Europa y el euro: las reformas económicas y un futuro común

29 febrero 2012

Ayer tuve la oportunidad de participar en representación de mi partido, UPyD, y junto a representantes de otras formaciones políticas y de la Universidad, en una charla sobre Europa, el Euro y su Futuro, dentro del ciclo “charlas por la libertad de información  y opinión”, una iniciativa interesante que busca incentivar el debate entre políticos, ciudadanos, académicos, etc. sobre diversos temas de actualidad.

Como estaba acompañada por dos economistas en la mesa, que ya iban desde su experiencia a aportar la visión estrictamente económica sobre la crisis del Euro, decidí dirigir mi intervención hacia una perspectiva más política, hacia otras crisis que Europa también vive, o que persisten, y que no ha sabido resolver, y que hacen que la respuesta a esta crisis financiera haya sido más compleja, más lenta, menos ágil.

Tuvimos tiempo, en casi tres horas de debate, no solo de hablar del euro o del futuro de Europa, sino también de cuestiones que preocupan a los ciudadanos en nuestro país, como las cajas de ahorros, las responsabilidades de los políticos cuando despilfarran o realizan una gestión nefasta de los recursos públicos, los acuerdos comerciales con Marruecos que afectan al tomate murciano y algunas cosas más.

Me llevé una sensación, tras finalizar la charla, un tanto extraña. Me explico: por un lado, da gusto ver, tal y como se desarrolló el debate, cómo en este país está desarrollándose una masa crítica de ciudadanos cada vez mayor (importante en una sociedad civil como la nuestra siempre un tanto acomplejada, en general, y demasiado politizada y subvencionada, acorde, seguramente, a unas estructuras políticas también muy conservadoras y resistentes al cambio); pero, por otra parte, me preocupó comprobar que cada vez más ciudadanos dudan de la necesidad de que el proyecto europeo salga adelante (lo ven como parte del problema cuando, en realidad, debería ser parte de la solución a lo que estamos viviendo).

Así que, como la charla se repite el día 13 de marzo (seguramente en la Universidad de Murcia) he dedicido que allí hablaré de por qué necesitamos la UE. De cómo sería nuestra Región, España, Europa y el mundo si la unidad europea no hubiera cuajado. O, mejor dicho,  todo lo que no seríamos sin Europa.

De momento, os dejo con la transcripción de mi ponencia.

 

EUROPA: UNA TRIPLE CRISIS DETRÁS DE LA ECONÓMICA

Me gustaría comenzar diciendo que tenemos una triple crisis en Europa, en la Unión Europea, que afecta a la crisis del euro y al futuro de Europa.  Me refiero a una crisis de democracia, a una crisis de liderazgo político, y a una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las estructuras políticas de la UE.

Y esta triple crisis, solo se puede despejar con una serie de decisiones políticas que impliquen: más integraciónsoluciones europeas (porque se ha demostrado que los Estados miembros no son por sí solos capaces de defenderse de una crisis global como ésta); con una reforma institucional que permita que nuestras instituciones comunes puedan reaccionar de forma más rápida, eficaz y autónoma ante las crisis (porque se ha demostrado también que tenemos unas instituciones lentas, demasiado rígidas y dependientes de los Estados miembros, y por ello sujetas a egoísmos nacionales); con unas auténticas instituciones europeas más democráticas  (que permitan que la voluntad popular se vea reflejada en las decisiones que se toman; que la ciudadanía pueda controlar, de verdad, a través de instituciones elegidas democráticamente, lo que se decide; y, por supuesto, que esas instituciones tengan que rendir cuentas).

 

DÉFICIT DEMOCRÁTICO Y REFORMA INSTITUCIONAL: MEDIDAS DE REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Nosotros, desde UPyD, consideramos que afrontar la reforma institucional es fundamental para poder enfrentarnos a esta crisis económica, y para sentar los cimientos para evitar futuras crisis o al menos poder responder mejor ante ellas.

Y si hablamos de reforma institucional tenemos que referirnos al ya conocido como déficit democrático de la Unión Europea.

¿En qué consiste este déficit democrático de la Unión Europea? Os lo voy a resumir en unos puntos muy concretos. Básicamente es una cuestión relacionada con una serie de vectores de legitimidad que la UE cumple sólo en determinados casos.

Mirad, la Unión Europea básicamente apoya su legitimidad en tres vectores:

1) la UE tiene lo que se llama una “legitimidad legal” que le otorga su constitución, su creación y su desarrollo a partir del Derecho (en palabras más simples, una serie de Tratados constitutivos que fueron signados por los EEMM);

2) así como una “legitimidad indirecta” (derivada de unos Gobiernos nacionales elegidos y que están representados en el Consejo de la UE);

3) y ostenta una “legitimidad llamada tecnocrática”(se deja, se delega en manos de técnicos, muchas decisiones y políticas en base a que eso va a resultar en una eficacia, en mejores resultados).

¿Cuál es el problema?

El problema es de control democrático y de rendición de cuentas. Hay un Parlamento Europeo (que recuerdo, es la única institución elegida democráticamente por los ciudadanos europeos) que aunque se han ido aumentando sus poderes en sucesivas reformas de los Tratados (especialmente en Maastricht y en Lisboa: con más capacidad legislativa, de control a la Comisión, poderes presupuestarios, etc.) no se erige  aún en una auténtica fuente de legitimidad directa, federal, dentro de la Unión.

El Parlamento Europeo no elige a la Comisión, no puede vetar las grandes decisiones (pongo como ejemplo el último nuevo tratado fiscal que se va a firmar sobre el que el PE ha mostrado su desacuerdo, pero sobre el que poco puede hacer frente a las voluntades de los Estados). En realidad, los contrapesos al poder del Consejo son aún débiles aunque se hayan reforzado.

Pero es que además la Comisión, que es un órgano independiente, tecnocrático y alejado del control de los ciudadanos, tiene en su poder el cuasi-monopolio de la iniciativa legislativa en la UE, y resulta que esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos antes es ajena al control político, democrático y a la rendición de cuentas.

Pero hay un problema aún más grave. Y es que la Unión, aunque posee una legitimidad legal, no tiene lo que se llama una “legitimidad de origen”. Esto lo han resaltado muchos analistas europeos. La Unión no se creó en base a una voluntad popular (en realidad es un proyecto fruto del consenso entre élites políticas y a la ciudadanía se le supuso, digamos, un consentimiento tácito, luego hablamos de esto). Y sin esta legitimidad de origen, sin esa aceptación explícita por parte de los ciudadanos, sin un sentimiento de identidad europea que implique una cohesión, la UE lo tiene muy difícil.

Pero es que además, esa legitimidad tecnocrática de la que hablábamos, está supeditada a los resultados. Es una democracia resultadista. Mientras todo fue bien, mientras se creaba bienestar en Europa, no había problema. Pero ahora esto ha cambiado, y nos vemos envueltos en una crisis brutal sin haber cimentado las bases políticas, democráticas y de legitimidad, y de apoyo popular a la UE que nos permitan ahora tomar decisiones que implican, no beneficios como hasta ahora, sino sacrificios y compromisos a la ciudadanía.

En definitiva, para cerrar este capítulo del déficit democrático, nosotros apostamos por una reforma institucional que de verdad dé a la ciudadanía el poder de elegir quién va a tomar las decisiones por ellos y quién va a controlar y exigir cuentas en representación de los ciudadanos.

Esas reformas, para UPyD, pasan, y creemos que son las más lógicas por:

-Un Parlamento Europeo como ÚNICO poder legislativo y que elija y controle (de verdad) al ejecutivo, es decir, a la Comisión Europea (que coordine las principales políticas de la UE que aún se mantienen bajo el control de los Gobiernos nacionales, y que funcione como auténtico gobierno federal).

-Es decir, el PE como eje legislativo, de control y democrático de la UE. Y elegido por sufragio universal en listas desbloqueadas y transnacionales.

-En el ámbito económico, una política fiscal común europea, con la integración progresiva de los sistemas fiscales nacionales y la creación de un tesoro de la UE que sea capaz de intervenir eficazmente en la política monetaria y en las crisis de financiación. Uno de los principales problemas de la actual crisis es que las políticas fiscales de los EEMM estaban descoordinadas entre sí  y con la política monetaria europea.

-Un Banco Central Europeo más transparente.

En resumen, tomar una serie de decisiones políticas, que implican más integración, más democracia, más transparencia, y más tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos para elegir quien toma esas decisiones.

Nosotros, desde UPyD, no vemos un futuro sin el euro. Eso haría tambalearse todo el sistema financiero global. Pero entendemos que medidas puntuales, como ese nuevo pacto fiscal, la regla de oro del déficit presupuestario, o los fondos de rescate no son suficientes. Se necesitan medidas de reforma de calado que implican decisiones políticas de mayor integración.

 

CRISIS DE LIDERAZGO

Hay que tomar decisiones. Pero para tomarlas hace falta un liderazgo europeo sólido, valiente y capaz de aportar las soluciones europeas que son necesarias. Los nuevos altos cargos de la UE, lo que nos trajo Lisboa, no han resuelto el problema de liderazgo, me atrevo a decir que lo han empeorado, ni tampoco el eje París-Berlín, Merkel y Sarkozy, constituyen un liderazgo europeo (más allá de sus intereses nacionales) que esté a la altura de la versión europea de líderes del pasado.

Yo no tengo ninguna duda de que Merkel y Sarkozy quieren salvar el Euro, la cuestión está en si vamos a salvar el Euro a costa del bienestar de los ciudadanos. Salvar el euro no puede ser un fin sin sí mismo, ni servir sólo a los intereses de algunas de las partes.

 

CRISIS DE CONFIANZA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS

Y todo esto tiene mucho que ver con la crisis de confianza que se observa en los ciudadanos hacia la Unión Europea y sus mecanismos de respuesta ante la crisis.

Esta crisis de confianza, a mi parecer, viene dada por 3 razones: por la falta de control democrático de las decisiones que se toman; segundo, porque no hay un sentimiento de identidad colectiva “europea”, y tercero, porque los ciudadanos no van a aceptar solo recortes, solo medidas de austeridad, sino que piden también medidas de estímulo económico.

La UE es un proyecto, lo he comentado antes, tremendamente elitista y tecnocrático y el peligro de esta crisis es que se está acentuando ese carácter, en lugar de avanzar en reformas de regeneración democrática.

El problema es que esa estrategia ya no sirve como en las primeras décadas de integración europea, ya no sirve porque ya no hay resultados que vender, sino sacrificios que pedir.

Y aquí hay una cuestión muy importante, y es el carácter principalmente “instrumental” del apoyo que la Unión Europea ha recabado entre los ciudadanos hasta ahora. La ciudadanía apoya la Unión Europea en la medida en que observa unos beneficios derivados de la pertenencia de su país a la Unión, basada sobre todo en épocas de bonanza económica.

Es decir, fue un apoyo “tácito”, que se dio por supuesto, en los primeros años de la integración, que se asentó como “instrumental” mientras las cosas fueron bien, y que ha sido ciertamente “pasivo”, poco informado. Los ciudadanos no mostraban mucho interés por lo que pasaba en la lejana Bruselas.

Pero ahora las cosas han cambiado.

 

CONCLUSIÓN: PELIGROS Y OPORTUNIDADES DE LA CRISIS DEL EURO

Y de esta crisis, con este contexto, surgen una serie de peligros.

1)      El primer peligro es que ese consenso tácito y pasivo de la ciudadanía europea se torne en lo que podríamos llamar un “disenso activo”. Y que de ahí saquen tajada fuerzas políticas (y este es un fenómeno que ya se está desarrollando) que lleven como principal punto de su discurso político su antieuropeísmo.

2)      El segundo peligro es que la UE es lugar de apostar por una visión política europea, por mayor integración, por reformas democráticas, se aísle una mayor tecnocracia que la aleje aún más de los ciudadanos.

Pero también surgen algunas oportunidades.

Y para ejemplificar estas oportunidades, me gustaría citar a uno de los grandes autores europeos, Jürgen Habermas, que a propósito de la crisis del euro escribió que “con un poco de nervio político [es decir, de liderazgo político europeo] la crisis de la moneda común puede acabar produciendo la conciencia, por encima de las fronteras nacionales, de compartir un destino europeo común” (cita del artículo “En el Euro se decide el destino de la UE”, El País, 23 mayo 2010).

Como dijo Honoré Balzac, bastante años antes que Habermas, “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte”.

Pues para el proyecto Europeo, ésta es la gran crisis, se nos puede romper el corazón con todos esos peligros que se han relatado, y solo podemos curtir nuestro corazón, el corazón de Europa, con una visión política valiente, con reformas de regeneración democrática, con más integración, con más Europa, y por supuesto, sin perder de vista nunca ese horizonte de la Europa federal. 


Nueva edición del concurso de blogs de las Instituciones europeas

15 febrero 2012

Se acaban de dar a conocer las bases de la tercera edición del concurso de blogs “Espacio Europa”, que premia desde hace tres años a las mejores bitácoras que tienen como referente la temática europea, sus políticas, sus instituciones, así como el futuro de la integración comunitaria. Este año, la novedad es que el concurso es convocado no sólo por la Comisión Europea y la Eurocámara, sino que se lanza en colaboración con la Presidencia de turno de la UE, en este caso la danesa.

Es por ello, que además de las clásicas categorías como mejor blog o mejor post, así como aquellas relacionados con el Año Europeo (en 2012, la temática gira sobre el envejecimiento activo y el diálogo intergeneracional), se incluye un nuevo apartado para premiar los mejores escritos sobre la UE y la defensa del medio ambiente. Recordemos que Dinamarca es conocida como el país más “verde” de la UE. De ahí, que los premios también cambien, y se incluya un viaje a Dinamarca para esta categoría, además del tradicional viaje a Bruselas, con un amplio programa de actividades.

Como sabéis, esta bitácora, “Más Europa”, se llevó el premio al mejor blog sobre la Unión Europea en la pasada edición (podéis leer aquí el fallo del jurado) por lo que en esta ocasión he decidido no presentar candidatura, y, por el contrario, animar a otros blogs europeos que aún no han sido premiados y que contribuyen de especial manera al debate europeo en Internet a probar suerte y vivir una experiencia realmente única, como la que vivimos los premiados en pasadas ediciones, a los que se nos brindó la oportunidad de pasar unos días estupendos en la capital de Europa, en los que pudimos conocer por dentro el trabajo de las instituciones europeas, sobre las que tanto hablamos en nuestros blogs. Tenéis una pequeña crónica aquí, que escribí al volver del viaje. 

Y no quisiera acabar esta entrada sin agradecer a las instituciones europeas su compromiso real con el activismo europeo en la Red, que se valora, se premia y se cuida. No puede ser de otro modo, ya que Internet, los blogs y las redes sociales son fundamentales para expandir y profundizar en un debate auténticamente europeo, tal y como nos contaba en una entrevista Bárbara Quílez, responsable de la web del Parlamento Europeo, institución pionera y referente en el uso de los medios sociales.

Os dejo con un enlace a las bases del concurso. Escribir sobre Europa tiene premio. Mucha suerte a todos.


Bárbara Quílez: “las redes sociales son el punto de encuentro para el debate europeo”

2 febrero 2012

Entrevista

Para una institución que representa a nada menos que quinientos millones de europeos, de 27 países distintos, no le es fácil llegar a la gente. Tampoco resulta sencillo que estos mismos ciudadanos conozcan y comprendan la labor de su única cámara elegida dentro del complejo entramado de toma de decisones de la Unión Europea. Lo que se decide en Bruselas y Estrasburgo cada vez nos afecta más, y el reto de la comunicación europea reside en buena parte en hacer visible un trabajo que acabará teniendo un reflejo en nuestra vida cotidiana.

El desarrollo de las TIC, y, muy concretamente, el espectacular avance de las redes sociales como lugar de encuentro y de búsqueda de información para millones de personas, ha sido visto como una gran oportunidad  para muchas instituciones públicas, pero no todas han sabido aprovecharlo de la misma forma en la que lo ha hecho el Parlamento Europeo, que ha entendido, desde el principio, que en internet y en los medios sociales no basta con estar, hay que saber hacerlo. La Eurocámara  no sólo ha sido pionera en el mundillo 2.0, sino que ha convertido su presencia en las redes en una auténtica “historia de éxito”. ¿Cómo lo ha conseguido? Nos lo cuenta Bárbara Quílez, la responsable de la página web de la Eurocámara en español y coordinadora de sus cuentas de twitter en 22 idiomas.

P. Acabáis de presentar un renovado diseño para la web del Parlamento Europeo. ¿Nos podrías resumir las principales características de la nueva página? ¿Qué papel juegan en ella los medios sociales?

R. La nueva página web del Parlamento Europeo es más intuitiva que la anterior. Toda la información que estaba disponible antes sigue estándolo, pero estructurada de forma que resulte más fácil encontrarla y que haya que hacer menos ‘clicks’ para llegar a ella.

También es más gráfica. Las fotos que acompañan a los artículos se muestran más grandes, y cada vez es más frecuente que publiquemos infografías sobre temas concretos que quedan más claros si se ven que si se leen, como los nuevos eurodiputados que llegaron hace poco al Parlamento en cumplimiento del Tratado de Lisboa o quiénes son los nuevos vicepresidentes de las comisiones parlamentarias. En lugar de una lista, publicamos una infografía en la que  información se presenta de forma visual.

B. QUÍLEZ: <<La nueva web es más intuitiva y más gráfica, y uno de sus objetivos es dar más visibilidad al Parlamento Europeo en las redes sociales>>

Hemos llevado a la portada los contenidos que pensamos son de mayor interés para quien accede a la web del Parlamento Europeo: últimas noticias, enlaces a los grupos políticos parlamentarios, un buscador de eurodiputados, y un banner de la web del Presidente Schulz, que hubiera estado en la portada también en la versión anterior, pero que ahora gana en visibilidad.

Además, en la columna de la derecha en la página de inicio se ha incluido una pantalla con los últimos programas de la televisión por internet del PE, EuroparlTV. Debajo de ella se previsualiza una de las últimas imágenes añadidas a nuestra cuenta de Flickr, y si seguimos bajando se ven los últimos tweets publicados en el idioma en el que se haya accedido a la página, porque tanto en internet como en twitter trabajamos en 22 idiomas.

Precisamente, uno de los objetivos de la nueva web es dar más visibilidad a la actividad del Parlamento Europeo en medios sociales. Ahora aparecen en la parte superior de la portada los iconos de Facebook, Twitter, Flickr, YouTube y MySpace, con lo que es mucho más fácil que antes encontrar los perfiles del PE en cada uno de ellos.

P. Para quien  no  conozca el tema, ¿qué significa exactamente la llamada “perspectiva nacional” dentro de los contenidos de la web de la Eurocámara?

R. Los artículos de perspectiva nacional son precisamente eso: escritos por el encargado de prensa de las oficinas de información del Parlamento en los Estados miembros, se centran en iniciativas o actividades que tienen lugar en el país, generalmente organizadas por la propia oficina: coloquios con eurodiputados, seminarios, o incluso ciclos de cine.

P. Resulta curioso para los que estamos acostumbrados a otro tipo de comunicación de las instituciones  públicas, de perfil, por así decirlo, más “propagandístico”, centrado en la labor del partido que gobierna, pero, tanto la página web del PE como sus cuentas en redes sociales ofrecen información de la labor de todos los grupos representados en la Eurocámara, ofreciendo una perspectiva mucho más plural del debate político ¿estás de acuerdo?

R. Totalmente; de hecho, es uno de nuestros principios rectores. Somos la página web de la institución, y las redes sociales de la institución, y llevamos por bandera la neutralidad política. Informamos sobre la labor del Parlamento Europeo en su conjunto, de la importancia de que tienen las decisiones que se toman, independientemente de que el ponente de un tema concreto sea de un grupo político o de otro.

P. El PE ha sido pionero entre las Instituciones europeas en su presencia en redes sociales, especialmente desde la campaña de las elecciones europeas de 2009 ¿Nos harías un balance de lo logrado desde entonces?

R. Efectivamente, estamos en redes sociales desde poco antes de las elecciones europeas de junio de 2009. Fuimos la primera institución europea en “lanzarnos a la aventura”, y el balance no podría ser más positivo. Empezando por Facebook, buque insignia de nuestra presencia en redes sociales, donde nos siguen casi 300.000 personas. Y más que de la cifra, estamos orgullosos de la participación en cada uno de los post que colgamos, que tienen una media de 300 interacciones (comentarios, “me gusta” y veces que se comparte).

Hace poco batimos todos los récords con un post sobre Croacia, que tuvo 160.000 interacciones (1.100 “me gusta”, 300 comentarios y 300 veces compartido). La evolución tanto del número de seguidores como de su implicación en los debates es constante, y estamos encantados de actuar como punto de encuentro para un debate genuinamente europeo, en el que se implican personas de distintas nacionalidades sobre asuntos relacionados con el Parlamento Europeo.

En cuanto a Twitter, tenemos alrededor de 35.000 seguidores entre las 22 cuentas -en 22 idiomas- de la institución. En algunos países esta red social no es muy utilizada, pero el incremento del número de seguidores es constante en todos los casos. Desde mi experiencia con el perfil en español, Europarl_ES, destacaría el interés por la actividad del Parlamento Europeo que demuestran quienes nos siguen en Twitter, que hacen frecuentes “retweets” de nuestros posts y nos envían preguntas, dudas y comentarios.

B. QUÍLEZ: <<Nuestros principios fundamentales en Internet son la imparcialidad y la transparencia>>

Antes hablaba de la imparcialidad como uno de nuestros principios fundamentales; sin duda alguna, otro es la transparencia, y las redes sociales desempeñan un papel fundamental en este sentido. Estamos orgullosos de haber sido los pioneros en redes sociales entre las instituciones europeas.

P. Los eurodiputados usan cada vez más y mejor las redes sociales. El propio presidente Buzek ha destacado por su actividad en redes como Twitter y Facebook. ¿Qué hace el Parlamento Europeo para animar a sus miembros a estar en Internet? ¿Los orientáis de alguna forma para que tengan más éxito en la Red?

R. Es cierto que son cada vez más activos en redes sociales; y que el expresidente, Jerzy Buzek, mantuvo una importante actividad en Twitter y Facebook, y parece que el Presidente Martin Schulz también apuesta por ello. Pero la gestión de sus cuentas y perfiles la realizan sus equipos personales, nosotros no participamos.

De todas formas, en alguna ocasión sí hemos organizado una sesión informativa y de orientación para los asistentes de los eurodiputados, incluso para los propios eurodiputados, pero la verdad es que nuestro trabajo se centra más en el recorrido en sentido contrario, facilitando al ciudadano el acceso a sus representantes políticos. Desde la propia página web, donde hay un perfil de cada eurodiputado con sus datos de contacto en el Parlamento Europeo, su página web o, en muchos casos, su dirección de e-mail, hasta Facebook, donde hemos desarrollado una pestaña en la que se indica qué eurodiputados están en Facebook y en Twitter.

P. En diciembre de 2010, periodistas y bloggers “europeos” pudimos disfrutar de una excelente ponencia suya, en un encuentro organizado en Córdoba por la Oficina del Parlamento Europeo en España. Nos contó entonces que Instituciones como la Eurocámara se habían lanzado a las redes sociales “sin miedo a equivocarse ni a perder el control”. ¿Qué consejo daría a una Institución pública, de cualquier nivel territorial, que quiera mejorar su presencia online a través de las redes sociales?

R. Les diría que adapten el mensaje y el tono al medio, y que integren la gestión de sus perfiles en su rutina habitual de trabajo. Que no tengan miedo a innovar; los usuarios suelen agradecerlo. Y que no basta con estar en las redes sociales: hay que mantener y cuidar esa presencia, estar a la escucha y no limitarse a lanzar mensajes con fines propagandísticos o de difusión de información.

B. QUÍLEZ: <<No basta con estar en las redes sociales: hay que mantener y cuidar esa presencia, estar a la escucha>>

Las redes sociales son un camino de doble dirección, requieren trabajo y atención; si alguien no puede, o no quiere, dedicar tiempo y recursos (sobre todo recursos humanos) a ellas, yo le recomendaría que mejor no se lance a la aventura, o puede incluso obtener el efecto contrario al que buscaba. Pero si por el contrario, cuida su presencia, la experiencia puede ser muy positiva y gratificante.

Un lema no escrito del equipo de internet del Parlamento Europeo es que “más vale pedir perdón que pedir permiso”. Evidentemente, es más una declaración de intenciones que nuestra forma real de actuar, pero simboliza la actitud de dinamismo, constante actualización y búsqueda de nuevas vías de interacción que caracteriza nuestra forma de entender la comunicación a través de internet.

Bárbara Quílez 

(Madrid, 1980). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Responsable de la Web en español del Parlamento Europeo y coordinadora de las cuentas de Twitter que la Eurocámara posee en 22 idiomas. Ha participado en diversas campañas de información del Parlamento Europeo en Internet, tales como la desarrollada en la campaña electoral de las elecciones europeas de 2009, así como la estrategia de difusión en las redes sociales.

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La revolución iraní. Una retrospectiva histórica en su 33 aniversario

1 febrero 2012

Allá por los años cincuenta, el mundo árabe musulmán, que luchaba entonces por su independencia de Occidente, era el escenario de un combate paralelo y de tinte ideológico y político entre nacionalismo e islamismo. En esta pugna, varios acontecimientos actuaron de catalizadores en la toma de posiciones del islamismo, que fue paralela al declive de un nacionalismo árabe que había sido impulsado por la Revolución nasserista desde El Cairo, hasta Siria, Iraq y Yemen.

A finales de la década de los cincuenta, el proyecto panarabista de Nasser alcanza la cima con la integración de Egipto, Siria y Yemen en la República Árabe Unida. Sin embargo, el colapso del nacionalismo laico impulsado por Nasser recibiría la estocada definitiva en 1967: la Naksa (la derrota árabe contra Israel en la Guerra de los Seis Días) marcaría el principio del ya inevitable declive del nasserismo en Egipto. En 1970, la muerte de Nasser significaría también la desaparición de su régimen. Con Sadat al frente del país, la entrada de Egipto en la órbita estadounidense señalaba, como recuerda el analista político Sami Naïr, “de hecho, el fin del nacionalismo árabe” .

Países como Siria (con el-Assad), Iraq (con Hussein) y Libia (con el-Gadafi) aparecían como los portadores del legado nasserista, pero convertidas en severas dictaduras y, a razón del proselitismo saudí que inundaba la región de wahhabismo gracias a sus petrodólares, rodeadas de un “universo árabe islamizado”. Fue precisamente la estrategia de utilización del Islam por parte de Estados Unidos (apoyado por su aliado Saudita) contra el nacionalismo árabe laico, tildado de “socialista” (el punto culminante de esta estrategia fue la yihad promovida en Afganistán), lo que determinó en buena medida el auge del Islam político en la toda la zona, en perjuicio del movimiento nacionalista de inspiración europea en su modelo de Estado-nación .

Pero un tercer factor influiría de manera determinante en lo que Sahinler, teórico del denominado kemalismo, describe como “la acentuación de la reislamización de las instituciones republicanas a partir de 1982” . Sahinler se refiere al caso concreto del auge del Islam político en Turquía, pero de forma explícita a un acontecimiento que sacudió todo el mundo árabe musulmán y que conmocionó a Occidente: la Revolución islámica de Irán .

Esta revolución religiosa, liderada por el ayatolá Jomeini en 1979, es un símbolo de la decadencia del nacionalismo laico que, a través también de la revolución, buscaba la modernización de la política y de la sociedad, intentando compatibilizar valores religiosos con Estado nacional . Es el síntoma de que algo había cambiado en las sociedades árabes y musulmanas: el Islam triunfaba en “la calle” en Irán, y lo haría en muchas otras calles de países del Magreb (a excepción de Túnez) durante los años ochenta y noventa.

La Revolución iraní cambió también radicalmente la ideología del islamismo político, que adoptó una postura antiimperialista y antiestadounidense . Jomeini denunciaba la “arrogancia” del mayor enemigo del Islam: los Estados Unidos o, en palabras del imán, el “Gran Satán”.

Por estas fechas, hace ahora 33 años, Jomeini lideraba un movimiento de tal fuerza que autores como Michel Foucault describieron como “el espíritu de un mundo sin espíritu”. Un movimiento que nacía en calle, se revelaba contra occidente y sus títeres, pero, sobre todo, tenía sus raíces y su capacidad de influencia allí donde hubiera exclusión social y “deseo de revancha” en un mundo donde la modernidad pasó de largo.

El Sha: tirano, reformista y vasallo de Occidente.

En 1921, el oficial de cosacos Reza Jan se hacía con el poder tras un golpe de Estado, ganándose la legitimidad patriótica al posicionarse contra la injerencia extranjera (británica y rusa) y el apoyo del clero iraní tras optar por proclamarse Emperador bajo el nombre de Reza Sha Pahleví y desestimar la opción republicana que se venía imponiendo en la Turquía kemalista.

A pesar de todo, Reza Jan puso en marcha, a partir de 1921, una política claramente laicista con la reforma de la enseñanza, que fue retirada al clero, al igual que la justicia penal y civil, con la modernización de los códigos jurídicos, a partir de 1924, siguiendo el modelo francés. El Sha impuso el control de los bienes y celebraciones religiosas, estas últimas reglamentadas de forma rigurosa.

La occidentalización se aplicó también a la vestimenta, adoptándose la indumentaria occidental desde 1928 e imponiéndose, incluso, yendo aún más lejos que Atatürk con la introducción del sombrero occidental, un sombrero nacional, el kulah pahlavi. Tras la proclamación de la República en Turquía en 1923, Reza lanzó una campaña republicana con la aprobación de una serie de leyes laicas en 1924 que, sin embargo, se encontraron con la oposición del cuerpo religioso y del pueblo, que identificaban republicanismo con antirreligiosidad, por lo que el proyecto acabó siendo abandonado por el Sha. En cualquier caso, como afirma Zorgbibe, la reforma laica en Irán se diferenciaba del kemalismo en una cuestión fundamental: “no se trataba de separar oficialmente la religión del Estado, sino de subordinar el aparato religioso al Estado” .

La política de laicidad y subordinación del clero al Estado es continuada por el hijo de Reza Jan, Mohamed Reza quien, sin embargo, no disfrutaría de la legitimidad patriótica de la que gozaba su padre, al haber sido aupado al poder en 1941 por las potencias extranjeras, y devuelto al trono por éstas en 1953 tras el interludio Mosaddeq . La legitimidad religiosa la había perdido su padre con su política laica, y el nuevo Sha continuó su lucha contra el poder del clero iraní, insistiendo en separar la religión de los asuntos políticos, pero utilizándola, a su vez, para mantener la estabilidad social . Esta estrategia resultaría, al cabo, equivocada: el Sha subestimaría el poder de influencia de los religiosos chiítas y su capacidad de movilizar al pueblo en su contra.

La inmensa autoridad del monarca se asentaría en un potente y represivo aparato militar y policial. El Ejército iraní, gracias al apoyo norteamericano, contaba con armamento de última tecnología , y la policía secreta, la temible SAVAK, conocida por sus métodos de tortura, era instruida por la propia CIA . El Sha impuso así en el país una “tiranía terrorista” que aplacaba cualquier resistencia, a la vez que se erigía en el gendarme petrolero y vasallo de los intereses de Occidente en la región del Golfo: el control del petróleo de Irán, cuyas reservas son las segundas más importantes de Oriente Medio, estaba en manos de las multinacionales británicas y estadounidenses, mientras se armaba al régimen del Sha para asegurar su control estricto en el interior del país y para convertirle en un bastión de Occidente en la región en plena Guerra Fría . Pero el monarca sobreestimaría su propio poder y no tendría en cuenta el descontento de un clero y un pueblo llano que no veía con buenos ojos la sumisión a las potencias extranjeras y que se rebelaría contra el aparato represivo del Estado.

A partir de 1963, el Sha pone en marcha la llamada “Revolución blanca” una serie de reformas liberales en el terreno de la agricultura, de la educación , del derecho laboral y de la participación política de la mujer. Se trataba de un ambicioso plan para industrializar y modernizar el país que introdujo, sin embargo, profundos desequilibrios sociales y enfrentó al Sha con las fuerzas tradicionales del país. La reforma agraria, destinada en principio a mejorar las condiciones de los campesinos con la redistribución de las tierras, se encontró con la oposición de los influyentes propietarios y del clero, contrarios a las expropiaciones. A su vez, la reforma va abandonando sus objetivos sociales originales para buscar la productividad y el beneficio económico: la ley de 1968 permite expropiar a los campesinos para crear grandes explotaciones de tipo agro-industrial .

Al final, la modernización frenética choca con las contradicciones económicas, sociales y culturales: la insatisfacción económica y social enraíza en un reparto de riqueza desigual (que favorecía a las clases dominantes y a los magnates de las grandes empresas occidentales), en una corrupción e inflación rampantes y en una situación explosiva de hacinamiento en las ciudades debido a las migraciones rurales masivas ; por su parte, la “frustración cultural” venía de un “modelo de civilización importado” y de la imposición de unas costumbres occidentales que nada tenían que ver con la población iraní: el régimen del Sha, supuso, para Irán, “la negación y el rechazo de lo que había de más grande en su pasado islámico” .

Una modernización demasiado rápida, una laicidad impuesta y un sistema corrupto, represivo y vasallo de los intereses de las potencias extranjeras fueron el caldo de cultivo del movimiento revolucionario que se desarrollaría a partir de 1978 y que acabaría destronando al Sha. Como resume el pensamiento de Menter Sahinler, “la occidentalización en Irán se identificó con un régimen dictatorial en beneficio de sus minorías privilegiadas y sometido a los intereses norteamericanos”. La legitimidad militar y el apoyo extranjero del que disfrutaba el Sha no fueron suficientes para aplacar a todas las fuerzas descontentas con su política, desde los sectores laicos y de izquierdas hasta el poderoso clero.

Una revolución chiíta: el poder de los ulemas y la promesa del “imán oculto”

La instauración de la República Islámica en Irán en 1979 fue en gran medida posible gracias a la peculiar organización y jerarquización del clero chiíta en el país desde hacía varios siglos. En el chiísmo (rito mayoritario en Irán) los ulemas o doctores de la Ley divina gozan de una gran independencia (sobre todo financiera) con respecto a la autoridad política, a diferencia del Islam suní (que prevalece en el resto del mundo musulmán) en el que las jerarquías religiosas están generalmente subordinadas al poder político. En Irán, el clero no sólo estaba situado fuera del poder, sino que se erigía en un auténtico contra-poder. En este sentido, como señala Halliday, “el chiísmo no implicaba tanto una abstención del mundo y de la política como un compromiso contestatario con éstos” .

El cuerpo chiíta, con sus decenas de miles de miembros y sus numerosas mezquitas repartidas a través de todo el país, suponía una increíble “red en profundidad”, que se convertía en un “arma terrible contra cualquier poder”. Curiosamente, fue el propio Estado iraní el que contribuyó a crearlo: tanto Safaríes como Qayaríes legitimaron el derecho de “inspección” (e incluso de control) de los teólogos sobre el Gobierno y la Administración . El clero chiíta se fue haciendo cada vez más poderoso, y las limitaciones impuestas por Reza Jan y Mohamed Reza a sus privilegios no consiguieron aplacar su popularidad e influencia política.

En el desarrollo del movimiento revolucionario contra el Sha jugarían un papel primordial las prédicas lanzadas en las mezquitas. La jerarquía religiosa (ayatollahs, hodjatoleslams o simples mullahs) se legitimaban ante el pueblo en su denuncia del corrupto y represivo sistema monárquico y de su sometimiento a las potencias extranjeras. En el marco de estas “prédicas morales” se logró organizar un movimiento político de masas con una retórica dominada por la dialéctica del “mártir” (todos aquellos que habían sufrido la represión del Sha, entre ellos el exiliado Jomeini) y en el marco de un Islam militante: religión y política se fundían en la lucha contra el tirano y sus “amigos” extranjeros.

La clave del éxito del Jomeini, como recuerda Daniela Merlo, fue rescatar las ideas de islamistas modernos de tendencias izquierdistas y marxistas como Alí Shari’ati y reinterpretarlas bajo el punto de vista del Islam Chiíta: el objetivo era utilizarlas contra el poder establecido, convirtiéndolas en revolucionarias. Fue así como el ayatolá, con una ideología islamista de lo más ortodoxa, consiguió atraerse el favor de los jóvenes militantes de clase media. La revolución alió a los distintos estratos sociales, desde los intelectuales islamistas hasta las juventudes pobres, pasando por la burguesía .

Pero lo que quizá resultó más sorprendente fue la alianza informal entre elementos religiosos y laicos. Entre los oponentes al Sha había liberales, intelectuales occidentalizados, militantes del partido comunista Toudeh, grupos izquierdistas que recurrían a la guerrilla urbana, clérigos chiítas o grupos armados islámicos . Sin embargo, conforme se fue desarrollando el movimiento de oposición, el clero irá tomando cada vez más protagonismo. Más adelante, una vez consolidada la República Islámica, los sectores de izquierda fueron aplacados y apartados del poder. La izquierda islámica fue “literalmente aniquilada”: se persiguió a los comunistas, se prohibieron las huelgas, y la “muerte física” de los miles jóvenes que nutrieron los frentes de guerra contra Iraq a partir de 1980 se tradujo en la “muerte simbólica” de todos aquellos segmentos sociales que “no convenían” en aquel estricto régimen islámico.

La habilidad de Jomeini, en primer lugar para aliar a clases sociales e ideologías tan dispares para una revolución islámica, se manifestó después a la hora de instaurar un Gobierno islámico legítimo antes de que se cumpliera la promesa de la parusía: el retorno del “imán oculto”.

La tradición del “imanato” chiíta remite a la problemática del ideal de sociedad islámica que defiende este rito islámico. En su origen, el chiísmo reunía a los seguidores de Alí, primo y yerno del Profeta, y que gobernó en calidad de califa entre 656 y 661. Estos cincos años representan para el chiísmo el Gobierno perfecto. En adelante, los chiítas permanecieron fieles a los descendientes de Alí, ya que la comunidad islámica supranacional sólo puede ser dirigida por “gente de la Casa del Profeta”. Aquí radica la separación del rito chií y el suní: la elección del “sucesor de Mahoma”, aunque también se oponen en lo referente a la naturaleza de su función, ya que para los chiítas, el imán (los descendientes del Profeta) no sólo es “sucesor” en calidad de autoridad política, sino también como guía y juez religioso .

El paradigma de la concepción chiíta del poder viene dado desde el momento en que el duodécimo imán desaparece el día que muere su padre, el 24 de julio del 874, cuando tenía cinco años de edad. A partir de ese momento comienza el periodo de ocultamiento, que durará hasta que el Mahdi, el “imán escondido”, retorne para instaurar el Gobierno perfecto, el ideal de sociedad islámica.

En virtud de esta promesa, los chiítas consideran que ningún régimen político es plenamente legítimo hasta el advenimiento del Mahdi. La cuestión esencial que se plantea, por tanto, es por quién y cómo será dirigida la comunidad islámica antes del retorno del duodécimo imán. La teoría de Jomeini del hokumat-i islami (Gobierno Islámico) resuelve, según Halliday, de una manera innovadora el “problema de cómo los musulmanes sinceros pueden influir en la política en ausencia del imán”. Esta teoría, canalizada a través de la idea de la vicerregencia de la autoridad legal (velayat-i faqih) situaba Jomeini como “interprete legal”, legitimado para ejercer como autoridad religiosa y para establecer un Gobierno islámico, todo ello por medio de una autoridad derivada de Dios .

“Bajo el punto de vista religioso, estoy habilitado para hacer lo que hago” . En realidad, esta solución “divina” que Jomeini acogió para investirse en guía espiritual y juez de la Ley religiosa no era más que un recurso que perseguía un propósito mucho más material y mundano: “cómo adquirir y mantener el poder político”. Se justificaba así el poder absoluto del clero, lo que suponía, como señala Zorgbibe, una concepción “hiperactivista” del papel de los doctores de la Ley divina en la vida política: el teólogo aplica las leyes, administra las penas y castigos, vigila las fronteras, etc., convirtiéndose en el “magistrado supremo del Gobierno” .

El poseedor de la legitimidad religiosa (el “representante visible” del Mahdi), Jomeini, se convierte en el Líder Supremo de la nación: es el jefe de las Fuerzas Armadas; controla el poder legislativo a través del “Consejo Guardián”, constituido por teólogos que él nombra, y que tiene poder de veto sobre las decisiones adoptadas en el Parlamento; por último, también ratifica el nombramiento del Presidente de la República.

La República Islámica iraní está así dominada por la tradición chiíta de un cuerpo religioso jerarquizado y por la inducción a personalizar el poder bajo la promesa del “imanato”. El Líder Supremo es el “guía infalible” de un régimen dominado por una teocracia clerical que, como depositaria del “sentido oculto” del mensaje del Corán, es la encargada de preparar la parusía del “imán escondido”, amparando así el activismo en el campo político .

En Irán se dio el ejemplo más claro de “re-islamización desde el poder” a causa de las peculiares características del dogma chiíta, de la estructuración de su clero y como resultado del esfuerzo interpretativo (iÿtihâd) de Jomeini por adaptar los principios del Islam a la sociedad moderna (creó el Parlamento islámico o Majlis), pero dando primacía al clero, y utilizando sus estructuras jerárquicas en el diseño del Estado. El resultado fue un modelo teocrático desconocido hasta entonces en la propia tradición islámica .

Como resalta Seyyed az-Zahirí, Jomeini fue un “modernista musulmán” al combinar ideas tradicionales de los movimientos de renovación surgidos en el Islam desde el siglo XIX: el citado iÿtihâd y la shura (consulta mutua o forma islámica de democracia). El problema, según el autor, fue el modo en que se recuperaron tales principios. Los doctores de Ley, como garantes de la correcta aplicación de la sharia, se situaban por encima de las decisiones colectivas: se trata de la figura la “tutela de los juristas” (fiqh e-velat) o también llamada velayat-i faqih. En virtud de esta “tutela”, todo musulmán debe “seguir la línea del imán” y hacer taqlid (imitación) del “guía autorizado”: “¿quién puede discutir con los juristas, herederos de la profecía?” .

Una revolución contra Occidente: la ruptura entre Islam y modernidad

Durante las jornadas revolucionarias que tuvieron lugar en Irán desde 1978, y hasta la proclamación de la República Islámica el 12 de febrero de 1979, en las calles de ciudades como Tabriz, Qom y, más tarde, en Teherán, la consigna de decenas de miles de manifestantes no era otra que la de Marg bar liberalizm (“muerte al liberalismo”). La Revolución islámica se dirigía no sólo contra un régimen despótico, el del Sha, o contra las desigualdades sociales o económicas, sino, y principalmente, contra una civilización, la de Occidente, y todas sus “etiquetas”, llámese modernidad, liberalismo, progreso, democracia o libre mercado.

Como subraya Garaudy, una de las principales fuentes de integrismo islámico es la “decadencia moral de Occidente”. El modelo occidental capitalista, basado en el egoísmo y en la competencia salvaje, ha acabado atrofiando la dimensión trascendente del Hombre, reduciéndolo a productor y consumidor, e impulsado sólo por el interés. La descomposición de este Occidente que se rige únicamente por las leyes de la economía de mercado y que obvia los fines propiamente humanos, brinda, según el autor, el pretexto “para rechazar en bloque todo lo que no está en el pasado”, para recuperar así el “rumbo espiritual” del Hombre .

Para analistas como Halliday, la excepcionalidad de la Revolución que tuvo lugar en Irán viene dada, principalmente, por su naturaleza teocrática y fundamentalista, en clara ruptura con el concepto de modernidad. No sólo estaba encabezada por líderes religiosos que defendían el retorno a un modelo de Gobierno que databa del siglo VII, sino que rechazaba abiertamente muchos de los logros conseguidos por todas las revoluciones acaecidas desde la francesa de 1789: se posicionaba contra el desarrollo material (Jomeini consideraba la economía una preocupación de burros); negaba la soberanía del pueblo (ésta procedía de Alá) y rechazaba cualquier legitimación anterior por corrupta, decadente e ignorante (había que renunciar a cualquier idea surgida después la palabra del Profeta y sus sucesores inmediatos) .

El carácter antioccidental (y antiamericano) de la Revolución iraní se comprobó con los ataques a los símbolos del modo de vida extranjero instaurados en el país por el Sha: fueron quemados los cines americanos, los bancos, hoteles y clubes nocturnos occidentales, incluso las botellas de whisky fueron destrozadas. Más adelante, ya con la República islámica consolidada, la toma de rehenes en la embajada estadounidense de Teherán, el 4 de noviembre de 1979, por un grupo de estudiantes fundamentalistas, ha sido interpretado como un episodio significativo del llamado “resurgir del Islam”, que se inscribe en el contexto de la Revolución jomeinista: aquellos estudiantes estaban levantando un nuevo muro, pero esta vez entre Oriente y un Occidente opresor e imperialista.

A pesar de todo, como suscribe Bartolomé, no fue hasta un decenio más tarde cuando Occidente comenzó a interpretar los sucesos de Irán y el establecimiento del régimen teocrático chiíta en concepto de amenaza para sus intereses. A partir de finales de los ochenta, el potencial expansivo del modelo fundamentalista iraní se dejó ver en Sudán (adoptó el modelo teocrático en 1989) y Argelia (ascenso del FIS en la política nacional), y las acciones terroristas de carácter islámico comenzaron a proliferar en la década de los noventa. El auge del fundamentalismo islámico comenzó con el elemento catalizador de la Revolución iraní, presentándose como un movimiento capaz de actuar sobre la situación internacional de forma mayor a lo que lo hicieron otros sucesos revolucionarios como los de Francia y Rusia.

La aparición del fenómeno del terrorismo global de inspiración islámica (y de su declarada yihad a Occidente) demuestra la interpretación del “resurgir del Islam” en el contexto de amenaza para los intereses y modo de vida occidentales.

Por último, cabe comentar otro de los rasgos significativos del movimiento islámico chiíta: su originalidad en cuanto los actores y los medios empleados. Para Holliday, la “paradoja” de la Revolución iraní es que era a la vez la más tradicional (defendía un Estado regido por la ortodoxia religiosa) y la más moderna de las revoluciones sociales. En efecto, no tuvo lugar entre el campesinado sino entre las clases medias y pobres de las ciudades y, además, consiguió sus objetivos principalmente a través de medios políticos como la protesta o la huelga masiva, y no, en general, a través de la violencia.

La República Islámica de Jomeini nació bajo la aureola de la no violencia y de la victoria de la “fuerza espiritual” sobre el poderío militar de un Ejército que fue vencido en última instancia sin disparos, tan sólo bajo el grito de Alla-hou akbar! (¡Dios es más grande!). Una fuerza moral permitió derrocar un régimen dictatorial bajo la promesa de de un proyecto social y político de fines más humanos y menos materiales.

En este sentido, merece la pena rescatar la visión del filósofo francés Michel Foucault, que visitó Irán en 1978 (cuando el movimiento revolucionario contra el Sha estaba en toda su plenitud) para escribir una serie de artículos para el periódico Corriere della Sera. Foucault quedó deslumbrado por aquella revolución a la que calificó como “el espíritu de un mundo sin espíritu” .

A Foucault le sorprendió la fuerza de aquella “espiritualidad política” (con raíces del Islam chiíta) que llevó a gentes desarmadas a enfrentarse a un régimen tiránico, corrupto y vendido a Occidente. Para el filósofo, siempre crítico con la cultura occidental, aquella fue una revuelta contra el “sistema planetario”; contra la “hegemonía global” y contra la homogenización y el desarraigo de los pueblos por la apisonadora del mercado. El objetivo final era una “transfiguración del mundo” .

Sin embargo, las expectativas no se cumplieron. Al cabo, se impusieron las formas más retrógradas y arcaicas del Islam, derivando en un integrismo aún mayor que el que le precedió.

¿Las causas de esta degradación? Para Garaudy fueron dos factores históricos: la tradición del “imanato” chiíta, con su tendencia a personalizar el poder, y la guerra contra Iraq, en la que Occidente y gran parte del mundo árabe se alió contra la Revolución iraní. El “estado de sitio” al que fue sometido Irán condujo al país “al endurecimiento y al terror” .

Para Az-Zahirí, la presencia del colonialismo (en todas sus formas) y su “expolio” de la región de Oriente Medio condujo a Jomeini a imponer la necesidad de crear un “Estado islámico fuerte” que impidiera cualquier ingerencia extranjera y las consecuencias que ésta traía: guerras, manipulación y desarticulación del Islam como modo de vida integral. Sin embargo, ese Estado islámico se convirtió en una fortaleza que derivó en la creación de una “burocracia islámica” caracterizada por la complejidad de las leyes, un código de familia sexista, una violenta represión sexual o por la creación de instituciones como la “policía moral” .

Con todo, Garaudy subraya que el integrismo y las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen de los ayatolás (caso de las amputaciones de miembros) eran ferozmente denunciadas por los medios occidentales, mientras que sobre el fundamentalismo saudita (que utilizaba métodos calcados, e incluso más atroces y de forma ininterrumpida) se imponía el silencio. He aquí las políticas de doble rasero de Occidente: Arabia era un aliado petrolero, mientras que el régimen islámico iraní se había declarado antioccidentalista y, sobre todo, antinorteamericano.

Religión y realpolitik

A través de los conceptos de “Gobierno islámico” y de “tutela de los juristas”, Jomeini consiguió legalizar el absoluto poder del clero sobre el Estado iraní. Se trataba de algo más que una “solución puramente teológica”: Jomeini estaba legitimando religiosamente su poder político . El recurso de la religión permitía así la interprete legal de Dios, al heredero de la profecía del “imanato”, ostentar un control absoluto sobre el país, como Autoridad Suprema en el ámbito religioso y político.

La política exterior iraní estaba, a su vez, embriagada de “recursos teológicos”. Su concepción diplomática no era otra que “la expansión de la soberanía divina en el mundo” (Preámbulo de la Constitución). Sin ir más lejos, varias voces dentro del régimen clamaban en 1979 por la abolición de Ministerio de Asuntos Exteriores y su sustitución por un Ministerio de la Comunidad Islámica, con lo que los diplomáticos serían reemplazados por delegados que se encargarían de predicar el mensaje de Mahoma .

Sin embargo, en la ideología del régimen se escondían preocupaciones más “materiales y mundanas” relacionadas con el mero hecho de alcanzar y mantener el poder. Basta simplemente con echar un vistazo a la terminología utilizada por Jomeini para darnos cuenta de que había más pragmática que Corán en su política. Como bien ha recogido Halliday, conceptos centrales del pensamiento del ayatolá como los de mustakbarin y mustazafin (los arrogantes y los débiles) hacen referencia a la oposición pueblo-élite y son recurrentes en otros populismos del Tercer Mundo. Jomeini se refería al imperialismo con el término istikbar-i jahani (la arrogancia del mundo), que igualmente remite a ideologías tercermundistas.

Del mismo modo, cuando comenzó el conflicto bélico contra Iraq en 1980, Jomeini dejó clara la primacía de la realpolitik –política pragmática- sobre la perspectiva teocrática al invocar el concepto de “patria” contra el invasor. Meses antes de su muerte, el ayatolá introdujo una última idea en torno al comportamiento político: la primacía del maslahat (interés). Según el autor, “no se ha podido dar una enunciación más clara del principio implícitamente secular de la ‘raison d’état’” .

Como recuerda Bartolomé, la política exterior iraní canalizaba todos los recursos del Estado en un doble sentido: el respaldo a “procesos de islamización” en el mundo musulmán y la defensa del Islam frente a los agresores externos o enemigos del mensaje coránico (en especial Israel y Estados Unidos), todo ello en el marco de la yihad y contemplando el recurso a la violencia para tales fines .

El apoyo de Teherán a la organización terrorista libanesa Hezbolá no sólo es un claro ejemplo de la política de oposición a Israel, sino también de la yuxtaposición de los objetivos religiosos y políticos del régimen persa. La historia del nacimiento de Hezbolá se remonta a 1982 cuando, durante el transcurso de la guerra civil libanesa, Israel invadió Líbano para acabar con la resistencia palestina asentada en el Sur del país. La ocupación israelita se prolongaba, y Estados Unidos envió fuerzas de paz a Beirut para tratar de formar un nuevo Gobierno. Parte de la comunidad chiíta del país rechazó la colaboración del movimiento Amal con el régimen respaldado por las potencias extranjeras, y Siria e Irán alentaron la distensión.

Como señala Daniel Byman, Irán tenía como objetivo “exportar su revolución islámica a Líbano” y, al mismo tiempo, usar a los chiítas disidentes “como fuerza subordinada contra Israel”. Así, Damasco y Teherán organizaron, armaron y adiestraron a varios grupos chiítas en un movimiento que acabó conociéndose como Hezbolá, el “partido de Dios” .

Irán brindó a Hezbolá guía ideológica, pues, de hecho, el objetivo a largo plazo del grupo es instaurar un régimen teocrático en Líbano. Uno de sus líderes, Sobhi Tufaili, llegó a afirmar que “nuestra relación con la Revolución islámica es la propia de aprendices a maestros, de un soldado a su comandante”. La retórica de la organización está plagada, además, de términos típicamente jomeinistas como el “Gran Satán” (Estados Unidos) y de toda la prédica de los supuestos peligros del imperialismo de Occidente y de su degeneración cultural; todo ello sin olvidar la radical propaganda contra Israel y los judíos .

Sin embargo, los intereses políticos son también palpables. Para empezar, Hezbolá atenta contra intereses israelitas en el territorio libanés; una violencia que, al cabo, sirve a los intereses de la política exterior de Irán y Siria. Como afirma Byman, para ambos países, “utilizar a Hezbollah como fuerza de sustitución les permite golpear a Israel y otros objetivos sin los riesgos de una confrontación directa”. Además, prosigue el autor, esta influencia también se extiende a las actividades de la organización en el extranjero, y prueba de ello es que Teherán ha utilizado a Hezbolá para asesinar a disidentes del régimen en el exilio . En definitiva, Hezbolá sirve a los intereses de Irán en el extranjero, al tiempo que el régimen persa puede alegar que no está involucrado directamente en actividades terroristas .

Además de Israel, el otro enemigo de la Revolución islámica era Estados Unidos, calificado por Jomeini, además de como el “Gran Satán”, como la “arrogancia” imperialista. En su testamento político y religioso, el ayatolá definió a los norteamericanos como “salvajes a quienes no les tiembla la mano al cometer crímenes y acciones pérfidas para lograr su perversos y criminales objetivos”. Según Jomeini, Estados Unidos había causado a los musulmanes un daño sólo comparable al de su aliado sionista .

No obstante, si bien la retórica antinorteamericana de Jomeini se basa aparentemente en el sustento religioso, no dejan de atisbarse también elementos de “política pragmática”. De hecho, como subraya Halliday, la jerarquía clerical chiíta ha hecho en muchas ocasiones “demagogia respecto a las amenazas y conspiraciones extranjeras”. Así, acciones como el secuestro de la embajada norteamericana en 1979 o la condena muerte a Salman Rushdie en 1989 por su ofensa al Islam en Los versos satánicos, deben ser vistas desde la “lógica política”, es decir, como “actos calculados” para lograr apoyos . Otros autores como Gilles Kepel coinciden en afirmar que la fatwa emitida por Jomeini contra el escritor no buscaba sino revitalizar el deteriorado liderazgo de Irán en el mundo musulmán tras casi una década de guerra contra Iraq .

Esta observancia del discurso jomeinista desde el juicio político es aplicable a su antiamericanismo, y fue descrito a la perfección por el líder religioso sudanés Hassan Abdallah al Turabi, que acusó al Guía de la Revolución de atacar a Estados Unidos para disimular así su falta de ideas en el campo político y social . Se trata, en opinión de Barry Rubin, de una actitud muy extendida entre los dirigentes del mundo árabe: “atribuir la responsabilidad de sus propias faltas a Washington”, utilizándole “como justificación de la opresión política y social y del estancamiento económico” .

“El espíritu de un mundo sin espíritu”

Como recuerda Naïr, la Revolucióniraní tuvo una influencia considerable, a menudo subestimada, en el mundo árabe musulmán; influencia que fue omnipresente sobre todo entre las capas populares excluidas del desarrollo. En efecto, no fueron teóricos fundamentalistas como Qutb o Mawdudi los que lograron granjearse el favor de de la masa de la población (ni tan siquiera de los ulemas), sino que no pasaban de atraer a parte de las clases medias moderadas o de la juventud radicalizada. Fue Jomeini quien atrajo a los desheredados, a las clases medias, intelectuales radicales y clérigos.

Como recuerda Ramonet, el fenómeno del “contagio” desde los polos principales del islamismo (Arabia Saudita, Irán, Sudán) hacia otros países sería posible desde el prisma de las causas locales, es decir, de las circunstancias políticas, sociales y económicas de cada país: Estados dictatoriales y corruptos; subdesarrollo económico y, por supuesto, la exclusión social. Porque el islamismo hunde sus raíces “en el deseo de revancha de los desheredados, de los rechazados y de los excluidos de una modernización chapucera”.


* Este artículo es un extracto de mi trabajo fin de carrera en la Licenciatura de Periodismo, bajo el título: Estados Unidos como heredero del imperio de Occidente en Oriente Medio. El mundo árabe frente a la Pax americana: del nacionalismo al yihadismo (2005). 


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