Europa y el euro: las reformas económicas y un futuro común

Ayer tuve la oportunidad de participar en representación de mi partido, UPyD, y junto a representantes de otras formaciones políticas y de la Universidad, en una charla sobre Europa, el Euro y su Futuro, dentro del ciclo “charlas por la libertad de información  y opinión”, una iniciativa interesante que busca incentivar el debate entre políticos, ciudadanos, académicos, etc. sobre diversos temas de actualidad.

Como estaba acompañada por dos economistas en la mesa, que ya iban desde su experiencia a aportar la visión estrictamente económica sobre la crisis del Euro, decidí dirigir mi intervención hacia una perspectiva más política, hacia otras crisis que Europa también vive, o que persisten, y que no ha sabido resolver, y que hacen que la respuesta a esta crisis financiera haya sido más compleja, más lenta, menos ágil.

Tuvimos tiempo, en casi tres horas de debate, no solo de hablar del euro o del futuro de Europa, sino también de cuestiones que preocupan a los ciudadanos en nuestro país, como las cajas de ahorros, las responsabilidades de los políticos cuando despilfarran o realizan una gestión nefasta de los recursos públicos, los acuerdos comerciales con Marruecos que afectan al tomate murciano y algunas cosas más.

Me llevé una sensación, tras finalizar la charla, un tanto extraña. Me explico: por un lado, da gusto ver, tal y como se desarrolló el debate, cómo en este país está desarrollándose una masa crítica de ciudadanos cada vez mayor (importante en una sociedad civil como la nuestra siempre un tanto acomplejada, en general, y demasiado politizada y subvencionada, acorde, seguramente, a unas estructuras políticas también muy conservadoras y resistentes al cambio); pero, por otra parte, me preocupó comprobar que cada vez más ciudadanos dudan de la necesidad de que el proyecto europeo salga adelante (lo ven como parte del problema cuando, en realidad, debería ser parte de la solución a lo que estamos viviendo).

Así que, como la charla se repite el día 13 de marzo (seguramente en la Universidad de Murcia) he dedicido que allí hablaré de por qué necesitamos la UE. De cómo sería nuestra Región, España, Europa y el mundo si la unidad europea no hubiera cuajado. O, mejor dicho,  todo lo que no seríamos sin Europa.

De momento, os dejo con la transcripción de mi ponencia.

 

EUROPA: UNA TRIPLE CRISIS DETRÁS DE LA ECONÓMICA

Me gustaría comenzar diciendo que tenemos una triple crisis en Europa, en la Unión Europea, que afecta a la crisis del euro y al futuro de Europa.  Me refiero a una crisis de democracia, a una crisis de liderazgo político, y a una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las estructuras políticas de la UE.

Y esta triple crisis, solo se puede despejar con una serie de decisiones políticas que impliquen: más integraciónsoluciones europeas (porque se ha demostrado que los Estados miembros no son por sí solos capaces de defenderse de una crisis global como ésta); con una reforma institucional que permita que nuestras instituciones comunes puedan reaccionar de forma más rápida, eficaz y autónoma ante las crisis (porque se ha demostrado también que tenemos unas instituciones lentas, demasiado rígidas y dependientes de los Estados miembros, y por ello sujetas a egoísmos nacionales); con unas auténticas instituciones europeas más democráticas  (que permitan que la voluntad popular se vea reflejada en las decisiones que se toman; que la ciudadanía pueda controlar, de verdad, a través de instituciones elegidas democráticamente, lo que se decide; y, por supuesto, que esas instituciones tengan que rendir cuentas).

 

DÉFICIT DEMOCRÁTICO Y REFORMA INSTITUCIONAL: MEDIDAS DE REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Nosotros, desde UPyD, consideramos que afrontar la reforma institucional es fundamental para poder enfrentarnos a esta crisis económica, y para sentar los cimientos para evitar futuras crisis o al menos poder responder mejor ante ellas.

Y si hablamos de reforma institucional tenemos que referirnos al ya conocido como déficit democrático de la Unión Europea.

¿En qué consiste este déficit democrático de la Unión Europea? Os lo voy a resumir en unos puntos muy concretos. Básicamente es una cuestión relacionada con una serie de vectores de legitimidad que la UE cumple sólo en determinados casos.

Mirad, la Unión Europea básicamente apoya su legitimidad en tres vectores:

1) la UE tiene lo que se llama una “legitimidad legal” que le otorga su constitución, su creación y su desarrollo a partir del Derecho (en palabras más simples, una serie de Tratados constitutivos que fueron signados por los EEMM);

2) así como una “legitimidad indirecta” (derivada de unos Gobiernos nacionales elegidos y que están representados en el Consejo de la UE);

3) y ostenta una “legitimidad llamada tecnocrática”(se deja, se delega en manos de técnicos, muchas decisiones y políticas en base a que eso va a resultar en una eficacia, en mejores resultados).

¿Cuál es el problema?

El problema es de control democrático y de rendición de cuentas. Hay un Parlamento Europeo (que recuerdo, es la única institución elegida democráticamente por los ciudadanos europeos) que aunque se han ido aumentando sus poderes en sucesivas reformas de los Tratados (especialmente en Maastricht y en Lisboa: con más capacidad legislativa, de control a la Comisión, poderes presupuestarios, etc.) no se erige  aún en una auténtica fuente de legitimidad directa, federal, dentro de la Unión.

El Parlamento Europeo no elige a la Comisión, no puede vetar las grandes decisiones (pongo como ejemplo el último nuevo tratado fiscal que se va a firmar sobre el que el PE ha mostrado su desacuerdo, pero sobre el que poco puede hacer frente a las voluntades de los Estados). En realidad, los contrapesos al poder del Consejo son aún débiles aunque se hayan reforzado.

Pero es que además la Comisión, que es un órgano independiente, tecnocrático y alejado del control de los ciudadanos, tiene en su poder el cuasi-monopolio de la iniciativa legislativa en la UE, y resulta que esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos antes es ajena al control político, democrático y a la rendición de cuentas.

Pero hay un problema aún más grave. Y es que la Unión, aunque posee una legitimidad legal, no tiene lo que se llama una “legitimidad de origen”. Esto lo han resaltado muchos analistas europeos. La Unión no se creó en base a una voluntad popular (en realidad es un proyecto fruto del consenso entre élites políticas y a la ciudadanía se le supuso, digamos, un consentimiento tácito, luego hablamos de esto). Y sin esta legitimidad de origen, sin esa aceptación explícita por parte de los ciudadanos, sin un sentimiento de identidad europea que implique una cohesión, la UE lo tiene muy difícil.

Pero es que además, esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos, está supeditada a los resultados. Es una democracia resultadista. Mientras todo fue bien, mientras se creaba bienestar en Europa, no había problema. Pero ahora esto ha cambiado, y nos vemos envueltos en una crisis brutal sin haber cimentado las bases políticas, democráticas y de legitimidad, y de apoyo popular a la UE que nos permitan ahora tomar decisiones que implican, no beneficios como hasta ahora, sino sacrificios y compromisos a la ciudadanía.

En definitiva, para cerrar este capítulo del déficit democrático, nosotros apostamos por una reforma institucional que de verdad dé a la ciudadanía el poder de elegir quién va a tomar las decisiones por ellos y quién va a controlar y exigir cuentas en representación de los ciudadanos.

Esas reformas, para UPyD, pasan, y creemos que son las más lógicas por:

-Un Parlamento Europeo como ÚNICO poder legislativo y que elija y controle (de verdad) al ejecutivo, es decir, a la Comisión Europea (que coordine las principales políticas de la UE que aún se mantienen bajo el control de los Gobiernos nacionales, y que funcione como auténtico gobierno federal).

-Es decir, el PE como eje legislativo, de control y democrático de la UE. Y elegido por sufragio universal en listas desbloqueadas y transnacionales.

-En el ámbito económico, una política fiscal común europea, con la integración progresiva de los sistemas fiscales nacionales y la creación de un tesoro de la UE que sea capaz de intervenir eficazmente en la política monetaria y en las crisis de financiación. Uno de los principales problemas de la actual crisis es que las políticas fiscales de los EEMM estaban descoordinadas entre sí  y con la política monetaria europea.

-Un Banco Central Europeo más transparente.

En resumen, tomar una serie de decisiones políticas, que implican más integración, más democracia, más transparencia, y más tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos para elegir quien toma esas decisiones.

Nosotros, desde UPyD, no vemos un futuro sin el euro. Eso haría tambalearse todo el sistema financiero global. Pero entendemos que medidas puntuales, como ese nuevo pacto fiscal, la regla de oro del déficit presupuestario, o los fondos de rescate no son suficientes. Se necesitan medidas de reforma de calado que implican decisiones políticas de mayor integración.

 

CRISIS DE LIDERAZGO

Hay que tomar decisiones. Pero para tomarlas hace falta un liderazgo europeo sólido, valiente y capaz de aportar las soluciones europeas que son necesarias. Los nuevos altos cargos de la UE, lo que nos trajo Lisboa, no han resuelto el problema de liderazgo, me atrevo a decir que lo han empeorado, ni tampoco el eje París-Berlín, Merkel y Sarkozy, constituyen un liderazgo europeo (más allá de sus intereses nacionales) que esté a la altura de la versión europea de líderes del pasado.

Yo no tengo ninguna duda de que Merkel y Sarkozy quieren salvar el Euro, la cuestión está en si vamos a salvar el Euro a costa del bienestar de los ciudadanos. Salvar el euro no puede ser un fin sin sí mismo, ni servir sólo a los intereses de algunas de las partes.

 

CRISIS DE CONFIANZA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS

Y todo esto tiene mucho que ver con la crisis de confianza que se observa en los ciudadanos hacia la Unión Europea y sus mecanismos de respuesta ante la crisis.

Esta crisis de confianza, a mi parecer, viene dada por 3 razones: por la falta de control democrático de las decisiones que se toman; segundo, porque no hay un sentimiento de identidad colectiva “europea”, y tercero, porque los ciudadanos no van a aceptar solo recortes, solo medidas de austeridad, sino que piden también medidas de estímulo económico.

La UE es un proyecto, lo he comentado antes, tremendamente elitista y tecnocrático y el peligro de esta crisis es que se está acentuando ese carácter, en lugar de avanzar en reformas de regeneración democrática.

El problema es que esa estrategia ya no sirve como en las primeras décadas de integración europea, ya no sirve porque ya no hay resultados que vender, sino sacrificios que pedir.

Y aquí hay una cuestión muy importante, y es el carácter principalmente “instrumental” del apoyo que la Unión Europea ha recabado entre los ciudadanos hasta ahora. La ciudadanía apoya la Unión Europea en la medida en que observa unos beneficios derivados de la pertenencia de su país a la Unión, basada sobre todo en épocas de bonanza económica.

Es decir, fue un apoyo “tácito”, que se dio por supuesto, en los primeros años de la integración, que se asentó como “instrumental” mientras las cosas fueron bien, y que ha sido ciertamente “pasivo”, poco informado. Los ciudadanos no mostraban mucho interés por lo que pasaba en la lejana Bruselas.

Pero ahora las cosas han cambiado.

 

CONCLUSIÓN: PELIGROS Y OPORTUNIDADES DE LA CRISIS DEL EURO

Y de esta crisis, con este contexto, surgen una serie de peligros.

1)      El primer peligro es que ese consenso tácito y pasivo de la ciudadanía europea se torne en lo que podríamos llamar un “disenso activo”. Y que de ahí saquen tajada fuerzas políticas (y este es un fenómeno que ya se está desarrollando) que lleven como principal punto de su discurso político su antieuropeísmo.

2)      El segundo peligro es que la UE es lugar de apostar por una visión política europea, por mayor integración, por reformas democráticas, se aísle una mayor tecnocracia que la aleje aún más de los ciudadanos.

Pero también surgen algunas oportunidades.

Y para ejemplificar estas oportunidades, me gustaría citar a uno de los grandes autores europeos, Jürgen Habermas, que a propósito de la crisis del euro escribió que “con un poco de nervio político [es decir, de liderazgo político europeo] la crisis de la moneda común puede acabar produciendo la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común” (cita del artículo “En el Euro se decide el destino de la UE”, El País, 23 mayo 2010).

Como dijo Honoré Balzac, bastante años antes que Habermas, “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”.

Pues para el proyecto Europeo, ésta es la gran crisis, se nos puede romper el corazón con todos esos peligros que se han relatado, y solo podemos curtir nuestro corazón, el corazón de Europa, con una visión política valiente, con reformas de regeneración democrática, con más integración, con más Europa, y por supuesto, sin perder de vista nunca ese horizonte de la Europa federal. 

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Crisis del euro: ¿una oportunidad para la identidad europea?

Uno de los aspectos que más ha puesto en duda el desarrollo de una identidad europea compartida es el carácter “instrumental” del apoyo que los ciudadanos europeos otorgan al proceso de la integración europea. Un apoyo basado en los beneficios que las ciudadanías nacionales perciben de la pertenencia de su país a la UE, o al euro, impulsado en buena medida por épocas pasadas de bonanza económica, pero, en definitiva, un apoyo totalmente ausente de un componente identitario de carácter colectivo, denso” y fuertemente cohesionado.

Todo ello no es sino la consecuencia más inmediata de un proyecto comunitario incompleto bajo el punto de vista social y político, y que ha primado una integración económica también incompleta, y cuyas deficiencias han aflorado con la crisis de la eurozona. Esta crisis ha supuesto una prueba de fuego para los mecanismos de respuesta creados en torno a la unión económica y monetaria, pero, sobre todo, han puesto de manifiesto la necesidad de estrechar la cooperación, avanzar hacia un Gobierno económico común, de impulsar el liderazgo político europeo, y, en el plano identitario, de preguntarnos si hemos llegado a un punto de inflexión en el desarrollo de las lealtades y la solidaridad europea: ¿Vamos o no vamos a tirar juntos del carro? ¿Vamos o no vamos a ser capaces de salir juntos de esta? ¿Estamos dispuestos o no los europeos a hacer sacrificios por nuestros vecinos?

Hace ya algunos años, concretamente en 2003, en el contexto de las manifestaciones que tuvieron lugar en toda Europa con motivo de la Guerra de Irak, el diario El País publicaba un artículo de Habermas y Derrida en el que reclamaban una política exterior común para la UE. Para que esta “voz única” de cara al exterior fuera posible, para que los europeos estuviésemos dispuestos a sacrificar ciertos intereses en pos de la “mayoría”, afirmaban los autores, era necesario que existiera un sentimiento previo de identidad europea. Y para que esta identidad cuajara, añadían, se precisaba que los europeos hubiesen compartido “experiencias, tradiciones y logros históricos que motiven una conciencia del destino político sufrido en común y que debe ser diseñado en común”.  Y lo más importante: “Esto sólo podrá resultar de la necesidad creada por una situación en la que los europeos nos vemos dependiendo de nosotros mismos”.

Es decir, un elemento catalizador para relanzar la cooperación europea que haga posible tomar decisiones en común que supondrán ciertos sacrificios, y todo ello gracias a un apoyo ciudadano basado en una densa identidad colectiva. Unos años después del citado escrito, nos encontramos ese elemento catalizador: la crisis del euro. Habermas nos lo volvía a recordar en 2010, pero en esta ocasión refiriéndose explícitamente a la crisis económica y financiera: “Con un poco de nervio político, la crisis de la moneda común puede acabar produciendo aquello que algunos esperaron en tiempos de la política exterior común europea: la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común”.

Por su parte, los ciudadanos tienen claro que es en la idea de Más Europa donde está la solución al problema, y no en renunciar a los logros conseguidos en sesenta años de integración. Basta echar un vistazo al último Eurobarómetro de otoño 2010 para comprobar que los ciudadanos reclaman un mayor rol de la UE en la gestión de la crisis, más cooperación entre los Estados y una Europa que juegue, como tal, un papel importante, decisivo, en la reforma del sistema financiero global. Los ciudadanos europeos confían en la capacidad de la UE más que en la acción de cualquier otro actor nacional o internacional para dar respuesta a los desafíos económicos que han aflorado en nuestro Continente en 2010.

Esa confianza puede un ser un signo inequívoco de la voluntad de los europeos de hacer un esfuerzo común y de compartir los logros que están por llegar. Los ciudadanos, lejos de pedir repliegues soberanistas, piden a la UE que actúe, y que lo haga unida. ¿Estarán los líderes europeos a la altura de la que puede ser la gran oportunidad para la identidad europea?

Tal y como afirma Paul Krugman en un excelente artículo publicado en The New York Times (y que os invito a leer), si la UE tiene que renunciar al euro, será un golpe irreversible para las esperanzas de una auténtica Europa Federal: “So will Europe’s strong nations let that happen? Or will they accept the responsibility, and possibly the cost, of being their neighbors’ keepers? The whole world is waiting for the answer”.

 

*Fotografía: Servicio Audiovisual CE (2004)

*Agradecimientos a la profesora Paulina Astroza por la recomendación del artículo de Krugman.

Año nuevo ¿Europa nueva?

El picante húngaro

La presidencia húngara de la UE comienza a imagen y semejanza de la española: dando la bienvenida al Año Nuevo y con cierta dosis de picante polémica, sabor, por cierto, muy típico entre la gastronomía húngara. Los parecidos son más que razonables, porque Hungría, miembro de la UE desde la ampliación de 2004, asume la presidencia rotatoria con serias dudas sobre su situación económica, justo cuando Europa se prepara para poner en marcha algunas de las reformas económicas más críticas de su historia.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. REUTERS/Kacper Pempel

Aunque la mayor dosis de paprika asociada a la presidencia húngara ha venido con la conocida como “ley mordaza”, una nueva legislación para la prensa aprobada por el parlamento nacional el 20 de diciembre, y que, en resumidas cuentas, coloca a los medios bajo el control del Gobierno. Con la nueva ley, será una Autoridad Nacional creada a tal efecto, y conformada en su mayoría por miembros del partido del Gobierno, la que decidirá sobre la idoneidad de lo que se publica, una Autoridad que tendrá, además, capacidad sancionadora.

Malos tiempos corren para la libertad de expresión en Hungría, un país que tendrá como principal objetivo al frente de la UE confirmar la recuperación económica de la eurozona, impulsando una mayor coordinación de las políticas económicas y “tranquilizando” a los mercados. Le corresponderá, en primer lugar, poner en marcha los mecanismos de supervisión financiera aprobados en los últimos meses de 2010, incluidos el sistema de sanciones para los países con déficit excesivo y el fondo de rescate permanente.

En cuanto al resto de prioridades de la agenda húngara, se focalizan en los siguientes puntos: crecimiento y empleo para preservar el modelo social europeo; reforzar las políticas europeas relacionadas con la energía, el agua y la alimentación (incluida la PAC) para conseguir una Europa más fuerte; una UE más cercana y que de respuesta a las necesidades cotidianas de sus ciudadanos; así como la ampliación (avanzar en las negociaciones para la adhesión de Croacia en 2013) y la política de vecindad. Hungría también ha anunciado que trabajará por una estrategia comunitaria para mejorar la inclusión de los gitanos. Ante todo, hay un espíritu de continuidad con las presidencias española y belga.

Enikö Györi, secretaria de Estado húngara para la Unión Europea, será una de las caras más visibles de la nueva presidencia. El Mundo le dedica un amplio reportaje a esta ex becaria, asesora y después eurodiputada, que aspira a impregnar con un “toque humano” a todas las políticas que emanan de Bruselas, lo que se debe traducir en que supongan beneficios reales y palpables para los ciudadanos: sólo así Europa se hará fuerte.

Estonia abraza el euro

Una joven estonia, durante el lanzamiento de la campaña a favor del euro, el pasado septiembre en Tallin.- REUTERS

El primero de enero de 2011 será para los estonios una fecha para recordar: ese día entraron en circulación en el país báltico los primeros euros. Estonia se convierte así en el país número 17 en acoger la moneda única, que convivirá en principio con la corona estonia, y su banco central nacional, el Eesti Pank, pasa a ser miembro del Eurosistema. Decimos que será para recordar en lugar de motivo de celebración, porque nada menos que el 43% de los estonios rechaza la entrada de su país en la eurozona. Tal y como destaca El País, los principales apoyos se suman entre las clases más adineradas y el mundo de los negocios, mientras las clases medias-bajas son algo menos receptivas.  Y es que el miedo a la subida de precios es notable, a pesar de que los comerciantes se han comprometido a no aprovechar el cambio para subir los precios (¿Les suena, verdad?).

331 millones de europeos comparten ya la moneda única, justo cuando ésta discurre por su peor crisis desde su entrada en 1999. Incluso la deuda estonia pasa por sus peores momentos, a pesar de que el Gobierno de Tallín ha realizado un duro plan de ajuste para cumplir con los criterios de Maastricht en lo que se refiere a la inflación,  al déficit y a la deuda pública.

2011 será un año doblemente “europeo” para los estonios, ya que además de moneda, estrenan también la capitalidad europea de la cultura para su capital, Tallin.

Sarkozy y Merkel, a lo Schuman – Adenauer

El Año Nuevo ha traído también consigo una cierta dosis de inesperado y renovado europeísmo en las filas de los super-líderes europeos. Con la que ha caído durante 2010, es un alivio ver a Merkel y Sarkozy referirse en su mensaje de Fin de Año a la unidad europea como “garante de nuestra paz y libertad” o de la “paz y la fraternidad del continente”. Ambos, a lo Schuman-Adenauer, hicieron “guiños” a los cimientos y los valores que alumbran la integración europea desde hace 60 años, aunque, en esta ocasión, fue el presidente francés el que recogió el guante lanzado por las palabras de la canciller alemana.

Angela Merkel, durante el mensaje de Año Nuevo a la nación.- AFP

El discurso de Merkel (adelantado ya un día antes) gravitó en buena medida en torno a la necesidad de reforzar el euro, al que calificó como “más que una divisa”: “la base de nuestro bienestar”. La canciller insistió en el hecho de que Europa y el euro son necesarios para una Alemania que ha superado con creces la crisis económica y es ahora más que nunca el motor, o mejor dicho, vuelve a ser, el “motor de Europa”. A pesar de este discurso, la pregunta es: ¿Estará también dispuesta a ser el “corazón” de Europa?

El presidente francés durante su alocución televisada de fin de año- AFP

Sarkozy no podía ser menos, y, por su parte, reafirmó su compromiso con el proyecto europeo y con el euro, afirmando que la muerta de la moneda única sería “el fin de Europa”. En el año nuevo, pidió a sus compatriotas “confianza en la economía europea” y superar los temores que se han cernido sobre ella con los rescates financieros de Grecia e Irlanda durante 2010.

Esperamos que estos dos brindis de Año Nuevo no se queden en un “brindis al sol”, y que sirvan para insuflar algo de confianza y optimismo a la maltrecha economía europea. Las declaraciones de intenciones hay que corroborarlas con hechos, al igual que los propósitos y deseos de Año Nuevo es necesario trabajarlos duro para que se hagan realidad.

Cameron, a lo Thatcher

David Cameron, principal defensor de la congelación del presupuesto europeo. Foto: Reuters

Si bien es cierto que la relancé européen de Merkel y Sarkozy contrasta, fuera de la zona euro, con el repliegue soberanista del Reino Unido del conservador Cameron: su discurso de Año Nuevo estuvo centrado en los problemas domésticos, pronosticando un año “difícil” para el Reino Unido con importantes recortes en el gasto público. Relanzar la unidad europea no está precisamente entre los principales objetivos del líder británico: al contrario que Merkel o Sarkozy, Cameron ha renovado en los meses que lleva en Downing Street el tradicional “euroescepticismo” de su país, tal y como subraya Fernando Navarro en Europa 451, al más puro estilo de su antecesora Margaret Thatcher: frenando el tren de la integración cada vez que tiene oportunidad, pero, eso sí, sin la más mínima intención de bajarse nunca de él.

La Europa de 2011 ya se discute en la blogosfera

A la blogosfera europea casi no le ha dado tiempo de digerir el turrón y el cava porque ya hay que ponerse manos a la obra con las noticias que genera la UE en el recién estrenado 2011: la presidencia húngara y su ley “mordaza” y la entrada de Estonia en el euro son, por ahora, algunos de los temas más comentados…

  • Eva Peña analiza en su blog la entrada de Estonia en el euro Leer
  • Ciudadano Morante da la bienvenida a Estonia a la zona euro Leer
  • Desde la plataforma de blogs europeos Bloggingportal.eu se impulsa una ciberacción contra la ley de prensa húngara Leer
  • En La Oreja de Europa también se habla de la polémica presidencia húngara Leer

La Presidencia húngara de la UE en la Red

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    Encarna Hernández

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    ©European Parliament

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    La respuesta de algunos eurodiputados fue rotunda. Verhofstadt: “Los gitanos son ciudadanos europeos. ciudadanos por completo”. Cohn-Bendit: “Esta Comisión es campeona de Europa de las declaraciones genéricas, pero no es capaz de señalar con el dedo situaciones particulares en ciertos Estados miembros”.  Martin Schulz: recrimina a Barroso por no decir claramente que lo que pasa en Francia es una “caza de brujas” y su mención a Francia hubiese demostrado al país miembro que la Comisión está dispuesta a “dar batalla” en este asunto.

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    Presupuesto: la cuestión de los recursos propios

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    El presidente la Comisión destacó la cumbre del clima celebrada en Copenhague como un claro ejemplo de lo que no puede volver a ocurrir: “nos hicimos un flaco favor al no hablar con una sola voz”. “O actuamos juntos o ellos se moverán sin nosotros”, sentenció Barroso, aunque, como le recordó después Joseph Daul, el mundo ya avanza, de hecho sin la UE, en referencia a la ausencia de ésta en las negociaciones de Oriente Próximo, pese a ser el mayor donante en la zona (unos 1.000 millones de euros anuales).

    Barroso ¿un líder para Europa?

    Acercar a Barroso a los ciudadanos. Ese es el objetivo de la nueva estrategia de comunicación de la Comisión Europea, comandada por una de las mujeres de confianza del presidente: la comisaria Viviane Reding. Hace unos días saltaba a los periódicos la noticia de esta nueva estrategia, que pretende relanzar el protagonismo de Barroso ante la opinión pública: fotografos 24 horas, productores de televisión, todo para hacer del jefe del ejecutivo europeo una auténtica estrella mediática y, por tanto, una cara visible y reconocible para los ciudadanos europeos.

    El debate sobre el estado de la Unión celebrado esta semana es un ejemplo más de esta estrategia, y se podría afirmar que ha sido todo un éxito. Para bien o para mal, con críticas más o menos duras, Barroso ha sido protagonista en todas las grandes cabeceras del Continente, también en las más pequeñas, en la prensa regional, en las principales cadenas de televisión… El mensaje de Barroso llegó a la ciudadanía. Otra cosa es que la ciudadanía sepa descifrarlo.

    Se dice de Barroso que no deja de ser un tecnócrata, y que, por ende, su discurso es blando y tecnocrático” o, lo que es lo mismo, incomprensible para la ciudadanía de a pie. ¿Sabe Barroso llegar a la gente? Si algo tenemos más o menos claro a estas alturas, es que es mejor comunicador y más mediático que figuras como Buzek, Van Rompuy o Ashton. Y lo demostró en su discurso ante la Eurocámara.

    Se le acusa también de obviar en su discurso la desafección de la ciudadanía hacia la UE, patente en las últimas encuestas del eurobarómetro y, en su lugar, como buen tecnócrata, hablar de lo que se va a hacer, de su programa de trabajo. Pero lo cierto es que Barroso si mandó un mensaje a la ciudadanía: “Lo que realmente importa es lo que las Instituciones aportan a los ciudadanos. Lo que importa es el cambio que Europa aporta a sus vidas diarias”, afirmó.

    ¿Qué más pruebas quieren? Europa no va a avanzar sólo con palabras bonitas o con políticos que, por así decirlo, “caigan bien a la ciudadanía”. Europa va a avanzar con tres cosas: con trabajo, con compromiso y con sacrificio. Añadan a las tres la palabra común después. Todo ello vino a proponer Barroso. ¿Habemus líder? Sí, Habemos líder, Habemus Más presidente.


    La hora de la verdad para el liderazgo europeo

    Encarna Hernández

    El pasado fin de semana, los líderes de la zona euro dieron un paso decisivo para ofrecer estabilidad a nuestra moneda única inyectando confianza en la zona euro, desatando incluso la euforia entre los mercados, ofreciendo batalla a la especulación, todo ello a través de una decisión histórica que ha removido los mismísimos cimientos dogmáticos sobre los que se fundó el euro: un fondo de ayuda de hasta 750.00o millones de euros que muchos han interpretados como un salto cualitativo y cuantitativo hacia un gobierno económico común. Una medida contundente a la que se sumó, contra todo pronóstico, la decisión del Banco Central Europeo de comprar deuda pública a través de los bancos centrales de cada Estado.

    Pero, si se puede ganar la batalla a la especulación, ofrecer mecanismos de asistencia financiera a los Estados de la zona euro con problemas de deuda y déficit público, la batalla más dura puede estar las opiniones públicas europeas y en la definición de un liderazgo genuinamente europeo. Estos dos retos recogen algunas ideas basicas (a su vez retos también): la necesidad de una solidaridad inter-europea (entre los ciudadanos y entre los Estados) y, por consiguiente, la capacidad para hacer sacrificios por el beneficio común, y la definitiva consolidación, o al menos una forma incipiente de liderazgo europeo en clave económica y política que supere las reticencias soberanistas. Porque si algo ha quedado claro con la crisis griega y las dudas en la zona euro, es que ha llegado la hora de la verdad para un liderazgo europeo.

    De todas estas cuestiones hemos hablado hoy, en compañía de Joaquim Millan, en el programa “La Hora de Europa” de Radio Maricel, la emisora municipal de Sitges. Os dejo el enlace