Europa y Latinoamérica, y viceversa. Entrevista con Héctor Casanueva, Director de CELARE

Por Encarna Hernández

El estado de la integración latinoamericana, el espejo comunitario europeo, hitos y decepciones en dos procesos paralelos pero con sus particularidades en los ritmos de cooperación y en el modelo de integración. La próxima presidencia española del Consejo de la Unión, la Cumbre ALC-UE, los esfuerzos por acercar ambos Continentes, o el papel proyector de Chile. Son todos ellos temas vitales en la razón de ser del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE), y sobre ellos hablamos, precisamente, con su Director Ejecutivo, Héctor Casanueva, quien, desde Chile, nos radiografía ambos procesos de “ingeniería política”, el latinoamericano y el europeo, y viceversa.

1. ¿Qué lleva a un chileno a convertirse en un estudioso de la integración europea?

Tal vez haya una explicación de contexto y una personal para ello. A finales de los sesenta y la mitad de los setenta se vivió en América Latina, y especialmente en Chile, una ola integracionista impulsada fuertemente por grandes líderes como Frei Montalva en Chile, Rafael Caldera en Venezuela, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, Pastrana de Colombia, y muchos otros.

En ese contexto, quienes entramos a la universidad nos sumergimos en los textos que hablaban de la integración latinoamericana como algo posible y desde luego deseable, y el modelo era claramente el de la Europa comunitaria. Surgieron el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), con un fuerte apoyo de la CEPAL, proyectos más cargados de mística y voluntad política que de capacidad orgánica.

Para un estudiante de Derecho como yo, y con militancia política, al igual que cientos de otros jóvenes chilenos, en una época muy fundacional, con la influencia de mayo del 68 o de la primavera de Praga, no era posible sustraerse al influjo de esos procesos que nos hablaban de un mundo nuevo, de un proyecto de paz y cooperación que derribaba fronteras, y que desde la integración se levantaba además en contra del totalitarismo estalinista.

Por nuestra parte, surgían dos proyectos internacionalistas antagónicos: la revolución cubana como paradigma regional antiimperialista, y la integración latinoamericana como proyecto de inserción autónoma en el capitalismo. De ahí que estudiar la integración europea fuera un imperativo si uno quería saber cómo se podía avanzar autónomamente sin caer en ninguno de los dos extremos de la guerra fría.

En lo personal, además, después del golpe de estado en Chile salí al exterior, viví en varios países y finalmente en 1983 llegué a España donde viví once años, precisamente durante la transición, el ingreso a la OTAN y a la Comunidad Europea. Estudié un master en integración europea en la Politécnica de Madrid, probablemente uno de los primeros postgrados españoles en la materia, y viví de cerca también lo que fue el europesimismo y el relanzamiento del proyecto europeo, el Acta Única, el mercado único, Maastricht, en fin, todo eso un proceso de ingeniería política para mi fascinante, que sigo de cerca, ahora desde Santiago.

2. ¿Cómo se divisan desde el otro lado del Atlántico los avances en la unificación de Europa?

Hay mucho desconocimiento, e incluso hay sectores, especialmente de la derecha y de los neoliberales latinoamericanos, que caricaturizan el proceso europeo e incluso rechazan el modelo social construido en Europa, por considerarlo paternalista, estatista e intervencionista, es decir, los supuestos males contra los que el liberalismo debe luchar, y su paradigma es por supuesto la sociedad norteamericana. Hay ignorancia y falta de matices, porque ni Estados Unidos es tan liberal, ni Europa es tan estatista.

Creo que la Unión Europea ha hecho muy poco en Latinoamérica en términos de imagen para difundir su proyecto, pese a que, paradojalmente, es nuestro primer contribuyente mundial en cooperación al desarrollo, el primer inversionista y el segundo mercado. La gente no sabe estas cosas. Los partidos políticos más homologados con los europeos sí lo saben, y en círculos académicos crece el interés por Europa, se crean centros de estudios europeos, se han instalado las cátedras Jean Monnet, y la influencia de los académicos y políticos españoles ha sido muy relevante.

Debo decir también que el proceso europeo lo miramos con sana envidia. Me asombra leer a veces el escepticismo o derechamente el rechazo de algunos sectores europeos, la falta de reconocimiento a lo avanzado y la exigencia a veces desmedida sin reparar en la magnitud de la obra, de estar a las puertas de la unión política (será federal o confederal, no se sabe aún, pero será), que es una cuestión esencial si Europa quiere posicionarse bien en este Siglo XXI y no quedar marginada por las nuevas alianzas estratégicas, léase Estados Unidos-China-Rusia.

3. ¿Con qué fin y con qué medios nace un proyecto como Celare?

celare.org

CELARE nace en 1993 como una iniciativa no gubernamental, mediante un proyecto financiado por la Comisión Europea con apoyo del Parlamento Europeo, para contribuir al conocimiento en Latinoamérica del proceso europeo y viceversa, y apuntalar desde la sociedad civil las relaciones políticas, económicas, culturales y de cooperación entre ambas regiones.

Fue creado por académicos y políticos chilenos y europeos integracionistas. Su inspiración es claramente progresista, pero no es un centro con militancia política, es plural y abierto, concentra una amplia red latinoamericana y europea de personas e instituciones de todos los signos, y coopera con universidades, organizaciones civiles y gobiernos de todo el espectro.

En este momento tenemos un contrato de cuatro años con la Comisión para difundir y monitorear los avances de las relaciones ALC-UE. Trabajamos intensamente en esta línea en Centroamérica, la Comunidad Andina, el Mercosur y por supuesto en Chile donde tenemos la sede.

4. ¿Nos podría hacer una breve radiografía del estado de la integración latinoamericana y caribeña, y de sus perspectivas de futuro?

La verdad es que se podría resumir en dos palabras: desorden e incertidumbre. Hablo de Latinoamérica más que del Caribe, ya que este tiene su proceso sui géneris: está muy vinculado a Europa con los acuerdos ACP y al mismo tiempo recibe una enorme influencia de Estados Unidos. Pero de México hasta Chile, no hemos logrado avanzar lo suficiente en integración, pese a que comenzamos el mismo camino casi a la par que Europa.

Digo desorden, porque los esquemas creados, como la Comunidad Andina y el Mercosur, se han desarticulado bastante debido a la nueva realidad internacional que ya no soporta uniones aduaneras proteccionistas ni restricciones de política comercial, o no logran avanzar debido a disputas internas como el caso de Uruguay con Argentina, o de Paraguay con Brasil.

Y de manera trasversal, se perfilan, con ciertos matices, es cierto, dos modelos de integración: uno que apuesta a la confrontación con Estados Unidos y Europa, en cuanto sistemas capitalistas, donde están Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia; y otro que apunta a una integración para la inserción competitiva en el sistema internacional, donde están Brasil, Chile, Uruguay, Argentina, México, Perú, Colombia y otros países. Esa tensión, que se vive en el UNASUR, no permite avanzar en las áreas más necesarias, como la infraestructura o el financiamiento del comercio. En este escenario, lo que mejor camina es la ALADI y el SICA, sistema centroamericano de integración. Pero no logramos tener una sola voz, como Europa. Por eso el pronóstico para el corto plazo es incierto.

Pero, como diría Galileo: “y sin embargo camina”, porque hay vigentes y funcionando más de cien acuerdos comerciales que cubren el 90 por ciento de los intercambios, tenemos acuerdos de cooperación en materias sanitarias, educativas, judiciales, seguridad, sistemas previsionales, migraciones, en fin, que de todas maneras se ha ido creando una red de integración a la que le falta la cohesión y las políticas comunes, con una institucionalidad adecuada que las potencie. Nuestra integración claramente no será con el modelo europeo, pero estamos buscando el modelo propio que de cabida a la diversidad y a las asimetrías políticas y económicas.

5. ¿Espera que la presidencia española de la UE contribuya a reactivar el diálogo bilateral UE-Latinoamérica? ¿Qué expectativas tiene de cara a la próxima Cumbre ALC-UE?

Sin duda. España siempre ha sido importante para potenciar las relaciones ALC-UE. De hecho en las prioridades de la presidencia española figura el tema latinoamericano con gran importancia. Se supone que durante el semestre español se concretarán por lo menos el acuerdo de asociación con Centroamérica. Asimismo, más avances con el Mercosur y un cierto acomodo de los objetivos para un acuerdo con la Comunidad Andina que a la vez permita firmar la asociación con Perú y Colombia. También la creación de la Fundación Eurolac que de seguimiento al proceso birregional.

El punto está en que llevamos diez años desde que se estableció la llamada Asociación Estratégica ALC-UE, ha habido avances notables con Chile y México y amplios programas de cooperación con toda la región, pero no se ha podido firmar con el Mercosur, que es el cincuenta por ciento de todo, y hay diferencias muy importantes con respecto a Doha, que desdicen lo que sería una real asociación estratégica.

Es poco más lo que España puede hacer al respecto, por mucha voluntad, que efectivamente existe. No debería ser así, porque Europa necesita a AL, pero esa visión estratégica de largo plazo que tiene España no es la tónica. Si a esto agregamos el desorden nuestro, la falta de una agenda común con la que concurrir a Madrid el 2010, mi pronóstico es que los resultados en términos realmente estratégicos serán escasos.

Pero España puede también ayudar a dejar los temas centrales encaminados para la próxima reunión de Buenos Aires el 2012, y sensibilizar sobre esto a las nuevas autoridades comunitarias, el presidente del Consejo y la nueva alta autoridad de las relaciones exteriores.

6. Por último, ¿Cómo resultó la visita a su país de la Delegación del Parlamento Europeo en la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Chile?

Fue una amplia y variada delegación, presidida por la eurodiputada española María Muñiz de Urquiza y por el eurodiputado Luis de Grandes. Ambos han sido personas muy relevantes en su apoyo al desarrollo del Acuerdo existente entre la UE y Chile, que ha sido muy beneficioso y ya lleva seis años.

Se celebró con los parlamentarios chilenos la XI reunión conjunta, y la verdad es que como no hay prácticamente contenciosos entre ambas partes, la delegación sobretodo se concentró en analizar las áreas en las que es posible profundizar las relaciones, por ejemplo en impulsar el “upgrading” del acuerdo vigente para ir hacia lo que se denomina una “Asociación para el Desarrollo y la Innovación (ADI)” entre la UE y Chile, que significa que Chile va a jugar un cierto papel pivote en la cooperación de la UE con América latina, proyectando los programas bilaterales hacia otros países de nuestra región.

Yo creo que esta idea es un gran paso y puede ayudar a intensificar los lazos biregionales. Claro que tenemos que ser cuidadosos y prudentes en ello, porque Chile tampoco se puede erigir en un interlocutor único de la UE con AL, existiendo relaciones privilegiadas de la UE con Brasil y México. Más bien se trata de que Chile proyecte en conjunto con la UE ciertas experiencias de cooperación hacia países de menor desarrollo relativo, que van a entrar en una relación más estrecha con la UE en los años que vienen.

……….

Héctor Casanueva (Santiago, Chile). Master en Comunidades Europeas de la Universidad Politécnica de Madrid y en Sociología de la Universidad de Lomas de Zamora, Argentina. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE) y Coordinador de Asuntos Internacionales del Ministerio de Agricultura de Chile. Se ha especializado en relaciones internacionales, con énfasis en integración europea y latinoamericana. Ex vicerrector académico de la Universidad Miguel de Cervantes. Fue embajador de Chile ante la ALADI y el Mercosur. Es miembro del Consejo Internacional del Centro de Estudios del Mercosur de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina; del Centro de Formación en Integración Regional (CEFIR) de Uruguay; y de la Universidad Latinoamericana de Comercio Exterior de Panamá. Autor de varios libros y artículos de su especialidad, publicados en España, Chile y Uruguay. Puedes conocer más sobre su perfil y publicaciones en su blog “Pensamiento Global”.

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3 thoughts on “Europa y Latinoamérica, y viceversa. Entrevista con Héctor Casanueva, Director de CELARE

  1. Me parece bien que un chileno sea experto en integración europea. Peor muchas veces, los europeos que son tan nacionalistas, utilizan a foráneos para que hagan el trabajo sucio que ellos se niega a realizar. Y si no mirar el caso de Enrique Iglesias del BID que es uruguayo y que tiene que hacer un uruguayo en un banco de capitales EEUU y Europa, y como ha colaborado ese señor a destruir las economias de A. Latina.

  2. Excelente entrevista. Me parece fantástico que un chileno se interese tanto por los asuntos europeos y que vea la integración europea como un modelo a seguir para la integración en sudamérica.

    Un saludo a Héctor Casanueva y mucho ánimo en su trabajo.

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