Decir “más Europa” es decir “Maastricht”

Firma en Maastricht del Tratado de la Unión Europea por los 12 Ministros de Asuntos Exteriores
Firma en Maastricht del Tratado de la Unión Europea por los 12 Ministros de Asuntos Exteriores

Encarna Hernández Rodríguez

Decir “más Europa” es decir “Tratado de la Unión Europea”. Ello es así, porque el acuerdo para reforma de los Tratados alcanzado en Maastricht en 1992 genera desde su gestación[1] una gran expectativa, ya que responde, a través de un verdadero “impulso político”, a las grandes demandas del conjunto de la sociedad europea de la época ,y no sólo de las elites académicas, mediáticas y políticas. Ciudadanos, políticos, periodistas e intelectuales están de acuerdo en la necesidad de avanzar en la integración a través de una zancada más larga y con un paso más firme. Todo ello se traduce en la idea de “más Europa”[2] .

El Tratado es así presentado como un éxito por todos los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros, que invitan a sus Parlamentos nacionales y a su ciudadanía a apoyar la ratificación del texto (Vanhoonacker, 1994: 3). Pero el proceso de ratificación del TUE dista de ser una mera formalidad; por el contrario, se ve jalonado por numerosos obstáculos e imprevistos que retrasan su entrada en vigor hasta el primero de noviembre de 1993.

Desde el “no” danés en el referendo del 2 de junio de 1992, hasta la lenta deliberación de la Corte Constitucional Federal alemana sobre la constitucionalidad de algunos preceptos incluidos en el Tratado, pasando por el debate en el Reino Unido, provocan que lo que debe ser un camino labrado se convierta en lo que un editorial del semanario británico The Economist califica como “Post-Maastricht Tension” (The Economist, May 9, 1992).

He aquí la “paradoja de Maastricht” (Aldecoa Luzarraga, 2002a: 183): aquella clara definición de la vocación política de la integración europea, en respuesta a las demandas de “más Europa”, produce una reacción de rechazo sin precedentes en las opiniones públicas de los Estados miembros.

A pesar de esta “paradoja”, el TUE rompe esquemas y moldes en el camino de la construcción europea. “Más Europa”, en Maastricht, se traduce en la previsión de la realización definitiva de la Unión Económica y Monetaria (el euro) para final de siglo; se vislumbra en el impulso hacia una unión política; se humaniza y rellena una cartera de derechos con la creación de una ciudadanía de la Unión, y se democratiza a través de la constitucionalización del principio de subsidiariedad.

Los dos últimos conceptos son clave. En primer lugar, con vistas a construir una identidad colectiva europea y, en segundo lugar, de cara a contrarrestar las críticas sobre el ‘déficit democrático’ comunitario, otorgando legitimidad a la actuación de la Unión, a partir de acercar la toma de decisiones a los ciudadanos.

El Tratado de Maastricht da nacimiento a la Unión Europea, y “constituye una nueva etapa en el proceso creador de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa” (art. 1, párr. 2 TUE, ex art. A). Se reconoce así el principio evolutivo del proceso de la integración europea, aunque sin explicitar la finalidad política última, la vocación federal de la Unión.

A pesar de ello, la sustancia en la que se basa el Tratado es sin duda federal y política –en la línea de lo que se viene a denominar “federalismo supranacional”-, algo que se advierte en sus preceptos iniciales (arts. 1 a 7 TUE) y en los objetivos de establecimiento de una Unión Económica y Monetaria y de creación de una ciudadanía de la Unión  (Mangas Martín & Liñán Nogueras, 2006: 67).

La inclusión en sus preceptos iniciales (arts. 1 a 7 TUE), no sólo de los objetivos, sino también los principios y valores en los que se basa la Unión, constituye una innovación con respecto a los anteriores Tratados, que incorporan tal parte dogmática clásica de las Constituciones en el Preámbulo.

A partir de Maastricht, la Unión se construye sobre tres “Pilares”: el pilar comunitario, constituido por las tres comunidades (CECA, CE y EURATOM); el segundo pilar, que integra la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), y el tercer pilar, que corresponde a la cooperación Policial y Judicial en materia penal, es decir, los ámbitos de Justicia y Asuntos de Interior (JAI).

En el plano institucional, la reforma queda plasmada, además de con el ascenso del Tribunal de Cuentas al rango de Institución, principalmente con el aumento de los poderes del Parlamento Europeo en el proceso legislativo a través de la instauración del nuevo procedimiento de codecisión (art. 189b TUE).

Otra innovación es el Protocolo sobre la política social, anejo al Tratado, y que explicita como objetivos de la Unión: el fomento del empleo; la mejora de las condiciones de vida y de trabajo; una protección social adecuada; el diálogo social; el desarrollo de los recursos humanos para conseguir un nivel de empleo elevado y duradero, y la lucha contra las exclusiones en el terreno laboral.

Por último, se extienden las competencias comunitarias a seis nuevos ámbitos: educación, formación profesional y juventud (arts. 126 y 127 TUE); cultura (art. 128 TUE); protección del consumidor (art. 129A TUE); salud pública (art. 129 TUE); redes transeuropeas (art. 129B TUE), y política industrial (art. 130 TUE).

En definitiva Maastricht inaugura así una nueva etapa en la construcción de Europa, dando un auténtico impulso federal a la Unión, aportando elementos más democráticos en la toma de decisiones y, ante todo, instaurando una Unión de doble valor: entre los Estados y entre los pueblos.

Referencias

  • Aldecoa Luzarraga, F. (2002a). La integración Europea. Análisis histórico-institucional con textos y documentos. Vol. 2. Génesis y desarrollo de la Unión Europea (1979-2002). Madrid: Tecnos.
  • Mangas Martín, A., & Liñán Nogueras, D. J. (2006). Instituciones y Derecho de la Unión Europea (5ª ed. reimpr.). Madrid: Tecnos.
  • The Economist (1992, May 9). Post-Maastricht Tension. (doubts about the ratification of Maastricht Treaty) (Editorial).
  • Vanhoonacker, S. (1994). Introduction: From Maastricht to Karlsruhe: the Long Road to Ratification. En F. Laursen & S. Vanhoonacker (Eds.), The Ratification of the Maastricht Treaty: Issues, Debates and Future Implications (pp. 3-15). Dordrecht-Boston-London: Martinus Nijhoff Publishers.

[1] El Tratado de la Unión Europea nace durante la Cumbre de Maastricht, celebrada entre el 9 y 10 de diciembre de 1991, culminando así los trabajos que se desarrollan desde un año atrás en las dos Conferencias Intergubernamentales (CIGs) convocadas para concretar la unión económica y para impulsar la unión política. El 7 de febrero de 1992 tiene lugar la firma del Tratado, que prevé su entrada en vigor para el 1 de Enero de 1993. No lo hace hasta 11 meses después: el 1 de noviembre de 1993.

[2] Véase Aldecoa Luzarraga (2002a: 183-184). Por otro lado, los reclamos de “more Europe” –aún con las reservas danesa y británica en ciertas áreas- se reflejan en los estudios de opinión pública realizados por la Comisión Europea previos a la firma del Tratado, en los que se recoge un amplio apoyo a las reformas acordadas en las CIGs de 1991: véase a modo de ejemplo Standard Eurobarometer 36 (1991, December).

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14 thoughts on “Decir “más Europa” es decir “Maastricht”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Firma en Maastricht del Tratado de la Unión Europea por los 12 Ministros de Asuntos Exteriores Encarna Hernández Rodríguez Decir “más Europa” es decir “Tratado de la Unión Europea”. Ello es así, porque el acuerdo para reforma…..

  2. Maastricht, y uno sin darse cuenta se traslada al año Ochocientos (800), y observa como el Papa corona a un Barbaro Emperador. Carlomagno ¿primer Emperador Europeo?, posiblemente ¡Ya habia territorio! y voluntad de Unirlo. Parece que viene de lejos la idea de Europa.

  3. El periodo que va desde la caida del Imperio Romano de Occidente hasta el año mil (1000), acaso no nos tienta a pensar en el ¡Germen de Europa!, es casualidad que se comience a gestar una forma de organización social Europea, todo sazonado con lo aprendido de Roma, pero diferente de ella. Mirar asi hacia atrás en ésa cueva del tiempo, da respeto y rindes homenaje a tus predecesores.

  4. Siento no poder remontarme tan atrás en la historia, no es lo mio, lo contemporáneo, pero escucho, leo y aprendo. Hasta donde yo llego, la “idea de Europa” la identifico con los Briand, el conde Coudenhove-Kalergi, y los padres más directos de la unidad europea, los Monnet, Schuman, Spinelli, etc. Pero sí, el germen de Europa está ya en Roma, Grecia, el Cristianismo, ¿Recuerdas, Sake, una cita de mi libro del doctor Blesa? Europa se fundó sobre tres colinas: la del Acropolis,la del Capitolio, y la del Calvario en Jerusalén.

  5. Este momento historico que nos toca vivir, tiene sus particularismos (como cualquier tiempo), pero debemos plantar cara a los enemigos de la vida (al final todo es una pelicula) porque enemigos de la vida los hay. Somos asi, y debemos cuidar la formación de los niños, dándoles calor, disciplina y cultura. Si juntamos los valores de nuestra época, nos encontramos con la palabra Unión, Europea por supuesto. El resto vendra después.

  6. La verdad es, encarna, uqe de Maastricht hasta hoy ha llovido mucho. Supuso una esperanza, en su momento, pero requería desarrollos posteriores que no cuajaron en Amsterdam y Niza. De aquellos polvos…
    PD. So Sake es el fan nº1, reclamo para mí el 2 🙂

  7. Jaja, Emilio, pues sí, está floja la participación, menos mal que ha vuelto Sake de vacaciones y que tú te pasas de vez en cuando. Mientras yo aquí desempolvando recuerdos, Maastricht… Por cierto, he encontrado en Flick un buscador genial para encontrar fotos de licencia abierta Creative Commons, ideales para usarlas en el blog sin problemas. ESte es el link de una búsqueda sobre European Union:http://flickrcc.bluemountains.net/index.php?terms=European+Union&edit=yes&page=1. Sólo tienes que poner en el buscador los temas que te interesan.

  8. Encantado Emilio de tenerte de compañero de blog, tienes algo que ver con ¿Rousseau?, hablais de cosas muy raras Encarna y tu “Creative Commons””flickrcc.bluemountains.net etc.etc”¡haber donde os meteis!, llevar cuidado que en este mundo hay muchos peligros:)

  9. Maastricht es historia Europea como Rousseau y tantos y tantos hechos y personas, no os habeis planteado que lo mas importante ha sucedido siempre en Europa. Hay otras culturas pero no son ésta. Respetamos todas las culturas pero Europa es la madre de Occidente, mucha tela ¿no?.

  10. Buenas, llego aquí recomendado por Emilio. Me ha gustado mucho el artículo pero hay una cosa que me molesta en cierto modo.

    ¿Por qué se da por hecho que no habría Europa, “más Europa”, sin el “Tratado de la Unión Europea”, es decir el Lisbon Treaty?

    • Hola bitdrain: gracias por pasarte por aquí. Respecto a tu pregunta debo decir que creo que el artículo trata de un tema diferente al que tú propones. En su día (1992), el Tratado de Maastricht (o TUE) supuso un impulso importante bajo esa idea de ‘más europa’, dando un auténtico impulso político y federal a la integración. El Tratado de Lisboa (la última reforma del TUE) atiende a una necesaria reforma institucional, del funcionamiento, para una UE de 27 Estado. De todas formas, pienso que si Maastricht no hubiera existido tendríamos que inventarlo.

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