Estado del bienestar: un debate mal planteado

Hoy reproducimos en el blog un artículo publicado en América Economía que nos ha parecido realmente interesante sobre una cuestión que está situada en el centro del debate sobre las repercusiones de la crisis económica en Europa. ¿Es posible continuar con el modelo de Estado del bienestar que conocemos en el Continente hasta ahora? El autor de esta reflexión, Héctor Casanueva, director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (Celare), advierte de las consecuencias sociales desastrosas de un “debate mal planteado” y toma el modelo Europeo como referencia para esta cuestión en América Latina.

Casanueva Estado Bienestar

 

El reciente discurso del rey de Holanda ante el Parlamento, en el que señala la insostenibilidad del “clásico Estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”, ha caído como agua de mayo a los euroescépticos y a la derecha del Estado minimalista en Europa y también por estos lados. Curioso, además, que lo plantee un monarca en un país gobernado por la socialdemocracia, que es el cuarto del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, tiene un desempleo en torno al 7% y un per cápita de US$46.000. ¿Qué queda entonces para España o Grecia? ¿Y para nosotros?

Desde que la crisis de 2008 comenzó a poner en evidencia los problemas financieros de los países europeos, se volvió a instalar con mucha fuerza el debate iniciado hace tres décadas por el thatcherismo, acerca del modelo de protección social característico del viejo continente, llamado “Estado del bienestar”, y que es indisociable del proceso de integración de Europa, basado en solidaridad, paz y cooperación.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Las dificultades para asegurar su financiamiento, con los consiguientes recortes presupuestarios en las prestaciones, así como los efectos del reto demográfico, entre otros factores, pero especialmente la crisis de empleo, especialmente juvenil, generan una distorsión en este debate. Por un lado se considera que la crisis es consecuencia del modelo, y por otra quienes la sufren exigen que el Estado no sólo mantenga, sino intensifique las políticas de protección social, pese al problema real de financiamiento público, producto a su vez, de una pérdida de competitividad de las economías europeas, incapaces de crecer y crear empleo.

La discusión sobre el modelo se ha trasladado con cada vez mayor intensidad a América latina, donde se han ido alineando tres posiciones: una de derechas, muy crítica del modelo europeo y que coincide en atribuir al mismo su crisis financiera, con la consiguiente advertencia de que no se nos ocurra adoptarlo, abogando por políticas asistenciales muy acotadas y una protección social centrada en la responsabilidad individual; otra, de izquierdas, que aboga por un Estado fuerte y protector, muy presente en los distintos frentes de la vida económica y social, con importantes dosis de populismo, y muy riesgoso en términos de estabilidad económica. Y una tercera que podríamos llamar de centroizquierda, cuyo planteamiento es de un Estado que asegure una protección social universal básica en educación, salud y pensiones, debidamente financiada a través del crecimiento económico y políticas fiscales responsables.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Lo primero es distinguir entre “Estado del bienestar” y “Estado benefactor”, pues no significan lo mismo. El primero, implica una responsabilidad que debe asumir el Estado como garante del bien común, en una concepción solidaria de la organización social, para hacerse cargo como sociedad de garantizar estándares mínimos de calidad de vida a toda la población, dadas las inequidades que inevitablemente se generan en el cuerpo social por la sola aplicación de las leyes del mercado. Lo segundo, que es a lo que se dirige la crítica de la derecha más consciente, implica una deformación y extralimitación del concepto anterior, ya que traspasa solamente al Estado las responsabilidades de la propia vida, y ello evidentemente no solo implica una injusticia, sino un adormecimiento de las capacidades de emprendimiento, con las consecuencias de pérdida de productividad y competitividad general, además de ser insostenible financieramente.

A esto último es a lo que se refirió el rey de Holanda, y a lo que se refieren muchos partidos y líderes europeos, CDU incluida, que necesariamente debe ser reformado, avanzando hacia la necesaria “co-responsabilidad” en el bienestar, pero en ningún caso se debe interpretar como el llamado al abandono de una política social que está en la raíz y el fundamento mismo de este modelo.

Hace unos meses, la ministra de asuntos sociales de Francia, Mme. Marisol Touraine, en un interesante coloquio en la Universidad Central de Chile, nos afirmaba categóricamente que el Estado del bienestar no estaba en discusión, sino su financiamiento. Y así como el rey holandés plantea una “sociedad de la participación”, para connotar esa co-responsabilidad en el bienestar social, Felipe González y otros líderes plantean el concepto de una “sociedad del bienestar”, pero todos apuntando a lo mismo.

En América latina estamos entrando en un largo período electoral, empezando por Chile en noviembre, y seguido de varias elecciones presidenciales en otros países entre 2014 y 2015, que se dan en momentos en que la economía mundial, especialmente asiática, parece ralentizarse, parece muy oportuno que los programas de las candidaturas tomen en consideración este debate y la experiencia europea, y adopten las propuestas más adecuadas a cada realidad para asegurar políticas públicas apropiadas.

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Colaboración con la revista Eurolat

Eurolat es una revista de relaciones eurolatinoamericanas, editada por CELARE (Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa) que, con una periodicidad trimestral, analiza de forma monográfica la actualidad de la Unión Europea y las relaciones UE-Latinoamérica. En este número 81, dedicado de forma exclusiva al Tratado de Lisboa y al Futuro de Europa, he tenido el placer de colaborar con un artículo sobre la evolución del Principio de Subsidiariedad (páginas 21-24).

Desde aquí, dar las gracias al director ejecutivo de Celare, el profesor Héctor Casanueva, por el interés mostrado desde el principio por el texto, que originalmente fue publicado en este blog, bajo el mismo título. Enhorabuena por el excelente trabajo realizado desde CELARE en el afán de seguir acercando la realidad de la integración europea en toda Latinoamérica, por impulsar la cooperación latinoamericana y por estrechar lazos entre ambos Continentes.

La Cumbre UE-América Latina y Caribe desde dentro

Durante los días 17 al 19 de mayo se ha desarrollado en Madrid la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe (ALC), un acontecimiento marcado con fluorescente en la agenda de la Presidencia española de la UE, debido al histórico (y presente) papel privilegiado de interlocutor de España con este Continente. Hace algunos meses, tuvimos la oportunidad de comentar en este blog con el profesor chileno Héctor Casanueva (Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa –  CELARE) las expectativas que se habían creado en torno a este Sexto Encuentro entre dos áreas geográficas, políticas, económicas y sociales que sin duda deben avanzar en su asociación estratégica.

Pasada la Cumbre, y la gran cantidad de Eventos relacionados con ésta, que se vienen desarrollando desde el mes de enero, ahora tenemos la suerte de contar en este blog con una crónica de alguien que ha vivido la Cumbre desde dentro, como observador invitado por la organización de la Cumbre. Sin duda, el relato del profesor Casanueva nos acerca a una realidad informativa simplificada, comprensible y directa que no encontramos normalmente en los medios de comunicación. Os dejo con la crónica, y, para los que os quedéis con ganas de saber más, podéis consultar la página del evento en la web de la presidencia española y en la web de CELARE.

La VI Cumbre UE-ALC desde dentro, por Héctor Casanueva


Las Cumbres suelen ser de mucha parafernalia y fotos, y por lo general lo adjetivo no deja ver lo sustantivo. Los ciudadanos dudan y se quejan, como me ocurrió con algunos taxistas y transeúntes en Madrid, porque no están informados o porque dan por supuesto que estas citas son inútiles per se. Falta difusión, pero los medios tampoco ayudan mucho. Quizás esta carencia de fondo se deba abordar en la raíz tempranamente para el largo plazo, o sea, en la escuela y las universidades, con una educación cívica apropiada y también aprovechando las redes sociales del Siglo XXI.

Dicho esto, creo que esta Cumbre UE-ALC ha cumplido sus objetivos. Estas reuniones son para cerrar acuerdos que se vienen trabajando desde hace dos años o más, y también para debates y encuentros bilaterales que son productivos. Lo más destacable, para mi, es la fuerte aproximación  y consenso alcanzado en el terreno político. Porque en definitiva las crisis financieras o de seguridad globales derivan de debilidades políticas, que, recordemos, es simplemente al arte de gobernar para el bien común.

En esta Cumbre hubo un consenso total sobre la necesidad de entrar conjuntamente en el diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial, una nueva arquitectura financiera, regulaciones globales para frenar la especulación, y aumentar la cooperación para enfrentar los desafíos globales como el cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, las migraciones, la seguridad, el comercio, etc.

El propósito no es nuevo, pero la determinación esta vez a mi juicio lo es, ya que las orejas del lobo del caos global están hoy muy visibles en Europa y no desaparecen, y en América latina, si bien la última crisis financiera fue sorteada mejor, no está libre de nuevos contagios. Y porque ¡Oh descubrimiento!! tenemos la capacidad de condicionar las decisiones globales pues juntos somos casi la mitad y el grupo más cohesionado del G-20, un cuarto del PIB y un tercio del comercio mundial, 1000 millones de personas, y en clave de futuro tenemos las mayores reservas de recursos naturales y a la vez la capacidad tecnológica para utilizarlos debidamente.

En el terreno de los instrumentos, destacable es el mecanismo LAIF para promover y apalancar las inversiones en América latina, y el acuerdo de asociación región a región UE-Centroamérica, el primero en su tipo, los acuerdos comerciales con Perú y Colombia, que también marcan un quiebre de tendencia de la UE hacia la apertura a distintas formas de relacionamiento dada la diversidad de AL.

Agregaría el relanzamiento de las negociaciones con el Mercosur  -muy importante, de concretarse la UE+Mercosur sería la mayor región comercial del mundo-, el mantenimiento de programas de cooperación al desarrollo con la CAN y Caribe, y la decisión de crear la fundación eurolatinoamericana, que debe promover el diálogo birregional entre todos los actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil. Como es habitual, se firmaron también compromisos cuantificables en programas específicos que mantienen a la UE como la primera fuente de cooperación para América latina.

Por supuesto, los instrumentos hay que ponerlos en práctica, y la voluntad política se tiene que expresar en decisiones a nivel de los OO.II. y Naciones Unidas. Por lo tanto, iremos viendo y exigiendo. Creo que de verdad entramos en una nueva etapa luego de 10 años de lanzada la asociación estratégica. Si lo vamos concretando, será también un aporte a los equilibrios globales frente a Estados Unidos y el Asia.

Héctor Casanueva

Madrid, 19 de mayo de 2010

Europa y Latinoamérica, y viceversa. Entrevista con Héctor Casanueva, Director de CELARE

Por Encarna Hernández

El estado de la integración latinoamericana, el espejo comunitario europeo, hitos y decepciones en dos procesos paralelos pero con sus particularidades en los ritmos de cooperación y en el modelo de integración. La próxima presidencia española del Consejo de la Unión, la Cumbre ALC-UE, los esfuerzos por acercar ambos Continentes, o el papel proyector de Chile. Son todos ellos temas vitales en la razón de ser del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE), y sobre ellos hablamos, precisamente, con su Director Ejecutivo, Héctor Casanueva, quien, desde Chile, nos radiografía ambos procesos de “ingeniería política”, el latinoamericano y el europeo, y viceversa.

1. ¿Qué lleva a un chileno a convertirse en un estudioso de la integración europea?

Tal vez haya una explicación de contexto y una personal para ello. A finales de los sesenta y la mitad de los setenta se vivió en América Latina, y especialmente en Chile, una ola integracionista impulsada fuertemente por grandes líderes como Frei Montalva en Chile, Rafael Caldera en Venezuela, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, Pastrana de Colombia, y muchos otros.

En ese contexto, quienes entramos a la universidad nos sumergimos en los textos que hablaban de la integración latinoamericana como algo posible y desde luego deseable, y el modelo era claramente el de la Europa comunitaria. Surgieron el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), con un fuerte apoyo de la CEPAL, proyectos más cargados de mística y voluntad política que de capacidad orgánica.

Para un estudiante de Derecho como yo, y con militancia política, al igual que cientos de otros jóvenes chilenos, en una época muy fundacional, con la influencia de mayo del 68 o de la primavera de Praga, no era posible sustraerse al influjo de esos procesos que nos hablaban de un mundo nuevo, de un proyecto de paz y cooperación que derribaba fronteras, y que desde la integración se levantaba además en contra del totalitarismo estalinista.

Por nuestra parte, surgían dos proyectos internacionalistas antagónicos: la revolución cubana como paradigma regional antiimperialista, y la integración latinoamericana como proyecto de inserción autónoma en el capitalismo. De ahí que estudiar la integración europea fuera un imperativo si uno quería saber cómo se podía avanzar autónomamente sin caer en ninguno de los dos extremos de la guerra fría.

En lo personal, además, después del golpe de estado en Chile salí al exterior, viví en varios países y finalmente en 1983 llegué a España donde viví once años, precisamente durante la transición, el ingreso a la OTAN y a la Comunidad Europea. Estudié un master en integración europea en la Politécnica de Madrid, probablemente uno de los primeros postgrados españoles en la materia, y viví de cerca también lo que fue el europesimismo y el relanzamiento del proyecto europeo, el Acta Única, el mercado único, Maastricht, en fin, todo eso un proceso de ingeniería política para mi fascinante, que sigo de cerca, ahora desde Santiago.

2. ¿Cómo se divisan desde el otro lado del Atlántico los avances en la unificación de Europa?

Hay mucho desconocimiento, e incluso hay sectores, especialmente de la derecha y de los neoliberales latinoamericanos, que caricaturizan el proceso europeo e incluso rechazan el modelo social construido en Europa, por considerarlo paternalista, estatista e intervencionista, es decir, los supuestos males contra los que el liberalismo debe luchar, y su paradigma es por supuesto la sociedad norteamericana. Hay ignorancia y falta de matices, porque ni Estados Unidos es tan liberal, ni Europa es tan estatista.

Creo que la Unión Europea ha hecho muy poco en Latinoamérica en términos de imagen para difundir su proyecto, pese a que, paradojalmente, es nuestro primer contribuyente mundial en cooperación al desarrollo, el primer inversionista y el segundo mercado. La gente no sabe estas cosas. Los partidos políticos más homologados con los europeos sí lo saben, y en círculos académicos crece el interés por Europa, se crean centros de estudios europeos, se han instalado las cátedras Jean Monnet, y la influencia de los académicos y políticos españoles ha sido muy relevante.

Debo decir también que el proceso europeo lo miramos con sana envidia. Me asombra leer a veces el escepticismo o derechamente el rechazo de algunos sectores europeos, la falta de reconocimiento a lo avanzado y la exigencia a veces desmedida sin reparar en la magnitud de la obra, de estar a las puertas de la unión política (será federal o confederal, no se sabe aún, pero será), que es una cuestión esencial si Europa quiere posicionarse bien en este Siglo XXI y no quedar marginada por las nuevas alianzas estratégicas, léase Estados Unidos-China-Rusia.

3. ¿Con qué fin y con qué medios nace un proyecto como Celare?

celare.org

CELARE nace en 1993 como una iniciativa no gubernamental, mediante un proyecto financiado por la Comisión Europea con apoyo del Parlamento Europeo, para contribuir al conocimiento en Latinoamérica del proceso europeo y viceversa, y apuntalar desde la sociedad civil las relaciones políticas, económicas, culturales y de cooperación entre ambas regiones.

Fue creado por académicos y políticos chilenos y europeos integracionistas. Su inspiración es claramente progresista, pero no es un centro con militancia política, es plural y abierto, concentra una amplia red latinoamericana y europea de personas e instituciones de todos los signos, y coopera con universidades, organizaciones civiles y gobiernos de todo el espectro.

En este momento tenemos un contrato de cuatro años con la Comisión para difundir y monitorear los avances de las relaciones ALC-UE. Trabajamos intensamente en esta línea en Centroamérica, la Comunidad Andina, el Mercosur y por supuesto en Chile donde tenemos la sede.

4. ¿Nos podría hacer una breve radiografía del estado de la integración latinoamericana y caribeña, y de sus perspectivas de futuro?

La verdad es que se podría resumir en dos palabras: desorden e incertidumbre. Hablo de Latinoamérica más que del Caribe, ya que este tiene su proceso sui géneris: está muy vinculado a Europa con los acuerdos ACP y al mismo tiempo recibe una enorme influencia de Estados Unidos. Pero de México hasta Chile, no hemos logrado avanzar lo suficiente en integración, pese a que comenzamos el mismo camino casi a la par que Europa.

Digo desorden, porque los esquemas creados, como la Comunidad Andina y el Mercosur, se han desarticulado bastante debido a la nueva realidad internacional que ya no soporta uniones aduaneras proteccionistas ni restricciones de política comercial, o no logran avanzar debido a disputas internas como el caso de Uruguay con Argentina, o de Paraguay con Brasil.

Y de manera trasversal, se perfilan, con ciertos matices, es cierto, dos modelos de integración: uno que apuesta a la confrontación con Estados Unidos y Europa, en cuanto sistemas capitalistas, donde están Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia; y otro que apunta a una integración para la inserción competitiva en el sistema internacional, donde están Brasil, Chile, Uruguay, Argentina, México, Perú, Colombia y otros países. Esa tensión, que se vive en el UNASUR, no permite avanzar en las áreas más necesarias, como la infraestructura o el financiamiento del comercio. En este escenario, lo que mejor camina es la ALADI y el SICA, sistema centroamericano de integración. Pero no logramos tener una sola voz, como Europa. Por eso el pronóstico para el corto plazo es incierto.

Pero, como diría Galileo: “y sin embargo camina”, porque hay vigentes y funcionando más de cien acuerdos comerciales que cubren el 90 por ciento de los intercambios, tenemos acuerdos de cooperación en materias sanitarias, educativas, judiciales, seguridad, sistemas previsionales, migraciones, en fin, que de todas maneras se ha ido creando una red de integración a la que le falta la cohesión y las políticas comunes, con una institucionalidad adecuada que las potencie. Nuestra integración claramente no será con el modelo europeo, pero estamos buscando el modelo propio que de cabida a la diversidad y a las asimetrías políticas y económicas.

5. ¿Espera que la presidencia española de la UE contribuya a reactivar el diálogo bilateral UE-Latinoamérica? ¿Qué expectativas tiene de cara a la próxima Cumbre ALC-UE?

Sin duda. España siempre ha sido importante para potenciar las relaciones ALC-UE. De hecho en las prioridades de la presidencia española figura el tema latinoamericano con gran importancia. Se supone que durante el semestre español se concretarán por lo menos el acuerdo de asociación con Centroamérica. Asimismo, más avances con el Mercosur y un cierto acomodo de los objetivos para un acuerdo con la Comunidad Andina que a la vez permita firmar la asociación con Perú y Colombia. También la creación de la Fundación Eurolac que de seguimiento al proceso birregional.

El punto está en que llevamos diez años desde que se estableció la llamada Asociación Estratégica ALC-UE, ha habido avances notables con Chile y México y amplios programas de cooperación con toda la región, pero no se ha podido firmar con el Mercosur, que es el cincuenta por ciento de todo, y hay diferencias muy importantes con respecto a Doha, que desdicen lo que sería una real asociación estratégica.

Es poco más lo que España puede hacer al respecto, por mucha voluntad, que efectivamente existe. No debería ser así, porque Europa necesita a AL, pero esa visión estratégica de largo plazo que tiene España no es la tónica. Si a esto agregamos el desorden nuestro, la falta de una agenda común con la que concurrir a Madrid el 2010, mi pronóstico es que los resultados en términos realmente estratégicos serán escasos.

Pero España puede también ayudar a dejar los temas centrales encaminados para la próxima reunión de Buenos Aires el 2012, y sensibilizar sobre esto a las nuevas autoridades comunitarias, el presidente del Consejo y la nueva alta autoridad de las relaciones exteriores.

6. Por último, ¿Cómo resultó la visita a su país de la Delegación del Parlamento Europeo en la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Chile?

Fue una amplia y variada delegación, presidida por la eurodiputada española María Muñiz de Urquiza y por el eurodiputado Luis de Grandes. Ambos han sido personas muy relevantes en su apoyo al desarrollo del Acuerdo existente entre la UE y Chile, que ha sido muy beneficioso y ya lleva seis años.

Se celebró con los parlamentarios chilenos la XI reunión conjunta, y la verdad es que como no hay prácticamente contenciosos entre ambas partes, la delegación sobretodo se concentró en analizar las áreas en las que es posible profundizar las relaciones, por ejemplo en impulsar el “upgrading” del acuerdo vigente para ir hacia lo que se denomina una “Asociación para el Desarrollo y la Innovación (ADI)” entre la UE y Chile, que significa que Chile va a jugar un cierto papel pivote en la cooperación de la UE con América latina, proyectando los programas bilaterales hacia otros países de nuestra región.

Yo creo que esta idea es un gran paso y puede ayudar a intensificar los lazos biregionales. Claro que tenemos que ser cuidadosos y prudentes en ello, porque Chile tampoco se puede erigir en un interlocutor único de la UE con AL, existiendo relaciones privilegiadas de la UE con Brasil y México. Más bien se trata de que Chile proyecte en conjunto con la UE ciertas experiencias de cooperación hacia países de menor desarrollo relativo, que van a entrar en una relación más estrecha con la UE en los años que vienen.

……….

Héctor Casanueva (Santiago, Chile). Master en Comunidades Europeas de la Universidad Politécnica de Madrid y en Sociología de la Universidad de Lomas de Zamora, Argentina. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE) y Coordinador de Asuntos Internacionales del Ministerio de Agricultura de Chile. Se ha especializado en relaciones internacionales, con énfasis en integración europea y latinoamericana. Ex vicerrector académico de la Universidad Miguel de Cervantes. Fue embajador de Chile ante la ALADI y el Mercosur. Es miembro del Consejo Internacional del Centro de Estudios del Mercosur de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina; del Centro de Formación en Integración Regional (CEFIR) de Uruguay; y de la Universidad Latinoamericana de Comercio Exterior de Panamá. Autor de varios libros y artículos de su especialidad, publicados en España, Chile y Uruguay. Puedes conocer más sobre su perfil y publicaciones en su blog “Pensamiento Global”.

El sí de Irlanda desde el prisma latinoamericano

Fuera de la UE hace mucho frío“. Así comienza un interesante artículo de Héctor Casanueva, Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE), y publicado en el diario chileno El Mostrador. La citada frase, que pertenece a un editorialista del diario El Mundo, es interpretada por el profesor Casanueva, al hilo del “sí” irlandés en segunda convocatoria, como la respuesta “a una toma de conciencia colectiva de la importancia de la integración en un mundo incierto, altamente competitivo y con nuevos desafíos globales“.

La unión latinoamericana también es objeto de análisis en el artículo. “¿Y cómo andamos por casa?” Se pregunta el articulista: pues aunque reconoce que no se pueden comparar ambos procesos por tratarse de realidades bien distintas, sí que se reconoce la necesidad de afrontar los mismos desafíos, retos que convierten el camino de la integración en “una necesidad evidente“.

La integración latinoamericana no tiene necesariamente que seguir el modelo comunitario, pero sí su ejemplo. Un ejemplo y unos avatares y acontecimientos que, como la ratificación de Lisboa en Irlanda, “no son en absoluto lejanos y deberían ser fuente de reflexión por estos lados“.

Tendremos tiempo de debatir más ampliamente estas cuestiones con el profesor Casanueva, ya que nos ha prometido una entrevista para este blog. Mientras tanto, y a modo de aperitivo, os invito a leer su excelente artículo: El sí de Irlanda y nuestra integración