El picante húngaro se le indigesta a Europa

Hace ahora un año, la Unión Europea recibía el 2011 con una presidencia de turno incómoda a más no poder: la húngara. Existían dudas en el terreno económico, puesto que se comenzaban a adivinar los problemas financieros del país que debía dirigir el “barco”, justo cuando Europa se preparaba para poner en marcha algunas de las reformas económicas más críticas de su historia para salvar el Euro. Pero había aún más interrogantes en el terreno político, en concreto en la deriva autoritaria de un Gobierno, el del conservador Viktor Orbán, que acababa de impulsar la conocida como “ley mordaza”, una nueva legislación para la prensa que acababa de ser refrendada por el parlamento nacional, y que situaba a los medios de comunicación bajo el control del Gobierno.

Aquella presidencia rotatoria pasó, con más pena que gloria. Europa sigue sumida en una profunda crisis de deuda. El futuro del Euro continúa en el aire. Y el picante húngaro (la paprika, ingrediente más característico de su gastronomía) se le sigue indigestando al “club” europeo. Ya es una realidad, con su entrada en vigor el primero de enero, la nueva Constitución húngara, que refuerza el control político sobre  el Banco Central y el Tribunal Constitucional, permite una auténtica purga entre los jueces con el adelanto de la edad de jubilación, incluye una nueva normativa electoral a la medida del partido del Gobierno (Fidesz) y pone en entredicho la protección de datos, la libertad de prensa y a la propia oposición política del país. Con semejante panorama, cualquier parecido con la democracia será pura coincidencia.

Se trata de un giro antidemocrático, pero también ultraconservador y de tinte nacionalista. La nueva legislación prohíbe las uniones entre personas del mismo sexo y rechaza el aborto. La referencia cristiana se sitúa por encima de derechos y libertades. Y una suerte de “orgullo” nacional es el que guía los destinos del país, muy en la periferia del abrigo comunitario. Ya durante el pasado verano saltaron chispas entre la Comisión Europea y el Gobierno de Orban con motivo de una campaña pública contra el aborto pagada con fondos europeos, en concreto en el marco del programa Progress.

Fue la propia comisaria Reding la que exigió al Gobierno húngaro la retirada de unos carteles “pro-vida” en los que aparecía el mismísimo logotipo de la Comisión Europea, tal y como exigen los manuales de identidad para los programas con financiación comunitaria. La iniciativa de los conservadores húngaros obtuvo apoyos entre los sectores más ultraconservadores y reaccionarios de los Estados miembros, sin ir más lejos, en España, en colectivos como Hazte Oir.

¿Hay base jurídica para sancionar a Hungría?

Con la entrada en vigor de la Constitución húngara, la UE vuelve a mirar con lupa sus preceptos, que dificilmente pueden encajar con la idiosincrasia del proyecto europeo, sus valores, los derechos y libertades que protege y propugna, así como con parte de la legislación comunitaria. Las cuestiones son: ¿qué pueden hacer las Instituciones europeas? ¿Cómo actuar ante un Estado cuya deriva le aleja de cumplir los requisitos que en su día se le exigieron para poder adherirse a la UE? ¿Cuáles son esos requisitos? ¿Puede acabar Hungría fuera de la UE, expulsada o por voluntad propia? Vamos a intentar resolver todas estas cuestiones con un repaso de los preceptos recogidos en el Tratado.

En primer lugar, debemos centrarnos en las condiciones que el Tratado de la UE dispone para cualquier ampliación, tal y como está recogido en el art. 49 del Texto, que vincula los requisitos de admisión para cualquier Estado con el respeto y promoción de los valores que se recogen en el art. 2 del mismo Tratado:

<<La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.>> (Art. 2 TUE, versión consolidada).

Es decir, que para ser miembro de la UE  hay que respetar los principios de libertad y democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como el Estado de Derecho, y tener unas instituciones que los protejan y promuevan. Así mismo, según los criterios acordados en Copenhague en 1993, se exige una economía de mercado en funcionamiento y la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado dentro de la Unión, así como la capacidad de asumir las obligaciones y suscribir los objetivos de la unión política, económica y monetaria. Éste es básicamente el consenso sobre ampliación que aún rige en el Consejo.

En cuanto al procedimiento de adhesión, también recogido en el art. 49 del TUE, se establece que el país en cuestión debe “solicitar el ingreso como miembro en la Unión. Dirigirá su solicitud al Consejo, que se pronunciará por unanimidad después de haber consultado a la Comisión y previo dictamen conforme del Parlamento Europeo, el cual se pronunciará por mayoría absoluta de los miembros que lo componen”.

¿Qué ocurre cuándo un país incumple los preceptos del artículo 2 del TUE? En este sentido, el art. 7 del Tratado prevé la posibilidad no sólo de dirigir recomendaciones a un Estado miembro, sino también de imponer sanciones, incluida la suspensión del derecho de voto en el Consejo, anta “la existencia de una violación grave y persistente por parte de un Estado miembro de los valores contemplados en el artículo 2 tras invitar al Estado miembro de que se trate a que presente sus observaciones”. Es el Consejo el que decide en última instancia sobre las sanciones, a propuesta motivada de la Comisión, el Parlamento Europeo o de un tercio de los propios Estados miembros.

En definitiva, vemos que hay recursos para “presionar” sobre el comportamiento antidemocrático de un Estado miembro sancionando sobre derechos que ese Estado ha adquirido como firmante del Tratado. Pero en ningún caso ello supone una alteración o suspensión de las obligaciones de dicho país como miembro de la UE. Tampoco los Tratados citan la posibilidad de expulsión de un miembro, pero, tras la reforma operada en Liboa, sí que se recoge la retirada voluntaria de un Estado de la UE (art. 50 TUE), siempre de conformidad con sus normas constitucionales internas (caso de consulta popular, por ejemplo).

Otro apartado importante del Tratado que afecta a los aspectos que incluye la nueva legislación húngara es que entrarían también en contradicción con la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, derechos cuya protección se refuerza  con el reconocimiento de dicho Texto en el art. 6 del nuevo TUE. La carta se eleva con el mismo valor jurídico que los Tratados y se convierte de este modo en un documento jurídicamente vinculante y, con ello, en un auténtico ““bill of rights” para los ciudadanos europeos, incluidos los húngaros, que se verían privados de ellos por una legislación nacional que entra con contradicción con la comunitaria.

La clave estará en la maltrecha economía húngara 

Hemos visto que las instituciones europeas tienen la base legal suficiente para tomar las medidas que sean necesarias para frenar la deriva democrática de un Estado dentro la UE. Y la Comisión ya ha avisado que tiene intención de hacerlo. Por su parte, a los eurodiputados también les preocupan las reformas llevadas a cabo en Hungría. El asunto, en concreto, será examinado por la Comisión de Libertades  (LIBE) del Parlamento Europeo. La clave, tal y como explican los propios parlamentarios en este vídeo, puede estar en las sanciones a las que se enfrenta Hungría por no cumplir el pacto de estabilidad por su excesivo déficit y en la necesidad de recibir una inyección de dinero europeo para  salir de su nefasta situación financiera. Veremos si los apuros económicos sirven al menos para meter en cintura al Gobierno de Orban. Hay mucho en juego: nada menos que los pilares fundamentales sobre los que se asienta la unidad y la cooperación europea.


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Año nuevo ¿Europa nueva?

El picante húngaro

La presidencia húngara de la UE comienza a imagen y semejanza de la española: dando la bienvenida al Año Nuevo y con cierta dosis de picante polémica, sabor, por cierto, muy típico entre la gastronomía húngara. Los parecidos son más que razonables, porque Hungría, miembro de la UE desde la ampliación de 2004, asume la presidencia rotatoria con serias dudas sobre su situación económica, justo cuando Europa se prepara para poner en marcha algunas de las reformas económicas más críticas de su historia.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. REUTERS/Kacper Pempel

Aunque la mayor dosis de paprika asociada a la presidencia húngara ha venido con la conocida como “ley mordaza”, una nueva legislación para la prensa aprobada por el parlamento nacional el 20 de diciembre, y que, en resumidas cuentas, coloca a los medios bajo el control del Gobierno. Con la nueva ley, será una Autoridad Nacional creada a tal efecto, y conformada en su mayoría por miembros del partido del Gobierno, la que decidirá sobre la idoneidad de lo que se publica, una Autoridad que tendrá, además, capacidad sancionadora.

Malos tiempos corren para la libertad de expresión en Hungría, un país que tendrá como principal objetivo al frente de la UE confirmar la recuperación económica de la eurozona, impulsando una mayor coordinación de las políticas económicas y “tranquilizando” a los mercados. Le corresponderá, en primer lugar, poner en marcha los mecanismos de supervisión financiera aprobados en los últimos meses de 2010, incluidos el sistema de sanciones para los países con déficit excesivo y el fondo de rescate permanente.

En cuanto al resto de prioridades de la agenda húngara, se focalizan en los siguientes puntos: crecimiento y empleo para preservar el modelo social europeo; reforzar las políticas europeas relacionadas con la energía, el agua y la alimentación (incluida la PAC) para conseguir una Europa más fuerte; una UE más cercana y que de respuesta a las necesidades cotidianas de sus ciudadanos; así como la ampliación (avanzar en las negociaciones para la adhesión de Croacia en 2013) y la política de vecindad. Hungría también ha anunciado que trabajará por una estrategia comunitaria para mejorar la inclusión de los gitanos. Ante todo, hay un espíritu de continuidad con las presidencias española y belga.

Enikö Györi, secretaria de Estado húngara para la Unión Europea, será una de las caras más visibles de la nueva presidencia. El Mundo le dedica un amplio reportaje a esta ex becaria, asesora y después eurodiputada, que aspira a impregnar con un “toque humano” a todas las políticas que emanan de Bruselas, lo que se debe traducir en que supongan beneficios reales y palpables para los ciudadanos: sólo así Europa se hará fuerte.

Estonia abraza el euro

Una joven estonia, durante el lanzamiento de la campaña a favor del euro, el pasado septiembre en Tallin.- REUTERS

El primero de enero de 2011 será para los estonios una fecha para recordar: ese día entraron en circulación en el país báltico los primeros euros. Estonia se convierte así en el país número 17 en acoger la moneda única, que convivirá en principio con la corona estonia, y su banco central nacional, el Eesti Pank, pasa a ser miembro del Eurosistema. Decimos que será para recordar en lugar de motivo de celebración, porque nada menos que el 43% de los estonios rechaza la entrada de su país en la eurozona. Tal y como destaca El País, los principales apoyos se suman entre las clases más adineradas y el mundo de los negocios, mientras las clases medias-bajas son algo menos receptivas.  Y es que el miedo a la subida de precios es notable, a pesar de que los comerciantes se han comprometido a no aprovechar el cambio para subir los precios (¿Les suena, verdad?).

331 millones de europeos comparten ya la moneda única, justo cuando ésta discurre por su peor crisis desde su entrada en 1999. Incluso la deuda estonia pasa por sus peores momentos, a pesar de que el Gobierno de Tallín ha realizado un duro plan de ajuste para cumplir con los criterios de Maastricht en lo que se refiere a la inflación,  al déficit y a la deuda pública.

2011 será un año doblemente “europeo” para los estonios, ya que además de moneda, estrenan también la capitalidad europea de la cultura para su capital, Tallin.

Sarkozy y Merkel, a lo Schuman – Adenauer

El Año Nuevo ha traído también consigo una cierta dosis de inesperado y renovado europeísmo en las filas de los super-líderes europeos. Con la que ha caído durante 2010, es un alivio ver a Merkel y Sarkozy referirse en su mensaje de Fin de Año a la unidad europea como “garante de nuestra paz y libertad” o de la “paz y la fraternidad del continente”. Ambos, a lo Schuman-Adenauer, hicieron “guiños” a los cimientos y los valores que alumbran la integración europea desde hace 60 años, aunque, en esta ocasión, fue el presidente francés el que recogió el guante lanzado por las palabras de la canciller alemana.

Angela Merkel, durante el mensaje de Año Nuevo a la nación.- AFP

El discurso de Merkel (adelantado ya un día antes) gravitó en buena medida en torno a la necesidad de reforzar el euro, al que calificó como “más que una divisa”: “la base de nuestro bienestar”. La canciller insistió en el hecho de que Europa y el euro son necesarios para una Alemania que ha superado con creces la crisis económica y es ahora más que nunca el motor, o mejor dicho, vuelve a ser, el “motor de Europa”. A pesar de este discurso, la pregunta es: ¿Estará también dispuesta a ser el “corazón” de Europa?

El presidente francés durante su alocución televisada de fin de año- AFP

Sarkozy no podía ser menos, y, por su parte, reafirmó su compromiso con el proyecto europeo y con el euro, afirmando que la muerta de la moneda única sería “el fin de Europa”. En el año nuevo, pidió a sus compatriotas “confianza en la economía europea” y superar los temores que se han cernido sobre ella con los rescates financieros de Grecia e Irlanda durante 2010.

Esperamos que estos dos brindis de Año Nuevo no se queden en un “brindis al sol”, y que sirvan para insuflar algo de confianza y optimismo a la maltrecha economía europea. Las declaraciones de intenciones hay que corroborarlas con hechos, al igual que los propósitos y deseos de Año Nuevo es necesario trabajarlos duro para que se hagan realidad.

Cameron, a lo Thatcher

David Cameron, principal defensor de la congelación del presupuesto europeo. Foto: Reuters

Si bien es cierto que la relancé européen de Merkel y Sarkozy contrasta, fuera de la zona euro, con el repliegue soberanista del Reino Unido del conservador Cameron: su discurso de Año Nuevo estuvo centrado en los problemas domésticos, pronosticando un año “difícil” para el Reino Unido con importantes recortes en el gasto público. Relanzar la unidad europea no está precisamente entre los principales objetivos del líder británico: al contrario que Merkel o Sarkozy, Cameron ha renovado en los meses que lleva en Downing Street el tradicional “euroescepticismo” de su país, tal y como subraya Fernando Navarro en Europa 451, al más puro estilo de su antecesora Margaret Thatcher: frenando el tren de la integración cada vez que tiene oportunidad, pero, eso sí, sin la más mínima intención de bajarse nunca de él.

La Europa de 2011 ya se discute en la blogosfera

A la blogosfera europea casi no le ha dado tiempo de digerir el turrón y el cava porque ya hay que ponerse manos a la obra con las noticias que genera la UE en el recién estrenado 2011: la presidencia húngara y su ley “mordaza” y la entrada de Estonia en el euro son, por ahora, algunos de los temas más comentados…

  • Eva Peña analiza en su blog la entrada de Estonia en el euro Leer
  • Ciudadano Morante da la bienvenida a Estonia a la zona euro Leer
  • Desde la plataforma de blogs europeos Bloggingportal.eu se impulsa una ciberacción contra la ley de prensa húngara Leer
  • En La Oreja de Europa también se habla de la polémica presidencia húngara Leer

La Presidencia húngara de la UE en la Red

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