La presidencia española de la UE calienta motores en una arquitectura institucional sin precedentes

Por Encarna Hernández

La presidencia de la UE ¿Un puzle con demasiadas piezas?

Dudas, muchas dudas, a la par que expectativas, es lo que genera el inminente comienzo de la presidencia española de la Unión Europea. Y la incertidumbre deriva (más allá de la mayor o menor confianza que se pueda tener en la capacidad de buen hacer del actual Ejecutivo español) de una cuestión de engranaje institucional, pues la presidencia española se moverá en un marco sin precedentes en toda la historia de la UE: deberá cohabitar con los dos nuevos Altos Cargos de la Unión (Presidente y Ministra de Asuntos Exteriores), además de tener que demostrar la eficiencia e idoneidad del invento de la presidencia “trío”, junto con Bélgica y Hungría. ¿Es esta nueva UE, tras Lisboa, un “monstruo” con demasiadas cabezas?

España asumirá, por cuarta vez, la presidencia del Consejo de la UE el próximo 1 de enero, tomando el revelo a la actual presidencia sueca. Hasta aquí, nada fuera de lo común, ya que se continúa con el tradicional baile de presidencias rotatorias, cada una de ellas con una duración de seis meses. Pero ya desde la presentación del logo de la presidencia hispana, allá por finales del mes de octubre, pudimos advertir que ésta no iba a ser una presidencia como las demás.

Para empezar, se presentó un logotipo común que reflejaba la presidencia “a trío” entre España, Bélgica y Hungría, una innovación que viene a consecuencia de la entonces inminente entrada en vigor del Tratado de Lisboa, y que se supone debe fortalecer y dar más agilidad, coordinación y, por tanto, eficacia, a las distintas y sucesivas presidencias del Consejo. Sin embargo, no podemos abstenernos de comenzar a vislumbrar aquí, en la presidencia ” a trío”, a una UE con demasiadas cabezas, o un corral con demasiados gallos, por continuar con las analogías.

La cosa no acaba aquí, porque, como por todos es conocido, habrá, además de la presidencia “trío”, un presidente de facto del Consejo de la Unión, el recién nombrado Van Rompuy, que tendrá que cohabitar con Zapatero. Y no, las dualidades que se suman a las presidencia “trío” tampoco se terminan aquí, pues ahí tenemos al responsable de Exteriores de nuestra presidencia, el ministro Moratinos, cuya labor tendrá que acoplarse con la de la nueva Alta Representante de la Política Exterior de la Unión, Catherine Ashton. Aunque tal vez los Estados ya se han asegurado, avalando los nuevos nombramientos de “perfil bajo”, de que sólo haya un gallo en el corral, entiéndase, el Estado de turno.

Vayamos ahora a las prioridades de la presidencia española de la UE, presentadas por el presidente Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados a mediados de este mes de diciembre. Destacan aquí cuatro grandes temas, a saber: impulsar la recuperación económica; desarrollar una Europa social y de los ciudadanos; fortalecer la posición de la UE como actor global; y dar plena aplicación al nuevo Tratado de Lisboa.

Para salir de la crisis económica se apuesta por la coordinación interna, la contribución a la gobernanza financiera y su supervisión, un mercado único de servicios financieros, la creación de empleo de calidad, la educación y el medio ambiente, todo ello en el marco de la nueva Estrategia Europea de crecimiento sostenible para el horizonte de 2020.

Otra prioridad fundamental es apostar por la Europa social y de los ciudadanos, a través de una nueva agenda social europea, el impulso de la igualdad de género, la lucha contra la pobreza y la exclusión social, y la puesta en marcha del recientemente aprobado Programa de Estocolmo. El objetivo, a su vez, es situar a los ciudadanos europeos en el centro de las políticas de la UE, una loable declaración de intenciones que no es precisamente nueva , pero que aún se reviste de cierta carga utópica, cuando se supone que ya deberíamos haber alcanzado, en este siglo XXI, la archi-nombrada y anhelada “Europa de los ciudadanos”.

Reforzar la posición de la UE como actor en la escena internacional es otro de esos objetivos inalcanzados y que se arrastran en la lista de buenos deseos desde la famosa Declaración de Laeken, o cabría decir desde siempre. Episodios como la guerra de Iraq pusieron al descubierto, una vez más, de desunión e inoperancia europea en materia de política exterior, un talón de aquiles que aún no se ha superado. La diplomacia europea queda en evidencia a la menor oportunidad: la guerra de los Balcanes, en los noventa; el conflicto del Cáucaso, en el verano de 2008; la crisis del gas, en el invierno de 2009; o el reciente contencioso con Marruecos por la situación de la activista saharaui Aminetu Haidar.

No es de extrañar que muchos de estos temas sigan encima de la mesa, o repasados con fluorescente en la libreta de cada presidencia rotatoria. España, como no podía ser de otra forma, se propone dotar de mayor visibilidad a la acción exterior de la UE, y lo debe hacer afrontando cuestiones como las relaciones transatlánticas, el diálogo con Rusia, America Latina y Caribe, la política de vecindad con el Magreb, o el proceso de paz en Oriente Medio. Mucha tela que cortar ¿verdad? Especialmente para cuestiones espinosas y enquistadas, y algunas de las citadas lo son.

No esperemos grandes logros, pues tampoco las esperanzas son demasiado grandes en materia de política exterior, a excepción de la ineludible reactivación de las relaciones con Latinoamérica, toda vez que España ha sido tradicionalmente una bisagra esencial entre ambos continentes, y teniendo en cuenta, además, que España organizará en 2010 una nueva edición de la Cumbre ALC-UE.

Queda la plena entrada en vigor del Tratado de Lisboa y el desarrollo legislativo y aplicación de algunos de sus preceptos. Muy especialmente la cuestión de poner en marcha la red diplomática del nuevo servicio europeo de acción exterior, facilitar que se desarrolle y se concrete el nuevo mecanismo de participación ciudadana a través de la iniciativa legislativa popular (un millón de firmas), y, del mismo modo, la adhesión al Convenio Europeo de Derechos Humanos, y garantizar los consensos necesarios para asegurar la denominada Cláusula de solidaridad europea.

Muchos retos por delante. Muchas expectativas. A la par que muchas incertidumbres. Demos un margen de confianza, sin por ello dejar de ser estrictos, cuando llegue el momento, a la hora de hacer balance del trabajo realizado, allá por el mes de junio.

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7 thoughts on “La presidencia española de la UE calienta motores en una arquitectura institucional sin precedentes

  1. Muchos y complejos temas aparecen sobre la mesa, menos mal que todos o casi todos se solucionan con frases como : “La Tierra no es de nadie sólo del viento”. Esa maravillosa frase nos hace soñar y pensar en los Grandes logros de la “Era Zapatero”. 😦

  2. Estimada Encarna, un semestre de presidencia no dan para mucho más, pero al existir ahora una presidencia del Consejo y una cartera de RR.EE. permanentes, más el plan del “trío”, es posible confiar en que se proyectarán con más fuerza las cuatro prioridades. De ellas, en lo que ami respecta y sin dejar de valorar igualmente las demás, lo de posicionar a Europa como un actor global me parece de vital importancia, vistos, por una parte, los entendimientos de Estados Unidos con China ( “Grupo de los 2”)y con Rusia; el posicionamiento paralelo de China en África y en América Latina; la falta de un liderazgo claro en la crisis del oriente próximo y medio; y la “prescindencia” norteamericana respecto de América latina (salvo buenas intenciones y formalidades de la administración Obama). En este contexto, Europa necesita una alianza que produzca masa crítica, de ahí que la asociación estratégica con América Latina sea central en una mirada geopolítica, geoeconómica y geoambiental de futuro. Para AL es lo mismo, solos somos marginales, pero somos suficientemente importantes como para hacer la diferencia. En esto hay que profundizar y pienso que España en su presidencia y durante la Cumbre ALC-UE puede contribuir a dar un impulso más allá del continuismo, o sea, un salto cualitativo en la relación. Claro que desde este lado el desorden de los actores no augura una capacidad de interlocución sólida, creible y sustentable. Por eso que en paralelo a las anunciadas cumbres UE con México y Chile, y la condición de aliado estratégico de Brasil, más los posibles acuerdos con Centroamérica, Perú y Colombia, se podría avanzar en este salto cualitativo. ¿Habrá por lado y lado suficientes neuronas para cuadrar el círculo? Un fuerte abrazo. Héctor

    • Muy interesante el debate que abres Héctor, parece que también hay muchos gallos en el “corral” latinoamericano. Si Europa consigue hablar con una sola voz será cuando realmente esa nueva institución de la presidencia estable de la UE se consolide, y dejen de torpedearla los Estados de turno. Por ello hubiera preferido un líder con más carisma, con más experiencia europea, pero, en fin, al señor Van Rompoy habrá que darle una oportunidad. Espero muchas cosas de la presidencia española de cara a las relaciones ALC, pero los antecedentes de nuestro ministro de exteriores nos son precisamente buenos. Pues ahí están sus controvertidos escarceos con Cuba o Venezuela. Lo dicho: habrá que esperar. Saludos

      • En realidad hay pocos gallos y muchos pollos ensoberbecidos en nuestro corral. Cuando en los sesenta se produjo una convergencia de liderazgos en AL, la integración avanzó y la búsqueda de una inserción internacional positiva también. Pero en los setenta y ochenta vinieron las dictaduras, la guerra civil en Centroamérica, y con ello las desconfianzas y el retroceso conceptual y metodológico, mientras en Europa avanzaban por sobre su euroesclerosis y euroscepticimo a fuerza de sobredeterminación política de líderes como Miterrand, Kohl, Martens, y el arquitecto del relanzamiento, Delors. Por eso que uno ante estas realidades puede exclamarle a lìderes y partidos, parafraseando a Clinton: ¡ es la política, estùpido! Sólo con visión política será posible asumir los desafíos del presente y el futuro. Por ahora no estamos ni en un lado ni el otro a la altura de nuestra retórica. Un fuerte abrazo. Héctor

  3. Hola Encarna: como ya he comentado en mi blog alguna faceta de esta “doble presidencia” (aunque para algunos no tiene nada de doble), me voy a referir, porque me hace gracia, a la prioridad de “desarrollar una europa social y de los ciudadanos”: ¿Desde cuándo venimos oyendo la misma cantinela?

    • Es cierto Emilio, esto de la Europa de los ciudadanos, de que el ciudadano esté en el centro de todas las políticas, es una vieja e incumplida promesa. Pero aún así, no está de más que no se olvide, y se siga contemplando en el orden del día de cada presidencia, de cada CIG, de cada Declaración, hasta que un día se lo tomen en serio.
      Por otro lado, Jorge, ya ves lo que comento en mi último párrafo, habrá momento, como dices, de hacer balance, en junio.

      Un saludo para los dos: Encarna.

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