Los españoles, “más europeos” a pesar de la crisis

En un momento en el que en nuestro país crece el descontento hacia una situación económica que toca fondo, mientras de forma paralela se endurecen las medidas de austeridad aplicadas por el Gobierno; la profunda desafección hacia las instituciones políticas; el descontento hacia la gestión de la crisis, y el pesimismo sobre nuestro futuro, contrastan con el sentir de unos ciudadanos españoles que siguen viendo la Unión Europea en gran medida como parte de la solución a sus problemas. “El hecho de pertenecer a la UE continúa siendo un pilar importante para la ciudadanía española” y, como veremos más adelante, especialmente desde el prisma económico y social. Tal es la conclusión a la que llega la “perspectiva española” del último informe del Eurobarómetro, cuyos datos fueron recogidos en el otoño de 2012, y que se acaba de hacer público.

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No es de extrañar que las prioridades que manifiesta la ciudadanía española en el contexto europeo tengan que ver especialmente con aspectos sociales y económicos. Según el informe de la Comisión Europea, casi la mitad de las familias encuestadas reconoce tener casi siempre u ocasionalmente problemas para llegar a fin de mes, un dato que nos sitúa cinco puntos por encima de la media europea.

De hecho, entre las cuestiones que los ciudadanos de nuestro país valoran más de la UE están, en primer lugar, la libre circulación de personas, bienes y servicios (45%), después de la paz (35 %), pero en menor medida que en otros países. Por el contrario, damos más importancia que el resto de europeos a posibilidades que nos ofrece la UE como los intercambios estudiantiles en el marco del programa Erasmus (25% frente al 22% de la media UE27); así como a la protección social en el contexto de la Unión  en ámbitos como la sanidad,  la educación y las pensiones (20 % frente a 18%). Por su parte, damos valor al euro entre estos “logros” en igual medida que el resto de europeos (25% de los encuestados).

Los ciudadanos españoles manifiestan interés por conocer los derechos que otorga el estatus de ciudadano de la UE, en especial, en lo que respecta a la posibilidad de vivir, estudiar, trabajar y recibir asistencia médica en otro Estado miembro. A pesar de este interés, solo el 9% de los españoles encuestados reconoce tener un alto grado de conocimiento de estos derechos y lo que implican. El 40% conoce “algo”, mientras que el dato más preocupante lo observamos en el 51% que afirma no conocer nada en absoluto sobre la ciudadanía europea y su contenido.

En estos datos tiene mucho que ver el escaso nivel de información sobre los asuntos europeos que manifiestan los españoles. El 78% se considera desinformado, diez puntos por encima de la media europea. Lo que sí resulta interesante de estos datos es que Internet se consolida como el segundo medio de comunicación más usado para la  información en temas europeos (30%), por debajo de la TV (50%), y superando a la prensa diaria (24%). A su vez, las redes sociales son ya el segundo medio Web preferido (37%). En el resto de la UE, las redes sociales tienen mucho menos peso que en España.

Esta tendencia nos hace ser optimistas ante la posibilidad de una ciudadanía española más informada y activa en el contexto europeo, sin lugar a dudas unos de los retos para el futuro de la UE.

Con todo, la forma en la que los ciudadanos españoles sienten, viven y se relacionan con Europa continúa teniendo rasgos esenciales que permanecen en el tiempo: la ciudadanía europea “española” es por lo general desinformada, ciertamente pasiva, necesitada de más experiencias directas, pero consciente de la importancia de la pertenencia de su país a la UE. España siempre se ha destacado por su sentimiento “europeísta”, y seguimos pensando en Europa, como decíamos al principio de este artículo, más como parte de la solución que como parte del problema.

Esta última oleada del Eurobarómetro confirma que nos sentimos más europeos que el resto de la UE27 (a excepción de casos como el de Luxemburgo, Malta y Alemania). Y además, aún (o precisamente) con el recrudecimiento de la crisis, se observa que este “sentimiento europeo” crece respecto a estudios anteriores. Y ello, a pesar, como se apuntaba antes, de encontramos menos “vínculos” con el resto de países de la UE en aspectos como el uso de idiomas, la movilidad hacia otros países de la UE, relaciones con otros ciudadanos europeos, etc.

Por último, somos pesimistas respecto a la Iniciativa Ciudadana Europea, uno de los instrumentos introducidos en el Tratado de Lisboa para dotar de una mayor democracia a las instituciones comunitarias, fomentar la participación ciudadana, e impulsar el crecimiento de una sociedad civil europea. El 71 % de los encuestados ve poco o nada probable que vaya a participar en esta iniciativa, aunque sí vemos interesante, en el caso de usarla, que se proponga legislación en ámbitos como el empleo, la educación, los impuestos y las pensiones.

Actualmente, existen ya varias Iniciativas abiertas, que necesitan recabar un millón de firmas de ciudadanos de al menos siete países distintos de la UE. La ciudadanía europea busca promover legislación comunitaria en ámbitos como la educación, el medio ambiente, las telecomunicaciones, los medios de comunicación, o el agua/saneamiento.

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El Debatejoven.eu se hace mayor

El pasado 13 de abril, en la Facultad de Economía de la Universidad de Murcia, se celebró la jornada de la décima edición del Debatejoven.eu de la Región de Murcia (la quinta, en realidad, con este nombre), una iniciativa que invita a los jóvenes universitarios de la Región a debatir sobre aspectos fundamentales o de actualidad de la Unión Europea. Fue éste un debate joven especial, no sólo por lo simbólico de la décima edición, sino, muy especialmente, porque, por primera vez, los grupos de trabajo tuvieron que preparar una simulación de Iniciativa Legislativa Europea, sobre un tema que consideraran de necesaria legislación comunitaria, y que debía ajustarse a los ámbitos de competencia de la Comisión Europea. Es decir, los grupos de trabajo debían presar especial atención a la base jurídica de la propuesta, algo que no es nada fácil, teniendo en cuenta que no todos eran estudiantes de Derecho.

Es importante resaltar que este ejercicio es absolutamente pionero, por lo que hay que felicitar a los promotores y organizadores del acto (la Dirección General de Administración Local, Relaciones Institucionales y Acción Exterior de la CARM) por tan novedosa y provechosa iniciativa. Y digo provechosa porque, además, las dos iniciativas ganadoras no se quedarán sólo en una simulación, sino que serán presentadas ante la Comisión en el viaje que los premiados realizarán a Bruselas, para conocer las Instituciones europeas por dentro.

La jornada, tras la inauguración que corrió a cargo del presidente de la Comunidad Autónoma, D. Ramón Luis Valcárcel, comenzó con una mesa redonda en la que me encargué de moderar a tres grandes oradores y buenos conocedores de la Iniciativa Ciudadana: la eurodiputada del PPE Cristina Gutiérrez Cortines (una veterana del debate joven), el miembro del Comité de las Regiones Roberto Pella, el director de la Representación de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca, así como una de las principales expertas en participación ciudadana en la UE, la Doctora Susana del Río. Fue un debate espléndido, con visiones absolutamente complementarias dentro de la diversidad de enfoques, por parte de personas que no sólo saben de qué va esto, sino que, principalmente creen en esto y ponen pasión en ello.

Un momento de la mesa redonda: Susana del Río, Encarna Hernández y Francisco Fonseca

Y tras la mesa redonda, los grandes protagonistas de la jornada, los estudiantes, presentaron sus propuestas de Iniciativa Legislativa, 19 en total, y todas ellas de una gran calidad. Las temáticas, muy variadas: acceso a la cultura de las personas con discapacidad; derecho de asilo; sistema educativo europeo inclusivo; eliminación de barreras administrativas para estudiantes de países no UE-EEE; regulación de la gestión y financiación de investigación básica y aplicada; modificación de la Directiva de residuos; energías renovables; uso seguro de las playas europeas; sistema de reciclaje SDDR; alimentos transgénicos; E-health (un sistema europeo de historiales médicos, acompañado de una presentación audiovisual a la que pusieron mucho entusiasmo e imaginación, y que los ponentes de la mesa animaron a traducir al inglés y difundir a través de la Red); regulación de la reincidencia en la UE; seguridad y otros derechos de los ciudadanos; ámbito laboral; codesarrollo y compensación por la inversión de terceros países en educación; comercio justo; fomento y apoyo de los emprendedores y autónomos.

Fueron dos iniciativas sobre la conservación y donación de las células del cordón umbilical y sobre la Directiva Marco de Aguas las que resultaron ganadoras. La primera fue elaborada por el grupo de trabajo ‘Erlenmeyer’ de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia, integrado por Carlos Rubio, Inés Serrano, Marta Esquiva, Violeta Carmona, Virginia Martín, Laura Talavera, Fernando López y Claudia Torregrosa, y proponía la “Regulación de la crioconservación y donación de las células del cordón umbilical”.

La segunda propuesta premiada fue desarrollada por el grupo ‘UPCT‘ de la Escuela de Ingeniería de Caminos y Minas de la Universidad Politécnica de Cartagena, compuesto por Antonio Salvador Pascual, María del Pilar Peñapareja, Raúl García, Gemma Elena Molina, Daniel Navarro, Félix Pérez, Luis Manuel Navarro, Francisco José Pallarés, que planteaban “La realidad sobre la Directiva Marco de Aguas, sus carencias estructurales y propuesta de mejora”.

La consejera de Presidencia y Administraciones Públicas, María Pedro Reverte, entregó a los 16 miembros que conforman ambos equipos los diplomas acreditativos del premio

Enhorabuena a las 19 iniciativas. Son todas ganadoras. Todos los grupos de trabajo aportaron un debate de altura, en esta décima edición de un debatejove.eu que se hace mayor, cuantitativa y cualitativamente. Hasta el año que viene.

debatejoven.eu

Susana del Río: “Europa es un proyecto lleno de pasión”

 

La Unión Europea es un proyecto único, complejo y lleno de retos. Comunicar Europa, acercarla a los ciudadanos y conseguir una mayor participación de estos en todos sus ámbitos de actividad no podía ser una empresa menos difícil. ¿Es un problema de lejanía? ¿La información es demasiado compleja? ¿Demasiado escasa? ¿Es una cuestión de enfoque? Sobre todos estos temas hemos charlado precisamente con la Doctora Susana del Río, experta en participación ciudadana y comunicación europea, y una de las personas más activas en estos ámbitos dentro y fuera de nuestro país. Europeísta de vocación, ve el proyecto europeo como una “pasión”, admira su “ritmo” y su capacidad para estar en constante “movimiento”. Para Del Río, esa Europa en constante transformación está cada vez más cerca de los ciudadanos, “pero todavía no lo saben”. Por ello, es imprescindible una comunicación europea continua, información “útil y sencilla” sobre los temas que nos preocupan, y, lo más importante, en toda su dimensión, lo que la Dra. del Río llama comunicar en “versión europea”.

Ciudadanía activa y comunicación europea

P. Los ciudadanos europeos, en un gran porcentaje, siguen viendo la UE como algo lejano, su funcionamiento como algo complejo y su trabajo como algo que poco les afecta a sus vidas. ¿Cómo se invierte esta situación?

R. Pienso que para conseguir que los ciudadanos vean que Europa está en su día y que la Unión Europea ha pasado de estar en nuestra realidad a ser nuestra realidad es importante que reciban información útil y sencilla sobre temas que les preocupan. Una información práctica de Europa para que los ciudadanos conozcan la capacidad de Europa en su día a día, que la Unión Europea es útil y que “practican” Europa desde que se levantan hasta que se van a descansar.

P. ¿Cree que la falta de interés es ante todo falta de información? En ese caso, ¿quién tiene la culpa de esto, las instituciones europeas, los medios de comunicación, los ciudadanos…?

R. En mi opinión ya no es tanto un problema de cantidad de información europea, lo que sucede es que la información no llega en clave europea y los ciudadanos la continúan percibiendo como nacional. Quizás en vez de pensar en quién es el “culpable” habría que centrarse en los procesos. Por ejemplo, durante la campaña de comunicación emprendida por el Parlamento Europeo para las elecciones europeas 2009 los medios estuvieron muy activos dando información y muy presentes, lo que sucedió es que al llegar la noticia a cada país se producía una “nacionalización” de los ejes principales de la campaña. Está bien explicar cómo afecta una decisión europea en cada país, pero lo que no ayuda es ver un debate en el contexto de las elecciones europeas y que cueste encontrar esa dimensión europea. Durante algunos debates yo hice el ejercicio de recoger cuántas veces los políticos hablaban de Europa y de lo que su partido haría en relación a los temas presentes en la campaña. Incluso para mí que me dedico a temas europeos, era difícil “rescatar” de los debates palabras e ideas de amplitud y de visión europea.

SUSANA DEL RÍO: “El problema es que la información no llega en clave europea y los ciudadanos la continúan percibiendo como nacional”

Un elemento importante es que la información no puede ser “express”. Para que las personas puedan ver Europa “de calle” y “tocarla”, una Europa tangible, la información y la comunicación con los ciudadanos tiene que calar poco a poco, como la lluvia fina. Es clave la continuidad en la información.

P. La UE está apostando fuerte por incrementar su presencia en Internet: las páginas web de las instituciones, redes sociales, blogs.. pero, ¿qué ocurre con la ciudadanía europea que no está conectada?

R. Pues que no todo es conexión vía Internet. Los blogs, por ejemplo, están desarrollando un espacio diferente para difundir Europa y llegar a muchísimas personas. Sigo con atención bastantes blogs europeos desde hace tiempo e incluso escribo en alguno y veo que tienen una capacidad grande de llegar a muchas personas. Este blog es un buen blog. Lo que más me gusta es cómo cada autor transmite con su personalidad y no sólo en los posts que escribe sino en el nombre del blog, en la estética de su página de presentación, etc.

Pienso que las e-democracia, e-participación, e-comunicación sin duda son una revolución social y comunicativa, que lo “ciber” está bien y que es un recurso muy importante para que los ciudadanos se conecten a Europa. El mundo digital abre multitud de posibilidades y de fórmulas, es algo realmente impresionante, pero por encima estarán siempre la Democracia, la Participación y la Comunicación. Y quiero destacar una cosa: no me gusta el concepto de ciudadanía digital, las personas, los ciudadanos, la ciudadanía, pienso que no se ensamblan bien con digital. Con esto quiero decir que es importante no “perder el norte” y por supuesto aprovechar el gran caudal digital que es la Red, pero combinarlo con los canales tradicionales. Por ejemplo, es importante que las noticias sobre Europa aparezcan más en la prensa escrita en un lugar directamente identificable al abrir el periódico, que en la radio haya más espacios con noticias en “versión europea” y que la Unión Europea y sus instituciones se vean cada vez más en los telediarios, también considero clave la emisión del programa Europa 2010 de TVE en horarios de mayor audiencia. Lo visual es muy importante.

SUSANA DEL RÍO: “También hay que dar mucha atención a la educación, que nuestros hijos conozcan Europa y que son europeos. La educación europea tiene un valor integrador con mucho potencial”.

Cuando me preguntan qué pasa con la comunicación europea siempre destaco que seguramente lo más importante es el equilibrio, comunicar con equilibrio, en el contenido y en la forma. Los contenidos son esenciales, saber qué se quiere comunicar y a quiénes, pero también la forma: comunicación digital, comunicación en prensa, en televisión etc. Sin olvidar lo enriquecedor que es comunicar cara a cara. Cuando un ciudadano puede ver enfrente de él a un eurodiputado respondiéndole a una pregunta en un debate ve mucho más en sus ojos y en su expresión que en una pantalla.

 

Participación ciudadana tras el Tratado de Lisboa

P. Se afirma que el Tratado de Lisboa va a suponer un paso decisivo para construir la “Europa de los ciudadanos” ¿hasta qué punto cree usted que el nuevo Tratado colma todas las expectativas en lo que a participación ciudadana se refiere?

R. El Tratado de Lisboa recoge la esencia del Proyecto de Constitución europea y, por ello, está cerca de los ciudadanos y de los asuntos de actualidad. Por supuesto que habrá que avanzar más dentro de un tiempo pero hay algo muy democrático y profundamente ciudadano en el Tratado de Lisboa y es el aumento de poder del Parlamento Europeo. Si el PE tiene más poder también los ciudadanos.

P. Usted ha participado activamente en la configuración de la Iniciativa Ciudadana Europea ¿qué destacaría de la Iniciativa?

R. Hay que ser muy cuidadoso con la implementación de la Iniciativa, el equilibrio interinstitucional y la manera de presentarla. Ya que su nacimiento y desarrollo han sido ejemplares en muchos aspectos hay que conseguir ahora una gran coherencia en su implementación y puesta en marcha. Aquí también hay que transmitir muy bien qué es la Iniciativa y cuáles son sus estadios.

Cuando la Iniciativa Legislativa Ciudadana se incluyó en el párrafo 4º, artículo 47, del Proyecto de Constitución europea sin duda fue un logro, una conquista de las organizaciones de la sociedad civil junto con miembros de la Convención europea. Para mí, algo muy importante de la Iniciativa es la comunicación transversal entre organizaciones, eurodiputados, mundo académico desde el 2002. La movilización y el debate transnacional europeo.

P. Además de herramientas como la iniciativa popular, ¿qué otras oportunidades existen para participar? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para ayudar a construir Europa?

R. Hay muchas oportunidades para participar y el ciudadano puede elegir si participar activamente en foros, debates etc. y además en las citas de las elecciones europeas o si va a participar con su voto pero no se va a “enganchar” a debatir sobre Europa.

SUSANA DEL RÍO: “Lo que está claro es que la comunicación responsable impulsa participación responsable y que la participación articula sociedad, creo que esto es algo que deberían tener muy presente los políticos”.

Para ayudar a construir Europa lo importante es que los ciudadanos estén estrechamente unidos a la Europa de la solidaridad porque la solidaridad es movilizadora y además de ser un concepto y una acción humanitaria tiene una capacidad multiplicadora de información destacable. Pienso que, aunque con mucho por trabajar cada día, este camino está muy bien andado por las ONG.

Todo es válido. Creo que lo importante es despertar en los ciudadanos la curiosidad por Europa y encender el “chip” europeo porque si lo conseguimos, los ciudadanos buscarán información en las web de las instituciones europeas, en los medios y en los blogs, y buscando información también se está participando.

 

Ciudadanía de la Unión Europea

P. En cuanto al conjunto de derechos que integran la Ciudadanía de la Unión ¿no es una decepción que ni en la Constitución Europea, ni después con Lisboa, se haya apostado por reformar un contenido que data del Tratado de Maastricht?

R. En mi opinión, la Ciudadanía europea está llena de contenido. Es un concepto amplio e integrador. Pienso que más que reformarlo lo que hay que hacer es explicarlo bien, que es un concepto con gran proyección y con unos derechos, que está vinculado a los valores de la Unión Europea, que su anclaje es sólido y que si alguien se lo salta la Unión Europea tomará voz común no permitiendo que no se respete. Aquí de nuevo resalto el poder catalizador de ciudadanía activa de la solidaridad.

La ciudadanía europea abarca la ciudadanía múltiple y las múltiples ciudadanías. Es única, y también numerosa, uno de sus pilares es la riqueza de la diversidad. La ciudadanía europea tiene círculos concéntricos que además están comunicados. El título de una ponencia que di este verano en El Escorial era: “Ciudadanía europea, ¿más lejos, más cerca?”, ¿sabe cómo comencé mi intervención?: “Ciudadanía europea, ¿más lejos, más cerca? Más cerca pero los ciudadanos todavía no lo saben”.

Futuros proyectos

P. Usted es una persona muy activa en el ámbito  de la participación ciudadana y la comunicación europea ¿en qué proyectos está trabajando ahora? ¿nos podría adelantar algo?

R. A mi me encanta lo que hago, Europa es mi trabajo y también mi vocación. La Unión Europea, y lo digo completamente convencida, es un proyecto lleno de pasión. Veo el proyecto europeo como un Proyecto, sí, un proyecto. Y así tiene que seguir siendo para renovarse, reiniciarse, actualizarse. Hay que hacer nueva política europea en el contexto de una gobernabilidad europea y global. He dicho en otras ocasiones que me gusta mucho de Europa su ritmo, siempre se está moviendo. Me encantan la política como doctrina y la gran política y la Unión Europea es un ejemplo de gran política. Europa se amplía, continúa integrando países y, al mismo tiempo profundiza en su proceso de integración. Ese movimiento me sorprende cada día.

SUSANA DEL RÍO: “Me gusta mucho de Europa su ritmo, siempre se está moviendo”

Sobre mis futuros proyectos le voy a hablar de dos: “Europa en Red”, con un espacio, Europa Mueve la Red, dedicado precisamente a la interactividad, al intercambio de ideas y de información, opiniones, donde los blogs van a tener un lugar bien estructurado. La web estará preparada en unas dos o tres semanas.

Y comienzo una nueva etapa profesional en un nuevo Instituto, el Instituto de Gobernanza Democrática (www.globernance.com), del que pronto será visible toda la información. Mi trabajo será la coordinación académica del programa para Europa del Instituto. Seguiré además con mi perfil de Investigadora. Ya tengo pensados los primeros debates, publicaciones en distintos idiomas, las vinculaciones con instituciones, personas y entidades con las que colaboro desde hace años y, como siempre, la unión de esferas, institucional, académica, de organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación etc. También tendréis vuestro lugar los blogs europeos. Estoy muy contenta con esta nueva etapa en mi trayectoria profesional. Además de los objetivos y ejes sobre los que comienza a andar el Instituto y las entidades, Universidades y Fundaciones vinculadas, sus dos impulsores, el Filósofo Daniel Innerarity y el Profesor Juan José Álvarez, son dos personas a las que conozco desde hace tiempo, con un gran valor tanto profesional como personal, es para mí un orgullo trabajar con ellos, aprenderé mucho, y además podré hacer mi aportación, muy europea, al Instituto.

Estoy contenta. Me gusta aprender cada día y Europa es un buen lugar para aprender cada minuto.

Más sobre nuestra protagonista

Susana del Río Villar (Madrid, 1966) es Licenciada en Filosofía y Letras, Geografía e Historia. Doctora en Ciencias Políticas y Sociología y Premio Extraordinario de Doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas. Es consultora en temas de participación ciudadana y acción comunicativa europea. Fue miembro de los Grupos de contacto de la sociedad civil en el Parlamento Europeo para la elaboración de la Constitución europea por la Convención y moderadora-relatora de la primera Ágora del Parlamento Europeo. Miembro del Comité de expertos de la Comisión Europea en Science, Society and Governance y del programa marco en Citizens and governance in the knowledge based society, “Democracy in a supranational context”. Forma parte del “Team Europe” de la Comisión Europea. Es miembro del Club de Roma. Colaboradora del Real Instituto Elcano (RIE), del Movimiento Europeo y de organizaciones entre las que destacan la Fundación Luis Vives y la Red Extremeña de Información Europea (REINE). Fue responsable de contenidos de las Consultas europeas a la ciudadanía en 2007 y Coordinadora del grupo de observadores de las Consultas europeas 2009. Autora de numerosas publicaciones, entre las que destacan, como coordinadora y co-autora, Europa: el estado de la Unión (Aranzadi, 2006), y Ciudadanía activa en Europa. Proceso participativo y nuevos espacios para la comunicación (Difusión Jurídica y temas de actualidad, 2008). Conferenciante en diversos seminarios y debates. Tiene entrevistas en prensa y radio así como en distintos programas de televisión como el programa “Europa 2010” de TVE. Es, además, profesora invitada por distintas Universidades y Cátedras Jean Monnet, y asesora de organismos gubernamentales en asuntos europeos. Desde octubre de 2010, Investigadora-Coordinadora académica para el programa Europa del Instituto de Gobernanza Democrática.

 

Puede leer la versión en inglés de la entrevista en el blog de Alejandro Palomino, La Traducción es la Lengua de Europa

Ciudadanía múltiple europea

La participación ciudadana fue definida desde el principio como una de las principales apuestas de la Presidencia española de UE. Se trata de un ambicioso objetivo que se configura como uno de los déficit (democráticos) históricos de la integración europea.  El pasado 9 de abril, en el programa Europa 2010 de TVE, tuvimos la suerte de disfrutar de una estupenda entrevista con Susana del Río, miembro del Comité de Expertos de la Comisión Europea en materia de comunicación y participación de la sociedad civil. El tema central de la entrevista fue precisamente las posibilidades de participación de la ciudadanía en la UE, con la puesta en marcha de la nueva Iniciativa legislativa ciudadana como telón de fondo.

Europa 2010. Entrevista a partir del minuto 13

Durante la charla, la Dra. Del Río hizo hincapié en algunas ideas que merece la pena destacar y comentar en mayor profundidad. Para empezar, partimos de una idea básica: Europa no se puede hacer sin los ciudadanos. “Europa son sus ciudadanos. La UE es un proyecto de ciudadanía, de valores y de participación”. Hoy por hoy, no cabe duda que la construcción europea no puede avanzar sin la participación de los ciudadanos. Aunque no siempre fue así. Es cierto que comenzó como un proceso tecnocrático y elitista que obvió, en pos de la maquinaria de la integración, la consulta a la ciudadanía en sus primeros pasos.

Todo el proceso que rodeó la redacción de la Constitución europea fue un giro en este sentido: la Declaración de Laeken (y la definición de un reto interno y democrático esencial para la Unión, que no era otro que reducir la brecha con la ciudadanía); el método de la Convención constitucional (con una amplia participación de la sociedad civil); los noes en Francia y Países Bajos (que llevó a reafirmar el papel central de la ciudadanía europea y la necesidad de avanzar en la información y conocimiento sobre la UE).

La Europa cotidiana, la Europa que nos rodea, es otra de las ideas que salieron a colación en la entrevista. “Los ciudadanos, muchas veces, están participando en Europa sin saberlo. Desde que nos levantamos, hasta que nos vamos a descansar, Europa está ahí. El problema es que los ciudadanos aún no conocen el poder de la UE en su día a día”. ¿Son los ciudadanos conscientes de la influencia de Europa en sus vidas y de su papel en la construcción europea? Desde que nos levantamos: consumimos productos que llevan un marcado CE; los pagamos con la moneda común europea; llevamos a nuestros hijos a un colegio que probablemente ha sido construido o reformado con fondos europeos; acudimos a un centro de salud que ha sido posible gracias a estos mismos fondos; nuestra agua corriente puede que haya sido depurada en una instalación también bajo el paraguas FEDER; la carretera por la que circulamos; el viaje que programamos por Europa para nuestras vacaciones (¿quién se acuerda ya de los pasaportes?), y así hasta un largo etcétera.

Y los ciudadanos ¿cómo construimos Europa? No sólo votando en las elecciones al Parlamento Europeo, desde luego, también con gestos como buscar información, leyendo este blog en este preciso momento, dejando un comentario. Con cosas tan simples como ésta. Como esa Europa cotidiana que rodea nuestro día a día y en la mayoría de ocasiones no nos detenemos un segundo a pensar para percibirla. ¿Cómo despertamos esa sensibilidad europea? Susana del Río habla de información constante, de esa “lluvia fina” que va calando en la sensibilidad de la ciudadanía.

Hay un tercer concepto que me gustaría comentar en profundidad, por ser uno de mis preferidos. El de “ciudadanía múltiple” y “múltiples ciudadanías”. Esas ciudadanías que viven y conviven en Europa en un contacto enriquecedor. Es, esencialmente, esa visión multicultural de la ciudadanía europea, pero también el enfoque de la posibilidad de que existan múltiples pertenencias en un proceso de construcción identitaria que hace posible pensar y hablar de una identidad europea, en el sentido de valores compartidos, pero también de contacto intercultural enriquecedor y de un proyecto de participación interconectado y transnacional.

Aunque en muchas ocasiones se ha hablado (y proyectado desde las propias instituciones europeas) de un modelo de ciudadanía europea basado en la herencia cultural, pues no cabe duda que están asentados los rasgos de una cultura común europea en la democracia, la justicia o los derechos humanos, esta perspectiva debe aclimatarse y convivir con una realidad palpable en Europa: la sociedad multicultural.

Si proyectamos la identidad europea básicamente en el nivel de la cultura compartida, estamos negando un rasgo fundamentalmente distintivo de nuestra identidad: la diversidad. Estamos, en definitiva, limitando y poniendo barreras a la rica identidad cultural europea.

E. Balibar, en su libro Nosotros ¿ciudadanos de Europa? (2003) nos habla de una nueva ciudadanía posnacional debe entenderse como una “pertenencia no exclusiva”, abierta, de reconocimiento de la diversidad cultural europea. Otro clásico, Martiniello (Salir de los guetos culturales, 1998), afirma que lo esencial es desarrollar modelos de identificación que sean válidos para todos y permitan así una combinación de la identidad nacional y cultural con la nueva identidad supranacional, que debe ser abierta, flexible y dinámica.

Si buscamos un modelo de identidad europea inclusiva, compatible con las identidades personales, grupales, nacionales, regionales o locales preexistentes, nos estamos refiriendo a modelos de construcción de la identidad que afrontan ésta desde una perspectiva “multinivel” o “relacional”, es decir, lo que se ha definido como  “ciudadanía múltiple” o “múltiples pertenencias” (autores como Martiniello, 1995; Heater, 1990; Barthélémy, 1999; Ryba, 1999; Leclerq, 1999; Schnapper, 2000; Maalouf, 1999; Smith, 1992).

Como recuerda Heater en su ya clásico ensayo Citizenship (1990), los individuos pueden tener múltiples identidades cívicas y sentirse sujetos de múltiples lealtades sin que sean incompatibles. La identidad personal está compuesta de múltiples pertenencias –“identidad multidimensional”- o distintos niveles de identidades que no se excluyen mutuamente: identidad cultural, de género, familiar, nacional, religiosa, étnica, etc. Como nos recuerda Maalouf en su obra Identidades asesinas (1999), se puede plantear de este mismo modo la identidad europea: “forjar la Nueva Europa es forjar una nueva concepción de la identidad”.

Una nueva forma de identidad y una nueva forma de participar. Para ello, como afirma la Dra. Del Río, “Europa debe ser valiente”; también los ciudadanos deberán serlo para acoger el reto de la participación.

¿Existe un pueblo europeo?

Por Encarna Hernández

El Tribunal Constitucional alemán, en su Sentencia relativa a la ratificación del Tratado de Maastricht (BVerfGE 89, 115) concluye que el proceso de la integración europea configura una Unión de Estados a través de Tratados que en ningún caso avanzan en la constitución de un único Estado europeo soberano cimentado a su vez en un “pueblo” europeo. De este modo, la legitimidad sólo puede ser proporcionada por los Parlamentos Nacionales, representantes de un demos cuya existencia es una condición para la democracia. Bajo esta circunstancia, el Parlamento Europeo –que no representa a ningún pueblo europeo- no puede erigirse en solución para el “déficit” democrático de la UE, siendo la cooperación intergubernamental el único margen legítimo para la toma de decisiones.

La tesis del “no-demos” de la Corte Federal emerge en coherencia con la tradición constitucional alemana que identifica el concepto de demos con el de ethnos: Volk, nación, Estado y ciudadanía se presentan como una unidad (Von Beyme, 2001: 61-62; Weiler, Haltern & Mayer, 1995). Como recuerda J. H. H. Weiler, uno de los exponentes académicos más críticos con la sentencia del BVerfGE, tal interpretación está basada en dos ideas fundamentales: en primer lugar, una concepción del “pueblo” definida en su componente subjetivo –sentido de cohesión social, destino común e identidad colectiva, a su vez enraizado en condiciones objetivas u orgánicas, referidas a la existencia de una historia, cultura, origen étnico, religión y lenguaje comunes; en segundo lugar, la creencia de que el “pueblo” precede histórica y políticamente al Estado moderno (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

El argumento central para determinar que no existe un “pueblo europeo” y, en su ausencia, tampoco una “democracia europea”, es el chequeo empírico de una previa realidad nacional en el sentido étnico y cultural y bajo la exigencia de un alto grado de homogeneidad: es decir, que el proceso de integración europea no puede desembocar en la creación de un “macro-Estado”, porque la Unión Europea no es una “macro-nación” (Díez-Picazo, 2002: 71). En la tradición nacional alemana, el Estado es sólo la expresión política de una nacionalidad conformada como identidad casi “primordial” (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

El concepto de “pueblo” abarca dos dimensiones que se identifican, por un lado, con el concepto de ciudadanía –demos– y, por el otro, con la noción de identidad étnico-cultural –ethnos-; o lo que es lo mismo: la “nación cultural” alemana y la “nación política” francesa. Las dos caras de la identidad nacional –si se prefiere, los dos conceptos de “pueblo”- integran: el “ideal típico” de la ciudadanía, donde el demos se sitúa en un nivel político como el portador de los derechos políticos, y el “lado arquetípico” de la identidad étnico-cultural, donde el ethnos representa la unidad étnica, cultural o socioeconómica. (Beriain, 1996: 30).

Como recuerda R. A. Dahl, la noción de “pueblo” en la teoría democrática recoge una doble ambigüedad que atiende, en un sentido, a la usual suposición de su existencia como un hecho, como una creación histórica y, en otro aspecto, a su sentido político: “como un grupo de personas que en rigor deberían autogobernarse en el seno de una entidad política”. La crítica de Weiler a la decisión de Maastricht se centra precisamente a la necesidad de entender el “pueblo” a través del concepto de ciudadanía, separando los componentes de ethnos y demos: la pertenencia a un régimen –la Unión Europea- se definiría de este modo en términos cívicos, aunque no totalmente aislados de axiomas referentes a un sentimiento europeo cohesión social e identidad común, presentes, aunque de forma débil (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

En el lado opuesto, los defensores de la “tesis del no-demos” afirman que la construcción europea se caracteriza por la imposibilidad y la necesidad de “inventar de forma colectiva una nueva figura de pueblo” que conjugue sus dos dimensiones: ethnos y demos (Balibar, 2003: 29). La propuesta de Weiler y sus colegas  recibe, en este punto, su propia refutación: en la realidad, los Tratados están lejos de suponer un “contrato social” a la francesa entre los ciudadanos europeos; y será así mientras en el seno de la Unión no se celebre un auténtico proceso constituyente en el que la ciudadanía “europea” participe de forma activa e informada en el debate sobre cuestiones concretas que afecta a la Comunidad (Cabellos Espiérrez, 2001: 402).

La idea de la necesidad de la definición normativa de la Unión a través de un texto constitucional encuentra en la figura de J. Habermas a uno de sus máximos defensores. El filósofo alemán propone construir la identidad europea a partir de un proyecto constitucional que afirme los cimientos para la práctica de una ciudadanía democrática, objetando al mismo tiempo una tesis del “no-demos” europeo que se asienta, según él, en la extendida confusión entre “nación de ciudadanos” y “comunidad étnica”.  Como contrapartida, apuesta por un concepto de “nación cívica” de “carácter voluntarista”; por una idea de identidad colectiva “que existe sin ser independiente ni anterior al proceso democrático del que surge” (Habermas, 2001: 15).

La connotación étnico-cultural del concepto de demos es, de hecho, abandonada por el discurso europeo en el proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, firmado en Roma el 29 de octubre de 2004. El texto establece en su artículo I-1.1 que “la presente Constitución nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de Europa [no de los “pueblos”] de construir un futuro común”. Tal declaración significa que la formación de la voluntad popular no será por la vía de una identidad colectiva a modo “pueblo” en el sentido étnico-cultural, sino que se constituirá “en una conciencia pública fomentada, compartida y construida democráticamente” como base de legitimidad. (Sánchez Meca, 2003a: 71).

La esencia del argumento del Tribunal Constitucional alemán sobre la legitimidad de la Unión radica en el hecho de que la democracia no puede funcionar sin la suficiente “base popular”. Esta idea, sin embargo, cabe interpretarse en un sentido alejado de las connotaciones etno-culturales: la condición objetiva debe ser la existencia de “una opinión pública, informada y libre.” (Díez-Picazo, 2002: 70). El debate en torno a la existencia de un “pueblo” europeo conduce, de este modo, hacia tres aspectos fundamentales del proyecto de la integración europea: la existencia de una sociedad civil y una esfera pública europeas y, a través de ellas, la construcción de una Unión más democráticamente legítima, transparente y cercana a los ciudadanos.

El crecimiento de una sociedad civil europea es identificado por académicos como W. Wallace con el proceso de “integración informal”, sin intervención institucional: libre mercado, tecnología, redes de comunicación e influencia de los movimientos sociales, religiosos y culturales (Wallace, 1990: 54). En el lado opuesto, teorías como la de S. Tarrow (1994), se basan en la idea de que los movimientos sociales sólo pueden llegar a ser transnacionales si las instituciones de tal entidad proveen identidades, objetivos y oportunidades políticas en el mismo nivel en que lo hace el Estado-nación. Para otros analistas, los obstáculos evidentes para el desarrollo de una sociedad civil a nivel europeo estriban, entre otras causas, en la propia contradicción de la política europea, que tiende a seguir la lógica de los intereses nacionales, contraviniendo así la retórica en torno al interés común (Pérez Díaz, 1994: 17; 1997).

Frente al escepticismo de una parte de la doctrina, otros académicos abogan por la existencia de una emergente sociedad civil, con la actividad de ONGs, del mercado o la libre circulación de personas e ideas (Closa, 2001: 187). En este sentido, Habermas defiende que es posible la emergencia de una sociedad civil europea a partir del poder “catalítico” de una Constitución, ya desde el debate suscitado a escala transnacional –que no supranacional- por el propio proceso de elaboración del texto. Para el autor, el centro de la política se desplazaría hacia los centros europeos, más allá de la ya influyente presencia en Bruselas de lobbys y fuerzas económicas, sobre todo a través de partidos políticos, sindicatos, asociaciones cívicas, movimientos sociales y “fuerzas de la calle”, de iniciativas ciudadanas de acción conjunta (Habermas, 2001: 16-17).

La existencia de una sociedad civil fuerte, articulada en una pluralidad de instituciones sociales, es el requisito indispensable para que exista una opinión pública (Díez-Picazo, 2002: 71). Una esfera pública europea, tal como la entiende Habermas, en el sentido de “esfera de opiniones públicas” transnacional (Habermas, 2001: 17) o como la define Somers, configurada como “contested participatory site”[1], (Somers, 1993: 589), es ya una realidad existente para muchos especialistas, al menos “in fieri”: es decir, la existencia de una creciente circulación de información y opiniones a nivel comunitario acerca de los grandes problemas europeos (Díez Picazo, 2002: 71). Para Closa, sin embargo, el problema es la ausencia de componentes básicos esenciales en ese espacio público, tales como un sistema de partidos organizado, medios de comunicación europeos, amplio discurso europeo sobre asuntos clave, etc. (Closa, 2001: 189).

Para Habermas, la clave de la construcción de esa “esfera de opiniones públicas europea” es que no surja de la proyección del diseño ya establecido a nivel nacional, sino que emerja, al contrario, “de la apertura mutua de los universos nacionales existentes, que dará paso a una interpenetración en las comunicaciones nacionales, recíprocamente traducidas.” La agenda pública europea se incluirá, así, en cada una de las opiniones públicas de los Estados miembros, a través de una interrelación adecuada. (Habermas, 2001: 17).

Este espacio público se configura, sin lugar a dudas, como un lugar para el desarrollo de la ciudadanía europea. De hecho, la ciudadanía de la Unión debe ser la “piedra fundadora” en el proceso de construcción de una sociedad civil y una esfera pública europeas (Closa, 2001: 199). En este sentido, no hay que olvidar que una de las objeciones que los teóricos sostienen para negar la existencia de un pueblo, una sociedad civil y una esfera pública europeos es, precisamente, la inadecuada progresión de la construcción europea hacia la ciudadanía y la propia configuración legal de ésta. Como recuerda P. Biglino, la cuestión de las limitaciones legales de la ciudadanía europea –restringida a derechos políticos referidos a una institución intrínsecamente débil como el Parlamento europeo- se conecta con otra cuestión más amplia: el déficit democrático de la Unión Europea (Biglino, 1995: 8).

En este sentido, si democratización de las instituciones europeas contribuirá la consolidación de un “pueblo transnacional”, es preciso, sin embargo, avanzar un paso más allá de la configuración del mero estatus legal de la ciudadanía europea: no basta con el reconocimiento legal de derechos políticos y deberes cívicos para construir un sentimiento de identidad y cohesión en torno a condiciones objetivas-valores europeos, sino que se exige también un espacio donde puedan ser ejercidos: “una práctica de participación en instituciones políticas que sean percibidas como determinantes en la vida de los ciudadanos” (Díez-Picazo, 2002: 63).

Creo que ya hemos utilizado en este blog esta expresión alguna vez, pero no está de más recordarla… <<La construcción de la “Europa de los ciudadanos” pasa por ser un proceso de legitimación institucional a través de la apertura, el debate público, la inclusión social y la participación civil.>> Terminamos con una pregunta… ¿conseguirá la nueva Iniciativa Ciudadana Europea contribuir a la construcción de esa esfera pública genuinamente transnacional… y legitimadora?


[1] “(…) contested participatory site in which actors with overlapping identities as legal subjects, citizens, economic actors, and family and community members… form a public body and engage in negotiations and contestation over political and social life.” (Somers, 1993: 589).

Ya está aquí la Iniciativa Ciudadana Europea

¿Qué hito no plantea preguntas, dudas, a la par que expectativas? La Iniciativa Legislativa Ciudadana no podía ser menos. Gracias al Tratado de Lisboa, los ciudadanos de la UE pueden, con un millón de firmas, reclamar a la Comisión Europea que legisle sobre una materia concreta. Se trata de un hito en la historia de la democracia participativa en la UE. Pero, como decimos, también plantea algunas dudas…

Las firmas deben provenir de varios Estados miembros. Es decir, hay que organizarse a nivel transnacional y, previamente, que exista en varios países de la UE un reclamo y sensibilización compartida hacia determinado asunto. ¿Hasta qué punto la existencia de esta herramienta propiciará el desarrollo de debates informados, activos y participativos a nivel transnacional sobre una cuestión concreta?

Toda vez que la existencia de ese millón de firmas no obliga a la Comisión a legislar ¿llegará a influir la iniciativa ciudadana en la forma de hacer política de la UE? Y una pregunta esencial ¿veremos una Europa más social de llegar a afianzarse este instrumento de participación?

En Bruselas existe una larga lista de grupos de presión ¿qué papel jugarán los lobbies en todo esto? Cuesta creer que no será así.

Sobre cómo se articulará en la práctica la Iniciativa, podemos encontrar ya algunas respuestas en estos links que os dejamos… las otras cuestiones, podremos comenzar a comprobarlas a partir de 2011. Y no os perdáis el estupendo artículo sobre el tema en La Oreja de Europa!

La iniciativa ciudadana, nuevo ejercicio de democracia

El poder de la iniciativa ciudadana en la UE

http://www.citizens-initiative.eu/

Consulta Pública