Francisco Sosa Wagner y el futuro de Europa. Entrevista con el eurodiputado español de UPyD

Por Encarna Hernández

Francisco Sosa Wagner
Francisco Sosa Wagner

Firme defensor de la fórmula federal que impulsaron los “padres fundadores” de la unidad europea, el eurodiputado Francisco Sosa Wagner (Grupo de los No Inscritos) considera que ha llegado la hora de superar el concepto de Nación en las relaciones internacionales. Ésta es la visión esencial que sobre el futuro de la UE tiene este jurista que desde las pasadas elecciones europeas de junio se ha convertido en el primer representante de Unión, Progreso y Democracia en la Eurocámara. Pero en sus palabras encontramos también al hombre que reconoce emocionarse con la música de Beethoven y los versos de Schiller, figuras que encarnan, al mismo tiempo, un auténtico germen cultural europeo. A nosotros, los ciudadanos europeos de a pie que creemos también en la “finalidad” política y federal de la Unión, no nos quedó otro remedio que emocionarnos igualmente con su último discurso en la sesión plenaria del Parlamento Europeo el pasado 7 de octubre, a propósito del “sí” irlandés a Lisboa. Aquel día, con su intervención, Sosa Wagner, el eurodiputado, el jurista, el ciudadano europeo, nos presentó su visión sin fisuras de la Europa que se construye desde el hemiciclo que se alza como el pilar fundamental de la democracia comunitaria: el Parlamento Europeo, “el palacio de la Quimera”, “el palacio de los sueños”.

Hoy tenemos la suerte de tenerle como protagonista en este blog. Gracias, profesor Sosa Wagner, por atender tan amablemente a nuestro cuestionario. Aquí os dejo el resultado.

P. Tuvimos la ocasión de constatar su defensa del horizonte federal de la Unión Europea en un artículo publicado el El Mundo (29/09/2009), en el que, además, afirma con rotundidad que Europa no es una nación, “ni falta que le hace”. Afirma que es precisamente desde este “déficit”, desde esa diversidad fecundadora, desde donde la Unión debe tomar impulso. En este sentido, nos gustaría saber si considera errónea la tendencia en el intento de europeizar las identidades de los ciudadanos de la Unión utilizando para ello las mismas fórmulas que el Estado-nación, es decir: himno, bandera, matrículas, moneda, etc.

R. En efecto, defiendo una concepción federal de la Unión europea porque me parece que es la fórmula que emplearon los padres fundadores y para comprobarlo no hay más que leer las Memorias de Jean Monnet donde aparece muy claro su ideario federal. Pero no es el único y parecidas posiciones encontramos en los escritos de Robert Schuman, de Adenauer y del propio De Gasperi. Creo además que esta concepción federal es la que mejor cuadra para fortalecer Europa, toda vez que la creación de grandes conjuntos geográficos de carácter político y económico es una exigencia insoslayable del siglo XXI.

Respecto al concepto de nación, he defendido en mi libro “El Estado fragmentado” el declive jurídico político de este término, falto ya en estos momentos de la ambición conformadora con que nació a finales del siglo XVIII y se mantuvo durante buena parte del XIX. De la nación nacerá el nacionalismo que es la peor enfermedad del siglo XX. Sin embargo esto no quiere decir que todo aquello que el concepto de “nación” llevaba en su panza haya de ser tirado por la borda. La nación ha servido para integrar colectividades humanas y ésta es una dimensión que puede servir, no para crear una nación europea, sino para conformar y dar realce a una cultura europea que asuma todo lo bueno y lo malo del legado histórico del que los europeos somos depositarios. Respecto de determinados símbolos, yo confieso que me emociono al oír la música de Beethoven y los versos de Schiller.

Intervención en el Pleno del 7/10/09
Intervención en el Pleno del 7/10/09

P. Volviendo a ese horizonte de la construcción federal de la que hablábamos al principio, el propio derecho comunitario viene siendo interpretado por juristas y teóricos constitucionales como una auténtica constitución material. ¿Está de acuerdo con esta visión de autores como Weiler o Díez Picazo en el sentido de que existe un proceso de “constitucionalización” en la construcción legal de la Unión? Aún más, a propósito de la malograda Constitución europea, ¿Se puede hablar de texto de naturaleza constitucional y no hablar de federación?

R. La magia de las palabras es mucha pero no quisiera enredarme en esta idea de algunos de mis colegas relacionada con la Constitución, tanto en sentido material como formal. Creo que el Tratado de Lisboa es un buen mecanismo para seguir avanzando y en ese sentido lo defiendo, consciente como soy de que el edificio europeo hay que ir construyéndolo paletada a paletada, como por cierto nos enseñó también Monnet.

P. Los últimos acontecimientos electorales en Europa han revelado el declive del socialismo en nuestro Continente. En el caso concreto de la Eurocámara, hemos visto que el PSE ha pasado de ser el grupo mayoritario a verse en la necesidad de buscar la alianza con un sector de los demócratas. Para empezar, se ha comenzado legislatura con el voto de confianza a J. M. Durao Barroso de parte de un sector del socialismo europeo. Partiendo de este hecho, pero poniendo la vista más a largo plazo, ¿qué consecuencias considera que puede tener para el futuro de la integración europea este declive del socialismo?

R. En efecto el declive del socialismo en nuestro continente es palmario. Creo que esto viene de no haber sabido asimilar la lección que al mundo dio la caída del muro de Berlín y a la falta de cabezas creadoras e imaginativas. Diría que hay mucho burócrata en el socialismo europeo pero poca reflexión arriesgada y de altos vuelos. El hecho de que en la última elección del Presidente de la Comisión, el grupo socialista no haya sido capaz de presentar a un candidato, avala concluyentemente esta impresión. Y subrayo la importancia de la presentación del candidato porque a mi me hubiera gustado oírle exponer su visión de Europa y contrastar si es muy diferente de la que sostiene un hombre tan conservador como Barroso.

P. Se cumplen ahora diez años de la Asociación Estratégica ALC-UE. Precisamente, en 2010 se celebrará en nuestro país la VI de estas Cumbres, que además coincidirá con la presidencia española del Consejo de la UE. ¿Cree que esta presidencia puede contribuir decisivamente a reactivar el diálogo bilateral entre la UE y América Latina? ¿Considera que este diálogo se ha estancado en los últimos años?

R. Sobre este asunto de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina todavía no he tomado contacto con él, a finales de este mes de octubre haré mi primer viaje a ese continente y allí me empezaré a formar una idea propia.

P. Por último: hace unas semanas tuvimos conocimiento del proyecto de crear un grupo parlamentario bajo las señas de “Más Europa, Más ciudadanía”. ¿Nos podría contar, en líneas básicas, qué modelo institucional y qué modelo de integración defendería este nuevo grupo en el Parlamento Europeo?

R. En efecto tratamos de crear un grupo parlamentario propio en el Parlamento Europeo que asuma las líneas programáticas de Unión Progreso y Democracia pero soy consciente de las dificultades que tengo. De todas maneras esfuerzos no regatearé porque, como decían los latinos, “per aspera” se llega “ad astra”, es decir, por las dificultades se llega a las estrellas, esas que justamente conforman la bandera europea.

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Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de León. Además de jurista y escritor (su último libro, publicado en 2009, Juristas en la Segunda República, de la editorial Marcial Pons), es experto en política autonómica, contribuyendo en su momento al diseño del modelo autonómico español. En los comicios de junio de 2009 fue elegido eurodiputado como cabeza de lista de Unión, Progreso y Democracia. En el Parlamento Europeo, trabaja como miembro de la Comisión de Industria, Investigación y Energía, así como de las Delegaciones en la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Chile y en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana.

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Nota de la autora: Esta entrevista ha sido incorporada a la página en Wikipedia de Francisco Sosa Wagner.

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Joschka Fischer y el futuro de la UE: Hacia una federación europea

Encarna Hernández Rodríguez.

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Joschka Fischer

Con la convocatoria de una Convención para el debate sobre el “futuro de la Unión”, La Declaración de Laeken (2001) supone la definitiva “concreción audaz” (Aldecoa Luzarraga, 2002) de un debate constitucional que un año antes inicia, no menos audazmente, el Ministro del Exterior alemán, Joschka Fischer, en un discurso pronunciado en la Universidad Humboldt de Berlín.

La propuesta sobre el futuro de Europa que Fischer plantea en la primavera de 2000 destaca tanto por su oportunismo –cuando de forma paralela la UE está inmersa en dos procesos de “naturaleza constitucional” (Aldecoa Luzarraga, 2002: 4-5), tales como la CIG que acuerda el Tratado de Niza y la Convención que redacta la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE-, como por su ambición e inteligencia –rompiendo, por lado, la tendencia de un debate sobre Europa que en los últimos años se aleja del modelo federal[1]y, por otro lado, con la postura de algunos académicos como L. Siedentop (2000/2001), que niegan la existencia del tal debate sobre una base minuciosa y lúcida (Habermas, 2001: 5)-.

Para Fischer, la UE se enfrenta en la primera década del siglo XXI al enorme desafío de organizar dos procesos de forma paralela y satisfactoria: la ampliación de la Comunidad al Este, que casi doblará su número de miembros, y la necesidad de reformar unas Instituciones en su día creadas para una Unión de seis Estados, de modo que sigan siendo efectivas en una UE de 27, o incluso de 30 Estados. La solución a este desafío es simple para el ministro alemán: la creación de una Federación europea, basada en un Tratado Constitucional, se presenta como “the last brick”[2] de la integración política europea (Fischer, 2000: 2, 7).

Fischer propone una nueva arquitectura institucional para una Europa que represente tanto a los Estado-nación como a los ciudadanos: el Parlamento Europeo estaría dotado de dos cámaras, una con miembros elegidos directamente por la ciudadanía europea, y que a la vez serían miembros de sus respectivos parlamentos nacionales, y una segunda cámara conformada por los senadores directamente elegidos de los Estados miembros, bajo el modelo de Senado de los EEUU, o el del Bundesrat alemán. Por su parte, el ejecutivo o gobierno europeo se desarrollaría, bien tomando como punto de partida la actual Comisión, con un presidente elegido por sufragio universal y amplios poderes ejecutivos, o bien transformando el Consejo Europeo en una institución gubernamental (Fischer, 2000: 8).

Para el político alemán, sólo un Tratado Constitucional puede ofrecer una respuesta al problema del ‘déficit democrático’ de la UE y a la necesidad de establecer un reparto transparente de las competencias, tanto vertical como horizontalmente. La cuestión de la “división de la soberanía” –por ende, del principio de subsidiariedad– entre la UE y sus Estados miembros es así el axioma central sobre el que debe completarse la integración europea:

“This would be a lean European Federation, but one capable of action, fully sovereign yet based on self-confident nations-states, and it would also be a Union which the citizens could understand, because it would have made good its shortfall on democracy.” (Fischer, 2000: 8-9).

Discursos como el de Fischer ponen encima de la mesa una realidad ineludible para Europa: acaba un ciclo y se hace necesario un nuevo método para proseguir con el proceso de integración. Hay, pues, que repensar Europa.

Referencias:

  • Aldecoa Luzarraga, F. (2002). Primeros resultados del debate sobre el futuro de Europa: entre la profundización y la refundación (2000-2002). DT N.º 8/2002, 04.11.2002. Madrid: Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Disponible online desde:  http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/Elcano_es/Zonas_es/DT8-2002.
  • Fischer, J. (2000). From Confederacy to Federation. Thoughts on the finality of European integration. Speech at the Humboldt University, Berlin, 12.05.2000. Disponible online desde:  http://www.ena.lu?lang=2&doc=16647.
  • Habermas, J. (2001). ¿Por qué Europa necesita una constitución? New Left Review (edición española), No. 11, 5-25.
  • Siedentop, L. (2001). La democracia en Europa (A. Resines Rodríguez & H. Bevia Villalba, Trads.). Madrid: Siglo Veintiuno. (Trabajo original publicado en 2000).

[1] J. Habermas (2001) señala la obra de L. Siedentop (2000/2001) como uno de los exponentes de un debate constitucional sin implicaciones federalistas. El debate actual sobre Europa se aleja así de la idea de unos “Estados Unidos de Europa” que en su día defienden los padres de la integración europea (Habermas, 2001: 5). En efecto, en La democracia en Europa, Siedentop apuesta por un debate constitucional que no suponga un previo compromiso con el federalismo como “consecuencia más deseable”, sino que tienda hacia una nueva forma política: “… algo más que una confederación pero menos que una federación: una asociación de Estados soberanos que aportan su soberanía sólo en áreas muy restringidas o en diversos grados, una asociación que no busca disponer de poder coercitivo para actuar directamente sobre los individuos a la manera de los Estado-nación.” (Siedentop, 2000/2001: 1).

[2] El último ladrillo.

Nota: puedes acceder al speech de J. Fischer pinchando sobre la fotografía. Accederás a la base de datos ENA, al enlace directo donde está incluido.