Europa y la participación ciudadana

13998443005137Esta mañana, el diario El Mundo nos acercaba una noticia ciertamente sorprendente para muchos: La Junta Electoral prohíbe que la UE inste a los españoles a votar”. Con ello, impide que las Representaciones en España de las instituciones europeas realicen algún tipo de campaña animando a los ciudadanos a acudir a ejercer su derecho, utilizando imágenes como una urna o el eslogan “vota”. Una decisión que nos convierte en el único país de la UE donde no habrá campaña institucional, dejando esa labor en manos de los partidos políticos. El “derecho a la abstención” se contrapone aquí al esfuerzo iniciado en anteriores comicios por el Parlamento Europeo, realizando campañas institucionales en toda Europa para promover que los ciudadanos de la UE ejerzan un derecho fundamental de la participación política en la arena comunitaria: elegir a sus representantes en la Eurocámara.

La elección del Parlamento Europeo por sufragio universal directo fue una realidad gracias al primer “hito” registrado para promover la participación de la ciudadanía europea en un proyecto de unificación en el que en sus primeras décadas primó la confianza depositada en las élites políticas europeas por una ciudadanía que no fue consultada. El Acta Electoral de 1976 lo hizo posible, para desde 1979 contar con eurodiputados elegidos y no designados. Desde entonces, los derechos de participación asociados al estatus de la ciudadanía europea han aumentado al tiempo que crecía la preocupación por la desafección hacia los “asuntos europeos”, siendo los índices de abstención en las elecciones europeas una buena muestra.

El “empoderamiento ciudadano” han sido un hecho en la evolución de las últimas décadas de la integración europea, no tanto, es obvio, por los niveles implicación de la ciudadanía, sino más bien por el aumento constante de la oportunidades de participación. El esfuerzo de las instituciones europeas ha sido notable para “engordar” el haz de derechos de la ciudadanía europea, así como la capacidad de estas mismas instituciones para realizar una “escucha activa” de lo que reclaman los ciudadanos a la hora de legislar, mejorar la transparencia en la toma de decisiones, y, en definitiva, hacer una política más cercana y mejor.

Europa y la participación ciudadana llevan un largo camino recorrido, que comenzaba con ese Acta electoral europea de 1976 como primer “hito” y se consolidaba en los noventa con la creación de la Ciudadanía de la Unión, incorporada en el articulado del Tratado de la Unión Europea, firmado en Maastricht. El TUE sujeta el acceso a la ciudadanía europea a la posesión de la nacionalidad de un Estado miembro, otorgando una serie de derechos en torno a la libertad de movimiento, el ejercicio del voto y la protección jurídica: derecho a la libre circulación y residencia en el territorio de la UE; derecho a votar y ser elegido en las elecciones al Parlamento Europeo y en los comicios municipales para los nacionales comunitarios en el Estado miembro en el que residan; derecho a la protección diplomática y consular en un Tercer País por parte de las autoridades de otro Estado miembro, si su país carece de representación en tal Estado; derecho de petición ante el Parlamento Europeo, y derecho a dirigirse ante el Defensor del Pueblo.

El Tratado de Amsterdam (1997) añade ciertas modificaciones en lo que se refiere a la conceptualización y contenido de la Ciudadanía de la Unión. En primer lugar, define el vínculo de ésta con la ciudadanía nacional (“complementaria y no sustitutiva”); en segundo término, aunque no incorporado de forma explícita al articulado de la Ciudadanía de la Unión, se concede el derecho a acceder, bajo determinadas condiciones, a los documentos de las instituciones europeas.

No cabe duda que a partir de Maastricht el vínculo jurídico creado entre la Comunidad y los nacionales de los Estados miembros, a través del estatus de la ciudadanía europea, implican una especie de tránsito vital desde la “Europa de los trabajadores” (sujetos económicos), diseñada en los Tratados constitutivos, hacia la “Europa de los ciudadanos” que se proyecto en el futuro.

Algunos años después, en la reforma de Lisboa, la última aplicada a los Tratados comunitarios, y que entró en vigor en diciembre de 2009, el derecho al sufragio activo y pasivo, que pasó a integrar el contenido material de la Ciudadanía de la Unión tras Maastricht, adquiere ahora rango de derecho fundamental, con la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

Fue en Lisboa cuando otro gran avance democrático se incorpora a la hora de elaborar las políticas comunitarias: la Iniciativa ciudadana europea. La ECI es una herramienta importante introducida para fomentar la participación ciudadana y fomentar al mismo tiempo el crecimiento de la sociedad civil europea. Con la recogida de un millón de firmas, de al menos ciudadanos de siete Estados de la UE, se puede reclamar a la Comisión Europea que legisle sobre una materia concreta de su competencia. Gracias a ello, se está promoviendo legislación comunitaria en distintos ámbitos, tales como la educación, el medio ambiente, los medios de comunicación, telecomunicaciones, empleo o agua/saneamiento, esta última una iniciativa ciudadana que ya ha recibido respuesta por parte la Comisión Europea.

Las distintas iniciativas ciudadanas comenzaron a moverse a partir de 2012, por lo que está por ver la verdadera incidencia que sobre las políticas comunitarias tendrá esta herramienta. Lo cierto es que promover una “sociedad civil europea” ha sido desde hace más dos décadas un objetivo importante dentro de los programas e iniciativas comunitarias. Un buen ejemplo son los programas de fomento de la participación ciudadana y de apoyo a los actores de la sociedad civil europea, incluidos los destinados al ámbito de la Juventud europea (oportunidades de aprendizaje, voluntariado, etc, ahora recogidos en el gran programa Erasmus +) o los también muy conocidos hermanamientos de ciudades (Town Twinning)

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Estas iniciativas destinadas a dar dinamismo a la sociedad civil europea buscan avanzar en la consolidación definitiva de la condición de “Ciudadano de la Unión” y en el desarrollo de una “identidad colectiva” para los europeos. El afianzamiento de una política comprometida en este ámbito, que promueva un verdadero debate público europeo en torno a las cuestiones comunes que nos afectan y que implique a los ciudadanos en mayor medida en el proceso de toma de decisiones (directamente, o través de interlocutores sociales y organizaciones de la sociedad civil, ONG, etc.) es fundamental para acercar a los europeos a una Unión Europea que se presente cada vez más accesible, cercana, transparente, abierta y democrática.

En este sentido, las consultas públicas que realiza la Comisión Europea cada vez que se dispone a proponer una nueva legislación son un buen motor de fomento de la participación ciudadana. El objetivo de estas consultas no es otro que mejorar la gobernanza europea, legislando mejor atendiendo el mayor número posible de intereses. Ciudadanos, empresas y cualquier organización con interés en un asunto o conocimiento especializado pueden colaborar en la elaboración del proyecto de legislación que la Comisión después presenta al Parlamento Europeo y al Consejo. Se convierte así en un instrumento importante para participar en la elaboración de las políticas comunitarias. Todo ello se hace además de forma transparente, algo que es fundamental en el juego de intereses.

Una de las mayores consultas puestas en marcha por la Comisión fue precisamente la lanzada el 9 de mayo de 2012 sobre los obstáculos que se encuentran los ciudadanos para ejercer sus derechos en la UE. Dicha consulta dio lugar en 2013 a un Informe sobre la ciudadanía de la UE, que proponía, entre otras medidas:

  • Ampliar más de tres meses el derecho de las personas que buscan empleo a recibir la prestación de paro en su país de origen mientras buscan empleo en otro país de la UE;
  • Aclarar la normativa de los periodos de prácticas, para evitar la explotación de becarios con trabajo no remunerado;
  • Facilitar el reconocimiento de los documentos de identidad y residencia en distintos países de la UE;
  • Crear una tarjeta de discapacidad común para toda la UE;
  • Mejorar las normas para resolver litigios transfronterizos al hacer compras por internet;
  • Crear una plataforma online que permita comparar los precios de productos digitales a la venta en toda la UE;

Los derechos con los que cuentan los ciudadanos europeos cuando viajan, trabajan, buscan trabajo, residen o compran en otro Estado miembro son, por tanto, mejorables, así como el propio conocimiento que tenemos de estos derechos. Fue por ello que 2013 fue declarado Año Europeo de la Ciudadanía en la UE, coincidiendo con el 20 aniversario de la creación de la Ciudadanía de la Unión. Este año estuvo centrado, con distintas campañas y actividades, en que los ciudadanos conocieran sus derechos como miembros de la UE, así como proyectar un debate sobre cómo debería ser la UE en el futuro para responder a sus expectativas. Las actividades de este Año Europeo se han extendido en los primeros meses de 2014, más centradas ya en los comicios de mayo.

Otro elemento importante para que las instituciones europeas, sus políticos y funcionarios ganen en cercanía y transparencia es poder contactar fácilmente con todos ellos. La Comisión Europea, por ejemplo, cuenta con guías de contactos por cada una de sus actividades, así como de su personal, y los ciudadanos tenemos derecho a recibir una respuesta en nuestra lengua materna. También existen instrumentos como Solvit, donde podemos presentar una reclamación si una administración pública de otro país de la UE no respete los derechos que otorga la UE a los ciudadanos y a las empresas.

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Otro instrumento de transparencia, información y participación son las redes sociales, un medio que los ciudadanos europeos usan cada vez en mayor medida para estar al tanto o contactar con las instituciones europeas. El Parlamento Europeo ha sido sin duda la institución europea pionera por excelencia en el uso de los medios sociales, especialmente desde las elecciones de 2009. Su campaña institucional para promover el voto para estos comicios de 2014 fue lanzada hace ya algunos meses, bajo el lema “Acción. Reacción. Decisión”, conceptos que intentan enfocar ideas como lo “decisivo” de estas elecciones. Una página web, disponible en todos los idiomas oficiales de la UE, centraliza una campaña que anima a la participación en todos los Estados miembros, aunque en España se le hayan puesto cortapisas a la acción institucional de la Representación española.

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Promover el voto en estas elecciones es fundamental, especialmente entre la gente más joven, que es donde se encuentran los más altos índices de abstención. Esta labor institucional, no politizada (o secuestrada por la partitocracia) es más que necesaria.

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La ciudadanía europea, la participación política y el futuro de la UE

Aprovechando la celebración en 2013 del Año Europeo de los Ciudadanos, y con las elecciones al Parlamento Europeo en el horizonte de 2014, el Centro de Excelencia Jean Monnet “Antonio Truyol” (Universidad Complutense de Madrid) dedica este año su Seminario de Invierno al análisis de la participación ciudadana dentro de lo que podríamos denominar “sociedad civil europea”. A través de dos mesas redondas, se ha abordado esta cuestión de “la ciudadanía europea y la participación política”, profunda y compleja donde las haya, desde varios puntos vista, contando para ello con la presencia en el debate de algunos de los principales expertos sobre la materia.

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Así se hizo en la mesa redonda celebrada en la tarde del 12 de marzo, donde participé como moderadora, y que fue presentada por el Catedrático de Relaciones Internacionales y Cátedra Jean Monnet de la UCM, D. Francisco Aldecoa Luzárraga. En esta ocasión, la perspectiva de la sociedad civil y de las ONGs en la UE fue aportada por Francisca “Paquita” Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad. Por su parte, el Doctor de la UCM José Carmelo Lisón nos acercó la visión antropológica para la construcción de una “conciencia europea”; mientras que Miguel Ángel Benedicto, periodista y profesor de la Universidad Europea de Madrid aportó una mirada más política, centrada en la reforma institucional y los próximos comicios europeos de 2014. Por último, la intervención del catedrático Jean Monnet de Derecho de Ciudadanía Europea de la UCM, Manuel Nuñez Encabo estuvo enfocada hacia la política europea de comunicación y los pasos a dar para construir una opinión pública común.

893680_578658835477887_209682911_oPara lanzar el debate, planteé para empezar algunas cuestiones que, sin duda, nos  planteamos a la hora de analizar el tema de “la ciudadanía europea y la participación política”:

  • ¿Conocen los ciudadanos europeos sus derechos de participación política en la UE? ¿Están interesados en conocerlos y hacer uso de ellos? ¿O resultan más atractivos otros derechos, beneficios y ventajas socio-económicas ligadas al estatus de ciudadano de la Unión, tales como poder estudiar, trabajar y vivir en otro país de la UE o la atención sanitaria en otro Estado miembro? 
  • ¿Podemos hablar ya del incipiente desarrollo de una sociedad civil europea? ¿Y de una esfera pública supranacional?
  • ¿Cómo pueden contribuir a estos desarrollos nuevos instrumentos de participación como la Iniciativa Ciudadana Europea?
  • ¿Qué valor añadido podemos destacar en una participación ciudadana de dimensión europea?
  • En cuanto a las TIC, Internet y Redes Sociales ¿Qué papel juegan y pueden llegar a desempeñar para generar un debate ciudadano de contenido genuinamente europeo?
  • ¿Qué ha supuesto la crisis económica en el ámbito de la participación ciudadana en la UE? ¿Se abre un terreno de oportunidades?
  • ¿Está el futuro de la UE ligado de algún modo a la participación ciudadana? ¿Al objetivo de lograr una Europa más ciudadana, social, participativa?

El primer turno de palabra corrió a cargo de Francisca Sauquillo, que centró su intervención en la dimensión social de la Unión Europea y el rol que están desempeñando las redes de ONGs en su actividad de “lobby” dirigida a recuperar los “pasos atrás” que ha supuesto la respuesta europea a la crisis económica y financiera. Según Sauquillo, “la crisis ha elevado el coste de la legitimidad en la UE”, y se puede observar una creciente “desafección” de los ciudadanos hacia el proyecto comunitario. En este sentido, llamó la atención sobre los “pactos sociales que están en peligro”, en concreto el Estado del bienestar, y fundamentalmente esa “Europa solidaria y de valores”.

Para Francisca “Paquita”, invertir esta tendencia tiene que ser un objetivo prioritario de las políticas europeas, en constante diálogo con la sociedad civil. La presidente del Movimiento por la Paz, insistió en que hay que apostar, “porque es posible”, por un Estado del Bienestar compatible con la globalización, reforzando ese “diálogo civil con los ciudadanos”, que ha sido una constante desde la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Para finalizar su intervención, destacó la idea de “una ciudadanía ligada al derecho de participación”; así como el gran paso que ha supuesto el Tratado de Lisboa y la Iniciativa Legislativa Europea en este objetivo.

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El  periodista, profesor y miembro del Team Europe, Miguel Ángel Benedicto, aportó, como decíamos, una perspectiva más política, ligada a las reformas institucionales que son precisas para afrontar el eterno problema de la legitimidad de la UE y el desplome de la confianza de los ciudadanos hacia sus instituciones y procesos políticos y electorales. Comenzó citando una palabras del empresario suizo  Thomas Minder: “Europa tiene miedo a la democracia directa y al voto popular”, para ejemplificar esa necesidad imperiosa del proyecto comunitario de dotar de mayor voz y poder al pueblo, porque de lo contrario se sucederán los conflictos sociales en una Europa que ya no puede vender la idea de progreso económico y bienestar.

La crisis, según Benedicto, ha devuelto los “fantasmas” de la guerra al Continente y ha puesto otra vez de manifiesto que el apoyo de los ciudadanos a la UE, ese europeísmo que se palpaba años atrás, no era sino instrumental: “ahora ya no nos va tan bien con Europa”. La consecuencia es la pérdida de apoyo y confianza en las instituciones europeas, e incluso, lo que es más preocupante, entre los propios europeos.

El profesor de la Universidad Europea de Madrid analizó también las perspectivas que se abren ante las próximas elecciones europeas (que serán en mayo de 2014),  caracterizadas tradicionalmente por una alta abstención. La falta de liderazgo en la UE, que los partidos no puedan presentar un candidato a presidente de la Comisión, la creencia de que estas elecciones no son decisivas para elegir o cambiar el Gobierno europeo o la ausencia de partidos políticos transnacionales fueron destacados por el ponente como algunos de los obstáculos para que estos comicios sean realmente trascendentales para el futuro de la UE.

Benedicto abordó, por último, las urgentes reformas institucionales para lograr una UE más democrática, unas instituciones menos lentas y rígidas y avanzar hacia una mayor integración. Tampoco olvidó citar el horizonte ineludible de la Europa política, que no puede ser otro que el federal.

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El tercer turno de intervención fue para el Doctor en Antropología de la UCM José Carmelo Lisón, que realizó un análisis de la principal herramienta para medir la opinión pública en la UE: el Eurobarómetro. Para Lisón, este estudio tiene sus límites y no podemos tomarnos sus resultados al pie de la letra para medir el europeísmo dentro de cada Estado miembro, por la diversidad cultural, de situaciones geográficas y lingüísticas que encontramos dentro de los Veintisiete. Lo que sí podemos sacar en claro de los datos que nos aporta el Eurobarómetro es la percepción por parte de los ciudadanos de una carencia democrática en la UE.

Según el profesor, existen determinados símbolos europeos que son capaces de provocar “respuestas positivas” en la ciudadanía europea, y en ellos está la clave de una identidad común: la bandera y el himno; el euro; programas de intercambio como el Erasmus. La base de una “conciencia europea” para lograr mayor implicación de los ciudadanos estaría, para Lisón, en varios ámbitos clave: para empezar, la educación (con el desarrollo de una asignatura de ciudadanía europea); el aprendizaje de idiomas; los programas europeos de intercambio para estudiar, hacer prácticas y trabajar en otro país de la UE; una televisión europea y que se proyecten películas en versión original.

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Para finalizar el debate, el catedrático Manuel Nuñez Encabo habló del objetivo de construir un espacio común de la información en Europa, como requisito imprescindible para que exista una opinión pública común europea. Según Nuñez Encabo, actualmente contamos con multitud de fuentes de información sobre la UE, pero no con una fuente común de información, que funcione como una “red”. En este sentido, hizo referencia a la necesaria especialización del periodismo en asuntos comunitarios y a la posibilidad de coordinar programas comunes utilizando para ello las televisiones públicas. En este punto, el profesor y miembro de la FAPE, lamentó la salida de Televisión Española de Euronews.

Para Nuñez Encabo, hay que comunicar mejor la gran cantidad de “contenidos positivos” que ha supuesto la integración europea y el desarrollo de muchas políticas en ámbitos como la educación, la libertad de movimiento, la juventud o el empleo; así como ahondar en una estrategia europea de comunicación (que echa en falta en instituciones como el Consejo y la Comisión) para que los ciudadanos conozcan mejor sus derechos y oportunidades.

  • Más información en la Página Web del Centro de Excelencia Jean Monnet “Antonio Truyol”.
  • Crónica en el blog Ciudadano Morante

La participación política en el contexto de la Unión Europea, a debate

El Centro de Excelencia Jean Monnet “Antonio Truyol”de la UCM organiza el próximo martes, 12 de marzo, un Seminario sobre “la ciudadanía europea y la participación política”. Con la presencia de numerosos expertos en el tema, será una buena oportunidad para profundizar en un debate siempre en el epicentro de la integración europea: las oportunidades de participación y la implicación de los ciudadanos dentro de una construcción política supranacional.

¿Conocen los ciudadanos europeos sus derechos de participación política dentro de la UE? ¿Están interesados en usarlos? ¿Podemos hablar ya del incipiente desarrollo de una sociedad civil supranacional? ¿Y de una esfera pública europea? ¿En qué pueden contribuir en estos ámbitos nuevos instrumentos de participación como la Iniciativa Legislativa Europea? ¿Cuáles son los valores añadidos de una participación ciudadana de dimensión europea?

Sin duda muchas preguntas para este interesante debate, en el que tengo la suerte de participar como moderadora de una de las mesas redondas, que presentará el Catedrático Francisco Aldecoa Luzárraga.

Así que os contaré en detalle la próxima semana!

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Los españoles, “más europeos” a pesar de la crisis

En un momento en el que en nuestro país crece el descontento hacia una situación económica que toca fondo, mientras de forma paralela se endurecen las medidas de austeridad aplicadas por el Gobierno; la profunda desafección hacia las instituciones políticas; el descontento hacia la gestión de la crisis, y el pesimismo sobre nuestro futuro, contrastan con el sentir de unos ciudadanos españoles que siguen viendo la Unión Europea en gran medida como parte de la solución a sus problemas. “El hecho de pertenecer a la UE continúa siendo un pilar importante para la ciudadanía española” y, como veremos más adelante, especialmente desde el prisma económico y social. Tal es la conclusión a la que llega la “perspectiva española” del último informe del Eurobarómetro, cuyos datos fueron recogidos en el otoño de 2012, y que se acaba de hacer público.

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No es de extrañar que las prioridades que manifiesta la ciudadanía española en el contexto europeo tengan que ver especialmente con aspectos sociales y económicos. Según el informe de la Comisión Europea, casi la mitad de las familias encuestadas reconoce tener casi siempre u ocasionalmente problemas para llegar a fin de mes, un dato que nos sitúa cinco puntos por encima de la media europea.

De hecho, entre las cuestiones que los ciudadanos de nuestro país valoran más de la UE están, en primer lugar, la libre circulación de personas, bienes y servicios (45%), después de la paz (35 %), pero en menor medida que en otros países. Por el contrario, damos más importancia que el resto de europeos a posibilidades que nos ofrece la UE como los intercambios estudiantiles en el marco del programa Erasmus (25% frente al 22% de la media UE27); así como a la protección social en el contexto de la Unión  en ámbitos como la sanidad,  la educación y las pensiones (20 % frente a 18%). Por su parte, damos valor al euro entre estos “logros” en igual medida que el resto de europeos (25% de los encuestados).

Los ciudadanos españoles manifiestan interés por conocer los derechos que otorga el estatus de ciudadano de la UE, en especial, en lo que respecta a la posibilidad de vivir, estudiar, trabajar y recibir asistencia médica en otro Estado miembro. A pesar de este interés, solo el 9% de los españoles encuestados reconoce tener un alto grado de conocimiento de estos derechos y lo que implican. El 40% conoce “algo”, mientras que el dato más preocupante lo observamos en el 51% que afirma no conocer nada en absoluto sobre la ciudadanía europea y su contenido.

En estos datos tiene mucho que ver el escaso nivel de información sobre los asuntos europeos que manifiestan los españoles. El 78% se considera desinformado, diez puntos por encima de la media europea. Lo que sí resulta interesante de estos datos es que Internet se consolida como el segundo medio de comunicación más usado para la  información en temas europeos (30%), por debajo de la TV (50%), y superando a la prensa diaria (24%). A su vez, las redes sociales son ya el segundo medio Web preferido (37%). En el resto de la UE, las redes sociales tienen mucho menos peso que en España.

Esta tendencia nos hace ser optimistas ante la posibilidad de una ciudadanía española más informada y activa en el contexto europeo, sin lugar a dudas unos de los retos para el futuro de la UE.

Con todo, la forma en la que los ciudadanos españoles sienten, viven y se relacionan con Europa continúa teniendo rasgos esenciales que permanecen en el tiempo: la ciudadanía europea “española” es por lo general desinformada, ciertamente pasiva, necesitada de más experiencias directas, pero consciente de la importancia de la pertenencia de su país a la UE. España siempre se ha destacado por su sentimiento “europeísta”, y seguimos pensando en Europa, como decíamos al principio de este artículo, más como parte de la solución que como parte del problema.

Esta última oleada del Eurobarómetro confirma que nos sentimos más europeos que el resto de la UE27 (a excepción de casos como el de Luxemburgo, Malta y Alemania). Y además, aún (o precisamente) con el recrudecimiento de la crisis, se observa que este “sentimiento europeo” crece respecto a estudios anteriores. Y ello, a pesar, como se apuntaba antes, de encontramos menos “vínculos” con el resto de países de la UE en aspectos como el uso de idiomas, la movilidad hacia otros países de la UE, relaciones con otros ciudadanos europeos, etc.

Por último, somos pesimistas respecto a la Iniciativa Ciudadana Europea, uno de los instrumentos introducidos en el Tratado de Lisboa para dotar de una mayor democracia a las instituciones comunitarias, fomentar la participación ciudadana, e impulsar el crecimiento de una sociedad civil europea. El 71 % de los encuestados ve poco o nada probable que vaya a participar en esta iniciativa, aunque sí vemos interesante, en el caso de usarla, que se proponga legislación en ámbitos como el empleo, la educación, los impuestos y las pensiones.

Actualmente, existen ya varias Iniciativas abiertas, que necesitan recabar un millón de firmas de ciudadanos de al menos siete países distintos de la UE. La ciudadanía europea busca promover legislación comunitaria en ámbitos como la educación, el medio ambiente, las telecomunicaciones, los medios de comunicación, o el agua/saneamiento.

Euroscola 2013 y el Año Europeo de los Ciudadanos

El 26 de febrero, arrancó la XIX edición del concurso Euroscola, una iniciativa organizada por el Parlamento Europeo para tratar de acercar Europa a los  jóvenes de entre 15 y 18 años. Mediante un juego online, integrado por distintas fases, equipos de hasta 10 alumnos de ESO, Bachillerato o FP de Grado Medio, acompañados por un tutor/profesor, tienen que demostrar sus conocimientos sobre la Unión Europea; todo ello, mientras se fomenta el uso de las nuevas tecnologías como herramientas educativas, así como el aprendizaje de idiomas.

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En cada edición de Euroscola se trabajan temas concretos relacionados con las políticas comunitarias y, en concreto, el tema central de la competición suele coincidir con el Año Europeo de turno. Así, mientras la edición de 2012 estuvo centrada en el objetivo de estrechar lazos entre distintas generaciones de europeos, en paralelo a la celebración del Año Europeo del Envejecimiento Activo y el Diálogo Intergeneracional; la edición de 2013 atenderá al Año Europeo de los Ciudadanos, por lo que en Euroscola se trabajará muy especialmente para que los jóvenes conozcan y sean conscientes de sus derechos como ciudadanos de la Unión, promoviendo de este modo una ciudadanía europea más activa, aspecto vital en el proceso de construcción europea.

Este Año Europeo 2013 coincide con el veinte aniversario de la creación de la ciudadanía de la Unión en el Tratado de Maastricht. Los derechos de ciudadanía europea, en cierta medida desconocidos por muchos ciudadanos de la UE, implican el derecho a trasladarse y circular libremente por cualquier Estado miembro; poder votar y  ser elegido en los comicios europeos y locales en el país de residencia; la protección diplomática y consular fuera de la UE; el acceso a los documentos de las instituciones europeas; o la posibilidad de dirigir peticiones al Parlamento europeo y recabar la protección del Defensor del Pueblo Europeo en caso de una mala administración por parte de una institución comunitaria.

Los equipos que mejor trabajen sobre estos temas, obtendrán como premio una visita a la sede de la Eurocámara en Estrasburgo:  podrán sentirse “eurodiputados por un día“, participando en una jornada de simulación del trabajo desarrollado en nuestra Cámara transnacional, junto a los eurodiputados y  jóvenes de todos los países de la UE.

El concurso Euroscola es, sin lugar a dudas, un gran exponente del esfuerzo por acercar la Unión Europea a los jóvenes, que deben jugar un papel vital en el desarrollo y futuro del proyecto europeo. Avanzar en una educación con mayores componentes de dimensión europea es un valor añadido, y será clave para fomentar una ciudadanía europea activa, consciente de nuestros retos, éxitos, y, por qué no, también fracasos. Lo importante es que las generaciones más jóvenes, aquellas que han nacido y crecido bajo el paraguas de la unidad europea, comprendan este proyecto común, y sean parte de él, de forma crítica, constructiva, informada, solidaria…. Con iniciativas como Euroscola estamos sembrando futuro.

Todos lo que necesitas saber para participar en Euroscola 2013 lo puedes encontrar en estos enlaces: 

Web oficial en Español: http://www.euro-scola.com/index.php

Oficina del Parlamento Europeo en España: http://www.europarl.es/www.europarl.es/view/es/index.html

Web del Programa Euroscola del Parlamento Europeo: http://www.europarl.europa.eu/euroscola/view/en/index.html

Facebook: https://www.facebook.com/pages/Euroscola-ES/232736996786792

Twiter: https://twitter.com/Euroscola2013

Europa y el euro: las reformas económicas y un futuro común

Ayer tuve la oportunidad de participar en representación de mi partido, UPyD, y junto a representantes de otras formaciones políticas y de la Universidad, en una charla sobre Europa, el Euro y su Futuro, dentro del ciclo “charlas por la libertad de información  y opinión”, una iniciativa interesante que busca incentivar el debate entre políticos, ciudadanos, académicos, etc. sobre diversos temas de actualidad.

Como estaba acompañada por dos economistas en la mesa, que ya iban desde su experiencia a aportar la visión estrictamente económica sobre la crisis del Euro, decidí dirigir mi intervención hacia una perspectiva más política, hacia otras crisis que Europa también vive, o que persisten, y que no ha sabido resolver, y que hacen que la respuesta a esta crisis financiera haya sido más compleja, más lenta, menos ágil.

Tuvimos tiempo, en casi tres horas de debate, no solo de hablar del euro o del futuro de Europa, sino también de cuestiones que preocupan a los ciudadanos en nuestro país, como las cajas de ahorros, las responsabilidades de los políticos cuando despilfarran o realizan una gestión nefasta de los recursos públicos, los acuerdos comerciales con Marruecos que afectan al tomate murciano y algunas cosas más.

Me llevé una sensación, tras finalizar la charla, un tanto extraña. Me explico: por un lado, da gusto ver, tal y como se desarrolló el debate, cómo en este país está desarrollándose una masa crítica de ciudadanos cada vez mayor (importante en una sociedad civil como la nuestra siempre un tanto acomplejada, en general, y demasiado politizada y subvencionada, acorde, seguramente, a unas estructuras políticas también muy conservadoras y resistentes al cambio); pero, por otra parte, me preocupó comprobar que cada vez más ciudadanos dudan de la necesidad de que el proyecto europeo salga adelante (lo ven como parte del problema cuando, en realidad, debería ser parte de la solución a lo que estamos viviendo).

Así que, como la charla se repite el día 13 de marzo (seguramente en la Universidad de Murcia) he dedicido que allí hablaré de por qué necesitamos la UE. De cómo sería nuestra Región, España, Europa y el mundo si la unidad europea no hubiera cuajado. O, mejor dicho,  todo lo que no seríamos sin Europa.

De momento, os dejo con la transcripción de mi ponencia.

 

EUROPA: UNA TRIPLE CRISIS DETRÁS DE LA ECONÓMICA

Me gustaría comenzar diciendo que tenemos una triple crisis en Europa, en la Unión Europea, que afecta a la crisis del euro y al futuro de Europa.  Me refiero a una crisis de democracia, a una crisis de liderazgo político, y a una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las estructuras políticas de la UE.

Y esta triple crisis, solo se puede despejar con una serie de decisiones políticas que impliquen: más integraciónsoluciones europeas (porque se ha demostrado que los Estados miembros no son por sí solos capaces de defenderse de una crisis global como ésta); con una reforma institucional que permita que nuestras instituciones comunes puedan reaccionar de forma más rápida, eficaz y autónoma ante las crisis (porque se ha demostrado también que tenemos unas instituciones lentas, demasiado rígidas y dependientes de los Estados miembros, y por ello sujetas a egoísmos nacionales); con unas auténticas instituciones europeas más democráticas  (que permitan que la voluntad popular se vea reflejada en las decisiones que se toman; que la ciudadanía pueda controlar, de verdad, a través de instituciones elegidas democráticamente, lo que se decide; y, por supuesto, que esas instituciones tengan que rendir cuentas).

 

DÉFICIT DEMOCRÁTICO Y REFORMA INSTITUCIONAL: MEDIDAS DE REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Nosotros, desde UPyD, consideramos que afrontar la reforma institucional es fundamental para poder enfrentarnos a esta crisis económica, y para sentar los cimientos para evitar futuras crisis o al menos poder responder mejor ante ellas.

Y si hablamos de reforma institucional tenemos que referirnos al ya conocido como déficit democrático de la Unión Europea.

¿En qué consiste este déficit democrático de la Unión Europea? Os lo voy a resumir en unos puntos muy concretos. Básicamente es una cuestión relacionada con una serie de vectores de legitimidad que la UE cumple sólo en determinados casos.

Mirad, la Unión Europea básicamente apoya su legitimidad en tres vectores:

1) la UE tiene lo que se llama una “legitimidad legal” que le otorga su constitución, su creación y su desarrollo a partir del Derecho (en palabras más simples, una serie de Tratados constitutivos que fueron signados por los EEMM);

2) así como una “legitimidad indirecta” (derivada de unos Gobiernos nacionales elegidos y que están representados en el Consejo de la UE);

3) y ostenta una “legitimidad llamada tecnocrática”(se deja, se delega en manos de técnicos, muchas decisiones y políticas en base a que eso va a resultar en una eficacia, en mejores resultados).

¿Cuál es el problema?

El problema es de control democrático y de rendición de cuentas. Hay un Parlamento Europeo (que recuerdo, es la única institución elegida democráticamente por los ciudadanos europeos) que aunque se han ido aumentando sus poderes en sucesivas reformas de los Tratados (especialmente en Maastricht y en Lisboa: con más capacidad legislativa, de control a la Comisión, poderes presupuestarios, etc.) no se erige  aún en una auténtica fuente de legitimidad directa, federal, dentro de la Unión.

El Parlamento Europeo no elige a la Comisión, no puede vetar las grandes decisiones (pongo como ejemplo el último nuevo tratado fiscal que se va a firmar sobre el que el PE ha mostrado su desacuerdo, pero sobre el que poco puede hacer frente a las voluntades de los Estados). En realidad, los contrapesos al poder del Consejo son aún débiles aunque se hayan reforzado.

Pero es que además la Comisión, que es un órgano independiente, tecnocrático y alejado del control de los ciudadanos, tiene en su poder el cuasi-monopolio de la iniciativa legislativa en la UE, y resulta que esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos antes es ajena al control político, democrático y a la rendición de cuentas.

Pero hay un problema aún más grave. Y es que la Unión, aunque posee una legitimidad legal, no tiene lo que se llama una “legitimidad de origen”. Esto lo han resaltado muchos analistas europeos. La Unión no se creó en base a una voluntad popular (en realidad es un proyecto fruto del consenso entre élites políticas y a la ciudadanía se le supuso, digamos, un consentimiento tácito, luego hablamos de esto). Y sin esta legitimidad de origen, sin esa aceptación explícita por parte de los ciudadanos, sin un sentimiento de identidad europea que implique una cohesión, la UE lo tiene muy difícil.

Pero es que además, esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos, está supeditada a los resultados. Es una democracia resultadista. Mientras todo fue bien, mientras se creaba bienestar en Europa, no había problema. Pero ahora esto ha cambiado, y nos vemos envueltos en una crisis brutal sin haber cimentado las bases políticas, democráticas y de legitimidad, y de apoyo popular a la UE que nos permitan ahora tomar decisiones que implican, no beneficios como hasta ahora, sino sacrificios y compromisos a la ciudadanía.

En definitiva, para cerrar este capítulo del déficit democrático, nosotros apostamos por una reforma institucional que de verdad dé a la ciudadanía el poder de elegir quién va a tomar las decisiones por ellos y quién va a controlar y exigir cuentas en representación de los ciudadanos.

Esas reformas, para UPyD, pasan, y creemos que son las más lógicas por:

-Un Parlamento Europeo como ÚNICO poder legislativo y que elija y controle (de verdad) al ejecutivo, es decir, a la Comisión Europea (que coordine las principales políticas de la UE que aún se mantienen bajo el control de los Gobiernos nacionales, y que funcione como auténtico gobierno federal).

-Es decir, el PE como eje legislativo, de control y democrático de la UE. Y elegido por sufragio universal en listas desbloqueadas y transnacionales.

-En el ámbito económico, una política fiscal común europea, con la integración progresiva de los sistemas fiscales nacionales y la creación de un tesoro de la UE que sea capaz de intervenir eficazmente en la política monetaria y en las crisis de financiación. Uno de los principales problemas de la actual crisis es que las políticas fiscales de los EEMM estaban descoordinadas entre sí  y con la política monetaria europea.

-Un Banco Central Europeo más transparente.

En resumen, tomar una serie de decisiones políticas, que implican más integración, más democracia, más transparencia, y más tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos para elegir quien toma esas decisiones.

Nosotros, desde UPyD, no vemos un futuro sin el euro. Eso haría tambalearse todo el sistema financiero global. Pero entendemos que medidas puntuales, como ese nuevo pacto fiscal, la regla de oro del déficit presupuestario, o los fondos de rescate no son suficientes. Se necesitan medidas de reforma de calado que implican decisiones políticas de mayor integración.

 

CRISIS DE LIDERAZGO

Hay que tomar decisiones. Pero para tomarlas hace falta un liderazgo europeo sólido, valiente y capaz de aportar las soluciones europeas que son necesarias. Los nuevos altos cargos de la UE, lo que nos trajo Lisboa, no han resuelto el problema de liderazgo, me atrevo a decir que lo han empeorado, ni tampoco el eje París-Berlín, Merkel y Sarkozy, constituyen un liderazgo europeo (más allá de sus intereses nacionales) que esté a la altura de la versión europea de líderes del pasado.

Yo no tengo ninguna duda de que Merkel y Sarkozy quieren salvar el Euro, la cuestión está en si vamos a salvar el Euro a costa del bienestar de los ciudadanos. Salvar el euro no puede ser un fin sin sí mismo, ni servir sólo a los intereses de algunas de las partes.

 

CRISIS DE CONFIANZA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS

Y todo esto tiene mucho que ver con la crisis de confianza que se observa en los ciudadanos hacia la Unión Europea y sus mecanismos de respuesta ante la crisis.

Esta crisis de confianza, a mi parecer, viene dada por 3 razones: por la falta de control democrático de las decisiones que se toman; segundo, porque no hay un sentimiento de identidad colectiva “europea”, y tercero, porque los ciudadanos no van a aceptar solo recortes, solo medidas de austeridad, sino que piden también medidas de estímulo económico.

La UE es un proyecto, lo he comentado antes, tremendamente elitista y tecnocrático y el peligro de esta crisis es que se está acentuando ese carácter, en lugar de avanzar en reformas de regeneración democrática.

El problema es que esa estrategia ya no sirve como en las primeras décadas de integración europea, ya no sirve porque ya no hay resultados que vender, sino sacrificios que pedir.

Y aquí hay una cuestión muy importante, y es el carácter principalmente “instrumental” del apoyo que la Unión Europea ha recabado entre los ciudadanos hasta ahora. La ciudadanía apoya la Unión Europea en la medida en que observa unos beneficios derivados de la pertenencia de su país a la Unión, basada sobre todo en épocas de bonanza económica.

Es decir, fue un apoyo “tácito”, que se dio por supuesto, en los primeros años de la integración, que se asentó como “instrumental” mientras las cosas fueron bien, y que ha sido ciertamente “pasivo”, poco informado. Los ciudadanos no mostraban mucho interés por lo que pasaba en la lejana Bruselas.

Pero ahora las cosas han cambiado.

 

CONCLUSIÓN: PELIGROS Y OPORTUNIDADES DE LA CRISIS DEL EURO

Y de esta crisis, con este contexto, surgen una serie de peligros.

1)      El primer peligro es que ese consenso tácito y pasivo de la ciudadanía europea se torne en lo que podríamos llamar un “disenso activo”. Y que de ahí saquen tajada fuerzas políticas (y este es un fenómeno que ya se está desarrollando) que lleven como principal punto de su discurso político su antieuropeísmo.

2)      El segundo peligro es que la UE es lugar de apostar por una visión política europea, por mayor integración, por reformas democráticas, se aísle una mayor tecnocracia que la aleje aún más de los ciudadanos.

Pero también surgen algunas oportunidades.

Y para ejemplificar estas oportunidades, me gustaría citar a uno de los grandes autores europeos, Jürgen Habermas, que a propósito de la crisis del euro escribió que “con un poco de nervio político [es decir, de liderazgo político europeo] la crisis de la moneda común puede acabar produciendo la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común” (cita del artículo “En el Euro se decide el destino de la UE”, El País, 23 mayo 2010).

Como dijo Honoré Balzac, bastante años antes que Habermas, “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”.

Pues para el proyecto Europeo, ésta es la gran crisis, se nos puede romper el corazón con todos esos peligros que se han relatado, y solo podemos curtir nuestro corazón, el corazón de Europa, con una visión política valiente, con reformas de regeneración democrática, con más integración, con más Europa, y por supuesto, sin perder de vista nunca ese horizonte de la Europa federal. 

Entrevista con los foreros de Territorio Magenta

Territorio Magenta es un foro no oficial de afiliados y simpatizantes de UPyD en el que se abordan distintos temas relacionados tanto con la situación política nacional como internacional. La UE, como no puede ser de otra forma por los difíciles momentos que está viviendo la zona Euro, viene siendo un tema recurrente dentro del foro, motivo por el cual se me ofreció responder a algunas preguntas realizadas por los participantes. Éste ha sido el resultado.

1) Si surgiese la posibilidad de que varios de los Estados que forman parte de la UE se fusionaran entre sí dando lugar a una federación* (más pequeña que la UE, pero realmente unida), ¿usted apoyaría que España formase parte de la fusión aunque pudiese suponer la salida de la UE? 

<<Si entiendo bien la pregunta, en los términos que se plantea, no lo veo una “solución” muy viable y menos al margen de la UE. Imaginad, sin ir muy lejos, una unión ibérica con España y Portugal y fuera de la UE ¿Dónde nos llevaría? Lo importante es avanzar hacia una Europa más fuerte y con más competencias, corregir los desequilibrios entre la integración económica y política y dotarnos de los mecanismos para reaccionar de forma colectiva y solidaria en momentos de crisis (sean del tipo que sean). Un primer paso es una fiscalidad común, imprescindible para hacer viable la unión monetaria, pero el horizonte, la finalidad última de la UE, solo puede ser “política” (vocación federal), de lo contrario estamos abocados al fracaso.
Añadiría que esta finalidad es no solo política, sino “socio-política” (aunque esté adelantando parte de otra respuesta), y no me refiero solo a la Europa social, que también, sino fundamentalmente a la necesidad de dotarse de legitimidad democrática y, a través o a partir de ella, construir una comunidad real de ciudadanos con capacidad, a través de sus representantes “elegidos”, de tomar decisiones.

Aunque volviendo a la pregunta (perdón por irme por las ramas), lo cierto es que me ha recordado una cuestión bastante interesante, no para descomponer la UE sino para ampliarla (a partir de la descomposición de otros Estados miembros): es lo que se ha venido a llamar “ampliación interna de la UE”. Es un viejo reclamo del nacionalismo español, especialmente del catalán: una Cataluña independiente pero que se integraría automáticamente en la UE sin necesidad de adhesión. El vacío legal sobre el tema crea controversia, pero lo cierto es que hay serias dudas de que sea posible. Escribí sobre ello hace algún tiempo en este post. ¿Qué pensáis?>>

2) ¿Apoyaría usted la eleccion directa, por el pueblo, del Presidente de la UE (que pasaria a ostentar ciertas competencias ejecutivas a nivel europeo) o preferiría un sistema parlamentario? 

<<Apostaría por un sistema parlamentario, reforzando el poder legislativo de la Eurocámara (se ha hecho en Lisboa, en parte), como única cámara legislativa y que controle al ejecutivo, la Comisión. De ese Parlamento, elegido por los ciudadanos europeos, debe salir el Gobierno de la UE.
Es verdad que en el Tratado de Lisboa se incrementaron los poderes legislativos (papel de “co-legislador”, junto con el Consejo de la UE) y de control político, democrático y presupuestario del Parlamento Europeo. Por ejemplo, la codecisión se estableció como “procedimiento legislativo ordinario” y se acordó una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento de los miembros de la Comisión. En este sentido, una principal novedad que introdujo Lisboa fue establecer una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión, algo que debía contribuir a dotar de legitimidad a esta figura al ser investido por la reelegida mayoría en la Cámara. Pero las cosas no son tan bonitas como las pintan, porque, sobre el terreno, el Parlamento no “elige” al presidente de la Comisión, sino que ratifica o no al candidato que proponen los Estados.
En definitiva, hablamos de dar un vuelco a la compleja dinámica que en la toma de decisiones se ha articulado en torno al tradicional “triángulo institucional” (PE, Comisión y Consejo) que dista mucho de la clásica división de poderes que conocemos en el marco del Estado nación, y que se ha caracterizado por el monopolio de iniciativa legislativa para la Comisión (institución tecnocrática e independiente, alejada del control de los ciudadanos) y el reparto de la autoridad legislativa y presupuestaria entre el Consejo y el Parlamento (este último marcado históricamente por una debilidad intrínseca que han ido corrigiendo sucesivos Tratados hasta convertirle en colegislador).
Hablamos de una dinámica de “equilibrio institucional” o “pesos y contrapesos” muy pero que muy compleja. Un ejemplo: en la función ejecutiva intervienen la Comisión, el Consejo y los Estados miembros (estos últimos en la ejecución de una buena parte de las políticas y normativas). Es decir, que hace trizas el cuadro típico de división de poderes estatal de Montesquieu.
En cualquier caso, ese “vuelco” hacia el régimen parlamentario tiene que venir de la mano de cuestiones como la celebración de unas verdaderas elecciones europeas (con listas transnacionales) y con partidos de dimensión transnacional que presenten programas auténticamente europeos. Por ahora, y lo vemos en España, lo que tenemos son unas europeas descafeinadas, sin dimensión europea, que son poco más que un examen a corto-medio plazo para las elecciones domésticas. No se hace mucha didáctica europea en las campañas (UPyD fue una honrosa excepción en 2009), el debate europeo escasea y, así, es difícil que los ciudadanos elijan en base a cuestiones de índole transnacional, en torno a problemas comunes o sobre la idea de Europa que quieren.
Entiendo que si los partidos europeístas no nos diferenciamos claramente en la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo con un discurso claro y el clave europea ante la ciudadanía, los euroescépticos o antieuropeos lo harán por nosotros (como ya está ocurriendo, por otro lado, en otros lugares de Europa).
Perdón otra vez por la extensión en la respuesta.>>

3) ¿Dejaría usted la capacidad legislativa europea al europarlamento en exclusiva (eliminando las otras cámaras no electas que intervienen)?

<<Creo que ya he respondido esta cuestión en la pregunta anterior. La capacidad legislativa debe ser para el Parlamento Europeo, es la única forma de ganar en legitimidad democrática. Aunque el Consejo tiene una legitimidad indirecta (políticos elegidos en sus respectivos Estados), hay dudas sobre la capacidad de control que tienen los parlamentos nacionales para con lo que estos mismos políticos acuerdan “en Bruselas”.>>

4) ¿Ve usted posible que la actual UE acabe teniendo gobierno con algun poder, o es necesario que ciertos socios (Como el reino Unido probablemente) se den de baja primero? 

<<Es cierto que la Europa de las dos velocidades cobra ahora más fuerza que nunca. Es verdad que estamos ante una UE muy diversa en cuanto a la capacidad y compromiso real de cada miembro. Lo ideal es avanzar al mismo ritmo, pero las distintas velocidades no son ninguna catástrofe. Ya se han implantado, de hecho, con la culminación de la Unión Económica y Monetaria (el Euro) o con Tratados como el de Schengen. Hay que ser realistas: UK nunca aceptará formar parte de una Europa federal.>>

5) Hola. Soy de los que cree que UPyD debe entrar a formar parte de ELDR a nivel europeo. Entiendo que para ello probablemente se pida primero que no haya nacionalistas en dicho partido europeo. El único que hay es el CDC (nuestra querida convergencia de cataluña). Es una anomalía que debemos remediar. Además, el partido español más europeísta debe activamente participar en las políticas europeas, también en el parlamento europeo. ¿Estás a favor de que UPyD entre en ELDR? ¿Crees que el partido va a intentarlo ahora que somos 4ª fuerza política? 

<<Bien, ALDE es un grupo en el que perfectamente podría encajar UPyD y es cierto que la presencia de nacionalistas frustró que Sosa pudiera entrar a formar parte. Estoy de acuerdo contigo en que estar en NI es una anomalía, para empezar porque nuestra capacidad para hacer política se ve mermada, porque la propia Eurocámara sanciona de algún modo a los eurodiputados que no son capaces de incluirse en alguna formación. En este punto, siempre se me viene a la mente una palabra que es signo distintivo de UPyD y que es aplicable a este caso concreto: la transversalidad. ALDE es un partido europeísta que apuesta por una Europa federal y sí, UPyD podría encajarse perfectamente ahí.>>

6) ¿Cuál es la posición de UPyD sobre la situación de ciertos ciudadanos comunitarios que a la hora de trabajar en un país de la Unión se les niega el permiso de trabajo? 

<<Imagino que te refieres al caso de los ciudadanos rumanos. La posición de la UPyD es muy clara al respecto, y para ejemplificarla transcribo un párrafo de nuestro programa electoral de las europeas de 2009:

“Para implementar la noción de Ciudadanía de la UE, impulsaremos la prohibición de que los Estados miembros de la UE puedan suspender, o limitar en el tiempo, derechos fundamentales de los ciudadanos de la Unión, tales como la imposición de moratorias para la libre circulación y establecimiento de trabajadores dentro de la UE, que ha dado origen a la segregación entre ciudadanos de primera y de segunda en Europa, violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE”.

En este sentido, y por profundizar un poco más en este tema, me gustaría destacar que la propia configuración de la ciudadanía de la Unión creada en Maastricht (al sujetarla a la nacionalidad de un Estado miembro) ha creado ya tres categorías de individuos en la UE: los ciudadanos, los denominados “denizers” (residentes extranjeros pero con derechos similares a los nacionales) y extranjeros. Se trata de una situación que algunos autores han calificado incluso como “apartheid” europeo.

Por tanto, es inadmisible que haya ciudadanos UE (como los rumanos) a los que se les usurpan directamente sus derechos, pero es que, además, la ciudadanía de la UE, tal y como está configurada (sujeta a la nacionalidad) crea ya de por si varias categorías de ciudadanos. Y a ello le añadimos iniciativas como la Directiva de Retorno (que UPyD rechazó frontalmente), tenemos el cóctel completo para una regresión absoluta en los Derechos Fundamentales en la UE.>>

7) ¿Cree que la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE a corto o medio plazo es real? ¿Irá aumentando el antieuropeísmo en ese país y en otros? En España era casi inexistente y últimamente se está viendo mucho en ambientes como el del 15M…

<<Antes he comentado que el antieuropeísmo se está convirtiendo en protagonista de la escena política en muchos países. Partidos que, en concreto, se diferencian ideológicamente por este hecho. En España, los partidos tradicionales (especialmente PP y PSOE) han perdido mucho tiempo y muchas oportunidades de explicar Europa y su postura sobre la UE en las campañas. Ahora el peligro es que otros lo hagan por ellos, pero en clave euroescéptica (que es muy lícito), o lo que es peor, antieuropea.Sobre el Reino Unido, las presiones sobre Cameron de los euroescépticos son fuertes y se han incrementado en los últimos tiempos. Ahora también hay que tener en cuenta que su socio de Gobierno (Clegg) es una de las figuras más europeístas del país. No todo es antieuropeísmo en el Reino Unido, ahí tenemos, sin ir más lejos, a Andrew Duff. Mejor dicho no todo es Farage, al que considero más un “eurofriki”. No veo a un Reino Unido fuera de la UE.>>

También discrepo sobre el euroescepticismo del 15M. Por ejemplo, en las manifestaciones del 15 de octubre lo que se vio (al menos es mi parecer) fue la irrupción de un movimiento ciudadano global de carácter muy solidario, europeo, que no pedía que dejáramos caer, por ejemplo a Grecia, sino que propugnaba “todos somos Grecia”. Veo aquí (con las debidas cautelas) un movimiento ciudadano europeo lleno de espontaneidad y solidaridad, repleto de valores comunes. Siempre he pensado que el liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía.

Las crisis también pueden ser épocas de oportunidades. Y en esta crisis, lo que podemos perder nos afecta a todos. Lo que nos jugamos es nuestro futuro común. Eso es importante para construir identidad europea.>>

8 ) ¿Cree que Turquía acabará entrando en la UE? ¿Y Rusia? ¿E Israel? 

<<Creo firmemente que sí ¿Por qué no, si se cumplen las condiciones? Para empezar, los criterios demográficos son difusos, tanto como las fronteras de Europa. Prueba de ello son sus límites orientales y occidentales, que han sufrido numerosos cambios a lo largo de la historia. Al Imperio Turco, sir ir más lejos, se le calificó en su día como “el enfermo de Europa”.Luego está el tema cultural: un país de mayoría islámica y gobernado por un partido islámico. Pero la Turquía moderna se fundó sobre la laicidad y no hay que olvidar que la mayoría de su población considera la religión un asunto que pertenece estrictamente al ámbito privado.Los recelos reales, a mi entender, han venido más bien por la cuestión de los derechos humanos y el peso poblacional turco, este último en dos vertientes: poder político que ostentaría por el sistema de voto de la “doble mayoría” y temor a los flujos migratorios.

En cualquier caso, Turquía debe seguir avanzando para cumplir determinados criterios políticos en materia de democracia y Estado de Derecho, así como lo que afecta a los derechos humanos y protección de las minorías.

Lo de Israel y Rusia lo veo más lejano, y no conozco profundamente cuáles serían las opciones. De momento, tendrán que conformarse con Eurovisión.>>

9) Últimamente, con la crisis, se está hablando de mucho de los funcionarios. La huelga del 2009 en la UE demostró que era muy difícil asumir el costo de un funcionariado que crece y no disminuye. En España la mayoría de los funcionarios son nuestros médicos, policías, militares, profesores… pero la UE no tiene ese tipo de funcionarios. En Suecia, los funcionarios públicos no gozan del privilegio de tener el empleo asegurado de por vida, como si ocurre en España. Allí tienen unos contratos renovables y no ha modificado su estado del bienestar. ¿Es posible que desde la unión Europea se pueda hacer algo por “armonizar” la función pública en toda la UE? ¿Conoces el sistema Sueco? ¿Sería posible aplicarlo a España? ¿Y en la UE?

<<No conozco profundamente el sistema sueco. Los funcionarios europeos vienen sufriendo recortes en los últimos tiempos, a la par de los que hemos visto, sin ir más lejos, en España. Pero, en este sentido, entiendo también que la austeridad en el gasto debe ir de la mano de la eliminación de duplicidades que se siguen manteniendo y que suponen un coste inasumible, como es el caso de las sedes del Parlamento Europeo.En cuanto a armonizar la función pública en toda la UE no podría hacer una valoración ahora mismo por mi escaso conocimiento de esta cuestión en concreto.Siento no poder ser más explícita.>>

10) ¿Está a favor de la emisión de eurobonos antes o después de conseguir una fiscalidad común? ¿Qué sistemas de control implantaría para evitar que se presenten informes falsos o se maquillen las cuentas de los países miembros como ocurrió con Grecia durante años? 

<<Muchos países lo han visto como la única solución para generar confianza, pero no creo que sean la solución definitiva. En cualquier caso, pueden ser el paso para una mayor unión fiscal, que al fin y al cabo es lo más deseable. Después de la cumbre europea lo que tenemos claro es que habrá techo de déficit, supervisión de los presupuestos, sanciones para incumplimientos y un refuerzo del control que tendrá la UE sobre los países rescatados. Todo esto va en la línea de evitar más casos como el de Grecia. Son pasos hacia la integración fiscal, pero queda mucho.
Ha sido un placer, muchas gracias.>>