100.000 visitas

22 diciembre 2011

Este blog que edito desde hace aproximadamente algo más de dos años ha alcanzado esta semana la mágica cifra de 100.000 visitas. Un número que ha sido posible gracias a todos vosotros, que en algún momento durante todo ese tiempo habéis decidido deteneros uno o muchos momentos en esta bitácora que nació con una única pretensión: reivindicar la idea de “Más Europa”. Haciendo ahora memoria, me acuerdo de algunos post a los que tengo especial cariño, que generaron algo de controversia en los comentarios (el debate es lo que más enriquece cada entrada) o que encontraron difusión en otros medios.

La sección de entrevistas ha sido una de las que he intentado cuidar especialmente; cada una de ellas supone una aportación muy especial para este blog. Aunque, sin duda, el momento más feliz asociado a esta publicación fue el premio que le concedió la Comisión Europea en España en 2011 como mejor blog de actualidad europea. O que, en parte gracias al trabajo realizado en este blog (además de mi actividad política y profesional en otras redes sociales, como twitter) se me incluyera en una lista de 100 mujeres con talento digital.

He pensado que 100.000 visitas bien merecían hacer una pequeña recopilación de esos artículos que os he citado y que destacaría de forma singular de entre los 136 que se han publicado. Las temáticas, muy diversas, dentro del núcleo común de los asuntos europeos. Ahí van. Espero que os guste. Y otras 100.000 gracias a todos :)

Las relaciones UE-EEUU: “Estados Unidos y Europa ¿Sueños rotos?

Las perspectivas de futuro de la UE a principios de 2011: “Año nuevo ¿Europa nueva?

Barroso y el liderazo europeo: “¿Habemus lider?”

España en la UE: “25 años construyendo Europa

Identidad Europea: “¿Por qué no nos sentimos europeos?”

Adhesión turca: “¿Es Turquía parte de Europa?

Europa Laica: “Símbolos cristianos para una Europa laica

Dimensión Europea de la Educación: “Hacia una educación para la ciudadanía… europea

Igualdad de Género en la UE: “Gender Unbalanced Commission

Energía y cambio climático: “Energía y clima en la Europa del siglo XXI

Sobre aspectos de funcionamiento de la UE: “El principio de subsidiariedad: la evolución de una fórmula magistral

Entrevistas: “Susana del Río: Europa es un proyecto lleno de pasión

Por supuesto, un poco de ciberactivismo europeísta: “La Europa de los ciudadanos en un click

Y, como no, el post más visto del año: “Il Corpo delle Donne


Entrevista con los foreros de Territorio Magenta

19 diciembre 2011

Territorio Magenta es un foro no oficial de afiliados y simpatizantes de UPyD en el que se abordan distintos temas relacionados tanto con la situación política nacional como internacional. La UE, como no puede ser de otra forma por los difíciles momentos que está viviendo la zona Euro, viene siendo un tema recurrente dentro del foro, motivo por el cual se me ofreció responder a algunas preguntas realizadas por los participantes. Éste ha sido el resultado.

1) Si surgiese la posibilidad de que varios de los Estados que forman parte de la UE se fusionaran entre sí dando lugar a una federación* (más pequeña que la UE, pero realmente unida), ¿usted apoyaría que España formase parte de la fusión aunque pudiese suponer la salida de la UE? 

<<Si entiendo bien la pregunta, en los términos que se plantea, no lo veo una “solución” muy viable y menos al margen de la UE. Imaginad, sin ir muy lejos, una unión ibérica con España y Portugal y fuera de la UE ¿Dónde nos llevaría? Lo importante es avanzar hacia una Europa más fuerte y con más competencias, corregir los desequilibrios entre la integración económica y política y dotarnos de los mecanismos para reaccionar de forma colectiva y solidaria en momentos de crisis (sean del tipo que sean). Un primer paso es una fiscalidad común, imprescindible para hacer viable la unión monetaria, pero el horizonte, la finalidad última de la UE, solo puede ser “política” (vocación federal), de lo contrario estamos abocados al fracaso.
Añadiría que esta finalidad es no solo política, sino “socio-política” (aunque esté adelantando parte de otra respuesta), y no me refiero solo a la Europa social, que también, sino fundamentalmente a la necesidad de dotarse de legitimidad democrática y, a través o a partir de ella, construir una comunidad real de ciudadanos con capacidad, a través de sus representantes “elegidos”, de tomar decisiones.

Aunque volviendo a la pregunta (perdón por irme por las ramas), lo cierto es que me ha recordado una cuestión bastante interesante, no para descomponer la UE sino para ampliarla (a partir de la descomposición de otros Estados miembros): es lo que se ha venido a llamar “ampliación interna de la UE”. Es un viejo reclamo del nacionalismo español, especialmente del catalán: una Cataluña independiente pero que se integraría automáticamente en la UE sin necesidad de adhesión. El vacío legal sobre el tema crea controversia, pero lo cierto es que hay serias dudas de que sea posible. Escribí sobre ello hace algún tiempo en este post. ¿Qué pensáis?>>

2) ¿Apoyaría usted la eleccion directa, por el pueblo, del Presidente de la UE (que pasaria a ostentar ciertas competencias ejecutivas a nivel europeo) o preferiría un sistema parlamentario? 

<<Apostaría por un sistema parlamentario, reforzando el poder legislativo de la Eurocámara (se ha hecho en Lisboa, en parte), como única cámara legislativa y que controle al ejecutivo, la Comisión. De ese Parlamento, elegido por los ciudadanos europeos, debe salir el Gobierno de la UE.
Es verdad que en el Tratado de Lisboa se incrementaron los poderes legislativos (papel de “co-legislador”, junto con el Consejo de la UE) y de control político, democrático y presupuestario del Parlamento Europeo. Por ejemplo, la codecisión se estableció como “procedimiento legislativo ordinario” y se acordó una mayor intervención de la Eurocámara en el nombramiento de los miembros de la Comisión. En este sentido, una principal novedad que introdujo Lisboa fue establecer una relación directa entre el resultado de las elecciones europeas y la elección del candidato a la presidencia de la Comisión, algo que debía contribuir a dotar de legitimidad a esta figura al ser investido por la reelegida mayoría en la Cámara. Pero las cosas no son tan bonitas como las pintan, porque, sobre el terreno, el Parlamento no “elige” al presidente de la Comisión, sino que ratifica o no al candidato que proponen los Estados.
En definitiva, hablamos de dar un vuelco a la compleja dinámica que en la toma de decisiones se ha articulado en torno al tradicional “triángulo institucional” (PE, Comisión y Consejo) que dista mucho de la clásica división de poderes que conocemos en el marco del Estado nación, y que se ha caracterizado por el monopolio de iniciativa legislativa para la Comisión (institución tecnocrática e independiente, alejada del control de los ciudadanos) y el reparto de la autoridad legislativa y presupuestaria entre el Consejo y el Parlamento (este último marcado históricamente por una debilidad intrínseca que han ido corrigiendo sucesivos Tratados hasta convertirle en colegislador).
Hablamos de una dinámica de “equilibrio institucional” o “pesos y contrapesos” muy pero que muy compleja. Un ejemplo: en la función ejecutiva intervienen la Comisión, el Consejo y los Estados miembros (estos últimos en la ejecución de una buena parte de las políticas y normativas). Es decir, que hace trizas el cuadro típico de división de poderes estatal de Montesquieu.
En cualquier caso, ese “vuelco” hacia el régimen parlamentario tiene que venir de la mano de cuestiones como la celebración de unas verdaderas elecciones europeas (con listas transnacionales) y con partidos de dimensión transnacional que presenten programas auténticamente europeos. Por ahora, y lo vemos en España, lo que tenemos son unas europeas descafeinadas, sin dimensión europea, que son poco más que un examen a corto-medio plazo para las elecciones domésticas. No se hace mucha didáctica europea en las campañas (UPyD fue una honrosa excepción en 2009), el debate europeo escasea y, así, es difícil que los ciudadanos elijan en base a cuestiones de índole transnacional, en torno a problemas comunes o sobre la idea de Europa que quieren.
Entiendo que si los partidos europeístas no nos diferenciamos claramente en la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo con un discurso claro y el clave europea ante la ciudadanía, los euroescépticos o antieuropeos lo harán por nosotros (como ya está ocurriendo, por otro lado, en otros lugares de Europa).
Perdón otra vez por la extensión en la respuesta.>>

3) ¿Dejaría usted la capacidad legislativa europea al europarlamento en exclusiva (eliminando las otras cámaras no electas que intervienen)?

<<Creo que ya he respondido esta cuestión en la pregunta anterior. La capacidad legislativa debe ser para el Parlamento Europeo, es la única forma de ganar en legitimidad democrática. Aunque el Consejo tiene una legitimidad indirecta (políticos elegidos en sus respectivos Estados), hay dudas sobre la capacidad de control que tienen los parlamentos nacionales para con lo que estos mismos políticos acuerdan “en Bruselas”.>>

4) ¿Ve usted posible que la actual UE acabe teniendo gobierno con algun poder, o es necesario que ciertos socios (Como el reino Unido probablemente) se den de baja primero? 

<<Es cierto que la Europa de las dos velocidades cobra ahora más fuerza que nunca. Es verdad que estamos ante una UE muy diversa en cuanto a la capacidad y compromiso real de cada miembro. Lo ideal es avanzar al mismo ritmo, pero las distintas velocidades no son ninguna catástrofe. Ya se han implantado, de hecho, con la culminación de la Unión Económica y Monetaria (el Euro) o con Tratados como el de Schengen. Hay que ser realistas: UK nunca aceptará formar parte de una Europa federal.>>

5) Hola. Soy de los que cree que UPyD debe entrar a formar parte de ELDR a nivel europeo. Entiendo que para ello probablemente se pida primero que no haya nacionalistas en dicho partido europeo. El único que hay es el CDC (nuestra querida convergencia de cataluña). Es una anomalía que debemos remediar. Además, el partido español más europeísta debe activamente participar en las políticas europeas, también en el parlamento europeo. ¿Estás a favor de que UPyD entre en ELDR? ¿Crees que el partido va a intentarlo ahora que somos 4ª fuerza política? 

<<Bien, ALDE es un grupo en el que perfectamente podría encajar UPyD y es cierto que la presencia de nacionalistas frustró que Sosa pudiera entrar a formar parte. Estoy de acuerdo contigo en que estar en NI es una anomalía, para empezar porque nuestra capacidad para hacer política se ve mermada, porque la propia Eurocámara sanciona de algún modo a los eurodiputados que no son capaces de incluirse en alguna formación. En este punto, siempre se me viene a la mente una palabra que es signo distintivo de UPyD y que es aplicable a este caso concreto: la transversalidad. ALDE es un partido europeísta que apuesta por una Europa federal y sí, UPyD podría encajarse perfectamente ahí.>>

6) ¿Cuál es la posición de UPyD sobre la situación de ciertos ciudadanos comunitarios que a la hora de trabajar en un país de la Unión se les niega el permiso de trabajo? 

<<Imagino que te refieres al caso de los ciudadanos rumanos. La posición de la UPyD es muy clara al respecto, y para ejemplificarla transcribo un párrafo de nuestro programa electoral de las europeas de 2009:

“Para implementar la noción de Ciudadanía de la UE, impulsaremos la prohibición de que los Estados miembros de la UE puedan suspender, o limitar en el tiempo, derechos fundamentales de los ciudadanos de la Unión, tales como la imposición de moratorias para la libre circulación y establecimiento de trabajadores dentro de la UE, que ha dado origen a la segregación entre ciudadanos de primera y de segunda en Europa, violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE”.

En este sentido, y por profundizar un poco más en este tema, me gustaría destacar que la propia configuración de la ciudadanía de la Unión creada en Maastricht (al sujetarla a la nacionalidad de un Estado miembro) ha creado ya tres categorías de individuos en la UE: los ciudadanos, los denominados “denizers” (residentes extranjeros pero con derechos similares a los nacionales) y extranjeros. Se trata de una situación que algunos autores han calificado incluso como “apartheid” europeo.

Por tanto, es inadmisible que haya ciudadanos UE (como los rumanos) a los que se les usurpan directamente sus derechos, pero es que, además, la ciudadanía de la UE, tal y como está configurada (sujeta a la nacionalidad) crea ya de por si varias categorías de ciudadanos. Y a ello le añadimos iniciativas como la Directiva de Retorno (que UPyD rechazó frontalmente), tenemos el cóctel completo para una regresión absoluta en los Derechos Fundamentales en la UE.>>

7) ¿Cree que la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE a corto o medio plazo es real? ¿Irá aumentando el antieuropeísmo en ese país y en otros? En España era casi inexistente y últimamente se está viendo mucho en ambientes como el del 15M…

<<Antes he comentado que el antieuropeísmo se está convirtiendo en protagonista de la escena política en muchos países. Partidos que, en concreto, se diferencian ideológicamente por este hecho. En España, los partidos tradicionales (especialmente PP y PSOE) han perdido mucho tiempo y muchas oportunidades de explicar Europa y su postura sobre la UE en las campañas. Ahora el peligro es que otros lo hagan por ellos, pero en clave euroescéptica (que es muy lícito), o lo que es peor, antieuropea.Sobre el Reino Unido, las presiones sobre Cameron de los euroescépticos son fuertes y se han incrementado en los últimos tiempos. Ahora también hay que tener en cuenta que su socio de Gobierno (Clegg) es una de las figuras más europeístas del país. No todo es antieuropeísmo en el Reino Unido, ahí tenemos, sin ir más lejos, a Andrew Duff. Mejor dicho no todo es Farage, al que considero más un “eurofriki”. No veo a un Reino Unido fuera de la UE.>>

También discrepo sobre el euroescepticismo del 15M. Por ejemplo, en las manifestaciones del 15 de octubre lo que se vio (al menos es mi parecer) fue la irrupción de un movimiento ciudadano global de carácter muy solidario, europeo, que no pedía que dejáramos caer, por ejemplo a Grecia, sino que propugnaba “todos somos Grecia”. Veo aquí (con las debidas cautelas) un movimiento ciudadano europeo lleno de espontaneidad y solidaridad, repleto de valores comunes. Siempre he pensado que el liderazgo europeo pertenece a la ciudadanía.

Las crisis también pueden ser épocas de oportunidades. Y en esta crisis, lo que podemos perder nos afecta a todos. Lo que nos jugamos es nuestro futuro común. Eso es importante para construir identidad europea.>>

8 ) ¿Cree que Turquía acabará entrando en la UE? ¿Y Rusia? ¿E Israel? 

<<Creo firmemente que sí ¿Por qué no, si se cumplen las condiciones? Para empezar, los criterios demográficos son difusos, tanto como las fronteras de Europa. Prueba de ello son sus límites orientales y occidentales, que han sufrido numerosos cambios a lo largo de la historia. Al Imperio Turco, sir ir más lejos, se le calificó en su día como “el enfermo de Europa”.Luego está el tema cultural: un país de mayoría islámica y gobernado por un partido islámico. Pero la Turquía moderna se fundó sobre la laicidad y no hay que olvidar que la mayoría de su población considera la religión un asunto que pertenece estrictamente al ámbito privado.Los recelos reales, a mi entender, han venido más bien por la cuestión de los derechos humanos y el peso poblacional turco, este último en dos vertientes: poder político que ostentaría por el sistema de voto de la “doble mayoría” y temor a los flujos migratorios.

En cualquier caso, Turquía debe seguir avanzando para cumplir determinados criterios políticos en materia de democracia y Estado de Derecho, así como lo que afecta a los derechos humanos y protección de las minorías.

Lo de Israel y Rusia lo veo más lejano, y no conozco profundamente cuáles serían las opciones. De momento, tendrán que conformarse con Eurovisión.>>

9) Últimamente, con la crisis, se está hablando de mucho de los funcionarios. La huelga del 2009 en la UE demostró que era muy difícil asumir el costo de un funcionariado que crece y no disminuye. En España la mayoría de los funcionarios son nuestros médicos, policías, militares, profesores… pero la UE no tiene ese tipo de funcionarios. En Suecia, los funcionarios públicos no gozan del privilegio de tener el empleo asegurado de por vida, como si ocurre en España. Allí tienen unos contratos renovables y no ha modificado su estado del bienestar. ¿Es posible que desde la unión Europea se pueda hacer algo por “armonizar” la función pública en toda la UE? ¿Conoces el sistema Sueco? ¿Sería posible aplicarlo a España? ¿Y en la UE?

<<No conozco profundamente el sistema sueco. Los funcionarios europeos vienen sufriendo recortes en los últimos tiempos, a la par de los que hemos visto, sin ir más lejos, en España. Pero, en este sentido, entiendo también que la austeridad en el gasto debe ir de la mano de la eliminación de duplicidades que se siguen manteniendo y que suponen un coste inasumible, como es el caso de las sedes del Parlamento Europeo.En cuanto a armonizar la función pública en toda la UE no podría hacer una valoración ahora mismo por mi escaso conocimiento de esta cuestión en concreto.Siento no poder ser más explícita.>>

10) ¿Está a favor de la emisión de eurobonos antes o después de conseguir una fiscalidad común? ¿Qué sistemas de control implantaría para evitar que se presenten informes falsos o se maquillen las cuentas de los países miembros como ocurrió con Grecia durante años? 

<<Muchos países lo han visto como la única solución para generar confianza, pero no creo que sean la solución definitiva. En cualquier caso, pueden ser el paso para una mayor unión fiscal, que al fin y al cabo es lo más deseable. Después de la cumbre europea lo que tenemos claro es que habrá techo de déficit, supervisión de los presupuestos, sanciones para incumplimientos y un refuerzo del control que tendrá la UE sobre los países rescatados. Todo esto va en la línea de evitar más casos como el de Grecia. Son pasos hacia la integración fiscal, pero queda mucho.
Ha sido un placer, muchas gracias.>>

El futuro de la UE: algo más que una raspa de pescado

5 diciembre 2011

El 14 de febrero de 1984, el eurodiputado italiano Altiero Spinelli, reconocido ahora como uno de los “padres” de la Unión Europea e impulsor en su momento del Movimiento Federalista Europeo, pronunciaba en la Eurocámara un famoso discurso que pasó a la historia por su encendida defensa de una Europa federal. Aquel día, la sesión plenaria debatía y votaba positivamente nada menos que un Proyecto de Tratado sobre la UE, un hito en el camino de la construcción europea que supondría un antecedente directo del que más tarde, en 1992, se convertiría en el Tratado de Maastricht.

Spinelli habló entonces a sus colegas de un conocido relato de Ernest Hemingway, “El viejo y el mar”, que narra la aventura de un pescador que ha capturado el pez más grande su vida e intenta llevarlo a puerto antes de que los tiburones lo devoren. Aquel Tratado de la UE era sin duda un pez muy grande para las aspiraciones de los federalistas europeos, pero ya entonces Spinelli alertó de los peligros que acecharían en el camino antes de que se convirtiera en una realidad.

“Intentemos llegar con algo más que una raspa de pescado”, alertó a sus colegas el italiano en aquella ocasión. Sus temores no eran infundados. Lo cierto es que aquel “Proyecto Spinelli”, que proponía la creación de una Ciudadanía de la UE, fue un gran pez que nunca llegó a puerto. A pesar de ser aprobado en el Parlamento Europeo, fue rechazado por los Estados miembros. Dos años después de aquella histórica votación, llégo el Acta Única Europea, sin duda poco más que una “raspa” en comparación con aquel gran pez diseñado por Spinelli.

Dos décadas más tarde, bien habríamos podido recurrir de nuevo al relato del viejo pescador con el fracaso de la Constitución Europea. El Tratado de Lisboa fue la “raspa”, esta vez con algo más de carne, que los europeístas fueron capaces de llevar a puerto. Pero lo cierto es que el Consejo Europeo de turno se encargó de eliminar toda referencia a los símbolos de la Unión del texto, para que aquello dejara de parecerse a una Constitución. Eliminado cualquier rasgo de dogmatismo, teníamos un Tratado como cualquier otro, con avances democráticos, es verdad, pero lejos de dar un gran paso para convertirnos o, mejor dicho, dejar de ser, un enano político.

Bien es cierto que aquella Constitución la tumbaron sendos “noes” en dos Estados miembros fundadores (Francia y Países Bajos), pero no lo es menos que no hubo ni valentía ni liderazgo político para sacarla adelante. Decían al respecto algunos estudios del momento que el grado de adhesión popular la UE  estaba en su punto más bajo en relación al registrado a principios de los noventa, cuando se aprobó el Tratado de Maastricht. El proceso de ratificación del Tratado Constitucional que se desarrolla en Europa allá por 2005 no viene sino a confirmar la tendencia al alza del “euroescepticismo” entre los ciudadanos europeos. Los “noes” francés y holandés no eran sino la la punta del iceberg de la brecha abierta entre Europa y sus ciudadanos, algo que deja el proyecto europeo muy tocado en lo que a legitimidad democrática se refiere.

Dicen también algunos estudios y análisis que la ratificación constitucional había supuesto el catalizador definitivo para que el “asunto europeo” se politizara definitivamente en los debates políticos nacionales. ¿Qué significa esto? Muy sencillo: el euroescepticismo, o incluso el antieuropeísmo, se convertía en la carta de presentación y en rasgo distintivo ideológico para muchos partidos políticos.

Afirmaban Fijk & Franklin en su estudio sobre el euroescepticismo de 2004 (previo al proceso de ratificación) que la oposición política a la UE era algo así como un “gigante dormido” que ofrecía una característica singular de diferenciación entre las distintas formaciones políticas. Este antieuropeísmo adquiere incluso tintes “anti-sistema” ante la imposibilidad de organizarse dentro de un sistema que no ofrece posibilidad de alternancia política ni una arena donde desarrollar un auténtico debate político. En definitiva, el déficit democrático de la UE  alimenta y da argumentos al rechazo a la UE y a su sistema político e institucioal.

El problema de la legitimidad de la Unión Europea radica esencialmente en la ausencia de una fuente de legitimidad social y constitucional más allá de la legitimidad legal que le otorga su creación a partir del Derecho (los Tratados). Los canales de representación y participación política están a su vez minados por la debilidad intrínseca del Parlamento Europeo (única institución elegida de forma directa por los ciudadanos) y por los altos niveles de abstención en los comicios europeos. En la Unión Europea, los asuntos fundamentales son manejados a nivel intergubernamental dentro del Consejo, sin posibilidad de control por parte de los Parlamentos nacionales, y la iniciativa legislativa de las políticas comunitarias pertenece en cuasi-monopolio a la Comisión Europea, un órgano de naturaleza independiente y alejado del control de los ciudadanos.

Este pequeño análisis del déficit democrático de la UE no deja de ser una visión, aunque euroescéptica, constructiva de la realidad institucional y política comunitaria. Simplemente algunos, o muchos, queremos más legitimidad democrática: un Parlamento Europeo elegido y democrático como único legislador; listas transnacionales; un presidente de la Comisión Europea elegido… Queremos “Más Europa”, todo lo contrario que el antieuropeísmo (no confundir con euroescepticismo) destructivo y oportunista.

Destructivos y oportunistas. Así son discursos como el del eurodiputado antieuropeo (sí, que contradicción) británico Nigel Farage, siempre dispuesto a darle una patada al avispero. Su retórica está embriagada de tópicos recurrentes sobre la democracia comunitaria (falta de legitimidad y tecnocracia) y va directo a los cimientos del proyecto de unificación europea: la reconciliación con Alemania.

No es la primera vez que miembros del Grupo de Farage (Europa de la Libertad y de la Democracia) atacan a Alemania como  si aún estuvieramos en plena II Guerra Mundial. Sin ir más lejos, su compañero Godfrey Bloom fue expulsado de la Eurocámara hace ahora un año por increpar al lider de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, con consignas nazis. El propio Farage reprendió al presidente del Consejo, Herman Van Rompuy acusándole de tener “el carisma de un trapo mojado” y “la apariencia de un empleado de banca de rango bajo”, algo que le costó la “benigna” sanción de 10 díaz sin dietas.

Lo preocupante, es que este discurso antieuropeísta (vendido algo así como “hablar claro”) cala entre el descontento y hace mella en época de dificultades. Es por ello que la última intervención de Farage en la Eurocámara ha corrido como la espuma en las redes sociales.

Es época de tiburones. El antieuropeísmo se alimenta de un pez cada vez más débil. Ejemplos recientes los tenemos en Finlandia, con el triunfo de la ultraderecha antieuropea el pasado mes de abril, o en la denominada revuelta euroescéptica en la Cámara británica hace apenas un mes. Ambos son ejemplos de aquella tendencia adelantada ya en el proceso de ratificación de la Constitución Europea: la oposición a la UE como rasgo distintivo de ideario político.

Y lo cierto es todo esto encuentra su caldo de cultivo en una UE sin un claro liderazgo político más allá del eje París-Berlín. En realidad, sin un liderazgo genuinamente europeo. Merkel y Sarkozy se lo ponen fácil a tipos como Farage.

Ahora parece que la próxima Cumbre europea puede vislumbrar un nuevo Tratado a 17, con los miembros de la zona euro y con sanciones para aquellos países que incumplan el techo de déficit. La Europa de las dos velocidades aparece como la receta para salvar el Euro.

Dicen que al proyecto de unificación europea diseñado por hombres como Monnet o Schuman se le puede aplicar la llamada “Teoría de la bicicleta”. La cuestión es seguir avanzando, aunque sea con pequeños pasos, porque si se deja de pedalear, si la integración se para en seco, la bicicleta y el ciclista van al suelo. El problema, al llegar a meta (como le ocurre al viejo pescador con su gran pez) es todo lo que nos hayamos podido dejar en el camino y lleguemos con poco más que una raspa de pescado.


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