Elecciones europeas 2014 ¿Por qué esta vez es diferente?

La pasada semana, el Parlamento Europeo dio el pistoletazo de salida a la campaña de información y concienciación de cara a las próximas elecciones europeas, que se desarrollarán en los 28 Estados de la UE entre el 22 y el 25 de mayo de 2014. Es esa ocasión, el lema elegido para el lanzamiento de la campaña ha sido el de “Acción. Reacción. Decisión”, conceptos que intentan enfocar ideas como lo “decisivo” de estas elecciones, marcadas por el contexto de la crisis económica y con el futuro del Euro, de Europa, como telón de fondo. Llaman la atención frases como “esta vez es diferente” o “el poder para decidir el futuro de Europa”, que acompañan al citado lema central de la campaña. ¿Acaso serán tan decisivas estas elecciones para cambiar Europa? Ésta es la pregunta que nos hacemos y que intentaremos responder en las siguientes líneas…

Las primeras elecciones tras el Tratado de Lisboa: más poder para el Parlamento Europeo

No cabe duda que uno de los principales argumentos para despertar el interés de la ciudadanía europea por estos comicios será el incremento de poderes del Parlamento Europeo, única cámara, recordemos, elegida de forma directa y mediante sufragio universal por los ciudadanos de los Estados miembros, y pilar democrático de una UE cuyo principal talón de Aquiles puede que sea precisamente la legitimidad democrática de las decisiones que  emanan de instituciones comunes no elegidas directamente, como la Comisión Europea y el Consejo.  En este sentido, la “codecisión”, procedimiento legislativo a doble vuelta entre el PE y el Consejo, ha pasado a ser la forma ordinaria de legislar. Además, Lisboa otorgó igualmente poder de decisión a la Eurocámara sobre la totalidad del presupuesto comunitario (anteriormente restringida a los minúsculos gastos no obligatorios).

El aumento de poderes del PE es una pieza importante para hacer ver a los ciudadanos lo decisivo de su voto, dada la influencia de lo que allí se decide para la vida diaria de 500 millones de personas en todo el Continente. Pero no es suficiente. De hecho, el incremento de poderes del PE es una constante desde el Acta Única Europea, pero ello no ha servido sino para que la abstención alcance límites verdaderamente preocupantes en sucesivas citas electorales. Lo cierto es que, aquí, tradicionalmente han entrado en juego otros factores, tales como la percepción por parte de muchos ciudadanos europeos de que los temas que más les preocupan no son competencia de la política que se hace en Bruselas. Es evidente que la crisis económica ha hecho saltar por los aires estas percepciones. Lo decían así de claro recientemente en un artículo publicado en España por El País Daniel Cohn-Bendit y Felix Marquart: “Las soluciones para esos problemas actuales tienen que ser transnacionales, o no serán nunca soluciones reales”.

Un “Gobierno” europeo elegido por los ciudadanos: la elección del presidente de la Comisión

Por mucho que el incremento de poderes del Parlamento Europeo sea una cuestión importante para añadir alicientes al elector europeo, lo cierto es que aún con ello seguimos hablamos de elecciones para determinar la composición política de una cámara transnacional, pero no de elecciones “europeas” propiamente dichas. En este punto, el papel que la Eurocámara va a poder jugar en la elección del presidente la Comisión Europea sí que se presenta como una innovación para estos comicios de 2014, digna de representar un verdadero giro democrático en la legitimidad de nuestras instituciones comunes.

El Tratado de Lisboa ya incorporó una interesante aportación en este sentido, al modificar el art. 17.7 del Tratado de la Unión Europea, estableciendo que el presidente de la Comisión debía recibir el visto bueno de la mayoría reelegida de la Eurocámara. De este modo, se articulaba una relación directa entre el resultado de las elecciones al PE y la elección del candidato a presidente de la Comisión. Pero hay que matizar que el PE, aún con este artículo, no elegía en sentido estricto al presidente de la Comisión, que continúa siendo propuesto por el Consejo, por más que sí se refuerza la participación de la Eurocámara en su nombramiento.

El giro democrático del que hablábamos se ha producido más recientemente, con una  auténtica innovación: el hecho de que los partidos políticos que concurren a las elecciones deban nombrar al candidato que apoyan para presidir la Comisión. El objetivo es que los candidatos a presidente de la Comisión tengan un papel más destacado en la campaña, debiendo presentar su programa y participar en debates públicos en todos los Estados miembros. Esta campaña, con candidatos visibles a presidir el ejecutivo de la Unión, que deban explicar su programa político, sí que puede generar un debate europeo en toda regla (superando las clásicas campañas centradas en temas domésticos o como examen a medio plazo para los partidos que gobiernan en cada Estado miembro) y despertar la atención de los ciudadanos en clave común sobre los temas que nos preocupan como europeos (el empleo, la economía, las políticas sociales…).

Esta propuesta, lanzada por la Comisión hace unos meses, bien recibida por los partidos políticos europeos, y avalada por el Parlamento Europeo en una Resolución aprobada el pasado mes de julio (ver el texto completo) pasa por alcanzar un acuerdo común entre el Consejo y el PE.  El objetivo de la Eurocámara, como no puede ser de otra forma (si no, no se entenderían las motivaciones de esta propuesta) es que el candidato a presidente de la Comisión presentado por el partido que obtenga más votos en las elecciones sea el primero que se tenga en cuenta para ocupar el cargo.

Más protagonismo para los partidos políticos paneuropeos: otra asignatura pendiente

Hemos comentado en artículos anteriores que el desarrollo de partidos políticos verdaderamente transnacionales ha sido difícil dadas las circunstancias en las que se ha movido el proceso de integración y de toma de decisiones en la UE, donde ha primado el modelo intergubernamental, ya sea a través de las CIG o dentro del Consejo de Ministros. Ello ha tenido como resultado el refuerzo del papel de los Ejecutivos nacionales a costa del poder de influencia y de control de los parlamentos y de los partidos políticos. Ha faltado en este punto que los partidos ejerzan como vehículo para impulsar una genuina elección “europea”. Puede que esto empiece a cambiar con la campaña de las elecciones de 2014, en la que los partidos políticos  pueden jugar un papel más destacado, no solo por el hecho de tener que dar su apoyo a un candidato a la presidencia de la Comisión, sino por otra innovación importante: que incluyan en las papeletas electorales el partido político europeo al que están adscritos, así como el logotipo cuando proceda. Una campaña así, con estas reglas de juego, sí que empieza a cobrar dimensión europea.

Primarias y listas paritarias

Además de esta recomendación (algo que no se ha hecho hasta ahora en ningún Estado miembro), el PE también solicita a los partidos que apliquen procesos transparentes y democráticos en la elección de los integrantes de sus listas (procesos de primarias). De igual forma, apuesta por mayor presencia de mujeres en las listas electorales, para que se garantice una representación paritaria. Actualmente, el número de mujeres que componen la Eurocámara es del 35 %.

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Un rumbo político para la UE

Aún con todas estas cuestiones que se han puesto sobre la mesa, sin duda importantes para mejorar la legitimidad democrática de la UE, reactivar la participación y el interés de la ciudadanía por los comicios europeos, y lograr impulsar un debate de calado sobre temas comunes, será difícil que estas elecciones, aunque más “europeas”, sean decisivas de algún modo para fijar el futuro de la Unión Europea. Para ello será necesario algo más que unas elecciones para decidir la composición política de una cámara o el presidente de una institución común como la Comisión. La respuesta europea ante los retos que se presentan ante ella no será posible mientras no fije su rumbo político, arrinconado desde hace mucho tiempo ante una integración económica también, como se ha demostrado, incompleta. Es posible, y deseable, profundizar en la integración, pero mediante la apertura de un proceso constituyente altamente participativo, amplio y profundo del que surja una Constitución europea que otorgue la legitimidad suficiente a las instituciones comunes y en el que, en definitiva, Europa (sus ciudadanos, su sociedad civil, sus partidos políticos…) en un ejercicio de democracia deliberativa decida en qué se va a convertir.

Artículos relacionados en este mismo blog: 2014 ¿Las primeras elecciones europeas?

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14 thoughts on “Elecciones europeas 2014 ¿Por qué esta vez es diferente?

  1. Me alegro de verte de nuevo en activo. Estaba deseando volver a leer algo tuyo.
    Respecto a las elecciones en 2014 creo que no veremos si serán diferentes hasta que se transformen en hechos, deseo que se den esos pasos pero por el momento la única diferencia es que desde 2009 a hoy se ha aplicado el Tratado de Lisboa y el Parlamento Europeo ya es casi colegislador.

    Un saludo,

    Jorge Juan Morante

      • la mayoría de países europeos son sistemas parlamentarios, con lo que es coherente que la Unión Europea también lo sea. La separación de poderes es una utopía, no existe ningún estado que la tenga realmente, porque hace falta una cooperación entre los poderes para que el Estado funcione.
        Si que existe el equilibrio de poderes, que es un sistema de pesos y contrapesos para que ningún poder esté por encima de otro.

      • La separación entre ejecutivo y legislativo no es ninguna utopía, se da en casi todos los países americanos.

        No alcanzo a entender como un partido como UPyD que pide más democracia y que los ciudadanos puedan elegir directamente a los alcaldes, no pida lo mismo para las CCAA, España y Europa.

  2. Villuela, no existe, se da “equilibrio de poderes” pero no separación, una separación real es imposible porque tienen que cooperar.

    Ejemplo, EEUU, modelo imitado por casi todos los países americanos de corte presidencialista.

    El Senado suele ser presidido por el Vicepresidente del Estado que tiene voto de calidad en caso de empate.
    Los “ministros” deben ser aprobados por el Parlamento, tanto como los jueces del Tribunal Supremo que proponga el poder ejecutivo, para garantizar su independencia tienen mandato vitalicio.
    El Parlamento puede destituir al Presidente, aunque solo en casos excepcionales y garantizando el derecho a la defensa del mismo.
    El equilibrio de poderes se garantiza con un sistema de pesos y contrapesos para garantizar que ningún poder está por encima de los demás.

    • El modelo estadounidense es mejorable, pero ¿no te parece que en dicho sistema hay mucha más “separación” entre los poderes que en España donde el congreso elige y depone al presidente del gobierno y donde es imposible que haya un presidente de distinto color que la mayoría parlamentaria?

      En España el legislativo y el ejecutivo son el mismo poder.

  3. Más o menos separación, tienen otros problemas que no lo hacen más democrático. No existe un modelo perfecto de democracia, como no existe un país donde verdaderamente haya separación de poderes.

    Elegir de forma separada al Presidente del Parlamento no es garantía de más democracia, ej. Venezuela.

    En España es más bien, por las excesivas prerrogrativas del Presidente del Gobierno y por el mandato imperativo al que se somete en la práctica a los diputados de los diferentes partidos políticos.

    • En España la gente en vota en clave presidencial, de modo que es como si en una elecciones presidenciales se adjudicasen a cada candidato unos escaños además.<

      En cambio, con unas elecciones separadas para cada poder la gente podría, una vez que ha votado a Zapatero, Rajoy, Rosa Diez… votar diputados. De este modo la gobernabilidad está asegurada sin tener que venderse a los nacionalistas y además podriamos tener un parlamento proporcional (cambiando ya sin miedo la ley electoral) para hacer las leyes. Y podríamos quitarle al gobierno la capacidad para legislar.

      El poder que tienen ahora los presidentes de los partidos sobre sus diputados es la otra cara de la moneda de haber fusionado legislativo y ejecutivo. Se hace imprescindible formar mayoría en el congreso para gobernar, así que desparece toda posibilidad de tener un parlamento realmente representativo y con diputados que gocen de libertad, porque nos avocaría al caos y la ingobernabilidad.

      Cunado se tiene mayoría absoluta (conseguida en las elecciones o con pacto) se gobierna sin cortapisas. Y cuando no se consigue por parte de nadie, se convocan nuevas elecciones porque no se puede gobernar. Ni generarse gobierno siquiera.

      No creas que los problemas de España son culpa de la estupidez sino del sistema. El sistema no permite gozar al mismo tiempo de gobierno fuerte y de mucha democracia.

  4. Las elecciones en la UE solo existen para enganar a la ciudadania que valen sus opiniones y preocupaciones. Toda la concepcion fundante de la organizacion es que no se puede confiar en el pueblo – es estupido, muy susceptible a ‘populismo’ y no sabe lo que es mejor para si mismo etc, al contrario de esos carinosos funcionarios que ciudan tanto por nosotros.
    Por eso, es totalmente desacedemico quien ‘gana’, las decisiones se toman a un nivel mucho mas alto y lejos de nosotros. Y tras el Tratado de Lisboa, esta situacion es aun peor – el ‘politburo’ en Bruselas ya tiene todo lo quiere y no necesita prestar ninguna atencion a la opinion publica.
    Henry IX

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