Viaje a la capital de Europa

De vuelta de Bruselas. Cuando camino por las calles ya no veo las doce estrellas de la bandera europea dibujadas en las aceras. Ya no diviso la bandera europea ondeando por todos sitios. Ya no hay instituciones y organismos de la UE allá por donde camine, allá donde mire. Ya no respiro Unión Europea. De nuevo calor sofocante, húmedo. Murcia me da su calurosa y particular bienvenida. Llego con la maleta cargada de recuerdos, de buenos momentos, de mucha información, que mi cabeza sigue procesando.

Fotografía de grupo en uno de los edificios de la Comisión Europea. Imagen cortesía de Jorge Juan Morante.

Han sido tres días estupendos los que nos ha brindado la Comisión Europea a los ganadores del II Concurso de blogs Espacio Europa 2010. Una visita a la capital de Europa que compartimos junto a los ganadores de la consulta pública UE2020 en Tuenti y del concurso de fotografía en Facebook. La oportunidad era única, no sólo por la posibilidad de conocer por dentro el funcionamiento de las instituciones de la UE, sino porque además el viaje era una ocasión perfecta para poner en contacto a personas interesadas en los temas europeos y activas en internet. Para muchos ha sido una desvirtualización, pues no habíamos tenido la oportunidad de conocernos en persona. Durante estos días hemos sido, ante todo, un grupo de amigos. Éste es el mejor recuerdo que me llevo: gente estupenda con la que espero volver a coincidir.

El programa era intenso. Visita al Parlamento Europeo; charlas variadas sobre temas digitales y de comunicación, sobre el Tratado de Lisboa y sobre el servicio audiovisual de la Comisión; visita al edificio Berlaymont (sede de la Comisión); paseo por los estudios de televisión y radio; rueda de prensa (sobre un acuerdo con las tabacaleras para frenar el contrabando de tabaco); entrega de diplomas y fotografía de grupo en la puerta del Berlaymont… Aunque, eso sí, nos quedó tiempo para pasar una tarde distendida visitando Bruselas, pasear por sus calles, visitar algunos de sus monumentos y comprar algún souvenir.

Sede del Parlamento Europeo en Bruselas. Fotografía: Jorge J. Morante

Para los que divisamos el funcionamiento de las instituciones europeas desde la distancia, caminar entre bastidores es un auténtico privilegio. Todos los funcionarios que nos atendieron nos trataron de forma exquisita, nos enseñaron todo, contestaron todas nuestras preguntas. Me queda la sensación de que tenemos una arquitectura sana, compuesta por grandes profesionales y buenas personas. Otra sensación: hay ganas de innovar, de usar todas las herramientas que ofrece la red para seguir construyendo Europa. Allí estábamos, sin ir más lejos, un grupo de bloggers y de usuarios de Tuenti y Facebook.

Sólo me queda dar las gracias a la Representación de la Comisión Europea en España, en especial a Alberto Mélida, encargado de acompañarnos en el viaje. Hemos pasado unos días inolvidables.

Aquí os dejo algunas de las fotos de la entrega de diplomas y la fotografía del grupo en el puerta del edificio de la Comisión Europea. Podéis ver el resto en el Servicio Audiovisual de la Comisión.

Cursos de Verano de El Escorial

Os dejo información sobre dos cursos de temática europea que se van a desarrollar este verano en El Escorial. El primero de ellos es EUROPA DIGITAL, en el que tendré la suerte de participar en una mesa redonda junto a Joaquim Millán y Carlos Berbel. Será el día 20 de julio, a las 16.30. Hablaremos sobre ciudadanía europea activa en Internet y sobre los blogs de temática europea. Este curso, que se desarrollará desde el día 19 hasta el 23 de julio, tiene como director a Enrique Barón, ex-presidente del Parlamento Europeo, y está coordinado por Tomás Fernández. La razón de ser de un curso de estas características no es otra que la situación histórica que atraviesa la intergración europea, con la crisis económica como telón de fondo y con el nuevo marco institucional inaugurado con el Tratado de Lisboa. Aquí tenéis el programa: Europa Digital.

Otro de los cursos más interesantes que se ofrecen este verano en El Escorial es el que se desarrollará entre el 26 y el 30 de julio: EUROPA ¿CAMBIO DE ÉPOCA O ÉPOCA DE CAMBIO? Dirigido por Carlos Carnero , embajador en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea. Tiene un cartel de lujo: personalidades políticas como Miguel Ángel Moratinos, Juan Fernando López Aguilar, Josep Borrel o Diego López Garrido, y académicos de la talla de Susana del Río o José Ignacio Torreblanca. Aquí tenéis el programa.

Y, aunque no se va a celebrar en El Escorial, no podemos dejar de hacer mención al curso organizado por la Universidad de Extremadura, y que va a tener lugar esta semana, con el título: “La integración europea: Extremadura 1986-2010”. Allí estarán Carlos Carnero, Jaime Mayor Oreja, Jaume Duch y Susana del Río, entre otros. Los objetivos del curso son variados y ambiciosos: “Sensibilizar a los ciudadanos extremeños, en especial a los jóvenes, sobre el impacto de la UE en el desarrollo de nuestra región; difundir el papel fundamental asumido por la UEX en la apertura de nuestra región a la nueva realidad “global”; analizar el nuevo marco de las relaciones en el ámbito de la UE (nuevas incorporaciones, nuevas estructuras, etc), así como los retos que Extremadura afronta a partir de 2013; presentar el caso de la integración extremeña como ejemplo de “buenas prácticas” para los territorios recientemente adheridos o en proceso de incorporación”. Será entre el 7 y el 9 de este mes. Más información.

El final de la Presidencia española del Consejo y la época de profundos cambios y desafíos que vive la Unión Europea nos van a dejar un verano muy “europeo”. Para estar atentos y no perdérselo.

Soluciones europeas

Encarna Hernández

La crisis económica que azota la zona euro nos está dejando estampas históricas también desde el punto de vista televisivo. Hace unos días, la alianza televisiva entre Europarltv (el canal de televisión online del Parlamento Europeo) y Euronews hizo posible que se sentaran en una mesa a debatir los líderes de los principales partidos representados en el Parlamento Europeo, incluido el propio presidente de la Eurocámara. Y lo hicieron afrontando las preguntas lanzadas por representantes de la sociedad civil.

La crisis del euro, las pensiones o el paro fueron algunos de los temas principales sobre los que debatieron Jerzy Buzek, Guy Verhofstadt (Liberales y Demócratas), Daniel Cohn Bendit (Verdes/Alianza Libre Europea), Joseph Daul (Partido Popular Europeo) y Martin Schulz (Socialistas y Demócratas).

El empleo es sin duda uno de los problemas más acuciantes para los que la sociedad reclama una respuesta a nivel europeo. El desempleo alcanzó en la UE en el mes de abril más del 10 %, una cifra record. ¿Es posible un plan de recuperación de empleo a nivel europeo? Para el presidente Buzek, la UE dispone de varias herramientas para impulsar la creación de empleo, tales como los fondos estructurales y el programa de formación permanente. Según el polaco, la estrategia de la UE es afrontar la recuperación económica a largo plazo, para lo tendrán que cumplirse dos requisitos: finalizar el mercado único (libre circulación) y mejorar la competitividad a través de una economía basada en el conocimiento. Cohn Bendit, sin embargo, no comparte la opinión de Buzek, y afirma que fortalecer el intercambió libre aún más no va a resolver el problema del paro.

Por su parte Verhofstadt insistió en que Europa no está creciendo como lo hacen otras economías mundiales: “Europa está estancada económicamente” El problema de fondo, para el belga, es que no hay suficiente cooperación e integración europea, ni una estrategia económica común europea, más allá de las 27 estrategias de los distintos Estados miembros. Daul se refirió también al papel que pueden jugar los sindicatos en la integración europea y reconoció la necesidad de incorporar códigos deontológicos en la regulación de las grandes multinacionales europeas. Schulz profundizó algo más en la idea: un derecho europeo de huelga para fortalecer a los sindicatos a nivel europeo y regulación de los salarios mínimos para empresas que operan en distintos países de la UE.

Dejando a un lado las distintas adscripciones ideológicas de los participantes en el debate, lo más positivo fue que pudimos ver a políticos buscando soluciones de dimensión europea y proponiendo herramientas también a escala europea, más allá del Sarkozy o Merkel de turno. Ésta es la UE que necesitamos, aunque puede que todo quede en un espejismo televisivo…

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Veinticinco años construyendo Europa

Encarna Hernández

Hace ahora 25 años, el Salón de las Columnas del Palacio Real de Madrid acogió la firma del Tratado de Adhesión de España a la CEE. Un hecho histórico para un país que aspiraba a hacerse un hueco en el escenario europeo y mundial tras décadas de aislamiento internacional. Para los españoles, subirse al tren de Europa era subirse al tren de la prosperidad y del crecimiento económico, al tren de la democracia, de los derechos humanos, de la libertad. Europa era el tren de las oportunidades

No deja de ser curioso que compartamos conmemoración con Portugal. Ambos estamos ahora en el punto de mira, 25 años después, en la más grave crisis económica que se recuerda desde que se puso en marcha la integración europea. La crisis de la zona euro ha provocado muchos interrogantes: ¿ha reaccionado tarde la UE? ¿ha habido falta de previsión? ¿existe una solidaridad europea? ¿hay desajustes entre la integración económica y la política? ¿han fallado los mecanismos de supervisión? Y así hasta un sinfín de preguntas.

Puente sobre el Río Nalon, Langreo, Asturias. Con fodos FEDER. Foto: Comisión Europea

En estos 25 años también han tenido lugar un sinfín de hitos, cosas por las que, como afirmaba ayer el ex presidente González, “Europa mereció la pena”. Se me ocurren algunas ahora, y seguro que me dejo muchas otras. Cosas como poder votar a nuestros representantes en el Parlamento Europeo; poder viajar por Europa sin pasaporte; estudiar o trabajar en otro país con una beca Erasmus o Leonardo; la prosperidad que han traído los más de 100.000 millones de euros (aún somos beneficiario neto) de los fondos estructurales y de cohesión, gracias a los que disponemos de mejores estructuras, servicios y más puestos de trabajo; la moneda única; disfrutar de protección diplomática de cualquier embajada de un país miembro fuera de las fronteras de la UE; los muchísimos avances que ha embebido nuestra legislación en materias como la protección del medio ambiente o los derechos de los consumidores desde los reglamentos o las directivas europeas; sin olvidar las otras tres libertades, de mercancías, servicios y capitales.

Quería centrarme en los derechos porque si algo nos ha ofrecido la UE a los ciudadanos de los Estados miembros, y por ende a los españoles, es precisamente un abanico de derechos asociados al estatus de ciudadano de la Unión. Precisamente, la configuración definitiva del haz de derechos que componen actualmente la Ciudadanía de la Unión Europea recibió un impulso clave con la propuesta realizada por la delegación española en las negociaciones de Maastricht, previa carta del presidente González al presidente del Consejo. Quizá éste es uno de los hitos de nuestra aportación a la integración europea, por lo que merece la pena recordarlo en este 25 aniversario, toda vez que materializa con una propuesta específica y completa para incluir en el Tratado toda una serie de intentos y avances anteriores.

Se puede ya hablar de “germen” de derechos de ciudadanía europea con el Tratado de Roma, que introduce la libre circulación de personas, aunque se trata de derechos y libertades asociados al acceso al Mercado Común, y por tanto, las personas aún son contempladas en el derecho comunitario como sujetos económicos. Después, durante los años 70, comienza a gestarse la idea de forma más sólida: se prevé la creación de un pasaporte común (al final se quedó, tras su puesta en circulación en 1985, en un diseño uniforme), se formulan algunos de los entonces denominados “derechos especiales” y se viene insistiendo en la necesidad de establecer el sufragio universal para la elección del Parlamento Europeo. De los 70 data también el famoso Informe Tindemans (1975) que esboza ya algunos derechos que integrarían el estatus de la ciudadanía de la Unión. Y sería el 1976 cuando se establece el sufragio universal directo para las elecciones al PE (Acta Electoral de 20 de septiembre).

Imagen de archivo de Spinelli en el Parlamento Europeo. Foto: PE

Los años 80 recibirían el impulso decisivo del Comité liderado por Adonnino (People’s Europe). En el informe presenteado en el Consejo Europeo de Milán, en junio de 1985, anticipa ya algunos derechos como la libre circulación generalizada a todos los ciudadanos, el derecho de voto activo y pasivo, o la protección diplomática y consular. Un año antes, el proyecto de Tratado sobre la Unión Europea (Proyecto Spinelli, 14 de ferbero 1984) propone crear una ciudadanía de la UE sujeta a la nacionalidad de un Estado miembro. El proyecto, aprobado en la Eurocámara, fue tumbado por el Consejo.

Después llegaron las directivas de los 90 sobre movilidad de personas inactivas laborales (estudiantes, jubilados, etc), y finalmente, la propuesta española en la conferencia política de Maastricht. El memorando español, titulado “Hacía una ciudadanía europea” (Ver el documento publicado en 1991 en Revista de Instituciones Europeas) propone un concepto de ciudadanía “dinámico y evolutivo”, en consonancia con un proceso de integración europea también dinámico y que avanza hacia un “objetivo final”. Ese objetivo final no puede ser otro que la Unión Política Europea.

En la propuesta española, el status civitatis de la ciudadanía de la Unión debía incluir: los derechos especiales básicos (libre circulación plena, libre elección de residencia y participación política en el lugar de residencia); en segundo lugar, aquellos derechos que se derivan del desarrollo dinámico de la Unión (es decir, de nuevas competencias transferidas a la Comunidad en materias como sanidad, la educación, la cultura, el consumo, el medio ambiente…); en tercer lugar, los derechos del ciudadano fuera de las fronteras de la UE (protección diplomática y consular), así como la denominada tutela de los ciudadanos (el derecho a acudir al defensor del pueblo europeo en casos de mala administración por parte de una institución u órgano de la UE).

Y así, básicamente, quedó configurada la ciudadanía de la UE en el Tratado de Maastricht, y así la conocemos hoy, con la salvedad de la pequeña modificación incorporada en Amsterdam en 1997, cuando se aclara que se trata de una ciudadanía “complementaria” y no “sustitutiva” de la ciudadanía nacional, y cuando además se añade el derecho a acceder a los documentos de las instituciones europeas. El Tratado de Lisboa no introdujo modificaciones a este estatus, aunque queda pendiente mejorar el acceso a los derechos políticos de los residentes extracomunitarios.

En definitiva, los españoles podemos sentirnos orgullosos de haber aportado un grano de arena importante para crear la ciudadanía de la UE, y de formar parte de un proyecto que nos ha ayudado a prosperar y a profundizar en nuestra democracia y en los derechos de las personas.

Las conmemoraciones sirven, como afirmaba antes, para repasar y hacer balance, y la balanza se inclina, sin duda, hacia el lado positivo. Todo ello a pesar de la crisis, y de que ese “a pesar” pese mucho. Felipe González afirmó ayer, ante la pregunta de un periodista, que aún en momentos de crisis, “queremos más y mejor Europa”. No podemos estar más de acuerdo. Ojalá los líderes europeos estén también de acuerdo y se pongan el mono de trabajo.

La Cumbre UE-América Latina y Caribe desde dentro

Durante los días 17 al 19 de mayo se ha desarrollado en Madrid la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe (ALC), un acontecimiento marcado con fluorescente en la agenda de la Presidencia española de la UE, debido al histórico (y presente) papel privilegiado de interlocutor de España con este Continente. Hace algunos meses, tuvimos la oportunidad de comentar en este blog con el profesor chileno Héctor Casanueva (Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa –  CELARE) las expectativas que se habían creado en torno a este Sexto Encuentro entre dos áreas geográficas, políticas, económicas y sociales que sin duda deben avanzar en su asociación estratégica.

Pasada la Cumbre, y la gran cantidad de Eventos relacionados con ésta, que se vienen desarrollando desde el mes de enero, ahora tenemos la suerte de contar en este blog con una crónica de alguien que ha vivido la Cumbre desde dentro, como observador invitado por la organización de la Cumbre. Sin duda, el relato del profesor Casanueva nos acerca a una realidad informativa simplificada, comprensible y directa que no encontramos normalmente en los medios de comunicación. Os dejo con la crónica, y, para los que os quedéis con ganas de saber más, podéis consultar la página del evento en la web de la presidencia española y en la web de CELARE.

La VI Cumbre UE-ALC desde dentro, por Héctor Casanueva


Las Cumbres suelen ser de mucha parafernalia y fotos, y por lo general lo adjetivo no deja ver lo sustantivo. Los ciudadanos dudan y se quejan, como me ocurrió con algunos taxistas y transeúntes en Madrid, porque no están informados o porque dan por supuesto que estas citas son inútiles per se. Falta difusión, pero los medios tampoco ayudan mucho. Quizás esta carencia de fondo se deba abordar en la raíz tempranamente para el largo plazo, o sea, en la escuela y las universidades, con una educación cívica apropiada y también aprovechando las redes sociales del Siglo XXI.

Dicho esto, creo que esta Cumbre UE-ALC ha cumplido sus objetivos. Estas reuniones son para cerrar acuerdos que se vienen trabajando desde hace dos años o más, y también para debates y encuentros bilaterales que son productivos. Lo más destacable, para mi, es la fuerte aproximación  y consenso alcanzado en el terreno político. Porque en definitiva las crisis financieras o de seguridad globales derivan de debilidades políticas, que, recordemos, es simplemente al arte de gobernar para el bien común.

En esta Cumbre hubo un consenso total sobre la necesidad de entrar conjuntamente en el diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial, una nueva arquitectura financiera, regulaciones globales para frenar la especulación, y aumentar la cooperación para enfrentar los desafíos globales como el cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, las migraciones, la seguridad, el comercio, etc.

El propósito no es nuevo, pero la determinación esta vez a mi juicio lo es, ya que las orejas del lobo del caos global están hoy muy visibles en Europa y no desaparecen, y en América latina, si bien la última crisis financiera fue sorteada mejor, no está libre de nuevos contagios. Y porque ¡Oh descubrimiento!! tenemos la capacidad de condicionar las decisiones globales pues juntos somos casi la mitad y el grupo más cohesionado del G-20, un cuarto del PIB y un tercio del comercio mundial, 1000 millones de personas, y en clave de futuro tenemos las mayores reservas de recursos naturales y a la vez la capacidad tecnológica para utilizarlos debidamente.

En el terreno de los instrumentos, destacable es el mecanismo LAIF para promover y apalancar las inversiones en América latina, y el acuerdo de asociación región a región UE-Centroamérica, el primero en su tipo, los acuerdos comerciales con Perú y Colombia, que también marcan un quiebre de tendencia de la UE hacia la apertura a distintas formas de relacionamiento dada la diversidad de AL.

Agregaría el relanzamiento de las negociaciones con el Mercosur  -muy importante, de concretarse la UE+Mercosur sería la mayor región comercial del mundo-, el mantenimiento de programas de cooperación al desarrollo con la CAN y Caribe, y la decisión de crear la fundación eurolatinoamericana, que debe promover el diálogo birregional entre todos los actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil. Como es habitual, se firmaron también compromisos cuantificables en programas específicos que mantienen a la UE como la primera fuente de cooperación para América latina.

Por supuesto, los instrumentos hay que ponerlos en práctica, y la voluntad política se tiene que expresar en decisiones a nivel de los OO.II. y Naciones Unidas. Por lo tanto, iremos viendo y exigiendo. Creo que de verdad entramos en una nueva etapa luego de 10 años de lanzada la asociación estratégica. Si lo vamos concretando, será también un aporte a los equilibrios globales frente a Estados Unidos y el Asia.

Héctor Casanueva

Madrid, 19 de mayo de 2010

Comunícate con Europa… o cómo Europa se comunica con nosotros

Esta mañana ha tenido lugar en el Edificio de La Bolsa de Valencia la continuación del ciclo de seminarios “Europa Tuya”, unas jornadas organizadas por la Generalitat Valenciana, el centro Europe Direct de la Comunitat y la Fundación Comunidad Valenciana Región Europea, y cuyo objetivo no es otro que el de acercar Europa a los ciudadanos, a través de la exposición y el debate sobre distintos temas de la actualidad comunitaria que interesan especialmente a los ciudadanos.

¿Qué otra cuestión puede despertar más interés, a priori, que las herramientas de participación puestas a disposición de los ciudadanos a través de las distintas políticas europeas? La voz de los ciudadanos cuenta cada vez más en la Unión Europea, es decir, en la configuración de sus políticas, en su implementación, en su ejecución y gestión. Por ello, que los ciudadanos sepan cómo comunicarse con Europa, que conozcan las herramientas que la UE pone a su alcance, es vital para impulsar y reforzar una participación ciudadana más activa en la esfera de los asuntos comunitarios.

Pero comunicarse con Europa, hacer que la voz de los ciudadanos cuente, es un esfuerzo que supone un viaje de ida y vuelta. Se trata de un esfuerzo paralelo y compartido: comunicarse con Europa y que Europa se comunique con los ciudadanos. En estas dos caras de una misma moneda se han movido las dos primeras ponencias de la jornada de hoy. Los actores no podían ser más idóneos para presentarnos  este doble objetivo que se mueve paralelamente: comunicar Europa, de esto algo debe saber D. Jaume Duch, director de medios de comunicación y portavoz del Parlamento Europeo; y comunicarnos y participar con y en Europa, de ello, precisamente, nos habló la Dra. Susana del Río, miembro del Comité de Expertos de la Comisión Europea en participación de la sociedad civil.

Jaume Duch recordó los retos a los que se enfrenta un Parlamento Europeo renovado y reforzado tras el Tratado de Lisboa. Clichés, estereotipos, desenfoques que persisten… ¿por qué sigue siendo una institución desconocida? Invertir esta situación es el principal desafío de la política de comunicación de la Eurocámara. Pero, para ello, debe superar algunas dificultades intrínsecas de la Institución a la hora de comunicar su labor a los ciudadanos: hablamos del reto (añadido) de comunicar sobre Europa, sobre una Cámara (sin gobierno) cuyo interés informativo debe reducirse a su ingente tarea legislativa; añadamos a esto la lejanía demográfica y la distancia conceptual (sólo encontramos en ella algunos rasgos equiparables a la clásica labor parlamentaria que encontramos en el cuadro nacional); sumemos que se trata de una Institución en constante cambio con las sucesivas reformas de los Tratados y con las ampliaciones; echemos algunas gotas (23 idiomas traducidos en total) de multilingüísmo; y adornamos con el desconocimiento generalizado de los actores (la polémica-interés asociada a ciertas figuras político-mediáticas nacionales se desvanece aquí). El resultado de este cóctel de dificultades es una política de comunicación tremendamente compleja, un desafío imponente.

Pero no imposible. Como relató Duch, se está poniendo toda la carne en el asador: existen muchas herramientas para ello. Ahí están las redes sociales, una apuesta decidida de la política de comunicación de la Eurocámara en los últimos tiempos: la web de europarl, la televisión del Parlamento Europeo, la presencia en redes sociales como facebook, you tube, twitter… Persisten algunos talones de Aquiles: la televisión y los medios de comunicación regionales y locales. Lo próximo, lo cercano, triunfa, la televisión también. Todo ello realizando un esfuerzo por ofrecer una información simplificada y, por supuesto, traducida. La formación de los periodistas desplazados en bruselas es vital: seminarios, canal por satélite, acceso a imágenes, y un servicio de prensa que funciona como un reloj.

No cabe duda que el Parlamento Europeo ha decidido coger el guante al reto de comunicar Europa. ¿Podremos hablar a corto plazo de una auténtica Opinión Pública Europea? Si lo prefieren, de la suma de muchas opiniones públicas europeas…

Pero los ciudadanos informados también tienen que conocer las herramientas que la UE pone a su disposición para participar en los procesos comunitarios. El espacio público es, ante todo, un espacio de comunicación y de participación. La construcción de una esfera pública europea va de la mano del crecimiento de una sociedad civil europea, cuya primera piedra se puso en Maastricht con la creación de una Ciudadanía de la Unión.

La inclusión de la sociedad civil europea en el proceso de toma de decisiones comunitario, tal y como nos recuerda la Dra. Susana del Río, se viene haciendo cada vez más patente (responde a una necesaria democratización de la toma de decisiones) desde la CIG que precedió al acuerdo de Amsterdam. La implicación de los actores de la sociedad civil es la consecuencia inevitable del desgaste de un método, el de la Conferencia Intergubernamental (el de los acuerdos por unanimidad y a puerta cerrada), que se opone al consenso y a la participación que posibilitaron escenarios recientes como los de la Convención que redactó la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE o aquella otra a la que se vino a llamar constitucional. De esta última nació la idea de una Iniciativa Legislativa Ciudadana europea (un millón de firmas): un hito para la participación de la ciudadanía europea plasmado definitivamente en el texto de Lisboa.

¿Cómo logramos una plena implicación informada y participativa de la ciudadanía? Para empezar, insiste Del Río, planteando debates, comunicando en “versión europea”. Algo que, sin embargo, no ocurre en las campañas electorales de las elecciones al PE, donde domina el discurso en clave nacional. También, prosigue, es preciso lograr una comunicación continua, no restringida a momentos puntuales como unas elecciones o un referéndum.

Existen espacios participativos especialmente relevantes: hablemos de solidaridad (2011 será el año del voluntariado europeo, y el actual concierne a la pobreza y la exclusión social); informemos sobre la capacidad de Europa (siempre en marcha y con un inmenso potencial integrador); aprovechemos el potencial que nos ofrecen las nuevas tecnologías; y nunca dejemos de insistir en ello.

Actos como el de hoy avanzan en este sentido, en esa necesaria correlación: comunícate con Europa… o cómo Europa se comunica con nosotros.

La segunda parte del debate giró en torno a la proyección de la imagen de Europa en el exterior. Un tema complejo, de estricta actualidad con el nuevo marco que nos ofrece Lisboa, y que se merece otro post aparte. Acabamos conociendo algo más sobre la relación de los valencianos con Europa. Por cierto, mañana, otra jornada del seminario: Derechos de los consumidores en las políticas europeas.