Periodismo: el negocio está en la calidad

El sector periodístico ha sido una de las profesiones que más ha sufrido, y sigue sufriendo, las consecuencias de las crisis económica. Tanto, que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), reconoce que se se trata de la peor crisis de su historia: se han perdido la friolera de 3.400 puestos de trabajo en los dos últimos años. Sin embargo, no se trata sólo de una crisis económica, sino que está afectando también a los propios cimientos de la profesión, a su razón de ser (su función innegablemente social, la labor didáctica que esperamos de la comunicación, el servicio público a la ciudadanía), y, como consecuencia, a su credibilidad. ¿Son compatibles los códigos deontológicos con la necesidad de hacer viables económicamente los medios de comunicación? ¿Está reñida la calidad y ese espíritu de servicio con el negocio?

La FAPE ha intentado dar respuesta a estas preguntas en un documento, aprobado ayer, 20 de septiembre, y firmado en Pamplona, ciudad que da nombre a una Declaración de intenciones que contiene no sólo respuestas, sino una sincera autocrítica sobre el estado en que se encuentra el periodismo en la actualidad.

En la Declaración de Pamplona se llega a una conclusión vital para el futuro de la profesión: “el periodismo de calidad como un buen negocio”. En definitiva, dar a la ciudadanía lo que se merece. Puede que una crisis de identidad, como la que vive el periodismo, sea al mismo tiempo una oportunidad para replantearse su futuro, sobre la base de una deontología sólida, con la necesaria unidad entre los propios profesionales.

La creación de Colegios, la mejora en las condiciones laborales y salariales, más posibilidades de conciliar la vida familiar y laboral, un mayor control sobre las condiciones de contratación y sobre la labor que desempeñan los becarios, y sobre todo, más formación y más ética profesional.

Otro periodismo es posible, para los ciudadanos y para los periodistas. Iniciativas como la Declaración de Pamplona pueden ser un primer paso para reinventar el futuro de la profesión, desde la autocrítica y desde la unidad. Y si otro periodismo es posible, también otra democracia es posible.