Cataluña y la “ampliación interna” de la UE

¿Qué sería de una campaña electoral en Cataluña sin su más polémico y recurrente tema “estrella”? Por su puesto, hablo de la posibilidad de que Cataluña pueda como constituirse como Estado independiente, epicentro de un debate en el que entran juego multitud de factores y sentimientos. Dejando a un lado la obviedad de que este anhelo del nacionalismo catalán difícilmente pueda llevarse a cabo dentro del actual marco constitucional español, me gustaría atender, en este caso, a la vertiente europeísta de la polémica, sobre todo, porque, en este nivel, sí que existe cierto vacío jurídico (que puede ser interpretado de muchas formas). Una Cataluña independiente dentro de la UE: ¿es posible? Y, sobre todo: ¿a través de qué vía? ¿Integración automática o solicitud de adhesión?

Voy a intentar ofrecer aquí mi visión de este asunto de la forma más objetiva posible para una persona como yo, murciana, española, no nacionalista, europeísta, también, y sobre todo, respetuosa con los anhelos y sentimientos identitarios de cada uno, pero también con las posibilidades legales de dar forma estatal a estos sentimientos, siempre en el caso de que sean mayoritarios.

Parece increíble, pero el tema europeo ha aterrizado esta semana de lleno en plena campaña de las elecciones catalanas. Digo que parece increíble, porque a lo que estamos acostumbrados es precisamente  a lo contrario: a que todo lo que viene de Bruselas pase por un filtro nacional hasta llegar a nuestros oídos, como si nada de esto tuviera sentido si no le buscamos una aplicación al uso, ya sea en clave estatal o regional. Pues ha ocurrido todo lo contrario: en las elecciones catalanas se habla de Europa. Esta gran noticia se la tenemos que agradecer al candidato de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puigcercós, quien, en Bruselas, ha reivindicado en una conferencia de la Alianza Libre Europea (Grupo que aglutina a varios partidos independentistas) el derecho de Cataluña a instituirse como Estado independiente de España, pero dentro de la UE, en base al concepto de la “ampliación interna”.

El tema, evidentemente, no es nuevo. De hecho, el pasado mes de febrero salió a la luz pública un estudio de un profesor de la Universidad de Standford en el que se llegaba a la conclusión de que Cataluña seguiría perteneciendo de forma automática a la UE en el caso de que se independizara de España, aludiendo, entre otros argumentos, al citado concepto de “ampliación interna”. Según este informe, los nuevos Estados resultantes de un proceso de independencia dentro de un Estado miembro de la UE, no necesitarían ni tan siquiera recurrir al proceso de adhesión que todos conocemos para entrar en el club europeo sino, simplemente, como ya forman parte de ella, pedir que se reconozca su nuevo estatus.

¿Argumentos legales? Vacío jurídico existente al respecto en la normativa europea, por lo que habría que recurrir al Derecho Internacional, en concreto, a los artículos 34 y 35 del Convenio de Viena de 1978, y, por supuesto, los “derechos individuales fundamentales adquiridos” por los ciudadanos catalanes en tanto que ciudadanos de la UE. En resumen, la integración debe ser automática, toda vez que Cataluña se independice, tenga su propia Constitución y se reconozca su nuevo estatus dentro de la UE.

¿Así de fácil? Pues, si lo pensamos un poco, no sería precisamente fácil, sino realmente complicado. Me explico, porque me surgen una serie de dudas más que razonables. En primer lugar, la apelación a la pérdida de derechos de los ciudadanos catalanes en tanto que ciudadanos de la UE. En este sentido, el articulado de la Ciudadanía de la Unión en el Tratado es muy claro: la ciudadanía europea está sujeta a la nacionalidad de un Estado miembro. Si Cataluña se independiza, sus ciudadanos pierden la condición de ciudadanos españoles y, por ende, la condición de ciudadanos europeos. ¿O vamos a elegir unos derechos “a la carta”? Estos sí, estos no… no parece muy lógico.

En segundo lugar, no está muy claro a qué Institución o Instituciones corresponde la tarea de reconocer el nuevo estatus del país independiente y en qué condiciones. ¿Lo debe hacer el Consejo? ¿Por unanimidad? ¿Con el dictamen favorable del Parlamento Europeo? El vacío legal en este sentido es absoluto dentro del Derecho Comunitario. Por ahora, lo único que está claro, es que para que un país entre en la Unión, según el artículo 49 del Tratado de la UE, debe “solicitar el ingreso como miembro en la Unión. Dirigirá su solicitud al Consejo, que se pronunciará por unanimidad después de haber consultado a la Comisión y previo dictamen conforme del Parlamento Europeo, el cual se pronunciará por mayoría absoluta de los miembros que lo componen”.

Esto es todo lo que hay, nada más,  nada sobre la posibilidad de lo que se ha llamado “ampliación interna”, ni en el Tratado, ni en el consenso sobre ampliación que aún rige en el Consejo.

Pero no quiero acabar este post sin dejar de comentar mi visión sobre las declaraciones que, en la misma conferencia de Puigcercós, ha realizado P. Urizar, secretario general del partido vasco Eusko Alkartasuna, en las que ha criticado el hecho de que, en la actualidad, “la UE es sólo la unión de los Estados, mientras que las regiones no tienen ni voz ni voto”. Por lo que el País Vasco necesita constituirse en un Estado “para defender los intereses de la ciudadanía”.

Me gustaría aclarar que esta visión me parece un tanto extremista y alejada de la realidad: primero, porque las regiones, en Europa, tienen tanto voz como voto, a través, sin ir más lejos, del Comité de las Regiones, institución cuyos poderes se han ampliado ostensiblemente con el Tratado de Lisboa, un Tratado que, además, refuerza el principio de subsidiariedad y da poder a los entes regionales para su control. Segundo, porque las regiones son las principales protagonistas en la gestión de los fondos de la política regional. Y, tercero, porque hay una Institución comunitaria que representa y defiende los intereses de la ciudadanía: se llama Parlamento Europeo.

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