El Euro: un valor de futuro

Hace unos días, me pidieron desde la Fundación BBVA y su programa “Valores de Futuro” una reflexión sobre el papel de la moneda, y en concreto del Euro, como elemento simbólico que rodea la construcción de las identidades colectivas, en este último caso, la europea. Aunque no es fácil hablar, en los tiempos de corren, del euro como un “valor de futuro”, no es menos cierto que su puesta en circulación, hace ya casi una década, supuso colocar un elemento tangible de la cooperación europea en la vida cotidiana de todos los ciudadanos de la zona euro.

La crisis del euro, protagonista absoluta del debate en “clave europea” durante los últimos meses, ha supuesto dirigir los focos sobre dos realidades contradictorias: por un lado, la necesidad de estrechar y culminar la gobernanza financiera europea común y, de otra parte, el reconocimiento de los logros de una integración económica que no se han desarrollado de forma pararlela a una integración política aún en ciernes. Carecemos, ante todo, de un liderazgo político genuinamente europeo.

A pesar de todo, la crisis del euro representa una oportunidad para reflexionar sobre los logros alcanzados, sobre los errores cometidos y, sobre todo, para tomar conciencia del destino común que compartimos los europeos. Momentos críticos como éste plantean siempre dos caras: la imprescindible autocrítica, y la toma de conciencia de las oportunidades que están por venir. El valor de futuro que representa la integración económica, con el euro a la cabeza, pasa por aprovechar esas oportunidades. Ya saben, eso que en Maastricht (nacimiento oficial de la unión política y escalón decisivo hacia la culminación de la unión económica y monetaria) se bautizó con el nombre de “Más Europa”, y que, evidentemente, dos décadas después tiene que tener implicaciones mucho más profundas. Nuestro valor de futuro es, sin duda, profundizar en una mayor integración. Seamos constructivos.

Hay que apostar por estos valores sin complejos. Pensemos que, en este reto, los europeos dependemos fundamentalmente de nosotros mismos. Pero, sobre todo, hagamos didáctica europea, necesitamos mucha.

Os dejo un enlace al artículo.

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