El Islam ante el fundamentalismo: ¿modernizar el Islam o islamizar la modernidad?

Por Encarna Hernández

El mundo árabe se enfrenta a tres grandes retos en este nuevo siglo: activar el desarrollo de unas economías estancadas desde la década de los ochenta; superar el retraso educativo-cultural, que actúa a modo de barrera para su acceso a la sociedad del conocimiento; por último, superar el déficit de libertades en el ámbito civil y político, para construir un auténtico Estado de derecho que no discrimine a la sociedad civil, a los agentes políticos, a las minorías étnicas o religiosas y, muy especialmente, a las mujeres, que sufren una segregación en todos los ámbitos de la vida –familiar, social y política-.

Las políticas económicas puestas en marcha por los Gobiernos árabes han sido hasta ahora incapaces de dar respuesta a la precariedad social. Las economías árabes no alcanzan un ritmo de crecimiento que sea capaz de absorber las altas tasas de desempleo y la demanda de trabajo de una población que crece a un ritmo vertiginoso y que es cada vez más joven. A este hecho se suma el factor de una educación incompleta o inadecuada –enfocada a las demandas laborales actuales-. El paro y el déficit educativo generan exclusión social, en suma, pobreza. Ante este panorama, los jóvenes árabes ven su único futuro en la emigración a Occidente.

Los caminos del desarrollo se debaten en un esfuerzo de triple dimensión: regional, euromediterráneo y global. Hasta ahora, la colaboración inter-árabe no ha pasado de ser papel mojado; la supuesta “integración” euromediterránea se ha enfocado hacia la eliminación de las barreras económicas; mientras, la liberalización y apertura económica, puesta en marcha a partir de los años ochenta de la mano del FMI, ha generado desigualdades estructurales en el seno de las sociedades.

El problema de fondo es la democracia; la persistencia de regímenes autoritarios, tradicionales –legitimados en la religión-, corruptos y opresivos. El mundo árabe parece inmune a la democracia auténtica: se falsean los sistemas electorales con elecciones unipersonales –Siria y Egipto-; la oposición política, cuando es permitida, sufre la marginación y el boicot estatal; la Justicia no es independiente del Gobierno y los Parlamentos –símbolo de la soberanía popular- brillan por su ausencia en las monarquías del Golfo.

¿Cómo puede el Estado árabe moderno superar el dilema de la “libertad”? Lejos de visiones culturalistas –el Islam, el verdadero Islam, no es el problema-, la clave está en resolver el retraso socio-cultural: desarrollo económico y pensamiento crítico. ¿Reforma desde el interior o reforma desde fuera? Los líderes políticos, la sociedad civil, la oposición política… Todos ellos deben “encontrarse” para ofrecer una solución árabe al problema árabe. Una democratización impuesta, como sucede actualmente en Iraq –primer bastión democrático occidental que arrastrará a todo el Oriente Medio autocrático hacia la democracia- puede, por el contrario, desestabilizar toda la región y conducirla al caos.

Y la solución reclama su urgencia porque, en medio de este contexto de “desastre” socio-económico, cultural y político, el mensaje de los fundamentalistas cala entre las capas marginadas de la sociedad: los jóvenes sin oportunidades formativas y laborales; los campesinos desruralizados; las clases medias –científicos, técnicos- excluidas de la modernización liberal; en definitiva, los abandonados por el Estado. Todos los modelos económicos aplicados –e importados del exterior- desde la emancipación fracasaron, ya fueran socialistas o liberales: la industrialización despobló el campo y provoco el éxodo masivo a las ciudades, donde predomina el hacinamiento; con la llegada del mercado libre, se acentuó la desestructuración de la sociedad, con capas sociales enteras marginadas.

Los gobiernos nacionalistas perdieron todo su crédito ante los ojos del pueblo como agentes de progreso económico y cultural. Es aquí donde los fundamentalistas aparecen como “salvadores”, ofreciendo a los musulmanes unos orígenes en los que refugiase ante la modernidad frustrada: un Islam puro, una cultura autóctona y una identidad. Los propios Gobiernos autodenominados “laicos” habían utilizado la religión para legitimar su poder, oficializando la religión a través de clérigos sumisos. Ahora, los integristas proponían una relación a la inversa: el Estado iba a sacralizarse.

Pero el programa fundamentalista no supone más que un “regreso al pasado” –a los fundamentos- que rechaza toda actualización y adaptación a los tiempos actuales. La solución está en las fuentes, en un Corán leído sin posibilidad de “reformismo” o de “modernidad” y en una Ley Islámica –sharia- sacada de todo contexto: una Ley medieval para el hombre, la sociedad y el Estado del siglo XXI.  El lastre de la dominación colonial y de los modelos posteriores de librecambismo salvaje e imposiciones culturales han conllevado una reacción dialéctica hacia la “modernidad”, como concepto asociado al imperialismo de Occidente y a sus valores: democracia, laicismo, librecambismo, etc.

Se conjugan aquí dos vectores cruciales en el fenómeno del auge del extremismo religioso en el universo árabe musulmán: los procesos de aculturación –negación de la identidad cultural y religiosa de un pueblo- que siguen persistiendo desde la colonización, y el rechazo a una modernidad deshumanizada impuesta por la fuerza y de forma acelerada -. Seguir leyendo…

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4 thoughts on “El Islam ante el fundamentalismo: ¿modernizar el Islam o islamizar la modernidad?

  1. Extraordinario escrito sobre un tema de tanta importancia y actualidad. Importante el asunto de la inmigracion Islamica en la Democracias Occidentales, en donde se encuentran la fortaleza de lo fanático con lo que puede verse como debilidad de los sistemas defensores de la libertad. Muchos e importantes problemas que habrá que afrontar.

  2. Hola Encarna: No sé de dónde sacas tiempo para estos artículos tan ‘curraos’. Enhorabuna.
    De todas maneras, si me lo permites, a los 3 grandes retos que citas en tu artículo, yo añadiría otro:
    Muchos países del mundo islámico son “ricos”. Pero su riqueza está muy mal repartida y se dan, como todos saben, grandísimos contrastes entre la riqueza del 1% de la población y la pobreza de amplios sectores.
    El caso de estos países es muy diferente al de otros que son pobres en agua y recursos naturales.
    Alguien dijo que al mundo del islam le hace falta un Jean Monnet.
    Pues bien, este Jean Monnet antes de de proponer allí una CECA, comenzaría tal vez por este punto.
    Un saludo: emilio

  3. Hola Emilio, gracias. ¿el tiempo? muy sencillo, dejando de hacer otras cosas… jeje. Estoy de acuerdo con lo que apuntillas, aunque en el artículo hablaba más en general, pero tienes toda la razón, comparto tu visión. ¿un jean monnet árabe musulmán? puede ser, y como, dices, habría que atender en primer lugar las desigualdades. Por pedir, nosotros, los europeos, también esperamos a nuestro Madison, Hamilton, … u Obama, tampoco estamos contentos con lo que tenemos. Un abrazo.

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