Estado del bienestar: un debate mal planteado

Hoy reproducimos en el blog un artículo publicado en América Economía que nos ha parecido realmente interesante sobre una cuestión que está situada en el centro del debate sobre las repercusiones de la crisis económica en Europa. ¿Es posible continuar con el modelo de Estado del bienestar que conocemos en el Continente hasta ahora? El autor de esta reflexión, Héctor Casanueva, director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (Celare), advierte de las consecuencias sociales desastrosas de un “debate mal planteado” y toma el modelo Europeo como referencia para esta cuestión en América Latina.

Casanueva Estado Bienestar

 

El reciente discurso del rey de Holanda ante el Parlamento, en el que señala la insostenibilidad del “clásico Estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”, ha caído como agua de mayo a los euroescépticos y a la derecha del Estado minimalista en Europa y también por estos lados. Curioso, además, que lo plantee un monarca en un país gobernado por la socialdemocracia, que es el cuarto del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, tiene un desempleo en torno al 7% y un per cápita de US$46.000. ¿Qué queda entonces para España o Grecia? ¿Y para nosotros?

Desde que la crisis de 2008 comenzó a poner en evidencia los problemas financieros de los países europeos, se volvió a instalar con mucha fuerza el debate iniciado hace tres décadas por el thatcherismo, acerca del modelo de protección social característico del viejo continente, llamado “Estado del bienestar”, y que es indisociable del proceso de integración de Europa, basado en solidaridad, paz y cooperación.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Las dificultades para asegurar su financiamiento, con los consiguientes recortes presupuestarios en las prestaciones, así como los efectos del reto demográfico, entre otros factores, pero especialmente la crisis de empleo, especialmente juvenil, generan una distorsión en este debate. Por un lado se considera que la crisis es consecuencia del modelo, y por otra quienes la sufren exigen que el Estado no sólo mantenga, sino intensifique las políticas de protección social, pese al problema real de financiamiento público, producto a su vez, de una pérdida de competitividad de las economías europeas, incapaces de crecer y crear empleo.

La discusión sobre el modelo se ha trasladado con cada vez mayor intensidad a América latina, donde se han ido alineando tres posiciones: una de derechas, muy crítica del modelo europeo y que coincide en atribuir al mismo su crisis financiera, con la consiguiente advertencia de que no se nos ocurra adoptarlo, abogando por políticas asistenciales muy acotadas y una protección social centrada en la responsabilidad individual; otra, de izquierdas, que aboga por un Estado fuerte y protector, muy presente en los distintos frentes de la vida económica y social, con importantes dosis de populismo, y muy riesgoso en términos de estabilidad económica. Y una tercera que podríamos llamar de centroizquierda, cuyo planteamiento es de un Estado que asegure una protección social universal básica en educación, salud y pensiones, debidamente financiada a través del crecimiento económico y políticas fiscales responsables.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Lo primero es distinguir entre “Estado del bienestar” y “Estado benefactor”, pues no significan lo mismo. El primero, implica una responsabilidad que debe asumir el Estado como garante del bien común, en una concepción solidaria de la organización social, para hacerse cargo como sociedad de garantizar estándares mínimos de calidad de vida a toda la población, dadas las inequidades que inevitablemente se generan en el cuerpo social por la sola aplicación de las leyes del mercado. Lo segundo, que es a lo que se dirige la crítica de la derecha más consciente, implica una deformación y extralimitación del concepto anterior, ya que traspasa solamente al Estado las responsabilidades de la propia vida, y ello evidentemente no solo implica una injusticia, sino un adormecimiento de las capacidades de emprendimiento, con las consecuencias de pérdida de productividad y competitividad general, además de ser insostenible financieramente.

A esto último es a lo que se refirió el rey de Holanda, y a lo que se refieren muchos partidos y líderes europeos, CDU incluida, que necesariamente debe ser reformado, avanzando hacia la necesaria “co-responsabilidad” en el bienestar, pero en ningún caso se debe interpretar como el llamado al abandono de una política social que está en la raíz y el fundamento mismo de este modelo.

Hace unos meses, la ministra de asuntos sociales de Francia, Mme. Marisol Touraine, en un interesante coloquio en la Universidad Central de Chile, nos afirmaba categóricamente que el Estado del bienestar no estaba en discusión, sino su financiamiento. Y así como el rey holandés plantea una “sociedad de la participación”, para connotar esa co-responsabilidad en el bienestar social, Felipe González y otros líderes plantean el concepto de una “sociedad del bienestar”, pero todos apuntando a lo mismo.

En América latina estamos entrando en un largo período electoral, empezando por Chile en noviembre, y seguido de varias elecciones presidenciales en otros países entre 2014 y 2015, que se dan en momentos en que la economía mundial, especialmente asiática, parece ralentizarse, parece muy oportuno que los programas de las candidaturas tomen en consideración este debate y la experiencia europea, y adopten las propuestas más adecuadas a cada realidad para asegurar políticas públicas apropiadas.

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Europa y el euro: las reformas económicas y un futuro común

Ayer tuve la oportunidad de participar en representación de mi partido, UPyD, y junto a representantes de otras formaciones políticas y de la Universidad, en una charla sobre Europa, el Euro y su Futuro, dentro del ciclo “charlas por la libertad de información  y opinión”, una iniciativa interesante que busca incentivar el debate entre políticos, ciudadanos, académicos, etc. sobre diversos temas de actualidad.

Como estaba acompañada por dos economistas en la mesa, que ya iban desde su experiencia a aportar la visión estrictamente económica sobre la crisis del Euro, decidí dirigir mi intervención hacia una perspectiva más política, hacia otras crisis que Europa también vive, o que persisten, y que no ha sabido resolver, y que hacen que la respuesta a esta crisis financiera haya sido más compleja, más lenta, menos ágil.

Tuvimos tiempo, en casi tres horas de debate, no solo de hablar del euro o del futuro de Europa, sino también de cuestiones que preocupan a los ciudadanos en nuestro país, como las cajas de ahorros, las responsabilidades de los políticos cuando despilfarran o realizan una gestión nefasta de los recursos públicos, los acuerdos comerciales con Marruecos que afectan al tomate murciano y algunas cosas más.

Me llevé una sensación, tras finalizar la charla, un tanto extraña. Me explico: por un lado, da gusto ver, tal y como se desarrolló el debate, cómo en este país está desarrollándose una masa crítica de ciudadanos cada vez mayor (importante en una sociedad civil como la nuestra siempre un tanto acomplejada, en general, y demasiado politizada y subvencionada, acorde, seguramente, a unas estructuras políticas también muy conservadoras y resistentes al cambio); pero, por otra parte, me preocupó comprobar que cada vez más ciudadanos dudan de la necesidad de que el proyecto europeo salga adelante (lo ven como parte del problema cuando, en realidad, debería ser parte de la solución a lo que estamos viviendo).

Así que, como la charla se repite el día 13 de marzo (seguramente en la Universidad de Murcia) he dedicido que allí hablaré de por qué necesitamos la UE. De cómo sería nuestra Región, España, Europa y el mundo si la unidad europea no hubiera cuajado. O, mejor dicho,  todo lo que no seríamos sin Europa.

De momento, os dejo con la transcripción de mi ponencia.

 

EUROPA: UNA TRIPLE CRISIS DETRÁS DE LA ECONÓMICA

Me gustaría comenzar diciendo que tenemos una triple crisis en Europa, en la Unión Europea, que afecta a la crisis del euro y al futuro de Europa.  Me refiero a una crisis de democracia, a una crisis de liderazgo político, y a una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las estructuras políticas de la UE.

Y esta triple crisis, solo se puede despejar con una serie de decisiones políticas que impliquen: más integraciónsoluciones europeas (porque se ha demostrado que los Estados miembros no son por sí solos capaces de defenderse de una crisis global como ésta); con una reforma institucional que permita que nuestras instituciones comunes puedan reaccionar de forma más rápida, eficaz y autónoma ante las crisis (porque se ha demostrado también que tenemos unas instituciones lentas, demasiado rígidas y dependientes de los Estados miembros, y por ello sujetas a egoísmos nacionales); con unas auténticas instituciones europeas más democráticas  (que permitan que la voluntad popular se vea reflejada en las decisiones que se toman; que la ciudadanía pueda controlar, de verdad, a través de instituciones elegidas democráticamente, lo que se decide; y, por supuesto, que esas instituciones tengan que rendir cuentas).

 

DÉFICIT DEMOCRÁTICO Y REFORMA INSTITUCIONAL: MEDIDAS DE REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Nosotros, desde UPyD, consideramos que afrontar la reforma institucional es fundamental para poder enfrentarnos a esta crisis económica, y para sentar los cimientos para evitar futuras crisis o al menos poder responder mejor ante ellas.

Y si hablamos de reforma institucional tenemos que referirnos al ya conocido como déficit democrático de la Unión Europea.

¿En qué consiste este déficit democrático de la Unión Europea? Os lo voy a resumir en unos puntos muy concretos. Básicamente es una cuestión relacionada con una serie de vectores de legitimidad que la UE cumple sólo en determinados casos.

Mirad, la Unión Europea básicamente apoya su legitimidad en tres vectores:

1) la UE tiene lo que se llama una “legitimidad legal” que le otorga su constitución, su creación y su desarrollo a partir del Derecho (en palabras más simples, una serie de Tratados constitutivos que fueron signados por los EEMM);

2) así como una “legitimidad indirecta” (derivada de unos Gobiernos nacionales elegidos y que están representados en el Consejo de la UE);

3) y ostenta una “legitimidad llamada tecnocrática”(se deja, se delega en manos de técnicos, muchas decisiones y políticas en base a que eso va a resultar en una eficacia, en mejores resultados).

¿Cuál es el problema?

El problema es de control democrático y de rendición de cuentas. Hay un Parlamento Europeo (que recuerdo, es la única institución elegida democráticamente por los ciudadanos europeos) que aunque se han ido aumentando sus poderes en sucesivas reformas de los Tratados (especialmente en Maastricht y en Lisboa: con más capacidad legislativa, de control a la Comisión, poderes presupuestarios, etc.) no se erige  aún en una auténtica fuente de legitimidad directa, federal, dentro de la Unión.

El Parlamento Europeo no elige a la Comisión, no puede vetar las grandes decisiones (pongo como ejemplo el último nuevo tratado fiscal que se va a firmar sobre el que el PE ha mostrado su desacuerdo, pero sobre el que poco puede hacer frente a las voluntades de los Estados). En realidad, los contrapesos al poder del Consejo son aún débiles aunque se hayan reforzado.

Pero es que además la Comisión, que es un órgano independiente, tecnocrático y alejado del control de los ciudadanos, tiene en su poder el cuasi-monopolio de la iniciativa legislativa en la UE, y resulta que esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos antes es ajena al control político, democrático y a la rendición de cuentas.

Pero hay un problema aún más grave. Y es que la Unión, aunque posee una legitimidad legal, no tiene lo que se llama una “legitimidad de origen”. Esto lo han resaltado muchos analistas europeos. La Unión no se creó en base a una voluntad popular (en realidad es un proyecto fruto del consenso entre élites políticas y a la ciudadanía se le supuso, digamos, un consentimiento tácito, luego hablamos de esto). Y sin esta legitimidad de origen, sin esa aceptación explícita por parte de los ciudadanos, sin un sentimiento de identidad europea que implique una cohesión, la UE lo tiene muy difícil.

Pero es que además, esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos, está supeditada a los resultados. Es una democracia resultadista. Mientras todo fue bien, mientras se creaba bienestar en Europa, no había problema. Pero ahora esto ha cambiado, y nos vemos envueltos en una crisis brutal sin haber cimentado las bases políticas, democráticas y de legitimidad, y de apoyo popular a la UE que nos permitan ahora tomar decisiones que implican, no beneficios como hasta ahora, sino sacrificios y compromisos a la ciudadanía.

En definitiva, para cerrar este capítulo del déficit democrático, nosotros apostamos por una reforma institucional que de verdad dé a la ciudadanía el poder de elegir quién va a tomar las decisiones por ellos y quién va a controlar y exigir cuentas en representación de los ciudadanos.

Esas reformas, para UPyD, pasan, y creemos que son las más lógicas por:

-Un Parlamento Europeo como ÚNICO poder legislativo y que elija y controle (de verdad) al ejecutivo, es decir, a la Comisión Europea (que coordine las principales políticas de la UE que aún se mantienen bajo el control de los Gobiernos nacionales, y que funcione como auténtico gobierno federal).

-Es decir, el PE como eje legislativo, de control y democrático de la UE. Y elegido por sufragio universal en listas desbloqueadas y transnacionales.

-En el ámbito económico, una política fiscal común europea, con la integración progresiva de los sistemas fiscales nacionales y la creación de un tesoro de la UE que sea capaz de intervenir eficazmente en la política monetaria y en las crisis de financiación. Uno de los principales problemas de la actual crisis es que las políticas fiscales de los EEMM estaban descoordinadas entre sí  y con la política monetaria europea.

-Un Banco Central Europeo más transparente.

En resumen, tomar una serie de decisiones políticas, que implican más integración, más democracia, más transparencia, y más tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos para elegir quien toma esas decisiones.

Nosotros, desde UPyD, no vemos un futuro sin el euro. Eso haría tambalearse todo el sistema financiero global. Pero entendemos que medidas puntuales, como ese nuevo pacto fiscal, la regla de oro del déficit presupuestario, o los fondos de rescate no son suficientes. Se necesitan medidas de reforma de calado que implican decisiones políticas de mayor integración.

 

CRISIS DE LIDERAZGO

Hay que tomar decisiones. Pero para tomarlas hace falta un liderazgo europeo sólido, valiente y capaz de aportar las soluciones europeas que son necesarias. Los nuevos altos cargos de la UE, lo que nos trajo Lisboa, no han resuelto el problema de liderazgo, me atrevo a decir que lo han empeorado, ni tampoco el eje París-Berlín, Merkel y Sarkozy, constituyen un liderazgo europeo (más allá de sus intereses nacionales) que esté a la altura de la versión europea de líderes del pasado.

Yo no tengo ninguna duda de que Merkel y Sarkozy quieren salvar el Euro, la cuestión está en si vamos a salvar el Euro a costa del bienestar de los ciudadanos. Salvar el euro no puede ser un fin sin sí mismo, ni servir sólo a los intereses de algunas de las partes.

 

CRISIS DE CONFIANZA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS

Y todo esto tiene mucho que ver con la crisis de confianza que se observa en los ciudadanos hacia la Unión Europea y sus mecanismos de respuesta ante la crisis.

Esta crisis de confianza, a mi parecer, viene dada por 3 razones: por la falta de control democrático de las decisiones que se toman; segundo, porque no hay un sentimiento de identidad colectiva “europea”, y tercero, porque los ciudadanos no van a aceptar solo recortes, solo medidas de austeridad, sino que piden también medidas de estímulo económico.

La UE es un proyecto, lo he comentado antes, tremendamente elitista y tecnocrático y el peligro de esta crisis es que se está acentuando ese carácter, en lugar de avanzar en reformas de regeneración democrática.

El problema es que esa estrategia ya no sirve como en las primeras décadas de integración europea, ya no sirve porque ya no hay resultados que vender, sino sacrificios que pedir.

Y aquí hay una cuestión muy importante, y es el carácter principalmente “instrumental” del apoyo que la Unión Europea ha recabado entre los ciudadanos hasta ahora. La ciudadanía apoya la Unión Europea en la medida en que observa unos beneficios derivados de la pertenencia de su país a la Unión, basada sobre todo en épocas de bonanza económica.

Es decir, fue un apoyo “tácito”, que se dio por supuesto, en los primeros años de la integración, que se asentó como “instrumental” mientras las cosas fueron bien, y que ha sido ciertamente “pasivo”, poco informado. Los ciudadanos no mostraban mucho interés por lo que pasaba en la lejana Bruselas.

Pero ahora las cosas han cambiado.

 

CONCLUSIÓN: PELIGROS Y OPORTUNIDADES DE LA CRISIS DEL EURO

Y de esta crisis, con este contexto, surgen una serie de peligros.

1)      El primer peligro es que ese consenso tácito y pasivo de la ciudadanía europea se torne en lo que podríamos llamar un “disenso activo”. Y que de ahí saquen tajada fuerzas políticas (y este es un fenómeno que ya se está desarrollando) que lleven como principal punto de su discurso político su antieuropeísmo.

2)      El segundo peligro es que la UE es lugar de apostar por una visión política europea, por mayor integración, por reformas democráticas, se aísle una mayor tecnocracia que la aleje aún más de los ciudadanos.

Pero también surgen algunas oportunidades.

Y para ejemplificar estas oportunidades, me gustaría citar a uno de los grandes autores europeos, Jürgen Habermas, que a propósito de la crisis del euro escribió que “con un poco de nervio político [es decir, de liderazgo político europeo] la crisis de la moneda común puede acabar produciendo la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común” (cita del artículo “En el Euro se decide el destino de la UE”, El País, 23 mayo 2010).

Como dijo Honoré Balzac, bastante años antes que Habermas, “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”.

Pues para el proyecto Europeo, ésta es la gran crisis, se nos puede romper el corazón con todos esos peligros que se han relatado, y solo podemos curtir nuestro corazón, el corazón de Europa, con una visión política valiente, con reformas de regeneración democrática, con más integración, con más Europa, y por supuesto, sin perder de vista nunca ese horizonte de la Europa federal. 

Año nuevo ¿Europa nueva?

El picante húngaro

La presidencia húngara de la UE comienza a imagen y semejanza de la española: dando la bienvenida al Año Nuevo y con cierta dosis de picante polémica, sabor, por cierto, muy típico entre la gastronomía húngara. Los parecidos son más que razonables, porque Hungría, miembro de la UE desde la ampliación de 2004, asume la presidencia rotatoria con serias dudas sobre su situación económica, justo cuando Europa se prepara para poner en marcha algunas de las reformas económicas más críticas de su historia.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. REUTERS/Kacper Pempel

Aunque la mayor dosis de paprika asociada a la presidencia húngara ha venido con la conocida como “ley mordaza”, una nueva legislación para la prensa aprobada por el parlamento nacional el 20 de diciembre, y que, en resumidas cuentas, coloca a los medios bajo el control del Gobierno. Con la nueva ley, será una Autoridad Nacional creada a tal efecto, y conformada en su mayoría por miembros del partido del Gobierno, la que decidirá sobre la idoneidad de lo que se publica, una Autoridad que tendrá, además, capacidad sancionadora.

Malos tiempos corren para la libertad de expresión en Hungría, un país que tendrá como principal objetivo al frente de la UE confirmar la recuperación económica de la eurozona, impulsando una mayor coordinación de las políticas económicas y “tranquilizando” a los mercados. Le corresponderá, en primer lugar, poner en marcha los mecanismos de supervisión financiera aprobados en los últimos meses de 2010, incluidos el sistema de sanciones para los países con déficit excesivo y el fondo de rescate permanente.

En cuanto al resto de prioridades de la agenda húngara, se focalizan en los siguientes puntos: crecimiento y empleo para preservar el modelo social europeo; reforzar las políticas europeas relacionadas con la energía, el agua y la alimentación (incluida la PAC) para conseguir una Europa más fuerte; una UE más cercana y que de respuesta a las necesidades cotidianas de sus ciudadanos; así como la ampliación (avanzar en las negociaciones para la adhesión de Croacia en 2013) y la política de vecindad. Hungría también ha anunciado que trabajará por una estrategia comunitaria para mejorar la inclusión de los gitanos. Ante todo, hay un espíritu de continuidad con las presidencias española y belga.

Enikö Györi, secretaria de Estado húngara para la Unión Europea, será una de las caras más visibles de la nueva presidencia. El Mundo le dedica un amplio reportaje a esta ex becaria, asesora y después eurodiputada, que aspira a impregnar con un “toque humano” a todas las políticas que emanan de Bruselas, lo que se debe traducir en que supongan beneficios reales y palpables para los ciudadanos: sólo así Europa se hará fuerte.

Estonia abraza el euro

Una joven estonia, durante el lanzamiento de la campaña a favor del euro, el pasado septiembre en Tallin.- REUTERS

El primero de enero de 2011 será para los estonios una fecha para recordar: ese día entraron en circulación en el país báltico los primeros euros. Estonia se convierte así en el país número 17 en acoger la moneda única, que convivirá en principio con la corona estonia, y su banco central nacional, el Eesti Pank, pasa a ser miembro del Eurosistema. Decimos que será para recordar en lugar de motivo de celebración, porque nada menos que el 43% de los estonios rechaza la entrada de su país en la eurozona. Tal y como destaca El País, los principales apoyos se suman entre las clases más adineradas y el mundo de los negocios, mientras las clases medias-bajas son algo menos receptivas.  Y es que el miedo a la subida de precios es notable, a pesar de que los comerciantes se han comprometido a no aprovechar el cambio para subir los precios (¿Les suena, verdad?).

331 millones de europeos comparten ya la moneda única, justo cuando ésta discurre por su peor crisis desde su entrada en 1999. Incluso la deuda estonia pasa por sus peores momentos, a pesar de que el Gobierno de Tallín ha realizado un duro plan de ajuste para cumplir con los criterios de Maastricht en lo que se refiere a la inflación,  al déficit y a la deuda pública.

2011 será un año doblemente “europeo” para los estonios, ya que además de moneda, estrenan también la capitalidad europea de la cultura para su capital, Tallin.

Sarkozy y Merkel, a lo Schuman – Adenauer

El Año Nuevo ha traído también consigo una cierta dosis de inesperado y renovado europeísmo en las filas de los super-líderes europeos. Con la que ha caído durante 2010, es un alivio ver a Merkel y Sarkozy referirse en su mensaje de Fin de Año a la unidad europea como “garante de nuestra paz y libertad” o de la “paz y la fraternidad del continente”. Ambos, a lo Schuman-Adenauer, hicieron “guiños” a los cimientos y los valores que alumbran la integración europea desde hace 60 años, aunque, en esta ocasión, fue el presidente francés el que recogió el guante lanzado por las palabras de la canciller alemana.

Angela Merkel, durante el mensaje de Año Nuevo a la nación.- AFP

El discurso de Merkel (adelantado ya un día antes) gravitó en buena medida en torno a la necesidad de reforzar el euro, al que calificó como “más que una divisa”: “la base de nuestro bienestar”. La canciller insistió en el hecho de que Europa y el euro son necesarios para una Alemania que ha superado con creces la crisis económica y es ahora más que nunca el motor, o mejor dicho, vuelve a ser, el “motor de Europa”. A pesar de este discurso, la pregunta es: ¿Estará también dispuesta a ser el “corazón” de Europa?

El presidente francés durante su alocución televisada de fin de año- AFP

Sarkozy no podía ser menos, y, por su parte, reafirmó su compromiso con el proyecto europeo y con el euro, afirmando que la muerta de la moneda única sería “el fin de Europa”. En el año nuevo, pidió a sus compatriotas “confianza en la economía europea” y superar los temores que se han cernido sobre ella con los rescates financieros de Grecia e Irlanda durante 2010.

Esperamos que estos dos brindis de Año Nuevo no se queden en un “brindis al sol”, y que sirvan para insuflar algo de confianza y optimismo a la maltrecha economía europea. Las declaraciones de intenciones hay que corroborarlas con hechos, al igual que los propósitos y deseos de Año Nuevo es necesario trabajarlos duro para que se hagan realidad.

Cameron, a lo Thatcher

David Cameron, principal defensor de la congelación del presupuesto europeo. Foto: Reuters

Si bien es cierto que la relancé européen de Merkel y Sarkozy contrasta, fuera de la zona euro, con el repliegue soberanista del Reino Unido del conservador Cameron: su discurso de Año Nuevo estuvo centrado en los problemas domésticos, pronosticando un año “difícil” para el Reino Unido con importantes recortes en el gasto público. Relanzar la unidad europea no está precisamente entre los principales objetivos del líder británico: al contrario que Merkel o Sarkozy, Cameron ha renovado en los meses que lleva en Downing Street el tradicional “euroescepticismo” de su país, tal y como subraya Fernando Navarro en Europa 451, al más puro estilo de su antecesora Margaret Thatcher: frenando el tren de la integración cada vez que tiene oportunidad, pero, eso sí, sin la más mínima intención de bajarse nunca de él.

La Europa de 2011 ya se discute en la blogosfera

A la blogosfera europea casi no le ha dado tiempo de digerir el turrón y el cava porque ya hay que ponerse manos a la obra con las noticias que genera la UE en el recién estrenado 2011: la presidencia húngara y su ley “mordaza” y la entrada de Estonia en el euro son, por ahora, algunos de los temas más comentados…

  • Eva Peña analiza en su blog la entrada de Estonia en el euro Leer
  • Ciudadano Morante da la bienvenida a Estonia a la zona euro Leer
  • Desde la plataforma de blogs europeos Bloggingportal.eu se impulsa una ciberacción contra la ley de prensa húngara Leer
  • En La Oreja de Europa también se habla de la polémica presidencia húngara Leer

La Presidencia húngara de la UE en la Red

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    Periodismo: el negocio está en la calidad

    El sector periodístico ha sido una de las profesiones que más ha sufrido, y sigue sufriendo, las consecuencias de las crisis económica. Tanto, que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), reconoce que se se trata de la peor crisis de su historia: se han perdido la friolera de 3.400 puestos de trabajo en los dos últimos años. Sin embargo, no se trata sólo de una crisis económica, sino que está afectando también a los propios cimientos de la profesión, a su razón de ser (su función innegablemente social, la labor didáctica que esperamos de la comunicación, el servicio público a la ciudadanía), y, como consecuencia, a su credibilidad. ¿Son compatibles los códigos deontológicos con la necesidad de hacer viables económicamente los medios de comunicación? ¿Está reñida la calidad y ese espíritu de servicio con el negocio?

    La FAPE ha intentado dar respuesta a estas preguntas en un documento, aprobado ayer, 20 de septiembre, y firmado en Pamplona, ciudad que da nombre a una Declaración de intenciones que contiene no sólo respuestas, sino una sincera autocrítica sobre el estado en que se encuentra el periodismo en la actualidad.

    En la Declaración de Pamplona se llega a una conclusión vital para el futuro de la profesión: “el periodismo de calidad como un buen negocio”. En definitiva, dar a la ciudadanía lo que se merece. Puede que una crisis de identidad, como la que vive el periodismo, sea al mismo tiempo una oportunidad para replantearse su futuro, sobre la base de una deontología sólida, con la necesaria unidad entre los propios profesionales.

    La creación de Colegios, la mejora en las condiciones laborales y salariales, más posibilidades de conciliar la vida familiar y laboral, un mayor control sobre las condiciones de contratación y sobre la labor que desempeñan los becarios, y sobre todo, más formación y más ética profesional.

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    Soluciones europeas

    Encarna Hernández

    La crisis económica que azota la zona euro nos está dejando estampas históricas también desde el punto de vista televisivo. Hace unos días, la alianza televisiva entre Europarltv (el canal de televisión online del Parlamento Europeo) y Euronews hizo posible que se sentaran en una mesa a debatir los líderes de los principales partidos representados en el Parlamento Europeo, incluido el propio presidente de la Eurocámara. Y lo hicieron afrontando las preguntas lanzadas por representantes de la sociedad civil.

    La crisis del euro, las pensiones o el paro fueron algunos de los temas principales sobre los que debatieron Jerzy Buzek, Guy Verhofstadt (Liberales y Demócratas), Daniel Cohn Bendit (Verdes/Alianza Libre Europea), Joseph Daul (Partido Popular Europeo) y Martin Schulz (Socialistas y Demócratas).

    El empleo es sin duda uno de los problemas más acuciantes para los que la sociedad reclama una respuesta a nivel europeo. El desempleo alcanzó en la UE en el mes de abril más del 10 %, una cifra record. ¿Es posible un plan de recuperación de empleo a nivel europeo? Para el presidente Buzek, la UE dispone de varias herramientas para impulsar la creación de empleo, tales como los fondos estructurales y el programa de formación permanente. Según el polaco, la estrategia de la UE es afrontar la recuperación económica a largo plazo, para lo tendrán que cumplirse dos requisitos: finalizar el mercado único (libre circulación) y mejorar la competitividad a través de una economía basada en el conocimiento. Cohn Bendit, sin embargo, no comparte la opinión de Buzek, y afirma que fortalecer el intercambió libre aún más no va a resolver el problema del paro.

    Por su parte Verhofstadt insistió en que Europa no está creciendo como lo hacen otras economías mundiales: “Europa está estancada económicamente” El problema de fondo, para el belga, es que no hay suficiente cooperación e integración europea, ni una estrategia económica común europea, más allá de las 27 estrategias de los distintos Estados miembros. Daul se refirió también al papel que pueden jugar los sindicatos en la integración europea y reconoció la necesidad de incorporar códigos deontológicos en la regulación de las grandes multinacionales europeas. Schulz profundizó algo más en la idea: un derecho europeo de huelga para fortalecer a los sindicatos a nivel europeo y regulación de los salarios mínimos para empresas que operan en distintos países de la UE.

    Dejando a un lado las distintas adscripciones ideológicas de los participantes en el debate, lo más positivo fue que pudimos ver a políticos buscando soluciones de dimensión europea y proponiendo herramientas también a escala europea, más allá del Sarkozy o Merkel de turno. Ésta es la UE que necesitamos, aunque puede que todo quede en un espejismo televisivo…

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