Comunicación europea: del déficit de información a la aventura de las redes sociales

Mucho se ha hablado, prácticamente de los años ochenta, de construir la llamada “Europa de los ciudadanos”, un objetivo que abarca muchas esferas de la actividad comunitaria, desde la configuración de las políticas, hasta cómo y en qué medida se comunica el trabajo y las decisiones de las Instituciones comunitarias, pasando, por descontado, por los canales de participación política.

Para el proyecto comunitario, construir la “Europa de los ciudadanos” no deja de ser un proceso claro de deseo de legitimación democrática, en el que a la Unión Europea y a sus Instituciones se les pide apertura y transparencia, ayudando a configurar un debate público sobre los temas que nos afectan como europeos, consiguiendo implicar a los ciudadanos y fomentando (y logrando) la participación activa de la sociedad civil europea.

El problema de la participación en el contexto de los asuntos europeos no ha sido otro que la falta de interés de la ciudadanía, en muchas ocasiones poco informada y poco consciente de sus derechos en el ámbito comunitario. Así lo han testificado sucesivas encuestas del Eurobarómetro en las últimas décadas: los europeos reconocen saber poco sobre la UE, sus instituciones, su sistema político, incluso sobre un concepto, el de “Ciudadanía de la UE”, que nos resulta familiar, pero que en realidad estamos lejos de conocer su significado, su contenido en forma de derechos.

Es por ello, que el también llamado “déficit de comunicación o de información” se suele colocar en el centro de todas las barreras que se oponen a la citada “Europa de los ciudadanos”: Europa necesita debate, diálogo reforzado y una comunicación más centrada en el ciudadano, más accesible, más clara. En suma: más y mejor.

En 2006, la Comisión Europea reivindicaba una “política europea de comunicación” como política comunitaria por “derecho propio”, fundamentalmente, para hacer comprensibles y transparentes a los ciudadanos las instituciones europeas y las decisiones que emanan de ellas.

El problema, ya sabido, para reforzar el debate y el diálogo dentro de una esfera pública europea es que a ésta última le cuesta existir más allá de las propias esferas nacionales. Los asuntos europeos se analizan desde las opiniones públicas y desde una perspectiva casi netamente nacional. Las campañas electorales que llevan a cabo los grandes partidos en los comicios europeos tampoco ayudan mucho a encontrar espacios y foros de encuentro en los que debatir sobre asuntos de “interés común”. Y todo ello a pesar de que los europeos entendemos que existen muchos temas sobre los que el debate debería desarrollarse a nivel europeo: protección del medio ambiente, lucha contra la delincuencia y el terrorismo, energía, empleo, educación, derechos humanos….

Sin embargo, puede que el contexto en el que nos encontramos esté acelerando definitivamente las percepciones ciudadanas sobre determinados asuntos comunes. Hablo de tres factores en concreto: el uso exponencial de las redes sociales y su potencial para generar debate político en clave transnacional; el desarrollo de la crisis de la eurozona, y el convencimiento de que se precisan soluciones comunes; y, por último, un despertar ciudadano en forma de movimiento global que tuvo su máximo exponente el 15 de octubre, y que se ha desarrollado precisamente gracias a las redes sociales.

La crisis del euro, el rescate de Grecia, las redes sociales y el 15M pueden resultar ser un cóctel lleno de oportunidades para el proyecto europeo, si a partir de todo ello llegamos a ciertas conclusiones que pasen por: más solidaridad, más Europa y más participación ciudadana. Todo ello partiendo de más y mejor comunicación europea.

La realidad que nos rodea cambia a marchas forzadas. En materia de comunicación, las instituciones europeas han visto un claro filón en las redes sociales para superar los déficits informativos y de conocimiento, aprovechándolas para impulsar el debate y el diálogo. Pero todo ello ha corrido paralelo a iniciativas surgidas desde la ciudadanía, que cada vez participa más en los asuntos europeos desde plataformas como los blogs, twitter o facebook.

De todo ello os quiero hablar en este artículo. Sé que el tema es amplio, pero vayamos por partes…

La UE se lanza al diálogo con los ciudadanos: el Parlamento Europeo, pionero

La falta de cobertura en los medios de comunicación para con las noticias que emanan de la UE animó a las instituciones europeas a emprender la aventura de las redes sociales, con el objetivo de despertar el interés de la ciudadanía por los asuntos europeos, especialmente entre los jóvenes, impulsar el diálogo y aumentar la transparencia de las instituciones.

Cabe aquí destacar el papel pionero del Parlamento Europeo, que está presente en Facebook, Twitter, Myspace, YouTube y Flickr. Es la institución que ha hecho un apuesta más decidida por integrarse en los medios sociales, y, tal y como reconoce Bárbara Quílez (responsable de la web en español del PE), sin miedo a equivocarse y aceptando la pérdida de control. Esto es esencial para cualquier político o institución que quiera estar en las redes sociales. Pero las contrapartidas son grandes: llegar a nuevas audiencias, ganar credibilidad online, así como visibilidad y prestigio.

El objetivo de la Eurocámara, según nos contó Bárbara en una estupenda ponencia realizada en Córdoba el pasado mes de diciembre, es integrar web y redes completamente para 2014, es decir, una web institucional con un alto componente social, en la que se busque más informar y dialogar, y menos documentar, conformando una auténtica comunidad online de eurodiputados y ciudadanos. Será posible, teniendo en cuenta que, además, los eurodiputados usan cada vez más y mejor las redes sociales.

Iniciativas como “Tweet your MEP” han impulsado también el diálogo entre eurodiputados y ciudadanos en distintos idiomas. Aunque, en realidad, la mayoría de las veces no es necesario recurrir a este tipo de herramentas: si un MEP está en Twitter es bastante probable que conteste cualquier pregunta. A veces, incluso, son ellos los que toman la iniciativa de dialogar sobre algún tema. Doy fe de ello.

El propio presidente del PE, Jerzy Buzek es uno de los miembros de la Eurocámara más activo en las redes: en Twitter cuenta con más de 10.000 followers y su página de Facebook tiene más de 43.000 “me gusta”. Su actividad ha sido incluso destacada por la prensa internacional.

Pero, no sólo el Parlamento Europeo, sino también otras instituciones como la Comisión y el Consejo Europeo se han lanzado a las redes sociales. La cuenta del Consejo (@EUCouncilPress), sin ir más lejos, cuenta con casi 8.000 seguidores, y su presidente, Herman Van Rompuy (@euHvR) con más de 25.000. Las reuniones del Consejo se pueden seguir desde hace algunos meses en twitter a través de la etiqueta #euco, sin duda todo un hito en esto de la comunicación europea, especialmente si hablamos de una Institución europea que siempre se ha considerado como la menos transparente.  Aunque, para hito, cuando Van Rompuy tuiteó en primicia la reforma del Tratado de Lisboa, para crear un fondo de rescate permanente, justo cuando se estaba celebrando la reunión con los Jefes de Estado y de Gobierno, allá por diciembre de 2010; eso sí, tuvo que recurrir a un “twittlonger”:

@euHvR: “The member states whose currency is the euro may establish a stability mechanism to be activated if indispesable to safeguard the stability of the euro area as a whole. The granting of any required financial assistance under the mecanism will be made subeject to strict conditionality”. 

Acontecimientos puntales como el Debate sobre el estado de la Unión han sido también protagonistas en Twitter, creándose cuentas y etiquetas a tal efecto. Así se hizo con la cuenta @StateofUnion y con el hashtag #soteu. Resultó ser todo un éxito de participación y difusión del evento.

La historia de la UE, sin lugar a dudas, se escribe ya en Facebook y Twitter.

Blogs y redes sociales: los ciudadanos europeos toman la iniciativa

Desde hace aproximadamente tres o cuatro años, la proliferación de blogs de temática europea comenzó a rellenar, por así decirlo, el hueco informativo que sobre la UE dejaban los medios generalistas. Las bitácoras vienen contribuyendo, con un debate pausado, serio y profundo, a subsanar ese déficit de información de la UE impulsando un espacio público europeo genuino y de gran valor tanto bajo el punto de vista periodístico como educativo o académico.

La blogosfera europea ha llamado sin duda la atención de la propias Instituciones, que han tratado de cuidar estas iniciativas surgidas de la ciudadanía de forma entregada y altruista, a través de la organización de concursos y de encuentros entre blogueros europeos. Prueba de ello son, tanto el certamen de blogs organizado por la Comisión Europea en España (a través de la cual este blog desde el que os escribo fue premiado en última edición de 2010), o el encuentro impulsado por la Oficina en España del Parlamento Europeo el pasado mes de diciembre en Córdoba, bajo el título El Parlamento Europeo y las redes sociales“.

Los blogs europeos han sido también protagonistas en foros académicos, tales como los Cursos de Verano de El Escorial, en la conferencia “Europa Digital“, o en el Seminario “Participación y comunicación en la nueva Gobernanza europea“, organizado en San Sebastián por el Instituto de Gobernanza Democrática, y dirigido por la doctora Susana del Río, y que contó con  un programa y unos ponente de lujo. 

Tengo el enorme privilegio de haber podido participar en todas estas iniciativas, en las que incidí siempre en el valor del trabajo que realizan (realizamos) los bloggers europeos, que somos, al fin y al cabo, ciudadanos comprometidos y activos con un proyecto que nos entusiasma. De ahí que haya que destacar, ante todo, el perfil europeísta del blogger europeo, su crítica constructiva, su afán por contribuir a mejorar un proyecto que cree necesario. También, como no, su labor didáctica: hay blogs de mucho nivel, con análisis de altura periodística y académica.

Ante todo, los blogs son iniciativas de ciudadanos que han decidido tomar la palabra y que utilizan las redes sociales como plataforma para participar e invitar a la participación de otros ciudadanos, para generar debate. Pero no están precisamente aislados, sino agregados, enlazados e interconectados. Hablo en este caso de otro fenómeno: los agregadores de blogs europeos. Tenemos bastantes, aunque quizá los más importantes son, en inglés, Blogging Portal, y en castellano, Europeando. Estas plataformas de blogs tienen por objetivo conformar una comunidad de debate e información virtual sobre la Unión Europea.

Twitter y Facebook han sido hasta no hace mucho un complemento importante para compartir el contenido de los blogs europeos y conseguir expandir el debate. Pero estas redes sociales, y especialmente Twitter, son dinámicas y mutan a un ritmo vertiginoso. Cada vez más, comprobamos que los usuarios de estas redes dejan sus comentarios en el enlace compartido en Facebook, u opinan sobre un post directamente en Twitter, en lugar de  hacerlo a través del gestor de comentarios del blog.

¿Están perdiendo terreno los blogs frente a las redes sociales? Sí y no. Demos seguir viéndolas como un complemento, pero lo cierto es que su capacidad para generar y expandir el debate no tienen comparación. Pero no olvidemos que estas redes se nutren de contenidos externos, y estos vendrán de los medios de comunicación  (generalistas y especializados), de fuentes institucionales y, por supuesto, de los blogs.

En realidad, lo más interesante de todo esto puede que no sea analizar el papel de los blogs frente a plataformas como Facebook y Twitter, sino preguntarnos cómo estas dos últimas redes sociales, especialmente la segunda, están cambiando las dinámicas del debate europeo que conocemos hasta ahora.

“Todos somos Grecia”: la crisis del euro y el 15M, factores de riesgo imprescindibles para una “solidaridad europea”

Pero, desde la perspectiva ciudadana, ¿cómo es el “debate europeo” en las redes sociales, y muy especialmente en Twitter? En este sentido existen dos coyunturas que han resultado ser esenciales para su desarrollo: la crisis del euro y, paralelamente, el nacimiento de movimientos ciudadanos como el 15M, que posteriormente tomaron dimensión global, sin ir más lejos el 15 de octubre. Entiendo que ambos factores han sido fundamentales, tanto o más que el esfuerzo institucional por fomentar el debate en las redes, para el surgimiento de reacciones espontáneas de la ciudadanía europea, no dirigidas por las élites, que han contribuido a una discusión auténtica y genuinamente europea, no exenta de polémica pero, ante todo, solidaria.

Hablemos en primer lugar de la polémica, porque ésta, lejos de ser “mala” para el debate europeo, es esencial en el sentido de que en contadas ocasiones ha existido entre los europeos, fruto en gran medida del desconocimiento, de la desinformación y, por ende, de la falta de interés por los temas comunitarios. Las polémicas y debates que se han desarrollado en torno al asunto europeo en los últimos tiempos en la red han contribuido sobremanera a fomentar el interés por la UE, por su funcionamiento, por sus instituciones y sus políticos. Y hablamos de un debate cada vez más informado, cada día más consciente, mas profundo, lleno de posibilidades. Lejos de la superficialidad que muchas veces se acusa al diálogo en las redes sociales.

Os pongo un ejemplo que todos recordaréis. Durante dos días, en Twitter fue tema del momento la etiqueta #eurodiputadoscaraduras, con motivo de la negativa de la mayoría de los eurodiputados a dejar de volar en primera clase. Lo que suponen polémicas de este tipo son cosas nada desdeñables: desde tener que entrar en la página del Parlamento Europeo para consultar las actas de votación, de paso informarte de cómo funcionan las sesiones plenarias, conocer los rostros de los eurodiputados que te representan y, lo más importante, que desde este debate se profundice en otros debates, por ejemplo, en la cuestión de la duplicidad de sedes de la Eurocámara y del enorme coste económico que supone. Que miles de personas hablen de todo esto en Twitter es un éxito sin precedentes.

Y esto es lo bueno del debate en las redes, que es dinámico, y es capaz de abrir otros frentes de discusión. ¿Quién hablaba si no de la necesidad de un gobierno económico común? Hasta hace poco, era un debate elitista, y ciertamente algo utópico. La crisis de la eurozona ha hecho posible que seamos conscientes de la necesidad de “Más Europa”; las redes sociales, y movimientos como el 15O, han logrado que el debate sea transnacional y que implique a millones de ciudadanos europeos.

No hace mucho, escribí en un artículo para la Fundación BBVA sobre los valores del Euro, y sobre el efecto catalizador, definitivo, que puede tener esta crisis para el futuro de la UE. Decía que la crisis económica ha puesto de manifiesto la necesidad de estrechar solidaridades y que el euro debe constituirse como un fundamental elemento de cohesión. De las crisis también surgen oportunidades: esencialmente, que los europeos no olvidemos los objetivos que nos impulsaron a estrechar nuestras relaciones en todos los ámbitos: la democracia, el Estado del bienestar, la prosperidad, las libertades, los derechos humanos… Y el euro es más que un vector de prosperidad económica, es un símbolo de los principios que nos impulsan a estar unidos, de nuestros valores comunes.

Imagen del 15O en Alemania: "Todos somos Grecia". Manifestantes en frente del Banco Central Europeo, en Fráncfort (Thomas Lohnes / AP)

Uno de estos valores comunes es sin duda la solidaridad. Una solidaridad europea que redes sociales y movimiento 15M han sabido despertar entre los ciudadanos comunitarios como ningún Tratado, declaración institucional, y mucho menos ningún líder europeo en la actualidad han conseguido. Frente a los repliegues soberanistas, frente a la Europa de las naciones, frente a la insolidaridad y la idea reinante de “lo mio lo primero” o “no somos Grecia”, las redes sociales y los movimientos globales ciudadanos como el que tuvo lugar el 15 de octubre promueven el “todos con Grecia”, el “Grecia  no estás sola”. Es en última instancia la ciudadanía europea la que recuerda a los políticos que guían los destinos de la UE que éste es un proyecto común, de valores comunes, de solidaridad mutua.

El liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía 

Sobre el nacimiento de la UE, se dice que fue un proyecto eminentemente elitista y tecnocrático, guiado por las élites políticas del Continente sin que previa o paralelamente se solicitara la aprobación explícita de la ciudadanía. Se habla de un “consenso tácito/permisivo” que, según los expertos, permitió avanzar en los primeros “pequeños pasos” de la integración económica: sin sobresaltos inesperados. Tanto es así, que allá por los años ochenta, un estudio de la Comisión Europea afirmaba que el apoyo popular hacia la construcción europea se caracterizaba fundamentalmente por su inactividad y pasividad política.

La erosión de este consenso llegó con los famosos “noes” en los referendos de Maastricht y del Tratado Constitucional, ambos ejemplos exponenciales de la vocación política y federal de la UE. Sin embargo, estamos aún lejos de un “disenso” en torno a debates en clave genuinamente europea. Más bien, los contextos y coyunturas nacionales de turno pesan entonces más que la evaluación informada y consciente de los textos que se sometían a referendum. Lo dijo Giscard d’Estaing en 2005, con motivo del “no” francés: “Ha sido más un no al contexto, que al propio texto”.

Las cosas, definitivamente, han cambiado en Europa desde que se desató la crisis financiera y desde que el Euro está en la picota. ¿Se imaginan que ahora hay que acudir a las urnas para votar un nuevo Tratado comunitario? Se abren inmensas posibilidades para un debate europeo de las que  no tenemos precedentes. Pero de una cosa estoy segura: hablaríamos sobre el texto y sus consecuencias. Y lo haríamos en las redes sociales.

Definitivamente, el nuevo escenario del debate europeo abre un abanico de oportunidades para relanzar el proyecto europeo, ahora sí, en clave ciudadana. El esfuerzo de comunicación institucional ha dado sus frutos, pero es la ciudadanía europea la que ha decidido ser protagonista. Estamos de acuerdo en algo: queremos “Más Europa”, pero queremos también participar en su construcción, contribuir en cómo se comunica la idea de Europa, enriquecer los debates, multiplicar las ideas. Los ciudadanos en las redes sociales refuerzan el debate y el diálogo para crear un espacio público europeo tantas veces añorado, y que será, no lo olvidemos, fundamental para poner en marcha herramientas como la Iniciativa Ciudadana Europea.

Lo decía al principio: apertura, transparencia, debate público e  inclusión y participación de la ciudadanía. Ésta y no otra es la “Europa de los ciudadanos”. Y la comunicación europea, una iniciativa de la ciudadanía, también por “derecho propio”.

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2 thoughts on “Comunicación europea: del déficit de información a la aventura de las redes sociales

  1. Muy buen artículo Encarna. Sin embargo no creo que exista mucho debate sobre la UE en las redes sociales, o por lo menos yo lo desconozco. Si bien es cierto que ahora tenemos las herramientas que lo hacen posible, creo que el interés es todavía escaso. Muy buen trabajo tu blog!!
    Un abrazo,
    Yolanda

    • Gracias Yolanda. La verdad puede parece incipiente comparado con los debates nacionales, pero las cosas están cambiando, para mejor. Al menos es la impresión que me da. Lo que está claro, es que, como dices, las herramientas están ahí.
      Un fuerte abrazo.
      Encarna.

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