El futuro de la UE: algo más que una raspa de pescado

El 14 de febrero de 1984, el eurodiputado italiano Altiero Spinelli, reconocido ahora como uno de los “padres” de la Unión Europea e impulsor en su momento del Movimiento Federalista Europeo, pronunciaba en la Eurocámara un famoso discurso que pasó a la historia por su encendida defensa de una Europa federal. Aquel día, la sesión plenaria debatía y votaba positivamente nada menos que un Proyecto de Tratado sobre la UE, un hito en el camino de la construcción europea que supondría un antecedente directo del que más tarde, en 1992, se convertiría en el Tratado de Maastricht.

Spinelli habló entonces a sus colegas de un conocido relato de Ernest Hemingway, “El viejo y el mar”, que narra la aventura de un pescador que ha capturado el pez más grande su vida e intenta llevarlo a puerto antes de que los tiburones lo devoren. Aquel Tratado de la UE era sin duda un pez muy grande para las aspiraciones de los federalistas europeos, pero ya entonces Spinelli alertó de los peligros que acecharían en el camino antes de que se convirtiera en una realidad.

“Intentemos llegar con algo más que una raspa de pescado”, alertó a sus colegas el italiano en aquella ocasión. Sus temores no eran infundados. Lo cierto es que aquel “Proyecto Spinelli”, que proponía la creación de una Ciudadanía de la UE, fue un gran pez que nunca llegó a puerto. A pesar de ser aprobado en el Parlamento Europeo, fue rechazado por los Estados miembros. Dos años después de aquella histórica votación, llégo el Acta Única Europea, sin duda poco más que una “raspa” en comparación con aquel gran pez diseñado por Spinelli.

Dos décadas más tarde, bien habríamos podido recurrir de nuevo al relato del viejo pescador con el fracaso de la Constitución Europea. El Tratado de Lisboa fue la “raspa”, esta vez con algo más de carne, que los europeístas fueron capaces de llevar a puerto. Pero lo cierto es que el Consejo Europeo de turno se encargó de eliminar toda referencia a los símbolos de la Unión del texto, para que aquello dejara de parecerse a una Constitución. Eliminado cualquier rasgo de dogmatismo, teníamos un Tratado como cualquier otro, con avances democráticos, es verdad, pero lejos de dar un gran paso para convertirnos o, mejor dicho, dejar de ser, un enano político.

Bien es cierto que aquella Constitución la tumbaron sendos “noes” en dos Estados miembros fundadores (Francia y Países Bajos), pero no lo es menos que no hubo ni valentía ni liderazgo político para sacarla adelante. Decían al respecto algunos estudios del momento que el grado de adhesión popular la UE  estaba en su punto más bajo en relación al registrado a principios de los noventa, cuando se aprobó el Tratado de Maastricht. El proceso de ratificación del Tratado Constitucional que se desarrolla en Europa allá por 2005 no viene sino a confirmar la tendencia al alza del “euroescepticismo” entre los ciudadanos europeos. Los “noes” francés y holandés no eran sino la la punta del iceberg de la brecha abierta entre Europa y sus ciudadanos, algo que deja el proyecto europeo muy tocado en lo que a legitimidad democrática se refiere.

Dicen también algunos estudios y análisis que la ratificación constitucional había supuesto el catalizador definitivo para que el “asunto europeo” se politizara definitivamente en los debates políticos nacionales. ¿Qué significa esto? Muy sencillo: el euroescepticismo, o incluso el antieuropeísmo, se convertía en la carta de presentación y en rasgo distintivo ideológico para muchos partidos políticos.

Afirmaban Fijk & Franklin en su estudio sobre el euroescepticismo de 2004 (previo al proceso de ratificación) que la oposición política a la UE era algo así como un “gigante dormido” que ofrecía una característica singular de diferenciación entre las distintas formaciones políticas. Este antieuropeísmo adquiere incluso tintes “anti-sistema” ante la imposibilidad de organizarse dentro de un sistema que no ofrece posibilidad de alternancia política ni una arena donde desarrollar un auténtico debate político. En definitiva, el déficit democrático de la UE  alimenta y da argumentos al rechazo a la UE y a su sistema político e institucioal.

El problema de la legitimidad de la Unión Europea radica esencialmente en la ausencia de una fuente de legitimidad social y constitucional más allá de la legitimidad legal que le otorga su creación a partir del Derecho (los Tratados). Los canales de representación y participación política están a su vez minados por la debilidad intrínseca del Parlamento Europeo (única institución elegida de forma directa por los ciudadanos) y por los altos niveles de abstención en los comicios europeos. En la Unión Europea, los asuntos fundamentales son manejados a nivel intergubernamental dentro del Consejo, sin posibilidad de control por parte de los Parlamentos nacionales, y la iniciativa legislativa de las políticas comunitarias pertenece en cuasi-monopolio a la Comisión Europea, un órgano de naturaleza independiente y alejado del control de los ciudadanos.

Este pequeño análisis del déficit democrático de la UE no deja de ser una visión, aunque euroescéptica, constructiva de la realidad institucional y política comunitaria. Simplemente algunos, o muchos, queremos más legitimidad democrática: un Parlamento Europeo elegido y democrático como único legislador; listas transnacionales; un presidente de la Comisión Europea elegido… Queremos “Más Europa”, todo lo contrario que el antieuropeísmo (no confundir con euroescepticismo) destructivo y oportunista.

Destructivos y oportunistas. Así son discursos como el del eurodiputado antieuropeo (sí, que contradicción) británico Nigel Farage, siempre dispuesto a darle una patada al avispero. Su retórica está embriagada de tópicos recurrentes sobre la democracia comunitaria (falta de legitimidad y tecnocracia) y va directo a los cimientos del proyecto de unificación europea: la reconciliación con Alemania.

No es la primera vez que miembros del Grupo de Farage (Europa de la Libertad y de la Democracia) atacan a Alemania como  si aún estuvieramos en plena II Guerra Mundial. Sin ir más lejos, su compañero Godfrey Bloom fue expulsado de la Eurocámara hace ahora un año por increpar al lider de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, con consignas nazis. El propio Farage reprendió al presidente del Consejo, Herman Van Rompuy acusándole de tener “el carisma de un trapo mojado” y “la apariencia de un empleado de banca de rango bajo”, algo que le costó la “benigna” sanción de 10 díaz sin dietas.

Lo preocupante, es que este discurso antieuropeísta (vendido algo así como “hablar claro”) cala entre el descontento y hace mella en época de dificultades. Es por ello que la última intervención de Farage en la Eurocámara ha corrido como la espuma en las redes sociales.

Es época de tiburones. El antieuropeísmo se alimenta de un pez cada vez más débil. Ejemplos recientes los tenemos en Finlandia, con el triunfo de la ultraderecha antieuropea el pasado mes de abril, o en la denominada revuelta euroescéptica en la Cámara británica hace apenas un mes. Ambos son ejemplos de aquella tendencia adelantada ya en el proceso de ratificación de la Constitución Europea: la oposición a la UE como rasgo distintivo de ideario político.

Y lo cierto es todo esto encuentra su caldo de cultivo en una UE sin un claro liderazgo político más allá del eje París-Berlín. En realidad, sin un liderazgo genuinamente europeo. Merkel y Sarkozy se lo ponen fácil a tipos como Farage.

Ahora parece que la próxima Cumbre europea puede vislumbrar un nuevo Tratado a 17, con los miembros de la zona euro y con sanciones para aquellos países que incumplan el techo de déficit. La Europa de las dos velocidades aparece como la receta para salvar el Euro.

Dicen que al proyecto de unificación europea diseñado por hombres como Monnet o Schuman se le puede aplicar la llamada “Teoría de la bicicleta”. La cuestión es seguir avanzando, aunque sea con pequeños pasos, porque si se deja de pedalear, si la integración se para en seco, la bicicleta y el ciclista van al suelo. El problema, al llegar a meta (como le ocurre al viejo pescador con su gran pez) es todo lo que nos hayamos podido dejar en el camino y lleguemos con poco más que una raspa de pescado.

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5 thoughts on “El futuro de la UE: algo más que una raspa de pescado

  1. En un telediario al ver a la dirigente alemana y al francés alguien comentó :¿es que en Europa no hay nadie más, son ellos sólos?, la falta de representación democrática es caldo de cultivo de los enemigos de la Unión Europea.
    Un Saludo Encarna 🙂 .

    • Tienes razón, en Europa no hay nadie más, al menos por ahora.
      Hemos de esperara a ver lo que pasa en Italia y España, pues el Reino Unido no cuenta, ya que solo cuenta el euro.

      Creo que en España homos de hacer entre todos un esfuerzo para tener peso político en Europa y para ello primero hay que tener peso económico, asi de dura es la realidad.

      Ante esta crisis hay que renunciar a muchas cosas, hay que hacer más europa y para ello es imprescindible renunciar a parte de la soberanía y compartir más intereses y políticas.

      No es creible que cada país tenga, por ejemplo diferente edad de jubiolación, ni diferente salario mínomo, no diferentes formas de financiar los partidos políticos etc.. si se quiere tener una riqueza y properidad comunes.

      Un saludo y ehorabuena por el blog. Es mi primera visita.

  2. Estoy de acuerdo con lo que apuntáis, es necesario avanzar en los distintos aspectos comunes. A ver qué pasa en la Cumbre de esta semana… Saludos!

  3. Es el momento de formar una república federal con los estados que deseen adherirse. con un parlamento elegido en circunscripción única y un presidente electo por los ciudadanos.

    Lo que hay ahora es una forma de marear la perdiz.

    • !Ah “xabio” que lejos quieres llegar y que lejos quieres a tus dirijentes¡

      Pero quizás haya que dar un paso de gigante y definir una auténtica política económica de la Zona “euro” y dejar bien claro quienes pueden estar dentro de ella y a los que no cumplan los requisitos pero aspiren a entrar orientarles para que den los pasos necesarios para cumplir los criterios de convergencia que se exijan, sin ninguna excepción.

      Si esto se logra también habrá que definir una política exterior y de seguridad, de la que se lleva hablando y tan poco se ha avanzado.
      Y no hablemos de la Política Marítima Integrada o de la política energética.
      Por ejemplo, ¿Como es posible que tengamos al vecino más nuclearizado de Europa que nos vende la energía que produce sacándonos los “euros” y seamos tan hipócritas que neguemos para nosotros ese tipo de energía”.
      Si, la energía renovable es la idónea a largo plazo pero no nos permite competir en el presente y el que no es competitivo no progresa, y llena su hacienda de parados y de ancianos que reclaman ayuda en lugar de ponerse las pilas y admitir que hay que arriesgar y tirar para adelante con valentía, con mente abierta dejando de lado las ideologías de pacotilla (siendo pragmáticos).

      Proyectando a los puestos de responsabilidad y mejor remunerados a los más preparados (meritocracia) pero con igualdad de oportunidades como consecuencia de un buen programa educativo en el que se incentiven el esfuerzo, el trabajo y el respeto a los demás, y se promocionen el conocimiento de idiomas rantebles, inglés, español o chino, las ciencias, y las relaciones humanas.

      Con un sistema de justicia realmente independiente del legislativo (parlamento) y ejecutivo (gobierno).
      Valorar a los políticos y gobiernos por su capacidad de proponer normas abiertas que permitan la libre competencia y el prograso, que no impongan normas absurdas como el idioma en que se debe de hablar, si alguien quiere hablar en Chino que lo haga pero que sepa que pocos lo entenderán a menos que él proporcione sus interpretes.
      Eliminar las ayudas a campañas absurdas o a trabajos incapaces de competir en el libre mercado por muy españoles que quieran ser como el mal cine o la mala pintura y la pseudo cultura.
      El que quiera algo que se lo gane.
      Al que no tega trabajo que se le ayude a cambio de parte de su tiempo y no de forma gratuita.
      Rechacemos la cultura de las subenciones, “no son el chocolate del loro”, son unos recursos con los que los emprendedores pueden montar negocios y empresas que creen puestos de trabajo y riqueza, o simplemente muchas familias quisieran ese chocolate del loro para subsistir duante varios años, lease entre línes ESGAE, colectivos de geis y lesbianas. Que pasa que ellos no pueden ganarse el pan como tu y yo.

      Es necesario reformar las estructuras y normas que regulan el empleo, no podemos conformarnos con un sistema que en las vacas gordas mantengan un 9% de paro que es la cifra que otros soportan cuando vienen las lfacas mientras nosotros ascendemos al 21%.

      En fin Xabio es mucho lo que hay que arreglar antes de pretender formar una Republica Federal Europea, pues si so espabilamos no acabarán echandop de ella junto a los Italianos, Griegos y otros que no quiero mencionar.

      Salud y amor para el 2012 pués el dinero nos lo hemos de ganar a pulso con el esfuerzo de todos.

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