La hora de Van Rompuy

Por Encarna Hernández

© European Union, 2010

Desde el 1 de julio, Bélgica recoge el testigo de España dentro de las presidencias rotatorias de la Unión Europea. Y lo hace en medio de una encrucijada, una más, de su panorama político interno. Tras las elecciones de junio, con la victoria lograda por los independentistas flamencos, el futuro de la débil unidad nacional belga está más en entredicho que nunca. Y mientras Bélgica se interroga sobre su futuro como país, le llega el turno, nada más y nada menos, que de presidir la Unión Europea.

Experiencia comunitaria frente a las dudas. Pero, en realidad, la fractura interna de Bélgica no genera tantas dudas como confianza despierta su experiencia contrastada en esto de la política europea. Como Estado fundador de la UE, de marcado cariz pro-europeísta, para Bélgica será su duodécima presidencia semestral. Además, su ahora Gobierno en funciones recuerda que está preparando esta presidencia desde hace dos años y medio, trabajo que engarzó dentro del marco del “trío de presidencias” que comparte con España y con Hungría, que relevará el turno belga.

Un programa ambicioso. El fruto de más de dos años de trabajo se traduce en un programa ambicioso. La primera prioridad, como no podía ser de otra forma, es la recuperación económica. Hay que reforzar la zona euro, establecer los mecanismos para una supervisión financiera comunitaria, y sobre todo, asentar las bases para que pueda concretarse un gobierno económico europeo. La recién estrenada Estrategia 2020, y su éxito, implican centrarse en las prioridades socio-económicas, y apostar por la innovación y la investigación para salir de la crisis de una manera reforzada, con el objetivo de que los Estados miembros inviertan hasta un 3 % de su PIB en I+D+I. En el plano institucional, habrá que continuar implementando el Tratado de Lisboa, donde destaca la puesta en marcha del nuevo servicio europeo de acción exterior. Tampoco olvidemos que hay varias negociaciones de adhesión abiertas: Croacia e Islandia en primer lugar.

© European Union, 2010

La hora de Van Rompuy. Con un gobierno belga en funciones, probablemente hasta otoño, todo el protagonismo será para el presidente permanente de la UE. Es la gran oportunidad para Van Rompuy de convertirse en un líder reconocido por los ciudadanos europeos y reconocible a nivel internacional, algo que ya comenzamos a entrever con la presidencia española. El proyecto europeo necesita, ante todo, liderazgo en clave europea en el plano interno y acabar con la cacofonía en el nivel de la política exterior (el famoso teléfono para hablar con Europa).  A pesar de su perfil “bajo” en lo que se refiere a su notoriedad pública, el belga representa un trabajo serio, responsable y pausado. Además, la cesión de protagonismo como consecuencia de la situación interna en Bélgica y por el papel que le concede el nuevo Tratado en las cumbres de mayor calado ayudarán a aumentar su visibilidad de cara a la opinión pública europea. La hora de Van Rompuy es también la gran oportunidad para la Unión Europea.

¿El principio del fin de las presidencias rotatorias? Puede ser la consecuencia inevitable de la implementación del Tratado de Lisboa. Conforme los nuevos altos cargos de Lisboa vayan asentando su trabajo y su liderazgo, las razones para continuar con las presidencias rotatorias caerán por su propio peso. La pregunta es ¿renunciarán así como así los Estados a sus seis meses de gloria de turno?

La presidencia belga en la red. Toda la información sobre la presidencia belga está disponible en su web oficial, así como, minuto a minuto, a través de las redes sociales de Facebook y Twitter.

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