Ciudadanía múltiple europea

La participación ciudadana fue definida desde el principio como una de las principales apuestas de la Presidencia española de UE. Se trata de un ambicioso objetivo que se configura como uno de los déficit (democráticos) históricos de la integración europea.  El pasado 9 de abril, en el programa Europa 2010 de TVE, tuvimos la suerte de disfrutar de una estupenda entrevista con Susana del Río, miembro del Comité de Expertos de la Comisión Europea en materia de comunicación y participación de la sociedad civil. El tema central de la entrevista fue precisamente las posibilidades de participación de la ciudadanía en la UE, con la puesta en marcha de la nueva Iniciativa legislativa ciudadana como telón de fondo.

Europa 2010. Entrevista a partir del minuto 13

Durante la charla, la Dra. Del Río hizo hincapié en algunas ideas que merece la pena destacar y comentar en mayor profundidad. Para empezar, partimos de una idea básica: Europa no se puede hacer sin los ciudadanos. “Europa son sus ciudadanos. La UE es un proyecto de ciudadanía, de valores y de participación”. Hoy por hoy, no cabe duda que la construcción europea no puede avanzar sin la participación de los ciudadanos. Aunque no siempre fue así. Es cierto que comenzó como un proceso tecnocrático y elitista que obvió, en pos de la maquinaria de la integración, la consulta a la ciudadanía en sus primeros pasos.

Todo el proceso que rodeó la redacción de la Constitución europea fue un giro en este sentido: la Declaración de Laeken (y la definición de un reto interno y democrático esencial para la Unión, que no era otro que reducir la brecha con la ciudadanía); el método de la Convención constitucional (con una amplia participación de la sociedad civil); los noes en Francia y Países Bajos (que llevó a reafirmar el papel central de la ciudadanía europea y la necesidad de avanzar en la información y conocimiento sobre la UE).

La Europa cotidiana, la Europa que nos rodea, es otra de las ideas que salieron a colación en la entrevista. “Los ciudadanos, muchas veces, están participando en Europa sin saberlo. Desde que nos levantamos, hasta que nos vamos a descansar, Europa está ahí. El problema es que los ciudadanos aún no conocen el poder de la UE en su día a día”. ¿Son los ciudadanos conscientes de la influencia de Europa en sus vidas y de su papel en la construcción europea? Desde que nos levantamos: consumimos productos que llevan un marcado CE; los pagamos con la moneda común europea; llevamos a nuestros hijos a un colegio que probablemente ha sido construido o reformado con fondos europeos; acudimos a un centro de salud que ha sido posible gracias a estos mismos fondos; nuestra agua corriente puede que haya sido depurada en una instalación también bajo el paraguas FEDER; la carretera por la que circulamos; el viaje que programamos por Europa para nuestras vacaciones (¿quién se acuerda ya de los pasaportes?), y así hasta un largo etcétera.

Y los ciudadanos ¿cómo construimos Europa? No sólo votando en las elecciones al Parlamento Europeo, desde luego, también con gestos como buscar información, leyendo este blog en este preciso momento, dejando un comentario. Con cosas tan simples como ésta. Como esa Europa cotidiana que rodea nuestro día a día y en la mayoría de ocasiones no nos detenemos un segundo a pensar para percibirla. ¿Cómo despertamos esa sensibilidad europea? Susana del Río habla de información constante, de esa “lluvia fina” que va calando en la sensibilidad de la ciudadanía.

Hay un tercer concepto que me gustaría comentar en profundidad, por ser uno de mis preferidos. El de “ciudadanía múltiple” y “múltiples ciudadanías”. Esas ciudadanías que viven y conviven en Europa en un contacto enriquecedor. Es, esencialmente, esa visión multicultural de la ciudadanía europea, pero también el enfoque de la posibilidad de que existan múltiples pertenencias en un proceso de construcción identitaria que hace posible pensar y hablar de una identidad europea, en el sentido de valores compartidos, pero también de contacto intercultural enriquecedor y de un proyecto de participación interconectado y transnacional.

Aunque en muchas ocasiones se ha hablado (y proyectado desde las propias instituciones europeas) de un modelo de ciudadanía europea basado en la herencia cultural, pues no cabe duda que están asentados los rasgos de una cultura común europea en la democracia, la justicia o los derechos humanos, esta perspectiva debe aclimatarse y convivir con una realidad palpable en Europa: la sociedad multicultural.

Si proyectamos la identidad europea básicamente en el nivel de la cultura compartida, estamos negando un rasgo fundamentalmente distintivo de nuestra identidad: la diversidad. Estamos, en definitiva, limitando y poniendo barreras a la rica identidad cultural europea.

E. Balibar, en su libro Nosotros ¿ciudadanos de Europa? (2003) nos habla de una nueva ciudadanía posnacional debe entenderse como una “pertenencia no exclusiva”, abierta, de reconocimiento de la diversidad cultural europea. Otro clásico, Martiniello (Salir de los guetos culturales, 1998), afirma que lo esencial es desarrollar modelos de identificación que sean válidos para todos y permitan así una combinación de la identidad nacional y cultural con la nueva identidad supranacional, que debe ser abierta, flexible y dinámica.

Si buscamos un modelo de identidad europea inclusiva, compatible con las identidades personales, grupales, nacionales, regionales o locales preexistentes, nos estamos refiriendo a modelos de construcción de la identidad que afrontan ésta desde una perspectiva “multinivel” o “relacional”, es decir, lo que se ha definido como  “ciudadanía múltiple” o “múltiples pertenencias” (autores como Martiniello, 1995; Heater, 1990; Barthélémy, 1999; Ryba, 1999; Leclerq, 1999; Schnapper, 2000; Maalouf, 1999; Smith, 1992).

Como recuerda Heater en su ya clásico ensayo Citizenship (1990), los individuos pueden tener múltiples identidades cívicas y sentirse sujetos de múltiples lealtades sin que sean incompatibles. La identidad personal está compuesta de múltiples pertenencias –“identidad multidimensional”- o distintos niveles de identidades que no se excluyen mutuamente: identidad cultural, de género, familiar, nacional, religiosa, étnica, etc. Como nos recuerda Maalouf en su obra Identidades asesinas (1999), se puede plantear de este mismo modo la identidad europea: “forjar la Nueva Europa es forjar una nueva concepción de la identidad”.

Una nueva forma de identidad y una nueva forma de participar. Para ello, como afirma la Dra. Del Río, “Europa debe ser valiente”; también los ciudadanos deberán serlo para acoger el reto de la participación.

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7 thoughts on “Ciudadanía múltiple europea

  1. Yo tengo mi ubicación soy agnóstico creo en la domocracia como el sistema menos malo, de nacimiento murciano y por lo tanto español, me siento europeo y quiero participar. Al leer éste blog ya muestro mi interés y el poner un comentario es mi granito de arena.

  2. Hola Encarna: Muchas gracias por este artículo y por traernos el video de la entrevista a Susana del Río. Si te digo la verdad, lo había buscado en la página de RTVE y no lo había localizado.
    Del contenido ¿qué quieres que te diga? Pues que al seguirla con interés, uno puede estar más de acuerdo con unas afirmaciones que con otras, que algunas cosas dan para un largo debate, que se admiten matizaciones… Pero para mí, lo importante es comprobar que bloggers, acade´micos y representantes de la Comisión remamos -creo- en la misma dirección.
    Lo cual ya quisieramos decir de otras instituciones.
    Por cierto, cuando habla López Garrido de Ciudadanía se ve que habla con pasión. Un abrazo: emilio

    • Es cierto lo que comentas sobre López Garrido, a mi me dio la misma impresión, daba gusto oirle porque transmitía entusiasmo.

  3. Yo no estoy nada de acuerdo con el punto de vista tan optimista del artículo. Cuando leí el proyecto de Constitución Europea, me llamó la atención que al Parlamento Europeo (que es, recordemos, la única institución comunitaria que elegimos democráticamente) se le daba, como mucho, poder de codecisión en las cuestiones importantes, mientras que los que realmente cortaban el bacalao eran los respectivos gobiernos nacionales. Yo, personalmente, no voto al gobierno de mi país para que gobierne Europa. Lo voto para que gobierne mi país. Mientras esta situación no cambie, no podrá haber una ciudadanía europea y estaremos a merced de unas élites que decidirán por sí mismas y sin dar cuenta a nadie sobre temas como la reciente crisis griega. Mientras tanto, el PE sirve para poco más que para condenar dictaduras que los mismos eurodiputados no se habrían atrevido a condenar en sus respectivos parlamentos nacionales.

    Es muy fácil y muy cínico decir que «El problema es que los ciudadanos aún no conocen el poder de la UE en su día a día», como si fuera culpa nuestra no estar bien informados. Por ejemplo, ¿tenemos EuroNews en la TDT? No, tenemos mil canales de teletienda. ¿Está Europa 2010 en La1 o al menos en La2? No, está en el Canal 24 horas y en horarios no precisamente de máxima audiencia. ¿Hay un espacio fijo en el Telediario para la información sobre Europa? No, que yo sepa. Recordemos la campaña de la Constitución Europea. Hasta poco antes de las elecciones, ni siquiera se nos había mandado el texto, y los argumentos estaban entre: «Vamos a votar que sí porque es un referéndum y en los referéndum siempre se vota que sí», «si votas no, serás responsable de la llegada del fin del mundo» y, por supuesto, el tan famoso de Los del Río: «si los políticos dicen que hay que votar que sí, pues ellos saben de esas cosas más que nosotros.»

    Así no puede haber una ciudadanía europea en la vida, por lo menos en España. Lo primero es que recuperemos la soberanía que nos han birlado los gobiernos nacionales, y luego ya vendrá la construcción de una identidad cultural común y todo lo demás, pero lo que no se puede es empezar la casa por el tejado, que es lo que ha pasado, por ejemplo, con el euro, que primero hemos tenido moneda única y sólo ahora, casi diez años después, empezamos a poner medidas para que no se nos vaya al carajo, con perdón.

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