2014 ¿Las primeras elecciones “europeas”?

Este martes, la Comisión Europea nos sorprendía con el anuncio de una recomendación dirigida a los partidos políticos europeos en la que les pedía que designaran a su candidato a presidente de la Comisión en las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que tendrán lugar en mayo de 2014. Barroso, actual jefe del Ejecutivo comunitario, hacía de este modo una interpretación amplía del art. 17.7 del Tratado de la Unión Europea, enmendado en la reforma de Lisboa, que establece una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión.

European Commission President Barroso holds a news conference on the financial crisis in Brussels

Lo cierto es que ese artículo lo que aportaba, en principio, era una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento del presidente de la Comisión, que no es “elegido” en sentido estricto por la Cámara, ya que es propuesto por los Estados miembros en el Consejo Europeo, teniendo que pasar el trámite del visto bueno de los eurodiputados. Pero, de algún, modo, este mecanismo reforzaba la legitimidad de su designación, al ser investido por la reelegida mayoría del Parlamento Europeo.

Con este anuncio, se da un paso más hacia el objetivo, siempre presente, de que sean los ciudadanos quienes elijan directamente al presidente del “Gobierno” de la UE. Con ello, se pretende, esencialmente, aumentar el atractivo y participación de los ciudadanos en una elección mermada por el escaso interés que despierta entre la ciudadanía. Todo ello en unos momentos especialmente difíciles como los que se viven en la UE, cuyas decisiones precisan más que nunca de la legitimidad que debe otorgarles la voluntad popular.

Unas elecciones de “segundo orden” 

La baja participación testada en sucesivas elecciones al Parlamento Europeo ha sido interpretada en relación a la propia naturaleza y características de estos comicios. La literatura sobre el tema es extensa (Weiler, Haltern & Mayer, 1995; Reif y Schmitt, 1980; Reif, 1985) y nos habla de una elección determinada tradicionalmente por la agenda política nacional; una suerte de examen a medio plazo para el partido nacional de turno que está en el poder. Es por ello que se las conoce como unas elecciones de “segundo orden”, es decir, de importancia menor a ojos de los partidos (que prefieren centrar la campaña en discursos más nacionales que de nivel europeo), de los medios de comunicación y del electorado, en comparación con las de “primer orden”, las elecciones nacionales.

La alta abstención que se registra en las elecciones europeas viene determinada, principalmente, porque sus resultados han tenido escasas consecuencias en el proceso político europeo, ya que no suponen un reparto de poder, es decir, la expectativa imprescindible de cambiar un Gobierno por otro o, como lo expresan Weiler y sus colegas: “to throw the scoundrels out”. La idea de alternancia es esencial en el juego democrático. Ello no ha existido en la UE. ¿Hasta ahora?

¿Las primeras elecciones “europeas” ?

No le falta a razón al Ejecutivo comunitario, cuando destaca que las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 “serán especialmente importantes para la UE”, porque la crisis económica y financiera precisa de una respuesta europea, así como avanzar para solventar los desajustes entre la política monetaria común y las políticas fiscales, avanzando hacia una Gobernanza Económica común. Pero, por fin los líderes europeos son conscientes de que todo avance hacia una mayor integración requerirá el apoyo y la participación de los ciudadanos. Los números rojos de la legitimidad democrática de la UE, antaño sorteados con acuerdos entre élites políticas ante el consenso pasivo de la ciudadanía, son ya insalvables en la situación actual.

Resulta curioso, en este punto, indagar en algunos estudios de opinión de citas electorales pasadas para darnos cuenta de en qué medida ha cambiado la situación en la UE en todo lo que concierne a las preocupaciones de los ciudadanos y su relación con los asuntos que se manejan desde Bruselas. Un Eurobarómetro pre-electoral del verano de 2004 nos mostraba que los ciudadanos europeos percibían un escaso impacto de las actividades de la UE en sus vidas, algo que, sin duda, restaba trascendencia a estos comicios, influyendo en la decisión de ir o no a votar. De dicho estudio se desprendía que la actividad y políticas de las instituciones nacionales, en primer lugar, seguidas de las regionales y locales, tenían un mayor impacto en la vida de los ciudadanos visiblemente por encima de la UE en su conjunto. Está claro que la crisis económica y la respuesta de la UE a esta crisis ha fulminado tales percepciones.

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Otro factor a tener en cuenta es que estamos ante los primeros comicios tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que incorporó reformas institucionales reseñables en lo que respecta a la democratización del proceso de toma de decisiones, con un Parlamento Europeo erigido por fin como poder legislativo a la altura del Consejo, con la extensión de la codecisión como “procedimiento legislativo ordinario”. Aunque lo cierto es que la experiencia nos ha enseñado que las consecuencias de estas reformas tienen sus “límites” si las analizamos desde la óptica de la percepción ciudadana.

A mayores poderes del Parlamento Europeo, mayor abstención 

Históricamente, la legitimidad que un Parlamento electo y reforzado en sus poderes en las sucesivas modificaciones de los Tratados ha  aportado al conjunto del sistema institucional comunitario está sin duda mermada por la baja participación en sucesivas citas electorales, un hecho ligado al escaso conocimiento que la ciudadanía en general ha tenido, y tiene, de tales avances “democráticos”. Lo cierto es que desde 1979 (fecha en que se elige por primera vez por sufragio universal la Eurocámara) hasta la fecha, las elecciones al Parlamento Europeo no hacen sino confirmar la negativa correlación entre el aumento de facultades del Parlamento y la progresiva baja participación en los comicios.

Paradójicamente, lejos de aquella idea que colocaba al Parlamento Europeo y su “empoderamiento” como el factor clave para aumentar la legitimidad de la UE, las elecciones europeas no han hecho sino aumentar la visibilidad del déficit democrático.

En 1979, cuando el Parlamento Europeo está dotado apenas con poderes de supervisión sobre la Alta Autoridad de la CECA y el derecho a enmendar una mínima parte del gasto comunitario, la participación llega al 63%. En el 89, después de que el Acta Única Europea introdujera los procedimientos de cooperación y de dictamen conforme y favorece el rol consultivo de la Cámara, la participación desciende dos puntos y medio respecto a las del 84, situándose en el 58,5%.

Las primeras elecciones tras el Tratado de Maastricht, celebradas en 1994, confirman la tendencia a la baja (56,8%), a pesar de ser la primera reforma de los Tratados en la que se decide equiparar la autoridad legislativa del Parlamento con la del Consejo en las quince materias a las que se aplica la codecisión. Aquí hay un elemento fundamental a tener en cuenta, que se explicita muy bien en los estudios europeos de opinión pública. En un Eurobarómetro posterior a la cita electoral, se recoge que solo el 37 % de los encuestados  conoce que el citado Tratado ha aumentado los poderes del Parlamento Europeo.

Las jornadas electorales de 1999, 2004 y 2009 ratifican la desconexión con la ciudadanía: la participación cae ya por debajo del umbral del 50 %.

¿Podemos esperar, entonces, que la reforma de Lisboa influya en alguna medida para aumentar la participación? Difícil poder afirmarlo, teniendo en cuenta, además, que el último Eurobarómetro confirma el desconocimiento persistente de los ciudadanos europeos, sin ir más lejos, sobre sus propios derechos de participación política, o de otro tipo, ligados al estatus de la Ciudadanía de la Unión.

Por lo tanto, cabe esperar que, a la hora de aumentar el interés por las elecciones europeas sea más importante pensar que estas elecciones pueden ser trascendentes para elegir al presidente de la Comisión Europea, y, por descontado, para decidir el modelo europeo de respuesta a la crisis económica, que, por primera vez, estará en la agenda de los partidos en la campaña, por encima de las clásicas disputas y circunstancias meramente nacionales.

Hablando de partidos políticos…

El “déficit” de partidos políticos europeos 

El desarrollo de partidos políticos verdaderamente transnacionales ha sido difícil dadas las circunstancias en las que se ha movido el proceso de integración y de toma de decisiones en la UE, donde ha primado el modelo intergubernamental, ya sea a través de las CIG o dentro del Consejo de Ministros. Ello ha tenido como resultado el refuerzo del papel de los Ejecutivos nacionales a costa del poder de influencia y de control de los parlamentos y de los partidos políticos. Ha faltado en este punto que los partidos ejerzan como vehículo para impulsar una genuina elección “europea” (véase en este mismo blog “Partidos políticos europeos, democracia y participación).

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El estatuto de los partidos políticos europeos está regulado por una norma de 2004, cuya renovación se viene impulsando desde el Parlamento Europeo con el objetivo de reforzar su marco legal en la legislación comunitaria, para dar mayor autenticidad a la condición transnacional de estos partidos, e impulsar un debate político verdaderamente europeo.

Precisamente en el día de ayer, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo debatía un informe sobre este asunto, con las elecciones de 2014 en el punto de mira. El objetivo es que los partidos de la Eurocámara dejen de ser meros “paraguas” de sus matrices nacionales, dotándolos de personalidad jurídica en base al Derecho comunitario, con financiación más flexible y transparente, y un campo de actuación mayor, pudiendo participar en campañas de referendum sobre cuestiones que atañen a la UE.

¿Serán suficientes todos estos “impulsos” para que en 2014 podamos hablar, por primera vez, de elecciones “europeas”? 

Tendrán que confluir varios factores:

-La expectativa de alternancia política, con una verdadera correlación entre la voluntad popular expresada en las urnas y el presidente de la Comisión que junto a su equipo salga refrendado de la mayoría electa del Parlamento Europeo.

-El desarrollo de una campaña de dimensión europea centrada en cuestiones comunes que nos atañen a todos los europeos. Debate europeo frente a las clásicas riñas “domésticas”. En España, por ejemplo, lo comicios no deberían ser un examen para el Gobierno de Rajoy, sino para la visión de ajustes, recortes y contención del gasto impuesta desde Bruselas. Votamos por un modelo europeo para salir de la crisis, que debe ser el eje esencial del discurso de los partidos en la campaña. Los partidos políticos europeos deben pasar, por ello, el examen de su discurso y alcance transnacional.

-Por último, que, si se dan estos factores, los europeos seamos capaces de ver la trascendencia de nuestro voto para el desarrollo de nuestras vidas, eligiendo un modelo de Europa que se reflejará en las políticas que implementarán nuestros Gobiernos.

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Nueva edición del concurso de blogs de las Instituciones europeas

Se acaban de dar a conocer las bases de la tercera edición del concurso de blogs “Espacio Europa”, que premia desde hace tres años a las mejores bitácoras que tienen como referente la temática europea, sus políticas, sus instituciones, así como el futuro de la integración comunitaria. Este año, la novedad es que el concurso es convocado no sólo por la Comisión Europea y la Eurocámara, sino que se lanza en colaboración con la Presidencia de turno de la UE, en este caso la danesa.

Es por ello, que además de las clásicas categorías como mejor blog o mejor post, así como aquellas relacionados con el Año Europeo (en 2012, la temática gira sobre el envejecimiento activo y el diálogo intergeneracional), se incluye un nuevo apartado para premiar los mejores escritos sobre la UE y la defensa del medio ambiente. Recordemos que Dinamarca es conocida como el país más “verde” de la UE. De ahí, que los premios también cambien, y se incluya un viaje a Dinamarca para esta categoría, además del tradicional viaje a Bruselas, con un amplio programa de actividades.

Como sabéis, esta bitácora, “Más Europa”, se llevó el premio al mejor blog sobre la Unión Europea en la pasada edición (podéis leer aquí el fallo del jurado) por lo que en esta ocasión he decidido no presentar candidatura, y, por el contrario, animar a otros blogs europeos que aún no han sido premiados y que contribuyen de especial manera al debate europeo en Internet a probar suerte y vivir una experiencia realmente única, como la que vivimos los premiados en pasadas ediciones, a los que se nos brindó la oportunidad de pasar unos días estupendos en la capital de Europa, en los que pudimos conocer por dentro el trabajo de las instituciones europeas, sobre las que tanto hablamos en nuestros blogs. Tenéis una pequeña crónica aquí, que escribí al volver del viaje. 

Y no quisiera acabar esta entrada sin agradecer a las instituciones europeas su compromiso real con el activismo europeo en la Red, que se valora, se premia y se cuida. No puede ser de otro modo, ya que Internet, los blogs y las redes sociales son fundamentales para expandir y profundizar en un debate auténticamente europeo, tal y como nos contaba en una entrevista Bárbara Quílez, responsable de la web del Parlamento Europeo, institución pionera y referente en el uso de los medios sociales.

Os dejo con un enlace a las bases del concurso. Escribir sobre Europa tiene premio. Mucha suerte a todos.

El Debatejoven.eu se hace mayor

El pasado 13 de abril, en la Facultad de Economía de la Universidad de Murcia, se celebró la jornada de la décima edición del Debatejoven.eu de la Región de Murcia (la quinta, en realidad, con este nombre), una iniciativa que invita a los jóvenes universitarios de la Región a debatir sobre aspectos fundamentales o de actualidad de la Unión Europea. Fue éste un debate joven especial, no sólo por lo simbólico de la décima edición, sino, muy especialmente, porque, por primera vez, los grupos de trabajo tuvieron que preparar una simulación de Iniciativa Legislativa Europea, sobre un tema que consideraran de necesaria legislación comunitaria, y que debía ajustarse a los ámbitos de competencia de la Comisión Europea. Es decir, los grupos de trabajo debían presar especial atención a la base jurídica de la propuesta, algo que no es nada fácil, teniendo en cuenta que no todos eran estudiantes de Derecho.

Es importante resaltar que este ejercicio es absolutamente pionero, por lo que hay que felicitar a los promotores y organizadores del acto (la Dirección General de Administración Local, Relaciones Institucionales y Acción Exterior de la CARM) por tan novedosa y provechosa iniciativa. Y digo provechosa porque, además, las dos iniciativas ganadoras no se quedarán sólo en una simulación, sino que serán presentadas ante la Comisión en el viaje que los premiados realizarán a Bruselas, para conocer las Instituciones europeas por dentro.

La jornada, tras la inauguración que corrió a cargo del presidente de la Comunidad Autónoma, D. Ramón Luis Valcárcel, comenzó con una mesa redonda en la que me encargué de moderar a tres grandes oradores y buenos conocedores de la Iniciativa Ciudadana: la eurodiputada del PPE Cristina Gutiérrez Cortines (una veterana del debate joven), el miembro del Comité de las Regiones Roberto Pella, el director de la Representación de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca, así como una de las principales expertas en participación ciudadana en la UE, la Doctora Susana del Río. Fue un debate espléndido, con visiones absolutamente complementarias dentro de la diversidad de enfoques, por parte de personas que no sólo saben de qué va esto, sino que, principalmente creen en esto y ponen pasión en ello.

Un momento de la mesa redonda: Susana del Río, Encarna Hernández y Francisco Fonseca

Y tras la mesa redonda, los grandes protagonistas de la jornada, los estudiantes, presentaron sus propuestas de Iniciativa Legislativa, 19 en total, y todas ellas de una gran calidad. Las temáticas, muy variadas: acceso a la cultura de las personas con discapacidad; derecho de asilo; sistema educativo europeo inclusivo; eliminación de barreras administrativas para estudiantes de países no UE-EEE; regulación de la gestión y financiación de investigación básica y aplicada; modificación de la Directiva de residuos; energías renovables; uso seguro de las playas europeas; sistema de reciclaje SDDR; alimentos transgénicos; E-health (un sistema europeo de historiales médicos, acompañado de una presentación audiovisual a la que pusieron mucho entusiasmo e imaginación, y que los ponentes de la mesa animaron a traducir al inglés y difundir a través de la Red); regulación de la reincidencia en la UE; seguridad y otros derechos de los ciudadanos; ámbito laboral; codesarrollo y compensación por la inversión de terceros países en educación; comercio justo; fomento y apoyo de los emprendedores y autónomos.

Fueron dos iniciativas sobre la conservación y donación de las células del cordón umbilical y sobre la Directiva Marco de Aguas las que resultaron ganadoras. La primera fue elaborada por el grupo de trabajo ‘Erlenmeyer’ de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia, integrado por Carlos Rubio, Inés Serrano, Marta Esquiva, Violeta Carmona, Virginia Martín, Laura Talavera, Fernando López y Claudia Torregrosa, y proponía la “Regulación de la crioconservación y donación de las células del cordón umbilical”.

La segunda propuesta premiada fue desarrollada por el grupo ‘UPCT‘ de la Escuela de Ingeniería de Caminos y Minas de la Universidad Politécnica de Cartagena, compuesto por Antonio Salvador Pascual, María del Pilar Peñapareja, Raúl García, Gemma Elena Molina, Daniel Navarro, Félix Pérez, Luis Manuel Navarro, Francisco José Pallarés, que planteaban “La realidad sobre la Directiva Marco de Aguas, sus carencias estructurales y propuesta de mejora”.

La consejera de Presidencia y Administraciones Públicas, María Pedro Reverte, entregó a los 16 miembros que conforman ambos equipos los diplomas acreditativos del premio

Enhorabuena a las 19 iniciativas. Son todas ganadoras. Todos los grupos de trabajo aportaron un debate de altura, en esta décima edición de un debatejove.eu que se hace mayor, cuantitativa y cualitativamente. Hasta el año que viene.

debatejoven.eu

La comisaria Vassiliou insta a los Estados miembros a no recortar en educación

La Comisión Europea presentó el pasado 19 de abril un nuevo informe sobre el progreso de la educación y la formación en la UE (2010/2011), en el que pone de manifiesto, según informó la Institución en un comunicado, el buen ritmo en los avances en distintos indicadores de referencia marcados en el horizonte de 2020, pero, a su vez, la necesidad de redoblar esfuerzos para lograr alcanzar los objetivos previstos, especialmente en lo relativo al abandono escolar.

El informe, que mide los progresos logrados por los Estados hasta la fecha de 2010 en relación a los valores de referencia fijados, denota que, a pesar de los avances, los países de la UE sólo han alcanzado el objetivo de aumentar el número de titulados en matemáticas, ciencia y tecnología en un 37 % desde el año 2000, superando con creces el objetivo del 15 %. Aunque también se ha logrado avanzar en la lucha por reducir el abandono escolar, los progresos son aún insuficientes, situándose la proporción de abandonos prematuros en el 14,4 %, todavía lejos de la meta de situar esta cifra por debajo del 10 %, algo que supondría 1,7 millones de abandonos escolares menos en la UE.

Androulla Vassiliou, comisaria de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, insistió en la presentación del informe en situar el abandono escolar como uno de los principales retos pendientes, un problema que aún afecta a uno de cada siete jóvenes en la UE. Aún así, la comisaria destacó que ahora muchos más jóvenes que hace diez años terminan la enseñanza secundaria y citó los avances logrados en la obtención de titulaciones superiores, que ha aumentado un 32,3 %, aunque la meta es elevar este porcentaje hasta el 40 % en los próximos diez años.

Androulla Vassiliou, durante la presentación del informe © European Union, 2011

Vassiliou instó, a su vez, a los Estados miembros a no recortar los presupuestos en educación, a pesar del actual contexto de crisis económica. La comisaria europea insistió en que “el gasto en educación es una buena inversión para el empleo y el crecimiento económico y, a largo plazo, es rentable”. En todo caso, aclaró la comisaria, “en momentos de tensiones presupuestarias, hemos de asegurarnos de que los recursos se utilicen de la forma más eficiente posible”.

En lo que se refiere al progreso del resto de indicadores de referencia medidos en el informe, el porcentaje de jóvenes de quince años que sigue teniendo dificultades de lectura sigue estado en el 20% (uno de cada cinco ) lejos del objetivo de colocarlo por debajo del 15 %. Respecto a la tasa de participación de adultos (entre 25 y 64 años) en programas de educación y formación, se pretende elevar la media actual, de un 9,3 %, hasta el 15 %, lo que supondría que 15 millones más de adultos participen en estos programas en 2020.

El informe incluye datos de todos los Estados miembros y de la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Croacia, Islandia, Liechtenstein, Noruega y Turquía, y aporta un desglose detallado de las cifras correspondientes a cada país. Está previsto que en las próximas semanas los Estados miembros presenten a la Comisión sus programas nacionales en educación, que deberán contemplar los objetivos fijados a nivel nacional para cada uno de los indicadores de referencia, así como la estrategia para alcanzarlos.

Así mismo, según informó la Comisión Europea en el mismo comunicado, ésta presentará en breve los nuevos valores de referencia que se proponen en materia de empleabilidad y movilidad en el ámbito del aprendizaje.

Europa se la juega en la negociación presupuestaria

Por Encarna Hernández

Foto: ©BELGA_imagebroker_Michaela Begsteiger

No hubo acuerdo. Los Gobiernos de los 27 y el Parlamento Europeo dieron por “rotas” las negociaciones sobre el presupuesto de la UE para 2011. ¿Cómo se ha llegado a este punto? Suena algo frívolo, pero no podemos sino recurrir a la típica expresión de “se veía venir”. Se veía venir porque un bloque de Estados ya había manifestado su frontal oposición a algunos de los factores clave que se dan cita en esta nueva negociación presupuestaria.  Hablamos, en concreto, del nuevo papel jugado por el Parlamento Europeo tras Lisboa, y que reclama también su parte de protagonismo en la elaboración de marco presupuestario plurianual (2014-2020); de la necesidad o no de incrementar el presupuesto, y en qué cuantía; y, por último, de la polémica sobre la creación de impuestos “europeos” para asegurar la capacidad de movimiento y la autonomía de la UE.

No hubo acuerdo, pero, ¿podía haberlo? ¿Podía, puede, haber un punto medio entre dos visiones antagónicas del futuro de la integración europea? Por un lado, Más Europa, una UE con más autonomía, con más medios, donde el Parlamento Europeo (representante de la soberanía popular europea) y la Comisión (garante del interés común) sean los protagonistas e impulsen y tomen la decisiones. Frente a esa quimera, la cruda realidad: la Europa de los Estados, la Europa de las resistencias soberanistas, la Europa que no puede caminar con pasos comunes, ni hablar con una sola voz. La Europa de máximos frente a la Europa de mínimos.

Pero, pongámonos en situación. La polémica saltó en el mes de agosto cuando, el comisario Lewandowski adelantó la propuesta de la Comisión de crear nuevos impuestos “europeos” que irían directamente a las arcas del presupuesto de Bruselas. La Comisión era partidaria de un nuevo régimen fiscal que consistiría en que se recaudaría el dinero para el presupuesto comunitario de forma directa y específica. Las opciones de recaudación serían, entre otras, un impuesto sobre el transporte aéreo, otro sobre las transacciones financieras, así como otra cantidad derivada de la subasta de emisiones de CO2. La cuestión es simple: la UE precisa de más “recurso propios” para tener más capacidad de movimiento y más autonomía respecto a los Estados miembros, que son los que financian, a través de sus contribuciones, las tres cuartas partes del presupuesto comunitario.

David Cameron. Foto: EFE

También por estas fechas veraniegas se debatía sobre la propuesta de la Comisión de aumentar el presupuesto de 2011 en casi un 6% respecto al año anterior, algo que no gustó a algunos Estados, especialmente a Reino Unido, Holanda, Suecia o Dinamarca. Estos países defendían un mayor estancamiento presupuestario, en un momento en el que los 27 se esfuerzan por implementar “espartanos” planes de ahorro para recortar del déficit. Sin embargo, estos recortes tendrían serias consecuencias en la capacidad de la UE para implementar sus políticas y afectaría muy especialmente a la Política de Cohesión y a la PAC , así como nuevo Servicio Europeo de Acción Exterior.

Pues bien, con estos antecedentes, llegó el debate otoñal en el Parlamento Europeo, y pasó lo que tenía que pasar: no hay acuerdo entre la Eurocámara y el Consejo. El citado bloque de países, se niega a considerar que la UE aumente sus recursos propios a través de impuestos “paneuropeos”, y tampoco acepta que el PE sea protagonista en la elaboración del nuevo marco presupuestario plurianual.

¿Qué consecuencias puede tener esta ruptura de negociaciones? Se habla incluso de ir prorrogando el presupuesto de la UE de forma mensual. Es decir, a través de acuerdos de mínimos. La clave, a partir del próximo lunes, cuando se reanudarán las negociaciones, es que el Consejo acepte, a cambio de la cesión del PE de congelar el gasto, un papel más activo de esta institución a la hora de negociar el marco presupuestario a partir de 2013.

La postura del Parlamento es más que lógica: reivindicar, de una vez por todas, en papel menos residual en las negociaciones donde se toman las grandes decisiones y estrategias de futuro de la Unión. Esto es dar verdadero poder a los ciudadanos, a través de los representantes que han elegido de forma directa y democrática. Esto es avanzar de verdad hacia la Europa de los Ciudadanos. Colocar al ciudadano, definitivamente, en el centro de todas y cada una de las políticas europeas.

Queda también por determinar, las consecuencias de la congelación del gasto para el futuro de políticas como la cohesión (cuya reforma a partir de 2014 es inminente) o para la puesta en marcha del nuevo cuerpo diplomático de la UE, sobre el que se ciernen serias dudas para su efectivo desarrollo sin la necesaria financiación. La conclusión es lógica: si la UE se propone unos objetivos ambiciosos de aquí a 2020, el presupuesto, los métodos de financiación y la capacidad de maniobra de la UE también deben ser vistos desde un prisma ambicioso. De lo contrario, la Europa 2020 y e incluso 2030 se quedarán en pura retórica. Europa se la juega en la negociación presupuestaria.

Más Información:

Comisión Europea – Presupuesto Link

Parlamento Europeo – Guía Básica sobre el Presupuesto de la UE Link

¿Habemus líder?

Encarna Hernández

Primera sesión plenaria del nuevo curso legislativo en el Parlamento Europeo y plato fuerte para empezar: el estreno de una nueva fórmula de debate y control político en la Eurocámara, al más puro estilo norteamericano. En el centro del hemiciclo (primera novedad), José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, decidido a relanzar su liderazgo al frente de la Unión, se dispone a pronunciar ante aproximadamente 600 eurodiputados (record de asistencia, con amenaza de multas incluida) el primer discurso sobre el estado de la Unión. Dos horas y media después, la prensa internacional sigue dividida sobre el resultado: Barroso, ¿líder político o simple tecnócrata? ¿un presidente para los europeos o al servicio de las presiones del eje París-Berlín?

©European Parliament

¿Un nuevo Barroso?

Barroso centró su intervención en cinco cuestiones candentes, que respondió entre el marcado optimismo para unas (caso de la crisis económica y financiera, el empleo o la política exterior de la Unión) y la tibieza y falta de concreción para otras (las expulsiones de gitanos en Francia y el impuesto europeo). Sobre todo, recalcó que la clave está en el esfuerzo y el compromiso común, hablando siempre de trabajar en interés de todos, lo que él llamó actuar con “mentalidad europea”. ¿Estábamos ante un nuevo Barroso, decidido a ocupar un liderazgo europeo, con mentalidad europea, hasta ahora vacío? ¿Es el portugués ese líder reconocido y reconocible para los europeos? ¿puede serlo? ¿o nos agarramos a un clavo ardiendo?

Algunos medios europeos han incidido en que se trataba de mera “palabrería”, carente de auténtica ambición política para dar un verdadero impulso, ninguna propuesta realmente ambiciosa, ninguna gran promesa. El Barroso de siempre, se afirma: “habla mucho y dice poco”. Aunque decir dijo, y mucho.

Optimismo en lo económico

Lo que destacaron la mayoría de medios de comunicación fue el “tono optimista ” de Barroso en torno al primer punto de su intervención: la crisis económica y financiera. Así fue. El presidente de la Comisión subrayó que Europa había superado la prueba del rescate griego y de la crisis del euro y que se habían establecido las bases para la modernización de las economías europeas y para un gobierno económico común. Sostiene Barroso que “la perspectiva económica de la UE es hoy mejor que hace un año”, en gran parte porque se ha actuado con determinación.

Europa apuesta, afirma Barroso, por unas finanzas estatales saneadas, por la supervisión financiera y por la transparencia bancaria. La solución, en todo caso, debe ser europea: “Europa debe demostrar que es algo más que 27 soluciones nacionales diferentes. O nadamos juntos, o nos ahogamos por separado”.

En materia de empleo, Barroso fue claro con el papel de la UE, toda vez que las competencias en este ámbito pertenecen a los Estados. Habló de reforzar el mercado único para crear empleo, de la formación permanente, de un pasaporte europeo de cualificaciones e incluso de un futuro “sistema europeo de seguimiento de la oferta de empleo”, para facilitar el acceso a la oferta de empleo de toda la UE. Tampoco se olvidó de las pequeñas y medianas empresas (las que más empleo crean) y de la necesidad de mejorar su competitividad, a través de la innovación y de la relajación de los trámites burocráticos.

Tibia condena de las expulsiones de gitanos en Francia

Daniel Cohn Bendit

Se esperaba más de Barroso en este asunto y le han llovido, justamente, las críticas. Barroso se limitó a reivindicar el compromiso europeo para con los derechos humanos y con las minorías. Todos sabíamos de qué estaba hablando, pero eludió, incomprensiblemente, citar a Francia. En su lugar, recordó que “el racismo y la xenofobia no tienen cabida en Europa” e hizo un “llamamiento a que nadie despierte a los fantasmas del pasado de Europa”. Ese “nadie” es Francia. Pero Barroso lo omitió.

La respuesta de algunos eurodiputados fue rotunda. Verhofstadt: “Los gitanos son ciudadanos europeos. ciudadanos por completo”. Cohn-Bendit: “Esta Comisión es campeona de Europa de las declaraciones genéricas, pero no es capaz de señalar con el dedo situaciones particulares en ciertos Estados miembros”.  Martin Schulz: recrimina a Barroso por no decir claramente que lo que pasa en Francia es una “caza de brujas” y su mención a Francia hubiese demostrado al país miembro que la Comisión está dispuesta a “dar batalla” en este asunto.

En su editorial del día posterior al debate, titulado Europa ante Francia ,el diario El País señalaba la falta de firmeza de Barroso, acusándole de “vivir en la inopia”. El periódico lamentaba que esto estuviese ocurriendo precisamente justo cuando la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE había cobrado plena vigencia con su reconocimiento en el Tratado de Lisboa. La Comisión, afirma el editorial, es un “vulgar cómplice” de Francia, y le recuerda que no actúa sólo en nombre de los franceses, sino de todos los europeos, “en nuestro nombre”.

Presupuesto: la cuestión de los recursos propios

Durao Barroso reconoció que la cuestión de los recursos propios de la UE debe acometerse de forma ineludible, dadas las limitaciones del sistema actual, que considera agotado. La creación de un impuesto europeo, que iría directamente a las arcas del presupuesto de Bruselas ha sido una cuestión candente ester verano, y lo seguirá siendo, pues la Comisión debe concretar su propuesta este mes de septiembre. En todo caso, Barroso destacó que este presupuesto no es para la Comisión, es para los ciudadanos, para que la UE tenga libertad de movimiento y pueda implementar sus políticas y proyectos en beneficio de los ciudadanos.

Joseph Daul - ©European Parliament/Pietro Naj-Oleari

Los dos grandes grupos, por su parte, mostraron tanto su apoyo como sus dudas ante la idea de un impuesto paneuropeo: Joseph Daul (PPE), recalcó que había que romper el “tabú” en este sentido, pues el impuesto contribuiría a una mejor financiación de las políticas comunitarias, sin incrementar al tiempo la carga impositiva. El socialista Martin Schulz, por su parte, reconoció como muy complicado el hecho de alcanzar la unanimidad entre todos los Estados en el Consejo en este asunto.

La política exterior: eterno asunto pendiente

Barroso destacó el papel decisivo que van a jugar las nuevas instituciones creadas en Lisboa para relanzar la política exterior de la Unión y su papel de liderazgo en el mundo. Al Servicio Europeo de Acción Exterior, comandado por la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, se le augura el papel de exprimir el potencial de Europa en la escena política internacional. Afirma Barroso, que sus socios esperan que Europa actúe unida y que, de no ser así, lo países miembros, por separado, también sufrirán las consecuencias en cuanto a pérdida de influencia.

El presidente la Comisión destacó la cumbre del clima celebrada en Copenhague como un claro ejemplo de lo que no puede volver a ocurrir: “nos hicimos un flaco favor al no hablar con una sola voz”. “O actuamos juntos o ellos se moverán sin nosotros”, sentenció Barroso, aunque, como le recordó después Joseph Daul, el mundo ya avanza, de hecho sin la UE, en referencia a la ausencia de ésta en las negociaciones de Oriente Próximo, pese a ser el mayor donante en la zona (unos 1.000 millones de euros anuales).

Barroso ¿un líder para Europa?

Acercar a Barroso a los ciudadanos. Ese es el objetivo de la nueva estrategia de comunicación de la Comisión Europea, comandada por una de las mujeres de confianza del presidente: la comisaria Viviane Reding. Hace unos días saltaba a los periódicos la noticia de esta nueva estrategia, que pretende relanzar el protagonismo de Barroso ante la opinión pública: fotografos 24 horas, productores de televisión, todo para hacer del jefe del ejecutivo europeo una auténtica estrella mediática y, por tanto, una cara visible y reconocible para los ciudadanos europeos.

El debate sobre el estado de la Unión celebrado esta semana es un ejemplo más de esta estrategia, y se podría afirmar que ha sido todo un éxito. Para bien o para mal, con críticas más o menos duras, Barroso ha sido protagonista en todas las grandes cabeceras del Continente, también en las más pequeñas, en la prensa regional, en las principales cadenas de televisión… El mensaje de Barroso llegó a la ciudadanía. Otra cosa es que la ciudadanía sepa descifrarlo.

Se dice de Barroso que no deja de ser un tecnócrata, y que, por ende, su discurso es blando y tecnocrático” o, lo que es lo mismo, incomprensible para la ciudadanía de a pie. ¿Sabe Barroso llegar a la gente? Si algo tenemos más o menos claro a estas alturas, es que es mejor comunicador y más mediático que figuras como Buzek, Van Rompuy o Ashton. Y lo demostró en su discurso ante la Eurocámara.

Se le acusa también de obviar en su discurso la desafección de la ciudadanía hacia la UE, patente en las últimas encuestas del eurobarómetro y, en su lugar, como buen tecnócrata, hablar de lo que se va a hacer, de su programa de trabajo. Pero lo cierto es que Barroso si mandó un mensaje a la ciudadanía: “Lo que realmente importa es lo que las Instituciones aportan a los ciudadanos. Lo que importa es el cambio que Europa aporta a sus vidas diarias”, afirmó.

¿Qué más pruebas quieren? Europa no va a avanzar sólo con palabras bonitas o con políticos que, por así decirlo, “caigan bien a la ciudadanía”. Europa va a avanzar con tres cosas: con trabajo, con compromiso y con sacrificio. Añadan a las tres la palabra común después. Todo ello vino a proponer Barroso. ¿Habemus líder? Sí, Habemos líder, Habemus Más presidente.


Un impuesto europeo

Encarna Hernández

Los cocineros económicos de Bruselas siguen dándole vueltas a las posibles recetas que se pueden aplicar para que la UE emprenda el camino de la salida de la crisis, pero haciéndolo de una manera reforzada, logrando mayor independencia frente a los Estados y más capacidad de maniobra presupuestaria. Sobre todo, este mes de agosto, las cuestiones fiscales y presupuestarias han añadido algo de picante a la receta de la recuperación económica: en medio del debate sobre la necesidad de austeridad en el próximo presupuesto de los 27, la propuesta del comisario Lewandowski de crear un nuevo impuesto europeo, que iría directamente a las arcas del presupuesto de Bruselas, ha desatado la polémica y el rechazo frontal de algunos Estados miembros. Otra vez más, la resistencia de las soberanías europeas a ceder competencias en materias clave, tales como las tributarias, choca con la idea de una auténtica gobernanza económica europea, en definitiva, con la utopía de “Más Europa”.

Un impuesto paneuropeo. La propuesta de la Comisión, que se concretará en septiembre, no es otra que un nuevo régimen fiscal que consistiría en que se recaudaría el dinero para el presupuesto comunitario de forma directa y específica. Las opciones de recaudación serían, entre otras, un impuesto sobre el transporte aéreo, otro sobre las transacciones financieras, así como otra cantidad derivada de la subasta de emisiones de CO2. ¿Dónde irían a parar esos impuestos? Pues en tres direcciones de financiación: la lucha contra el cambio climático, desarrollo internacional y futuros e hipotéticos rescates bancarios. Y, en realidad, lo que está en el trasfondo de todo este asunto no es otra cosa que la manida y vieja cuestión de los “recursos propios”, toda vez que la UE, en la actualidad, se financia en cerca de unas tres cuartas partes con las aportaciones directas que los Estados miembros realizan al presupuesto comunitario. En un principio, parecería que los países contribuyentes netos de la UE podrían estar a favor  de este tipo de medidas, de cara a reducir su contribución, pero un Estado como Alemania ya ha anunciado su frontal oposición. Tema delicado el de la transferencia de competencias soberanas en este tema.

¿Cómo se financia la UE? ¿De qué hablamos cuando hacemos alusión al tema de los recursos propios? Podríamos comenzar a explicarlo con un paralelismo, muy relacionado con la evolución en los poderes presupuestarios de una institución como el Parlamento Europeo. Tan sencillo como que en los años 70 la reforma del sistema de financiación de la Comunidad fue el momento preciso para dotar al PE de competencias en el proceso de adopción del presupuesto de la CE. Hasta 1970, la CE se financia a través de las contribuciones de los Estados miembros, aunque en el propio Tratado de Roma ya se prevé un periodo de transición hacia un sistema de “recursos propios” (art. 201 del Tratado CEE). A su vez, los Tratados presupuestarios de Luxemburgo (1970) y Bruselas (1975) establecen, respectivamente: la institucionalización de un sistema de “recursos propios” y la dotación de competencias presupuestarias al PE para la enmienda de los gastos de tipo “no obligatorio”, así como la consolidación del rol de la Cámara en el proceso presupuestario, al otorgarle cuatro poderes más, tres relacionados con la adopción del presupuesto y otro sobre su implementación.

En una Decisión de 21 de abril de 1970, el Consejo de Ministros decide la financiación autónoma de la CEE mediante recursos propios “tradicionales” (derechos de aduana, recursos de origen agrícola y cotizaciones del azúcar) y recursos basados en el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). En 1988, el Consejo añade otro recurso basado en el PNB, que posteriormente se sustituye por el del RNB.

El pequeño presupuesto comunitario ( supone el 1 % del GNI de toda la UE), tiene, sin embargo, una gran repercusión en lo que se refiere al gasto en el sector agrícola y en fondos estructurales. La creación de un sistema de “recursos propios” es el corolario ineludible para hacer posible una Política Agrícola Común, reclamada sobre todo por una Francia que, irónicamente, es reacia en su momento a aceptar la otra forzosa consecuencia de la introducción de la PAC: dotar al Parlamento Europeo de ciertos poderes presupuestarios. El establecimiento de las “own resources” abre el debate acerca del control sobre la adopción e implementación del presupuesto comunitario, toda vez que los Parlamentos nacionales han perdido todo el poder sobre la distribución del mismo.

Finalmente, es la distinción introducida por Francia entre gastos “obligatorios” y “no obligatorios” la que marca el límite de los poderes presupuestarios del PE. Sobre los gastos “obligatorios” (aquellos que se derivan obligatoriamente del Tratado o de la normativa derivada de éste), el Parlamento sólo puede presentar propuestas de modificaciones, siendo el Consejo el que decide en última instancia. La Cámara tiene, por el contrario, poder de enmienda sobre los gastos “no obligatorios” (otros gastos, entre los que se incluye el gasto administrativo). La naturaleza de los gastos determina así el reparto de poder entre las dos Instituciones que constituyen la autoridad presupuestaria, dejando bajo control parlamentario alrededor de la mitad de la décima parte del gasto anual comunitario.

Con el proyecto de Constitución europea, y finalmente con el Tratado de Lisboa, se materializa la reforma del procedimiento presupuestario para eliminar la distinción entre gastos “obligatorios” (el Consejo tiene la última palabra) y “no obligatorios” (el Parlamento Europeo decide en última instancia), lo que determina, a su vez, la definitiva atribución a la Cámara de competencias de decisión sobre la totalidad del presupuesto anual. Y este esquema es el que primará para decidir sobre el presupuesto de 2011, sobre el que también hay desatada cierta polémica….

La crisis aprieta el cinturón del presupuesto comunitario. En un momento en el que los 27 se esfuerzan por implementar “espartanos” planes de ahorro para recortar del déficit, la propuesta de la Comisión de aumentar en un 5,7 % el presupuesto comunitario para 2011 no cayó muy bien entre los Estados miembros, especialmente entre un grupo de países, entre ellos Reino Unido, Holanda, Suecia o Dinamarca. Aunque aún debe debatirse en el Parlamento Europeo en otoño, los Estados pretenden que el presupuesto comunitario sólo se engorde, o incluso menos, en un 2,9 % más respecto del ejercicio anterior, lo que supone 3.600 millones de euros menos de lo propuesto por la Comisión, estancando el presupuesto de la UE en un total de 126.527 millones de euros.

Los recortes afectarán muy especialmente a dos de las principales partidas presupuestarias: los fondos de cohesión y la agricultura, precisamente en un momento en el que está sobre la mesa la futura revisión de ambas financiaciones. Los gastos administrativos, que suponen una ínfima parte del gasto comunitario, también sufrirán un importante recorte, algo que arroja aún más dudas sobre la puesta en marcha del servicio europeo de acción exterior.

Una cosa está clara: la UE debe apretarse el cinturón. El problema es cómo encajar esta premisa con la necesidad de acometer la aplicación de las previsiones de Lisboa y emprender la reforma en la financiación de la PAC (se habla de posible cofinanciación con ayudas directas), del mismo modo que la reformulación de la nueva política regional para que las ayudas lleguen más rápido a las regiones y su implementación sea más eficaz en tiempos de crisis. Como se suele decir: es el pez que se muerde la cola.

Más información:

EU Budget

Presupuesto de la UE

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