Europa 2030: retos y oportunidades

28 junio 2010

Herman Van Rompuy junto a Felipe González, Presidente del Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa. © Unión Europea, 2010

Encarna Hernández

El pasado mes de mayo, el grupo de reflexión encargado de analizar los retos a los se enfrenta la UE en el horizonte de 2030, así como de proponer las posibles respuestas a estos retos, presentó al Consejo Europeo el informe definitivo de una amplia consulta y reflexión. El Proyecto Europa 2030: retos y oportunidades es un documento que diagnostica de forma sincera la realidad actual de la UE, los problemas a los que se enfrenta y las respuestas que la UE debe ofrecer en común para afrontar estos desafíos.

El panorama actual, se comienza afirmando en el informe “no es tranquilizador para la Unión y sus ciudadanos”. Es evidente que estamos en un punto crítico de nuestra historia: la crisis económica; el envejecimiento de la población; el desempleo; el cambio climático; la dependencia energética europea; la amenaza del terrorismo… La solución sólo puede estar en dar un golpe de timón, comenzar a perfilar la ruta y sus alternativas, hacia un renovado proyecto común.

El camino hacia la superación de la crisis económica (también para prevenir otra de tal magnitud en el futuro) es evitar los repliegues proteccionistas y avanzar hacia una gobernanza económica común que no tenemos, con el objetivo de garantizar la convergencia económica. Dice el informe, muy claramente, que “los ciudadanos no permitirán otra operación de rescate como la que se ha hecho”. Es decir, que la UE deberá tener sus propias normas regulatorias y sus mecanismos de control y vigilancia.

Necesitamos, asimismo, un compromiso más claro con la innovación y el desarrollo para avanzar definitivamente hacia una Europa del Conocimiento que sea competitiva en la economía global. Invertir en capital humano, ser más competitivos y depender también menos del exterior. La política energética común, mejor dicho, la ausencia de ésta y nuestra dependencia exterior, ha sido un lastre que hemos arrastrado durante más de medio siglo. En materia energética, Europa, también en la línea de su compromiso para combatir el cambio climático, apuesta por el ahorro y la eficiencia energética, por el uso de energías limpias. Crecer de forma sostenible, pero también asegurarnos el aprovisionamiento exterior mediante negociaciones y acuerdos comunes, sin olvidar que se hace necesario abrir un debate sobre la energía nuclear segura.

Click en la imagen para leer el informe completo

Otro de los aspectos que me ha parecido más interesante del informe es el que atañe a la necesidad de reforzar la ciudadanía política europea. Quizá este punto fue una de las grandes decepciones de Lisboa, a pesar de que introduce la iniciativa legislativa ciudadana, pero quedándose sin duda corto en este aspecto. La cuestión de la legitimidad democrática de la Unión está en el centro de este debate,  y para superarlo es necesario que tengamos unas verdaderas elecciones europeas, con listas transnacionales para el Parlamento Europeo, con partidos políticos que presenten programas electorales “auténticamente europeos”  y eligiendo al presidente de la Comisión. Esto es lo que proponen los expertos, y no puedo dejar de estar de acuerdo. Añadiría que necesitamos que de una vez exista un debate en clave europea en las campañas electorales de las europeas, y alguna de las medidas citadas ayudaría a conseguirlo.

Ayudaría que los partidos políticos nacionales se tomaran las europeas en serio, y no las vieran como un episodio más de las cuestiones domésticas. Podrán decir, también, que los ciudadanos tampoco se las toman en serio, y votan en función de la coyuntura política nacional, muy especialmente para castigar al gobierno de turno si no se está satisfecho con su gestión. Pero creo que esto no es más que la consecuencia del enfoque que los partidos dan a sus campañas. ¿Si no existe un debate en clave europea, como esperan que los ciudadanos voten pensando en Europa?

Lo que está claro, y deja también claro el informe, es que la ciudadanía está ahora más que nunca en el epicentro de la construcción europea. El futuro de Europa pasa por reforzar la participación ciudadana y su implicación en la confección de las políticas UE. Ciudadanos más informados, más participativos, más exigentes con la gestión que se realiza desde Bruselas. Ciudadanos que entiendan lo que nos jugamos. La era del consenso tácito ya pasó, así que, nos enfrentamos a dos peligros: la pasividad o el disenso (entiéndase también pasivo: “no me interesa en absoluto la UE y además estoy en contra”, y cosas por el estilo). El disenso activo no es en sí algo negativo, siempre que se trate de una discrepancia informada y constructiva. Los ciudadanos también van a exigir, no van a entregar un cheque en blanco.

Por último, me gustaría terminar este post con las palabras pronunciadas por Van Rompuy, de agradecimiento a los miembros de grupo de reflexión: “A veces es preciso situarse a un lado y mirar desde la distancia. Debemos hacer abstracción de la crisis de hoy para volver a ver con claridad.” Dice Van Rompuy que eso precisamente es lo que ha conseguido el informe,” mirar hacia el futuro, hasta 2030″. “En ese momento”, continúa el belga, “yo habré alcanzado la muy venerable edad de 83 años, sacaré a relucir su informe y podré comprobar si estuvo en lo cierto”. A buen seguro que, como Van Rompuy, más de uno realizaremos ese mismo ejercicio.

Algunos, incluso, seguimos esperando la Europa de Laeken, y comprobamos que, casi diez después, estamos aún lejos de esa Europa que debía afrontar los retos de la primera década del siglo XXI. Ahora surgen nuevos retos y se renuevan las perspectivas y los desafíos. Sabemos también que hay retos pendientes. Al menos, somos sinceros con nosotros mismos.

Más información:

Noticia de la presentación del informe

Web del grupo de reflexión

Leer el informe completo


Una nueva PAC más sostenible y más competitiva

22 junio 2010

Encarna Hernández

Durante los días 21 y 22 de junio he tenido la suerte de asistir  a la “Conferencia sobre la Agricultura Europea y el crecimiento inteligente en el horizonte de la Estrategia Europa 2020”, que se ha celebrado en Murcia. La reforma de la PAC y el papel que ha de jugar la política agrícola común en la nueva estrategia europea para el crecimiento y el empleo de aquí a 2020 fueron los temas principales del encuentro, al que asistieron políticos, expertos, académicos y empresarios.

De izquierda a Derecha: Elena Espinosa, Ramón Luis Valcárcel, y José A. Villarroel. Foto: CARM

Al acto de inauguración acudieron tanto la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, como el presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Ramón Luis Valcárcel. Este último hizo hincapié en el gran valor social y económico de la agricultura murciana en el nuevo marco de la Estrategia ‘Europa 2020′ y destacó que la Política Agrícola Común (PAC) ha sido un pilar básico en la integración europea.

La nueva PAC que debe configurarse a partir de 2014 deberá atender nuevos retos, tales como la diversidad de los distintos territorios que conviven en la UE, sin perder la perspectiva común; apostar por una agricultura más sostenible, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático; ajustarse al problema de la escasez de agua o al alza en los precios de los recursos energéticos. En definitiva, producir más con menos, para garantizar la competitividad de la agricultura europea.

El sector agrícola y el de la alimentación no son ajenos a la actual crisis económica que afecta a la UE: han cambiado las pautas de consumo, se enfrenta a la volatilidad de los precios, a dificultades añadidas en el comercio interior y exterior. Por todo ello, estos sectores tan importantes en la economía europea (la UE es el primer productor mundial de alimentos) deben de tenerse muy en cuenta en el nuevo marco presupuestario y encajar dentro de la Estrategia 2020.

La Estrategia Europa 2020 renueva la conocida como Estrategia de Lisboa en el contexto de la crisis económica y su objetivo es que la UE salga de la crisis de una manera reforzada, creando más y mejor empleo y a través de un crecimiento sostenible, inteligente e integrador. Las políticas comunes de innovación y energía son pilares dentro de esta estrategia, así como medidas como aumentar hasta el 3% del PIB la inversión en investigación y desarrollo.

José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno español; Herman van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, y José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión Europea. © Unión Europea, 2010

En el último Consejo Europeo celebrado en junio, los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 reconocieron el papel de la política agrícola común (PAC) dentro de la Estrategia 2020 de la Unión Europea por su gran potencial para contribuir al crecimiento y el empleo. Se apuesta, de este modo, por un sector agrícola sostenible, productivo y competitivo, basado en la innovación y en el conocimiento, y capaz de hacer frente a los retos económicos y sociales de Europa en la próxima década, como sector estratégico fundamental en la UE.

Por cierto, gracias al Tratado de Lisboa, la reforma de la PAC pasará por el Parlamento Europeo, que tiene ahora poder de codecisión, esto debe favorecer un debate más profundo y que las decisiones se tomen en beneficio de los ciudadanos, sin olvidar, por supuesto, un debate más abierto y transparente del que estamos acostumbrados cuando se sientan a negociar los Estados miembros (aun reconociendo los esfuerzos de transparencia que está haciendo el Consejo Europeo en los últimos tiempos). En definitiva, esperamos una PAC más cercana a los intereses de la ciudadanía y más fuerte.

Más información:

Consulta pública de la Comisión sobre la PAC

Comisión Europea – Agricultura

Conclusiones del Consejo Europeo de Junio

Artículo en el blog Ciudadano Morante


Soluciones europeas

18 junio 2010

Encarna Hernández

La crisis económica que azota la zona euro nos está dejando estampas históricas también desde el punto de vista televisivo. Hace unos días, la alianza televisiva entre Europarltv (el canal de televisión online del Parlamento Europeo) y Euronews hizo posible que se sentaran en una mesa a debatir los líderes de los principales partidos representados en el Parlamento Europeo, incluido el propio presidente de la Eurocámara. Y lo hicieron afrontando las preguntas lanzadas por representantes de la sociedad civil.

La crisis del euro, las pensiones o el paro fueron algunos de los temas principales sobre los que debatieron Jerzy Buzek, Guy Verhofstadt (Liberales y Demócratas), Daniel Cohn Bendit (Verdes/Alianza Libre Europea), Joseph Daul (Partido Popular Europeo) y Martin Schulz (Socialistas y Demócratas).

El empleo es sin duda uno de los problemas más acuciantes para los que la sociedad reclama una respuesta a nivel europeo. El desempleo alcanzó en la UE en el mes de abril más del 10 %, una cifra record. ¿Es posible un plan de recuperación de empleo a nivel europeo? Para el presidente Buzek, la UE dispone de varias herramientas para impulsar la creación de empleo, tales como los fondos estructurales y el programa de formación permanente. Según el polaco, la estrategia de la UE es afrontar la recuperación económica a largo plazo, para lo tendrán que cumplirse dos requisitos: finalizar el mercado único (libre circulación) y mejorar la competitividad a través de una economía basada en el conocimiento. Cohn Bendit, sin embargo, no comparte la opinión de Buzek, y afirma que fortalecer el intercambió libre aún más no va a resolver el problema del paro.

Por su parte Verhofstadt insistió en que Europa no está creciendo como lo hacen otras economías mundiales: “Europa está estancada económicamente” El problema de fondo, para el belga, es que no hay suficiente cooperación e integración europea, ni una estrategia económica común europea, más allá de las 27 estrategias de los distintos Estados miembros. Daul se refirió también al papel que pueden jugar los sindicatos en la integración europea y reconoció la necesidad de incorporar códigos deontológicos en la regulación de las grandes multinacionales europeas. Schulz profundizó algo más en la idea: un derecho europeo de huelga para fortalecer a los sindicatos a nivel europeo y regulación de los salarios mínimos para empresas que operan en distintos países de la UE.

Dejando a un lado las distintas adscripciones ideológicas de los participantes en el debate, lo más positivo fue que pudimos ver a políticos buscando soluciones de dimensión europea y proponiendo herramientas también a escala europea, más allá del Sarkozy o Merkel de turno. Ésta es la UE que necesitamos, aunque puede que todo quede en un espejismo televisivo…

more about “Debate“, posted with vodpod

more about “debate2“, posted with vodpod

Veinticinco años construyendo Europa

13 junio 2010

Encarna Hernández

Hace ahora 25 años, el Salón de las Columnas del Palacio Real de Madrid acogió la firma del Tratado de Adhesión de España a la CEE. Un hecho histórico para un país que aspiraba a hacerse un hueco en el escenario europeo y mundial tras décadas de aislamiento internacional. Para los españoles, subirse al tren de Europa era subirse al tren de la prosperidad y del crecimiento económico, al tren de la democracia, de los derechos humanos, de la libertad. Europa era el tren de las oportunidades

No deja de ser curioso que compartamos conmemoración con Portugal. Ambos estamos ahora en el punto de mira, 25 años después, en la más grave crisis económica que se recuerda desde que se puso en marcha la integración europea. La crisis de la zona euro ha provocado muchos interrogantes: ¿ha reaccionado tarde la UE? ¿ha habido falta de previsión? ¿existe una solidaridad europea? ¿hay desajustes entre la integración económica y la política? ¿han fallado los mecanismos de supervisión? Y así hasta un sinfín de preguntas.

Puente sobre el Río Nalon, Langreo, Asturias. Con fodos FEDER. Foto: Comisión Europea

En estos 25 años también han tenido lugar un sinfín de hitos, cosas por las que, como afirmaba ayer el ex presidente González, “Europa mereció la pena”. Se me ocurren algunas ahora, y seguro que me dejo muchas otras. Cosas como poder votar a nuestros representantes en el Parlamento Europeo; poder viajar por Europa sin pasaporte; estudiar o trabajar en otro país con una beca Erasmus o Leonardo; la prosperidad que han traído los más de 100.000 millones de euros (aún somos beneficiario neto) de los fondos estructurales y de cohesión, gracias a los que disponemos de mejores estructuras, servicios y más puestos de trabajo; la moneda única; disfrutar de protección diplomática de cualquier embajada de un país miembro fuera de las fronteras de la UE; los muchísimos avances que ha embebido nuestra legislación en materias como la protección del medio ambiente o los derechos de los consumidores desde los reglamentos o las directivas europeas; sin olvidar las otras tres libertades, de mercancías, servicios y capitales.

Quería centrarme en los derechos porque si algo nos ha ofrecido la UE a los ciudadanos de los Estados miembros, y por ende a los españoles, es precisamente un abanico de derechos asociados al estatus de ciudadano de la Unión. Precisamente, la configuración definitiva del haz de derechos que componen actualmente la Ciudadanía de la Unión Europea recibió un impulso clave con la propuesta realizada por la delegación española en las negociaciones de Maastricht, previa carta del presidente González al presidente del Consejo. Quizá éste es uno de los hitos de nuestra aportación a la integración europea, por lo que merece la pena recordarlo en este 25 aniversario, toda vez que materializa con una propuesta específica y completa para incluir en el Tratado toda una serie de intentos y avances anteriores.

Se puede ya hablar de “germen” de derechos de ciudadanía europea con el Tratado de Roma, que introduce la libre circulación de personas, aunque se trata de derechos y libertades asociados al acceso al Mercado Común, y por tanto, las personas aún son contempladas en el derecho comunitario como sujetos económicos. Después, durante los años 70, comienza a gestarse la idea de forma más sólida: se prevé la creación de un pasaporte común (al final se quedó, tras su puesta en circulación en 1985, en un diseño uniforme), se formulan algunos de los entonces denominados “derechos especiales” y se viene insistiendo en la necesidad de establecer el sufragio universal para la elección del Parlamento Europeo. De los 70 data también el famoso Informe Tindemans (1975) que esboza ya algunos derechos que integrarían el estatus de la ciudadanía de la Unión. Y sería el 1976 cuando se establece el sufragio universal directo para las elecciones al PE (Acta Electoral de 20 de septiembre).

Imagen de archivo de Spinelli en el Parlamento Europeo. Foto: PE

Los años 80 recibirían el impulso decisivo del Comité liderado por Adonnino (People’s Europe). En el informe presenteado en el Consejo Europeo de Milán, en junio de 1985, anticipa ya algunos derechos como la libre circulación generalizada a todos los ciudadanos, el derecho de voto activo y pasivo, o la protección diplomática y consular. Un año antes, el proyecto de Tratado sobre la Unión Europea (Proyecto Spinelli, 14 de ferbero 1984) propone crear una ciudadanía de la UE sujeta a la nacionalidad de un Estado miembro. El proyecto, aprobado en la Eurocámara, fue tumbado por el Consejo.

Después llegaron las directivas de los 90 sobre movilidad de personas inactivas laborales (estudiantes, jubilados, etc), y finalmente, la propuesta española en la conferencia política de Maastricht. El memorando español, titulado “Hacía una ciudadanía europea” (Ver el documento publicado en 1991 en Revista de Instituciones Europeas) propone un concepto de ciudadanía “dinámico y evolutivo”, en consonancia con un proceso de integración europea también dinámico y que avanza hacia un “objetivo final”. Ese objetivo final no puede ser otro que la Unión Política Europea.

En la propuesta española, el status civitatis de la ciudadanía de la Unión debía incluir: los derechos especiales básicos (libre circulación plena, libre elección de residencia y participación política en el lugar de residencia); en segundo lugar, aquellos derechos que se derivan del desarrollo dinámico de la Unión (es decir, de nuevas competencias transferidas a la Comunidad en materias como sanidad, la educación, la cultura, el consumo, el medio ambiente…); en tercer lugar, los derechos del ciudadano fuera de las fronteras de la UE (protección diplomática y consular), así como la denominada tutela de los ciudadanos (el derecho a acudir al defensor del pueblo europeo en casos de mala administración por parte de una institución u órgano de la UE).

Y así, básicamente, quedó configurada la ciudadanía de la UE en el Tratado de Maastricht, y así la conocemos hoy, con la salvedad de la pequeña modificación incorporada en Amsterdam en 1997, cuando se aclara que se trata de una ciudadanía “complementaria” y no “sustitutiva” de la ciudadanía nacional, y cuando además se añade el derecho a acceder a los documentos de las instituciones europeas. El Tratado de Lisboa no introdujo modificaciones a este estatus, aunque queda pendiente mejorar el acceso a los derechos políticos de los residentes extracomunitarios.

En definitiva, los españoles podemos sentirnos orgullosos de haber aportado un grano de arena importante para crear la ciudadanía de la UE, y de formar parte de un proyecto que nos ha ayudado a prosperar y a profundizar en nuestra democracia y en los derechos de las personas.

Las conmemoraciones sirven, como afirmaba antes, para repasar y hacer balance, y la balanza se inclina, sin duda, hacia el lado positivo. Todo ello a pesar de la crisis, y de que ese “a pesar” pese mucho. Felipe González afirmó ayer, ante la pregunta de un periodista, que aún en momentos de crisis, “queremos más y mejor Europa”. No podemos estar más de acuerdo. Ojalá los líderes europeos estén también de acuerdo y se pongan el mono de trabajo.


Europa y el mar: hacia una política marítima integrada

10 junio 2010

"Un océano de oportunidades". Click en la imagen para ampliar

Encarna Hernández

El mar y las actividades asociadas a él suponen una importante fuente de riqueza, empleo y bienestar para Europa. Las regiones costeras de la UE generan el 40 % de su PIB y suman la mitad de su población. La economía marítima da empleo a 5 millones de personas, y sólo el sector pesquero y la industria asociada a éste generan más de 400.000 puestos de trabajo. El bienestar de Europa está, necesariamente, unido al mar y a actividades económicas fundamentales como la pesca, el transporte marítimo, los puertos (1200 en toda la UE), el turismo, el sector energía (petróleo y gas), etc. La actividades comerciales fuera y dentro de Europa dependen del mar, pues acoge el 90 % del comercio exterior y el 40 % del comercio interior.

El mar abre inmensas oportunidades para el crecimiento económico en Europa y de sus regiones costeras, pero a su vez surge la necesidad de desarrollar una gobernanza marítima integrada que tenga en cuenta distintos sectores, que este coordinada entre todos los Estamos miembros y que tenga como último fin promover un crecimiento sostenible de la economía marítima. Ésta es la razón de ser de una Política Marítima Integrada (PMI), que la Comisión Europea viene promoviendo desde que en 2006 surgiera el Libro Verde sobre política marítima [COM (2006) 275], fruto de una amplia consulta entre todos los sectores y protagonistas implicados.

El resultado fue un Plan de acción para una política marítima integrada [COM (2007) 575], donde la Comisión expone los objetivos e instrumentos que impulsan y harán posible una PMI en el marco de la UE, incluyendo su dimensión exterior. Tres son los instrumentos fundamentales de esta estrategia: la vigilancia marítima, la ordenación marítima y un sistema de datos e información.

La vigilancia marítima para asegurar la seguridad en la navegación, la protección de las fronteras marítimas de Europa, controlar la contaminación marítima, la pesca, etc. La sobrepesca y la contaminación asociada al transporte marítimo son dos aspectos esenciales que hay que evitar para asegurar un desarrollo sostenible para la economía en este medio, insertándose asimismo las regiones costeras en un lugar destacado en la lucha contra el cambio climático. El objetivo, finalmente, es establecer una red europea de vigilancia marítima, que incluya la cooperación entre los guardacostas de los EEMM y un sistema de vigilancia desde una visión integrada, es decir, que cubra varias actividades.

Por su parte, la ordenación del espacio marítimo implica planificar la toma de decisiones y una gestión integrada (tierra y mar) de las zonas costeras. Además, el objetivo es impulsar una estrategia europea de investigación marina y la creación de una red europea de observación e información del mar. En este sentido, una de las iniciativas más innovadoras ha sido la elaboración de un Atlas Europeo del Mar.

La estrategia impulsada  por la Comisión recibió el visto bueno del Consejo en noviembre de 2009, por lo que la PMI entra en una nueva y decisiva fase, en la que habrá de profundizar en varías vías, entre ellas, el desarrollo de una estrategia de empleo, crecimiento y sostenibilidad, así como de iniciativas como la ordenación marítima, la investigación científica, la vigilancia marítima integrada y la dimensión internacional de la PMI, lo que implicará afianzar el diálogo internacional sobre estas cuestiones así como la aplicación de instrumentos internacionales como la Covención de la ONU sobre el Derecho del Mar.

La UE aspira a impulsar su liderazgo en asuntos marítimos a nivel internacional, con distintos frentes de cooperación (Ampliación, Política de Vecindad, organizaciones internacionales, etc.), así como a promover en el interior de la UE una mayor visibilidad del mar y de su importancia como patrimonio común, a través de actividades de educación, información y concienciación, e iniciativas como el Día Europeo del Mar, que desde 2008 se celebra cada 20 de mayo.


Hacia una sociedad europea del reciclaje

6 junio 2010

Imagen: DG Environment

Encarna Hernández

El próximo 12 de diciembre de 2010 se cumple el plazo para que los Estados miembros de la UE transpongan a sus ordenamientos jurídicos la nueva Directiva Marco de Residuos (2008/98/CE), algo que en España implicará la modificación de la Ley de Residuos, que data de 1998. La nueva norma supone un nuevo hito en el camino hacia una sociedad europea del reciclaje, con el establecimiento de un marco jurídico común en torno a la producción y la gestión de los residuos.

La Directiva es ambiciosa en materia de objetivos  de reciclaje y valorización, lo que implicará optimizar los procesos, innovar en las tecnologías, así como incentivar y perfeccionar aún más la recogida selectiva de las distintas fracciones de residuos, algo que afecta muy especialmente a los Ayuntamientos, que son los encargados de recoger los residuos de origen urbano. Aunque aquí un papel crucial lo jugamos los ciudadanos, siendo los principales protagonistas de la segregación en origen de los residuos que generamos en los domicilios.

Uno de los aspectos más importantes de la nueva normativa es el establecimiento de una jerarquía de los residuos: con el fin de obtener el mejor resultado medioambiental global, los Estados miembros de la Unión Europea adoptarán medidas legislativas para tratar los residuos de conformidad con la siguiente jerarquía de prioridades: prevención; preparación para la reutilización; reciclado; otro tipo de valorización (por ejemplo, la valorización energética); y la eliminación.

Decimos que la nueva Directiva es ambiciosa en sus objetivos de reciclaje, ya que obliga a que antes de 2020 se aumente como mínimo hasta un 50 % global de su peso la preparación para la reutilización y el reciclado de materiales como el plástico, el papel, los metales, y el vidrio de los residuos domésticos y asimilables (comerciales, industriales no peligrosos). Además prevé que para 2015 se establezca la recogida selectiva para al menos papel, metal, plástico y vidrio, y promueve la recogida separada de la fracción orgánica de los residuos, muy especialmente para reducir la eliminación de los llamados “biorresiduos”, que son aquellos residuos que, en condiciones de vertido, pueden sufrir una descomposición biológica, generando un impacto medioambiental como consecuencia de la producción de gas y lixiviados.

Para los envases y sus residuos, la Directiva 2004/12/CE  ya había marcado para 2008 y años sucesivos los siguientes objetivos mínimos de reciclado por materiales: el 60 % en peso del vidrio y del papel/cartón; el 50 % en peso de los metales; el 22,5 % de plásticos y el 15 % en madera.

Además, con la nueva Directiva Marco de Residuos, la incineración debe ahora cumplir un determinado valor de eficiencia energética para poder clasificarse como valorización energética y no como eliminación, lo que implica incinerar residuos con alto poder calorífico y aprovechar más eficientemente la energía generada.

La legislación europea avanza también en la dirección de reducir las sustancias peligrosas en los componentes de algunos productos que se ponen en el mercado, y que al final de su vida útil se convierten en residuos peligrosos. Un ejemplo de ello son los aparatados eléctricos y electrónicos, a los que la legislación europea (Directiva 2002/95/CE) ya  impuso restricciones a la utilización de determinadas sustancias peligrosas en ellos, tales como plomo, mercurio, cadmio, cromo hexavalente, etc. La tendencia es endurecer todavía más esta legislación, tal y como nos cuentan en el vídeo que os dejamos al final del post.

En definitiva, el camino que estamos recorriendo hacia una sociedad europea del reciclaje pasa en primer lugar por medias de prevención (esto incluye no sólo disminuir la cantidad de residuos que se generan, sino también la peligrosidad de éstos); en segundo lugar, por la reutilización en la medida de lo posible (un buen ejemplo es el recauchutado de los neumáticos), seguido de medidas que incentiven y posibiliten el reciclaje de los componentes de los productos que se desechan (lo que también implica previsión, es decir, que se fabriquen aparatos eléctricos o coches con más materiales reciclables).

Lo que no se pueda reutilizar ni reciclar se tiene que valorizar, y una opción viable es la valorización energética, pero, eso sí, garantizando la eficiencia energética y, en el caso de la incineración, con un estricto control de las emisiones a la atmósfera y de los residuos peligrosos que se generan en el proceso (cenizas y escorias). Además, cada vez se están aplicando más procesos innovadores en la gestión de los residuos urbanos con valorización energética: un ejemplo es el combustible derivado de residuos. Con todo ello, ahorramos materias primas, energía y agua, y reducimos el vertido de todo aquello que sea aprovechable, colocando la eliminación en vertedero controlado (o mediante incineración) como última opción.

De este modo la sociedad europea del reciclaje es aquella que produce menos residuos, recoge separadamente las fracciones de los residuos valorizables, reutiliza y recicla más, aprovecha energéticamente aquello que no es reciclable y elimina de forma controlada y evitando poner en riesgo el medio ambiente y la salud de las personas.

more about “Europarl TV – Your Parliament“, posted with vodpod

Más información:

Comisión Europea – Residuos

Agencia Europea de Medio Ambiente – Residuos

Legislación de la UE sobre gestión de residuos


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.574 seguidores