En los albores de la cooperación europea… I. La Conferencia de la Haya: “unionistas vs. federalistas”

European flag on metal scaffolding background CE | | P-002746/00-4 | 1999
Construyendo Europa

“‘United Europe’ is a phrase meaning many things to many men. To some it implies the creation of a full-fledged federation of the  independent States of Western Europe, either the Six of ‘Schumania’  or the Fifteen of the Council of Europe. To others the phrase means no more than the desirability of creating a loose concert or confederation.” (Haas, 1958: xi).

Con esta cita comienza el clásico ensayo de E. B. Haas sobre el proceso de la integración europea. Y en estas palabras se resume también una dicotomía que marca el desarrollo de la idea europeísta antes y después de las Guerras Mundiales. Algunos -continúa Haas-, ven en la “Europa unida” una garantía para el renacimiento político, económico y cultural del Viejo Continente, susceptible de ser eclipsado por los EEUU, el mundo soviético, y quizás por el árabe-asiático; mientras, otros identifican la unificación de Europa con la ruptura de los viejos patrones de la unidad-soberanía nacional. (ibid.).

Las realizaciones políticas del europeísmo desde la Segunda Guerra Mundial siguen dos trayectorias que delimitan la oposición entre las distintas visiones de Europa –entre “soberanistas”, “unionistas”, “confederalistas” o “intergubernamentalistas”, por un lado, y “federalistas”, “constitucionalistas” o “supranacionalistas”, por el otro-; entre lo que se viene a denominar la Europa “laxa”, basada en la cooperación clásica entre Estados soberanos, y la Europa “densa”, la “supranacional” o “supraestatal”, construida en torno a instituciones comunes, que limitan en mayor o menor grado las soberanías nacionales (Truyol y Serra, 1999: 43-44, 54).

Los primeros intentos de construir Europa según el modelo federal –en torno a la vieja idea de los “Estados Unidos de Europa”- resultan infructuosos[1]. También la espectacular Conferencia de la Haya, celebrada entre el 7 y el 10 de mayo de 1948, y conocida como el “Congreso de Europa”, está especialmente marcada por el desacuerdo entre la apuesta por una “Unión” o por una “Federación”. A pesar de que en los trabajos preparatorios del Congreso aparece por primera el concepto de “supranacionalidad” para referirse a la transferencia de derechos soberanos[2], el impulso del los movimientos federalistas[3] queda desvirtuado por la creación, el 5 de mayo de 1949, del Consejo de Europa. Tal organización, a la que si bien se le atribuye un papel importante en el marco de la acción europeísta, especialmente como “instrumento eficaz de la  promoción de un verdadero derecho común europeo”[4] (Truyol y Serra, 1999: 41), representa, sin embargo, un ejemplo de simple órgano de cooperación entre Estados, privado de poderes y perspectivas futuras reales (Isaac, 1983/1991: 15).

Como señala Truyol y Serra, el insatisfactorio resultado del Consejo de Europa y la resistencia británica –de verdadero “retroceso”- lleva a los europeístas más decididos a acotar al ámbito del proceso de integración europea: la “Europa Unida” tendrá que ser la “pequeña Europa”, de carácter “supranacional”, construida a través de un método de integración “funcional” e integrada por instituciones “especializadas” (Truyol y Serra, 1999: 41). Los anteriores parámetros serían incluidos en su esencia en el Plan Schuman, que supone la definitiva renovación en la forma en como se aborda hasta entonces la cuestión de la construcción europea, iniciando de forma definitiva la denominada “vía comunitaria” (Isaac, 1983/1991: 15).

Encarna Hernández Rodríguez

Referencias:

  • Congress of Europe. (1948a). Message to Europeans. The Hague, May 1948: Resolutions. London-Paris: International Committee of the Movements for European Unity (s. d.), pp. 15-16. Obtenido el 4.12.2006, desde la base de datos ENA: http://www.ena.lu/mce.cfm.
  • Congress of Europe. (1948b). Political Resolution. The Hague, May 1948: Resolutions. London-Paris: International Committee of the Movements for European Unity (s. d.), pp. 5-7. Obtenido el 4.12.2006, desde la base de datos ENA: http://www.ena.lu/mce.cfm.
  • Haas, E. B. (1958). The uniting of Europe: Political, social and economical forces, 1950-1957. London: Stevens & Sons Limited.
  • Isaac, G. (1991). Manual de derecho comunitario general (2ª ed. aum. y puesta al día. G. L. Ramos Ruano, Trad.). Barcelona: Ariel Derecho. (Trabajo original publicado en 1983).
  • Truyol y Serra, A. (1999). La integración europea: Análisis histórico-institucional con textos y documentos. I. Génesis y desarrollo de la Comunidad Europea (1951-1979). Madrid: Tecnos.

[1] Recuérdese el famoso discurso de Aristide Briand ante la Sociedad de Naciones sobre un proyecto de Federación europea, el 5 de septiembre de 1929, y el posterior “Memorándum Briand” sobre la organización de una federación europea, de mayo de 1930.

[2] « Il s’agit d’une idée dans laquelle nous n’avons pas de confiance pour les mêmes raisons qui empêchèrent M. Churchill d’avoir confiance dans la S.d.N dès sa constitution et qui nous empêchent de considérer sérieusement des propositions pour l’unification des marchés, pour la limitation des armements, pour la création de tribunaux et d’une police internationale, lorsqu’elles ne sont pas en corrélation à des précises limitations de souverainetés nationales, par le transfert des pouvoirs correspondants à un organisme supranational ». (Mémorandum sur la préparation du Congrès de La Haye, 22 janvier 1948).

[3] Entre las Resoluciones emanadas de la Conferencia de la Haya véase especialmente el “Mensajes a los europeos”, preparado por el federalista suizo D. de Rougemont (Congress of Europe, 1948a), y la “Resolución de la Comisión Política” (Congress of Europe, 1948b), en las que se insta a los Estados europeos a transferir parte de sus derechos soberanos de cara a asegurar una acción económica y política común; igualmente se reclama la creación  de una Asamblea europea; la adopción de una Carta de Derechos Humanos, y el establecimiento de una Corte de Justicia que garantice la implementación de la Carta con las adecuadas sanciones.

[4] Sirvan como buenos ejemplos el Convenio europeo para la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales, firmado en Roma el 4 de noviembre de 1950, sus Protocolos adicionales, o la Carta social europea, acordada en Turín el 18 de octubre de 1961.

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