Energía y clima en la Europa del siglo XXI

Encarna Hernández

"Energía sostenible" Fotografía: Servicio Audiovisual de la Comisión Europea

En 2007 se cumplieron cincuenta años de la firma de los Tratados de Roma. Este dato, traducido al lenguaje de la cooperación en materia de energía en el seno de la Unión, significa que llevamos otros tantos cincuenta años sin una política energética común. La ausencia de una comunidad europea de la energía ha significado para Europa, cada vez en mayor medida, una problemática dependencia energética del exterior. Es hoy cuando la cuestión del suministro de energía no puede acometerse ya sin las necesarias sinergias con el imperativo de la sostenibilidad. En el actual estado de las cosas, energía y lucha contra el cambio climático se configuran como dos ámbitos de actuación comunitaria que requieren esfuerzos más que paralelos, inseparables.

Cuando, poco antes de ser reelegido como presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso afirmaba que la energía y el clima eran equiparables hoy en relevancia a lo que el carbón y el acero significaron en los primeros pasos de la integración europea, estaba poniendo el acento en la ausencia histórica e inexplicable de una política energética común.

La resistencia de este núcleo rígido de la soberanía estatal que tiene que ver con la seguridad del suministro energético ha impedido que en las últimas décadas el proceso de la integración europea haya avanzado de forma efectiva hacia el establecimiento de una auténtica solidaridad de hecho en materia energética, como se hizo en su día con el carbón y el acero. Lejos de una política de la energía comunitaria, lo que se ha percibido son las contradicciones de tantas políticas energéticas como países miembros se han ido integrando en la Unión.

¿Cómo es posible que no se haya impulsado ya de forma definitiva una comunidad europea de la energía, dada la excesiva dependencia energética exterior de la UE? ¿Cómo es posible que la Unión no haya sido capaz de hablar con una sola voz para negociar con terceros países su suministro energético? ¿Acaso la dependencia energética de la UE no le hace perder peso en la diplomacia exterior, en la presión, sin ir más lejos, hacia su principal proveedor, Rusia, como pudimos comprobar en el crisis del Cáucaso del pasado verano de 2008? ¿Para cuando, entonces, una voz común?

Las relaciones bilaterales UE-Rusia son un ejemplo esclarecedor para todas estas cuestiones. La crisis del gas entre Ucrania y Rusia puso en peligro el suministro energético a los países de la UE a principios de 2009, en pleno invierno, poniendo de manifiesto la dependencia energética europea. No era la primera vez que ocurría algo así, razón de más para que Europa busque definitivamente aunar esfuerzos para garantizar una mayor seguridad en el suministro, diversificar las fuentes y negociar de forma común el suministro del exterior.

Pero, en el actual estado de las cosas, todo ello debe hacerse desde el enfoque de la sostenibilidad, impulsando la independencia energética a través del desarrollo de energías limpias. El esfuerzo es doble y a través de dos vías inseparables: energía y lucha contra el cambio climático.

Que la energía y el clima son actualmente los dos principales pilares en la cooperación europea, así como los problemas más candentes de entre los actuales desafíos globales (junto con el terrorismo internacional), lo dejó bien claro el nuevo presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, en su primer discurso ante la Eurocámara, cuando hizo referencia a la necesidad de crear una comunidad europea de la energía. Su gesto, precisamente en su primer discurso como presidente, demuestra la importancia que estos ámbitos de actuación tienen ya en el discurso comunitario.

No por casualidad en la última reforma de Lisboa se produce un giro radical en la tradicional visión intergubernamentalista en las negociaciones relacionadas con el suministro energético, así como en lo que respecta a la imposición del voto por unanimidad en el seno del Consejo a la hora de tomar decisiones en las que el Parlamento Europeo ha jugado en este ámbito un papel absolutamente marginal.

Las virtudes del nuevo Tratado en este sentido tienen que ver con varios aspectos. Para empezar, se conecta la política energética con la necesaria sostenibilidad medioambiental, aludiendo, además, a “un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros” (art. 194.1 TFUE). Hablamos de crear una nueva solidaridad de hecho, en esta ocasión en los sectores de la energía y del medio ambiente.

En Lisboa se establecen nuevas bases jurídicas para una política energética común y en la lucha contra el cambio climático. Se dispone, de forma revelante, que la adopción de la legislación que debe garantizar la consecución de los objetivos relacionados con la energía (funcionamiento del mercado, seguridad en el abastecimiento, eficiencia y ahorro, desarrollo de energías limpias, e interconexión de las redes energéticas) compete tanto al Parlamento Europeo como al Consejo, y con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, es decir, mediante codecisión.

Ello no quita que los Estados se sigan guardando un as en la manga en cuestiones energéticas, pues seguidamente se especifica que el Consejo podrá, mediante un procedimiento legislativo especial y por unanimidad, y simplemente consultando de forma previa al Parlamento, establecer las medidas oportunas cuando sean esencialmente de carácter fiscal (art. 194.3 TFUE).

A pesar de todo, no cabe duda que Lisboa constituye un paso importante hacia una comunidad europea de la energía, con todo lo que esto conlleva en materia de cooperación y en la necesidad de solidaridad interestatal. Del mismo modo, es el reflejo de una preocupación que ha ido en aumento en la escala de prioridades de los legisladores comunitarios.

En este sentido, la aprobación del paquete legislativo “Energía-Cambio climático” ha sido uno de los grandes hitos en la historia reciente de la UE en lo que concierne a estos ámbitos de actuación. El paquete, centrado en la reducción de las emisiones de CO2, en el uso de energías renovables y en la eficiencia energética, recibió por fin el visto bueno de las tres Instituciones comunitarias en diciembre de 2008, coincidiendo con el final de la Presidencia francesa del Consejo, y tras una larga y compleja negociación interinstitucional. El proceso legislativo concluyó en abril de 2009 en el seno del Consejo, con la adopción de seis actos legislativos , y previo visto bueno (incluidas enmiendas) del Parlamento Europeo.

El paquete “Energía-clima” incluye distintos textos relativos a: el fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables; el perfeccionamiento y ampliación del comercio de derechos de gases de efecto invernadero; la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero; el almacenamiento geológico de dióxido de carbono; el control y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la utilización de combustibles en el transporte por carretera y en la navegación interior; así como normas de comportamiento en materia de emisiones de CO2 de turismos nuevos.

Entre los informes que se debatieron en la primavera de 2008 en el seno del Parlamento Europeo encontramos distintas medidas dirigidas hacia una mayor eficiencia en la gestión y en el consumo de energía: hablamos de aspectos como el etiquetado del consumo energético de los neumáticos, la eficiencia energética de los edificios, o un nuevo etiquetado energético para determinados aparatos.

El etiquetado del consumo energético de los neumáticos, según la Eurocámara, equivaldría a retirar entre 0,5 y 1,3 millones de turismos de las carreteras europeas, toda vez que los neumáticos constituyen un factor clave en el consumo de combustible de los coches, y teniendo en cuenta que el transporte por carretera es el responsable de cerca de la cuarta parte de las emisiones de dióxido de carbono que se producen en la UE.

Conseguir que los edificios produzcan su propia energía a partir de 2019 es otro de los aspectos fundamentales en la lucha comunitaria contra el cambio climático, así como en el objetivo de una mayor independencia energética europea: se reduciría la importación de gas del exterior de la UE (actualmente, la mitad de gas que se consume es importado) y se eliminaría uno de los principales focos de contaminación y de gasto energético (los hogares europeos suponen el 40 por ciento del consumo primario en la Unión). El objetivo no es otro que conseguir que los edificios que se construyan a partir del 1 de enero de 2019 sean capaces de producir el cien por cien de la energía que precisen.

El Parlamento Europeo dio, además, un nuevo paso hacia un renovado etiquetado energético. La revisión de la Directiva reguladora de este etiquetado lo aplicará ahora también a productos que consumen energía utilizados en los sectores industrial y comercial, además de a aparatos que no utilizan energía directamente, pero sí tienen un impacto en su consumo.

Todas estas medidas vienen a redundar en la necesidad de reducir las emisiones de CO2 para conseguir su reducción en un 20 por ciento de aquí a 2020. Este esfuerzo comunitario, que no es sino la suma de un compromiso individual de cada uno de los 27 Estados que integran la UE, coloca a la UE a la cabeza en la lucha contra el cambio climático, una lucha en la que el ahorro energético (el objetivo es reducirlo en otro 20 por ciento) y el uso de energías limpias (aumentarlo otro 20 por ciento) jugarán un papel fundamental.

Lo son ya, pero a partir de 2020 lo serán aún más: la energía y el clima, los motores de la Unión Europea en distintos vectores de la integración: la solidaridad interestatal, el compromiso compartido entre sus Estados y sus ciudadanos, y una única voz europea en el exterior genuinamente respetuosa con el medio ambiente y con el uso responsable de los recursos energéticos.

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13 thoughts on “Energía y clima en la Europa del siglo XXI

  1. Lo que planteas hoy, Encarna, no tiene más remedio que suscitar la siguiente pregunta: ¿Qué hace falta para que los europeos aprendamos la lección? ¿Cuántaas veces habrá que tropezar en la misma piedra?
    Los que hemos vivido la crisis del petróleo de los años 70, nos damos cuenta de que Europa ha tenido por los menos 35 años y numerosas oportunidades para poner las bases de una política energética común.
    No sé si la OPEP, cada vez que hay una iniciativa en este sentido, bajalos precios durante una temporada, para enfriar esa iniciativa.
    El caso es que, primero por la crisis del petróleo, y después por el cambio climático, la introducción de las energías alternativas y del coche electrico deberían estar mucho más avanzadas.
    No quiero despedirme, encarna, sin decir que me ha parecido un estupendo artículo. Saludos y… ¡enhorabuena! Emilio

  2. Gracias Emilio. Sí: muchas lecciones nos quedan por aprender, y no sé si los Estados han aprendido ésta de la energía en concreto. Espero que sí, existe la voluntad política, al menos desde las instituciones europeas, de que así sea. Tendremos tiempo de comprobarlo! Un saludo

  3. Bueno el protocolo de Tokio es un ejemplo de como las palabras en este tema se las lleva el viento cuando llega la hora de actuar.

    Creo que los Estados no han sido capaces de entenderse por el miedo a perder su soberanía.

    Es un artículo muy interesante y que suscribo hay problemas que trascienden las fronteras y su solución requiere una toma de decisiones más amplia que los Estados.

    Un saludo,

    Jorge Juan

  4. Bueno Jorge, en este caso, las Directivas y Reglamentos no se las puede llevar el viento. Así que hablamos de medidas reales que tendrán antes o después (caso del plazo de transposición de las Directivas) un reflejo y una vigencia real en la sociedad y en nuestro ordenamiento jurídico. Esta claro que se precisa un esfuerzo global, ojalá el resto de países tomaran ejemplo de la UE en la lucha contra el cambio climático.

  5. En mi opinión es el mejor artículo sobre energia que he leido. España puede producir energia Eólica y Solar, pero no seria nunca suficiente. Lo que nos plantea el tema de energia Nuclear ¿si? o ¿no?, si estamos dispuestos a privarnos de cosas que necesitan energia eléctrica o no. Estupendo artículo Encarna, supera mi capacidad por todas partes. Un saludo de Joaquin. 🙂 .

  6. Estimada Encarna, nuevamente nos presentas un estupendo trabajo sobre un tema clave que constituye uno de los desafíos para la humanidad. Como no es sólo una cuestión de sumistro más o menos seguro, o de producción de energías limpias y renovables, sino que por ser ambos, la energía y el cambio climático, los dos pilares de la sustentabilidad del desarrollo global, y por tanto son bienes públicos universales, las decisiones de políticas públicas al respecto deben tener en cuenta lo que pasa en el resto del mundo. Y ahí entra la necesaria cooperación Eurolatinoamericana, para llegar a una complementariedad en generación, investigación, desarrollo e innovación, puesto que es en América Latina donde está una de las mayores fuentes de energías limpias y a la vez de potencial de mitigación del efecto invernadero. O sea, una alianza estratégica energética ALC-UE. De ello se va a tratar entre otros temas en Madrid el próximo año en la cumbre ALC-UE. Ya en Lima el año pasado se acordó el programa Euroclima con América Latina. En la versión pdf de la revista Eurolat del CELARE (www.celare.org) hay algunos aportes a este debate. Un abrazo, sigue produciendo por favor, nos resulta muy útil y estimulante. Héctor

  7. Hola Héctor, muchas gracias por tus palabras, miraré Eurolat, por supuesto! Por cierto, tu entrevista para ya, que va a ser muy interesante.
    P.S: seguiré produciendo, claro que sí!
    Un abrazo.

  8. Encarna, según los últimos datos, por primera vez, durante 2008, la mayoría del aumento de la producción
    eléctrica de los ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA y de la UE procedía de fuentes renovables en lugar de las fuentes fósiles o nucleares. Las nuevas inversiones en energías renovables alcanzaron los 120 mil millones de dólares en 2008, un aumento del 16% respecto al año anterior, a pesar de la
    contracción del crédito.

    Es muy interesante también el desarrollo de otras líneas de investigación para obtener energía limpia con fuentes no tradicionales. Por ejemplo, es posible que Japón en 2030 tenga un sistema de satélites de captación de energía solar que transmitan energía a sus redes eléctricas en la Tierra. La transmisión de electricidad sin cables fue realizada por
    una empresa de Estados Unidos a lo largo de 148 kilómetros entre dos islas de Hawai en 2008. La propuesta de Japón significa algo similar a la trasmisión de señales de celulares o de GPS con satélites, directamente al consumidor. El informe “State of the Future 2009” (www.stateofthefuture.org)tiene mucha información al respecto. Ignoro si la UE está trabajando estas líneas también y no sólo las alternativas clásicas. Pero se trata de que hay opciones muy interesantes, que mediante la construcción de escenarios (prospectiva) se pueden visualizar y poner en experimentación. Esa es otra línea de trabajo conjunto que podemos incorporar en la asociación ALC-UE, la construcción de escenarios de futuro para adoptar políticas en este y otros campos. Cordiales saludos. Héctor

  9. Buenos días y un saludo.
    Efectivemente seguimos esperando un política energética común, pero no se yo si esto es lo que necesitamos. Realmente lo que sucede es que debemos empezar a cambiar nuestro modelo económico y productivo. Debemos alejarnos de esta sociedad capitalista y consumista, que no hace otra cosa que despilfarrar la energía que tanto coste natural tiene. Podemos decidir que tipo de energía es la más conveniente, pero ¿sabemos cuales van a ser las cantidades de energía demandadas en años venideros?, la verdad es que no tenemos ni idea, y si seguimos con este aumento de la demanda, no tardaremos en tener un holocausto eneregético. ¿Qué sucederá cuando todos los ciudadanos chinos e indios, deseen tener una aparato de aire acondicionado y un vehículo, o dos, en sus casas?
    Un saludo a todos.

  10. José Antonio, hay un reporte explícito de la OIE sobre la demanda de energía proyectada, y es realmente para alarmarse, justamente por el crecimiento de China e India. Y hay propuestas en cuanto a fuentes alternativas y sistemas limpios de generación. El problema central es el costo de lo alternativo, aunque los avances científicos pueden abaratarlo en mediano plazo. Y en definitiva tiene que ver con algo básico: estamos todos dispuestos a pagar mucho más caro por la energía? Tal vez los de países más desarrollados lleguen a aceptarlo, pero dos tercios de la humanidad no estaría en condiciones de hacerlo por lo menos en los próximos treinta años. Un gran dilema.

  11. José Antonio, hay un reporte explícito de la OIE sobre la demanda de energía proyectada, y es realmente para alarmarse, justamente por el crecimiento de China e India. Y hay propuestas en cuanto a fuentes alternativas y sistemas limpios de generación. El problema central es el costo de lo alternativo, aunque los avances científicos pueden abaratarlo en mediano plazo. Y en definitiva tiene que ver con algo básico: estamos todos dispuestos a pagar mucho más caro por la energía? Tal vez los de países más desarrollados lleguen a aceptarlo, pero dos tercios de la humanidad no estaría en condiciones de hacerlo por lo menos en los próximos treinta años. Un gran dilema, que sólo puede abordarse con la cooperación internacional. Y nuevamente: los ciudadanos del primer mundo están dispuestos a aportar recursos para eso?.

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