Europa y el euro: las reformas económicas y un futuro común

29 febrero 2012

Ayer tuve la oportunidad de participar en representación de mi partido, UPyD, y junto a representantes de otras formaciones políticas y de la Universidad, en una charla sobre Europa, el Euro y su Futuro, dentro del ciclo “charlas por la libertad de información  y opinión”, una iniciativa interesante que busca incentivar el debate entre políticos, ciudadanos, académicos, etc. sobre diversos temas de actualidad.

Como estaba acompañada por dos economistas en la mesa, que ya iban desde su experiencia a aportar la visión estrictamente económica sobre la crisis del Euro, decidí dirigir mi intervención hacia una perspectiva más política, hacia otras crisis que Europa también vive, o que persisten, y que no ha sabido resolver, y que hacen que la respuesta a esta crisis financiera haya sido más compleja, más lenta, menos ágil.

Tuvimos tiempo, en casi tres horas de debate, no solo de hablar del euro o del futuro de Europa, sino también de cuestiones que preocupan a los ciudadanos en nuestro país, como las cajas de ahorros, las responsabilidades de los políticos cuando despilfarran o realizan una gestión nefasta de los recursos públicos, los acuerdos comerciales con Marruecos que afectan al tomate murciano y algunas cosas más.

Me llevé una sensación, tras finalizar la charla, un tanto extraña. Me explico: por un lado, da gusto ver, tal y como se desarrolló el debate, cómo en este país está desarrollándose una masa crítica de ciudadanos cada vez mayor (importante en una sociedad civil como la nuestra siempre un tanto acomplejada, en general, y demasiado politizada y subvencionada, acorde, seguramente, a unas estructuras políticas también muy conservadoras y resistentes al cambio); pero, por otra parte, me preocupó comprobar que cada vez más ciudadanos dudan de la necesidad de que el proyecto europeo salga adelante (lo ven como parte del problema cuando, en realidad, debería ser parte de la solución a lo que estamos viviendo).

Así que, como la charla se repite el día 13 de marzo (seguramente en la Universidad de Murcia) he dedicido que allí hablaré de por qué necesitamos la UE. De cómo sería nuestra Región, España, Europa y el mundo si la unidad europea no hubiera cuajado. O, mejor dicho,  todo lo que no seríamos sin Europa.

De momento, os dejo con la transcripción de mi ponencia.

 

EUROPA: UNA TRIPLE CRISIS DETRÁS DE LA ECONÓMICA

Me gustaría comenzar diciendo que tenemos una triple crisis en Europa, en la Unión Europea, que afecta a la crisis del euro y al futuro de Europa.  Me refiero a una crisis de democracia, a una crisis de liderazgo político, y a una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las estructuras políticas de la UE.

Y esta triple crisis, solo se puede despejar con una serie de decisiones políticas que impliquen: más integraciónsoluciones europeas (porque se ha demostrado que los Estados miembros no son por sí solos capaces de defenderse de una crisis global como ésta); con una reforma institucional que permita que nuestras instituciones comunes puedan reaccionar de forma más rápida, eficaz y autónoma ante las crisis (porque se ha demostrado también que tenemos unas instituciones lentas, demasiado rígidas y dependientes de los Estados miembros, y por ello sujetas a egoísmos nacionales); con unas auténticas instituciones europeas más democráticas  (que permitan que la voluntad popular se vea reflejada en las decisiones que se toman; que la ciudadanía pueda controlar, de verdad, a través de instituciones elegidas democráticamente, lo que se decide; y, por supuesto, que esas instituciones tengan que rendir cuentas).

 

DÉFICIT DEMOCRÁTICO Y REFORMA INSTITUCIONAL: MEDIDAS DE REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Nosotros, desde UPyD, consideramos que afrontar la reforma institucional es fundamental para poder enfrentarnos a esta crisis económica, y para sentar los cimientos para evitar futuras crisis o al menos poder responder mejor ante ellas.

Y si hablamos de reforma institucional tenemos que referirnos al ya conocido como déficit democrático de la Unión Europea.

¿En qué consiste este déficit democrático de la Unión Europea? Os lo voy a resumir en unos puntos muy concretos. Básicamente es una cuestión relacionada con una serie de vectores de legitimidad que la UE cumple sólo en determinados casos.

Mirad, la Unión Europea básicamente apoya su legitimidad en tres vectores:

1) la UE tiene lo que se llama una “legitimidad legal” que le otorga su constitución, su creación y su desarrollo a partir del Derecho (en palabras más simples, una serie de Tratados constitutivos que fueron signados por los EEMM);

2) así como una “legitimidad indirecta” (derivada de unos Gobiernos nacionales elegidos y que están representados en el Consejo de la UE);

3) y ostenta una “legitimidad llamada tecnocrática”(se deja, se delega en manos de técnicos, muchas decisiones y políticas en base a que eso va a resultar en una eficacia, en mejores resultados).

¿Cuál es el problema?

El problema es de control democrático y de rendición de cuentas. Hay un Parlamento Europeo (que recuerdo, es la única institución elegida democráticamente por los ciudadanos europeos) que aunque se han ido aumentando sus poderes en sucesivas reformas de los Tratados (especialmente en Maastricht y en Lisboa: con más capacidad legislativa, de control a la Comisión, poderes presupuestarios, etc.) no se erige  aún en una auténtica fuente de legitimidad directa, federal, dentro de la Unión.

El Parlamento Europeo no elige a la Comisión, no puede vetar las grandes decisiones (pongo como ejemplo el último nuevo tratado fiscal que se va a firmar sobre el que el PE ha mostrado su desacuerdo, pero sobre el que poco puede hacer frente a las voluntades de los Estados). En realidad, los contrapesos al poder del Consejo son aún débiles aunque se hayan reforzado.

Pero es que además la Comisión, que es un órgano independiente, tecnocrático y alejado del control de los ciudadanos, tiene en su poder el cuasi-monopolio de la iniciativa legislativa en la UE, y resulta que esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos antes es ajena al control político, democrático y a la rendición de cuentas.

Pero hay un problema aún más grave. Y es que la Unión, aunque posee una legitimidad legal, no tiene lo que se llama una “legitimidad de origen”. Esto lo han resaltado muchos analistas europeos. La Unión no se creó en base a una voluntad popular (en realidad es un proyecto fruto del consenso entre élites políticas y a la ciudadanía se le supuso, digamos, un consentimiento tácito, luego hablamos de esto). Y sin esta legitimidad de origen, sin esa aceptación explícita por parte de los ciudadanos, sin un sentimiento de identidad europea que implique una cohesión, la UE lo tiene muy difícil.

Pero es que además, esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos, está supeditada a los resultados. Es una democracia resultadista. Mientras todo fue bien, mientras se creaba bienestar en Europa, no había problema. Pero ahora esto ha cambiado, y nos vemos envueltos en una crisis brutal sin haber cimentado las bases políticas, democráticas y de legitimidad, y de apoyo popular a la UE que nos permitan ahora tomar decisiones que implican, no beneficios como hasta ahora, sino sacrificios y compromisos a la ciudadanía.

En definitiva, para cerrar este capítulo del déficit democrático, nosotros apostamos por una reforma institucional que de verdad dé a la ciudadanía el poder de elegir quién va a tomar las decisiones por ellos y quién va a controlar y exigir cuentas en representación de los ciudadanos.

Esas reformas, para UPyD, pasan, y creemos que son las más lógicas por:

-Un Parlamento Europeo como ÚNICO poder legislativo y que elija y controle (de verdad) al ejecutivo, es decir, a la Comisión Europea (que coordine las principales políticas de la UE que aún se mantienen bajo el control de los Gobiernos nacionales, y que funcione como auténtico gobierno federal).

-Es decir, el PE como eje legislativo, de control y democrático de la UE. Y elegido por sufragio universal en listas desbloqueadas y transnacionales.

-En el ámbito económico, una política fiscal común europea, con la integración progresiva de los sistemas fiscales nacionales y la creación de un tesoro de la UE que sea capaz de intervenir eficazmente en la política monetaria y en las crisis de financiación. Uno de los principales problemas de la actual crisis es que las políticas fiscales de los EEMM estaban descoordinadas entre sí  y con la política monetaria europea.

-Un Banco Central Europeo más transparente.

En resumen, tomar una serie de decisiones políticas, que implican más integración, más democracia, más transparencia, y más tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos para elegir quien toma esas decisiones.

Nosotros, desde UPyD, no vemos un futuro sin el euro. Eso haría tambalearse todo el sistema financiero global. Pero entendemos que medidas puntuales, como ese nuevo pacto fiscal, la regla de oro del déficit presupuestario, o los fondos de rescate no son suficientes. Se necesitan medidas de reforma de calado que implican decisiones políticas de mayor integración.

 

CRISIS DE LIDERAZGO

Hay que tomar decisiones. Pero para tomarlas hace falta un liderazgo europeo sólido, valiente y capaz de aportar las soluciones europeas que son necesarias. Los nuevos altos cargos de la UE, lo que nos trajo Lisboa, no han resuelto el problema de liderazgo, me atrevo a decir que lo han empeorado, ni tampoco el eje París-Berlín, Merkel y Sarkozy, constituyen un liderazgo europeo (más allá de sus intereses nacionales) que esté a la altura de la versión europea de líderes del pasado.

Yo no tengo ninguna duda de que Merkel y Sarkozy quieren salvar el Euro, la cuestión está en si vamos a salvar el Euro a costa del bienestar de los ciudadanos. Salvar el euro no puede ser un fin sin sí mismo, ni servir sólo a los intereses de algunas de las partes.

 

CRISIS DE CONFIANZA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS

Y todo esto tiene mucho que ver con la crisis de confianza que se observa en los ciudadanos hacia la Unión Europea y sus mecanismos de respuesta ante la crisis.

Esta crisis de confianza, a mi parecer, viene dada por 3 razones: por la falta de control democrático de las decisiones que se toman; segundo, porque no hay un sentimiento de identidad colectiva “europea”, y tercero, porque los ciudadanos no van a aceptar solo recortes, solo medidas de austeridad, sino que piden también medidas de estímulo económico.

La UE es un proyecto, lo he comentado antes, tremendamente elitista y tecnocrático y el peligro de esta crisis es que se está acentuando ese carácter, en lugar de avanzar en reformas de regeneración democrática.

El problema es que esa estrategia ya no sirve como en las primeras décadas de integración europea, ya no sirve porque ya no hay resultados que vender, sino sacrificios que pedir.

Y aquí hay una cuestión muy importante, y es el carácter principalmente “instrumental” del apoyo que la Unión Europea ha recabado entre los ciudadanos hasta ahora. La ciudadanía apoya la Unión Europea en la medida en que observa unos beneficios derivados de la pertenencia de su país a la Unión, basada sobre todo en épocas de bonanza económica.

Es decir, fue un apoyo “tácito”, que se dio por supuesto, en los primeros años de la integración, que se asentó como “instrumental” mientras las cosas fueron bien, y que ha sido ciertamente “pasivo”, poco informado. Los ciudadanos no mostraban mucho interés por lo que pasaba en la lejana Bruselas.

Pero ahora las cosas han cambiado.

 

CONCLUSIÓN: PELIGROS Y OPORTUNIDADES DE LA CRISIS DEL EURO

Y de esta crisis, con este contexto, surgen una serie de peligros.

1)      El primer peligro es que ese consenso tácito y pasivo de la ciudadanía europea se torne en lo que podríamos llamar un “disenso activo”. Y que de ahí saquen tajada fuerzas políticas (y este es un fenómeno que ya se está desarrollando) que lleven como principal punto de su discurso político su antieuropeísmo.

2)      El segundo peligro es que la UE es lugar de apostar por una visión política europea, por mayor integración, por reformas democráticas, se aísle una mayor tecnocracia que la aleje aún más de los ciudadanos.

Pero también surgen algunas oportunidades.

Y para ejemplificar estas oportunidades, me gustaría citar a uno de los grandes autores europeos, Jürgen Habermas, que a propósito de la crisis del euro escribió que “con un poco de nervio político [es decir, de liderazgo político europeo] la crisis de la moneda común puede acabar produciendo la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común” (cita del artículo “En el Euro se decide el destino de la UE”, El País, 23 mayo 2010).

Como dijo Honoré Balzac, bastante años antes que Habermas, “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”.

Pues para el proyecto Europeo, ésta es la gran crisis, se nos puede romper el corazón con todos esos peligros que se han relatado, y solo podemos curtir nuestro corazón, el corazón de Europa, con una visión política valiente, con reformas de regeneración democrática, con más integración, con más Europa, y por supuesto, sin perder de vista nunca ese horizonte de la Europa federal. 


Entrevista con los foreros de Territorio Magenta

19 diciembre 2011

Territorio Magenta es un foro no oficial de afiliados y simpatizantes de UPyD en el que se abordan distintos temas relacionados tanto con la situación política nacional como internacional. La UE, como no puede ser de otra forma por los difíciles momentos que está viviendo la zona Euro, viene siendo un tema recurrente dentro del foro, motivo por el cual se me ofreció responder a algunas preguntas realizadas por los participantes. Éste ha sido el resultado.

1) Si surgiese la posibilidad de que varios de los Estados que forman parte de la UE se fusionaran entre sí dando lugar a una federación* (más pequeña que la UE, pero realmente unida), ¿usted apoyaría que España formase parte de la fusión aunque pudiese suponer la salida de la UE? 

<<Si entiendo bien la pregunta, en los términos que se plantea, no lo veo una “solución” muy viable y menos al margen de la UE. Imaginad, sin ir muy lejos, una unión ibérica con España y Portugal y fuera de la UE ¿Dónde nos llevaría? Lo importante es avanzar hacia una Europa más fuerte y con más competencias, corregir los desequilibrios entre la integración económica y política y dotarnos de los mecanismos para reaccionar de forma colectiva y solidaria en momentos de crisis (sean del tipo que sean). Un primer paso es una fiscalidad común, imprescindible para hacer viable la unión monetaria, pero el horizonte, la finalidad última de la UE, solo puede ser “política” (vocación federal), de lo contrario estamos abocados al fracaso.
Añadiría que esta finalidad es no solo política, sino “socio-política” (aunque esté adelantando parte de otra respuesta), y no me refiero solo a la Europa social, que también, sino fundamentalmente a la necesidad de dotarse de legitimidad democrática y, a través o a partir de ella, construir una comunidad real de ciudadanos con capacidad, a través de sus representantes “elegidos”, de tomar decisiones.

Aunque volviendo a la pregunta (perdón por irme por las ramas), lo cierto es que me ha recordado una cuestión bastante interesante, no para descomponer la UE sino para ampliarla (a partir de la descomposición de otros Estados miembros): es lo que se ha venido a llamar “ampliación interna de la UE”. Es un viejo reclamo del nacionalismo español, especialmente del catalán: una Cataluña independiente pero que se integraría automáticamente en la UE sin necesidad de adhesión. El vacío legal sobre el tema crea controversia, pero lo cierto es que hay serias dudas de que sea posible. Escribí sobre ello hace algún tiempo en este post. ¿Qué pensáis?>>

2) ¿Apoyaría usted la eleccion directa, por el pueblo, del Presidente de la UE (que pasaria a ostentar ciertas competencias ejecutivas a nivel europeo) o preferiría un sistema parlamentario? 

<<Apostaría por un sistema parlamentario, reforzando el poder legislativo de la Eurocámara (se ha hecho en Lisboa, en parte), como única cámara legislativa y que controle al ejecutivo, la Comisión. De ese Parlamento, elegido por los ciudadanos europeos, debe salir el Gobierno de la UE.
Es verdad que en el Tratado de Lisboa se incrementaron los poderes legislativos (papel de “co-legislador”, junto con el Consejo de la UE) y de control político, democrático y presupuestario del Parlamento Europeo. Por ejemplo, la codecisión se estableció como “procedimiento legislativo ordinario” y se acordó una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento de los miembros de la Comisión. En este sentido, una principal novedad que introdujo Lisboa fue establecer una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión, algo que debía contribuir a dotar de legitimidad a esta figura al ser investido por la reelegida mayoría en la Cámara. Pero las cosas no son tan bonitas como las pintan, porque, sobre el terreno, el Parlamento no “elige” al presidente de la Comisión, sino que ratifica o no al candidato que proponen los Estados.
En definitiva, hablamos de dar un vuelco a la compleja dinámica que en la toma de decisiones se ha articulado en torno al tradicional “triángulo institucional” (PE, Comisión y Consejo) que dista mucho de la clásica división de poderes que conocemos en el marco del Estado nación, y que se ha caracterizado por el monopolio de iniciativa legislativa para la Comisión (institución tecnocrática e independiente, alejada del control de los ciudadanos) y el reparto de la autoridad legislativa y presupuestaria entre el Consejo y el Parlamento (este último marcado históricamente por una debilidad intrínseca que han ido corrigiendo sucesivos Tratados hasta convertirle en colegislador).
Hablamos de una dinámica de “equilibrio institucional” o “pesos y contrapesos” muy pero que muy compleja. Un ejemplo: en la función ejecutiva intervienen la Comisión, el Consejo y los Estados miembros (estos últimos en la ejecución de una buena parte de las políticas y normativas). Es decir, que hace trizas el cuadro típico de división de poderes estatal de Montesquieu.
En cualquier caso, ese “vuelco” hacia el régimen parlamentario tiene que venir de la mano de cuestiones como la celebración de unas verdaderas elecciones europeas (con listas transnacionales) y con partidos de dimensión transnacional que presenten programas auténticamente europeos. Por ahora, y lo vemos en España, lo que tenemos son unas europeas descafeinadas, sin dimensión europea, que son poco más que un examen a corto-medio plazo para las elecciones domésticas. No se hace mucha didáctica europea en las campañas (UPyD fue una honrosa excepción en 2009), el debate europeo escasea y, así, es difícil que los ciudadanos elijan en base a cuestiones de índole transnacional, en torno a problemas comunes o sobre la idea de Europa que quieren.
Entiendo que si los partidos europeístas no nos diferenciamos claramente en la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo con un discurso claro y el clave europea ante la ciudadanía, los euroescépticos o antieuropeos lo harán por nosotros (como ya está ocurriendo, por otro lado, en otros lugares de Europa).
Perdón otra vez por la extensión en la respuesta.>>

3) ¿Dejaría usted la capacidad legislativa europea al europarlamento en exclusiva (eliminando las otras cámaras no electas que intervienen)?

<<Creo que ya he respondido esta cuestión en la pregunta anterior. La capacidad legislativa debe ser para el Parlamento Europeo, es la única forma de ganar en legitimidad democrática. Aunque el Consejo tiene una legitimidad indirecta (políticos elegidos en sus respectivos Estados), hay dudas sobre la capacidad de control que tienen los parlamentos nacionales para con lo que estos mismos políticos acuerdan “en Bruselas”.>>

4) ¿Ve usted posible que la actual UE acabe teniendo gobierno con algun poder, o es necesario que ciertos socios (Como el reino Unido probablemente) se den de baja primero? 

<<Es cierto que la Europa de las dos velocidades cobra ahora más fuerza que nunca. Es verdad que estamos ante una UE muy diversa en cuanto a la capacidad y compromiso real de cada miembro. Lo ideal es avanzar al mismo ritmo, pero las distintas velocidades no son ninguna catástrofe. Ya se han implantado, de hecho, con la culminación de la Unión Económica y Monetaria (el Euro) o con Tratados como el de Schengen. Hay que ser realistas: UK nunca aceptará formar parte de una Europa federal.>>

5) Hola. Soy de los que cree que UPyD debe entrar a formar parte de ELDR a nivel europeo. Entiendo que para ello probablemente se pida primero que no haya nacionalistas en dicho partido europeo. El único que hay es el CDC (nuestra querida convergencia de cataluña). Es una anomalía que debemos remediar. Además, el partido español más europeísta debe activamente participar en las políticas europeas, también en el parlamento europeo. ¿Estás a favor de que UPyD entre en ELDR? ¿Crees que el partido va a intentarlo ahora que somos 4ª fuerza política? 

<<Bien, ALDE es un grupo en el que perfectamente podría encajar UPyD y es cierto que la presencia de nacionalistas frustró que Sosa pudiera entrar a formar parte. Estoy de acuerdo contigo en que estar en NI es una anomalía, para empezar porque nuestra capacidad para hacer política se ve mermada, porque la propia Eurocámara sanciona de algún modo a los eurodiputados que no son capaces de incluirse en alguna formación. En este punto, siempre se me viene a la mente una palabra que es signo distintivo de UPyD y que es aplicable a este caso concreto: la transversalidad. ALDE es un partido europeísta que apuesta por una Europa federal y sí, UPyD podría encajarse perfectamente ahí.>>

6) ¿Cuál es la posición de UPyD sobre la situación de ciertos ciudadanos comunitarios que a la hora de trabajar en un país de la Unión se les niega el permiso de trabajo? 

<<Imagino que te refieres al caso de los ciudadanos rumanos. La posición de la UPyD es muy clara al respecto, y para ejemplificarla transcribo un párrafo de nuestro programa electoral de las europeas de 2009:

“Para implementar la noción de Ciudadanía de la UE, impulsaremos la prohibición de que los Estados miembros de la UE puedan suspender, o limitar en el tiempo, derechos fundamentales de los ciudadanos de la Unión, tales como la imposición de moratorias para la libre circulación y establecimiento de trabajadores dentro de la UE, que ha dado origen a la segregación entre ciudadanos de primera y de segunda en Europa, violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE”.

En este sentido, y por profundizar un poco más en este tema, me gustaría destacar que la propia configuración de la ciudadanía de la Unión creada en Maastricht (al sujetarla a la nacionalidad de un Estado miembro) ha creado ya tres categorías de individuos en la UE: los ciudadanos, los denominados “denizers” (residentes extranjeros pero con derechos similares a los nacionales) y extranjeros. Se trata de una situación que algunos autores han calificado incluso como “apartheid” europeo.

Por tanto, es inadmisible que haya ciudadanos UE (como los rumanos) a los que se les usurpan directamente sus derechos, pero es que, además, la ciudadanía de la UE, tal y como está configurada (sujeta a la nacionalidad) crea ya de por si varias categorías de ciudadanos. Y a ello le añadimos iniciativas como la Directiva de Retorno (que UPyD rechazó frontalmente), tenemos el cóctel completo para una regresión absoluta en los Derechos Fundamentales en la UE.>>

7) ¿Cree que la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE a corto o medio plazo es real? ¿Irá aumentando el antieuropeísmo en ese país y en otros? En España era casi inexistente y últimamente se está viendo mucho en ambientes como el del 15M…

<<Antes he comentado que el antieuropeísmo se está convirtiendo en protagonista de la escena política en muchos países. Partidos que, en concreto, se diferencian ideológicamente por este hecho. En España, los partidos tradicionales (especialmente PP y PSOE) han perdido mucho tiempo y muchas oportunidades de explicar Europa y su postura sobre la UE en las campañas. Ahora el peligro es que otros lo hagan por ellos, pero en clave euroescéptica (que es muy lícito), o lo que es peor, antieuropea.Sobre el Reino Unido, las presiones sobre Cameron de los euroescépticos son fuertes y se han incrementado en los últimos tiempos. Ahora también hay que tener en cuenta que su socio de Gobierno (Clegg) es una de las figuras más europeístas del país. No todo es antieuropeísmo en el Reino Unido, ahí tenemos, sin ir más lejos, a Andrew Duff. Mejor dicho no todo es Farage, al que considero más un “eurofriki”. No veo a un Reino Unido fuera de la UE.>>

También discrepo sobre el euroescepticismo del 15M. Por ejemplo, en las manifestaciones del 15 de octubre lo que se vio (al menos es mi parecer) fue la irrupción de un movimiento ciudadano global de carácter muy solidario, europeo, que no pedía que dejáramos caer, por ejemplo a Grecia, sino que propugnaba “todos somos Grecia”. Veo aquí (con las debidas cautelas) un movimiento ciudadano europeo lleno de espontaneidad y solidaridad, repleto de valores comunes. Siempre he pensado que el liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía.

Las crisis también pueden ser épocas de oportunidades. Y en esta crisis, lo que podemos perder nos afecta a todos. Lo que nos jugamos es nuestro futuro común. Eso es importante para construir identidad europea.>>

8 ) ¿Cree que Turquía acabará entrando en la UE? ¿Y Rusia? ¿E Israel? 

<<Creo firmemente que sí ¿Por qué no, si se cumplen las condiciones? Para empezar, los criterios demográficos son difusos, tanto como las fronteras de Europa. Prueba de ello son sus límites orientales y occidentales, que han sufrido numerosos cambios a lo largo de la historia. Al Imperio Turco, sir ir más lejos, se le calificó en su día como “el enfermo de Europa”.Luego está el tema cultural: un país de mayoría islámica y gobernado por un partido islámico. Pero la Turquía moderna se fundó sobre la laicidad y no hay que olvidar que la mayoría de su población considera la religión un asunto que pertenece estrictamente al ámbito privado.Los recelos reales, a mi entender, han venido más bien por la cuestión de los derechos humanos y el peso poblacional turco, este último en dos vertientes: poder político que ostentaría por el sistema de voto de la “doble mayoría” y temor a los flujos migratorios.

En cualquier caso, Turquía debe seguir avanzando para cumplir determinados criterios políticos en materia de democracia y Estado de Derecho, así como lo que afecta a los derechos humanos y protección de las minorías.

Lo de Israel y Rusia lo veo más lejano, y no conozco profundamente cuáles serían las opciones. De momento, tendrán que conformarse con Eurovisión.>>

9) Últimamente, con la crisis, se está hablando de mucho de los funcionarios. La huelga del 2009 en la UE demostró que era muy difícil asumir el costo de un funcionariado que crece y no disminuye. En España la mayoría de los funcionarios son nuestros médicos, policías, militares, profesores… pero la UE no tiene ese tipo de funcionarios. En Suecia, los funcionarios públicos no gozan del privilegio de tener el empleo asegurado de por vida, como si ocurre en España. Allí tienen unos contratos renovables y no ha modificado su estado del bienestar. ¿Es posible que desde la unión Europea se pueda hacer algo por “armonizar” la función pública en toda la UE? ¿Conoces el sistema Sueco? ¿Sería posible aplicarlo a España? ¿Y en la UE?

<<No conozco profundamente el sistema sueco. Los funcionarios europeos vienen sufriendo recortes en los últimos tiempos, a la par de los que hemos visto, sin ir más lejos, en España. Pero, en este sentido, entiendo también que la austeridad en el gasto debe ir de la mano de la eliminación de duplicidades que se siguen manteniendo y que suponen un coste inasumible, como es el caso de las sedes del Parlamento Europeo.En cuanto a armonizar la función pública en toda la UE no podría hacer una valoración ahora mismo por mi escaso conocimiento de esta cuestión en concreto.Siento no poder ser más explícita.>>

10) ¿Está a favor de la emisión de eurobonos antes o después de conseguir una fiscalidad común? ¿Qué sistemas de control implantaría para evitar que se presenten informes falsos o se maquillen las cuentas de los países miembros como ocurrió con Grecia durante años? 

<<Muchos países lo han visto como la única solución para generar confianza, pero no creo que sean la solución definitiva. En cualquier caso, pueden ser el paso para una mayor unión fiscal, que al fin y al cabo es lo más deseable. Después de la cumbre europea lo que tenemos claro es que habrá techo de déficit, supervisión de los presupuestos, sanciones para incumplimientos y un refuerzo del control que tendrá la UE sobre los países rescatados. Todo esto va en la línea de evitar más casos como el de Grecia. Son pasos hacia la integración fiscal, pero queda mucho.
Ha sido un placer, muchas gracias.>>

Manifiesto Más Europa

9 noviembre 2011

El grupo de bloggers y europeístas 2.0 han elaborado un manifiesto en defensa de una mayor integración europea para iniciar con él un movimiento cívico por y para Más Europa (More Europe) que pretende la consecución de la Europa de los Ciudadanos.

Desde este blog nos adherimos al manifiesto y no nos queda sino felicitar a sus autores y promotores por tan estupenda iniciativa, que suscribimos al completo.

Podéis encontrar más información aquí:

Twitter: https://twitter.com/moreurope

Blog: http://moreeurope.wordpress.com

Facebook: https://www.facebook.com/pages/More-Europe/101188983330598
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Familia y escuela. Postmodernidad y ciudadanía europea. Una reflexión sobre conceptos entrelazados.

6 noviembre 2010

 

Concurso de Dibujo "Mi pueblo, Europa". CARM

El desarrollo de una “dimensión europea de la educación” es un proceso que no es ni mucho menos ajeno, en su motivación intrínseca, a un estilo de vida postmoderno caracterizado por la apatía política y la ausencia de compromiso cívico en la ciudadanía. Tampoco es extraño a las dinámicas de una sociedad global de la información que, en su perspectiva económica, tecnológica y cultural, tiende a configurar el universo mercantilizado e instrumental en el que se han convertido el saber, el conocimiento y la educación.

La educación en la era global postmoderna se configura como un reto directamente conectado a la ciudadanía y la identidad: conseguir una participación más activa, comprometida y responsable en la esfera pública, sostenida, a su vez, en lazos de afecto sólidos con la comunidad de pertenencia. Pero la educación aparece igualmente asociada al mercado: una instrucción orientada a mejorar la empleabilidad y la competitividad económica.

“Educación” e “instrucción” –si se prefiere, “enseñanza”- son dos conceptos ligados, por un lado, a la institución familiar –tradicional agente socializador en lo que se refiere a los afectos, valores y actitudes-, y por otro lado, a la institución escolar –encargada de formar en habilidades y destrezas instrumentales-. Familia y escuela. Ciudadanía y mercado. Son nociones que engrosan la problemática postmoderna, y también el propio paradigma de la construcción europea y la configuración de su política educativa.

La familia, cuyo papel socializador primario parece estar en declive como consecuencia de los cambios sociales y por su propia desestructuración interna, puede, paradójicamente, encontrar en el declarado interés político, destacado en el contexto europeo, por institucionalizar la educación para la ciudadanía, una innegable oportunidad para reivindicar su rol educativo en el ámbito cívico y democrático.

Será para ello necesario que acoja su responsabilidad compartida con la escuela, y en la escuela, en esta tarea; y que, al mismo tiempo, se fomenten y fortalezcan desde la Administración las oportunidades de aprendizaje informal –entre ellas las que se desarrollan en el ámbito familiar- en una educación ciudadana que sólo cabe dentro de un esfuerzo de aprendizaje a lo largo de toda la vida, desarrollado en múltiples contextos, y preciso de una dimensión afectiva. Debe ser éste el marco conceptual y el compromiso real para con el objetivo de construir una ciudadanía, en su dimensión local, europea y global, que responda a los déficits cívicos de la era actual.

Todo depende, en última instancia, de mantener equilibrada la balanza entre la necesidad de desarrollo económico y de un bienestar social –propiciadores, sin duda de una mayor cohesión en la sociedad-, y el imperativo democrático de una ciudadanía informada y preparada para ejercer como tal.

De conseguir este equilibrio, esta complementariedad entre ciudadanía y mercado, la Unión Europea será capaz, desde una educación así configurada en su dimensión transnacional, no sólo de convertirse en la economía del conocimiento más competitiva del mundo, sino también de construir un verdadero “capital ciudadano” desde el que avanzar, sobre la legitimidad democrática que otorga una voluntad popular, hacia una integración más profunda.


¡Buen viaje!

29 julio 2010

Por Encarna Hernández

El verano y las vacaciones están asociados irremediablemente a los viajes, y estos, a su vez, al uso de diferentes medios de transporte. Ya sea en avión, en tren, en barco o en autobús, la legislación europea avanza cada vez en mayor medida hacia la protección de nuestros derechos como pasajeros, estableciendo indemnizaciones para el ciudadano para compensar retrasos, cancelaciones o pérdidas de equipaje. Los derechos del pasajero europeo en avión y en tren son, quizá, los más extendidos dentro de la legislación comunitaria, aunque tal vez no son del todo conocidos por los europeos, por lo que la Comisión Europea ha puesto en marcha una campaña para hacerlos más accesibles a la ciudadanía, con distinto material informativo. Además, es importante comprobar antes de viajar que la compañía con la que volamos no se encuentra en la lista negra publicada por la Unión Europea.

Recientemente, el Parlamento Europeo ha reforzado la protección de los pasajeros de barco, estableciendo compensaciones por retrasos o cancelación y garantizando la asistencia a los pasajeros discapacitados y con movilidad reducida. Esta normativa entrará en vigor en 2012, así que no está mal ir familiarizándonos con ella. En la misma linea, se ha intentado avanzar en los derechos de los pasajeros que viajan en autobús, aunque el acuerdo entre el PE y el Consejo aún no ha sido posible, por lo que habrá que esperar para conocer los detalles concretos de la regulación.

Dentro de las fronteras comunitarias disfrutamos de libertad de movimiento (sin necesidad de pasaporte) y de una amplia gama de derechos como viajeros y como turistas (por ejemplo, asistencia sanitaria). Aunque si decidimos pasar nuestras vacaciones fuera de las fronteras de la UE, no debemos olvidar que los ciudadanos europeos gozamos del derecho a la protección diplomática y consular, derecho asociado desde su nacimiento al estatus de la ciudadanía de la Unión (ex art. 20 TCE, art. 23 TFUE).

¿En qué consiste este derecho? Tan sencillo como gozar de esta protección en el territorio de un tercer país por parte de la embajada o consulado de cualquier Estado miembro de la UE, siempre y cuando el país del que se es nacional no tenga allí representación. Las embajadas están obligadas a proporcionar esta protección en las mismas condiciones que a sus nacionales, en aplicación del principio de igualdad de trato y de no discriminación por nacionalidad, de acuerdo con el art. 12 del TCE (art. 18 TFUE). ¿Qué tipo de asistencia se puede esperar y en qué condiciones? En general, en situaciones de dificultad: casos de accidente o enfermedad graves, casos de detención, cuando se haya sido víctima de actos de violencia, o incluso en caso de fallecimiento. En cuanto a las ayudas económicas o asistencia jurídica asociadas a este derecho, existen una serie de condicionantes, que podéis consultar aquí .

Por último, si nos quedamos dentro de la UE y nuestro destino es la playa, en nuestro equipaje no puede faltar la crema de protección solar. El etiquetado de los protectores solares ha sido objeto de regulación dentro de la normativa de la UE en los últimos años, dada la proliferación de productos que ofrecían información engañosa al consumidor. Por ello, la UE limitó el factor de protección indicado en el etiquetado de estas cremas hasta un máximo de 50, prohibiéndose la expresión “protección total”, por ser básicamente falsa. Si les interesa la cuestión, no se pierdan el vídeo. Buen viaje y a disfrutar de las vacaciones!


vacaciones, posted with vodpod

Veinticinco años construyendo Europa

13 junio 2010

Encarna Hernández

Hace ahora 25 años, el Salón de las Columnas del Palacio Real de Madrid acogió la firma del Tratado de Adhesión de España a la CEE. Un hecho histórico para un país que aspiraba a hacerse un hueco en el escenario europeo y mundial tras décadas de aislamiento internacional. Para los españoles, subirse al tren de Europa era subirse al tren de la prosperidad y del crecimiento económico, al tren de la democracia, de los derechos humanos, de la libertad. Europa era el tren de las oportunidades

No deja de ser curioso que compartamos conmemoración con Portugal. Ambos estamos ahora en el punto de mira, 25 años después, en la más grave crisis económica que se recuerda desde que se puso en marcha la integración europea. La crisis de la zona euro ha provocado muchos interrogantes: ¿ha reaccionado tarde la UE? ¿ha habido falta de previsión? ¿existe una solidaridad europea? ¿hay desajustes entre la integración económica y la política? ¿han fallado los mecanismos de supervisión? Y así hasta un sinfín de preguntas.

Puente sobre el Río Nalon, Langreo, Asturias. Con fodos FEDER. Foto: Comisión Europea

En estos 25 años también han tenido lugar un sinfín de hitos, cosas por las que, como afirmaba ayer el ex presidente González, “Europa mereció la pena”. Se me ocurren algunas ahora, y seguro que me dejo muchas otras. Cosas como poder votar a nuestros representantes en el Parlamento Europeo; poder viajar por Europa sin pasaporte; estudiar o trabajar en otro país con una beca Erasmus o Leonardo; la prosperidad que han traído los más de 100.000 millones de euros (aún somos beneficiario neto) de los fondos estructurales y de cohesión, gracias a los que disponemos de mejores estructuras, servicios y más puestos de trabajo; la moneda única; disfrutar de protección diplomática de cualquier embajada de un país miembro fuera de las fronteras de la UE; los muchísimos avances que ha embebido nuestra legislación en materias como la protección del medio ambiente o los derechos de los consumidores desde los reglamentos o las directivas europeas; sin olvidar las otras tres libertades, de mercancías, servicios y capitales.

Quería centrarme en los derechos porque si algo nos ha ofrecido la UE a los ciudadanos de los Estados miembros, y por ende a los españoles, es precisamente un abanico de derechos asociados al estatus de ciudadano de la Unión. Precisamente, la configuración definitiva del haz de derechos que componen actualmente la Ciudadanía de la Unión Europea recibió un impulso clave con la propuesta realizada por la delegación española en las negociaciones de Maastricht, previa carta del presidente González al presidente del Consejo. Quizá éste es uno de los hitos de nuestra aportación a la integración europea, por lo que merece la pena recordarlo en este 25 aniversario, toda vez que materializa con una propuesta específica y completa para incluir en el Tratado toda una serie de intentos y avances anteriores.

Se puede ya hablar de “germen” de derechos de ciudadanía europea con el Tratado de Roma, que introduce la libre circulación de personas, aunque se trata de derechos y libertades asociados al acceso al Mercado Común, y por tanto, las personas aún son contempladas en el derecho comunitario como sujetos económicos. Después, durante los años 70, comienza a gestarse la idea de forma más sólida: se prevé la creación de un pasaporte común (al final se quedó, tras su puesta en circulación en 1985, en un diseño uniforme), se formulan algunos de los entonces denominados “derechos especiales” y se viene insistiendo en la necesidad de establecer el sufragio universal para la elección del Parlamento Europeo. De los 70 data también el famoso Informe Tindemans (1975) que esboza ya algunos derechos que integrarían el estatus de la ciudadanía de la Unión. Y sería el 1976 cuando se establece el sufragio universal directo para las elecciones al PE (Acta Electoral de 20 de septiembre).

Imagen de archivo de Spinelli en el Parlamento Europeo. Foto: PE

Los años 80 recibirían el impulso decisivo del Comité liderado por Adonnino (People’s Europe). En el informe presenteado en el Consejo Europeo de Milán, en junio de 1985, anticipa ya algunos derechos como la libre circulación generalizada a todos los ciudadanos, el derecho de voto activo y pasivo, o la protección diplomática y consular. Un año antes, el proyecto de Tratado sobre la Unión Europea (Proyecto Spinelli, 14 de ferbero 1984) propone crear una ciudadanía de la UE sujeta a la nacionalidad de un Estado miembro. El proyecto, aprobado en la Eurocámara, fue tumbado por el Consejo.

Después llegaron las directivas de los 90 sobre movilidad de personas inactivas laborales (estudiantes, jubilados, etc), y finalmente, la propuesta española en la conferencia política de Maastricht. El memorando español, titulado “Hacía una ciudadanía europea” (Ver el documento publicado en 1991 en Revista de Instituciones Europeas) propone un concepto de ciudadanía “dinámico y evolutivo”, en consonancia con un proceso de integración europea también dinámico y que avanza hacia un “objetivo final”. Ese objetivo final no puede ser otro que la Unión Política Europea.

En la propuesta española, el status civitatis de la ciudadanía de la Unión debía incluir: los derechos especiales básicos (libre circulación plena, libre elección de residencia y participación política en el lugar de residencia); en segundo lugar, aquellos derechos que se derivan del desarrollo dinámico de la Unión (es decir, de nuevas competencias transferidas a la Comunidad en materias como sanidad, la educación, la cultura, el consumo, el medio ambiente…); en tercer lugar, los derechos del ciudadano fuera de las fronteras de la UE (protección diplomática y consular), así como la denominada tutela de los ciudadanos (el derecho a acudir al defensor del pueblo europeo en casos de mala administración por parte de una institución u órgano de la UE).

Y así, básicamente, quedó configurada la ciudadanía de la UE en el Tratado de Maastricht, y así la conocemos hoy, con la salvedad de la pequeña modificación incorporada en Amsterdam en 1997, cuando se aclara que se trata de una ciudadanía “complementaria” y no “sustitutiva” de la ciudadanía nacional, y cuando además se añade el derecho a acceder a los documentos de las instituciones europeas. El Tratado de Lisboa no introdujo modificaciones a este estatus, aunque queda pendiente mejorar el acceso a los derechos políticos de los residentes extracomunitarios.

En definitiva, los españoles podemos sentirnos orgullosos de haber aportado un grano de arena importante para crear la ciudadanía de la UE, y de formar parte de un proyecto que nos ha ayudado a prosperar y a profundizar en nuestra democracia y en los derechos de las personas.

Las conmemoraciones sirven, como afirmaba antes, para repasar y hacer balance, y la balanza se inclina, sin duda, hacia el lado positivo. Todo ello a pesar de la crisis, y de que ese “a pesar” pese mucho. Felipe González afirmó ayer, ante la pregunta de un periodista, que aún en momentos de crisis, “queremos más y mejor Europa”. No podemos estar más de acuerdo. Ojalá los líderes europeos estén también de acuerdo y se pongan el mono de trabajo.


Ciudadanía múltiple europea

20 abril 2010

La participación ciudadana fue definida desde el principio como una de las principales apuestas de la Presidencia española de UE. Se trata de un ambicioso objetivo que se configura como uno de los déficit (democráticos) históricos de la integración europea.  El pasado 9 de abril, en el programa Europa 2010 de TVE, tuvimos la suerte de disfrutar de una estupenda entrevista con Susana del Río, miembro del Comité de Expertos de la Comisión Europea en materia de comunicación y participación de la sociedad civil. El tema central de la entrevista fue precisamente las posibilidades de participación de la ciudadanía en la UE, con la puesta en marcha de la nueva Iniciativa legislativa ciudadana como telón de fondo.

Europa 2010. Entrevista a partir del minuto 13

Durante la charla, la Dra. Del Río hizo hincapié en algunas ideas que merece la pena destacar y comentar en mayor profundidad. Para empezar, partimos de una idea básica: Europa no se puede hacer sin los ciudadanos. “Europa son sus ciudadanos. La UE es un proyecto de ciudadanía, de valores y de participación”. Hoy por hoy, no cabe duda que la construcción europea no puede avanzar sin la participación de los ciudadanos. Aunque no siempre fue así. Es cierto que comenzó como un proceso tecnocrático y elitista que obvió, en pos de la maquinaria de la integración, la consulta a la ciudadanía en sus primeros pasos.

Todo el proceso que rodeó la redacción de la Constitución europea fue un giro en este sentido: la Declaración de Laeken (y la definición de un reto interno y democrático esencial para la Unión, que no era otro que reducir la brecha con la ciudadanía); el método de la Convención constitucional (con una amplia participación de la sociedad civil); los noes en Francia y Países Bajos (que llevó a reafirmar el papel central de la ciudadanía europea y la necesidad de avanzar en la información y conocimiento sobre la UE).

La Europa cotidiana, la Europa que nos rodea, es otra de las ideas que salieron a colación en la entrevista. “Los ciudadanos, muchas veces, están participando en Europa sin saberlo. Desde que nos levantamos, hasta que nos vamos a descansar, Europa está ahí. El problema es que los ciudadanos aún no conocen el poder de la UE en su día a día”. ¿Son los ciudadanos conscientes de la influencia de Europa en sus vidas y de su papel en la construcción europea? Desde que nos levantamos: consumimos productos que llevan un marcado CE; los pagamos con la moneda común europea; llevamos a nuestros hijos a un colegio que probablemente ha sido construido o reformado con fondos europeos; acudimos a un centro de salud que ha sido posible gracias a estos mismos fondos; nuestra agua corriente puede que haya sido depurada en una instalación también bajo el paraguas FEDER; la carretera por la que circulamos; el viaje que programamos por Europa para nuestras vacaciones (¿quién se acuerda ya de los pasaportes?), y así hasta un largo etcétera.

Y los ciudadanos ¿cómo construimos Europa? No sólo votando en las elecciones al Parlamento Europeo, desde luego, también con gestos como buscar información, leyendo este blog en este preciso momento, dejando un comentario. Con cosas tan simples como ésta. Como esa Europa cotidiana que rodea nuestro día a día y en la mayoría de ocasiones no nos detenemos un segundo a pensar para percibirla. ¿Cómo despertamos esa sensibilidad europea? Susana del Río habla de información constante, de esa “lluvia fina” que va calando en la sensibilidad de la ciudadanía.

Hay un tercer concepto que me gustaría comentar en profundidad, por ser uno de mis preferidos. El de “ciudadanía múltiple” y “múltiples ciudadanías”. Esas ciudadanías que viven y conviven en Europa en un contacto enriquecedor. Es, esencialmente, esa visión multicultural de la ciudadanía europea, pero también el enfoque de la posibilidad de que existan múltiples pertenencias en un proceso de construcción identitaria que hace posible pensar y hablar de una identidad europea, en el sentido de valores compartidos, pero también de contacto intercultural enriquecedor y de un proyecto de participación interconectado y transnacional.

Aunque en muchas ocasiones se ha hablado (y proyectado desde las propias instituciones europeas) de un modelo de ciudadanía europea basado en la herencia cultural, pues no cabe duda que están asentados los rasgos de una cultura común europea en la democracia, la justicia o los derechos humanos, esta perspectiva debe aclimatarse y convivir con una realidad palpable en Europa: la sociedad multicultural.

Si proyectamos la identidad europea básicamente en el nivel de la cultura compartida, estamos negando un rasgo fundamentalmente distintivo de nuestra identidad: la diversidad. Estamos, en definitiva, limitando y poniendo barreras a la rica identidad cultural europea.

E. Balibar, en su libro Nosotros ¿ciudadanos de Europa? (2003) nos habla de una nueva ciudadanía posnacional debe entenderse como una “pertenencia no exclusiva”, abierta, de reconocimiento de la diversidad cultural europea. Otro clásico, Martiniello (Salir de los guetos culturales, 1998), afirma que lo esencial es desarrollar modelos de identificación que sean válidos para todos y permitan así una combinación de la identidad nacional y cultural con la nueva identidad supranacional, que debe ser abierta, flexible y dinámica.

Si buscamos un modelo de identidad europea inclusiva, compatible con las identidades personales, grupales, nacionales, regionales o locales preexistentes, nos estamos refiriendo a modelos de construcción de la identidad que afrontan ésta desde una perspectiva “multinivel” o “relacional”, es decir, lo que se ha definido como  “ciudadanía múltiple” o “múltiples pertenencias” (autores como Martiniello, 1995; Heater, 1990; Barthélémy, 1999; Ryba, 1999; Leclerq, 1999; Schnapper, 2000; Maalouf, 1999; Smith, 1992).

Como recuerda Heater en su ya clásico ensayo Citizenship (1990), los individuos pueden tener múltiples identidades cívicas y sentirse sujetos de múltiples lealtades sin que sean incompatibles. La identidad personal está compuesta de múltiples pertenencias –“identidad multidimensional”- o distintos niveles de identidades que no se excluyen mutuamente: identidad cultural, de género, familiar, nacional, religiosa, étnica, etc. Como nos recuerda Maalouf en su obra Identidades asesinas (1999), se puede plantear de este mismo modo la identidad europea: “forjar la Nueva Europa es forjar una nueva concepción de la identidad”.

Una nueva forma de identidad y una nueva forma de participar. Para ello, como afirma la Dra. Del Río, “Europa debe ser valiente”; también los ciudadanos deberán serlo para acoger el reto de la participación.


¿Existe un pueblo europeo?

10 abril 2010

Por Encarna Hernández

El Tribunal Constitucional alemán, en su Sentencia relativa a la ratificación del Tratado de Maastricht (BVerfGE 89, 115) concluye que el proceso de la integración europea configura una Unión de Estados a través de Tratados que en ningún caso avanzan en la constitución de un único Estado europeo soberano cimentado a su vez en un “pueblo” europeo. De este modo, la legitimidad sólo puede ser proporcionada por los Parlamentos Nacionales, representantes de un demos cuya existencia es una condición para la democracia. Bajo esta circunstancia, el Parlamento Europeo –que no representa a ningún pueblo europeo- no puede erigirse en solución para el “déficit” democrático de la UE, siendo la cooperación intergubernamental el único margen legítimo para la toma de decisiones.

La tesis del “no-demos” de la Corte Federal emerge en coherencia con la tradición constitucional alemana que identifica el concepto de demos con el de ethnos: Volk, nación, Estado y ciudadanía se presentan como una unidad (Von Beyme, 2001: 61-62; Weiler, Haltern & Mayer, 1995). Como recuerda J. H. H. Weiler, uno de los exponentes académicos más críticos con la sentencia del BVerfGE, tal interpretación está basada en dos ideas fundamentales: en primer lugar, una concepción del “pueblo” definida en su componente subjetivo –sentido de cohesión social, destino común e identidad colectiva, a su vez enraizado en condiciones objetivas u orgánicas, referidas a la existencia de una historia, cultura, origen étnico, religión y lenguaje comunes; en segundo lugar, la creencia de que el “pueblo” precede histórica y políticamente al Estado moderno (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

El argumento central para determinar que no existe un “pueblo europeo” y, en su ausencia, tampoco una “democracia europea”, es el chequeo empírico de una previa realidad nacional en el sentido étnico y cultural y bajo la exigencia de un alto grado de homogeneidad: es decir, que el proceso de integración europea no puede desembocar en la creación de un “macro-Estado”, porque la Unión Europea no es una “macro-nación” (Díez-Picazo, 2002: 71). En la tradición nacional alemana, el Estado es sólo la expresión política de una nacionalidad conformada como identidad casi “primordial” (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

El concepto de “pueblo” abarca dos dimensiones que se identifican, por un lado, con el concepto de ciudadanía –demos- y, por el otro, con la noción de identidad étnico-cultural -ethnos-; o lo que es lo mismo: la “nación cultural” alemana y la “nación política” francesa. Las dos caras de la identidad nacional –si se prefiere, los dos conceptos de “pueblo”- integran: el “ideal típico” de la ciudadanía, donde el demos se sitúa en un nivel político como el portador de los derechos políticos, y el “lado arquetípico” de la identidad étnico-cultural, donde el ethnos representa la unidad étnica, cultural o socioeconómica. (Beriain, 1996: 30).

Como recuerda R. A. Dahl, la noción de “pueblo” en la teoría democrática recoge una doble ambigüedad que atiende, en un sentido, a la usual suposición de su existencia como un hecho, como una creación histórica y, en otro aspecto, a su sentido político: “como un grupo de personas que en rigor deberían autogobernarse en el seno de una entidad política”. La crítica de Weiler a la decisión de Maastricht se centra precisamente a la necesidad de entender el “pueblo” a través del concepto de ciudadanía, separando los componentes de ethnos y demos: la pertenencia a un régimen –la Unión Europea- se definiría de este modo en términos cívicos, aunque no totalmente aislados de axiomas referentes a un sentimiento europeo cohesión social e identidad común, presentes, aunque de forma débil (Weiler, 1995; Weiler, Haltern & Mayer, 1995).

En el lado opuesto, los defensores de la “tesis del no-demos” afirman que la construcción europea se caracteriza por la imposibilidad y la necesidad de “inventar de forma colectiva una nueva figura de pueblo” que conjugue sus dos dimensiones: ethnos y demos (Balibar, 2003: 29). La propuesta de Weiler y sus colegas  recibe, en este punto, su propia refutación: en la realidad, los Tratados están lejos de suponer un “contrato social” a la francesa entre los ciudadanos europeos; y será así mientras en el seno de la Unión no se celebre un auténtico proceso constituyente en el que la ciudadanía “europea” participe de forma activa e informada en el debate sobre cuestiones concretas que afecta a la Comunidad (Cabellos Espiérrez, 2001: 402).

La idea de la necesidad de la definición normativa de la Unión a través de un texto constitucional encuentra en la figura de J. Habermas a uno de sus máximos defensores. El filósofo alemán propone construir la identidad europea a partir de un proyecto constitucional que afirme los cimientos para la práctica de una ciudadanía democrática, objetando al mismo tiempo una tesis del “no-demos” europeo que se asienta, según él, en la extendida confusión entre “nación de ciudadanos” y “comunidad étnica”.  Como contrapartida, apuesta por un concepto de “nación cívica” de “carácter voluntarista”; por una idea de identidad colectiva “que existe sin ser independiente ni anterior al proceso democrático del que surge” (Habermas, 2001: 15).

La connotación étnico-cultural del concepto de demos es, de hecho, abandonada por el discurso europeo en el proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, firmado en Roma el 29 de octubre de 2004. El texto establece en su artículo I-1.1 que “la presente Constitución nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de Europa [no de los “pueblos”] de construir un futuro común”. Tal declaración significa que la formación de la voluntad popular no será por la vía de una identidad colectiva a modo “pueblo” en el sentido étnico-cultural, sino que se constituirá “en una conciencia pública fomentada, compartida y construida democráticamente” como base de legitimidad. (Sánchez Meca, 2003a: 71).

La esencia del argumento del Tribunal Constitucional alemán sobre la legitimidad de la Unión radica en el hecho de que la democracia no puede funcionar sin la suficiente “base popular”. Esta idea, sin embargo, cabe interpretarse en un sentido alejado de las connotaciones etno-culturales: la condición objetiva debe ser la existencia de “una opinión pública, informada y libre.” (Díez-Picazo, 2002: 70). El debate en torno a la existencia de un “pueblo” europeo conduce, de este modo, hacia tres aspectos fundamentales del proyecto de la integración europea: la existencia de una sociedad civil y una esfera pública europeas y, a través de ellas, la construcción de una Unión más democráticamente legítima, transparente y cercana a los ciudadanos.

El crecimiento de una sociedad civil europea es identificado por académicos como W. Wallace con el proceso de “integración informal”, sin intervención institucional: libre mercado, tecnología, redes de comunicación e influencia de los movimientos sociales, religiosos y culturales (Wallace, 1990: 54). En el lado opuesto, teorías como la de S. Tarrow (1994), se basan en la idea de que los movimientos sociales sólo pueden llegar a ser transnacionales si las instituciones de tal entidad proveen identidades, objetivos y oportunidades políticas en el mismo nivel en que lo hace el Estado-nación. Para otros analistas, los obstáculos evidentes para el desarrollo de una sociedad civil a nivel europeo estriban, entre otras causas, en la propia contradicción de la política europea, que tiende a seguir la lógica de los intereses nacionales, contraviniendo así la retórica en torno al interés común (Pérez Díaz, 1994: 17; 1997).

Frente al escepticismo de una parte de la doctrina, otros académicos abogan por la existencia de una emergente sociedad civil, con la actividad de ONGs, del mercado o la libre circulación de personas e ideas (Closa, 2001: 187). En este sentido, Habermas defiende que es posible la emergencia de una sociedad civil europea a partir del poder “catalítico” de una Constitución, ya desde el debate suscitado a escala transnacional –que no supranacional- por el propio proceso de elaboración del texto. Para el autor, el centro de la política se desplazaría hacia los centros europeos, más allá de la ya influyente presencia en Bruselas de lobbys y fuerzas económicas, sobre todo a través de partidos políticos, sindicatos, asociaciones cívicas, movimientos sociales y “fuerzas de la calle”, de iniciativas ciudadanas de acción conjunta (Habermas, 2001: 16-17).

La existencia de una sociedad civil fuerte, articulada en una pluralidad de instituciones sociales, es el requisito indispensable para que exista una opinión pública (Díez-Picazo, 2002: 71). Una esfera pública europea, tal como la entiende Habermas, en el sentido de “esfera de opiniones públicas” transnacional (Habermas, 2001: 17) o como la define Somers, configurada como “contested participatory site”[1], (Somers, 1993: 589), es ya una realidad existente para muchos especialistas, al menos “in fieri”: es decir, la existencia de una creciente circulación de información y opiniones a nivel comunitario acerca de los grandes problemas europeos (Díez Picazo, 2002: 71). Para Closa, sin embargo, el problema es la ausencia de componentes básicos esenciales en ese espacio público, tales como un sistema de partidos organizado, medios de comunicación europeos, amplio discurso europeo sobre asuntos clave, etc. (Closa, 2001: 189).

Para Habermas, la clave de la construcción de esa “esfera de opiniones públicas europea” es que no surja de la proyección del diseño ya establecido a nivel nacional, sino que emerja, al contrario, “de la apertura mutua de los universos nacionales existentes, que dará paso a una interpenetración en las comunicaciones nacionales, recíprocamente traducidas.” La agenda pública europea se incluirá, así, en cada una de las opiniones públicas de los Estados miembros, a través de una interrelación adecuada. (Habermas, 2001: 17).

Este espacio público se configura, sin lugar a dudas, como un lugar para el desarrollo de la ciudadanía europea. De hecho, la ciudadanía de la Unión debe ser la “piedra fundadora” en el proceso de construcción de una sociedad civil y una esfera pública europeas (Closa, 2001: 199). En este sentido, no hay que olvidar que una de las objeciones que los teóricos sostienen para negar la existencia de un pueblo, una sociedad civil y una esfera pública europeos es, precisamente, la inadecuada progresión de la construcción europea hacia la ciudadanía y la propia configuración legal de ésta. Como recuerda P. Biglino, la cuestión de las limitaciones legales de la ciudadanía europea –restringida a derechos políticos referidos a una institución intrínsecamente débil como el Parlamento europeo- se conecta con otra cuestión más amplia: el déficit democrático de la Unión Europea (Biglino, 1995: 8).

En este sentido, si democratización de las instituciones europeas contribuirá la consolidación de un “pueblo transnacional”, es preciso, sin embargo, avanzar un paso más allá de la configuración del mero estatus legal de la ciudadanía europea: no basta con el reconocimiento legal de derechos políticos y deberes cívicos para construir un sentimiento de identidad y cohesión en torno a condiciones objetivas-valores europeos, sino que se exige también un espacio donde puedan ser ejercidos: “una práctica de participación en instituciones políticas que sean percibidas como determinantes en la vida de los ciudadanos” (Díez-Picazo, 2002: 63).

Creo que ya hemos utilizado en este blog esta expresión alguna vez, pero no está de más recordarla… <<La construcción de la “Europa de los ciudadanos” pasa por ser un proceso de legitimación institucional a través de la apertura, el debate público, la inclusión social y la participación civil.>> Terminamos con una pregunta… ¿conseguirá la nueva Iniciativa Ciudadana Europea contribuir a la construcción de esa esfera pública genuinamente transnacional… y legitimadora?


[1] “(…) contested participatory site in which actors with overlapping identities as legal subjects, citizens, economic actors, and family and community members… form a public body and engage in negotiations and contestation over political and social life.” (Somers, 1993: 589).


Ya está aquí la Iniciativa Ciudadana Europea

3 abril 2010

¿Qué hito no plantea preguntas, dudas, a la par que expectativas? La Iniciativa Legislativa Ciudadana no podía ser menos. Gracias al Tratado de Lisboa, los ciudadanos de la UE pueden, con un millón de firmas, reclamar a la Comisión Europea que legisle sobre una materia concreta. Se trata de un hito en la historia de la democracia participativa en la UE. Pero, como decimos, también plantea algunas dudas…

Las firmas deben provenir de varios Estados miembros. Es decir, hay que organizarse a nivel transnacional y, previamente, que exista en varios países de la UE un reclamo y sensibilización compartida hacia determinado asunto. ¿Hasta qué punto la existencia de esta herramienta propiciará el desarrollo de debates informados, activos y participativos a nivel transnacional sobre una cuestión concreta?

Toda vez que la existencia de ese millón de firmas no obliga a la Comisión a legislar ¿llegará a influir la iniciativa ciudadana en la forma de hacer política de la UE? Y una pregunta esencial ¿veremos una Europa más social de llegar a afianzarse este instrumento de participación?

En Bruselas existe una larga lista de grupos de presión ¿qué papel jugarán los lobbies en todo esto? Cuesta creer que no será así.

Sobre cómo se articulará en la práctica la Iniciativa, podemos encontrar ya algunas respuestas en estos links que os dejamos… las otras cuestiones, podremos comenzar a comprobarlas a partir de 2011. Y no os perdáis el estupendo artículo sobre el tema en La Oreja de Europa!

La iniciativa ciudadana, nuevo ejercicio de democracia

El poder de la iniciativa ciudadana en la UE

http://www.citizens-initiative.eu/

Consulta Pública


Europeando

20 marzo 2010

La presidencia española de la UE es más que una buena excusa para que los bloggers españoles de temática europea nos dediquemos, con mayor estusiasmo, a hacer lo que más nos gusta: europear. También es una buena oportunidad para unirnos en plataformas de comunicación y de debate. Con este objetivo nace Europeando, un dinámico agregador de blogs europeos que nace bajo el paraguas de la presidencia española pero con espíritu de continuidad.

<<Europeando es un espacio de encuentro, debate e intercambio ciudadano. Desde esta plataforma, reivindicamos la necesidad de dar un nuevo impulso al proyecto europeo basado en la participación activa y crítica de los ciudadanos y ciudadanas sobre este fascinante proyecto común. Los hombres y mujeres que participamos en Europeando apostamos decididamente por una Europa abierta, solidaria y plural en la cual te invitamos a participar.>>

Ésta es la carta de presentación de este proyecto que sin duda busca avanzar hacia esa “Europa de los ciudadanos” de la que tanto se habla y que tanto esfuerzo está costando construir y dinamizar. Impulsar la participación activa de la ciudadanía es la primera piedra que hay que colocar para alcanzar el objetivo. Pero, para ello, son necesarias muchas herramientas: una estrategia de comunicación, más educación de dimensión europea, programas dirigidos a la sociedad civil, más derechos de ciudadanía política en el ámbito comunitario, más medidas de tinte social…. Es un esfuerzo ingente, lleno de obstáculos, desde que el concepto legal de ciudadanía de la Unión se constitucionalizara en Maastricht, hace casi dos décadas.

Que cada vez existan más blogs editados por españoles de temática europea es una buena señal. Que se unan en plataformas como ésta es inevitable e imprescindible. Compartir esfuerzos en una misma dirección es una estrategia más que acertada.

Desde Más Europa, deseamos dar las gracias a los responsables de Europeando por tan estupenda iniciativa y por incluirnos en ella recientemente. Compartimos esfuerzos con blogs estupendos como La Oreja de Europa, Eva en Europa, el blog de Joaquim Millan (Eurolocal) o la bitácora de Carlos Carnero (Embajador en misión Especial para Proyectos en el marco de la integración de la UE). Como ven, en la variedad (de visiones, perfiles y perspectivas) está el gusto. Europeando está creciendo, y esperamos que pronto se incorporen más blogs que son también referente en el debate europeo.

El proyecto de Europeando de aunar blogs de distintos perfiles pero con la común temática europea es también compartido por Hablamos de Europa que cuenta, además de con una sección de blogs europeos, con un apartado de participación para compartir experiencias genuinamente ‘europeas’. Estamos encantados de participar en ambas plataformas. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, e internet y los blogs en particular, son ámbitos esenciales para acercar la UE a los principales usuarios de estas tecnologías: los jóvenes.

Por todo ello, enhorabuena a los impulsores de ambas iniciativas. Por nuestra parte, seguiremos haciendo lo que más nos gusta: hablar de Europa, europear…


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