Fariñas pide a la UE que “no se deje engañar” por la dictadura cubana

Premio Sájarov 2010 a la Libertad de Conciencia

Una silla vacía se ha convertido en el símbolo de la lucha por los derechos humanos y por la paz en todo el mundo, y en la prueba más palpable del largo camino que queda por recorrer. Hace unos días, en Oslo, una silla vacía recogía el premio Nobel de la Paz de Liu Xiaobo, ya que el Gobierno de Pekín no permitió al disidente encarcelado y a su familia acudir a recibir semejante reconocimiento. Hoy, en Estrasburgo, en la ceremonia de entrega del Premio Sájarov 2010 a la Libertad de Conciencia, la historia se ha vuelto a repetir. Lo ha destacado el presidente de la Eurocámara, Jerzy Buzek, nada más comenzar su discurso: “esta silla vacía es el testimonio de cuán necesario es este premio”. En esta ocasión, el ausente era el disidente cubano Guillermo Fariñas.

En un discurso valiente, sin tibiezas, Buzek reconoció haber pedido personal y formalmente al régimen de los Castro el permiso para que Fariñas pudiera dejar la Isla y recoger con sus propias manos el galardón, reconocimiento a su lucha incansable por la libertad de expresión en Cuba. Pero no pudo ser, como tampoco pudo ser para las Damas de Blanco hace cinco años. El polaco insistió en que siguen habiendo muchos presos políticos en Cuba, entre ellos los maridos de las Damas de Blanco y llamó a la “liberación inmediata” de todos ellos. La ovación fue larga y sonora. Ésta es, como afirmó Buzek, la “tarjeta de visita” del Parlamento Europeo hacia todos aquellos regímenes políticos que no respetan los derechos humanos, reforzando la voz de todas aquellas personas que, como Fariñas, luchan desde la disidencia por las libertades y los derechos fundamentales en su país.

Al acto de entrega del diploma, depositado en una silla vacía en el centro del Hemiciclo, le siguió la proyección de un discurso grabado de Fariñas, que lanzó un mensaje alto y claro a los eurodiputados: nada ha cambiado en el régimen castrista, y pidió a la UE “que no se deje engañar” por las falsas señales de apertura que llegan desde la Isla. Su ausencia en la gala era la mejor prueba de ello: los cubanos, para poder viajar el extranjero, necesitan una “carta de libertad”, como en su día necesitaban los esclavos para moverse. Fariñas insistió en que la UE no debe cambiar su posición común hacia Cuba e hizo alusión a las recientes liberaciones de presos que han sido interpretadas por Gobiernos como el de España como una señal de cambio: “sería un error pensar que fueron puestos en libertad”, afirmó con contundencia, pues la realidad es que están sometidos, tanto ellos como sus familias, a un “destierro psicológico”.

El cambio en Cuba, para Fariñas, pasa por cinco aspectos esenciales: la liberación “sin destierro” de todos los presos políticos; el cese de las amenazas y de la violencia por parte del régimen hacia la disidencia; la eliminación de todas las leyes cubanas que entran en contradicción con la Declaración Universal de los Derechos Humanos; que puedan existir partidos políticos y unas elecciones libres y plurales; así como la  posibilidad de que todos los cubanos puedan participar en la vida ecónomica, social, cultural y política del país.

Fariñas terminó su intervención destacando la lucha pacífica de la disidencia cubana frente a la violenta represión castrista. “Amar a vuestros enemigos”, dijo, recordando las palabras de Jesucristo, el primer disidente de la Historia. Unos días antes, en Oslo, Liu Xiaobo, en su discurso leído por Liv Ullmann, afirmó que “no sentía odio hacia el régimen chino”. He aquí otra prueba palpable de la dignidad de la lucha por los derechos humanos y de las personas que la encarnan, como Fariñas, como Xiaobo, y como muchos otros.

Fotografías: Parlamento Europeo

Anuncios

La Unión Europea ante Cuba: libertad y derechos humanos por encima de todo

Parece lógico pensar que la relación que establezca la Unión Europea ante cualquier otro tercer país esté supeditada al grado de democratización de este país y de sus instituciones, al nivel de libertad del que gozan sus ciudadanos, y a la protección y salvaguarda de los derechos humanos que ejercen estas mismas instituciones democráticas. Parece también lógico pensar que, en caso de que las relaciones UE-País Tercero estén en punto muerto al no darse las citadas condiciones, tenga que producirse  un cambio de envergadura para que la Unión se replantee la “posición común” que tiene hacia dicho país, e inicie contactos diplomáticos para estudiar la normalización de las relaciones bilaterales después de supervisar que los avances son significativos y sólidos. Ninguna de estas condiciones se da en el caso de Cuba.

 

¿Hacia una posible relación bilateral con Cuba?

Trinidad Jiménez

La pasada semana, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión, ante la insistencia de España, que estrenaba nueva ministra (Trinidad Jiménez) pero seguía con sus viejos hábitos (los antes explorados sin mucho éxito por Miguel Ángel Moratinos), solicitaron a la Alta Representante  de la Unión Europea para la Política Exterior, la británica Catherine Ashton, que explorara vías de acercamiento a Cuba e iniciara una serie de contactos con el régimen cubano para testear la posible normalización de las relaciones y un futuro acuerdo bilateral.

La propia Ashton reconocía poco después que estábamos ante un “periodo de reflexión” en cuanto a las relaciones UE-Cuba, y que diciembre sería el momento de concretar si se podría o no cambiar la llamada “posición común” europea hacia cuba. El anuncio europeo, por cierto, fue recibido con desprecio y frialdad por las autoridades cubanas.

Por su parte, la intervención de Jiménez ante sus colegas en Consejo, descrita por los presentes como “apasionada”,  se centró en la necesidad de que la UE enviara a Cuba una “señal”, en respuesta a un supuesto proceso reformista iniciado por el régimen cubano y cuyo máximo exponente sería la liberación de presos políticos (no lo olvidemos, con su posterior exilio obligado) que se venía produciendo en los últimos meses.

¿Qué dice exactamente la posición común de la UE sobre Cuba?

La actual posición de la UE hacia Cuba se instauró en 1996 bajo el auspicio del recién elegido presidente español José María Aznar. Esta postura, que sólo puede ser modificada por unanimidad dentro del Consejo de la UE, puede ser revisada cada año, aunque desde el 96 ha permanecido el enfoque de exigir avances en los derechos humanos en la Isla para suavizarla. Es decir, que, básicamente, tal y como se afirma en el documento, “la Unión Europea considera que una plena cooperación con Cuba dependerá de las mejoras en el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Así mismo, detalla que “el objetivo de la Unión Europea en sus relaciones con Cuba es favorecer un proceso de transición hacia una democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, así como una recuperación y mejora sostenibles del nivel de vida del pueblo cubano”.

La pregunta es: ¿el anuncio de liberación de unas decenas de presos políticos es motivo suficiente para cambiar esta  “posición común” e intensificar el diálogo y la cooperación con las autoridades cubanas?

El Parlamento Europeo y los derechos humanos en Cuba

En 1998, el Parlamento Europeo puso en marcha un mecanismo de reconocimiento y homenaje a todas aquellas personas u organizaciones que trabajan en defensa de los derechos humanos, y muy particularmente por la libertad de expresión, dentro y fuera de las fronteras de la UE, en todos aquellos lugares en el mundo donde estos principios inalienables al ser humano estás amenazados o siendo sistemáticamente ultrajados.

Guillermo Fariñas en su casa de Santa Clara, durante una huelga de hambre. Foto: Parlamento Europeo

El Premio Sájarov a la libertad de conciencia ha reconocido en tres ocasiones la lucha de la disidencia cubana por los derechos y libertades fundamentales en la Isla. El disidente político cubano Guillermo Fariñas se ha convertido, tras Oswaldo Payá (2002) y las Damas de Blanco (2005) (estas últimas no pudieron recoger el premio al no darle permiso las autoridades) en el tercer Sájarov que va a parar a la lucha por las libertades en Cuba. Psicólogo y Periodista, Fariñas, de 48 años, ha pasado once años y medio en la cárcel, donde ha llevado a cabo decenas de huelgas de hambre para protestar y concienciar a la opinión pública internacional del despotismo del régimen castrista.

Y todo ello ocurría en medio de la polémica sobre el posible cambio de la “posición común” de la UE hacia Cuba pretendido por el gobierno socialista de España, apoyado en el compromiso cubano de liberar a 52 presos políticos pertenecientes al grupo de los 75 detenidos en la Primavera Negra de 2003. Según las Damas de Blanco, hay todavía 113 presos políticos en Cuba, cuya liberación es la primera condición para suavizar la presión internacional sobre la Isla, pero no la única: hablamos de una serie de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales que no están asegurados y salvaguardados en Cuba, un lugar donde se viola sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para empezar, se desconoce si las autoridades cubanas darán el permiso a Fariñas para poder abandonar la Isla y recoger el premio en la ceremonia que tendrá lugar en diciembre en Estrasburgo.

En realidad, la disidencia entiende que la liberación de los presos no puede ser la única condición, hay otras muchas cuestiones que afectan a los ciudadanos que viven “en libertad” dentro de una Isla que está cerrada a cal y canto y donde disfrutas de una serie de derechos siempre y cuando seas extranjero: alojarte en un hotel o tener un teléfono móvil, sin ir más lejos. La apertura económica deber ser otro vector fundamental del “cambio” cubano.

Buzek recibe a un grupo de ex cuatro presos políticos cubanos. Foto: Parlamento Europeo

Tal y como afirmó recientemente el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek: “no existe la libertad a medias, no se puede repartir la libertad en pequeñas raciones”. ¿Qué sentido tiene, como reiteró Buzek, que la posición de la UE ante Cuba está sólo supeditada a pequeños gestos como la liberación de algunos presos políticos? ¿Qué sentido tiene que estos ciudadanos cubanos sólo puedan disfrutar de los derechos humanos y libertades en el exilio y no en su propio país?

En definitiva, la UE sólo puede plantearse cambiar o suavizar su postura ante Cuba ante un cambio de envergadura que garantice las libertades y derechos fundamentales dentro de la isla y para todos sus ciudadanos. Sólo ésta puede ser la premisa: libertad y derechos humanos por encima de todo.

El Parlamento Europeo da cobertura especial al Día Internacional de la Mujer 2010

El Parlamento Europeo ha creado una página web para dar cobertura completa al Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo. El tema central de este año es la violencia contra las mujeres, una cuestión que fue debatida recientemente en la Eurocámara, aprobándose el 26 de noviembre una Resolución sobre la eliminación de la violencia contra la mujer. Uno de los principios clave del texto es la interpretación de la violencia contra la mujer como una violación de los derechos humanos, ya que amenaza el derecho a la vida, a la seguridad, a la dignidad y a la integridad física y moral.

Una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia machista a lo largo de su vida. El dato es espeluznante, y lo peor de todo, es un problema mundial, y que requiere un esfuerzo coordinado a nivel legislativo, policial, y de concienciación social, donde entran en juego los medios de comunicación y, cómo no, la educación. No cabe duda que la legislación comunitaria en este ámbito debe reforzarse: en la agenda de la Comisión está ya, precisamente, trabajar en una propuesta de directiva que sirva de marco común europeo para prevenir y combatir la violencia contra la mujer en todas sus formas.

En nuestro país, el año 2009 dejó esperanzadoras estadísticas, datos que, sin embargo, no ocultan el problema ni los dramas humanos que hay detrás de cada número ni tampoco la labor ingente que queda por hacer. Decimos esto porque 2009 registró el menor número de muertes por violencia machista desde 2003: hubo un total de 55 víctimas mortales en toda España, lo que supone un 27,6 por ciento menos que en 2008, cuando se tuvieron que lamentar nada menos que 77 muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas.

Estas cifras fueron presentadas a final de año por la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que realiza un balance positivo, a pesar de todo, de la aplicación de la Ley contra la Violencia de Género, que en 2009 se aplicaba por cuarto año consecutivo. Según la ministra, “las mujeres están ahora más protegidas”. Y de ello tienen buena parte de culpa los dispositivos de protección que se han ido implantando (Brazaletes GPS y Teleasistencia).

Algunos datos llaman especialmente la atención, como es el hecho de que cada vez hay más victimas y agresores de nacionalidad extranjera (el 36,4 por ciento y el 43,6 por ciento, respectivamente). Este hecho tampoco pasa desapercibido para el legislador europeo: la violencia contra las mujeres es un aspecto esencial en la integración de los inmigrantes en Europa. La cuestión es abordada en profundidad en el siguiente reportaje, centrado en el caso de las mujeres inmigrantes de origen musulman. Queda mucho por hacer.

Vodpod videos no longer available.

more about “El Parlamento Europeo da cobertura es…“, posted with vodpod

Educación para la ciudadanía y derechos humanos: un binomio inseparable

Por Encarna Hernández

Hablar de educación para la ciudadanía es hablar de educación para los derechos humanos. De hecho, la alusión a los derechos humanos es común en cualquier definición de educación para la ciudadanía. Está presente en la teoría y en la práctica. No puede ser de otra forma, cuando los derechos humanos se constituyen en el pilar de nuestra convivencia en sociedad.

Educación para la ciudadanía y derechos humanos son un binomio inseparable. Para comprobarlo, no tenemos más que echar un vistazo a los conceptos de educación cívica y democrática que aportan los principales organismos transnacionales. Para el Consejo de Europa, entre los objetivos prioritarios de la educación para la ciudadanía está la “promoción de una cultura democrática respetuosa con los derechos humanos”. Para la Comisión Europea, los contenidos de la educación para la ciudadanía incluyen el aprendizaje de los derechos y deberes de los ciudadanos, el respeto de los valores democráticos y de los derechos humanos.

Por su parte, los derechos humanos son uno de los objetivos y propósitos que figura en la Declaración Universal emanada de las Naciones Unidas, así como en los principales instrumentos internacionales de derechos humanos de la Organización. Esto a nivel internacional, mientras que en el ámbito europeo contamos con la protección ejercida por el Convenio Europeo y por la recientemente elaborada Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

¿Cómo definimos los derechos humanos? Para el Consejo de Europa, “los derechos humanos se refieren tanto a las condiciones que permiten a las personas desarrollar todo su potencial y relacionarse con los demás, como al establecimiento de las responsabilidades de los Estados nación hacia las personas.”

Se dividen, además, en varias categorías: civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, categorías a menudo asociadas a su desarrollo o conquista en determinados periodos de tiempo. La tendencia académica se inclina, además, por identificar la universalidad o “cultura global” de los derechos humanos, frente a identificaciones con la cultura o civilización occidental.

Aunque la cuestión más importante que nos hacemos en torno a la educación no es otra que cómo enseñar los derechos humanos. En este sentido, un aspecto crucial es incidir tanto en la información sobre los derechos humanos como en la formación a través de distintas estrategias participativas. Ello significa que los derechos humanos no sólo deben transmitirse como un “concepto”, como una “idea abstracta”, sino igualmente como una “práctica” que conlleva adquirir otros conocimientos y habilidades. Como afirman autores como Philippe Augier “los derechos humanos sólo existen si se utilizan.”

El refuerzo de la “solidaridad” es otro de los objetivos principales de la educación para la ciudadanía, y así lo reconocen los distintos organismos transnacionales y la tradición teórica sobre el concepto. Para el Consejo de Europa esta enseñanza implica “un factor de cohesión social, de comprensión mutua, de diálogo intercultural e interreligioso, y de solidaridad.” Por su parte, la Comisión Europea destaca igualmente la importancia de la solidaridad, tolerancia y participación en una sociedad democrática, para que niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos responsables y activos.

Como recuerda Karen O’Shea, del Consejo de Europa, la solidaridad se asocia de muchas formas “con la capacidad de las personas para salir de sí mismos y reconocer y actuar en aras de la promoción de los derechos de los demás”; es, por ello, uno de los fines esenciales de la formación cívica y democrática, facilitando a las personas el acceso a conocimientos y la adquisición de aptitudes y valores que les permitan vivir de una forma plena la “dimensión comunitaria de la vida.”

El valor fundamental de la solidaridad está, así, plenamente vinculado con la idea de tolerancia y de convivencia en sociedades multiculturales. Pero no vale para ello cualquier tipo de solidaridad, sino una de carácter “inclusivo” o, como la denomina Adela Cortina, una “solidaridad universal”.

La solidaridad se vincula a una actitud de tolerancia que nos enseña a convivir, aprender y respetar lo diferente; una tolerancia sincera, basada en la aceptación y la búsqueda de enriquecimiento cultural por ambas partes; es decir, lo que Amin Maalouf denomina “principio de reciprocidad”. Esta “tolerancia activa” se opone a la “tolerancia pasiva” (que se limita al ejercicio de la distancia, de la indiferencia y el repliegue), y consiste en saber admitir la igual dignidad de todos y la legitimidad de todas las opiniones, así como en adquirir nociones generales sobre el resto de culturas, religiones y pueblos para así aprender a respetarlos, porque el conocimiento del otro es el primer paso para avanzar en el comportamiento democrático.

Baste recordar, en este orden de cosas, la definición de “tolerancia” de las Naciones Unidas: ésta, “consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos”; y significa, también y ante todo, “una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás.”