Presidencia danesa: todo para el euro, pero sin el euro

La Unión Europea da la bienvenida al 2012 con una nueva presidencia rotatoria del Consejo. Es en este caso Dinamarca la que recoge el testigo de Polonia en la fórmula de presidencias “a trío” inaugurada tras el Tratado de Lisboa, y que culminará con la presidencia chipriota en el segundo semestre del año. La cooperación en materia económica y fronteriza, o lo que es lo mismo, el euro y Schengen, se presentan como dos de los principales retos que tendrá que acometer el recién estrenado Gobierno danés al frente de la Unión.

La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, y el presidente de la CE, José Manuel Durao Barroso.EFE

Los socialdemócratas, que ganaron las elecciones de septiembre a los liberales, superando también la influencia creciente de la ultraderecha, con Helle Thorning-Schmidt a la cabeza, intentarán traer algo de aire fresco a la cargada atmósfera comunitaria. Será, como ya se ha anunciado, una presidencia “verde”  y por y para el euro, eso sí, comandada por un país que sigue conservando su moneda nacional.

Las líneas estratégicas de la presidencia danesa

Como viene siendo habitual, las sucesivas presidencias la UE presentan sus prioridades estratégicas al coger el testigo de cada turno, en forma de objetivos que es evidente superan el horizonte semestral. Lo más destacable de la líneas marcadas por Dinamarca es sin duda el énfasis “verde” en su propuesta para el crecimiento europeo y el llamamiento a la “responsabilidad”, a los esfuerzos comunes, en unos momentos especialmente delicados en el plano económico con motivo de la crisis de deuda soberana en la  eurozona y fuera de ella.

Dinamarca llama a una “Europa responsable”, que debe ofrecer una salida común a la crisis como mejor y casi única respuesta a la quiebra de confianza de los mercados en las economías europeas. Esta responsabilidad sólo puede traducirse en esfuerzos conjuntos para acordar y cumplir reglas comunes, tales como el nuevo Tratado fiscal que tendrá que salir adelante sin el Reino Unido. Lo fundamental, todos lo sabemos, es reforzar la gobernanza económica europea con regulaciones comunes, algo en lo que será clave la implementación del llamado six pack“. Sin olvidar que está en juego la negociación del nuevo marco financiero plurianual (2014-2020) y todas las políticas comunes que dependen de éste.

Los daneses hablan también de una “Europa dinámica”, con la mirada puesta en el desarrollo del mercado común, especialmente en el ámbito de la agenda digital. Para impulsar el crecimiento y crear empleo será fundamental invertir en innovación y desarrollo y reforzar la competitividad y oportunidades de las empresas europeas en el contexto global. Es decir, la Europa dinámica apuesta por el emprendedor, por las empresas innovadoras y por un mercado digital europeo.

La presidencia danesa quiere reforzar los cimientos de un crecimiento a largo plazo que sólo puede estar apoyado en la sostenibilidad. La “Europa verde” implica un enfoque integrado para hacer frente a la crisis, aunando distintas políticas con la mirada puesta en los recursos y la lucha contra el cambio climático, y enmarcando en esta estrategia políticas comunes como la agricultura, la pesca o el transporte.

No es de extrañar la perspectiva “verde” en el país más “verde” de la UE, que sin embargo tendrá que enfrentarse desde el inicio de su mandato a la crisis en el sector de las energías limpias. Para empezar, el freno en las perspectivas de crecimiento en el mercado eólico en Europa ha obligado a VESTAS, referente mundial de esta tecnología, a anunciar un despido que puede alcanzar a casi 3.000 trabajadores, muchos de ellos en la propia Dinamarca, que es el primer productor mundial de turbinas eólicas, cuya implantación en el país llega a suponer aproximadamente el 20% de su electricidad.

La cooperación en el ámbito fronterizo será otra de las piedras de toque del turno danés. Precisamente, el Gobierno saliente, y debido a las presiones de la extrema derecha, asestó un duro golpe hace unos meses al acuerdo de Schengen cuando decidió reforzar los controles aduaneros en sus fronteras. Una “Europa segura” ha sido uno de los eslóganes a los que ha recurrido Dinamarca para enfatizar la cooperación europea en el espacio Schengen así como dentro del sistema común de asilo, sumando también esfuerzos en materia de delincuencia internacional y terrorismo.

Todo para el euro, pero sin el euro

Sacar adelante el pacto fiscal, con la aprobación de un nuevo Tratado que refuerce la gobernanza económica en el seno de la UE, será, como hemos visto, uno de los principales objetivos de una Dinamarca que sí se ha sumado ahora al carro común en pos de la necesaria solidaridad entre la zona euro y el resto de Estados miembros. Resulta curioso, pero quien se ha quedado fuera, Reino Unido, es en realidad un antiguo compañero de batallas de los daneses en lo que a euroesceptismo se refiere. Las opiniones públicas de ambos Estados han sido tradicionalmente muy críticas con las implicaciones de la pertenencia de sus Estados a la UE. Sus respectivos Gobiernos, por ende, han intentado siempre enfocar estas implicaciones hacia aspectos económicos, minimizando, por el contrario, sus consecuencias políticas y las correspondientes cesiones de soberanía.

Viñeta sobre las negociaciones de la unión política publicada en 1992. Click en la imagen para más información.

Para explicar esto tenemos que remontarnos hacia la época en la que se negociaba el Tratado de Maastricht, allá por la Conferencia Intergubernamental de 1990-91. Aquellas negociaciones sobre un Tratado que anunciaba al fin la unión política constituyeron una buena piedra de toque para medir el europeísmo de daneses y británicos, más concretamente, hasta dónde estaban dispuestos a llegar. Sus dos primeros ministros, Major y Schlüter, que no destacaban precisamente por su convicción europea, mostraron ya sus reticencias a una de las claves del TUE: la culminación de la Unión Económica y Monetaria (UEM), que debía finalizar con la adopción de la moneda única.  Unas duras negociaciones que desembocaron en sendos protocolos anejos al Tratado que sometían la incorporación de los dos países a la tercera etapa de la UEM (el euro) a una decisión del parlamento, en el caso británico, y a un referendo popular en el caso danés.

Fueron los propios ciudadanos daneses los que dijeron “no” al proyecto inicial de Maastricht en el referéndum de junio de 1992, generando un debate público en toda Europa sobre el alcance del Tratado. El extendido euroescepticismo británico (compartido entre la mayoría de la clase política y de la ciudadanía, no así en el caso danés, cuyo Gobierno de coalición hizo campaña a favor del “sí”) encontró en el rechazo danés la oportunidad perfecta para una mirada aún más crítica hacia el desgaste soberano que conllevaba la integración europea. El eurodiputado británico Andrew Duff (europeísta de pro) describe en uno sus escritos ese sentimiento de la sociedad británica hacia la “plucky little Denmark”.

Las reticencias danesas al Tratado estaban centradas no sólo en el euro, sino también en el área de la política de Defensa o la cooperación en los ámbitos de Justicia e Interior. Incluido el propio alcance de la Ciudadanía de la Unión, otra de las importantes aportaciones de Maastricht. Finalmente, el “opt-out” danés, acordado en el Consejo Europeo de Edimburgo de finales de 1992, excluía a Dinamarca de su participación en la tercera fase de la UEM y matizaría su presencia en la política de defensa en el marco de la UEO. Con estas condiciones, los daneses ratificaron el Texto en mayo de 1993. Posteriormente, en 2000, el “no” al euro queda finiquitado en otra consulta popular.

Por tanto, y con estos precedentes, la presidencia danesa de la UE tendrá que afrontar la negociación de un nuevo Tratado fiscal hecho a la carta para la zona euro, pero que precisa de un consenso profundo, el máximo posible, entre todos los socios de la Unión. Puede, como se ha llegado a afirmar desde algunos sectores, que no sea una mala noticia que un país sin el euro dirija la batuta del Consejo precisamente en los momentos más críticos para la moneda única.

El Pacto deberá estar listo para su visto bueno justo cuando la presidencia escandinava llegue a su ecuador. No lo tendrá fácil. Los eurodiputados ya han dejado claro que no están dispuestos a que el nuevo Texto socave el método comunitario y el equilibrio institucional en la toma de decisiones. De lo que no cabe duda es de que será un semestre intenso para la política comunitaria. Veremos lo que para junio ha sido capaz de dar de sí la “pequeña y valiente Dinamarca” y si el “giro verde” alivia una atmósfera bastante tensa.

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El picante húngaro se le indigesta a Europa

Hace ahora un año, la Unión Europea recibía el 2011 con una presidencia de turno incómoda a más no poder: la húngara. Existían dudas en el terreno económico, puesto que se comenzaban a adivinar los problemas financieros del país que debía dirigir el “barco”, justo cuando Europa se preparaba para poner en marcha algunas de las reformas económicas más críticas de su historia para salvar el Euro. Pero había aún más interrogantes en el terreno político, en concreto en la deriva autoritaria de un Gobierno, el del conservador Viktor Orbán, que acababa de impulsar la conocida como “ley mordaza”, una nueva legislación para la prensa que acababa de ser refrendada por el parlamento nacional, y que situaba a los medios de comunicación bajo el control del Gobierno.

Aquella presidencia rotatoria pasó, con más pena que gloria. Europa sigue sumida en una profunda crisis de deuda. El futuro del Euro continúa en el aire. Y el picante húngaro (la paprika, ingrediente más característico de su gastronomía) se le sigue indigestando al “club” europeo. Ya es una realidad, con su entrada en vigor el primero de enero, la nueva Constitución húngara, que refuerza el control político sobre  el Banco Central y el Tribunal Constitucional, permite una auténtica purga entre los jueces con el adelanto de la edad de jubilación, incluye una nueva normativa electoral a la medida del partido del Gobierno (Fidesz) y pone en entredicho la protección de datos, la libertad de prensa y a la propia oposición política del país. Con semejante panorama, cualquier parecido con la democracia será pura coincidencia.

Se trata de un giro antidemocrático, pero también ultraconservador y de tinte nacionalista. La nueva legislación prohíbe las uniones entre personas del mismo sexo y rechaza el aborto. La referencia cristiana se sitúa por encima de derechos y libertades. Y una suerte de “orgullo” nacional es el que guía los destinos del país, muy en la periferia del abrigo comunitario. Ya durante el pasado verano saltaron chispas entre la Comisión Europea y el Gobierno de Orban con motivo de una campaña pública contra el aborto pagada con fondos europeos, en concreto en el marco del programa Progress.

Fue la propia comisaria Reding la que exigió al Gobierno húngaro la retirada de unos carteles “pro-vida” en los que aparecía el mismísimo logotipo de la Comisión Europea, tal y como exigen los manuales de identidad para los programas con financiación comunitaria. La iniciativa de los conservadores húngaros obtuvo apoyos entre los sectores más ultraconservadores y reaccionarios de los Estados miembros, sin ir más lejos, en España, en colectivos como Hazte Oir.

¿Hay base jurídica para sancionar a Hungría?

Con la entrada en vigor de la Constitución húngara, la UE vuelve a mirar con lupa sus preceptos, que dificilmente pueden encajar con la idiosincrasia del proyecto europeo, sus valores, los derechos y libertades que protege y propugna, así como con parte de la legislación comunitaria. Las cuestiones son: ¿qué pueden hacer las Instituciones europeas? ¿Cómo actuar ante un Estado cuya deriva le aleja de cumplir los requisitos que en su día se le exigieron para poder adherirse a la UE? ¿Cuáles son esos requisitos? ¿Puede acabar Hungría fuera de la UE, expulsada o por voluntad propia? Vamos a intentar resolver todas estas cuestiones con un repaso de los preceptos recogidos en el Tratado.

En primer lugar, debemos centrarnos en las condiciones que el Tratado de la UE dispone para cualquier ampliación, tal y como está recogido en el art. 49 del Texto, que vincula los requisitos de admisión para cualquier Estado con el respeto y promoción de los valores que se recogen en el art. 2 del mismo Tratado:

<<La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.>> (Art. 2 TUE, versión consolidada).

Es decir, que para ser miembro de la UE  hay que respetar los principios de libertad y democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como el Estado de Derecho, y tener unas instituciones que los protejan y promuevan. Así mismo, según los criterios acordados en Copenhague en 1993, se exige una economía de mercado en funcionamiento y la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado dentro de la Unión, así como la capacidad de asumir las obligaciones y suscribir los objetivos de la unión política, económica y monetaria. Éste es básicamente el consenso sobre ampliación que aún rige en el Consejo.

En cuanto al procedimiento de adhesión, también recogido en el art. 49 del TUE, se establece que el país en cuestión debe “solicitar el ingreso como miembro en la Unión. Dirigirá su solicitud al Consejo, que se pronunciará por unanimidad después de haber consultado a la Comisión y previo dictamen conforme del Parlamento Europeo, el cual se pronunciará por mayoría absoluta de los miembros que lo componen”.

¿Qué ocurre cuándo un país incumple los preceptos del artículo 2 del TUE? En este sentido, el art. 7 del Tratado prevé la posibilidad no sólo de dirigir recomendaciones a un Estado miembro, sino también de imponer sanciones, incluida la suspensión del derecho de voto en el Consejo, anta “la existencia de una violación grave y persistente por parte de un Estado miembro de los valores contemplados en el artículo 2 tras invitar al Estado miembro de que se trate a que presente sus observaciones”. Es el Consejo el que decide en última instancia sobre las sanciones, a propuesta motivada de la Comisión, el Parlamento Europeo o de un tercio de los propios Estados miembros.

En definitiva, vemos que hay recursos para “presionar” sobre el comportamiento antidemocrático de un Estado miembro sancionando sobre derechos que ese Estado ha adquirido como firmante del Tratado. Pero en ningún caso ello supone una alteración o suspensión de las obligaciones de dicho país como miembro de la UE. Tampoco los Tratados citan la posibilidad de expulsión de un miembro, pero, tras la reforma operada en Liboa, sí que se recoge la retirada voluntaria de un Estado de la UE (art. 50 TUE), siempre de conformidad con sus normas constitucionales internas (caso de consulta popular, por ejemplo).

Otro apartado importante del Tratado que afecta a los aspectos que incluye la nueva legislación húngara es que entrarían también en contradicción con la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, derechos cuya protección se refuerza  con el reconocimiento de dicho Texto en el art. 6 del nuevo TUE. La carta se eleva con el mismo valor jurídico que los Tratados y se convierte de este modo en un documento jurídicamente vinculante y, con ello, en un auténtico ““bill of rights” para los ciudadanos europeos, incluidos los húngaros, que se verían privados de ellos por una legislación nacional que entra con contradicción con la comunitaria.

La clave estará en la maltrecha economía húngara 

Hemos visto que las instituciones europeas tienen la base legal suficiente para tomar las medidas que sean necesarias para frenar la deriva democrática de un Estado dentro la UE. Y la Comisión ya ha avisado que tiene intención de hacerlo. Por su parte, a los eurodiputados también les preocupan las reformas llevadas a cabo en Hungría. El asunto, en concreto, será examinado por la Comisión de Libertades  (LIBE) del Parlamento Europeo. La clave, tal y como explican los propios parlamentarios en este vídeo, puede estar en las sanciones a las que se enfrenta Hungría por no cumplir el pacto de estabilidad por su excesivo déficit y en la necesidad de recibir una inyección de dinero europeo para  salir de su nefasta situación financiera. Veremos si los apuros económicos sirven al menos para meter en cintura al Gobierno de Orban. Hay mucho en juego: nada menos que los pilares fundamentales sobre los que se asienta la unidad y la cooperación europea.


Lo que significa la UE: en pocas palabras

La Representación de la Comisión Europea en España, en colaboración con la Oficina del Parlamento Europeo, ha organizado un concurso de cortometrajes para conmemorar los 25 años de España en la Unión Europea. En éste han participado cerca de un centenar de trabajos elaborados por jóvenes nacidos a partir del 1 enero de 1986.

Aquí tenéis el cortometraje ganador del primer premio en la categoría de menores de 18 años, realizado por Sara Hernández Askasibar, en el que en algo más de dos minutos resume la UE “En pocas palabras”. Esas palabras aluden a símbolos, a la diversidad cultural, étnica y linguística, a la seguridad, a las oportunidades de movilidad laboral, educativa y formativa, a la economía, a la política, a los intercambios, y, en último término, a los sentimientos. Porque Europa, a pesar de todo, no ha dejado de ser un mundo de oportunidades en todos estos aspectos. Y la unidad europea sigue significando todo eso y mucho más. Aunque nos lo tengan que recordar de vez en cuando nuestros jóvenes, aquellos que solo han conocido una Europa unida y que no la pueden imaginar de otra forma.

El segundo corto ganador, esta vez en la categoría de mayores de 18 años, y titulado  “Meine Reflexión About l’Europe”, está centrado en los beneficios de la pertenencia a la UE y de la cooperación europea en distintos campos: políticas comunes, libre circulación, etc. Me quedo con una frase de esta cinta: “la unión hace la fuerza”.

 

100.000 visitas

Este blog que edito desde hace aproximadamente algo más de dos años ha alcanzado esta semana la mágica cifra de 100.000 visitas. Un número que ha sido posible gracias a todos vosotros, que en algún momento durante todo ese tiempo habéis decidido deteneros uno o muchos momentos en esta bitácora que nació con una única pretensión: reivindicar la idea de “Más Europa”. Haciendo ahora memoria, me acuerdo de algunos post a los que tengo especial cariño, que generaron algo de controversia en los comentarios (el debate es lo que más enriquece cada entrada) o que encontraron difusión en otros medios.

La sección de entrevistas ha sido una de las que he intentado cuidar especialmente; cada una de ellas supone una aportación muy especial para este blog. Aunque, sin duda, el momento más feliz asociado a esta publicación fue el premio que le concedió la Comisión Europea en España en 2011 como mejor blog de actualidad europea. O que, en parte gracias al trabajo realizado en este blog (además de mi actividad política y profesional en otras redes sociales, como twitter) se me incluyera en una lista de 100 mujeres con talento digital.

He pensado que 100.000 visitas bien merecían hacer una pequeña recopilación de esos artículos que os he citado y que destacaría de forma singular de entre los 136 que se han publicado. Las temáticas, muy diversas, dentro del núcleo común de los asuntos europeos. Ahí van. Espero que os guste. Y otras 100.000 gracias a todos 🙂

Las relaciones UE-EEUU: “Estados Unidos y Europa ¿Sueños rotos?

Las perspectivas de futuro de la UE a principios de 2011: “Año nuevo ¿Europa nueva?

Barroso y el liderazo europeo: “¿Habemus lider?”

España en la UE: “25 años construyendo Europa

Identidad Europea: “¿Por qué no nos sentimos europeos?”

Adhesión turca: “¿Es Turquía parte de Europa?

Europa Laica: “Símbolos cristianos para una Europa laica

Dimensión Europea de la Educación: “Hacia una educación para la ciudadanía… europea

Igualdad de Género en la UE: “Gender Unbalanced Commission

Energía y cambio climático: “Energía y clima en la Europa del siglo XXI

Sobre aspectos de funcionamiento de la UE: “El principio de subsidiariedad: la evolución de una fórmula magistral

Entrevistas: “Susana del Río: Europa es un proyecto lleno de pasión

Por supuesto, un poco de ciberactivismo europeísta: “La Europa de los ciudadanos en un click

Y, como no, el post más visto del año: “Il Corpo delle Donne

Entrevista con los foreros de Territorio Magenta

Territorio Magenta es un foro no oficial de afiliados y simpatizantes de UPyD en el que se abordan distintos temas relacionados tanto con la situación política nacional como internacional. La UE, como no puede ser de otra forma por los difíciles momentos que está viviendo la zona Euro, viene siendo un tema recurrente dentro del foro, motivo por el cual se me ofreció responder a algunas preguntas realizadas por los participantes. Éste ha sido el resultado.

1) Si surgiese la posibilidad de que varios de los Estados que forman parte de la UE se fusionaran entre sí dando lugar a una federación* (más pequeña que la UE, pero realmente unida), ¿usted apoyaría que España formase parte de la fusión aunque pudiese suponer la salida de la UE? 

<<Si entiendo bien la pregunta, en los términos que se plantea, no lo veo una “solución” muy viable y menos al margen de la UE. Imaginad, sin ir muy lejos, una unión ibérica con España y Portugal y fuera de la UE ¿Dónde nos llevaría? Lo importante es avanzar hacia una Europa más fuerte y con más competencias, corregir los desequilibrios entre la integración económica y política y dotarnos de los mecanismos para reaccionar de forma colectiva y solidaria en momentos de crisis (sean del tipo que sean). Un primer paso es una fiscalidad común, imprescindible para hacer viable la unión monetaria, pero el horizonte, la finalidad última de la UE, solo puede ser “política” (vocación federal), de lo contrario estamos abocados al fracaso.
Añadiría que esta finalidad es no solo política, sino “socio-política” (aunque esté adelantando parte de otra respuesta), y no me refiero solo a la Europa social, que también, sino fundamentalmente a la necesidad de dotarse de legitimidad democrática y, a través o a partir de ella, construir una comunidad real de ciudadanos con capacidad, a través de sus representantes “elegidos”, de tomar decisiones.

Aunque volviendo a la pregunta (perdón por irme por las ramas), lo cierto es que me ha recordado una cuestión bastante interesante, no para descomponer la UE sino para ampliarla (a partir de la descomposición de otros Estados miembros): es lo que se ha venido a llamar “ampliación interna de la UE”. Es un viejo reclamo del nacionalismo español, especialmente del catalán: una Cataluña independiente pero que se integraría automáticamente en la UE sin necesidad de adhesión. El vacío legal sobre el tema crea controversia, pero lo cierto es que hay serias dudas de que sea posible. Escribí sobre ello hace algún tiempo en este post. ¿Qué pensáis?>>

2) ¿Apoyaría usted la eleccion directa, por el pueblo, del Presidente de la UE (que pasaria a ostentar ciertas competencias ejecutivas a nivel europeo) o preferiría un sistema parlamentario? 

<<Apostaría por un sistema parlamentario, reforzando el poder legislativo de la Eurocámara (se ha hecho en Lisboa, en parte), como única cámara legislativa y que controle al ejecutivo, la Comisión. De ese Parlamento, elegido por los ciudadanos europeos, debe salir el Gobierno de la UE.
Es verdad que en el Tratado de Lisboa se incrementaron los poderes legislativos (papel de “co-legislador”, junto con el Consejo de la UE) y de control político, democrático y presupuestario del Parlamento Europeo. Por ejemplo, la codecisión se estableció como “procedimiento legislativo ordinario” y se acordó una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento de los miembros de la Comisión. En este sentido, una principal novedad que introdujo Lisboa fue establecer una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión, algo que debía contribuir a dotar de legitimidad a esta figura al ser investido por la reelegida mayoría en la Cámara. Pero las cosas no son tan bonitas como las pintan, porque, sobre el terreno, el Parlamento no “elige” al presidente de la Comisión, sino que ratifica o no al candidato que proponen los Estados.
En definitiva, hablamos de dar un vuelco a la compleja dinámica que en la toma de decisiones se ha articulado en torno al tradicional “triángulo institucional” (PE, Comisión y Consejo) que dista mucho de la clásica división de poderes que conocemos en el marco del Estado nación, y que se ha caracterizado por el monopolio de iniciativa legislativa para la Comisión (institución tecnocrática e independiente, alejada del control de los ciudadanos) y el reparto de la autoridad legislativa y presupuestaria entre el Consejo y el Parlamento (este último marcado históricamente por una debilidad intrínseca que han ido corrigiendo sucesivos Tratados hasta convertirle en colegislador).
Hablamos de una dinámica de “equilibrio institucional” o “pesos y contrapesos” muy pero que muy compleja. Un ejemplo: en la función ejecutiva intervienen la Comisión, el Consejo y los Estados miembros (estos últimos en la ejecución de una buena parte de las políticas y normativas). Es decir, que hace trizas el cuadro típico de división de poderes estatal de Montesquieu.
En cualquier caso, ese “vuelco” hacia el régimen parlamentario tiene que venir de la mano de cuestiones como la celebración de unas verdaderas elecciones europeas (con listas transnacionales) y con partidos de dimensión transnacional que presenten programas auténticamente europeos. Por ahora, y lo vemos en España, lo que tenemos son unas europeas descafeinadas, sin dimensión europea, que son poco más que un examen a corto-medio plazo para las elecciones domésticas. No se hace mucha didáctica europea en las campañas (UPyD fue una honrosa excepción en 2009), el debate europeo escasea y, así, es difícil que los ciudadanos elijan en base a cuestiones de índole transnacional, en torno a problemas comunes o sobre la idea de Europa que quieren.
Entiendo que si los partidos europeístas no nos diferenciamos claramente en la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo con un discurso claro y el clave europea ante la ciudadanía, los euroescépticos o antieuropeos lo harán por nosotros (como ya está ocurriendo, por otro lado, en otros lugares de Europa).
Perdón otra vez por la extensión en la respuesta.>>

3) ¿Dejaría usted la capacidad legislativa europea al europarlamento en exclusiva (eliminando las otras cámaras no electas que intervienen)?

<<Creo que ya he respondido esta cuestión en la pregunta anterior. La capacidad legislativa debe ser para el Parlamento Europeo, es la única forma de ganar en legitimidad democrática. Aunque el Consejo tiene una legitimidad indirecta (políticos elegidos en sus respectivos Estados), hay dudas sobre la capacidad de control que tienen los parlamentos nacionales para con lo que estos mismos políticos acuerdan “en Bruselas”.>>

4) ¿Ve usted posible que la actual UE acabe teniendo gobierno con algun poder, o es necesario que ciertos socios (Como el reino Unido probablemente) se den de baja primero? 

<<Es cierto que la Europa de las dos velocidades cobra ahora más fuerza que nunca. Es verdad que estamos ante una UE muy diversa en cuanto a la capacidad y compromiso real de cada miembro. Lo ideal es avanzar al mismo ritmo, pero las distintas velocidades no son ninguna catástrofe. Ya se han implantado, de hecho, con la culminación de la Unión Económica y Monetaria (el Euro) o con Tratados como el de Schengen. Hay que ser realistas: UK nunca aceptará formar parte de una Europa federal.>>

5) Hola. Soy de los que cree que UPyD debe entrar a formar parte de ELDR a nivel europeo. Entiendo que para ello probablemente se pida primero que no haya nacionalistas en dicho partido europeo. El único que hay es el CDC (nuestra querida convergencia de cataluña). Es una anomalía que debemos remediar. Además, el partido español más europeísta debe activamente participar en las políticas europeas, también en el parlamento europeo. ¿Estás a favor de que UPyD entre en ELDR? ¿Crees que el partido va a intentarlo ahora que somos 4ª fuerza política? 

<<Bien, ALDE es un grupo en el que perfectamente podría encajar UPyD y es cierto que la presencia de nacionalistas frustró que Sosa pudiera entrar a formar parte. Estoy de acuerdo contigo en que estar en NI es una anomalía, para empezar porque nuestra capacidad para hacer política se ve mermada, porque la propia Eurocámara sanciona de algún modo a los eurodiputados que no son capaces de incluirse en alguna formación. En este punto, siempre se me viene a la mente una palabra que es signo distintivo de UPyD y que es aplicable a este caso concreto: la transversalidad. ALDE es un partido europeísta que apuesta por una Europa federal y sí, UPyD podría encajarse perfectamente ahí.>>

6) ¿Cuál es la posición de UPyD sobre la situación de ciertos ciudadanos comunitarios que a la hora de trabajar en un país de la Unión se les niega el permiso de trabajo? 

<<Imagino que te refieres al caso de los ciudadanos rumanos. La posición de la UPyD es muy clara al respecto, y para ejemplificarla transcribo un párrafo de nuestro programa electoral de las europeas de 2009:

“Para implementar la noción de Ciudadanía de la UE, impulsaremos la prohibición de que los Estados miembros de la UE puedan suspender, o limitar en el tiempo, derechos fundamentales de los ciudadanos de la Unión, tales como la imposición de moratorias para la libre circulación y establecimiento de trabajadores dentro de la UE, que ha dado origen a la segregación entre ciudadanos de primera y de segunda en Europa, violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE”.

En este sentido, y por profundizar un poco más en este tema, me gustaría destacar que la propia configuración de la ciudadanía de la Unión creada en Maastricht (al sujetarla a la nacionalidad de un Estado miembro) ha creado ya tres categorías de individuos en la UE: los ciudadanos, los denominados “denizers” (residentes extranjeros pero con derechos similares a los nacionales) y extranjeros. Se trata de una situación que algunos autores han calificado incluso como “apartheid” europeo.

Por tanto, es inadmisible que haya ciudadanos UE (como los rumanos) a los que se les usurpan directamente sus derechos, pero es que, además, la ciudadanía de la UE, tal y como está configurada (sujeta a la nacionalidad) crea ya de por si varias categorías de ciudadanos. Y a ello le añadimos iniciativas como la Directiva de Retorno (que UPyD rechazó frontalmente), tenemos el cóctel completo para una regresión absoluta en los Derechos Fundamentales en la UE.>>

7) ¿Cree que la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE a corto o medio plazo es real? ¿Irá aumentando el antieuropeísmo en ese país y en otros? En España era casi inexistente y últimamente se está viendo mucho en ambientes como el del 15M…

<<Antes he comentado que el antieuropeísmo se está convirtiendo en protagonista de la escena política en muchos países. Partidos que, en concreto, se diferencian ideológicamente por este hecho. En España, los partidos tradicionales (especialmente PP y PSOE) han perdido mucho tiempo y muchas oportunidades de explicar Europa y su postura sobre la UE en las campañas. Ahora el peligro es que otros lo hagan por ellos, pero en clave euroescéptica (que es muy lícito), o lo que es peor, antieuropea.Sobre el Reino Unido, las presiones sobre Cameron de los euroescépticos son fuertes y se han incrementado en los últimos tiempos. Ahora también hay que tener en cuenta que su socio de Gobierno (Clegg) es una de las figuras más europeístas del país. No todo es antieuropeísmo en el Reino Unido, ahí tenemos, sin ir más lejos, a Andrew Duff. Mejor dicho no todo es Farage, al que considero más un “eurofriki”. No veo a un Reino Unido fuera de la UE.>>

También discrepo sobre el euroescepticismo del 15M. Por ejemplo, en las manifestaciones del 15 de octubre lo que se vio (al menos es mi parecer) fue la irrupción de un movimiento ciudadano global de carácter muy solidario, europeo, que no pedía que dejáramos caer, por ejemplo a Grecia, sino que propugnaba “todos somos Grecia”. Veo aquí (con las debidas cautelas) un movimiento ciudadano europeo lleno de espontaneidad y solidaridad, repleto de valores comunes. Siempre he pensado que el liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía.

Las crisis también pueden ser épocas de oportunidades. Y en esta crisis, lo que podemos perder nos afecta a todos. Lo que nos jugamos es nuestro futuro común. Eso es importante para construir identidad europea.>>

8 ) ¿Cree que Turquía acabará entrando en la UE? ¿Y Rusia? ¿E Israel? 

<<Creo firmemente que sí ¿Por qué no, si se cumplen las condiciones? Para empezar, los criterios demográficos son difusos, tanto como las fronteras de Europa. Prueba de ello son sus límites orientales y occidentales, que han sufrido numerosos cambios a lo largo de la historia. Al Imperio Turco, sir ir más lejos, se le calificó en su día como “el enfermo de Europa”.Luego está el tema cultural: un país de mayoría islámica y gobernado por un partido islámico. Pero la Turquía moderna se fundó sobre la laicidad y no hay que olvidar que la mayoría de su población considera la religión un asunto que pertenece estrictamente al ámbito privado.Los recelos reales, a mi entender, han venido más bien por la cuestión de los derechos humanos y el peso poblacional turco, este último en dos vertientes: poder político que ostentaría por el sistema de voto de la “doble mayoría” y temor a los flujos migratorios.

En cualquier caso, Turquía debe seguir avanzando para cumplir determinados criterios políticos en materia de democracia y Estado de Derecho, así como lo que afecta a los derechos humanos y protección de las minorías.

Lo de Israel y Rusia lo veo más lejano, y no conozco profundamente cuáles serían las opciones. De momento, tendrán que conformarse con Eurovisión.>>

9) Últimamente, con la crisis, se está hablando de mucho de los funcionarios. La huelga del 2009 en la UE demostró que era muy difícil asumir el costo de un funcionariado que crece y no disminuye. En España la mayoría de los funcionarios son nuestros médicos, policías, militares, profesores… pero la UE no tiene ese tipo de funcionarios. En Suecia, los funcionarios públicos no gozan del privilegio de tener el empleo asegurado de por vida, como si ocurre en España. Allí tienen unos contratos renovables y no ha modificado su estado del bienestar. ¿Es posible que desde la unión Europea se pueda hacer algo por “armonizar” la función pública en toda la UE? ¿Conoces el sistema Sueco? ¿Sería posible aplicarlo a España? ¿Y en la UE?

<<No conozco profundamente el sistema sueco. Los funcionarios europeos vienen sufriendo recortes en los últimos tiempos, a la par de los que hemos visto, sin ir más lejos, en España. Pero, en este sentido, entiendo también que la austeridad en el gasto debe ir de la mano de la eliminación de duplicidades que se siguen manteniendo y que suponen un coste inasumible, como es el caso de las sedes del Parlamento Europeo.En cuanto a armonizar la función pública en toda la UE no podría hacer una valoración ahora mismo por mi escaso conocimiento de esta cuestión en concreto.Siento no poder ser más explícita.>>

10) ¿Está a favor de la emisión de eurobonos antes o después de conseguir una fiscalidad común? ¿Qué sistemas de control implantaría para evitar que se presenten informes falsos o se maquillen las cuentas de los países miembros como ocurrió con Grecia durante años? 

<<Muchos países lo han visto como la única solución para generar confianza, pero no creo que sean la solución definitiva. En cualquier caso, pueden ser el paso para una mayor unión fiscal, que al fin y al cabo es lo más deseable. Después de la cumbre europea lo que tenemos claro es que habrá techo de déficit, supervisión de los presupuestos, sanciones para incumplimientos y un refuerzo del control que tendrá la UE sobre los países rescatados. Todo esto va en la línea de evitar más casos como el de Grecia. Son pasos hacia la integración fiscal, pero queda mucho.
Ha sido un placer, muchas gracias.>>

El futuro de la UE: algo más que una raspa de pescado

El 14 de febrero de 1984, el eurodiputado italiano Altiero Spinelli, reconocido ahora como uno de los “padres” de la Unión Europea e impulsor en su momento del Movimiento Federalista Europeo, pronunciaba en la Eurocámara un famoso discurso que pasó a la historia por su encendida defensa de una Europa federal. Aquel día, la sesión plenaria debatía y votaba positivamente nada menos que un Proyecto de Tratado sobre la UE, un hito en el camino de la construcción europea que supondría un antecedente directo del que más tarde, en 1992, se convertiría en el Tratado de Maastricht.

Spinelli habló entonces a sus colegas de un conocido relato de Ernest Hemingway, “El viejo y el mar”, que narra la aventura de un pescador que ha capturado el pez más grande su vida e intenta llevarlo a puerto antes de que los tiburones lo devoren. Aquel Tratado de la UE era sin duda un pez muy grande para las aspiraciones de los federalistas europeos, pero ya entonces Spinelli alertó de los peligros que acecharían en el camino antes de que se convirtiera en una realidad.

“Intentemos llegar con algo más que una raspa de pescado”, alertó a sus colegas el italiano en aquella ocasión. Sus temores no eran infundados. Lo cierto es que aquel “Proyecto Spinelli”, que proponía la creación de una Ciudadanía de la UE, fue un gran pez que nunca llegó a puerto. A pesar de ser aprobado en el Parlamento Europeo, fue rechazado por los Estados miembros. Dos años después de aquella histórica votación, llégo el Acta Única Europea, sin duda poco más que una “raspa” en comparación con aquel gran pez diseñado por Spinelli.

Dos décadas más tarde, bien habríamos podido recurrir de nuevo al relato del viejo pescador con el fracaso de la Constitución Europea. El Tratado de Lisboa fue la “raspa”, esta vez con algo más de carne, que los europeístas fueron capaces de llevar a puerto. Pero lo cierto es que el Consejo Europeo de turno se encargó de eliminar toda referencia a los símbolos de la Unión del texto, para que aquello dejara de parecerse a una Constitución. Eliminado cualquier rasgo de dogmatismo, teníamos un Tratado como cualquier otro, con avances democráticos, es verdad, pero lejos de dar un gran paso para convertirnos o, mejor dicho, dejar de ser, un enano político.

Bien es cierto que aquella Constitución la tumbaron sendos “noes” en dos Estados miembros fundadores (Francia y Países Bajos), pero no lo es menos que no hubo ni valentía ni liderazgo político para sacarla adelante. Decían al respecto algunos estudios del momento que el grado de adhesión popular la UE  estaba en su punto más bajo en relación al registrado a principios de los noventa, cuando se aprobó el Tratado de Maastricht. El proceso de ratificación del Tratado Constitucional que se desarrolla en Europa allá por 2005 no viene sino a confirmar la tendencia al alza del “euroescepticismo” entre los ciudadanos europeos. Los “noes” francés y holandés no eran sino la la punta del iceberg de la brecha abierta entre Europa y sus ciudadanos, algo que deja el proyecto europeo muy tocado en lo que a legitimidad democrática se refiere.

Dicen también algunos estudios y análisis que la ratificación constitucional había supuesto el catalizador definitivo para que el “asunto europeo” se politizara definitivamente en los debates políticos nacionales. ¿Qué significa esto? Muy sencillo: el euroescepticismo, o incluso el antieuropeísmo, se convertía en la carta de presentación y en rasgo distintivo ideológico para muchos partidos políticos.

Afirmaban Fijk & Franklin en su estudio sobre el euroescepticismo de 2004 (previo al proceso de ratificación) que la oposición política a la UE era algo así como un “gigante dormido” que ofrecía una característica singular de diferenciación entre las distintas formaciones políticas. Este antieuropeísmo adquiere incluso tintes “anti-sistema” ante la imposibilidad de organizarse dentro de un sistema que no ofrece posibilidad de alternancia política ni una arena donde desarrollar un auténtico debate político. En definitiva, el déficit democrático de la UE  alimenta y da argumentos al rechazo a la UE y a su sistema político e institucioal.

El problema de la legitimidad de la Unión Europea radica esencialmente en la ausencia de una fuente de legitimidad social y constitucional más allá de la legitimidad legal que le otorga su creación a partir del Derecho (los Tratados). Los canales de representación y participación política están a su vez minados por la debilidad intrínseca del Parlamento Europeo (única institución elegida de forma directa por los ciudadanos) y por los altos niveles de abstención en los comicios europeos. En la Unión Europea, los asuntos fundamentales son manejados a nivel intergubernamental dentro del Consejo, sin posibilidad de control por parte de los Parlamentos nacionales, y la iniciativa legislativa de las políticas comunitarias pertenece en cuasi-monopolio a la Comisión Europea, un órgano de naturaleza independiente y alejado del control de los ciudadanos.

Este pequeño análisis del déficit democrático de la UE no deja de ser una visión, aunque euroescéptica, constructiva de la realidad institucional y política comunitaria. Simplemente algunos, o muchos, queremos más legitimidad democrática: un Parlamento Europeo elegido y democrático como único legislador; listas transnacionales; un presidente de la Comisión Europea elegido… Queremos “Más Europa”, todo lo contrario que el antieuropeísmo (no confundir con euroescepticismo) destructivo y oportunista.

Destructivos y oportunistas. Así son discursos como el del eurodiputado antieuropeo (sí, que contradicción) británico Nigel Farage, siempre dispuesto a darle una patada al avispero. Su retórica está embriagada de tópicos recurrentes sobre la democracia comunitaria (falta de legitimidad y tecnocracia) y va directo a los cimientos del proyecto de unificación europea: la reconciliación con Alemania.

No es la primera vez que miembros del Grupo de Farage (Europa de la Libertad y de la Democracia) atacan a Alemania como  si aún estuvieramos en plena II Guerra Mundial. Sin ir más lejos, su compañero Godfrey Bloom fue expulsado de la Eurocámara hace ahora un año por increpar al lider de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, con consignas nazis. El propio Farage reprendió al presidente del Consejo, Herman Van Rompuy acusándole de tener “el carisma de un trapo mojado” y “la apariencia de un empleado de banca de rango bajo”, algo que le costó la “benigna” sanción de 10 díaz sin dietas.

Lo preocupante, es que este discurso antieuropeísta (vendido algo así como “hablar claro”) cala entre el descontento y hace mella en época de dificultades. Es por ello que la última intervención de Farage en la Eurocámara ha corrido como la espuma en las redes sociales.

Es época de tiburones. El antieuropeísmo se alimenta de un pez cada vez más débil. Ejemplos recientes los tenemos en Finlandia, con el triunfo de la ultraderecha antieuropea el pasado mes de abril, o en la denominada revuelta euroescéptica en la Cámara británica hace apenas un mes. Ambos son ejemplos de aquella tendencia adelantada ya en el proceso de ratificación de la Constitución Europea: la oposición a la UE como rasgo distintivo de ideario político.

Y lo cierto es todo esto encuentra su caldo de cultivo en una UE sin un claro liderazgo político más allá del eje París-Berlín. En realidad, sin un liderazgo genuinamente europeo. Merkel y Sarkozy se lo ponen fácil a tipos como Farage.

Ahora parece que la próxima Cumbre europea puede vislumbrar un nuevo Tratado a 17, con los miembros de la zona euro y con sanciones para aquellos países que incumplan el techo de déficit. La Europa de las dos velocidades aparece como la receta para salvar el Euro.

Dicen que al proyecto de unificación europea diseñado por hombres como Monnet o Schuman se le puede aplicar la llamada “Teoría de la bicicleta”. La cuestión es seguir avanzando, aunque sea con pequeños pasos, porque si se deja de pedalear, si la integración se para en seco, la bicicleta y el ciclista van al suelo. El problema, al llegar a meta (como le ocurre al viejo pescador con su gran pez) es todo lo que nos hayamos podido dejar en el camino y lleguemos con poco más que una raspa de pescado.

Manifiesto Más Europa

El grupo de bloggers y europeístas 2.0 han elaborado un manifiesto en defensa de una mayor integración europea para iniciar con él un movimiento cívico por y para Más Europa (More Europe) que pretende la consecución de la Europa de los Ciudadanos.

Desde este blog nos adherimos al manifiesto y no nos queda sino felicitar a sus autores y promotores por tan estupenda iniciativa, que suscribimos al completo.

Podéis encontrar más información aquí:

Twitter: https://twitter.com/moreurope

Blog: http://moreeurope.wordpress.com

Comunicación europea: del déficit de información a la aventura de las redes sociales

Mucho se ha hablado, prácticamente de los años ochenta, de construir la llamada “Europa de los ciudadanos”, un objetivo que abarca muchas esferas de la actividad comunitaria, desde la configuración de las políticas, hasta cómo y en qué medida se comunica el trabajo y las decisiones de las Instituciones comunitarias, pasando, por descontado, por los canales de participación política.

Para el proyecto comunitario, construir la “Europa de los ciudadanos” no deja de ser un proceso claro de deseo de legitimación democrática, en el que a la Unión Europea y a sus Instituciones se les pide apertura y transparencia, ayudando a configurar un debate público sobre los temas que nos afectan como europeos, consiguiendo implicar a los ciudadanos y fomentando (y logrando) la participación activa de la sociedad civil europea.

El problema de la participación en el contexto de los asuntos europeos no ha sido otro que la falta de interés de la ciudadanía, en muchas ocasiones poco informada y poco consciente de sus derechos en el ámbito comunitario. Así lo han testificado sucesivas encuestas del Eurobarómetro en las últimas décadas: los europeos reconocen saber poco sobre la UE, sus instituciones, su sistema político, incluso sobre un concepto, el de “Ciudadanía de la UE”, que nos resulta familiar, pero que en realidad estamos lejos de conocer su significado, su contenido en forma de derechos.

Es por ello, que el también llamado “déficit de comunicación o de información” se suele colocar en el centro de todas las barreras que se oponen a la citada “Europa de los ciudadanos”: Europa necesita debate, diálogo reforzado y una comunicación más centrada en el ciudadano, más accesible, más clara. En suma: más y mejor.

En 2006, la Comisión Europea reivindicaba una “política europea de comunicación” como política comunitaria por “derecho propio”, fundamentalmente, para hacer comprensibles y transparentes a los ciudadanos las instituciones europeas y las decisiones que emanan de ellas.

El problema, ya sabido, para reforzar el debate y el diálogo dentro de una esfera pública europea es que a ésta última le cuesta existir más allá de las propias esferas nacionales. Los asuntos europeos se analizan desde las opiniones públicas y desde una perspectiva casi netamente nacional. Las campañas electorales que llevan a cabo los grandes partidos en los comicios europeos tampoco ayudan mucho a encontrar espacios y foros de encuentro en los que debatir sobre asuntos de “interés común”. Y todo ello a pesar de que los europeos entendemos que existen muchos temas sobre los que el debate debería desarrollarse a nivel europeo: protección del medio ambiente, lucha contra la delincuencia y el terrorismo, energía, empleo, educación, derechos humanos….

Sin embargo, puede que el contexto en el que nos encontramos esté acelerando definitivamente las percepciones ciudadanas sobre determinados asuntos comunes. Hablo de tres factores en concreto: el uso exponencial de las redes sociales y su potencial para generar debate político en clave transnacional; el desarrollo de la crisis de la eurozona, y el convencimiento de que se precisan soluciones comunes; y, por último, un despertar ciudadano en forma de movimiento global que tuvo su máximo exponente el 15 de octubre, y que se ha desarrollado precisamente gracias a las redes sociales.

La crisis del euro, el rescate de Grecia, las redes sociales y el 15M pueden resultar ser un cóctel lleno de oportunidades para el proyecto europeo, si a partir de todo ello llegamos a ciertas conclusiones que pasen por: más solidaridad, más Europa y más participación ciudadana. Todo ello partiendo de más y mejor comunicación europea.

La realidad que nos rodea cambia a marchas forzadas. En materia de comunicación, las instituciones europeas han visto un claro filón en las redes sociales para superar los déficits informativos y de conocimiento, aprovechándolas para impulsar el debate y el diálogo. Pero todo ello ha corrido paralelo a iniciativas surgidas desde la ciudadanía, que cada vez participa más en los asuntos europeos desde plataformas como los blogs, twitter o facebook.

De todo ello os quiero hablar en este artículo. Sé que el tema es amplio, pero vayamos por partes…

La UE se lanza al diálogo con los ciudadanos: el Parlamento Europeo, pionero

La falta de cobertura en los medios de comunicación para con las noticias que emanan de la UE animó a las instituciones europeas a emprender la aventura de las redes sociales, con el objetivo de despertar el interés de la ciudadanía por los asuntos europeos, especialmente entre los jóvenes, impulsar el diálogo y aumentar la transparencia de las instituciones.

Cabe aquí destacar el papel pionero del Parlamento Europeo, que está presente en Facebook, Twitter, Myspace, YouTube y Flickr. Es la institución que ha hecho un apuesta más decidida por integrarse en los medios sociales, y, tal y como reconoce Bárbara Quílez (responsable de la web en español del PE), sin miedo a equivocarse y aceptando la pérdida de control. Esto es esencial para cualquier político o institución que quiera estar en las redes sociales. Pero las contrapartidas son grandes: llegar a nuevas audiencias, ganar credibilidad online, así como visibilidad y prestigio.

El objetivo de la Eurocámara, según nos contó Bárbara en una estupenda ponencia realizada en Córdoba el pasado mes de diciembre, es integrar web y redes completamente para 2014, es decir, una web institucional con un alto componente social, en la que se busque más informar y dialogar, y menos documentar, conformando una auténtica comunidad online de eurodiputados y ciudadanos. Será posible, teniendo en cuenta que, además, los eurodiputados usan cada vez más y mejor las redes sociales.

Iniciativas como “Tweet your MEP” han impulsado también el diálogo entre eurodiputados y ciudadanos en distintos idiomas. Aunque, en realidad, la mayoría de las veces no es necesario recurrir a este tipo de herramentas: si un MEP está en Twitter es bastante probable que conteste cualquier pregunta. A veces, incluso, son ellos los que toman la iniciativa de dialogar sobre algún tema. Doy fe de ello.

El propio presidente del PE, Jerzy Buzek es uno de los miembros de la Eurocámara más activo en las redes: en Twitter cuenta con más de 10.000 followers y su página de Facebook tiene más de 43.000 “me gusta”. Su actividad ha sido incluso destacada por la prensa internacional.

Pero, no sólo el Parlamento Europeo, sino también otras instituciones como la Comisión y el Consejo Europeo se han lanzado a las redes sociales. La cuenta del Consejo (@EUCouncilPress), sin ir más lejos, cuenta con casi 8.000 seguidores, y su presidente, Herman Van Rompuy (@euHvR) con más de 25.000. Las reuniones del Consejo se pueden seguir desde hace algunos meses en twitter a través de la etiqueta #euco, sin duda todo un hito en esto de la comunicación europea, especialmente si hablamos de una Institución europea que siempre se ha considerado como la menos transparente.  Aunque, para hito, cuando Van Rompuy tuiteó en primicia la reforma del Tratado de Lisboa, para crear un fondo de rescate permanente, justo cuando se estaba celebrando la reunión con los Jefes de Estado y de Gobierno, allá por diciembre de 2010; eso sí, tuvo que recurrir a un “twittlonger”:

@euHvR: “The member states whose currency is the euro may establish a stability mechanism to be activated if indispesable to safeguard the stability of the euro area as a whole. The granting of any required financial assistance under the mecanism will be made subeject to strict conditionality”. 

Acontecimientos puntales como el Debate sobre el estado de la Unión han sido también protagonistas en Twitter, creándose cuentas y etiquetas a tal efecto. Así se hizo con la cuenta @StateofUnion y con el hashtag #soteu. Resultó ser todo un éxito de participación y difusión del evento.

La historia de la UE, sin lugar a dudas, se escribe ya en Facebook y Twitter.

Blogs y redes sociales: los ciudadanos europeos toman la iniciativa

Desde hace aproximadamente tres o cuatro años, la proliferación de blogs de temática europea comenzó a rellenar, por así decirlo, el hueco informativo que sobre la UE dejaban los medios generalistas. Las bitácoras vienen contribuyendo, con un debate pausado, serio y profundo, a subsanar ese déficit de información de la UE impulsando un espacio público europeo genuino y de gran valor tanto bajo el punto de vista periodístico como educativo o académico.

La blogosfera europea ha llamado sin duda la atención de la propias Instituciones, que han tratado de cuidar estas iniciativas surgidas de la ciudadanía de forma entregada y altruista, a través de la organización de concursos y de encuentros entre blogueros europeos. Prueba de ello son, tanto el certamen de blogs organizado por la Comisión Europea en España (a través de la cual este blog desde el que os escribo fue premiado en última edición de 2010), o el encuentro impulsado por la Oficina en España del Parlamento Europeo el pasado mes de diciembre en Córdoba, bajo el título El Parlamento Europeo y las redes sociales“.

Los blogs europeos han sido también protagonistas en foros académicos, tales como los Cursos de Verano de El Escorial, en la conferencia “Europa Digital“, o en el Seminario “Participación y comunicación en la nueva Gobernanza europea“, organizado en San Sebastián por el Instituto de Gobernanza Democrática, y dirigido por la doctora Susana del Río, y que contó con  un programa y unos ponente de lujo. 

Tengo el enorme privilegio de haber podido participar en todas estas iniciativas, en las que incidí siempre en el valor del trabajo que realizan (realizamos) los bloggers europeos, que somos, al fin y al cabo, ciudadanos comprometidos y activos con un proyecto que nos entusiasma. De ahí que haya que destacar, ante todo, el perfil europeísta del blogger europeo, su crítica constructiva, su afán por contribuir a mejorar un proyecto que cree necesario. También, como no, su labor didáctica: hay blogs de mucho nivel, con análisis de altura periodística y académica.

Ante todo, los blogs son iniciativas de ciudadanos que han decidido tomar la palabra y que utilizan las redes sociales como plataforma para participar e invitar a la participación de otros ciudadanos, para generar debate. Pero no están precisamente aislados, sino agregados, enlazados e interconectados. Hablo en este caso de otro fenómeno: los agregadores de blogs europeos. Tenemos bastantes, aunque quizá los más importantes son, en inglés, Blogging Portal, y en castellano, Europeando. Estas plataformas de blogs tienen por objetivo conformar una comunidad de debate e información virtual sobre la Unión Europea.

Twitter y Facebook han sido hasta no hace mucho un complemento importante para compartir el contenido de los blogs europeos y conseguir expandir el debate. Pero estas redes sociales, y especialmente Twitter, son dinámicas y mutan a un ritmo vertiginoso. Cada vez más, comprobamos que los usuarios de estas redes dejan sus comentarios en el enlace compartido en Facebook, u opinan sobre un post directamente en Twitter, en lugar de  hacerlo a través del gestor de comentarios del blog.

¿Están perdiendo terreno los blogs frente a las redes sociales? Sí y no. Demos seguir viéndolas como un complemento, pero lo cierto es que su capacidad para generar y expandir el debate no tienen comparación. Pero no olvidemos que estas redes se nutren de contenidos externos, y estos vendrán de los medios de comunicación  (generalistas y especializados), de fuentes institucionales y, por supuesto, de los blogs.

En realidad, lo más interesante de todo esto puede que no sea analizar el papel de los blogs frente a plataformas como Facebook y Twitter, sino preguntarnos cómo estas dos últimas redes sociales, especialmente la segunda, están cambiando las dinámicas del debate europeo que conocemos hasta ahora.

“Todos somos Grecia”: la crisis del euro y el 15M, factores de riesgo imprescindibles para una “solidaridad europea”

Pero, desde la perspectiva ciudadana, ¿cómo es el “debate europeo” en las redes sociales, y muy especialmente en Twitter? En este sentido existen dos coyunturas que han resultado ser esenciales para su desarrollo: la crisis del euro y, paralelamente, el nacimiento de movimientos ciudadanos como el 15M, que posteriormente tomaron dimensión global, sin ir más lejos el 15 de octubre. Entiendo que ambos factores han sido fundamentales, tanto o más que el esfuerzo institucional por fomentar el debate en las redes, para el surgimiento de reacciones espontáneas de la ciudadanía europea, no dirigidas por las élites, que han contribuido a una discusión auténtica y genuinamente europea, no exenta de polémica pero, ante todo, solidaria.

Hablemos en primer lugar de la polémica, porque ésta, lejos de ser “mala” para el debate europeo, es esencial en el sentido de que en contadas ocasiones ha existido entre los europeos, fruto en gran medida del desconocimiento, de la desinformación y, por ende, de la falta de interés por los temas comunitarios. Las polémicas y debates que se han desarrollado en torno al asunto europeo en los últimos tiempos en la red han contribuido sobremanera a fomentar el interés por la UE, por su funcionamiento, por sus instituciones y sus políticos. Y hablamos de un debate cada vez más informado, cada día más consciente, mas profundo, lleno de posibilidades. Lejos de la superficialidad que muchas veces se acusa al diálogo en las redes sociales.

Os pongo un ejemplo que todos recordaréis. Durante dos días, en Twitter fue tema del momento la etiqueta #eurodiputadoscaraduras, con motivo de la negativa de la mayoría de los eurodiputados a dejar de volar en primera clase. Lo que suponen polémicas de este tipo son cosas nada desdeñables: desde tener que entrar en la página del Parlamento Europeo para consultar las actas de votación, de paso informarte de cómo funcionan las sesiones plenarias, conocer los rostros de los eurodiputados que te representan y, lo más importante, que desde este debate se profundice en otros debates, por ejemplo, en la cuestión de la duplicidad de sedes de la Eurocámara y del enorme coste económico que supone. Que miles de personas hablen de todo esto en Twitter es un éxito sin precedentes.

Y esto es lo bueno del debate en las redes, que es dinámico, y es capaz de abrir otros frentes de discusión. ¿Quién hablaba si no de la necesidad de un gobierno económico común? Hasta hace poco, era un debate elitista, y ciertamente algo utópico. La crisis de la eurozona ha hecho posible que seamos conscientes de la necesidad de “Más Europa”; las redes sociales, y movimientos como el 15O, han logrado que el debate sea transnacional y que implique a millones de ciudadanos europeos.

No hace mucho, escribí en un artículo para la Fundación BBVA sobre los valores del Euro, y sobre el efecto catalizador, definitivo, que puede tener esta crisis para el futuro de la UE. Decía que la crisis económica ha puesto de manifiesto la necesidad de estrechar solidaridades y que el euro debe constituirse como un fundamental elemento de cohesión. De las crisis también surgen oportunidades: esencialmente, que los europeos no olvidemos los objetivos que nos impulsaron a estrechar nuestras relaciones en todos los ámbitos: la democracia, el Estado del bienestar, la prosperidad, las libertades, los derechos humanos… Y el euro es más que un vector de prosperidad económica, es un símbolo de los principios que nos impulsan a estar unidos, de nuestros valores comunes.

Imagen del 15O en Alemania: "Todos somos Grecia". Manifestantes en frente del Banco Central Europeo, en Fráncfort (Thomas Lohnes / AP)

Uno de estos valores comunes es sin duda la solidaridad. Una solidaridad europea que redes sociales y movimiento 15M han sabido despertar entre los ciudadanos comunitarios como ningún Tratado, declaración institucional, y mucho menos ningún líder europeo en la actualidad han conseguido. Frente a los repliegues soberanistas, frente a la Europa de las naciones, frente a la insolidaridad y la idea reinante de “lo mio lo primero” o “no somos Grecia”, las redes sociales y los movimientos globales ciudadanos como el que tuvo lugar el 15 de octubre promueven el “todos con Grecia”, el “Grecia  no estás sola”. Es en última instancia la ciudadanía europea la que recuerda a los políticos que guían los destinos de la UE que éste es un proyecto común, de valores comunes, de solidaridad mutua.

El liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía 

Sobre el nacimiento de la UE, se dice que fue un proyecto eminentemente elitista y tecnocrático, guiado por las élites políticas del Continente sin que previa o paralelamente se solicitara la aprobación explícita de la ciudadanía. Se habla de un “consenso tácito/permisivo” que, según los expertos, permitió avanzar en los primeros “pequeños pasos” de la integración económica: sin sobresaltos inesperados. Tanto es así, que allá por los años ochenta, un estudio de la Comisión Europea afirmaba que el apoyo popular hacia la construcción europea se caracterizaba fundamentalmente por su inactividad y pasividad política.

La erosión de este consenso llegó con los famosos “noes” en los referendos de Maastricht y del Tratado Constitucional, ambos ejemplos exponenciales de la vocación política y federal de la UE. Sin embargo, estamos aún lejos de un “disenso” en torno a debates en clave genuinamente europea. Más bien, los contextos y coyunturas nacionales de turno pesan entonces más que la evaluación informada y consciente de los textos que se sometían a referendum. Lo dijo Giscard d’Estaing en 2005, con motivo del “no” francés: “Ha sido más un no al contexto, que al propio texto”.

Las cosas, definitivamente, han cambiado en Europa desde que se desató la crisis financiera y desde que el Euro está en la picota. ¿Se imaginan que ahora hay que acudir a las urnas para votar un nuevo Tratado comunitario? Se abren inmensas posibilidades para un debate europeo de las que  no tenemos precedentes. Pero de una cosa estoy segura: hablaríamos sobre el texto y sus consecuencias. Y lo haríamos en las redes sociales.

Definitivamente, el nuevo escenario del debate europeo abre un abanico de oportunidades para relanzar el proyecto europeo, ahora sí, en clave ciudadana. El esfuerzo de comunicación institucional ha dado sus frutos, pero es la ciudadanía europea la que ha decidido ser protagonista. Estamos de acuerdo en algo: queremos “Más Europa”, pero queremos también participar en su construcción, contribuir en cómo se comunica la idea de Europa, enriquecer los debates, multiplicar las ideas. Los ciudadanos en las redes sociales refuerzan el debate y el diálogo para crear un espacio público europeo tantas veces añorado, y que será, no lo olvidemos, fundamental para poner en marcha herramientas como la Iniciativa Ciudadana Europea.

Lo decía al principio: apertura, transparencia, debate público e  inclusión y participación de la ciudadanía. Ésta y no otra es la “Europa de los ciudadanos”. Y la comunicación europea, una iniciativa de la ciudadanía, también por “derecho propio”.

Europa frente a Europa

Recientemente, he tenido la oportunidad de colaborar en la última edición de los libros editados anualmente por el Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción (Chile). Este Programa, creado en 2002, cuenta desde 2010 con el importante reconocimiento de la concesión del Módulo Jean Monnet de la Comisión Europea, una acción que tiene por objetivo impulsar los estudios y la investigación sobre los asuntos europeos en todo el mundo.

Europa frente a EuropaEl último ejemplar de las publicaciones del PEE de la UdeC lleva por título “Europa frente a Europa“, y aborda visiones variadas sobre los distintos desafíos a los que se enfrenta la UE: la adhesión de Turquía y las visiones sobre el mundo islámico; las relaciones transatlánticas; la protección de los derechos humanos; los recursos energéticos…

Aquí os dejo el resumen-abstract de mi contribución, centrada en las visiones del Islam político y el laicismo, así como en la cuestión turca.

Islam y laicismo: una mirada desde Europa (Islam and laicism: a look from Europe)

 

Resumen:

El binomio Europa-laicismo no ha dejado de generar variadas polémicas y en distintos grados de intensidad. Controvertido fue el debate sobre la inclusión o no de una referencia cristiana durante la elaboración de la Constitución Europea. No menos recelos provocó la presencia de elementos religiosos en la sesión plenaria en la que se nombró al nuevo presidente de la Eurocámara, el polaco Jerzy Buzek. Polémicas que en Europa, en una Europa multicultural que pretende ser intercultural, y con un gran número de residentes de religión musulmana, han estado y siguen estando también enfocadas hacia la presencia de símbolos religiosos en edificios públicos, tales como las escuelas, con los debates sobre los crucifijos o el velo islámico.

La Unión Europea mira hacia sí misma, pero también hacia afuera: las relaciones con el Sur del Mediterráneo, y, cómo no, la política de Ampliación, la controvertida candidatura turca, vista como una amenaza para el laicismo en Europa. Turquía es un caso paradigmático de ascenso del Islam político en convivencia dentro de un Estado laico. Lo es porque el binomio Islam-laicismo no casa precisamente bien. Son dos conceptos que en su significado profundo y esencial se contradicen mutuamente. ¿Por qué? Profundizar en las respuestas a esta pregunta es el objetivo de este artículo, que parte de esta contradicción intrínseca entre los significados de Islam y laicismo, para analizar después el paradigma laico turco en el contexto de su candidatura de adhesión a la Unión Europea.

Se denomina “islamismo” a las manifestaciones o utilizaciones políticas del Islam. Un fenómeno que entró en pugna ideológica en el mundo árabe musulmán al mismo tiempo que florecía el nacionalismo árabe laico, que buscaba la independencia de Occidente, allá por los años 50. El nacionalismo impulsado por Nasser en Egipto se colapsó con la derrota árabe en 1967 con Israel, entrando en claro declive, produciéndose una reislamización comandada por Irán desde finales de los setenta, y que también se ha vivido en países como Turquía, con el ascenso del Islam político desde los noventa.

Sin embargo, la idea central que pretende confrontar el artículo es la oposición entre laicismo (Estado secular) y Estado Islámico, por la sencilla razón de que lo “laico” no puede aplicarse al Islam, ni el Corán proporciona un modelo de Estado. Es por ello que se pretende presentar las profundas contradicciones de ciertas interpretaciones occidentales del mal llamado “laicismo musulmán”.

El caso turco es paradigmático en este sentido, y su correcta interpretación es fundamental para valorar en su justa medida y significado la posible adhesión turca a la Unión Europea, que despierta temor sobre la posible islamización de Europa. Hay que tener en cuenta que este factor, que está en el centro de los recelos y de la sensibilidad social, puede ser el último de los criterios en la balanza de la adhesión: por encima están los miedos políticos (al poder que podría ostentar Turquía en la toma de decisiones en la Unión con el sistema de la doble mayoría), demográficos, económicos, democráticos y de derechos humanos y libertades; incluso se pueden citar los demográficos, ciertamente aparejados a cierto sentimentalismo sobre la idea de Europa o la antigua y difusa cuestión de sus fronteras.

Pero se trata de valorar en su justo término la relación entre Islam, Estado y Sociedad, no sólo por la candidatura turca, sino por la transformación de Europa en un continente multicultural, y donde la compresión mutua facilitará los procesos interculturales en un continente en el que viven 17 millones de musulmanes, y en el que existen periódicamente debates relacionados con las referencias cristianas de Europa o los recelos hacia la islamización.

Palabras clave: Unión Europea; Turquía; islamismo; laico; multiculturalismo.

 …

Abstract:

The Europe-laicism binomial has not stopped creating polemic with different degrees of intensity. Debate on inclusion of a Christian reference during the European Constitution was controversial. And the presence of religious elements during the plenary session in which was carried out the appointment of the new European Parliament president, the Pole Jerzy Buzek, did not create less distrust. These polemics in Europe, a multicultural Europe that pretends to be intercultural and has a great number of Muslim residents, have been and keep on being also focus on the presence of religious symbols at state buildings, as school, with polemics about crucifix and veil.

European Union looks at oneself, but looks at outsider as well: relationships with Mediterranean South and, of course, the politic of Expansion or the controversial Turkish candidature, which is considered a threat  for laicism inEurope. Turkeyis a paradigmatic case of coexistence rising of political Islam into a secular state. And it is by this way because the laicism-Islam binomial does not fit correctly, since laicism and Islam are two concepts whose deep and essential significances contradict each other. Why? The aim of this article, which starts from this intrinsic contradiction between the Islam and laicism significances, is going into the answer to this question, in order to analyze later the Turkish secular paradigm within the context of the Turkish adhesion to European Union.

Manifestations or political uses of Islam are named “Islamism”. It is a phenomenon that had an ideological clash in the Muslim Arab world while the secular Arab nationalism was flourishing, which looked for the West independence, back in the fifties. The nationalism promoted by Nasser in Egypt gets collapsed due to the Arab defeat versus Israel in 1967, going into a clear decline and taking place a re-islamization led by Iran from the end of the seventies, what also happened in countries as Turkey, and that causes a political Islam rising from the nineties.

However, the central idea this article tries to compare is the opposition between laicism (secular state) and Islamic state since the secular can not be applied to the Islam and the Koran does not provides a model of state. This is why it is pretending to show the deep contradictions of certain West interpretations about the so-called “Muslim laicism”.

With this in mind, the Turkish case is paradigmatic, and the correct interpretation is fundamental in order to value correctly the possible Turkish adhesion to the European Union, which generates fear about a possible islamization of Europe. It is important to keep in mind that this factor, which is in the middle of distrusts and social sensitivities, could be the last of criterions in the balance of adhesion: above we can find political fear (fear to the power that Turkey could hold about decision making in the European Union with the double majority system), demographic fear, economic fear, democratic fear, and fears related to human rights and freedoms; even the demographic ones could be mentioned, which are united to a certain sentimentalism about the idea of Europe or the old and diffuse question of its frontiers.

The most important thing is to value, as it deserves to be, the relationship between Islam, State and Society, not only due to the Turkish candidacy, but because of the transformation of Europe in a multicultural continent, where the mutual understanding will facilitate the intercultural processes in a continent where seventeen millions of Muslims live, and where there are periodically debates related to the Christian references of Europe or the distrusts toward islamization.

Key words: European Union; Turkey; islamism; secularism; multiculturalism.

El Euro: un valor de futuro

Hace unos días, me pidieron desde la Fundación BBVA y su programa “Valores de Futuro” una reflexión sobre el papel de la moneda, y en concreto del Euro, como elemento simbólico que rodea la construcción de las identidades colectivas, en este último caso, la europea. Aunque no es fácil hablar, en los tiempos de corren, del euro como un “valor de futuro”, no es menos cierto que su puesta en circulación, hace ya casi una década, supuso colocar un elemento tangible de la cooperación europea en la vida cotidiana de todos los ciudadanos de la zona euro.

La crisis del euro, protagonista absoluta del debate en “clave europea” durante los últimos meses, ha supuesto dirigir los focos sobre dos realidades contradictorias: por un lado, la necesidad de estrechar y culminar la gobernanza financiera europea común y, de otra parte, el reconocimiento de los logros de una integración económica que no se han desarrollado de forma pararlela a una integración política aún en ciernes. Carecemos, ante todo, de un liderazgo político genuinamente europeo.

A pesar de todo, la crisis del euro representa una oportunidad para reflexionar sobre los logros alcanzados, sobre los errores cometidos y, sobre todo, para tomar conciencia del destino común que compartimos los europeos. Momentos críticos como éste plantean siempre dos caras: la imprescindible autocrítica, y la toma de conciencia de las oportunidades que están por venir. El valor de futuro que representa la integración económica, con el euro a la cabeza, pasa por aprovechar esas oportunidades. Ya saben, eso que en Maastricht (nacimiento oficial de la unión política y escalón decisivo hacia la culminación de la unión económica y monetaria) se bautizó con el nombre de “Más Europa”, y que, evidentemente, dos décadas después tiene que tener implicaciones mucho más profundas. Nuestro valor de futuro es, sin duda, profundizar en una mayor integración. Seamos constructivos.

Hay que apostar por estos valores sin complejos. Pensemos que, en este reto, los europeos dependemos fundamentalmente de nosotros mismos. Pero, sobre todo, hagamos didáctica europea, necesitamos mucha.

Os dejo un enlace al artículo.