Encuentro “El Parlamento Europeo y las Redes Sociales”

Los próximos 3 y 4 de octubre, el Parlamento Europeo ha convocado a un grupo de bloggers y comunicadores que escriben sobre la UE, en La Granja (Segovia), para celebrar un encuentro en el que se debatirá sobre las inminentes elecciones europeas, las fórmulas de comunicación en Internet para informar e implicar a los ciudadanos en el proyecto europeo, así como sobre temas de especial importancia como el empleo juvenil.

Se trata del segundo de este tipo de encuentros-debate, en el que tendré la suerte de participar junto a otros bloggers y tuiteros “europeos”, que volvemos a reencontrarnos “físicamente”, gracias a iniciativas como ésta del Parlemento Europeo (la primera fue en Córdoba, allá por diciembre de 2010) o el ya clásico concurso de blogs de la Comisión Europea. Las Redes Sociales (blogs, twitter…) son un instrumento fundamental para crear opinión pública europea, “el punto de encuentro para el debate europeo” (tal y como nos decía en este blog en una entrevista, la responsable de la web en español de la Eurocámara, Bárbara Quílez) y así lo han entendido las instituciones comunitarias.

En este nuevo Encuentro en La Granja, tendremos la oportunidad de debatir estas experiencias precisamente con Bárbara Quílez, además de, entre otros, con los eurodiputados María Irigoyen y Pablo Zalba. El intercambio de ideas será sin duda enriquecedor. Os contaré a la vuelta, y, mientras tanto, desde Twitter con la etiqueta #parlamentar2013

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Cuando las Instituciones están a la altura, pero no los políticos

¿Saben cuáles son las Instituciones a las que los ciudadanos otorgan más confianza en las encuestas de opinión que regularmente realiza el Eurobarómetro? Son las Instituciones de la UE y, dentro de ellas, el Parlamento Europeo, la cámara de representantes de los ciudadanos comunitarios, la única Institución europea elegida directamente por los ciudadanos mediante sufragio universal, es la que goza de mayor confianza. Y sin embargo, en las últimas semanas, varias casos que han visto la luz pública han puesto en entredicho la honradez en el trabajo de los miembros de la Eurocámara, escándalos que, a la postre, salpican a la Institución y amenazan con desembocar en una quiebra de la confianza de los ciudadanos, sobre todo si la ciudadanía no advierte una respuesta tajante, firme y rápida.

Que la democracia es el principio básico donde de asienta la legitimidad democrática nadie lo duda. Pero es un fenómeno éste que convive con otros mucho menos agradables. Hablo, paradójicamente, de ese “malestar democrático” que se define por el distanciamiento y la desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema político, sus Instituciones y sus representantes. Como bien dijo el gran analista de la democracia, D. Held, la gran paradoja que hoy vive la democracia no es otra que la “crisis de confianza”, la brecha y el distanciamiento con los ciudadanos, lo que Lipset y Schneider describieron bajo el famoso término “confidence gap”.

Comienzo, como veis, nombrando a algunos “grandes” de la teoría democrática, para luego ir bajando el nivel a los que, en la práctica, la dejan por los suelos. ¿Y hay peor práctica que la corrupción? La corrupción es, sin lugar a dudas, la causa fundamental de la “quiebra de confianza”. Cuando el político utiliza su cargo y su posición para lucrarse, para beneficiarse él o a los suyos. Los casos de corrupción, que abundan, lamentablemente, en muchas Instituciones públicas, parecían hasta ahora lejanos a la distante Bruselas. Allí, donde se decide un altísimo porcentaje de la legislación que después entra en los ordenamientos jurídicos nacionales; allí, donde la presión sobre esta misma legislación está organizada en poderosos lobbys. ¿Acaso creíamos que allí, en la lejana Bruselas, todo este sistema encajaba y convivía a la perfección dentro de unos códigos de conducta que se dan por supuestos?

Claro que no. En todos sitios hay manzanas podridas. En el Parlamento Europeo también. El verdadero problema es cuando la Institución no está a la altura de estos desafíos, y se lava las manos ante los escándalos. Y el escándalo en concreto, conocido por todos en nuestro país porque ha salpicado a un eurodiputado español, Pablo Zalba (PPE), fue destapado por unos periodistas del Sunday Times, que se hicieron pasar por “lobbistas” para intentar influenciar una legislación a cambio de prebendas. De entre los eurodiputados que fueron “tocados” cayeron cuatro, además de Zalba (que no aceptó soborno, pero sí negoció con los sobornadores incluir el cambio reclamado en la legislación), el socialista esloveno Zoran Thaler y el popular austríaco Ernst Strasser (ambos han dimitido del cargo) y el socialista rumano Adrian Severin, que se resiste a dejar su escaño tras haber sido expulsado por su partido y tras retirarle la Eurocámara el despacho.

Como ven, aquí, alguno de los “pillados” ha tenido vergüenza torera, por llamarlo de alguna forma, tras ser cogido con las manos en la masa. Algún otro, como el socialista rumano, no sabe lo que es la vergüenza ni la conoce. Y análisis aparte merece el caso de Zalba y su grupo, que sencillamente nos toman por estúpidos y nos quieren hacer creer que nada hay de malo en negociar con unos tipos de vienen a sobornarte, en lugar de levantarte inmediatamente de la mesa e ir a denunciarles. Zalba no sólo no dimite sino que ha recibido todo el apoyo y la solidaridad de los eurodiputados españoles de su grupo. Yo me pregunto cuándo alguno de estos “grandes” partidos se solidarizará con los ciudadanos a los que la corrupción y la ineptitud de muchos políticos mangonea su dinero y sabotea sus derechos, en lugar de luchar por sus intereses. Como se suele decir… algún día.

Pero, como decía al principio, son las Instituciones las que, en estos casos tienen que estar a la altura. Y el Parlamento Europeo, bajo mi punto de vista, ha iniciado la maquinaria para evitar que vuelvan a ocurrir estas cosas. Sé que muchos lo interpretan como un lavado de cara, pero la Cámara tiene que hacer uso de las herramientas que tiene, y ha decidido usarlas. En este sentido, se ha acordado desarrollar nuevas normas para regular el acceso y actividad de los grupos de presión en el PE, así como endurecer los códigos de conducta de los eurodiputados en sus relaciones con los lobbys. Es un primer paso en la buena dirección. Y parece ser que vendrán más (incluida la intervención de la Olaf). Bienvenidos, todos los que sean necesarios, para luchar contra cualquier atisbo de corrupción, también y sobre todo allí, en la lejana, y a la vez tan cercana para nuestros intereses, Bruselas.