Europa 2030: retos y oportunidades

Herman Van Rompuy junto a Felipe González, Presidente del Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa. © Unión Europea, 2010

Encarna Hernández

El pasado mes de mayo, el grupo de reflexión encargado de analizar los retos a los se enfrenta la UE en el horizonte de 2030, así como de proponer las posibles respuestas a estos retos, presentó al Consejo Europeo el informe definitivo de una amplia consulta y reflexión. El Proyecto Europa 2030: retos y oportunidades es un documento que diagnostica de forma sincera la realidad actual de la UE, los problemas a los que se enfrenta y las respuestas que la UE debe ofrecer en común para afrontar estos desafíos.

El panorama actual, se comienza afirmando en el informe “no es tranquilizador para la Unión y sus ciudadanos”. Es evidente que estamos en un punto crítico de nuestra historia: la crisis económica; el envejecimiento de la población; el desempleo; el cambio climático; la dependencia energética europea; la amenaza del terrorismo… La solución sólo puede estar en dar un golpe de timón, comenzar a perfilar la ruta y sus alternativas, hacia un renovado proyecto común.

El camino hacia la superación de la crisis económica (también para prevenir otra de tal magnitud en el futuro) es evitar los repliegues proteccionistas y avanzar hacia una gobernanza económica común que no tenemos, con el objetivo de garantizar la convergencia económica. Dice el informe, muy claramente, que “los ciudadanos no permitirán otra operación de rescate como la que se ha hecho”. Es decir, que la UE deberá tener sus propias normas regulatorias y sus mecanismos de control y vigilancia.

Necesitamos, asimismo, un compromiso más claro con la innovación y el desarrollo para avanzar definitivamente hacia una Europa del Conocimiento que sea competitiva en la economía global. Invertir en capital humano, ser más competitivos y depender también menos del exterior. La política energética común, mejor dicho, la ausencia de ésta y nuestra dependencia exterior, ha sido un lastre que hemos arrastrado durante más de medio siglo. En materia energética, Europa, también en la línea de su compromiso para combatir el cambio climático, apuesta por el ahorro y la eficiencia energética, por el uso de energías limpias. Crecer de forma sostenible, pero también asegurarnos el aprovisionamiento exterior mediante negociaciones y acuerdos comunes, sin olvidar que se hace necesario abrir un debate sobre la energía nuclear segura.

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Otro de los aspectos que me ha parecido más interesante del informe es el que atañe a la necesidad de reforzar la ciudadanía política europea. Quizá este punto fue una de las grandes decepciones de Lisboa, a pesar de que introduce la iniciativa legislativa ciudadana, pero quedándose sin duda corto en este aspecto. La cuestión de la legitimidad democrática de la Unión está en el centro de este debate,  y para superarlo es necesario que tengamos unas verdaderas elecciones europeas, con listas transnacionales para el Parlamento Europeo, con partidos políticos que presenten programas electorales “auténticamente europeos”  y eligiendo al presidente de la Comisión. Esto es lo que proponen los expertos, y no puedo dejar de estar de acuerdo. Añadiría que necesitamos que de una vez exista un debate en clave europea en las campañas electorales de las europeas, y alguna de las medidas citadas ayudaría a conseguirlo.

Ayudaría que los partidos políticos nacionales se tomaran las europeas en serio, y no las vieran como un episodio más de las cuestiones domésticas. Podrán decir, también, que los ciudadanos tampoco se las toman en serio, y votan en función de la coyuntura política nacional, muy especialmente para castigar al gobierno de turno si no se está satisfecho con su gestión. Pero creo que esto no es más que la consecuencia del enfoque que los partidos dan a sus campañas. ¿Si no existe un debate en clave europea, como esperan que los ciudadanos voten pensando en Europa?

Lo que está claro, y deja también claro el informe, es que la ciudadanía está ahora más que nunca en el epicentro de la construcción europea. El futuro de Europa pasa por reforzar la participación ciudadana y su implicación en la confección de las políticas UE. Ciudadanos más informados, más participativos, más exigentes con la gestión que se realiza desde Bruselas. Ciudadanos que entiendan lo que nos jugamos. La era del consenso tácito ya pasó, así que, nos enfrentamos a dos peligros: la pasividad o el disenso (entiéndase también pasivo: “no me interesa en absoluto la UE y además estoy en contra”, y cosas por el estilo). El disenso activo no es en sí algo negativo, siempre que se trate de una discrepancia informada y constructiva. Los ciudadanos también van a exigir, no van a entregar un cheque en blanco.

Por último, me gustaría terminar este post con las palabras pronunciadas por Van Rompuy, de agradecimiento a los miembros de grupo de reflexión: “A veces es preciso situarse a un lado y mirar desde la distancia. Debemos hacer abstracción de la crisis de hoy para volver a ver con claridad.” Dice Van Rompuy que eso precisamente es lo que ha conseguido el informe,” mirar hacia el futuro, hasta 2030″. “En ese momento”, continúa el belga, “yo habré alcanzado la muy venerable edad de 83 años, sacaré a relucir su informe y podré comprobar si estuvo en lo cierto”. A buen seguro que, como Van Rompuy, más de uno realizaremos ese mismo ejercicio.

Algunos, incluso, seguimos esperando la Europa de Laeken, y comprobamos que, casi diez después, estamos aún lejos de esa Europa que debía afrontar los retos de la primera década del siglo XXI. Ahora surgen nuevos retos y se renuevan las perspectivas y los desafíos. Sabemos también que hay retos pendientes. Al menos, somos sinceros con nosotros mismos.

Más información:

Noticia de la presentación del informe

Web del grupo de reflexión

Leer el informe completo

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