La ciudadanía europea, la participación política y el futuro de la UE

Aprovechando la celebración en 2013 del Año Europeo de los Ciudadanos, y con las elecciones al Parlamento Europeo en el horizonte de 2014, el Centro de Excelencia Jean Monnet “Antonio Truyol” (Universidad Complutense de Madrid) dedica este año su Seminario de Invierno al análisis de la participación ciudadana dentro de lo que podríamos denominar “sociedad civil europea”. A través de dos mesas redondas, se ha abordado esta cuestión de “la ciudadanía europea y la participación política”, profunda y compleja donde las haya, desde varios puntos vista, contando para ello con la presencia en el debate de algunos de los principales expertos sobre la materia.

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Así se hizo en la mesa redonda celebrada en la tarde del 12 de marzo, donde participé como moderadora, y que fue presentada por el Catedrático de Relaciones Internacionales y Cátedra Jean Monnet de la UCM, D. Francisco Aldecoa Luzárraga. En esta ocasión, la perspectiva de la sociedad civil y de las ONGs en la UE fue aportada por Francisca “Paquita” Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad. Por su parte, el Doctor de la UCM José Carmelo Lisón nos acercó la visión antropológica para la construcción de una “conciencia europea”; mientras que Miguel Ángel Benedicto, periodista y profesor de la Universidad Europea de Madrid aportó una mirada más política, centrada en la reforma institucional y los próximos comicios europeos de 2014. Por último, la intervención del catedrático Jean Monnet de Derecho de Ciudadanía Europea de la UCM, Manuel Nuñez Encabo estuvo enfocada hacia la política europea de comunicación y los pasos a dar para construir una opinión pública común.

893680_578658835477887_209682911_oPara lanzar el debate, planteé para empezar algunas cuestiones que, sin duda, nos  planteamos a la hora de analizar el tema de “la ciudadanía europea y la participación política”:

  • ¿Conocen los ciudadanos europeos sus derechos de participación política en la UE? ¿Están interesados en conocerlos y hacer uso de ellos? ¿O resultan más atractivos otros derechos, beneficios y ventajas socio-económicas ligadas al estatus de ciudadano de la Unión, tales como poder estudiar, trabajar y vivir en otro país de la UE o la atención sanitaria en otro Estado miembro? 
  • ¿Podemos hablar ya del incipiente desarrollo de una sociedad civil europea? ¿Y de una esfera pública supranacional?
  • ¿Cómo pueden contribuir a estos desarrollos nuevos instrumentos de participación como la Iniciativa Ciudadana Europea?
  • ¿Qué valor añadido podemos destacar en una participación ciudadana de dimensión europea?
  • En cuanto a las TIC, Internet y Redes Sociales ¿Qué papel juegan y pueden llegar a desempeñar para generar un debate ciudadano de contenido genuinamente europeo?
  • ¿Qué ha supuesto la crisis económica en el ámbito de la participación ciudadana en la UE? ¿Se abre un terreno de oportunidades?
  • ¿Está el futuro de la UE ligado de algún modo a la participación ciudadana? ¿Al objetivo de lograr una Europa más ciudadana, social, participativa?

El primer turno de palabra corrió a cargo de Francisca Sauquillo, que centró su intervención en la dimensión social de la Unión Europea y el rol que están desempeñando las redes de ONGs en su actividad de “lobby” dirigida a recuperar los “pasos atrás” que ha supuesto la respuesta europea a la crisis económica y financiera. Según Sauquillo, “la crisis ha elevado el coste de la legitimidad en la UE”, y se puede observar una creciente “desafección” de los ciudadanos hacia el proyecto comunitario. En este sentido, llamó la atención sobre los “pactos sociales que están en peligro”, en concreto el Estado del bienestar, y fundamentalmente esa “Europa solidaria y de valores”.

Para Francisca “Paquita”, invertir esta tendencia tiene que ser un objetivo prioritario de las políticas europeas, en constante diálogo con la sociedad civil. La presidente del Movimiento por la Paz, insistió en que hay que apostar, “porque es posible”, por un Estado del Bienestar compatible con la globalización, reforzando ese “diálogo civil con los ciudadanos”, que ha sido una constante desde la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Para finalizar su intervención, destacó la idea de “una ciudadanía ligada al derecho de participación”; así como el gran paso que ha supuesto el Tratado de Lisboa y la Iniciativa Legislativa Europea en este objetivo.

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El  periodista, profesor y miembro del Team Europe, Miguel Ángel Benedicto, aportó, como decíamos, una perspectiva más política, ligada a las reformas institucionales que son precisas para afrontar el eterno problema de la legitimidad de la UE y el desplome de la confianza de los ciudadanos hacia sus instituciones y procesos políticos y electorales. Comenzó citando una palabras del empresario suizo  Thomas Minder: “Europa tiene miedo a la democracia directa y al voto popular”, para ejemplificar esa necesidad imperiosa del proyecto comunitario de dotar de mayor voz y poder al pueblo, porque de lo contrario se sucederán los conflictos sociales en una Europa que ya no puede vender la idea de progreso económico y bienestar.

La crisis, según Benedicto, ha devuelto los “fantasmas” de la guerra al Continente y ha puesto otra vez de manifiesto que el apoyo de los ciudadanos a la UE, ese europeísmo que se palpaba años atrás, no era sino instrumental: “ahora ya no nos va tan bien con Europa”. La consecuencia es la pérdida de apoyo y confianza en las instituciones europeas, e incluso, lo que es más preocupante, entre los propios europeos.

El profesor de la Universidad Europea de Madrid analizó también las perspectivas que se abren ante las próximas elecciones europeas (que serán en mayo de 2014),  caracterizadas tradicionalmente por una alta abstención. La falta de liderazgo en la UE, que los partidos no puedan presentar un candidato a presidente de la Comisión, la creencia de que estas elecciones no son decisivas para elegir o cambiar el Gobierno europeo o la ausencia de partidos políticos transnacionales fueron destacados por el ponente como algunos de los obstáculos para que estos comicios sean realmente trascendentales para el futuro de la UE.

Benedicto abordó, por último, las urgentes reformas institucionales para lograr una UE más democrática, unas instituciones menos lentas y rígidas y avanzar hacia una mayor integración. Tampoco olvidó citar el horizonte ineludible de la Europa política, que no puede ser otro que el federal.

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El tercer turno de intervención fue para el Doctor en Antropología de la UCM José Carmelo Lisón, que realizó un análisis de la principal herramienta para medir la opinión pública en la UE: el Eurobarómetro. Para Lisón, este estudio tiene sus límites y no podemos tomarnos sus resultados al pie de la letra para medir el europeísmo dentro de cada Estado miembro, por la diversidad cultural, de situaciones geográficas y lingüísticas que encontramos dentro de los Veintisiete. Lo que sí podemos sacar en claro de los datos que nos aporta el Eurobarómetro es la percepción por parte de los ciudadanos de una carencia democrática en la UE.

Según el profesor, existen determinados símbolos europeos que son capaces de provocar “respuestas positivas” en la ciudadanía europea, y en ellos está la clave de una identidad común: la bandera y el himno; el euro; programas de intercambio como el Erasmus. La base de una “conciencia europea” para lograr mayor implicación de los ciudadanos estaría, para Lisón, en varios ámbitos clave: para empezar, la educación (con el desarrollo de una asignatura de ciudadanía europea); el aprendizaje de idiomas; los programas europeos de intercambio para estudiar, hacer prácticas y trabajar en otro país de la UE; una televisión europea y que se proyecten películas en versión original.

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Para finalizar el debate, el catedrático Manuel Nuñez Encabo habló del objetivo de construir un espacio común de la información en Europa, como requisito imprescindible para que exista una opinión pública común europea. Según Nuñez Encabo, actualmente contamos con multitud de fuentes de información sobre la UE, pero no con una fuente común de información, que funcione como una “red”. En este sentido, hizo referencia a la necesaria especialización del periodismo en asuntos comunitarios y a la posibilidad de coordinar programas comunes utilizando para ello las televisiones públicas. En este punto, el profesor y miembro de la FAPE, lamentó la salida de Televisión Española de Euronews.

Para Nuñez Encabo, hay que comunicar mejor la gran cantidad de “contenidos positivos” que ha supuesto la integración europea y el desarrollo de muchas políticas en ámbitos como la educación, la libertad de movimiento, la juventud o el empleo; así como ahondar en una estrategia europea de comunicación (que echa en falta en instituciones como el Consejo y la Comisión) para que los ciudadanos conozcan mejor sus derechos y oportunidades.

  • Más información en la Página Web del Centro de Excelencia Jean Monnet “Antonio Truyol”.
  • Crónica en el blog Ciudadano Morante

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Los españoles, “más europeos” a pesar de la crisis

En un momento en el que en nuestro país crece el descontento hacia una situación económica que toca fondo, mientras de forma paralela se endurecen las medidas de austeridad aplicadas por el Gobierno; la profunda desafección hacia las instituciones políticas; el descontento hacia la gestión de la crisis, y el pesimismo sobre nuestro futuro, contrastan con el sentir de unos ciudadanos españoles que siguen viendo la Unión Europea en gran medida como parte de la solución a sus problemas. “El hecho de pertenecer a la UE continúa siendo un pilar importante para la ciudadanía española” y, como veremos más adelante, especialmente desde el prisma económico y social. Tal es la conclusión a la que llega la “perspectiva española” del último informe del Eurobarómetro, cuyos datos fueron recogidos en el otoño de 2012, y que se acaba de hacer público.

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No es de extrañar que las prioridades que manifiesta la ciudadanía española en el contexto europeo tengan que ver especialmente con aspectos sociales y económicos. Según el informe de la Comisión Europea, casi la mitad de las familias encuestadas reconoce tener casi siempre u ocasionalmente problemas para llegar a fin de mes, un dato que nos sitúa cinco puntos por encima de la media europea.

De hecho, entre las cuestiones que los ciudadanos de nuestro país valoran más de la UE están, en primer lugar, la libre circulación de personas, bienes y servicios (45%), después de la paz (35 %), pero en menor medida que en otros países. Por el contrario, damos más importancia que el resto de europeos a posibilidades que nos ofrece la UE como los intercambios estudiantiles en el marco del programa Erasmus (25% frente al 22% de la media UE27); así como a la protección social en el contexto de la Unión  en ámbitos como la sanidad,  la educación y las pensiones (20 % frente a 18%). Por su parte, damos valor al euro entre estos “logros” en igual medida que el resto de europeos (25% de los encuestados).

Los ciudadanos españoles manifiestan interés por conocer los derechos que otorga el estatus de ciudadano de la UE, en especial, en lo que respecta a la posibilidad de vivir, estudiar, trabajar y recibir asistencia médica en otro Estado miembro. A pesar de este interés, solo el 9% de los españoles encuestados reconoce tener un alto grado de conocimiento de estos derechos y lo que implican. El 40% conoce “algo”, mientras que el dato más preocupante lo observamos en el 51% que afirma no conocer nada en absoluto sobre la ciudadanía europea y su contenido.

En estos datos tiene mucho que ver el escaso nivel de información sobre los asuntos europeos que manifiestan los españoles. El 78% se considera desinformado, diez puntos por encima de la media europea. Lo que sí resulta interesante de estos datos es que Internet se consolida como el segundo medio de comunicación más usado para la  información en temas europeos (30%), por debajo de la TV (50%), y superando a la prensa diaria (24%). A su vez, las redes sociales son ya el segundo medio Web preferido (37%). En el resto de la UE, las redes sociales tienen mucho menos peso que en España.

Esta tendencia nos hace ser optimistas ante la posibilidad de una ciudadanía española más informada y activa en el contexto europeo, sin lugar a dudas unos de los retos para el futuro de la UE.

Con todo, la forma en la que los ciudadanos españoles sienten, viven y se relacionan con Europa continúa teniendo rasgos esenciales que permanecen en el tiempo: la ciudadanía europea “española” es por lo general desinformada, ciertamente pasiva, necesitada de más experiencias directas, pero consciente de la importancia de la pertenencia de su país a la UE. España siempre se ha destacado por su sentimiento “europeísta”, y seguimos pensando en Europa, como decíamos al principio de este artículo, más como parte de la solución que como parte del problema.

Esta última oleada del Eurobarómetro confirma que nos sentimos más europeos que el resto de la UE27 (a excepción de casos como el de Luxemburgo, Malta y Alemania). Y además, aún (o precisamente) con el recrudecimiento de la crisis, se observa que este “sentimiento europeo” crece respecto a estudios anteriores. Y ello, a pesar, como se apuntaba antes, de encontramos menos “vínculos” con el resto de países de la UE en aspectos como el uso de idiomas, la movilidad hacia otros países de la UE, relaciones con otros ciudadanos europeos, etc.

Por último, somos pesimistas respecto a la Iniciativa Ciudadana Europea, uno de los instrumentos introducidos en el Tratado de Lisboa para dotar de una mayor democracia a las instituciones comunitarias, fomentar la participación ciudadana, e impulsar el crecimiento de una sociedad civil europea. El 71 % de los encuestados ve poco o nada probable que vaya a participar en esta iniciativa, aunque sí vemos interesante, en el caso de usarla, que se proponga legislación en ámbitos como el empleo, la educación, los impuestos y las pensiones.

Actualmente, existen ya varias Iniciativas abiertas, que necesitan recabar un millón de firmas de ciudadanos de al menos siete países distintos de la UE. La ciudadanía europea busca promover legislación comunitaria en ámbitos como la educación, el medio ambiente, las telecomunicaciones, los medios de comunicación, o el agua/saneamiento.

Superar los déficits de información: primer escalón hacia la participación de la ciudadanía europea

Encarna Hernández Rodríguez

Servicio Audiovisual de la Comisión Europea
Logotipo del Servicio Audiovisual de la Comisión Europea

La construcción de la “Europa de los ciudadanos” pasa por ser un proceso de legitimación institucional a través de la apertura, el debate público, la inclusión social y la participación civil. El objetivo, en última instancia, es conseguir “implicar” a los ciudadanos europeos en un proyecto común que hasta ahora ha carecido en gran suma del interés y de la participación activa, consciente e informada de la ciudadanía comunitaria.

Las sucesivas encuestas de opinión llevadas a cabo por el Eurobarómetro durante las últimas décadas reflejan bajos niveles de auto-percibido conocimiento sobre la Unión en su conjunto, sobre los asuntos manejados a nivel europeo y sobre las propias Instituciones y órganos auxiliares que integran su sistema político. La falta de información es una barrera fundamental en lo que se refiere a la inclusión del ciudadano en el proceso de toma de decisiones.

Construir la “Europa de los ciudadanos” es una empresa que pasa por superar las barreras del “déficit de comunicación”: el debate sobre Europa debe basarse en un diálogo reforzado, a través de una comunicación centrada en el ciudadano y desde un punto de vista más descentralizado.

Tales axiomas son puestos en lid por la Comisión en 2006 a través del Libro Blanco sobre una política europea de comunicación, reivindicada como política comunitaria “por derecho propio”.

La Comisión establece en su Libro Blanco los principios fundamentales de una política de comunicación de la UE. La base de tal estrategia es el derecho de todos los ciudadanos europeos a tener acceso a una clara y completa información; tal información ha de estar ampliamente disponible, ser fácilmente accesible en todas las lenguas de la Unión y bajo una forma y contenidos comprensibles.

Del mismo modo, se afirma en el Libro Blanco, los procesos de decisión y la administración deben ser transparentes, abiertos y visibles tanto como sea posible. Los ciudadanos podrán, de este modo, ser capaces de escuchar y comparar diferentes opiniones y puntos de vista sobre los asuntos europeos. Por último, los ciudadanos y las asociaciones de la sociedad civil que les representan deberán disponer del derecho y de los medios para expresar sus puntos de vista y para que su voz sea escuchada.

Un estudio entre el público general realizado por el Eurobarómetro en 2006 (Flash EB 189a) concluye la existencia de un alto grado de consenso –que oscila entre el 96 % y el 98%- entre los ciudadanos comunitarios en torno a la necesidad de implementar cada uno de estos principios de la política europea de comunicación. El estudio mide igualmente las motivaciones que existen entre los ciudadanos de cara a ser informados sobre las políticas y asuntos de la UE. Como destacan los redactores del estudio, cualquier esfuerzo por incrementar el volumen de la información será inefectivo si de forma paralela no hay una audiencia receptiva.

El Libro Blanco de la Comisión hace hincapié no sólo en los principios que deben integrar una política europea de comunicación: tales principios suponen igualmente la base desde la que reforzar el debate y el diálogo dentro de una esfera pública europea.

El problema, como ya es sabido, es que no existe una esfera pública en la que se sustente la vida política europea más allá de las propias esferas nacionales. Los asuntos europeos son considerados por la mayor parte de la ciudadanía desde una perspectiva netamente nacional, en parte debido a la barrera lingüística, por lo que existen pocos foros de “encuentro” entre ciudadanos de diferentes Estados miembros en los que se discutan asuntos de “interés común”. Los redactores del texto insisten así en la idea de una Europa que encuentre “su lugar en las esferas públicas nacionales, regionales y locales existentes”, profundizando a su vez la discusión pública dentro de cada Estado miembro.

La necesidad de una esfera pública europea compartida constituye uno de los puntos de análisis del estudio del Eurobarómetro sobre la comunicación de la UE y los ciudadanos (Flash EB 189a, 2006). La medición se realiza a través de una lista de doce variables –“policy-relevant issues”- sobre las que los ciudadanos se muestran más o menos interesados en conocer si existen opiniones compartidas a tal efecto entre los ciudadanos de otros Estados miembros.

La conclusión a la que llega el estudio es que los ciudadanos europeos están especialmente interesados en que se desarrolle un debate a nivel europeo en torno a cuestiones relacionadas con la protección del medio ambiente y la lucha contra la delincuencia y el terrorismo (89 %),  por delante de otros tópicos como el suministro de energía, la creación de empleo o la tolerancia multicultural y la protección de los derechos humanos (84 %).

La correlación de los resultados obtenidos con otras variables relacionadas con las diferentes actitudes públicas hacia la Unión (apoyo, oposición e indecisión hacia la pertenencia a la UE; activa, mínima o ninguna participación política; valoración significativa o insignificante de la actividad de la UE en la vida cotidiana) muestra el importante rol jugado por estas últimas en relación a la mayor o menor intensidad del interés/necesidad por el desarrollo de una esfera comunicativa a nivel comunitario.

La cuestión de fondo de todo esto que venimos contando no es otra que un “déficit de información” que hace sin duda más visible y más profundo el archiconocido “déficit democrático” de la Unión. ¿Cómo pueden los ciudadanos determinar sus preferencias y realizar elecciones políticas a partir de la desinformación?

La medición realizada por el Eurobarómetro, a partir de datos subjetivos y objetivos, en relación al grado de conocimiento de los derechos que otorga el estatuto de la ciudadanía de la Unión, creado en Maastricht en 1992, nos ofrece una perspectiva poco optimista de una participación política “informada” en la arena comunitaria.

El balance de diez años de ciudadanía europea en la UE-15 que aporta el Eurobarómetro en 2002 (Flash EB 133) revela formidables brechas de conocimiento auto-percibido y evaluado de forma objetiva a través de porcentajes de respuestas correctas e incorrectas en relación a ítems verdaderos y falsos sobre la condición de ciudadano europeo y el haz de derechos que lleva aparejado.

En este sentido, aunque cerca del 90 % de los encuestados comprende la  noción de “ciudadanía dual”, es decir, conoce su condición de ciudadano europeo en adición a su propia nacionalidad, hay, sin embargo, cerca de un tercio de europeos que creen que es posible, si así lo desean, elegir no ser ciudadano de la UE.

El conocimiento de los derechos muestra síntomas deficitarios, especialmente en lo referente a una cierta confusión de los derechos políticos que otorga el estatus de la ciudadanía europea (en concreto, el derecho de voto/elegibilidad en las elecciones locales). En torno a un 40 % de los encuestados creen que otros ciudadanos europeos que residen en su país no pueden votar ni ser elegidos en las elecciones locales. Por su parte, alrededor de la mitad considera que la ciudadanía europea concede derechos en el ámbito electoral nacional. Por último, aunque cerca del 90 % de las respuestas aciertan en relación al derecho de los ciudadanos europeos a trabajar en cualquier Estado miembro de la UE, más de cuatro de cada diez encuestados creen que es necesario un permiso de trabajo para poder ejercer tal libertad.

En lo que se refiere a la percepción de la necesidad de información sobre tales derechos, un 76 % de los encuestados se considera poco o nada informado, mientras que el 22 % se considera suficientemente informado, aunque, dentro de ellos, el porcentaje de los que se sienten muy bien informados está próximo al cero (1%).

Tales datos muestran a las claras la realidad de una ciudadanía europea que a comienzos del siglo XXI es aún poco consciente de su condición, de sus derechos y de cómo y en qué arena ejercerlos.

¿Hemos mejorado desde entonces el conocimiento de nuestros derechos y deberes como ciudadanos europeos? Para comprobarlo, podemos echar un vistazo al último Eurobarómetro sobre la ciudadanía de la Unión (Flash EB Nº 213, 2008, February). Las conclusiones de este estudio determinan que, aunque la mayoría (cerca del 80 por ciento) de los ciudadanos comunitarios se muestra familiarizado con el concepto de “ciudadano de la UE”, tan sólo cerca de cada cuatro encuestados afirma conocer su significado, y menos de un tercio se considera bien informado acerca de sus derechos como ciudadano europeo.

En lo que se refiere a la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, las brechas en el conocimiento son significativas: la mitad de los entrevistados nunca han oído hablar de ella. De poco sirve dar vigencia legal –como se ha hecho recientemente con la Carta en el Tratado de Lisboa- a nuevos instrumentos para la protección de los derechos fundamentales si éstos son absolutamente desconocidos para una gran parte de la ciudadanía.

Volvemos al principio: La construcción de la “Europa de los ciudadanos” pasa por ser un proceso de legitimación institucional a través de la apertura, el debate público, la inclusión social y la participación civil.