Humanizar Europa sobre el escenario

En 2009, Anna Marí, Josep Vicent Valero y Daniel Tormo, ex alumnos de la Universitat de València y formados en el área de la Filología, pusieron en marcha un proyecto teatral pionero en Europa, “Escena Erasmus”, creando un grupo de teatro estable en el seno de la Universidad integrado en un 70 % por alumnos Erasmus. La finalidad era clara: compartir experiencias europeas, distintas tradiciones culturales y lenguajes artísticos de varios países y regiones, el aprendizaje y perfeccionamiento de lenguas y el intercambio de conocimientos a través del denominado “tandem lingüístico” y, en definitiva, construir una identidad común europea basada, como no puede ser de otra forma, en el intercambio de la rica diversidad cultural y lingüística del Continente.

Dos años después, “Escena Erasmus Project” se ha alzado con el tercer premio en la IV Edición de uno de los galardones más prestigiosos en el ámbito de la Juventud: el certamen Carlomagno, organizado conjuntamente por el Parlamento Europeo y la Fundación Premio Carlomagno, y que premia iniciativas impulsadas por jóvenes de entre 16 y 30 años y que fomenten el sentimiento compartido de identidad europea.

De izq. a dcha: Josep Vicent Valero, Daniel Tormo, Anna Marí (los tres directores del Proyecto Escena Erasmus) y Jerzy Buzek

Anna, Josep y Daniel acudieron a la ciudad alemana de Aquisgrán a la ceremonia de entrega de premios, celebrada el martes 31 de mayo, y en la que participó el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek. Les corresponden 2.000 euros en metálico, pero, sobre todo, regresaron con la impresión de haber vivido “una experiencia única” y con la satisfacción de que se ha reconocido un proyecto pionero y con proyección de futuro: el objetivo final es crear una red que promueva los intercambios entre compañías de teatro de las universidades europeas.

Hablamos con Josep Vicent a su vuelta de Alemania. Nos contó que, esencialmente, “Escena Erasmus” pretende fomentar “una Europa unida más allá de los mercaderes”, una Europa más ciudadana, basada en los intercambios culturales, y para ello se propusieron “humanizar la Unión Europea” a través de una herramienta como el teatro. Del viaje a Aquisgrán destacó especialmente la apretada agenda (cinco intensos días de conferencias, presentaciones previas a la entrega de premios) y la simpatía y cercanía del presidente Buzek: “se interesó por conocer cada detalle de nuestro proyecto”.

Josep nos desveló también que no es la primera vez que su proyecto teatral obtiene algún tipo de reconocimiento en el ámbito cultural. Ya en 2010, una de sus obras fue elegida para participar en “Las Huellas de la Barraca”, un concurso impulsado por la Sociedad Estatal de Acción Cultural que selecciona distintos proyectos escénicos que recorren el territorio español emulando la labor que Federico García Lorca llevó a cabo con el grupo La Barraca. Escuela Erasmus, junto con otras compañías teatrales, representó en aquella ocasión una obra por distintas poblaciones del Camino de Santiago, coincidiendo con el Año Santo Xacobeo. Repetirán la experiencia durante este verano, en la sexta edición de “Las Huellas”, con “El maravilloso retablo de las maravillas europeas”, inspirado en el entremés de Cervantes.

Poco después, en otoño, serán recibidos, junto con los otros galardonados, en el Parlamento Europeo. Allí se encontrarán las dos auténticas “maravillas” de la unidad europea: la democracia y la ciudadanía; la Europa que se construye cada día no sólo a través de la acción política o de la normativa, sino también de la mano de la ciudadanía, de los intercambios culturales y lingüísticos, de las experiencias que se comparten en multitud de ámbitos. La Europa de la calle; de las aulas; la Europa sobre el escenario. En definitiva, una Europa más humana.

*Artículo publicado originalmente en La Tribuna de Actualidad.

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Europa 2011: ¿Ser o no ser?

Hace poco más de un año que la Puerta del Sol de Madrid, justo después de las campanadas de fin de año, daba la bienvenida al 2010 y a la Presidencia española de la Unión Europea con un espectáculo de luz y sonido. Con el sabor del cava y de los polvorones aún en nuestros paladares, Europa se colaba en miles de hogares españoles con cierto aire festivo y una buena dosis ilusión de aquello que está por venir. Si bien es cierto que el turno español pasó con más pena que gloria por entre las presidencias rotatorias, no deja de ser cierto también que las circunstancias no acompañaban mucho: estrenábamos Tratado en una Europa que, con Lisboa, debía enfrentarse a muchos nuevos retos en su forma de funcionar: la presidencia de turno debía entonces aprender a cohabitar con los dos nuevos Altos Cargos de la Unión (Presidente y Ministra de Asuntos Exteriores), además de tener que ensayar el nuevo invento de las presidencias “trío”.

Pero en medio de estas cacofonías evidentes (muchas, si sumamos clásico “gallinero” de los 27), de esta arquitectura institucional sin precedentes, fue la sombra del terremoto económico lo que acabó sacudiendo Europa en 2010. Ya en el mes de febrero, la Unión preparaba el rescate de Grecia, y poco después, en mayo, se acordaba la creación de un fondo de 750.000 millones para proteger la divisa comunitaria de los ataques especulativos. Enfrascados en la mayor crisis que nuestra moneda única haya sufrido jamás, los líderes de la zona euro debían dar un paso al frente hacia un auténtico gobierno económico común: hacia un verdadero liderazgo europeo.

2010 ha sido el año de la crisis del euro, de los rescates y de las especulaciones sobre posibles rescates, con España siempre en el ojo del huracán.  La crisis de la zona euro ha puesto a Europa frente a sus propias contradicciones, cara a cara con su dilema esencial: ¿La solución es una Europa de varias velocidades? ¿Es posible seguir sosteniendo el proyecto europeo sin un gobierno económico común? ¿Sin más integración política? ¿Ser o no ser? ¿Europa de máximos o Europa de mínimos? ¿Más Europa o adiós Europa?

2010 ha sido un año sobre todo para aprender. Para entender que hemos llegado a un punto de inflexión. Así lo ha valorado el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, en su último discurso del año: “2010 will be remembered as the year when the EU had to come to terms with the consequences of the financial crisis on its most ambitious project: the euro. Deeper integration was not only desirable for the EU: it was necessary”. Es el momento de relanzar, de forma más ambiciosa, el proyecto europeo.

2010, Lisboa y la crisis económica nos han dejado también una negociación presupuestaria de las más complicadas que se recuerdan. El Parlamento Europeo, en su nuevo papel de auténtico colegislador en materia presupuestaria ha tenido que lidiar con las resistencias de un grupo de Estados a aumentar el presupuesto para 2011, dejando aún sobre la mesa la vieja cuestión de los “recursos propios” (la Comisión debe presentar una propuesta en junio de 2011) y el papel que jugará la Eurocámara a la hora de negocias las próximas perspectivas financieras plurianuales.  Finalmente se llegó a un acuerdo en la última sesión plenaria de diciembre.

Decíamos que había sido el año de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, con la configuración de dos de sus  hitos: la puesta en marcha del servicio europeo de acción exterior y la aprobación de la Iniciativa Ciudadana Europea, un nuevo instrumento de participación ciudadana que permitirá, con un millón de firmas, proponer la adopción de nueva legislación a la Comisión Europea. Eso sí, no estará en funcionamiento hasta principios de 2012.

El año de la puesta en marcha del Tratado de Lisboa y, a su vez, el año de su primera reforma, acordada por los Jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo Europeo de diciembre: un mecanismo permanente para salvaguardar la zona euro, y que fue anunciado en exclusiva, y para sorpresa de todos, por el propio Van Rompuy en su cuenta de twitter: “The member states whose currency is the euro may establish a stability mechanism to be activated if indispensable to safeguard the stability of the euro area as a whole. The granting of any required financial assistance under the mechanism will be made subject to strict conditionality”.

La política exterior de la UE también ha dado mucho que hablar este año. No sólo por el nuevo servicio de acción exterior, sino más por las dudas que genera la jefa de la diplomacia europea, la británica Catherine Ashton, o aún más por la polémica generada en torno a la posibilidad de que la UE cambie su posición común hacia el régimen de Cuba. El plante de Obama durante la presidencia española  hizo correr también ríos de tinta.

La Europa de los nuevos Altos Cargos de Lisboa ha dejado en líneas generales, bastante que desear en cuanto a liderazgo se refiere. Ni Ashton ni Van Rompuy han sido las “caras visibles” que se esperaba de ellos… Porque, en realidad, tampoco se esperaba mucho de ellos y fueron elegidos precisamente por ello: por su “perfil bajo”. El trabajo del presidente del Consejo ha sido la labor seria, pausada y responsable del burócrata. ¿Necesitaba Europa otra cosa?

2010 ha sido también el año de Barroso, que se ha catapultado como lo más parecido a un líder que tiene Europa. El presidente de la Comisión fue el protagonista del primer discurso sobre el estado de la Unión, en el que habló de actuar con “mentalidad europea”, señalando claramente el camino del esfuerzo y el compromiso común. El portugués, que acaba de renovar su mandato al frente del órgano supranacional de la UE, tendrá algunos años por delante para demostrar que, lejos de ser un tecnócrata, puede convertirse en ese líder reconocido y reconocible para los europeos.

De todo esto se ha hablado, y mucho, en la Europa de 2010. Seguro que me dejo muchas cosas importantes en el tintero, pero la intención era transmitir una idea fundamental: es el momento de la verdad para la Unión Europea y los líderes europeos tienen en su mano la posibilidad de salvar un proyecto más que necesario, inigualable, para los europeos y para el mundo entero. Europa es también, y sobre todo, la Europa de los derechos, de las libertades, de la igualdad, de los valores, de la paz, de la solidaridad, de la sostenibilidad, de la ayuda al desarrollo… El precio de un mundo sin Europa sería demasiado alto. El de una Europa sin unidad también.

Éste es mi deseo “europeo” para el año 2011: que Europa decida ser lo que se merece ser, lo que los ciudadanos europeos merecemos y esperamos.

Fariñas pide a la UE que “no se deje engañar” por la dictadura cubana

Premio Sájarov 2010 a la Libertad de Conciencia

Una silla vacía se ha convertido en el símbolo de la lucha por los derechos humanos y por la paz en todo el mundo, y en la prueba más palpable del largo camino que queda por recorrer. Hace unos días, en Oslo, una silla vacía recogía el premio Nobel de la Paz de Liu Xiaobo, ya que el Gobierno de Pekín no permitió al disidente encarcelado y a su familia acudir a recibir semejante reconocimiento. Hoy, en Estrasburgo, en la ceremonia de entrega del Premio Sájarov 2010 a la Libertad de Conciencia, la historia se ha vuelto a repetir. Lo ha destacado el presidente de la Eurocámara, Jerzy Buzek, nada más comenzar su discurso: “esta silla vacía es el testimonio de cuán necesario es este premio”. En esta ocasión, el ausente era el disidente cubano Guillermo Fariñas.

En un discurso valiente, sin tibiezas, Buzek reconoció haber pedido personal y formalmente al régimen de los Castro el permiso para que Fariñas pudiera dejar la Isla y recoger con sus propias manos el galardón, reconocimiento a su lucha incansable por la libertad de expresión en Cuba. Pero no pudo ser, como tampoco pudo ser para las Damas de Blanco hace cinco años. El polaco insistió en que siguen habiendo muchos presos políticos en Cuba, entre ellos los maridos de las Damas de Blanco y llamó a la “liberación inmediata” de todos ellos. La ovación fue larga y sonora. Ésta es, como afirmó Buzek, la “tarjeta de visita” del Parlamento Europeo hacia todos aquellos regímenes políticos que no respetan los derechos humanos, reforzando la voz de todas aquellas personas que, como Fariñas, luchan desde la disidencia por las libertades y los derechos fundamentales en su país.

Al acto de entrega del diploma, depositado en una silla vacía en el centro del Hemiciclo, le siguió la proyección de un discurso grabado de Fariñas, que lanzó un mensaje alto y claro a los eurodiputados: nada ha cambiado en el régimen castrista, y pidió a la UE “que no se deje engañar” por las falsas señales de apertura que llegan desde la Isla. Su ausencia en la gala era la mejor prueba de ello: los cubanos, para poder viajar el extranjero, necesitan una “carta de libertad”, como en su día necesitaban los esclavos para moverse. Fariñas insistió en que la UE no debe cambiar su posición común hacia Cuba e hizo alusión a las recientes liberaciones de presos que han sido interpretadas por Gobiernos como el de España como una señal de cambio: “sería un error pensar que fueron puestos en libertad”, afirmó con contundencia, pues la realidad es que están sometidos, tanto ellos como sus familias, a un “destierro psicológico”.

El cambio en Cuba, para Fariñas, pasa por cinco aspectos esenciales: la liberación “sin destierro” de todos los presos políticos; el cese de las amenazas y de la violencia por parte del régimen hacia la disidencia; la eliminación de todas las leyes cubanas que entran en contradicción con la Declaración Universal de los Derechos Humanos; que puedan existir partidos políticos y unas elecciones libres y plurales; así como la  posibilidad de que todos los cubanos puedan participar en la vida ecónomica, social, cultural y política del país.

Fariñas terminó su intervención destacando la lucha pacífica de la disidencia cubana frente a la violenta represión castrista. “Amar a vuestros enemigos”, dijo, recordando las palabras de Jesucristo, el primer disidente de la Historia. Unos días antes, en Oslo, Liu Xiaobo, en su discurso leído por Liv Ullmann, afirmó que “no sentía odio hacia el régimen chino”. He aquí otra prueba palpable de la dignidad de la lucha por los derechos humanos y de las personas que la encarnan, como Fariñas, como Xiaobo, y como muchos otros.

Fotografías: Parlamento Europeo

La Unión Europea ante Cuba: libertad y derechos humanos por encima de todo

Parece lógico pensar que la relación que establezca la Unión Europea ante cualquier otro tercer país esté supeditada al grado de democratización de este país y de sus instituciones, al nivel de libertad del que gozan sus ciudadanos, y a la protección y salvaguarda de los derechos humanos que ejercen estas mismas instituciones democráticas. Parece también lógico pensar que, en caso de que las relaciones UE-País Tercero estén en punto muerto al no darse las citadas condiciones, tenga que producirse  un cambio de envergadura para que la Unión se replantee la “posición común” que tiene hacia dicho país, e inicie contactos diplomáticos para estudiar la normalización de las relaciones bilaterales después de supervisar que los avances son significativos y sólidos. Ninguna de estas condiciones se da en el caso de Cuba.

 

¿Hacia una posible relación bilateral con Cuba?

Trinidad Jiménez

La pasada semana, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión, ante la insistencia de España, que estrenaba nueva ministra (Trinidad Jiménez) pero seguía con sus viejos hábitos (los antes explorados sin mucho éxito por Miguel Ángel Moratinos), solicitaron a la Alta Representante  de la Unión Europea para la Política Exterior, la británica Catherine Ashton, que explorara vías de acercamiento a Cuba e iniciara una serie de contactos con el régimen cubano para testear la posible normalización de las relaciones y un futuro acuerdo bilateral.

La propia Ashton reconocía poco después que estábamos ante un “periodo de reflexión” en cuanto a las relaciones UE-Cuba, y que diciembre sería el momento de concretar si se podría o no cambiar la llamada “posición común” europea hacia cuba. El anuncio europeo, por cierto, fue recibido con desprecio y frialdad por las autoridades cubanas.

Por su parte, la intervención de Jiménez ante sus colegas en Consejo, descrita por los presentes como “apasionada”,  se centró en la necesidad de que la UE enviara a Cuba una “señal”, en respuesta a un supuesto proceso reformista iniciado por el régimen cubano y cuyo máximo exponente sería la liberación de presos políticos (no lo olvidemos, con su posterior exilio obligado) que se venía produciendo en los últimos meses.

¿Qué dice exactamente la posición común de la UE sobre Cuba?

La actual posición de la UE hacia Cuba se instauró en 1996 bajo el auspicio del recién elegido presidente español José María Aznar. Esta postura, que sólo puede ser modificada por unanimidad dentro del Consejo de la UE, puede ser revisada cada año, aunque desde el 96 ha permanecido el enfoque de exigir avances en los derechos humanos en la Isla para suavizarla. Es decir, que, básicamente, tal y como se afirma en el documento, “la Unión Europea considera que una plena cooperación con Cuba dependerá de las mejoras en el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Así mismo, detalla que “el objetivo de la Unión Europea en sus relaciones con Cuba es favorecer un proceso de transición hacia una democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, así como una recuperación y mejora sostenibles del nivel de vida del pueblo cubano”.

La pregunta es: ¿el anuncio de liberación de unas decenas de presos políticos es motivo suficiente para cambiar esta  “posición común” e intensificar el diálogo y la cooperación con las autoridades cubanas?

El Parlamento Europeo y los derechos humanos en Cuba

En 1998, el Parlamento Europeo puso en marcha un mecanismo de reconocimiento y homenaje a todas aquellas personas u organizaciones que trabajan en defensa de los derechos humanos, y muy particularmente por la libertad de expresión, dentro y fuera de las fronteras de la UE, en todos aquellos lugares en el mundo donde estos principios inalienables al ser humano estás amenazados o siendo sistemáticamente ultrajados.

Guillermo Fariñas en su casa de Santa Clara, durante una huelga de hambre. Foto: Parlamento Europeo

El Premio Sájarov a la libertad de conciencia ha reconocido en tres ocasiones la lucha de la disidencia cubana por los derechos y libertades fundamentales en la Isla. El disidente político cubano Guillermo Fariñas se ha convertido, tras Oswaldo Payá (2002) y las Damas de Blanco (2005) (estas últimas no pudieron recoger el premio al no darle permiso las autoridades) en el tercer Sájarov que va a parar a la lucha por las libertades en Cuba. Psicólogo y Periodista, Fariñas, de 48 años, ha pasado once años y medio en la cárcel, donde ha llevado a cabo decenas de huelgas de hambre para protestar y concienciar a la opinión pública internacional del despotismo del régimen castrista.

Y todo ello ocurría en medio de la polémica sobre el posible cambio de la “posición común” de la UE hacia Cuba pretendido por el gobierno socialista de España, apoyado en el compromiso cubano de liberar a 52 presos políticos pertenecientes al grupo de los 75 detenidos en la Primavera Negra de 2003. Según las Damas de Blanco, hay todavía 113 presos políticos en Cuba, cuya liberación es la primera condición para suavizar la presión internacional sobre la Isla, pero no la única: hablamos de una serie de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales que no están asegurados y salvaguardados en Cuba, un lugar donde se viola sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para empezar, se desconoce si las autoridades cubanas darán el permiso a Fariñas para poder abandonar la Isla y recoger el premio en la ceremonia que tendrá lugar en diciembre en Estrasburgo.

En realidad, la disidencia entiende que la liberación de los presos no puede ser la única condición, hay otras muchas cuestiones que afectan a los ciudadanos que viven “en libertad” dentro de una Isla que está cerrada a cal y canto y donde disfrutas de una serie de derechos siempre y cuando seas extranjero: alojarte en un hotel o tener un teléfono móvil, sin ir más lejos. La apertura económica deber ser otro vector fundamental del “cambio” cubano.

Buzek recibe a un grupo de ex cuatro presos políticos cubanos. Foto: Parlamento Europeo

Tal y como afirmó recientemente el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek: “no existe la libertad a medias, no se puede repartir la libertad en pequeñas raciones”. ¿Qué sentido tiene, como reiteró Buzek, que la posición de la UE ante Cuba está sólo supeditada a pequeños gestos como la liberación de algunos presos políticos? ¿Qué sentido tiene que estos ciudadanos cubanos sólo puedan disfrutar de los derechos humanos y libertades en el exilio y no en su propio país?

En definitiva, la UE sólo puede plantearse cambiar o suavizar su postura ante Cuba ante un cambio de envergadura que garantice las libertades y derechos fundamentales dentro de la isla y para todos sus ciudadanos. Sólo ésta puede ser la premisa: libertad y derechos humanos por encima de todo.

Soluciones europeas

Encarna Hernández

La crisis económica que azota la zona euro nos está dejando estampas históricas también desde el punto de vista televisivo. Hace unos días, la alianza televisiva entre Europarltv (el canal de televisión online del Parlamento Europeo) y Euronews hizo posible que se sentaran en una mesa a debatir los líderes de los principales partidos representados en el Parlamento Europeo, incluido el propio presidente de la Eurocámara. Y lo hicieron afrontando las preguntas lanzadas por representantes de la sociedad civil.

La crisis del euro, las pensiones o el paro fueron algunos de los temas principales sobre los que debatieron Jerzy Buzek, Guy Verhofstadt (Liberales y Demócratas), Daniel Cohn Bendit (Verdes/Alianza Libre Europea), Joseph Daul (Partido Popular Europeo) y Martin Schulz (Socialistas y Demócratas).

El empleo es sin duda uno de los problemas más acuciantes para los que la sociedad reclama una respuesta a nivel europeo. El desempleo alcanzó en la UE en el mes de abril más del 10 %, una cifra record. ¿Es posible un plan de recuperación de empleo a nivel europeo? Para el presidente Buzek, la UE dispone de varias herramientas para impulsar la creación de empleo, tales como los fondos estructurales y el programa de formación permanente. Según el polaco, la estrategia de la UE es afrontar la recuperación económica a largo plazo, para lo tendrán que cumplirse dos requisitos: finalizar el mercado único (libre circulación) y mejorar la competitividad a través de una economía basada en el conocimiento. Cohn Bendit, sin embargo, no comparte la opinión de Buzek, y afirma que fortalecer el intercambió libre aún más no va a resolver el problema del paro.

Por su parte Verhofstadt insistió en que Europa no está creciendo como lo hacen otras economías mundiales: “Europa está estancada económicamente” El problema de fondo, para el belga, es que no hay suficiente cooperación e integración europea, ni una estrategia económica común europea, más allá de las 27 estrategias de los distintos Estados miembros. Daul se refirió también al papel que pueden jugar los sindicatos en la integración europea y reconoció la necesidad de incorporar códigos deontológicos en la regulación de las grandes multinacionales europeas. Schulz profundizó algo más en la idea: un derecho europeo de huelga para fortalecer a los sindicatos a nivel europeo y regulación de los salarios mínimos para empresas que operan en distintos países de la UE.

Dejando a un lado las distintas adscripciones ideológicas de los participantes en el debate, lo más positivo fue que pudimos ver a políticos buscando soluciones de dimensión europea y proponiendo herramientas también a escala europea, más allá del Sarkozy o Merkel de turno. Ésta es la UE que necesitamos, aunque puede que todo quede en un espejismo televisivo…

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Energía y clima en la Europa del siglo XXI

Encarna Hernández

"Energía sostenible" Fotografía: Servicio Audiovisual de la Comisión Europea

En 2007 se cumplieron cincuenta años de la firma de los Tratados de Roma. Este dato, traducido al lenguaje de la cooperación en materia de energía en el seno de la Unión, significa que llevamos otros tantos cincuenta años sin una política energética común. La ausencia de una comunidad europea de la energía ha significado para Europa, cada vez en mayor medida, una problemática dependencia energética del exterior. Es hoy cuando la cuestión del suministro de energía no puede acometerse ya sin las necesarias sinergias con el imperativo de la sostenibilidad. En el actual estado de las cosas, energía y lucha contra el cambio climático se configuran como dos ámbitos de actuación comunitaria que requieren esfuerzos más que paralelos, inseparables.

Cuando, poco antes de ser reelegido como presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso afirmaba que la energía y el clima eran equiparables hoy en relevancia a lo que el carbón y el acero significaron en los primeros pasos de la integración europea, estaba poniendo el acento en la ausencia histórica e inexplicable de una política energética común.

La resistencia de este núcleo rígido de la soberanía estatal que tiene que ver con la seguridad del suministro energético ha impedido que en las últimas décadas el proceso de la integración europea haya avanzado de forma efectiva hacia el establecimiento de una auténtica solidaridad de hecho en materia energética, como se hizo en su día con el carbón y el acero. Lejos de una política de la energía comunitaria, lo que se ha percibido son las contradicciones de tantas políticas energéticas como países miembros se han ido integrando en la Unión.

¿Cómo es posible que no se haya impulsado ya de forma definitiva una comunidad europea de la energía, dada la excesiva dependencia energética exterior de la UE? ¿Cómo es posible que la Unión no haya sido capaz de hablar con una sola voz para negociar con terceros países su suministro energético? ¿Acaso la dependencia energética de la UE no le hace perder peso en la diplomacia exterior, en la presión, sin ir más lejos, hacia su principal proveedor, Rusia, como pudimos comprobar en el crisis del Cáucaso del pasado verano de 2008? ¿Para cuando, entonces, una voz común?

Las relaciones bilaterales UE-Rusia son un ejemplo esclarecedor para todas estas cuestiones. La crisis del gas entre Ucrania y Rusia puso en peligro el suministro energético a los países de la UE a principios de 2009, en pleno invierno, poniendo de manifiesto la dependencia energética europea. No era la primera vez que ocurría algo así, razón de más para que Europa busque definitivamente aunar esfuerzos para garantizar una mayor seguridad en el suministro, diversificar las fuentes y negociar de forma común el suministro del exterior.

Pero, en el actual estado de las cosas, todo ello debe hacerse desde el enfoque de la sostenibilidad, impulsando la independencia energética a través del desarrollo de energías limpias. El esfuerzo es doble y a través de dos vías inseparables: energía y lucha contra el cambio climático.

Que la energía y el clima son actualmente los dos principales pilares en la cooperación europea, así como los problemas más candentes de entre los actuales desafíos globales (junto con el terrorismo internacional), lo dejó bien claro el nuevo presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, en su primer discurso ante la Eurocámara, cuando hizo referencia a la necesidad de crear una comunidad europea de la energía. Su gesto, precisamente en su primer discurso como presidente, demuestra la importancia que estos ámbitos de actuación tienen ya en el discurso comunitario.

No por casualidad en la última reforma de Lisboa se produce un giro radical en la tradicional visión intergubernamentalista en las negociaciones relacionadas con el suministro energético, así como en lo que respecta a la imposición del voto por unanimidad en el seno del Consejo a la hora de tomar decisiones en las que el Parlamento Europeo ha jugado en este ámbito un papel absolutamente marginal.

Las virtudes del nuevo Tratado en este sentido tienen que ver con varios aspectos. Para empezar, se conecta la política energética con la necesaria sostenibilidad medioambiental, aludiendo, además, a “un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros” (art. 194.1 TFUE). Hablamos de crear una nueva solidaridad de hecho, en esta ocasión en los sectores de la energía y del medio ambiente.

En Lisboa se establecen nuevas bases jurídicas para una política energética común y en la lucha contra el cambio climático. Se dispone, de forma revelante, que la adopción de la legislación que debe garantizar la consecución de los objetivos relacionados con la energía (funcionamiento del mercado, seguridad en el abastecimiento, eficiencia y ahorro, desarrollo de energías limpias, e interconexión de las redes energéticas) compete tanto al Parlamento Europeo como al Consejo, y con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, es decir, mediante codecisión.

Ello no quita que los Estados se sigan guardando un as en la manga en cuestiones energéticas, pues seguidamente se especifica que el Consejo podrá, mediante un procedimiento legislativo especial y por unanimidad, y simplemente consultando de forma previa al Parlamento, establecer las medidas oportunas cuando sean esencialmente de carácter fiscal (art. 194.3 TFUE).

A pesar de todo, no cabe duda que Lisboa constituye un paso importante hacia una comunidad europea de la energía, con todo lo que esto conlleva en materia de cooperación y en la necesidad de solidaridad interestatal. Del mismo modo, es el reflejo de una preocupación que ha ido en aumento en la escala de prioridades de los legisladores comunitarios.

En este sentido, la aprobación del paquete legislativo “Energía-Cambio climático” ha sido uno de los grandes hitos en la historia reciente de la UE en lo que concierne a estos ámbitos de actuación. El paquete, centrado en la reducción de las emisiones de CO2, en el uso de energías renovables y en la eficiencia energética, recibió por fin el visto bueno de las tres Instituciones comunitarias en diciembre de 2008, coincidiendo con el final de la Presidencia francesa del Consejo, y tras una larga y compleja negociación interinstitucional. El proceso legislativo concluyó en abril de 2009 en el seno del Consejo, con la adopción de seis actos legislativos , y previo visto bueno (incluidas enmiendas) del Parlamento Europeo.

El paquete “Energía-clima” incluye distintos textos relativos a: el fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables; el perfeccionamiento y ampliación del comercio de derechos de gases de efecto invernadero; la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero; el almacenamiento geológico de dióxido de carbono; el control y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la utilización de combustibles en el transporte por carretera y en la navegación interior; así como normas de comportamiento en materia de emisiones de CO2 de turismos nuevos.

Entre los informes que se debatieron en la primavera de 2008 en el seno del Parlamento Europeo encontramos distintas medidas dirigidas hacia una mayor eficiencia en la gestión y en el consumo de energía: hablamos de aspectos como el etiquetado del consumo energético de los neumáticos, la eficiencia energética de los edificios, o un nuevo etiquetado energético para determinados aparatos.

El etiquetado del consumo energético de los neumáticos, según la Eurocámara, equivaldría a retirar entre 0,5 y 1,3 millones de turismos de las carreteras europeas, toda vez que los neumáticos constituyen un factor clave en el consumo de combustible de los coches, y teniendo en cuenta que el transporte por carretera es el responsable de cerca de la cuarta parte de las emisiones de dióxido de carbono que se producen en la UE.

Conseguir que los edificios produzcan su propia energía a partir de 2019 es otro de los aspectos fundamentales en la lucha comunitaria contra el cambio climático, así como en el objetivo de una mayor independencia energética europea: se reduciría la importación de gas del exterior de la UE (actualmente, la mitad de gas que se consume es importado) y se eliminaría uno de los principales focos de contaminación y de gasto energético (los hogares europeos suponen el 40 por ciento del consumo primario en la Unión). El objetivo no es otro que conseguir que los edificios que se construyan a partir del 1 de enero de 2019 sean capaces de producir el cien por cien de la energía que precisen.

El Parlamento Europeo dio, además, un nuevo paso hacia un renovado etiquetado energético. La revisión de la Directiva reguladora de este etiquetado lo aplicará ahora también a productos que consumen energía utilizados en los sectores industrial y comercial, además de a aparatos que no utilizan energía directamente, pero sí tienen un impacto en su consumo.

Todas estas medidas vienen a redundar en la necesidad de reducir las emisiones de CO2 para conseguir su reducción en un 20 por ciento de aquí a 2020. Este esfuerzo comunitario, que no es sino la suma de un compromiso individual de cada uno de los 27 Estados que integran la UE, coloca a la UE a la cabeza en la lucha contra el cambio climático, una lucha en la que el ahorro energético (el objetivo es reducirlo en otro 20 por ciento) y el uso de energías limpias (aumentarlo otro 20 por ciento) jugarán un papel fundamental.

Lo son ya, pero a partir de 2020 lo serán aún más: la energía y el clima, los motores de la Unión Europea en distintos vectores de la integración: la solidaridad interestatal, el compromiso compartido entre sus Estados y sus ciudadanos, y una única voz europea en el exterior genuinamente respetuosa con el medio ambiente y con el uso responsable de los recursos energéticos.

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