Cuando las Instituciones están a la altura, pero no los políticos

¿Saben cuáles son las Instituciones a las que los ciudadanos otorgan más confianza en las encuestas de opinión que regularmente realiza el Eurobarómetro? Son las Instituciones de la UE y, dentro de ellas, el Parlamento Europeo, la cámara de representantes de los ciudadanos comunitarios, la única Institución europea elegida directamente por los ciudadanos mediante sufragio universal, es la que goza de mayor confianza. Y sin embargo, en las últimas semanas, varias casos que han visto la luz pública han puesto en entredicho la honradez en el trabajo de los miembros de la Eurocámara, escándalos que, a la postre, salpican a la Institución y amenazan con desembocar en una quiebra de la confianza de los ciudadanos, sobre todo si la ciudadanía no advierte una respuesta tajante, firme y rápida.

Que la democracia es el principio básico donde de asienta la legitimidad democrática nadie lo duda. Pero es un fenómeno éste que convive con otros mucho menos agradables. Hablo, paradójicamente, de ese “malestar democrático” que se define por el distanciamiento y la desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema político, sus Instituciones y sus representantes. Como bien dijo el gran analista de la democracia, D. Held, la gran paradoja que hoy vive la democracia no es otra que la “crisis de confianza”, la brecha y el distanciamiento con los ciudadanos, lo que Lipset y Schneider describieron bajo el famoso término “confidence gap”.

Comienzo, como veis, nombrando a algunos “grandes” de la teoría democrática, para luego ir bajando el nivel a los que, en la práctica, la dejan por los suelos. ¿Y hay peor práctica que la corrupción? La corrupción es, sin lugar a dudas, la causa fundamental de la “quiebra de confianza”. Cuando el político utiliza su cargo y su posición para lucrarse, para beneficiarse él o a los suyos. Los casos de corrupción, que abundan, lamentablemente, en muchas Instituciones públicas, parecían hasta ahora lejanos a la distante Bruselas. Allí, donde se decide un altísimo porcentaje de la legislación que después entra en los ordenamientos jurídicos nacionales; allí, donde la presión sobre esta misma legislación está organizada en poderosos lobbys. ¿Acaso creíamos que allí, en la lejana Bruselas, todo este sistema encajaba y convivía a la perfección dentro de unos códigos de conducta que se dan por supuestos?

Claro que no. En todos sitios hay manzanas podridas. En el Parlamento Europeo también. El verdadero problema es cuando la Institución no está a la altura de estos desafíos, y se lava las manos ante los escándalos. Y el escándalo en concreto, conocido por todos en nuestro país porque ha salpicado a un eurodiputado español, Pablo Zalba (PPE), fue destapado por unos periodistas del Sunday Times, que se hicieron pasar por “lobbistas” para intentar influenciar una legislación a cambio de prebendas. De entre los eurodiputados que fueron “tocados” cayeron cuatro, además de Zalba (que no aceptó soborno, pero sí negoció con los sobornadores incluir el cambio reclamado en la legislación), el socialista esloveno Zoran Thaler y el popular austríaco Ernst Strasser (ambos han dimitido del cargo) y el socialista rumano Adrian Severin, que se resiste a dejar su escaño tras haber sido expulsado por su partido y tras retirarle la Eurocámara el despacho.

Como ven, aquí, alguno de los “pillados” ha tenido vergüenza torera, por llamarlo de alguna forma, tras ser cogido con las manos en la masa. Algún otro, como el socialista rumano, no sabe lo que es la vergüenza ni la conoce. Y análisis aparte merece el caso de Zalba y su grupo, que sencillamente nos toman por estúpidos y nos quieren hacer creer que nada hay de malo en negociar con unos tipos de vienen a sobornarte, en lugar de levantarte inmediatamente de la mesa e ir a denunciarles. Zalba no sólo no dimite sino que ha recibido todo el apoyo y la solidaridad de los eurodiputados españoles de su grupo. Yo me pregunto cuándo alguno de estos “grandes” partidos se solidarizará con los ciudadanos a los que la corrupción y la ineptitud de muchos políticos mangonea su dinero y sabotea sus derechos, en lugar de luchar por sus intereses. Como se suele decir… algún día.

Pero, como decía al principio, son las Instituciones las que, en estos casos tienen que estar a la altura. Y el Parlamento Europeo, bajo mi punto de vista, ha iniciado la maquinaria para evitar que vuelvan a ocurrir estas cosas. Sé que muchos lo interpretan como un lavado de cara, pero la Cámara tiene que hacer uso de las herramientas que tiene, y ha decidido usarlas. En este sentido, se ha acordado desarrollar nuevas normas para regular el acceso y actividad de los grupos de presión en el PE, así como endurecer los códigos de conducta de los eurodiputados en sus relaciones con los lobbys. Es un primer paso en la buena dirección. Y parece ser que vendrán más (incluida la intervención de la Olaf). Bienvenidos, todos los que sean necesarios, para luchar contra cualquier atisbo de corrupción, también y sobre todo allí, en la lejana, y a la vez tan cercana para nuestros intereses, Bruselas.

100 mujeres con talento digital

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la agencia de comunicación Wellcomm ha elaborado una lista integrada por 100 mujeres con talento digital, mujeres que destacan por su trabajo en la Red, por su proyección personal y profesional y que, según la agencia, rompen con los clásicos roles asociados a los intereses de las mujeres en Internet, tales como las compras, la moda, la belleza o las relaciones de pareja. En la lista hay periodistas, emprendedoras, empresarias, políticas, blogueras, consultoras, etc. Muchos nombres conocidos como Lydia Aguirre (dirección adjunta de El País), Ana Aldea (mediosyredes, impulsora de la iniciativa Blog solidario), Ana Pastor (Desayunos TVE), Esperanza Aguirre (presidenta de la Comunidad de Madrid), Fátima Ramírez (Junta de Andalucía, activa en la Red donde las haya, y con la que tuye la suerte de compartir mesa y cubierto en Córdoba en una velada encantadora con el Parlamento Europeo); también algunos nombres internacionales, como la blogger disidente Cubana Yoani Sánchez o Jennifer Preston (NY Times). Y entre todos estos nombres, una servidora, que se llevó una buena sorpresa al verse en la lista. No sé si me lo merezco o no, simplemente puedo decir que en la Red me comporto tal cual soy: directa, honesta y comprometida. Muchas gracias desde aquí al equipo de Well-community. Es un honor estar en vuestra lista. Y sólo una cosa más: como se demuestra cada día, eso de que las mujeres no estamos interesadas en las TIC o en las profesiones y actividades relacionadas con las TIC va camino de convertirse en un mito un tanto anticuado. A ver si vamos cambiando el “chip”. We can do it.

Il corpo delle donne

El pasado 2 de marzo de 2011, la iniciativa puesta en marcha en 2009 por Lorella Zanardo, Marco Malfi e Cesare Cantù, que realizaron un documental para denunciar la representación distorsionada de la mujer en la televisión italiana, llegó al Parlamento Europeo, justo en la víspera de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, y a iniciativa de las eurodiputadas italianas  Silvia Costa y Patrizia Toia (S&D).

Il corpo delle donne analiza el fenómeno ya conocido como “velinismo” en la televisión italiana (mujer joven y guapa, que triunfa por su atractivo físico, nunca por otras cualidades, que habla poco, con un aire ingenuo, en la mayoría de ocasiones retocada en labios y senos por el bisturí). En el documental, se denuncia que las mujeres “reales” están desapareciendo de la televisión y son reemplazadas por una “representación grotesca, vulgar y humillante”, que tiene como resultado la absoluta anulación de la identidad de las mujeres.

“¿Por qué las mujeres no salimos a la calle en Italia para protestar por cómo nos representan?”, se afirma en el documental. Sus impulsores, creen que es urgente denunciar esta situación, que está dañando gravemente la creación de modelos de imagen y conducta en las jóvenes italianas. Por ello, el proyecto no podía quedarse sólo en la denuncia reflejada en el documental, sino que el objetivo es impulsar la formación en el consumo de medios de comunicación, especialmente entre educadores, asociaciones de padres, grupos de jóvenes, etc., así como analizar el papel que juegan los medios de comunicación respecto a la igualdad de género (una causa de proyección europea e internacional). El vídeo ha sido, además, proyectado en numerosos centros escolares italianos.

Subtitulado en cinco idiomas (entre ellos el castellano), Il corpo delle donne retrata una Italia televisiva convertida en un “club de striptease“, pero también una Italia que empieza a despertar con iniciativas como ésta. Hace apenas unas semanas, un millón de mujeres europeas decían no a Berlusconi y al Machismo. Fue precisamente la televisión privada en manos de Il Cavaliere la que impulsó el fenómeno “velina” (lo hizo también en su día en España con las famosas “Mamachicho” de Telecinco), pero la televisión pública italiana no se ha librado del “contagio”.

No os perdáis el documental. Merece la pena, remueve conciencias, aunque también, dicho sea de paso, un poquito el estómago.

Más Información:

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Ashton: un error ¿de género?

Fotografía: Peter Schrank/The Economist

Allá por el otoño de 2010, el inminente nombramiento de la nueva Comisión Barroso generó varios movimientos sociales y políticos que reclamaban más equilibrio de género en el ejecutivo europeo (véase crónica en este mismo blog). En este contexto, se decidía también quiénes iban a ocupar los dos nuevos altos cargos de la Unión que preveía el Tratado de Lisboa, presidente permanente del Consejo y Alta Representante de Política Exterior, y existía cierta presión por asegurar la paridad y que, al  menos, uno de estos dos altos cargos fuera ocupado por una mujer, toda vez que la Comisión y la Eurocámara tenían también una cabeza masculina. A la presión de “género” se sumó la del Reino Unido, que quería a un británico como Ministro europeo del Exterior, llegando a sonar con fuerza el nombre de Tony Blair.

Finalmente, sería un belga, Herman Van Rompuy, quien ocuparía el cargo de presidente de la UE, por lo que para el puesto de Alto Representante se iban limitando las opciones para lograr encajar el “juego de equilibrios”. El nombramiento de la británica Catherine Ashton cumplía, por tanto, dos condiciones esenciales: era británica y era mujer. Como se afirmó en El País: “Ashton cuadraba idealmente con los equilibrios políticos, geográficos, ideológicos y de género”.

Sin embargo, que la elegida fuera precisamente Ashton fue una sorpresa en toda regla: en primer lugar, por su poca experiencia en política exterior; en segundo lugar, por representar como nadie aquello que llaman “dedocracia” (nunca ha sido elegida sino designada para todos los cargos que ha ocupado); pero principalmente por su “perfil bajo” o eso que se denomina “carisma”, una cualidad al parecer estrechamente relacionada con el aspecto físico, con tener algún rasgo peculiar, apreciado especialmente si se trata de un varón. Al menos eso nos contaba en su crónica María Ramírez, la corresponsal en Bruselas de El Mundo. El texto con el que desayunamos aquel día 20 de noviembre, en el que se narraba la perplejidad que reinaba en la capital de Europa ante el nombramiento de la “Ministra fea” (cogido literalmente del titular), contenía argumentos como los siguientes:

“Pero, además de su currículo, uno de los comentarios en los pasillos, en las salas de prensa y en las de reuniones, era el aspecto de Lady Ashton, que se sale de los cánones actuales de belleza.”

“Los líderes de la UE repetían ayer que Ashton y Herman Van Rompuy con aire de Capitán Spock, pero con una rareza y una mirada intensa que pueden resultar interesantes y, sobre todo, un humor y una rapidez que ya compensa algo. Son, la cara de Europa, si su función es representarla, algo tendrá que ver el aspecto. La ausencia de belleza exterior no es excluyente para llegar a la cumbre, pero sí requiere unas cuantas dosis más de belleza o fuerza interior que la compense”.

Parece ser que Ashton era demasiado “fea” y anodina para ser la “cara” de la UE, y es curioso que se destaque precisamente esto como agravante de su supuesta escasa competencia y méritos políticos. En realidad, el aspecto físico pocas veces se mira con lupa entre los políticos varones; incluso rasgos físicos que pueden ser catalogados como poco agraciados se convierten el rasgos distintivos de carisma: la ceja de Zapatero, el aire de Capitán Spock de Van Rompuy, el bigote de Aznar… Pero como a una política además de ser mujer, se le ocurra ser fea, vestirse bien, lucir palmito o maquillarse mucho, apaga y vámonos, y, si no, que se lo pregunten a la ex vicepresidenta De la Vega, a la ministra Chacón o a Soraya Saenz de Santamaría, por poner algunos ejemplos en la política española.

Al shock inicial por su nombramiento, a Ashton le han llovido no pocas críticas por su gestión: empezó con mal pie en Haití, y sus notables “ausencias” en actos, cumbres o reuniones donde se la esperaba, especialmente en el ámbito de la Seguridad y la Defensa (¿se añora la masculina sonrisa de Solana?), han conseguido que se ganara el apelativo de “la mujer invisible“. La impresión generalizada es que el cargo le quedaba grande y que la política exterior de la UE era una maleta demasiado pesada para alguien con su poca experiencia diplomática. Pero, sin dejar de ser ciertos muchos de los argumentos que se utilizan para calificar su nombramiento como un gran error y se intenta alejar el agravante sexista en estas críticas, lo cierto es que lo que incluso se ha calificado ya como “la trama contra Lady Ashton tiene un componente de género importante.

¿Era la política exterior de la UE una carga muy pesada para una mujer que además quería seguir conciliando su profesión con su vida familiar? En un excelente artículo publicado por Charlemagne en The Economist, y bajo el sugerente titular Shrinking the job to fit the woman?, el blogger británico explica cómo Ashton ha recibido críticas, que sin duda huelen a sexismo, por el hecho de que viaje los fines de semana a Londres para estar con su hijo y con su marido. Ante esto, la británica responde que “trabaja duro” y lanza un mensaje a las mujeres: “Podéis ser parte importante de este mundo y aún así tener una familia y una vida”.

El componente de género se atisba también si revisamos algunos de los titulares o menciones dedicados a Ashton en la prensa, y que en muchas ocasiones hacen mención a su género: “una mujer británica en Bruselas“, “Una ministra fea“, “La mujer invisible”, “La trama contra Lady Ashton”… No quiero con esto decir que toda crítica se base en su condición femenina, qué duda cabe, pero el recelo existe entre muchos compañeros europeos masculinos que se sienten más capacitados para el puesto que ella ocupa y las críticas vertidas en los medios y el tratamiento mediático de su gestión no ha carecido de este componente.

Europa no podía precisamente presumir de su política exterior antes de que Ashton desembarcara como Alta Representante. En realidad, seguimos como siempre: mal, con cacofonías, y con la clásica desunión en el gallinero. Claro, que algunos y algunas hubieran preferido un gallo para poner orden, o al menos, para aparentarlo. Alguien como Tony Blair, con más experiencia en la labor de “fregarle los platos” a otra gran potencia después de hacerse la foto en las Azores. Al fin y al cabo, ahí teníamos también a Barroso y a otro gran líder con un bigote con mucho carisma.

Jornadas sobre igualdad de género en los medios de comunicación

El próximo 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer cumple 100 años. Se trata de una fecha especialmente simbólica para que Instituciones de todo el mundo aprovechen la ocasión para hacer balance en los logros alcanzados en torno a la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en ámbitos como el empleo o la política. En este sentido, los medios de comunicación son una importante pieza para encajar y testear el mapa de la igualdad real en una sociedad. De esto se hablará precisamente en unas Jornadas sobre igualdad de género y medios de comunicación, organizadas por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Murcia, en colaboración con el Colegio Oficial de Periodistas de la Región. Serán el 8 y 9 de marzo, y participaré con una charla sobre la perspectiva europea de la cuestión.

Haga Click para ver el programa completo de las Jornadas en la UMU

Ese mismo día, el 8 de marzo, el Parlamento Europeo organiza una serie de eventos para conmemorar el aniversario, entre los que destaca un encuentro, en colaboración con los Parlamentos nacionales, para analizar la presencia de la mujer en la política en la Unión Europea. Tendrá lugar igualmente un workshop para periodistas, en el que se intercambiarán visiones sobre el papel de liderazgo de la mujer en los sectores público y privado. También en esa misma fecha, se publicará un Eurobarómetro especial sobre igualdad de género en la UE (el último data de 2009). Está previsto que el Parlamento Europeo presente también un informe sobre la presencia de mujeres en las Instituciones europeas, Gobiernos nacionales de la UE, y otros ámbitos como empresa y finanzas o judicatura. El informe de la Eurocámara tomará como base otro estudio publicado por la Comisión Europea en 2010, titulado “More women in senior positions: key to economic stability and growth”, y que podéis descargar aquí.

Os contaremos todo esto aquí el día 8 de marzo.

Partidos políticos europeos, democracia y participación

Hemiciclo del Parlamento Europeo en Estrasburgo © Parlement Européen © Architecte

¿Qué es un partido político “europeo”? Responder a esta pregunta implica algo más que conocer las condiciones jurídicas, políticas y relativas a la financiación que recoge el que hasta ahora es el único marco legal sobre la cuestión: el Reglamento de 2004. Implica algo más porque no se trata sólo de conocer las condiciones legales para poder ser reconocido como partido “europeo”, porque en realidad los partidos están en el epicentro de un debate más amplio y de mucho mayor calado y que tiene que ver esencialmente con la democracia europea y con la necesidad de impulsar y facilitar la participación ciudadana. Responder a esta pregunta significa, por tanto, preguntarse muchas otras cosas, como, por ejemplo, qué podrían llegar a ser los partidos “europeos” dentro del entramado institucional comunitario, qué podrían aportar a la democracia europea, como auténticos vehículos que transportan la voluntad popular y canalizadores, junto con la sociedad civil, de la participación y el activismo público ciudadano.

Según el Reglamento que entró en vigor en 2004, por el que se aprobó el estatuto y la financiación de los partidos políticos a escala comunitaria, pueden constituirse como partidos políticos europeos todos aquellos que tengan personalidad jurídica en el Estado miembro en el que tienen su sede, así como tener representación en el Parlamento Europeo o en los parlamentos nacionales o regionales como mínimo en una cuarta parte de los Estados miembros y, además, haber obtenido como mínimo un 3% de los votos en las últimas elecciones al Parlamento Europeo en cada uno de dichos Estados miembros. Evidentemente, estos partidos deben respetar los principios de la UE, condición que se exige, como es lógico, a cualquier miembro del club europeo.

El pasado 26 de enero, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo debatió sobre la posibilidad y la conveniencia de reforzar este marco legal a nivel europeo para dar mayor autenticidad a la condición transnacional de estos partidos, y sin obviar, como decíamos antes, abordar un debate de mucho mayor calado: la democracia europea y la participación ciudadana a escala europea.

Es evidente que los partidos políticos han sido tradicionalmente un vehículo esencial de la participación ciudadana y del activismo político y social ciudadano, pero no es menos evidente que el declive de los partidos a nivel nacional y la desconfianza de la ciudadanía hacia ellos y la política en general, han hecho que los índices de militancia se sitúen en niveles bastante bajos, especialmente entre los jóvenes. Tampoco es menos evidente que la regeneración de la crisis de la democracia debe comenzar con la regeneración de los propios partidos en lo que concierne a su funcionamiento interno y a su forma de autogobernarse. La democracia interna de los partidos es el primer paso para revitalizar la democracia y animar a la participación de la ciudadanía dentro de sus filas.

Guy VERHOFSTADT, líder de la Alianza de los Demócratas y de los Liberales para Europa (ADLE) © European Union 2011 PE-EP

La democracia europea tiene también y de forma esencial, un debate obligatorio en torno a los partidos, al papel que juegan en la toma de decisiones, en la elección del “Gobierno europeo” y en la consecución de un verdadero perfil “transnacional” de la política europea. Mientras los partidos representados en el Parlamento Europeo no puedan, entre otras cosas, presentar candidatos y elegir al presidente de la Comisión Europea, difícilmente la ciudadanía tendrá la sensación de que algo importante se decide en las elecciones al Parlamento Europeo, por mucho que se le explique que el poder legislativo de la Eurocámara ha sido ampliado considerablemente. Eso determina en buena medida la decisión de ir o no a votar, y si tampoco hay listas transnacionales, el carácter “europeo” de la elección se acaba perdiendo en el debate nacional de turno, y el “color” del voto [1], atiende a cuestiones y coyunturas puramente domésticas.

De hecho, la crítica del “déficit democrático” de la UE tiende a relacionar la baja participación en las elecciones al Parlamento Europeo con la propia naturaleza y características que tienen estos comicios. Ya en las primeras elecciones al Parlamento Europeo, un famoso ensayo las calificó como  “second-order national elections” [2], es decir, unas elecciones determinadas por la agenda política nacional y una suerte de examen a medio-plazo para el partido nacional en el poder. En realidad, en la elección de “primer orden” (la nacional) hay mucho más en juego, mientras que en el “segundo orden” no existe la expectativa de que el voto vaya a tener una incidencia en el proceso político europeo, vaya a influir en un reparto de poder o se pueda cambiar un gobierno por otro, sin auténticos partidos transnacionales, sin listas transnacionales, sin liderazgo europeo y sin que el Parlamento Europeo pueda elegir al presidente del Gobierno europeo. Es lo que Weiler y sus colegas [3] definieron como la idea de “to throw the scoundrels out”. La expectativa de alternancia política es esencial en el juego democrático.

El denominado “party deficit” [4] de la Unión Europea es, por tanto, un aspecto esencial para mejorar democracia europea, y se sitúa en el centro de un debate con muchas cosas en juego, la más importante, lo que otorga de verdad salud a cualquier democracia, sea del tamaño que sea: la participación ciudadana.

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[1] Sobre la trascendencia del “color político” del voto de los ciudadanos en las elecciones al Parlamento Europeo, véase Del Río Villar, S. (2009). Comunicar, clave para aumentar la participación en las elecciones europeas de 2009: nuevos espacios, proyectos ciudadanos y plan de acción informativa del Parlamento Europeo (2ª Parte) ARI 90/2009, 02/06/2009. Disponible en: http://ec.europa.eu/spain/images/team_europe/articulo_team_europe_rio1.pdf

[2] Reif, K., & Schmitt, H. (1980). Nine second-order elections: a conceptual framework for the analysis of European election results. European Journal of Political Research, 8(1), 3-44.

[3] Weiler, J. H. H., Haltern, U., & Mayer, F. (1995). European democracy and its critique: Five uneasy pieces. Jean Monnet Working Paper No. 1/95.  New York: Jean Monnet Center, NYU School of Law. Disponible en: http://www.jeanmonnetprogram.org/papers/95/9501ind.html.

[4] Smith, G. (2003). The Decline of Party? En J. Hayward & A. Menon (Eds.), Governing Europe (pp. 179-191). Oxford: Oxford University Press.

Símbolos cristianos para una Europa laica

En el año 2003, cuando se elaboraba la Constitución Europea, uno de los puntos más controvertidos del debate fue decidir sobre la necesidad o la inconveniencia de incluir una referencia al Cristianismo en el texto del Tratado. Los defensores de la referencia cristiana argumentaban, con buena parte de razón, que el Cristianismo era ese tercer pilar (junto a las tradiciones griega y romana) desde el que se había construido la civilización europea, para conformar una identidad europea compartida sobre la base de la filosofía griega, el derecho romano y la teología cristiana.

En realidad, nadie pone en duda que esta “herencia común” ha marcado el desarrollo político, moral y de pensamiento de nuestro Continente. En concreto, el Cristianismo ha sido definido por autores como Irigoyen [1] como “la gran unidad”, en el sentido de que existe una histórica autoconciencia de unos valores compartidos que encuentran su fuente en el Cristianismo [2]. Sin embargo, otros autores como Habermas [3] hablaban de un “patriotismo de la Constitución”, una identidad basada en principios éticos, cívicos y políticos, definida en la práctica de la ciudadanía activa, ejercida en un contexto democrático y en el haz de derechos otorgados por una Constitución, en este caso, la europea. Es decir, una fórmula aún más secularizada que la “religión civil” descrita por Rousseau en El contrato social: una especie de “religión del ciudadano” [4].

Y así fue como en el Preámbulo de la malograda Constitución Europea se excluyó la referencia cristiana sustituyéndola por una Unión Europea que se inspira en “(…) la herencia cultural, religiosa, y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho” [5].

Valores y principios universales para una identidad diversa, dinámica y en constante redefinición y que se construye en el marco de la práctica de la ciudadanía europea activa para una identidad y una unidad de valor democrático y constitucional.

En el texto de aquella Constitución fallida había también referencia a los símbolos de la integración europea (art. I-8): bandera, himno, lema, moneda, Día de Europa… Referencias que fueron eliminadas en la posterior reforma de Lisboa, en la que el Consejo intentó prescindir de todo aquello que “oliera” a Constitución. En realidad, tampoco son pocos los analistas [6] que han criticado esta fórmula de la UE de “europeizar” las identidades de sus ciudadanos, utilizando las mismas fórmulas que el Estado-nación: bandera, moneda, himno, matrículas…. Es decir, una fórmula calcada a la de la identidad nacional que puede no ser aplicable o acertada para caso de la capa identitaria post-nacional.

Todos conocemos la bandera de la UE, que representa un círculo de doce estrellas doradas sobre fondo azul. Aunque quizá algunos menos conozcan lo que significa. La explicación oficial, que encontramos en el Portal Europa, es que “el círculo de estrellas doradas representa la solidaridad y la armonía entre los pueblos de Europa”, mientras que las doce estrellas se explican por el hecho de que “el número doce es tradicionalmente el símbolo de la perfección, lo completo y la unidad”. En realidad, la bandera, que tiene su origen en 1955 en el marco del Consejo de Europa, fue adoptada por las Instituciones de la UE ya en 1985.

Aunque parece que el origen de este símbolo es bien distinto, mucho menos secular y laico, y mucho más cerca de ser una bandera “muy cristiana”. Esta mañana, Europa 451 ha twitteado un artículo de Fenando Navarro publicado originalmente en 2009 y en el que explica precisamente el origen cristiano de la bandera de la UE:

<<(…)el círculo mariano de estrellas que representa la corona sobre el cabello de la Virgen María, madre de Jesús, centro de las religiones cristianas. Y todo sobre fondo de color azul, la tonalidad que también simboliza toda la mitología que rodea la figura de la madre del mesías crucificado. Es más, la bandera la aprobó el Consejo de Europa el 8 de diciembre de 1955, día de la Inmaculada Concepción. Tres días más tarde, el Consejo de Europa inauguró un vitral de la catedral de Estraburgo en honor a la Virgen coronada con una aureola de doce estrellas. Su autor, el diseñador Arsène Heitz ha explicado varias veces la inspiración que tuvo al leer un pasaje del libro Apocalipsisis, del Antiguo Testamento y que se refiere al famoso dogma de la virgen María. Doce apóstoles, doce hijos de Jacob y doce estrellas en la bandera.>>

Si la bandera europea tiene este origen, ¿qué sentido tiene no explicitarlo claramente en la información que sobre este símbolo nos ofrecen las instituciones europeas? ¿Se ha reelaborado una explicación “a la carta” y más acorde con la Europa actual? En realidad, no nos vamos a asustar. El propio Buzek, en su primera intervención ante los eurodiputados tras su investidura en 2009 como presidente de un Parlamento Europeo de mayoría conservadora, no tuvo ningún reparo en exteriorizar de forma explícita símbolos religiosos, entregándole una estatuilla de Santa Bárbara a su predecesor, Hans Gert Pöttering.

Que los símbolos son necesarios y crean identidad no me cabe ninguna duda, que cada uno los puede interpretar a su manera, también. Personalmente, tengo claro lo que la bandera europea significa para mi: progreso, bienestar, igualdad, valores universales, derechos humanos, libertades fundamentales, democracia, diversidad, tolerancia, solidaridad… Estos son los ojos con los que miro Europa y lo que quiero que sea una Europa laica y tan dinámica que hasta sus símbolos evolucionan en su significado (aunque no podamos obviar su origen).

Referencias:

[1] Irigoyen, A. (2006). Europa en la Historia. En J. Jareño Alarcón, & M. A. García Olmo (Eds.), Miradas sobre Europa (pp. 87-111). Murcia: UCAM.

[2] Buttiglione, R. (2002). Esiste un Demos europeo? La Cittadinanza Europea, 2002(1), 25-28.

[3] Habermas, J. (2001). ¿Por qué Europa necesita una Constitución? New Left Review, edición española, noviembre/diciembre, núm. 11, 5-25.

[4] Beriain, J. (1996). La construcción de la identidad colectiva en las sociedades modernas. En J. Beriain & P. Lanceros (Comps.), Identidades culturales (pp. 13-43). Bilbao: Deusto.

[5] Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, de 29.10.2004 (DOUE C 310/01, de 16.12.2004). Disponible en: http://eur-lex.europa.eu/JOHtml.do?uri=OJ:C:2004:310:SOM:ES:HTML.

[6] Nettesheim, M. (2004). La ciudadanía europea en el proyecto de Constitución Europea: ¿Constitución del ideal de una comunidad política de europeos? Revista de Estudios Políticos, julio/septiembre, núm. 125, 211-227.

Construir la identidad europea: un reto cultural y democrático

La cuestión identitaria es, sin lugar a dudas, uno de los temas más apasionantes y complejos que rodean a Europa y a la construcción europea. Puede que sea relativamente fácil responder a la sencilla pregunta de si nos sentimos europeos. Uno puede decir que se siente o no se siente europeo, que se siente europeo en mayor o menor medida, pero una cuestión más complicada sería responder ¿qué significa sentirse europeo? ¿Qué implica? ¿Qué puede hacer la UE para que nos sintamos más europeos? O, incluso, ¿qué podemos hacer nosotros, como ciudadanos? Aún más complejo es determinar qué identidad , qué modelo de construcción identitaria es viable o puede ser factible para Europa, y qué herramientas desarrollar para potenciar ese sentimiento de identidad colectiva o común.

La cultura juega un papel fundamental como motor de generación de pertenencias, siempre teniendo en cuenta que nuestro continente es un Babel culturalmente hablando, y que esa diversidad es un valor, un elemento que aporta especial riqueza a nuestra cultura.

La identidad europea se configura como un reto cultural, pero también democrático: ¿Qué puede generar más pertenencia, compromiso y solidaridad que sentirse partícipe de algo? La práctica de la ciudadanía europea activa y un marco más democrático y con más oportunidades donde desarrollarse viene siendo, es y va a ser esencial en la construcción identitaria del proyecto de la unificación europea.

De todo esto hablamos y debatimos ayer en el Ateneo de Barcelona, con la Fundación Cataluña Europa, con I. Guardans, Antoni Comín y el público asistente. Os dejo, a todos aquellos que os interese, la presentación (PPT) de mi ponencia. Además, la FCE nos ofrece un estupendo resumen de las intervenciones aquí.

*Fotografía: Fundació Catalunya Europa

Crisis del euro: ¿una oportunidad para la identidad europea?

Uno de los aspectos que más ha puesto en duda el desarrollo de una identidad europea compartida es el carácter “instrumental” del apoyo que los ciudadanos europeos otorgan al proceso de la integración europea. Un apoyo basado en los beneficios que las ciudadanías nacionales perciben de la pertenencia de su país a la UE, o al euro, impulsado en buena medida por épocas pasadas de bonanza económica, pero, en definitiva, un apoyo totalmente ausente de un componente identitario de carácter colectivo, denso” y fuertemente cohesionado.

Todo ello no es sino la consecuencia más inmediata de un proyecto comunitario incompleto bajo el punto de vista social y político, y que ha primado una integración económica también incompleta, y cuyas deficiencias han aflorado con la crisis de la eurozona. Esta crisis ha supuesto una prueba de fuego para los mecanismos de respuesta creados en torno a la unión económica y monetaria, pero, sobre todo, han puesto de manifiesto la necesidad de estrechar la cooperación, avanzar hacia un Gobierno económico común, de impulsar el liderazgo político europeo, y, en el plano identitario, de preguntarnos si hemos llegado a un punto de inflexión en el desarrollo de las lealtades y la solidaridad europea: ¿Vamos o no vamos a tirar juntos del carro? ¿Vamos o no vamos a ser capaces de salir juntos de esta? ¿Estamos dispuestos o no los europeos a hacer sacrificios por nuestros vecinos?

Hace ya algunos años, concretamente en 2003, en el contexto de las manifestaciones que tuvieron lugar en toda Europa con motivo de la Guerra de Irak, el diario El País publicaba un artículo de Habermas y Derrida en el que reclamaban una política exterior común para la UE. Para que esta “voz única” de cara al exterior fuera posible, para que los europeos estuviésemos dispuestos a sacrificar ciertos intereses en pos de la “mayoría”, afirmaban los autores, era necesario que existiera un sentimiento previo de identidad europea. Y para que esta identidad cuajara, añadían, se precisaba que los europeos hubiesen compartido “experiencias, tradiciones y logros históricos que motiven una conciencia del destino político sufrido en común y que debe ser diseñado en común”.  Y lo más importante: “Esto sólo podrá resultar de la necesidad creada por una situación en la que los europeos nos vemos dependiendo de nosotros mismos”.

Es decir, un elemento catalizador para relanzar la cooperación europea que haga posible tomar decisiones en común que supondrán ciertos sacrificios, y todo ello gracias a un apoyo ciudadano basado en una densa identidad colectiva. Unos años después del citado escrito, nos encontramos ese elemento catalizador: la crisis del euro. Habermas nos lo volvía a recordar en 2010, pero en esta ocasión refiriéndose explícitamente a la crisis económica y financiera: “Con un poco de nervio político, la crisis de la moneda común puede acabar produciendo aquello que algunos esperaron en tiempos de la política exterior común europea: la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común”.

Por su parte, los ciudadanos tienen claro que es en la idea de Más Europa donde está la solución al problema, y no en renunciar a los logros conseguidos en sesenta años de integración. Basta echar un vistazo al último Eurobarómetro de otoño 2010 para comprobar que los ciudadanos reclaman un mayor rol de la UE en la gestión de la crisis, más cooperación entre los Estados y una Europa que juegue, como tal, un papel importante, decisivo, en la reforma del sistema financiero global. Los ciudadanos europeos confían en la capacidad de la UE más que en la acción de cualquier otro actor nacional o internacional para dar respuesta a los desafíos económicos que han aflorado en nuestro Continente en 2010.

Esa confianza puede un ser un signo inequívoco de la voluntad de los europeos de hacer un esfuerzo común y de compartir los logros que están por llegar. Los ciudadanos, lejos de pedir repliegues soberanistas, piden a la UE que actúe, y que lo haga unida. ¿Estarán los líderes europeos a la altura de la que puede ser la gran oportunidad para la identidad europea?

Tal y como afirma Paul Krugman en un excelente artículo publicado en The New York Times (y que os invito a leer), si la UE tiene que renunciar al euro, será un golpe irreversible para las esperanzas de una auténtica Europa Federal: “So will Europe’s strong nations let that happen? Or will they accept the responsibility, and possibly the cost, of being their neighbors’ keepers? The whole world is waiting for the answer”.

 

*Fotografía: Servicio Audiovisual CE (2004)

*Agradecimientos a la profesora Paulina Astroza por la recomendación del artículo de Krugman.