situado en el hall del Consejo Europeo en Bruselas refleja en tiempo real los resultados de las votaciones. Finalmente, los días 25 y 26 de mayo, los ministros europeos de Ciencia e Innovación, reunidos con motivo del Consejo de Competitividad, recibirán los resultados finales de la iniciativa, es decir, contemplarán la opinión de la ciudadanía, y deberán obrar en consecuencia.

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Los ejes de este proyecto, encuadrado dentro de la presidencia española de turno de la UE, están claros y son un ejemplo de cómo la UE, cada vez en mayor medida, va articulando políticas  teniendo en cuenta la valoración de los ciudadanos. El primer eje, fundamental, es la participación ciudadana: ello implica más democracia y mayor igualdad de oportunidades. El segundo eje es la sensibilización: el debate, la implicación de la ciudadanía, colocan Europa más cerca de los ciudadanos. Un tercer eje es el desarrollo: impulsar un modelo productivo y de crecimiento basado en el conocimiento. Por último, y no menos importante, giran en torno a la iniciativa las ideas de creatividad, innovación, espíritu emprendedor: pilares y valores de la identidad europea.

¿Has elegido ya el reto que quieres que Europa haga realidad en 2030?

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Estados Unidos y Europa ¿Sueños rotos?

Encarna Hernández

Si hay algo por lo que los europeos recordamos la presidencia de George W. Bush jr. al frente de la Casa Blanca fue por las horas bajas que vivió durante este periodo la relación transatlántica. Cuando muchos analistas políticos se preguntaban si seguía existiendo “Occidente” como tal (al menos esa visión que se tenía de Occidente en la Guerra Fría) o incluso si ya no habría otra generación de políticos norteamericanos impulsores de la cohesión de Occidente, en ese justo momento, fue cuando emergió la figura de Barack Hussein Obama.

Para los norteamericanos, hastiados de las aventuras militares en el extranjero y del fracaso económico y social de Bush, Obama representaba el deseo de cambio. Por su parte, los europeos atisbaban en este hombre y en su talante internacional el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales y transatlánticas. ¿Había llegado ese líder capaz de unir otra vez los destinos de Occidente? Mientras los europeos reinterpretaban la relación transatlántica en clave de romanticismo, los americanos, fieles al realismo político, analizaban el mundo de la posguerra fría, el mundo de las nuevas amenazas y alianzas globales, en clave pragmática. Emergen otros centros de poder, y es posible que “Occidente” simplemente ya no exista como lo conocíamos, es decir, en su posición dominante.

A estas alturas, Europa, la Unión Europea, ahonda en su afán de ser un interlocutor válido y vital para Washington, el viejo aliado fiel, dependiente, y que se desdibuja en materia de defensa y política exterior. El último “desaire”: la ausencia del presidente norteamericano en la Cumbre con la UE. ¿A quién puede sorprender que Europa no esté en la agenda de la estrategia global de los Estados Unidos en un puesto alto del ranking?

Es cierto que hay una clave interna para interpretar la ausencia, por primera vez desde hace 17 años, de un presidente norteamericano en una cumbre EEUU-UE. Así lo recogía The Wall Street Journal, el primer medio en hacerse eco de la noticia: el presidente necesita focalizar sus esfuerzos en la política interna (la pérdida del escaño en Massachusetts, las próximas elecciones legislativas, con la mayoría de las dos cámaras en juego, el empleo, la reforma sanitaria…) y recortar su agenda de política exterior. Sin embargo, desde la Casa Blanca se reconoce abiertamente que viajar en primavera a Europa nunca estuvo en los planes de Washington.

El país anfitrión, con Zapatero como presidente de turno, o el propio Barroso, no podían ocultar su decepción. The New York Times hablaba de “egos europeos fuertemente heridos”; The Guardian dibuja una Europa “desairada” por el plantón de Obama. Era la señal definitiva de que la promesa de un enfoque más internacional de EEUU con Obama estaba definitivamente siendo relegada por los acuciantes problemas internos. No era la primea señal. Recientemente, en su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente demócrata había dedicado un escueto apartado a la política exterior, dirigiéndolo esencialmente hacia el consumo interno. En realidad, no había ningún asunto en el orden del día de la Cumbre con la UE del que Obama pudiera sacar rédito a nivel doméstico.

Decíamos que no era el primer signo. Los europeos ya habían podido advertir que el despegue de la relación transatlántica y el nuevo talante del inquilino de la Casa Blanca no se ajustaban a la euforia inicial. Obama no estuvo en Berlín, en el 20th aniversario de la caída del Muro. Las negociaciones en la cumbre del Clima de Copenhague lo confirmaron. En el discurso sobre el Estado de la Unión llovía ya, de hecho, sobre mojado. Y la guinda del pastel sería su ausencia en la cumbre de la primavera.

Atrás quedó lo que en su día fue calificado como la “obamamanía europea”, justo después de la llegada de Obama a la presidencia. Se hablaba de oportunidad para abordar las relaciones transatlánticas desde una nueva óptica (el entonces presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering); divisábamos una UE esperanzada ante la renovación de los lazos transatlánticos para afrontar retos unidos (presidente de la Comisión de asuntos Exteriores del PE, Jacek Saryusz-Wolski); incluso de la contribución de la figura de Obama para mejorar la percepción sobre EEUU en la  opinión pública europea (presidente de la delegación de la Eurocámara en EEUU, Jonathan Evans). Y todavía más allá, un entusiasmo que hacía abrigar sueños a Europa de encontrar su Madison, su Obama (eso sí, tendría que poder ser elegido por los ciudadanos).

Llaman ahora la atención unas declaraciones del eurodiputado de Los Verdes Daniel Cohn-Bendit: “la esperanza está ahí, pero hay que esperar a ver los resultados”. El tiempo le ha dado parte de razón. Pero tampoco Europa ha hecho mucho por quitársela. La ausencia de Obama alimenta los temores (fundados) de que EEUU ve a la UE como un socio irrelevante. ¿Quiere decir esto que la “culpa” es de Europa? En parte sí. El propio subsecretario de Estado norteamericano habló de un periodo de adaptación a la nueva estructura de la política exterior de la UE tras Lisboa. En este sentido, The Guardian interpreta que la Unión ha fallado su primer gran test de los nuevos acuerdos en política exterior introducidos en la última reforma de los Tratados.

Ya imaginarán a qué nos estamos refiriendo: a la llamada “cacofonía” europea en materia de política exterior, alimentada por las múltiples cabezas que cohabitan por obra y gracia de la reforma de Lisboa: Presidente permanente del Consejo; Alta Representante; presidente de la Comisión; y presidencia de turno. ¿Es la política exterior de la UE un auténtico proteo? Afirma Andreu Missé, para El País, que “Europa pierde peso en la escena mundial” porque no colma, en concreto, las expectativas de la Casa Blanca como interlocutor coherente, unido y colectivo (en resumen, una sola voz) cuando se trata de política exterior. Para LLuís Bassets, Obama no ha hecho otra cosa que dar una  “patada al hormiguero europeo”.

En el ojo del huracán de este “hormiguero” está precisamente la nueva Alta Representante para la política exterior de la UE. De Ashton se ha criticado su falta de experiencia en política foránea, su gestión poco visible de la intervención europea con motivo del terremoto en Haití, sus dudas a la hora de implantar el nuevo servicio europeo de acción exterior. Afirma Charlemagne en The Economist que Lady Ashton es un síntoma de la disminución de las ambiciones de Europa, no la causa. ¿Quién no podría darle parte de razón?

Quizá haya llegado la hora de que Europa se replantee el lugar y la posición que puede ocupar como actor global (de un modo realista), se afirma en The New York Times, haciéndose cargo de su seguridad y buscando un equilibrio entre el anhelo de protección transatlántico (dependencia) y su afán y posibilidades de ser un actor global por derecho propio. Estados Unidos ya lo ha hecho: hablamos de redefinir papeles en la era de la postguerra fría, pero también en la era de una “Europa post-americana”.

Jeremy Shapiro y Nick Witney, en un artículo publicado recientemente en Política Exterior, hablan de la relación transatlántica (o de sus desajustes) no tanto como una cuestión de estructura institucional de la UE sino como de “psicología”. Es decir: de la forma en la que los europeos consideran la relación con EEUU, un “fetichismo transatlántico” planteado de forma sentimental y no pragmática. Más allá de quien presida Estados Unidos, lo cierto es que la nueva redistribución del poder en la era global hace que americanos y europeos vean su relación bilateral de forma muy distinta.

¿Será que se han intercambiado los papeles, y los estadounidenses han hecho suyo el planteamiento bismarkiano de la política exterior, mientras que los europeos parecen los herederos del idealismo wilsoniano? No cabe duda que existen planteamientos bien diferentes en cuanto a las estrategias de seguridad: vean si no la última estocada de la cooperación en materia antiterrorista, el acuerdo conocido como Swift, de intercambio de datos bancarios, y que ha sido tumbado por el Parlamento Europeo. Definitivamente, en Europa se anteponen derechos fundamentales a seguridad. Al menos no a cualquier precio. Europa necesita sus pausas.

La agenda del Parlamento Europeo, desde la óptica de los eurodiputados españoles

Encarna Hernández

De sobra son conocidas las prioridades que se ha marcado la presidencia española de la Unión Europea para los próximos meses: impulsar la recuperación económica; desarrollar una Europa social y de los ciudadanos (con la igualdad como eje central); fortalecer la posición de la UE como actor global; lucha contra el cambio climático; dar plena aplicación al Tratado de Lisboa… Pero, ¿cómo se interpretan y, lo más importante, cómo se abordarán, estos objetivos por parte del Parlamento Europeo, y en concreto, desde la óptica de los eurodiputados españoles? En una Eurocámara reforzada de poderes legislativos, presupuestarios, y de control político y democrático tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la agenda política en el marco de la presidencia española se abordará en primer lugar desde las comisiones parlamentarias. En todas ellas hay representación española, por lo que resulta más que interesante conocer la perspectiva de los eurodiputados españoles sobre cuáles son los temas prioritarios y cómo abordarlos. A este objetivo responde una publicación elaborada por el servicio de prensa del Parlamento Europeo, en la que nuestros eurorepresentantes han contestado a la siguiente pregunta: “¿Cuáles son las prioridades de la comisión parlamentaria de la que es miembro para la presidencia española?”

En la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios, la búsqueda de una salida a la crisis financiera está en el centro de todas las preocupaciones. La presidencia española ya anunció que para salir de la crisis económica se apuesta por la coordinación interna, la contribución a la gobernanza financiera y su supervisión, un mercado único de servicios financieros, la creación de empleo de calidad, la educación y el medio ambiente, todo ello en el marco de la nueva Estrategia Europea de crecimiento sostenible para el horizonte de 2020. En esta línea se enmarca la visión del eurodiputado español Antolín Sánchez (S&D). Para Ramón Tremosa (ALDE) el asunto principal a tratar debe ser la legislación sobre supervisión financiera, con el objetivo de evitar futuras crisis.  Para Tremosa, España debería promover la reforma del mercado laboral para actuar contra el paro, así como cambiar el ancho de vía de los trenes españoles para lograr una mayor integración en el mercado único.

Empleo y derechos de la mujer son otras dos importantes piedras de toque, dado el acuciante problema del desempleo, especialmente en España, y toda vez que la igualdad de género es una prioridad fundamental de la presidencia española. En materia de empleo, Alejandro Cercas (S&D) entiende que su comisión debe centrar sus esfuerzos en el desarrollo/revisión de varias directivas: promoción de la seguridad y la salud en el trabajo de las mujeres embarazadas; igualdad de trato entre hombres y mujeres en el ejercicio de una actividad autónoma; permiso parental; discapacidad; tiempo de trabajo en sectores como el transporte por carretera. Así como la revisión de la estrategia de Lisboa en el objetivo de la innovación. Por su parte, Teresa Jiménez-Becerril (PPE) e Iratxe García (S&D), miembros de la Comisión de Derechos de la Mujer, coinciden en algunos puntos: conciliación de la vida familiar y laboral para las mujeres (legislación europea sobre permisos de maternidad, ayudas sociales, asistencia médica, etc.); protección para las víctimas de violencia de género (número de teléfono de emergencia europeo, orden europea de alejamineto, etc.). La socialista Iratxe García precisa algunas propuestas más de su grupo y de la presidencia española: la elaboración de una carta de derechos de las mujeres y la creación de un observatorio europeo de la violencia de género, respectivamente.

En materia de Libertades civiles, Justicia y Asuntos de Interior, Juan Fernando López Aguilar (S&D) recuerda que corresponderá a la presidencia española elaborar el plan de acción del Programa de Estocolmo, en la línea de mantener como prioridades principales el refuerzo de los derechos de los ciudadanos, la cooperación judicial, la lucha contra el crimen organizado y contra el terrorismo. Teresa Jiménez-Berrecil, del PPE, cita algunas propuestas interesantes: es el momento de armonizar las legislaciones de los Estados miembros para que los delitos terroristas no prescriban, considerándolos como crímenes contra la humanidad. Asimismo, propone aproximar las legislaciones sobre los derechos de las víctimas del terrorismo o, cuanto menos, adoptar una Carta europea que reconozca estos derechos.

La Agricultura y la Pesca también tendrán que afrontar revisones fundamentales en los próximos meses. Tanto populares como socialistas entienden que el futuro de la PAC y la reforma de la Política Pesquera Común serán temas fundamentales.

Energía y medio ambiente son temas de vital trascendencia para el futuro de la Unión. Los miembros españoles de la Comisión de Industria, Investigación y Energía tienen claro que es necesario aprovechar el impulso de Lisboa (que aporta nuevas bases jurídicas) para avanzar hacia una política energética común, una ausencia histórica que en los tiempos que corren no sólo tiene que acometerse con celeridad, sino avanzar, inevitablemente, de forma paralela a los esfuerzos de sostenibilidad medioambiental y lucha contra el cambio climático. El popular Alejo Vidal-Quadras insiste en que no sólo es necesario coordinar (añadamos diversificar) el mercado interior de la energía, sino también garantizar la seguridad del suministro exterior (dada la excesiva dependencia europea, y para evitar situaciones como las ocurridas en pasado invierno con la crisis del gas entre Rusia y Ucrania). La socialista Teresa Riera habla de integrar investigación, innovación y energía: es lógico, el modelo energético en el que se debe (y puede) basar Europa tiene que estar sustentado en estos vectores para ser competitiva y sostenible. Francisco Sosa Wagner (NI) reconoce que Europa es pionera en protección del medio ambiente (sus objetivos en materia de reducción de emisiones son los más ambiciosos), pero ello tiene que complementarse con el impulso de una política energética común. Sosa Wagner habla de un “sueño”: impulsar una política de creación de redes de distribución que conecte las redes existentes para conformar una amplia red europea. ¿Un sueño? “Sí, pero sin sueños no existiría hoy la UE”. Y tiene mucha razón. El eurodiputado español reivindica también promover en mayor medida un tipo de investigación no conectada directamente a las empresas; un tipo de saber, de innovación, que puede parecer “inútil” y que no encuentra apoyos ni financiación en los programas marco de la UE.

En materia de medio ambiente, salud pública y seguridad alimentaria, el socialista Andrés Perelló nos recuerda que su comisión trabajará en los próximos meses para delimitar el objetivo a partir de 2011 en relación a la biodiversidad, y que se debe presentar en la Asamblea General de la ONU después del verano. La Comisión de Medio Ambiente debe coordinar sus esfuerzos con la de Industria para implantar las medidas y cumplir los objetivos recogidos en el paquete “Energía-Clima.

La política de Desarrollo Regional se encuentra también en un momento crucial de su historia. Populares y socialistas en el PE coinciden en que su diseño de cara al futuro será clave: habrá que ahondar en la dimensión territorial de la Unión, así como en una participación más activa de la regiones (incluida la gestión de los fondos); se prestará especial atención a las regiones ultraperiféricas, para fortalecer la cohesión. Rosa Estarás (PPE) afirma que será prioritaria la reforma del Fondo de Solidaridad (recogido en la reforma de Lisboa), de cara a garantizar que la ayuda comunitaria llegue rápida y eficazmente ante cualquier catástrofe natural. Ricardo Cortés (S&D) reafirma que en el actual momento de crisis económica, será esencial simplificar los procedimientos para asegurar que los fondos europeos lleguen a las regiones y a los ciudadanos lo más pronto posible. Habla también de garantizar periodos de transición adecuados. Hay que tener en cuenta que muchas regiones españolas se encuentran en la denominada “fase de salida” del Objetivo 1 de los fondos estructurales de aquí a 2013, por lo que debe ser una piedra de toque importante para la presidencia española.

A la presidencia española le corresponderá, en el contexto de dar plena aplicación al Tratado de Lisboa, poner en marcha las disposiciones financieras y presupuestarias. Hay que recordar que ahora el PE tiene mayor peso para aprobar y controlar el presupuesto comunitario, con la desaparición de la distinción entre gastos obligatorios y no obligatorios. Como nos recuerda el eurodiputado de la Comisión de Presupuestos Salvador Garriga (PPE), habrá que enfrentarse a una revisión de la financiación de la PAC (con la posible cofinanciación de las ayudas directas), así como del Reglamento Financiero, sin olvidar que hay que acometer presupuestariamente los gastos que derivarán de la puesta en marcha del nuevo servicio de acción exterior de la UE. Por su parte, Eider Gardiazábal (S&D), remarca que el PE está reclamando la revisión de las cifras del actual Marco Financiero, ya que la UE se enfrenta a la escasez de créditos para hacer frente a las nuevas políticas que debe financiar, pero el Consejo se muestra reacio a aumentar los créditos del presupuesto comunitario.

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Presupuesto de 2009
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La política exterior de la UE es otro tema vital, prioritario para la presidencia española, en realidad, marcado con fluoerescente en la agenda desde hace una década. Reforzar la posición de la UE como actor internacional era uno de los objetivos de la reforma de Lisboa (lo era desde Laeken y seguidamente con la reforma constitucional). Para ello, precisamente, se crearon nuevos altos cargos como el presidente del Consejo Europeo y el Alto Representante (una especie de ministro de Asuntos Exteriores). ¿Será posible hablar con una sola voz? Ya hay quien (me incluyo) habla de una UE con múltiples cabezas que dificultan una coherente y unificada posición de cara al exterior. Pero también es cierto que, ahora mismo, la maquinaria no acaba sino de arrancar, y habrá que esperar a que las piezas se acoplen en el complejo puzzle de la política Exterior.

¿Cuáles son las prioridades para la Comisión de Asuntos Exteriores? Está claro que hay que avanzar en la política de vecindad, especialmente con el Sur del Mediterráneo, así como relanzar las relaciones bilaterales con América Latina y, cómo no, afianzar la relación estratégica con Estados Unidos. El eurodiputado de la Izquierda (GUE) Willy Meyer aporta dos puntualizaciones que resultan interesantes: los tres pilares que deben sostener los acuerdos de asociación con regiones más desfavorecidas deben ser el diálogo político, la cooperación al desarrollo y el comercio justo. Es decir, nada que se parezca a los acuerdos de libre comercio que lleva a cabo EEUU en zonas del Sur y Centro del continente americano. Otra apreciación importante: el estatuto de Marruecos como socio avanzado de la UE. Para Meyer, esto no puede ser posible mientras el Reino marroquí siga violando sistemáticamente los derechos humanos. Tenemos un ejemplo reciente: el caso de la activista saharaui Aminetou Haidar.

En la Comisión de Desarrollo encontramos al español Enrique Guerrero (S&D), y aquí la UE tiene un par de citas importantes: la revisión del acuerdo de asociación ACP-UE (Acuerdo de Cotonou), así como de los objetivos de desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, prevista para el próximo  otoño.

Quedan por citar algunas prioridades en materia de Seguridad y Defensa, cuyo desarrollo político e institucional está recogido en el Tratado de Lisboa. Aquí entran en juego figuras como la de la Alta Representante, los ministros de Defensa de la UE, cuyas reuniones habrá que fortalecer. La Agencia Europea de Defensa deberá también recibir un impulso, como habrá que dárselo a la asociación con la OTAN. Una política europea de Defensa, otro viejo anhelo…

La subcomisón de Derechos Humanos tendrá igualmente trascendentales retos por delante: combatir el aumento de la trata de seres humanos; luchar contra la violencia ejercida contra la mujer en todas partes del mundo; reconocer esta violencia como un delito contra la integridad física y moral de la mujer, etc. Importante será erradicar los esteriotipos y conductas sociales que discriminan a la mujer, usando la herramienta más eficaz que puede haber: la educación (ver noticia).

La igualdad de género está siendo motiv0 ya de debate en el Parlamento Europeo, el informe presentado por la Comisión de Derechos de la mujer se debatió ayer en el Pleno de la Eurocámara y será votado mañana. Entre otras cuestiones, se decidirá sobre el permiso de paternidad a escala europea o un acceso más fácil al aborto y a los anticonceptivos para las mujeres, y, en general, que éstas tengan un mayor control sobre sus derechos sexuales y reproductivos.

La Europa de los ciudadanos en un “click”

Encarna Hernández

Venimos demandándolo desde hace meses, a través de una causa de facebook, mediante un grupo de ciberactivismo europeísta en la Red Social Más Europa, a través de nuestros blogs, con quejas a la Defensora del Espectador de RTVE: una pestaña por derecho propio para la UE en la sección de noticias de rtve.es.

Debo reconocer que casi me caigo de la silla cuando veo en el día de ayer la pestaña de la discordia en la dichosa sección de noticias de rtve.es. Una “UE”, así, a secas. Creía que habíamos triunfado, que decenas de quejas a la Defensora habían hecho su efecto, de alguna forma.

Mas, cruda realidad, cuando pincho en la pestaña y entro a una sección titulada “Especial Presidencia Española de la UE”. Es decir, que la UE tendrá su pestaña, como la tuvo el “Caso Gürtel” o el “secuestro del Alakrana”. Y así, sin más, durante los próximos seis meses, hasta junio, “disfrutaremos” de la comprometida cobertura de nuestra radiotelevisión pública sobre los temas europeos.

Ya saben ustedes que esta línea informativa tan comprometida con la actividad comunitaria de rtve.es es la que antepone como prioridad informativa en la sección de la UE el jamón que nuestro presidente, Rodríguez Zapatero, le regaló en su día a Medvedev, su homólogo ruso, incluso por encima de las noticias relacionadas con la reelección de Barroso como presidente de la Comisión Europea. Ah sí, es que la UE ya tenía su sección, eso ya os lo conté en su día, cuando relaté la afanosa misión de encontrarla, después de que la Defensora me invitara a hacerlo en uno de sus mails de respuesta a mis quejas. Os invito a hacerlo, y os ahorro dos pasos, entrar en la sección “noticias” y después pinchar en “más temas”.  Realmente, hay que tener muchas ganas de informarse para perder el tiempo de esta forma.

Qué quieren que les diga. Voy a dejarme ya de intentar hilar finas ironías, porque me quedan más bien gruesas y no es lo mio. Así que voy a ir directa al grano, a decir lo que quiero decir desde el principio: que esperamos de nuestra televisión pública un compromiso permanente con la cobertura informativa de la UE, y no un espacio que durante seis meses tenga más un perfil propagandístico e institucional que informativo. Sinceramente, para esto ya tenemos la página oficial de la presidencia trío.

Los ciudadanos españoles necesitan algo más que “ráfagas” de información (algo más que un espectáculo luz y sonido sobre la Puerta del Sol) sobre una UE que no les afecta puntualmente o durante los seis meses que dure la presidencia española del Consejo, sino que tiene una importancia cada vez mayor en sus vidas cotidianas. Y los medios tienen un compromiso con la sociedad, un compromiso informativo y educativo, que se entiende aún mayor si hablamos de un medio de titularidad pública.

Resulta, además, que la necesidad es también a la inversa: la UE necesita una ciudadanía informada y consciente. Y la precisa para su propia supervivencia, como cualquier democracia que se precie de serlo. Necesita también una ciudadanía que se sienta europea, pero ningún sentimiento identitario puede surgir de algo que se desconoce, ignora y que, simplemente, no interesa. Y es por ello que esa “necesidad” ha sido también una “imposibilidad”: la necesaria, inevitable, y hasta ahora, imposible, construcción de la “Europa de los ciudadanos”. Una pestaña puede ser el primer “pequeño paso” hacia esa Europa que esperamos.

Podemos empezar con una operación tan sencilla como un “click”. Tan sencillo como dejar esa pestaña.

Feliz 2010… y Feliz Presidencia Española de la UE

La Puerta del Sol de Madrid, justo después de las campanadas, recibió la Presidencia española de la UE con un espectáculo de luz y sonido.

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En la página web de la presidencia española se puede ver ya el vídeo con el mensaje de bienvenida a la presidencia de la UE, a cargo del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero; del presidente del Consejo europeo, Herman van Rompuy, y del presidente del Parlamento europeo, Jerzy Buzek.

Europa y Latinoamérica, y viceversa. Entrevista con Héctor Casanueva, Director de CELARE

Por Encarna Hernández

El estado de la integración latinoamericana, el espejo comunitario europeo, hitos y decepciones en dos procesos paralelos pero con sus particularidades en los ritmos de cooperación y en el modelo de integración. La próxima presidencia española del Consejo de la Unión, la Cumbre ALC-UE, los esfuerzos por acercar ambos Continentes, o el papel proyector de Chile. Son todos ellos temas vitales en la razón de ser del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE), y sobre ellos hablamos, precisamente, con su Director Ejecutivo, Héctor Casanueva, quien, desde Chile, nos radiografía ambos procesos de “ingeniería política”, el latinoamericano y el europeo, y viceversa.

1. ¿Qué lleva a un chileno a convertirse en un estudioso de la integración europea?

Tal vez haya una explicación de contexto y una personal para ello. A finales de los sesenta y la mitad de los setenta se vivió en América Latina, y especialmente en Chile, una ola integracionista impulsada fuertemente por grandes líderes como Frei Montalva en Chile, Rafael Caldera en Venezuela, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, Pastrana de Colombia, y muchos otros.

En ese contexto, quienes entramos a la universidad nos sumergimos en los textos que hablaban de la integración latinoamericana como algo posible y desde luego deseable, y el modelo era claramente el de la Europa comunitaria. Surgieron el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), con un fuerte apoyo de la CEPAL, proyectos más cargados de mística y voluntad política que de capacidad orgánica.

Para un estudiante de Derecho como yo, y con militancia política, al igual que cientos de otros jóvenes chilenos, en una época muy fundacional, con la influencia de mayo del 68 o de la primavera de Praga, no era posible sustraerse al influjo de esos procesos que nos hablaban de un mundo nuevo, de un proyecto de paz y cooperación que derribaba fronteras, y que desde la integración se levantaba además en contra del totalitarismo estalinista.

Por nuestra parte, surgían dos proyectos internacionalistas antagónicos: la revolución cubana como paradigma regional antiimperialista, y la integración latinoamericana como proyecto de inserción autónoma en el capitalismo. De ahí que estudiar la integración europea fuera un imperativo si uno quería saber cómo se podía avanzar autónomamente sin caer en ninguno de los dos extremos de la guerra fría.

En lo personal, además, después del golpe de estado en Chile salí al exterior, viví en varios países y finalmente en 1983 llegué a España donde viví once años, precisamente durante la transición, el ingreso a la OTAN y a la Comunidad Europea. Estudié un master en integración europea en la Politécnica de Madrid, probablemente uno de los primeros postgrados españoles en la materia, y viví de cerca también lo que fue el europesimismo y el relanzamiento del proyecto europeo, el Acta Única, el mercado único, Maastricht, en fin, todo eso un proceso de ingeniería política para mi fascinante, que sigo de cerca, ahora desde Santiago.

2. ¿Cómo se divisan desde el otro lado del Atlántico los avances en la unificación de Europa?

Hay mucho desconocimiento, e incluso hay sectores, especialmente de la derecha y de los neoliberales latinoamericanos, que caricaturizan el proceso europeo e incluso rechazan el modelo social construido en Europa, por considerarlo paternalista, estatista e intervencionista, es decir, los supuestos males contra los que el liberalismo debe luchar, y su paradigma es por supuesto la sociedad norteamericana. Hay ignorancia y falta de matices, porque ni Estados Unidos es tan liberal, ni Europa es tan estatista.

Creo que la Unión Europea ha hecho muy poco en Latinoamérica en términos de imagen para difundir su proyecto, pese a que, paradojalmente, es nuestro primer contribuyente mundial en cooperación al desarrollo, el primer inversionista y el segundo mercado. La gente no sabe estas cosas. Los partidos políticos más homologados con los europeos sí lo saben, y en círculos académicos crece el interés por Europa, se crean centros de estudios europeos, se han instalado las cátedras Jean Monnet, y la influencia de los académicos y políticos españoles ha sido muy relevante.

Debo decir también que el proceso europeo lo miramos con sana envidia. Me asombra leer a veces el escepticismo o derechamente el rechazo de algunos sectores europeos, la falta de reconocimiento a lo avanzado y la exigencia a veces desmedida sin reparar en la magnitud de la obra, de estar a las puertas de la unión política (será federal o confederal, no se sabe aún, pero será), que es una cuestión esencial si Europa quiere posicionarse bien en este Siglo XXI y no quedar marginada por las nuevas alianzas estratégicas, léase Estados Unidos-China-Rusia.

3. ¿Con qué fin y con qué medios nace un proyecto como Celare?

celare.org

CELARE nace en 1993 como una iniciativa no gubernamental, mediante un proyecto financiado por la Comisión Europea con apoyo del Parlamento Europeo, para contribuir al conocimiento en Latinoamérica del proceso europeo y viceversa, y apuntalar desde la sociedad civil las relaciones políticas, económicas, culturales y de cooperación entre ambas regiones.

Fue creado por académicos y políticos chilenos y europeos integracionistas. Su inspiración es claramente progresista, pero no es un centro con militancia política, es plural y abierto, concentra una amplia red latinoamericana y europea de personas e instituciones de todos los signos, y coopera con universidades, organizaciones civiles y gobiernos de todo el espectro.

En este momento tenemos un contrato de cuatro años con la Comisión para difundir y monitorear los avances de las relaciones ALC-UE. Trabajamos intensamente en esta línea en Centroamérica, la Comunidad Andina, el Mercosur y por supuesto en Chile donde tenemos la sede.

4. ¿Nos podría hacer una breve radiografía del estado de la integración latinoamericana y caribeña, y de sus perspectivas de futuro?

La verdad es que se podría resumir en dos palabras: desorden e incertidumbre. Hablo de Latinoamérica más que del Caribe, ya que este tiene su proceso sui géneris: está muy vinculado a Europa con los acuerdos ACP y al mismo tiempo recibe una enorme influencia de Estados Unidos. Pero de México hasta Chile, no hemos logrado avanzar lo suficiente en integración, pese a que comenzamos el mismo camino casi a la par que Europa.

Digo desorden, porque los esquemas creados, como la Comunidad Andina y el Mercosur, se han desarticulado bastante debido a la nueva realidad internacional que ya no soporta uniones aduaneras proteccionistas ni restricciones de política comercial, o no logran avanzar debido a disputas internas como el caso de Uruguay con Argentina, o de Paraguay con Brasil.

Y de manera trasversal, se perfilan, con ciertos matices, es cierto, dos modelos de integración: uno que apuesta a la confrontación con Estados Unidos y Europa, en cuanto sistemas capitalistas, donde están Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia; y otro que apunta a una integración para la inserción competitiva en el sistema internacional, donde están Brasil, Chile, Uruguay, Argentina, México, Perú, Colombia y otros países. Esa tensión, que se vive en el UNASUR, no permite avanzar en las áreas más necesarias, como la infraestructura o el financiamiento del comercio. En este escenario, lo que mejor camina es la ALADI y el SICA, sistema centroamericano de integración. Pero no logramos tener una sola voz, como Europa. Por eso el pronóstico para el corto plazo es incierto.

Pero, como diría Galileo: “y sin embargo camina”, porque hay vigentes y funcionando más de cien acuerdos comerciales que cubren el 90 por ciento de los intercambios, tenemos acuerdos de cooperación en materias sanitarias, educativas, judiciales, seguridad, sistemas previsionales, migraciones, en fin, que de todas maneras se ha ido creando una red de integración a la que le falta la cohesión y las políticas comunes, con una institucionalidad adecuada que las potencie. Nuestra integración claramente no será con el modelo europeo, pero estamos buscando el modelo propio que de cabida a la diversidad y a las asimetrías políticas y económicas.

5. ¿Espera que la presidencia española de la UE contribuya a reactivar el diálogo bilateral UE-Latinoamérica? ¿Qué expectativas tiene de cara a la próxima Cumbre ALC-UE?

Sin duda. España siempre ha sido importante para potenciar las relaciones ALC-UE. De hecho en las prioridades de la presidencia española figura el tema latinoamericano con gran importancia. Se supone que durante el semestre español se concretarán por lo menos el acuerdo de asociación con Centroamérica. Asimismo, más avances con el Mercosur y un cierto acomodo de los objetivos para un acuerdo con la Comunidad Andina que a la vez permita firmar la asociación con Perú y Colombia. También la creación de la Fundación Eurolac que de seguimiento al proceso birregional.

El punto está en que llevamos diez años desde que se estableció la llamada Asociación Estratégica ALC-UE, ha habido avances notables con Chile y México y amplios programas de cooperación con toda la región, pero no se ha podido firmar con el Mercosur, que es el cincuenta por ciento de todo, y hay diferencias muy importantes con respecto a Doha, que desdicen lo que sería una real asociación estratégica.

Es poco más lo que España puede hacer al respecto, por mucha voluntad, que efectivamente existe. No debería ser así, porque Europa necesita a AL, pero esa visión estratégica de largo plazo que tiene España no es la tónica. Si a esto agregamos el desorden nuestro, la falta de una agenda común con la que concurrir a Madrid el 2010, mi pronóstico es que los resultados en términos realmente estratégicos serán escasos.

Pero España puede también ayudar a dejar los temas centrales encaminados para la próxima reunión de Buenos Aires el 2012, y sensibilizar sobre esto a las nuevas autoridades comunitarias, el presidente del Consejo y la nueva alta autoridad de las relaciones exteriores.

6. Por último, ¿Cómo resultó la visita a su país de la Delegación del Parlamento Europeo en la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Chile?

Fue una amplia y variada delegación, presidida por la eurodiputada española María Muñiz de Urquiza y por el eurodiputado Luis de Grandes. Ambos han sido personas muy relevantes en su apoyo al desarrollo del Acuerdo existente entre la UE y Chile, que ha sido muy beneficioso y ya lleva seis años.

Se celebró con los parlamentarios chilenos la XI reunión conjunta, y la verdad es que como no hay prácticamente contenciosos entre ambas partes, la delegación sobretodo se concentró en analizar las áreas en las que es posible profundizar las relaciones, por ejemplo en impulsar el “upgrading” del acuerdo vigente para ir hacia lo que se denomina una “Asociación para el Desarrollo y la Innovación (ADI)” entre la UE y Chile, que significa que Chile va a jugar un cierto papel pivote en la cooperación de la UE con América latina, proyectando los programas bilaterales hacia otros países de nuestra región.

Yo creo que esta idea es un gran paso y puede ayudar a intensificar los lazos biregionales. Claro que tenemos que ser cuidadosos y prudentes en ello, porque Chile tampoco se puede erigir en un interlocutor único de la UE con AL, existiendo relaciones privilegiadas de la UE con Brasil y México. Más bien se trata de que Chile proyecte en conjunto con la UE ciertas experiencias de cooperación hacia países de menor desarrollo relativo, que van a entrar en una relación más estrecha con la UE en los años que vienen.

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Héctor Casanueva (Santiago, Chile). Master en Comunidades Europeas de la Universidad Politécnica de Madrid y en Sociología de la Universidad de Lomas de Zamora, Argentina. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE) y Coordinador de Asuntos Internacionales del Ministerio de Agricultura de Chile. Se ha especializado en relaciones internacionales, con énfasis en integración europea y latinoamericana. Ex vicerrector académico de la Universidad Miguel de Cervantes. Fue embajador de Chile ante la ALADI y el Mercosur. Es miembro del Consejo Internacional del Centro de Estudios del Mercosur de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina; del Centro de Formación en Integración Regional (CEFIR) de Uruguay; y de la Universidad Latinoamericana de Comercio Exterior de Panamá. Autor de varios libros y artículos de su especialidad, publicados en España, Chile y Uruguay. Puedes conocer más sobre su perfil y publicaciones en su blog “Pensamiento Global”.

La presidencia española de la UE calienta motores en una arquitectura institucional sin precedentes

Por Encarna Hernández

La presidencia de la UE ¿Un puzle con demasiadas piezas?

Dudas, muchas dudas, a la par que expectativas, es lo que genera el inminente comienzo de la presidencia española de la Unión Europea. Y la incertidumbre deriva (más allá de la mayor o menor confianza que se pueda tener en la capacidad de buen hacer del actual Ejecutivo español) de una cuestión de engranaje institucional, pues la presidencia española se moverá en un marco sin precedentes en toda la historia de la UE: deberá cohabitar con los dos nuevos Altos Cargos de la Unión (Presidente y Ministra de Asuntos Exteriores), además de tener que demostrar la eficiencia e idoneidad del invento de la presidencia “trío”, junto con Bélgica y Hungría. ¿Es esta nueva UE, tras Lisboa, un “monstruo” con demasiadas cabezas?

España asumirá, por cuarta vez, la presidencia del Consejo de la UE el próximo 1 de enero, tomando el revelo a la actual presidencia sueca. Hasta aquí, nada fuera de lo común, ya que se continúa con el tradicional baile de presidencias rotatorias, cada una de ellas con una duración de seis meses. Pero ya desde la presentación del logo de la presidencia hispana, allá por finales del mes de octubre, pudimos advertir que ésta no iba a ser una presidencia como las demás.

Para empezar, se presentó un logotipo común que reflejaba la presidencia “a trío” entre España, Bélgica y Hungría, una innovación que viene a consecuencia de la entonces inminente entrada en vigor del Tratado de Lisboa, y que se supone debe fortalecer y dar más agilidad, coordinación y, por tanto, eficacia, a las distintas y sucesivas presidencias del Consejo. Sin embargo, no podemos abstenernos de comenzar a vislumbrar aquí, en la presidencia ” a trío”, a una UE con demasiadas cabezas, o un corral con demasiados gallos, por continuar con las analogías.

La cosa no acaba aquí, porque, como por todos es conocido, habrá, además de la presidencia “trío”, un presidente de facto del Consejo de la Unión, el recién nombrado Van Rompuy, que tendrá que cohabitar con Zapatero. Y no, las dualidades que se suman a las presidencia “trío” tampoco se terminan aquí, pues ahí tenemos al responsable de Exteriores de nuestra presidencia, el ministro Moratinos, cuya labor tendrá que acoplarse con la de la nueva Alta Representante de la Política Exterior de la Unión, Catherine Ashton. Aunque tal vez los Estados ya se han asegurado, avalando los nuevos nombramientos de “perfil bajo”, de que sólo haya un gallo en el corral, entiéndase, el Estado de turno.

Vayamos ahora a las prioridades de la presidencia española de la UE, presentadas por el presidente Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados a mediados de este mes de diciembre. Destacan aquí cuatro grandes temas, a saber: impulsar la recuperación económica; desarrollar una Europa social y de los ciudadanos; fortalecer la posición de la UE como actor global; y dar plena aplicación al nuevo Tratado de Lisboa.

Para salir de la crisis económica se apuesta por la coordinación interna, la contribución a la gobernanza financiera y su supervisión, un mercado único de servicios financieros, la creación de empleo de calidad, la educación y el medio ambiente, todo ello en el marco de la nueva Estrategia Europea de crecimiento sostenible para el horizonte de 2020.

Otra prioridad fundamental es apostar por la Europa social y de los ciudadanos, a través de una nueva agenda social europea, el impulso de la igualdad de género, la lucha contra la pobreza y la exclusión social, y la puesta en marcha del recientemente aprobado Programa de Estocolmo. El objetivo, a su vez, es situar a los ciudadanos europeos en el centro de las políticas de la UE, una loable declaración de intenciones que no es precisamente nueva , pero que aún se reviste de cierta carga utópica, cuando se supone que ya deberíamos haber alcanzado, en este siglo XXI, la archi-nombrada y anhelada “Europa de los ciudadanos”.

Reforzar la posición de la UE como actor en la escena internacional es otro de esos objetivos inalcanzados y que se arrastran en la lista de buenos deseos desde la famosa Declaración de Laeken, o cabría decir desde siempre. Episodios como la guerra de Iraq pusieron al descubierto, una vez más, de desunión e inoperancia europea en materia de política exterior, un talón de aquiles que aún no se ha superado. La diplomacia europea queda en evidencia a la menor oportunidad: la guerra de los Balcanes, en los noventa; el conflicto del Cáucaso, en el verano de 2008; la crisis del gas, en el invierno de 2009; o el reciente contencioso con Marruecos por la situación de la activista saharaui Aminetu Haidar.

No es de extrañar que muchos de estos temas sigan encima de la mesa, o repasados con fluorescente en la libreta de cada presidencia rotatoria. España, como no podía ser de otra forma, se propone dotar de mayor visibilidad a la acción exterior de la UE, y lo debe hacer afrontando cuestiones como las relaciones transatlánticas, el diálogo con Rusia, America Latina y Caribe, la política de vecindad con el Magreb, o el proceso de paz en Oriente Medio. Mucha tela que cortar ¿verdad? Especialmente para cuestiones espinosas y enquistadas, y algunas de las citadas lo son.

No esperemos grandes logros, pues tampoco las esperanzas son demasiado grandes en materia de política exterior, a excepción de la ineludible reactivación de las relaciones con Latinoamérica, toda vez que España ha sido tradicionalmente una bisagra esencial entre ambos continentes, y teniendo en cuenta, además, que España organizará en 2010 una nueva edición de la Cumbre ALC-UE.

Queda la plena entrada en vigor del Tratado de Lisboa y el desarrollo legislativo y aplicación de algunos de sus preceptos. Muy especialmente la cuestión de poner en marcha la red diplomática del nuevo servicio europeo de acción exterior, facilitar que se desarrolle y se concrete el nuevo mecanismo de participación ciudadana a través de la iniciativa legislativa popular (un millón de firmas), y, del mismo modo, la adhesión al Convenio Europeo de Derechos Humanos, y garantizar los consensos necesarios para asegurar la denominada Cláusula de solidaridad europea.

Muchos retos por delante. Muchas expectativas. A la par que muchas incertidumbres. Demos un margen de confianza, sin por ello dejar de ser estrictos, cuando llegue el momento, a la hora de hacer balance del trabajo realizado, allá por el mes de junio.