Una Europa unida

18 octubre 2009

Encarna Hernández

Caída del muro de Berlín

Caída del muro de Berlín

Pronto se cumplirán 20 años de la caída del Muro de Berlín, símbolo de una Europa dividida que además se había convertido, tras la II Guerra Mundial, en el escenario de una nueva batalla, esta vez subrepticia, entre dos superpotencias nucleares, la URSS y EEUU, que se disputaban la supremacía mundial.

Pero aquella vieja imperialista Europa buscaba también desde principios de los cincuenta una unidad basada en la reconciliación y en la prosperidad. Buscaba recuperar su liderazgo en el nuevo orden mundial de postguerra. Buscaba, para empezar, y ante todo, la paz.

El desarrollo de la integración europea, cuyas primeras décadas coincidieron y cohabitaron con un mundo dividido, ha dado lugar al mayor periodo de paz en nuestro Continente. En 2007 se cumplieron 50 años de la firma de los Tratados de Roma: 50 años de una paz y de una prosperidad asentadas en la cooperación y en la solidaridad.

La caída del muro de Berlín es otro de esos símbolos, de esos devenires que cambian la Historia, con Mayúsculas. Significó el principio ya imparable de la desintegración de la URSS, una amenaza vista desde el otro lado del Atlántico en términos geopolíticos (léase, expansionismo soviético) e ideológicos (léase, Comunismo).

Pero quisiera, en este 20 aniversario, quedarme con otra lectura, la de este lado del Atlántico. La caída del Telón de Acero hizo posible la ampliación de la Unión al Este, pero, ante todo, supuso el fin de una Europa dividida, el símbolo de una Europa unida, en paz y en prosperidad.

Los símbolos son capaces de hacernos soñar. Son capaces de rellenar de significado, de contenido, este gran envase que es la Europa unida. Son capaces de cimentar una estructura aún débil y llena de contradicciones, desajustes y desacuerdos. Necesitamos los símbolos, esos que nos han sido extirpados en la reforma de Lisboa, eliminando todo lo que nos recordara que un día estuvimos cerca de tener una Constitución para Europa.

Esta Constitución va camino de convertirse en un símbolo, en uno de esos que se escriben con Mayúsculas, como se escribe con mayúsculas Federación o Estados Unidos de Europa. Conviene no olvidarnos de estos emblemas. Y conviene que no olvidemos éste en concreto: la caída del Muro de Berlín en la madrugada del 10 de noviembre de 1989. Representa muchas cosas para Europa y para los europeos.

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